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19 de enero de 2019

Tlahuelilpan, militarización y opinocracia.

Por: Sebastián Liera.

Algo delicado y peligroso está pasando tras la lamentable tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo: en las llamadas redes sociales, el linchamiento opinócrata, que se ha vuelto pan de todos los días, está pasando de su inicial deshumanización al juzgar a las víctimas físicas, mortales y no, de la explosión del ducto de gasolina, y ha comenzado a manejar un discurso de descalificación de la defensa y promoción de los derechos humanos mientras, en correspondencia, hace apología de la militarización.

Unas opiniones acusan a una oposición "progresista" (el entrecomillado es suyo) de manifestarse en contra de la militarización del país, pero de exigir en el caso de Tlahuelilpan que el ejército detuviera a quienes desesperados tomaban la gasolina que salía del ducto robándola. Otras, aseguran que si el ejército hubiera actuado a tiempo estas personas no hubieran resultado muertas y/o heridas, pero que de ser así las organizaciones defensoras de derechos humanos hubieran dicho que eso implicaba una violación a los mismos derechos.

En el primer caso asoma una especie de burla por, como me dijeron por ahí, "inconsistencia ideológica", que concluye que lo mejor es dejar de rechazar la militarización del país; en el segundo caso, además de reafirmar que el ejército debió de haber intervenido para impedir el robo de la gasolina, se adelanta un juicio de descalificación de quienes seguramente dirían desde la sociedad civil,que podría haberse hecho de otra forma: quienes defienden los derechos humanos.

El interés de desacreditar a quienes se oponen desde las izquierdas al proyecto de país lopezobradorista y de quienes pretenden desacreditar a lxs defensorxs de los derechos humanos es el mismo: allanar el paso a la militarización. Las razones detrás de esos interés parecen ser diversas: desde quien habla desde la desesperación de sentirse indefenso en un país que se ha caído a pedazos en manos de los capitalistas neoliberales (y por ende criminales) que antecedieron a AMLO en el poder de arriba, hasta quién lo hace porque de suyo siempre ha pensado que lo mejor para una sociedad es acotar las libertades a su mínima expresión y que se erija un imperio de orden, y, en medio, un gran abanico.

El espectro ideológico (y político) de quienes de una u otra manera están pidiendo al ejército en las calles y el silencio de la sociedad civil que exige un alto a la militarización va desde quienes habiendo militado en alguna expresión de las izquierdas ahora han perdido el pensamiento crítico y apoyan ciegamente cualquier iniciativa del gobierno lopezobradorista, así estas sean las mismas e igualmente lesivas que las que implementaron las administraciones, insisto: criminales, anteriores, hasta quienes caminan las derechas más neofascistas y extractivistas, y ríen como hienas salivando en tanto ven al país arder en llamas literalmente.

Detrás de la tragedia en Tlahuelilpan hay una cadena de corrupción que pasa por el crimen organizado, valga la redundancia, priísta incrustado en Pemex con la complicidad de quienes han sido y, gracias a la amnistía de facto lopezobradorista, aún son gobierno. Como jefe del Ejecutivo federal, AMLO está obligado a dejar de lado su discurso y su actuar de conciliación con los grandes delincuentes que han saqueado, explotado, burlado y ensangrentado el país (muchos de ellos, asesores y/o colaboradores suyos), y, ahora, aprobado con su partido la continuidad de la militarización del país.

Lo ocurrido en Tlahuelilpan es un crimen, no un accidente, y los responsables de este crimen siguen en Pemex, en la cúpula charra del sindicato de trabajadores de Pemex o han encontrado curules y puestos en el gobierno de la llamada "4a. Transformación"; si AMLO quiere dar muestras de que en verdad pretende acabar con la corrupción que, hemos visto, es criminal, debe solicitar al poder Judicial el inicio de las investigaciones correspondientes en el deslinde de responsabilidades, lleguen estas hasta donde lleguen; al poder Legislativo, que ofrezca el marco legal para que quienes resulten responsables de estos crímenes sean llevados a la justicia, y, como Ejecutivo, mandar obedeciendo y no impedir con su discurso moralista que se haga justicia. Ése es el AMLO que quienes votaron por él siendo de izquierdas esperan ver: el que juró acabar con la corrupción y poner coto al crimen organizado.

¿Usar el ejército? Lo ocurrido en Tlahuelilpan demuestra que el ejército no sabe qué hacer en estos casos; lo suyo no es la contención, sino el exterminio, la aniquilación; para eso están formados y entrenados nuestros militares (sí, nuestros); el ejército debe regresar a los cuarteles y como país estamos obligados a abrir una discusión muy seria y rigurosa sobre lo que tenemos que hacer para acabar con el crimen organizado, que, dicho sea de paso, tiene como caldo de cultivo un modo de producción económica criminal que no solo lo cobija: lo creó.

Ése modo de producción económica está en la raíz del problema; sin acabar con él, no se podrá pensar que existen otras formas para vivir que no sea la petrolización de nuestras vidas; sin acabar con él, no se podrá imaginar que esas formas "limpias" no estén por encima del derecho a la alimentación y el respeto a los pueblos originarios; sin acabar con él, no se podrá acorralar a la red criminal de quienes se enriquecen a gran escala con el robo de combustible, porque son los principales socios y accionistas beneficiados por este modo; sin acabar con él, no se pondrá fin a la corrupción de quienes son cómplices de estos criminales en la clase política y el servicio público; sin acabar con él, no serán menos la deshumanización y la estulticia de quienes terminan defendiendo lo indefendible porque están desesperados de tanta burla y muerte; sin acabar con él, no habrá fin a la ignorancia de quienes seguirán perdiendo la vida, legal o ilegalmente, como víctimas y carne de cañón de ése mismo modo de producción, desesperados también, por todas las formas de miseria.

Ése modo de producción económica criminal se llama capitalismo y si el señor presidente decide seguirle dando continuidad y, además, alentar a las voces que le secundan en la militarización del país y en el descrédito a la prensa y la sociedad civil organizada que disiente de su proyecto de país por razones anticapitalistas (que son muy diferentes a quienes lo quieren ver fracasar porque quieren la gerencia de México, S.A. para ellxs, los criminales de siempre); el señor presidente y quienes le aplaudan de los 30 millones que votaron por él, serán igualmente unos criminales.

P.D.1: No será fácil, quizás sea hasta imposible: revertir 90 años de cochinero desde la creación del PNR por Calles no parece una tarea nada fácil; pero, puede comenzarse a hacer: no con leyes punitivas, no con militarización, mucho menos con choremas moralistas así hayan sido escritos por Alfonso Reyes; sino dejando de aliarse con quienes han sido los criminales de siempre, dejando de protegerlos, dejando de callar ante sus crímenes y componendas en todas (todas) sus formas. No se pretende que se deshaga en seis años la red criminal y la ruptura de un entramado social que se ha construido, la primera, y roto, el segundo, sistemáticamente en nueve décadas. No somos ingenuos. La exigencia es de poner fin a la impunidad, y no hay un solo gesto hasta ahora en ése sentido.

P.D.2: De sobra está decir que yo no espero que un capitalista encare al sistema del que es producto; pero, ése es otro tema.

25 de agosto de 2018

Quien siembra vientos...

Por: Adolfo Gilly / La Jornada.

El 28 de enero de 2010 tuvimos ocasión de presentar en el Auditorio Alfonso Reyes de El Colegio de México un libro singular: Marco Estrada Saavedra y Juan Pedro Viqueira (coordinadores), Los indígenas de Chiapas y la rebelión zapatista–Microhistorias políticas, México, El Colegio de México, 2010.

En él se publica un preciso relato, referido por sus protagonistas, de lo que ha quedado en la historia con el nombre de La traición de febrero, perpetrada el 9 de febrero de 1995 por el gobierno de Ernesto Zedillo contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Reproduzco en lo que sigue una parte sustancial de aquella presentación.

El secretario de Gobernación era Esteban Moctezuma, responsable de organizar y asistir al encuentro de febrero acordado entre el gobierno federal y la dirección del EZLN. Este funcionario fue uno de los protagonistas de ese intento fallido de apresar ese día a los dirigentes zapatistas que se presentaran a la reunión para después lanzar una ofensiva general contra los pueblos. El plan fracasó porque, alertados a tiempo, los zapatistas alcanzaron a replegarse y a escapar de la emboscada. *

Son amargas las memorias de los pueblos zapatistas registradas en este libro:

El 9 de febrero de 1995 es una fecha recordada con dolor en la historia de La Garrucha, sus habitantes la recuerdan como el inicio de la verdadera guerra, cuando nos traicionaron. La mañana de aquel día, la comunidad amaneció una vez más en alerta. Faltaban algunos detalles para el encuentro que se llevaría a cabo en la comunidad vecina de San Miguel, entre representantes del EZLN y delegados gubernamentales, con el objetivo de restablecer el diálogo por la paz. En el transcurso del día la situación se volvió muy confusa, hasta que llegó una orden precisa para todas las comunidades de la región: ¡tenían que salir de inmediato de la comunidad! El ejército había roto el cerco zapatista y venía en búsqueda de la población con tanquetas, aviones, helicópteros y miles de soldados de infantería. ¡No había tiempo, debían salir cuanto antes!

A emprender entonces, a toda prisa y como se pueda, el antiguo camino de las aldeas en las tierras y las épocas más diversas cuando llegan los ejércitos:

Mujeres, ancianos, niños, la comunidad entera tuvieron que abandonarlo todo para refugiarse en la montaña. Caminaron varias horas hasta situarse en un lugar que parecía seguro. Fueron cinco días en que estuvieron internados en el monte. Escondidos e inmóviles para evitar que los vuelos rasantes de los aviones militares los ubicaran.

Las tropas del presidente Ernesto Zedillo se ensañaron con estos ciudadanos mexicanos:

En La Garrucha el Ejército Mexicano ocupó el poblado y lo destruyó todo. En una serie de aproximaciones, los hombres de la comunidad intentaron sacar un poco de maíz de sus trojes, pero lo que pudieron observar fue desolador. El pueblo estaba destruido: había casas quemadas, la ropa estaba regada, los animales envenenados, el maíz tirado y embarrado de excremento, el ganado mayor había desaparecido. Los soldados defecaron en la iglesia y ahí mismo tiraron una pila de condones usados. En los muros de las casas que se mantenían en pie, los soldados habían pintado calaveras y dejado la amenaza escrita de que volverían para matarlos. La gente de La Garrucha estuvo exiliada de su comunidad cerca de dos meses. Durante ese tiempo, una comunidad zapatista próxima les proporcionó techo y comida [...] Desde entonces y durante sei s años la gente de La Garrucha tuvo que convivir directamente con un cuartel militar, pues se instaló uno en las tierras de cultivo del propio ejido, a escasos dos kilómetros del poblado.

Esteban Moctezuma reaparece como secretario de Educación en el futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando éste propone someter a consulta, sin precisar términos ni formas, todo el programa por el que fue elegido presidente.

Aurelio Nuño fue en la SEP un personaje de infausta memoria y profusa ignorancia. Sin escuchar a maestros y maestras impuso su malhadada reforma educativa. Durante la campaña electoral López Obrador se comprometió a derogarla por entero. Recibió 30 millones de votos, en medio de los ataques y los denuestos de la cúpula financiera y empresarial. Ahora ésta lo declara su elegido.

Quien siembra vientos recoge tempestades.

* Revista Proceso, 20/02/1995.

19 de agosto de 2018

López Obrador: el espejismo se resquebraja.

Por: Zósimo Camacho / Contralínea.

La declaración de guerra a las comunidades indígenas fue abierta, a los cuatro vientos y sin matices. Andrés Manuel López Obrador dejó en claro que apoyará al sector empresarial en los negocios que éste busca hacer desde hace décadas en los territorios de los pueblos, tribus y naciones del país. Lo que el gran empresariado no logró con Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, hoy lo puede hacer realidad el candidato de la “izquierda”.


Conforme pasan los días y López Obrador se apresta a asumir la Presidencia de la República, las advertencias de los pueblos del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se hacen realidad. Nunca confiaron en la llamada “izquierda” electoral: ni en 2006, 2012 ni en 2018. Desde hace 13 años realizaron un claro y vigente análisis del obradorismo. Desde entonces dijeron que ese proyecto no era de izquierda y rechazaron sumarse a una plataforma político-electoral contrapuesta a sus convicciones.

Fueron vilipendiados por no apoyar al candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD, 2006 y 2012) y del Movimiento Regeneración Nacional (Morena, 2018). Desde esa “izquierda” electoral, se les dijo que le “hacían el juego a la derecha”. En realidad, los zapatistas nunca llamaron a votar por alguno de los candidatos ni tampoco llamaron a no votar. Sólo dejaron en claro que no apoyaban a partido político alguno. El llamado del EZLN, el CNI y las organizaciones de izquierda con las que confluyen fue, en las últimas tres elecciones presidenciales: “Votes o no votes, organízate”.

Parecían decir, “organízate, porque el que llegue, sea quien sea, no va a frenar el despojo; lo va a profundizar”.

Que si el obradorismo combatirá la corrupción, recortará los obscenos sueldos de los funcionarios y aplicará mejores programas asistencialistas… está bien. Incluso es lo que el propio sistema demanda para reproducirse eficazmente. Es lo que llaman un “ambiente de negocios competitivo”.

El asunto es que el modelo económico quedará intacto. Vamos, ni siquiera se le critica que no sea anticapitalista, sino que sigue siendo neoliberal, el tipo de capitalismo más depredador. López Obrador sentenció que no habrá reformas a la Constitución: el Artículo 27 se quedará tal y como lo dejaron Salinas y Peña (los ejidos y las comunidades agrarias seguirán desintegrándose, y a las trasnacionales petroleras, mineras y eléctricas se les mantendrá la puerta abierta). Tampoco se reformará la Ley de Aguas Nacionales, que ya contempla una privatización de los recursos hídricos por la vía de “concesiones” para que los empresarios puedan “suministrar” a terceros…

No sólo se trata de que el obradorismo no plantea revertir esas contrarreformas implantadas en sexenios pasados. Lo peor es que venga a profundizarlas.

En los “25 proyectos prioritarios” enlistados por López Obrador se incluye la creación de 100 universidades, la cobertura de internet para todo el país, la construcción de viviendas para los afectados por los sismos, el aumento de la pensión para los adultos mayores, las becas para estudiantes, la entrega de medicamentos de manera gratuita, asegurar una canasta básica a bajo costo y el acceso al derecho a la salud para toda la población. Difícilmente alguien podría oponerse a estas propuestas (de las cuales no se ha informado cómo se financiarán).

Pero, entreveradas, van otras “prioridades” que tienen extasiados a los grandes empresarios: la construcción del aeropuerto (con un barniz de legitimidad por medio de una “consulta” en la que los pueblos de Atenco estarán en desventaja); el “desarrollo” del Istmo de Tehuantepec (el nuevo nombre del Plan Puebla Panamá, con la instauración de las Zonas Económicas Especiales del peñismo y que fungirá como la segunda frontera para detener a los migrantes); el Tren Maya, que recorrerá 1 mil 500 kilómetros de Quintana Roo, Campeche, Chiapas, Yucatán y Tabasco; la explotación de bosques madereros y la siembra de árboles frutales; la creación de una zona franca en de libre comercio y libre de impuestos 30 kilómetros antes de la Frontera Norte (la tercera gran barrera para detener a los migrantes); y, entre otras, el proyecto minero para renegociar (no erradicar) los nuevos proyectos de las trasnacionales en el país.

“La prueba de amor que está dando el señor López al gran capital, al finquero, son los territorios de los pueblos originarios”, dijo el subcomandante Galeano del EZLN, el pasado 5 de agosto en el Caracol de Morelia, Chiapas, durante la Clausura del Encuentro de Redes de Apoyo al Consejo Indígena de Gobierno y su Vocera.

“Ustedes saben que todo el esfuerzo de Morena y de López Obrador desde el primero de julio es por congraciarse con la clase dominante y con el gran capital; no hay ningún indicio, o sea nadie se puede llamar a engaño, no hay ningún indicio que diga que es un gobierno progresista, ninguno. Sus principales proyectos van a destruir los territorios de los pueblos originarios”, señaló en su análisis.

Ante tal emergencia, la propuesta del EZLN –ignorada por casi todos los medios, ocupados éstos en congraciarse o en aplaudir, atacar o defender al obradorismo– es que el Concejo Indígena de Gobierno deje de ser sólo indígena y nacional. La resistencia a la que convoca el zapatismo, y que plantea al CNI, es “abrir ya el corazón a las rebeldías y resistencias que emergen y perseveran en donde cada quien se mueve, en el campo y la ciudad, sin importar las fronteras”.

Se trata de una convocatoria a los anticapitalistas a enfrentar juntos el embate. El análisis finaliza: “Nuestro llamado, pues, no es sólo a los originarios: es a todos y a todas, quienes se rebelen y resisten en todos los rincones del mundo”.

Las disertaciones de los subcomandantes Mosiés y Galeano, así como de concejales y concejalas de comunidades indígenas del país pueden leerse y escucharse en: https://zapateando.wordpress.com/.

El reto de López Obrador no son los empresarios. Con ellos se llevará muy bien. Pelearán por criterios distintos en el desarrollo de proyectos, el reparto de concesiones y los dividendos resultantes de los negocios. Al fin, el modelo económico permanecerá intacto. Los conflictos con la alta burocracia serán por los recortes a sus insultantes privilegios y por la restructuración de la administración pública. El problema de fondo será con la izquierda, con los movimientos sociales, los campesinos, los indígenas, los trabajadores. Cree que puede anularlos con sus “30 millones de votos”. La resistencia ya se aglutina.

El plan de colonización, desplazamientos forzados y devastación ambiental que está en marcha.

Por: Javier Hernández Alpízar / Babel / Zapateando.

Los países colonizadores, al menos algunos de ellos, presumen que en sus territorios están haciendo ambiciosos, y muchas veces exitosos, programas de restauración ambiental. Los alemanes están dejando a sus bosques crecer y haciendo descrecer sus ciudades para darle espacio al bosque. Los canadienses han prohibido la devastación ambiental minera en su territorio, del cual son icónicas las fotos de sus bosques. En el Estado español han prohibido las presas, y mucho más si construirlas implica desplazamiento forzado de poblaciones. En los Estados de Europa occidental y en Canadá, al menos, los derechos ambientales son una realidad en sus territorios. Sin embargo, capitales alemanes, canadienses, españoles, no menos que capitales estadunidenses, chinos o brasileños, en países colonizados como México, impulsan la bioprospección para patentar genes de plantas y animales y para piratear saberes indígenas ancestrales; siguen practicando la minería tóxica a cielo abierto que destruye comunidades y territorios, usando métodos criminales como grupos de choque o paramilitares e incluso complicidad con el narco; siguen imponiendo el despojo territorial, el desplazamiento forzado de poblaciones y la destrucción ambiental con presas y represas, parques eólicos, extractivismo petrolero y minero, carreteras, aeropuertos, trenes, corredores para el paso de las mercancías, megaproyectos todos que violan derechos ambientales, económicos, sociales, culturales de pueblos y comunidades, indígenas o no, rurales y urbanos. Eso se llama colonización, siempre se anuncia como desarrollo, siempre promete generar empleos y bonanza económica (consumo), y siempre promete respetar los derechos humanos e incluso ser amigable con el medio ambiente.

En México, la nueva vuelta de tuerca del colonialismo capitalista neoliberal comenzó con Miguel de la Madrid y ha sido impuesta (muchas veces violentamente) con los gobiernos priistas y panistas de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña. Durante 36 años de gobiernos neoliberales, obedientes de los dictados del FMI, el BM, la OMC, la OCDE y del Consenso de Washington, se impulsó la reconversión de la economía (antes “mixta”) a una economía de “libre mercado” mediante mecanismos como los tratados de libre comercio, el primero de ellos, el TLCAN, en 1994 y luego muchos otros hasta llegar a 43 tratados de libre comercio; la autonomía del Banco de México; la plena libertad de los mercados financieros; las privatizaciones de facto (Telmex para Carlos Slim como ejemplo paradigmático), las llamadas reformas estructurales, que son no solamente legales, es decir, modificaciones en el derecho positivo, sino reales: cesión de soberanía a la fuerza de los capitales nacionales y transnacionales.

Además se impulsó una hegemonía del neoliberalismo como ideología: individualismo, consumismo, creencia en que el capitalismo es la forma insuperable de vivir en sociedad, y el neoliberalismo como su manera obvia de ser, la creencia en el “desarrollo”: llegar a ser como ellos (como esos estadunidenses, canadienses, alemanes o españoles felices de la propaganda consumista). Especialmente se formó al mexicano como sujeto moderno neoliberal, individualista, consumista, creyente en la religión del mercado, adicto al fetichismo de las mercancías y el dinero, fanático de lo estadunidense, y sobre todo narcisista (lo cual implica un cierto grado de infantilismo o cretinismo): porque la mercancía y el dinero son los alcahuetes de sus necesidades y lo hacen creerse el centro del mundo.

Esta transformación fue una contrarrevolución de derecha, la destrucción del pacto social que lentamente se formó entre el triunfo del juarismo y el gobierno de Lázaro Cárdenas, la formación de un Estado mexicano liberal, en el sentido viejo de la palabra, que implicaba cierta vocación social, la cual además coincidió con un periodo de corporativismo mundial como el New Deal en los Estados Unidos y el keynesianismo o Estado benefactor a nivel internacional, que en México se llamó “economía mixta” o “Estado de bienestar” y más interesadamente “milagro mexicano”. Un periodo de relativa bonanza que alcanzó solamente a sectores privilegiados, de la ciudad, sobre todo, y que dejó una impronta que, ante la falta de conciencia social o conciencia de clase, no se recuerda tanto como derechos conquistados mediante las luchas (de la guerra de independencia a la revolución mexicana y aún después) sino como dádiva paternalista: el mito de Tata Lázaro o de los presidentes “buenos” como, dicen algunos, Ruiz Cortines.

La contrarrevolución inició inmediatamente después del fin del sexenio de Lázaro Cárdenas y tuvo momentos especialmente activos con Miguel Alemán, pero las condiciones del triunfo planetario de las doctrinas y políticas neoliberales, con las dictaduras del Cono Sur, paradigmáticamente Pinochet, alabado por Milton Friedman, y luego con Tatcher y Reagan (los tres admirados por Alfonso Romo: Pinochet, Tatcher, Reagan), se agudizó en México con Miguel de la Madrid y quedó troquelada con Salinas de Gortari; se le ha demonizado solamente a él, pero fueron salinistas, es decir, neoliberales, los gobiernos de Zedillo, Fox, Calderón y Peña. El salinismo, en el sentido de neoliberalismo, nunca perdió el poder; por el contrario, mientras la figura de Salinas o de otros personajes era demonizada, la ideología neoliberal (“salinista”) fue volviéndose el nuevo “sentido común”, la ideología dominante, incuestionada y, al menos eso quisieran, incuestionable.

Entre los signos de “naturalización” del capitalismo está el hecho de que no se le nombra. El neoliberalismo se trivializó como una mala palabra para calificar al adversario y perdió, en el lenguaje común, su sentido crítico real.

Mientras el odio como pasión masiva se concentraba en chivos expiatorios como Salinas, los beneficiarios del neoliberalismo y el salinismo se volvieron invisibles para la inmensa mayoría social. Se impuso la ideología de los empresarios, con la falsa idea de que los impulsores de un pequeño changarro son iguales a ellos, pues son “emprendedores”. Así, en lugar de ser objeto de odio (merecido), reservado a los presidentes y algunos políticos, y luego a los partidos, especialmente al PAN, el PRI y el PRD, los empresarios solamente son criticados por una minoría que no tiene incidencia en el resto de la sociedad. Incluso, para algunos, llegaron a ser referente de “honestidad” o de “austeridad” y aún de “filantropía”, véanse las alabanzas de AMLO a Carlos Slim o la defensa de algunos simpatizantes de Morena a la figura de Alfonso Romo.

La crítica se volvió hipócrita y tremendamente inconsecuente: se critica a los priistas y panistas, excepto cuando se pasan al bando “bueno”. Se critica al salinismo, pero se asume la ideología neoliberal. A pesar de ser prácticamente una botarga contra la cual escupir los resentimientos, Salinas ganó: su ideología y modelo de país se impuso, ahora es sentido común: neoliberalismo, desarrollo (aceptando como “sacrificio” el daño ecológico), megaproyectos. Hoy son defendidos por sectores que creen ser antisalinistas, antipanistas y antipriistas, pero que defienden esos mismos megaproyectos ahora enarbolados como programa de gobierno de AMLO- Romo y Morena.

Tienen en común ser proyectos del capital internacional, planes de colonización del territorio mexicano, explotación de los recursos naturales, expulsión y desplazamiento de poblaciones y comunidades, todo ello: violaciones sistemáticas de los derechos humanos, individuales y colectivos, de muchos mexicanos. Tienen en común venir desde el siglo XIX, como los frustrados tratados McLane Ocampo, o al menos del siglo XX, con los tratados de libre comercio y con el avance parcial de planes como el Plan Puebla Panamá o el Plan Mérida. Muchos de ellos, como el Aeropuerto en Texcoco, han sido iniciados por viejos gobiernos priistas, y han sido derrotados, en el sexenio del panista Fox, con el alzamiento popular de Atenco y comunidades cercanas.

Han sido resistidos con luchas como el alzamiento zapatista en 1994, la formación de autonomías y de policías comunitarias, especialmente en el sur y el sureste del país.

La burguesía mexicana impulsó violentamente estos megaproyectos u otros parecidos durante dos sexenios de violencia inaudita contra la población, que dejaron una estela sangrienta, con un número ignoto de miles de muertos y desaparecidos, además de miles de viudas, huérfanos, y víctimas cuyo dolor no alcanza siquiera a nombrarse.

Esta violencia, cuyo desprestigio hizo inviable seguir con el plan neoliberal mediante los partidos que lo operaron anteriormente (PAN; PRI, PRD), abrió camino al debilitamiento de la resistencia social a costa de destruir la imagen de esos partidos.

Con el triunfo de AMLO y Morena, la burguesía ganó un gobierno operador de lo que ya sus viejos administradores no podían seguir impulsando, los grandes proyectos colonialistas neoliberales. Los más destacados son:

Las Zonas Económicas Especiales (la primera ya opera en la Península de Yucatán).

El corredor del Istmo de Tehuantepec para conectar los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz.

El Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, que ya está en construcción, al menos ya están destruyendo el sitio.

El tren “Maya” de Cancún a Palenque, que pasa por la reserva de la biosfera de Calakmul.

El millón de hectáreas de explotación forestal (árboles maderables y frutales, no endémicos) en la Selva Lacandona, cuyo principal beneficiario probablemente será una empresa de Alfonso Romo.

La minería tóxica, especialmente canadiense, defendida por AMLO como “estrategia” para limitar el comercio con Estados Unidos y “resistir” a Trump.

Asimismo, asociado con ellos, y con las reformas neoliberales, que ya se ha ido anunciando que no serán revertidas: explotación petrolera, presas y represas, carreteras y caminos. Una colonización de territorios indígenas y penetración de capitales, empresas, operadores de gobierno y seguramente fuerzas armadas que vuelven totalmente retórica e hipócrita cualquier invocación a los “Acuerdos de San Andrés” o a los “derechos humanos”.

Ya he escuchado a defensoras de AMLO en radio cuestionar “cuál razón, no se puede apelar a la razón, porque no hay una razón absoluta”, para defender el “argumento” de que AMLO ya había anunciado a cartas abiertas casi todo su gabinete y su plan económico, por lo tanto puede hacerlo, imponerlo, por razón institucional, razón de Estado, y contra sus millones de votos (la fuerza) no se puede apelar a la razón. Me recuerda a Pilatos: ¿la verdad, qué es la verdad? Pilatos es precursor de la cacareada “posverdad”. Pero sí, hay una razón que se impone detrás de esa razón “institucional”, “democrática” (“30 millones de votos no se equivocan”) y razón de Estado: es la “razón” del Capital (razón absoluta, incuestionada), el máximo ganador en estos comicios y en esta pasma postelectoral, en la cual las víctimas mandan cartas a AMLO llamándolo “Compañero” y “Señor Presidente”.

Todavía no logran hacer que las víctimas de Calderón y Peña perdonen y olviden, pero AMLO y Romo ya tienen mapeadas y sentenciadas a sus propias víctimas.

El reparto de migajas como “ayudas a la tercera edad” será solamente un control de daños y una medida de contención de la protesta social.

1 de agosto de 2018

El zapatismo, verdadero foco de resistencia al salinismo.

Por: Javier Hernández Alpízar / Desinformémonos.
 
La historia del EZLN es larga, pero podemos retomar algunos momentos importantes que ayudan a deshacer el entuerto de la propaganda negra contra los zapatistas, propalada por el voto duro de AMLO y otros malquerientes del zapatismo: la calumnia de que son marionetas manipuladas por Salinas. (Además del racismo implícito en la idea de que son meras marionetas los miles de indígenas que se han manifestado en las semanas recientes en apoyo a la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, Marichuy).

Lo primero es el alzamiento del 1 de enero de 1994. Fue el hecho que impidió que Salinas de Gortari terminara triunfante su sexenio, con la entrada en vigor del TLCAN (NAFTA) y la propaganda que pretendía presentarlo como un Gorbachov mexicano. Con su declaración de guerra, los zapatistas derrumbaron la imagen mediática de Salinas y permitieron que recobrara el aliento el antisalinismo e incluso se recuperó la izquierda, que había iniciado enfrentando al fraude que la marginó de la presidencia en 1998, pero se había venido desinflando ante el empuje del equipo neoliberal en Los Pinos y la complicidad panista.

Salinas de Gortari y su equipo (Colosio, asesinado por el mismo sistema, Camacho Solís, luego asesor de AMLO, Aspe Armella, alguna vez asesor de una delfín de AMLO: Marcelo Ebrard (salinista del equipo de Camacho), Ruiz Massieu, también asesinado por el mismo sistema al que sirvió), al finalizar el sexenio salinista, tenían la expectativa de gobernar por sexenios pero el alzamiento zapatista desmoronó sus esperanzas. Zedillo fue improvisado como candidato priista y se benefició del sentimiento de culpa y el miedo a la guerra que generó el asesinato de Colosio, pero no pudo mantener la hegemonía priista y ante la insistencia perredista de mantener a un candidato por siempre (Cuauhtémoc Cárdenas) los beneficiarios de la “alternancia” fueron los panistas, con Fox.

La imagen de Fox era al inicio la de un “héroe nacional” que había logrado sacar de Los Pinos al PRI, el principio de su derrumbe fue muy pronto con la Marcha del Color de la Tierra con la que los zapatistas y el CNI exigieron que se cumplieran los Acuerdos de San Andrés. Los indígenas fueron traicionados por la alianza Cevallos (PAN)- Ortega (PRD)- Bartlett (PRI), y eso llevaría a los zapatistas a tomar la ruta de la autonomía en sus comunidades y el anticapitalismo a nivel global y nacional.

La cesión del poder ejecutivo priista al PAN (y en la capital mexicana al PRD) fue resultado no sólo del descrédito del PRI (cuya cristalización fue en gran medida resultado del alzamiento zapatista) sino de una reforma electoral con la que el Estado mexicano incluyó a los partidos de oposición como parte de un sistema de partidos (hoy una partidocracia) emergente ante el desafío zapatista: se beneficiaron PAN  y PRD, el primero con la presidencia de la república(Fox y Calderón) y el segundo con el gobierno del DF (hoy Cd Mx: Cárdenas, Robles, Obrador, Encinas, Ebrard y Mancera). Las negociaciones llevadas a cabo en la calle Barcelona , en la Ciudad de México, fueron realizadas, en el caso del PRD, primero por Porfirio Muñoz Ledo y al final por López Obrador. Los partidos recogieron el fruto de la sangre zapatista, la apertura del sistema a que ellos pudieran ganar elecciones, pero luego traicionaron al zapatismo al rechazar los Acuerdos de San Andrés, primeros acuerdos en una ruta de paz con el EZLN, y para cuya negociación incluyó éste a muchos otros indígenas de México, proceso que daría origen al actual Congreso Nacional Indígena, CNI.

Los zapatistas rompieron desde entonces con la clase política y se dedicaron a construir la autonomía en sus territorios, comunidades y pueblos, haciendo válidos en los hechos los Acuerdos de San Andrés. Estos procesos de autonomía y autogobierno han sido impulsados por comunidades y pueblos indígenas en diversos territorios mexicanos: son formas de resistencia pero también de propuesta para un México postcapitalista. La autonomía de las comunidades zapatistas es muy diferente a las de otras comunidades indígenas, pero tienen lazos de hermandad, expresados en una lucha conjunta como CNI. Los indígenas mexicanos no proponen separarse de México, su forma de autonomía es diferente a la catalana o la mapuche (no decimos mejor ni peor: diferente). Además, han ido avanzando en una propuesta de poder popular autoorganizado desde abajo que no pretende quedarse como comunidad utópica local o regional sino que desafía al sistema capitalista y al Estado mexicano con una manera alternativa de producir su vida y su mundo. Este desafío lo ha mantenido siempre el EZLN, pero de todos los actores que se han mantenido cercanos, son los indígenas quienes mejor han avanzado en un proceso autoorganizativo de resistencia y de lucha. Por ello son el núcleo alrededor del cual se teje la propuesta de lucha actual.

Es irónico que calumnien a los zapatistas quienes se han beneficiado de su lucha y de sus muertos; primero con un aire de refresco a una izquierda que estaba en la lona en México tras el fraude de 1988 y el derrumbe del Muro de Berlín en 1989; luego, con la reforma electoral que les abrió el paso a gobernar la Ciudad de México, en donde los gobiernos de izquierda han sido eficientes administradores del neoliberalismo, en favor de empresarios del salinismo como Carlos Slim.

Irónico, además, que acusen de salinismo o de priismo a los zapatistas, los seguidores de AMLO, quienes han hecho sus candidatos y han llevado con su voto a una gran cantidad de priistas, muchos de ellos salinistas o zedillistas, como Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Marcelo Ebrard, Juan Sabines, Ángel Aguirre Rivero (sus manos manchadas de sangre normalista ya, cuando AMLO lo apoyó para gobernar Guerrero), Gabino Cue, Lázaro Cárdenas Batel, Narciso Agúndez y Leonel Cota Montaño, Manuel Bartlett, Dante Delgado, Ricardo Monreal. Incluso son responsables de llevar al poder a otros políticos de extracción no priista pero cuyas trayectorias han sido favorables al priismo, como Miguel Ángel Mancera y Rosario Robles.

Los calumniadores del EZLN lo cusan de complicidad en el fraude de 2006, pero es falso. En cambio, los operadores del fraude de ese año, del equipo del Elba Esther Gordillo, fueron aliados de Morena en la más reciente elección en el Estado de México y no se descarta que lo sean en la elección presidencial de 2018, pues López Obrador ha dicho respecto de Gordillo, que “no hay que hacer leña del árbol caído”. Otros calumniadores repiten la mentira de que el EZLN llamó a no votar en 2006 y 2012, lo cual es falso, el EZLN jamás ha llamado a no votar, ha hecho fuertes críticas en 2005 y 2006 (y antes y después) al PRD y a López Obrador, críticas acerca de las cuales el tiempo les ha dado la razón a los zapatistas.

Actualmente el Congreso Nacional Indígena (del cual el EZLN forma parte) ha constituido un Concejo Indígena de Gobierno (cuya vocera es María de Jesús Patricio Martínez) que propone dar un paso adelante en la organización y la lucha anticapitalista en México y el mundo. Comenzando por López Obrador mismo, los calumniadores han resucitado su manido argumento de que todo es para quitarles votos y algunos de los más fanatizados seguidores del eterno candidato se han sumado a una campaña racista, misógina y de desprecio clasista contra la vocera del CIG, una luchadora social de toda la vida, indígena nahua.

Irónicamente, el verdadero heredero del liberalismo social que preconizó Salinas de Gortari es López Obrador (por algo varios connotados salinistas han sido tan cercanos al candidato de Morena), y en recientes propuestas, so pretexto de oponerse a Trump, Obrador ha reivindicado el TLCAN (NAFTA), máxima obra de Carlos Salinas de Gortari, y ha propuesto dar más entrada a las mineras canadienses, cuya  política criminal destruye comunidades y territorios en diversas zonas geográficas mexicanas.

Es claro que para cualquier persona que se informe en fuentes verídicas y juzgue de buena fe las cosas, el zapatismo y sus aliados cuentan entre los más consistentes opositores al neoliberalismo salinista y sus proyectos de devastación social y ambiental.

En contraste, Obrador, más allá de usar la bandera nacionalista (el petróleo, por ejemplo), ha sido el impulsor de las candidaturas exitosas de muchos de los operadores de la devastación social y ambiental en México. Nada anuncia que AMLO  vaya a cambiar, y sus seguidores siguen usando la calumnia de manera sistemática.

Oponer los hechos verdaderos a esas calumnias es parte de un sano ejercicio de memoria y de capacidad crítica.

Es, entre otras cosas, porque esa izquierda neoliberal encabezada por el PRD y ahora por Morena, no representará jamás los intereses de quienes defienden el territorio de la devastación capitalista, por lo que hay una propuesta diferente con el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy, impulsados por el Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno.

Toda la información resumida en este artículo puede ser investigada y verificada, si se tiene la paciencia de ir a archivos hemerográficos, algunos de antes de los archivos on line. Descubrir la verdad y no dejar que la cambien por falsedades los propagandistas es un acto necesario de conciencia.

La urgencia de una oposición anticapitalista.

Por: Ricardo Andrade Jardí* / Por Esto!

“Desconocer la verdad puede ser ignorancia,
pero conocer la verdad y ocultarla o llamarla mentira es un acto criminal”.
Bertolt Brecht.

No dejan de ser alarmantes las declaraciones un día sí y otro también de Alfonso Romo, “coordinador” del futuro gabinete de López Obrador, quien fue operador para lavar el corrupto dinero del traidor y genocida dictador chileno Augusto Pinochet y otrora parte de “la mafia del poder” y beneficiario del criminal desfalco al pueblo de México: FOBAPROA. Declaraciones que insisten en que la reforma energética de EPN se queda. Y no sólo eso. Afirmando que se hará de México un paraíso para la inversión ampliando las Zonas Económicas Especiales. Es alarmante porque vienen del futuro gobierno de MORENA. Partido político que, no hace mucho, decía luchar, entre otras cosas, contra las impuestas reformas estructurales del peñismo, y su mentecato pacto contra México que tanto daño le han ocasionado al país.

Serán los lopezobradoristas los que tengan que exigir cuentas al nuevo presidente, si la embriaguez de su abrumador triunfo electoral les permite ver la realidad a tiempo; y será la mayoría parlamentaria de MORENA la que logre -o no- echar abajo dichas reformas. Lo sabremos los primeros días de diciembre. Aunque en el discurso del futuro presidente no parece ser ya la estrategia. Ojalá nos equivoquemos. Por lo pronto es urgente un llamado a toda la sociedad y muy particularmente a los 30 millones de ciudadanas y ciudadanos que otorgaron su voto al proyecto de MORENA y a su candidato presidencial, virtual Presidente electo, para detener la intensión de dar continuidad a una criminal reforma que ha despojado a la nación de la soberanía energética, es decir del control de sus recursos, y que las pretendidas Zonas Económicas, las ya existentes gracias a las reformas entreguistas, sumadas a las que promueve el operador financiero de Pinochet, no son, ni serán nunca bienestar y progreso, más bien despojo, destrucción y explotación irracional de ecosistemas, para beneficio económico de los nuevos y viejos grupos de poder fáctico, tanto nacionales como transnacionales.

Es urgente no bajar la guardia. Pues en la defensa del territorio se juega también la vida, y en esa lucha hay un conflicto por demás dialéctico: o se explota el ecosistema irracionalmente en nombre de la inversión o se defiende la existencia planetaria, pero no van juntas; las mineras, las empresas que promueven los mega-proyectos energéticos, no reparan en el daño ambiental ni en el despojo de territorio, ellas van por la ganancia a cualquier precio, aunque esto signifique la muerte y destrucción de culturas originarias, así como la devastación irreversible de flora y fauna.

Está muy bien que quienes votaron convencidos de que MORENA y AMLO significan un cambio necesario para el país celebren el triunfo obtenido. Pero sería igualmente deseable que de la misma manera que hoy arremeten contra el zapatismo, entre una inmensa desinformación y mentiras, sean igualmente capaces de ver la viga en el ojo propio. El gobierno que hoy se está conformando y que tomará las riendas del país en unos meses se está armando con un aglomerado de personajes conservadores siniestros y por demás neoliberales, que no impulsarán un cambio real en el rumbo del país, sino más bien la continuidad de un modelo económico criminal bajo el disfraz de la austeridad gubernamental, que seguirá contaminando ríos y desiertos al tiempo que explota y extermina vida y ecosistema. El enemigo del lopezobradorismo y de MORENA no son los comunicados del zapatismo, (suponiendo que los leen, antes de descalificarlos), sino el modelo económico actual que es en sí mismo enemigo de la humanidad.

Nada mejor para el “nuevo gobierno” que una oposición anticapitalista que permita frenar las intenciones financieras de los depredadores que ya se aprestan a ser parte fundamental del nuevo gabinete.

La pregunta es: ¿Serán los militantes de MORENA capaces de entender la responsabilidad histórica que se les ha otorgado o su victoriosa embriaguez los llevará a seguir ensayando la intolerancia de sus pequeños y peligrosos fascismos del “te sumas a nosotros (las mayorías) o estás contra nosotros, aunque en la pretendida suma esté implícita la continuidad de la barbarie económica neoliberal?

* Integrante de la Red de apoyo al CIG T'Hó.

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y los ya viejos caminos que llevan a él.*

Por: Sebastián Liera / RED@ctuar / La Otra Chilanga.

¡Bienvenido a México! ¡Tierra de oportunidades!: Si es usted alguno del puñado de inversionistas extranjeros que tras el eufemismo del término ha venido a este lado del Río Bravo para probar suerte y hacer fortuna. ¡Feliz viaje y un “vuelve pronto paisano”!: Si, en cambio, usted es de quienes hartos de tanta abundancia han decidido dar rienda suelta a su espíritu aventurero, practicando deportes nacionales de alto riesgo como son nado en aguas heladas, conato de asfixia a bordo de un camión pipa o carrera con obstáculos a la border patrol; por mencionar algunos de los más populares. Pero, si por el contrario, usted no viene ni va, sino que aquí desquita el bendito y sacrosanto regalo de la vida; también México le ofrece un sin fin de emociones de lo más extraordinarias.

Tenemos, por ejemplo, para regocijo de chicos y grandes (delincuentes de cuello blanco disfrazados de funcionarios gubernamentales), nuestro Paquete amuines, con un pago único de ¡7 pesos! ¡Sí, escuchó leyó usted bien!: ¡7 pesos!

Imagine que tiene una tiendita y que de ella comen usted y su familia. Un día, se levanta y se entera de que el gobierno ha decidido expropiar el terreno donde su tienda está construida, evitándole el engorroso trámite de preguntarle si estaba usted de acuerdo o no. ¿A cuánto? 7 pesos el metro cuadrado, y si su terreno mide unos 10 m2 ya estamos hablando de unos 70 pesotes; más o menos lo que usted gana en una jornada regular al frente de su modesto changarrito. Sin embargo, ahí no termina la cosa, pues, el gobierno, el del cambio, le echó el ojo también a los 30 m2 sobre los que existe su casa. En total, usted tendría la grandiosa cantidad de 280 pesos me-xi-ca-nos; y sin una sola llamada telefónica. ¡Una verdadera ganga!

Seguramente, usted ha leído ya acerca de un titipuchal de ofertas como ésta. La más famosa se hizo escuchar a unos cuantos kilómetros de la ciudad capital de nuestro hermoso país, un folclórico poblado llamado San Salvador Atenco, entre cuyos atractivos principales se encuentra la mundialmente famosa danza de los machetes.

Lamentablemente, usted que es todo un conocedor lo sabe bien, hay gente en esta nuestra suave patria que, lejos de entender lo chic de vivir en un mundo seudoglobalizado, rechazan el progreso de perder sus tierras, su casa, sus servicios de salud, su derecho a una educación digna y otros etcéteras igualmente insignificantes. En su ignorancia, no alcanzan a comprender la importancia de construir un enorme aeropuerto, signo inequívoco de la modernidad (aunque los aviones se hayan inventado desde principios del siglo pasado), en las mismas tierras por las que sus abuelos y sus padres perdieron la vida y donde, para acabarla de amolar, están enterrados; y, bueno, ni qué decir de la contaminación ambiental y la destrucción de parte de la reserva ecológica, pecata minuta frente a la ventaja de las vacaciones a largo plazo por dejarles sin trabajo.

Fue por eso, señora, señor, que nuestro queridísimo y nunca bien ponderado presidente de la República, contrariamente a la norma común de fingir un diálogo mientras se prepara bajo la mesa el golpe que por lo menos diluya al oponente, decidió darle su merecido sin más ni más a esa punta de comunistas de ideas ridículas, como esa de que la tierra es de quien la trabaja o aquella otra de que hay que mandar obedeciendo, esperándose un poquitín a que las fuerzas del orden estatales repartieran los respectivos cocolazos de introducción.

No quisiéramos repetir los choros que en la mar de artículos, notas, crónicas y reportajes inundaron los medios de comunicación impresos y electrónicos por aquellos días, pero sí nos interesa enfatizar algunos aspectos.

El primero, la red de apoyos que desde Atenco se tejió en todo el país.

Testigos de una política de destrucción del campo por medio de la privatización de tierras ejidales y comunales, desde tiempos del virrey don Carlos de Salinas y de Gortari y de su reforma al artículo 27 constitucional, donde casos como el de Tenextepango y Cocoyoc, en Morelos; Tepeaca y San Andrés Cholula, en Puebla, y La Marquesa, en el Estado de México son sólo algunos botones de muestra, los habitantes de San Salvador Atenco llegaron a la extraña conclusión, en estos días del “sálvese quien pueda y rásquese con sus propias uñas” como doctrina máxima, de que sólo unidos los campesinos de todo el país podrían detener este proyecto económico llamado neoliberalismo, que ha convertido a nuestros gobernantes en administradores y gerentes de una Nación entera para ponerla a disposición y en bandeja de plata a transnacionales extranjeros. Como una cosa lleva a la otra, la gente de Atenco coincidió también en que no bastaba con un conglomerado exclusivo de trabajadores del campo para detenerlo, así que siempre estuvieron apoyando otras luchas similares a la suya; no era de extrañarse que en correspondencia otros movimientos estuvieran presentes en San Salvador Atenco durante los días de resistencia, mediando a riesgo de sus propias vidas entre la violencia de uno y otro lado.

Un segundo punto es el de la unión del propio movimiento hacia su interior.

Desgastados durante los primeros nueve meses que duró la lucha en contra del aeropuerto, los grupos que en todo Texcoco se oponían a su construcción a costa de la venta de sus tierras, se encontraban divididos. Trece eran los ejidos afectados por el decreto expropiatorio de Vicente "¿Y Yo Por Qué?" Fox. El gobierno manejó que de ellos, 10 habían estado a favor de vender y sólo 3 estuvieron en contra. Sin embargo, eso era una verdad a medias. No tardamos en enterarnos que sólo las autoridades agrarias de los 10 ejidos “a favor” eran las que estaban de acuerdo con vender, no la comunidad en su conjunto. Además, ya ve usted como hay gente quisquillosa, del total de predios afectados por la expropiación, 85 por ciento pertenecía a los 3 ejidos que no querían vender, distribuyéndose el resto entre los otros 10.

Lo demás usted ya lo sabe. Vinieron los enfrentamientos y luego las negociaciones para liberar funcionarios y autoridades policíacas, por un lado, y amigos y familiares, por el otro. Lo que tal vez no sepa (o quizás sí), entretenido por los preparativos de la entonces quinta visita del señor Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II, a tierras mexicas, y por toda la faramalla que se generó en torno a la canonización del que dicen es el primer santo indígena; es que, en medio del estira y afloja que concluyó con el revocamiento del decreto expropiatorio, José Enrique Espinosa Juárez, uno de los ejidatarios detenidos durante la marcha de aquel jueves, el segundo del séptimo mes, perdía la vida a manos de policías judiciales que luego de golpearlo brutalmente lo llevaron al hospital de Lomas Verdes diciendo que lo encontraron tirado en la calle después de haber sido atropellado.

Ya lo dijo su ilustrísima excelencia don Onésimo Cepeda, otrora obispo de San Cristóbal Ecatepec: mas valía un pájaro en mano de 300 muertes a tiempo que miles luego protestando; y ésa vez a los revoltosos les salió barato, pues nada más hubo un muertito (que Dios y San Juan Dieguito lo tengan en su santa gloria).

Pero, como decíamos párrafos arriba, no es la primera vez que usted disfruta de aventuras semejantes en México:
A principios de la década de los noventa, en San Andrés Cholula, Puebla, el gobierno priista de un tal Manuel Bartlett Díaz, célebre por su participación en la caída del sistema de cómputo en las elecciones federales de 1988 y por la promoción y aprobación de la finísima y oficialista ley de contracultura y desechos de indígenas, expropió terrenos ejidales a un promedio de 3 pesos y 50 centavos el metro cuadrado. Por supuesto que a quien no quiso vender por las buenas se le desalojó con todos los lujos (de la violencia), so pretexto de convertir aquella zona en reserva ecológica. Hoy, hoy, hoy, aquellas tierras son el ejemplo mismo del progreso, después de haber sido vendidas a empresas como Costco (léase Auchán y Comercial Mexicana, entre otros changarros similares) o a escuelas privadas como las universidades Iberoamericana y De las Américas, a precios que oscilaron entre los 600 a los 2 mil dólares por metro cuadrado, limitando la reserva ecológica a las jardineras que sobreviven entre el cemento de los estacionamientos.

No se achicopale usted. ¡Arriba corazones! ¿Ya se olvidó de cuando acudió a las urnas y masivamente votó por el gobierno del cambio? Es cierto que algunas cosas no han cambiado; pero, usted no sea tan fijado. Mire, por ejemplo, antes, Salinas dio su venia para la realización del Tratado de Libre Comercio; y, después, Fox preparó la plataforma que intentaría sostener infructuosamente al Área de Libre Comercio de las Américas en tierras mexicanas. Antes, Zedillo negociaba la firma de los Acuerdos de San Andrés con el ejército patrullando la sede del diálogo y los paramilitares estrechando el cerco sobre las comunidades zapatistas; después, Fox negoció la expropiación de tierras ejidales en Atenco obsequiando órdenes de aprensión y sitiando a los pueblos querellantes con soldados vestidos de agentes de la Policía Federal Preventiva (por no hablar de los hechos recientes en Montes Azules, Chiapas). Antes, el hombre del no cash se hizo de la vista gorda frente a la intentona de crear un club de golf en Tepoztlán; después, el Bush friend fue uno de los cómplices en la construcción del aeropuerto en Texcoco. Antes, 1992, Salinas saludaba la beatificación de Juan Diego mientras armaba la estrategia para maquillar la crisis económica nacional; después, 2002, Fox besaba el anillo del Papa (sin albur) saludando la canonización del misterioso indio de Cuauhtitlán en tanto pensaba cómo nos diría que mientras los bancos obtenían cuantiosas ganancias como resultado de los rescates financieros a la gente de a pie cada vez nos les alcanzaba menos para comer. Antes, San Andrés Cholula; después, San Salvador Atenco. Antes, Costco en la Puebla de los Ángeles; después, en pleno corazón de la otrora ciudad de la eterna primavera: Cuernavaca. Antes, Marcos Olmedo asesinado en Morelos; después, José Enrique Espinosa en el Estado de México.

¿Ve usted? Venga y acérquese al progreso que ofrecen los señores paladines del neoliberalismo. 70 años de tradición priístas y 36 de expertise prianista lo avalan. Ahora en su nueva presentación ultra light; la del gobierno, que dicen, es el del cambio el de la 4a. Transformación.


* Publicado, con algunos cambios, en 2006 y, antes, en 2001.

El racismo y la genealogía de una lógica contrainsurgente.

Babel.

El racismo y la genealogía de una lógica contrainsurgente

Javier Hernández Alpízar/ Zapateando.

Cuando la sociedad civil movilizada detuvo la guerra en Chiapas en 1994 y obligó al gobierno mexicano a dialogar con los zapatistas actuales, éstos no se sentaron a dialogar solos: la primera mesa, sobre derechos y cultura indígenas, estuvo nutrida por organizaciones, comunidades y pueblos indígenas.

Los Acuerdos de San Andrés fueron el proyecto de ley más dialogado y consensado en la historia de este país.

Ernesto Zedillo los rechazó, porque eran incompatibles con el (neo)liberalismo, y orquestó una traición para intentar detener o asesinar a la comandancia zapatista, mientras fingía que dialogarían con su secretario de gobernación contrainsurgente, Esteban Moctezuma Barragán, quien presume en su semblanza ser “descendiente del emperador Moctezuma”.

En 2001, cuando Vicente Fox (llevado al poder por una cúpula empresarial de derechas entre quienes figuraba Alfonso Romo) era para masas mexicanas enajenadas un héroe nacional intocable (lo comparaban con Madero o Hidalgo), los zapatistas pusieron a prueba al sistema con la Marcha del Color de la Tierra y llegaron al Congreso de la Unión a pedir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, como primeros logros de un largo proceso de paz (la siguiente mesa debía ser sobre los derechos políticos no sólo indígenas sino de todos los mexicanos).

Entre quienes hablaron ante el Congreso de la Unión hubo mujeres: la oradora principal, la comandanta Esther del EZLN y una oradora del Congreso Nacional Indígena: María de Jesús Patricio Martínez, indígena nahua de Jalisco.

Los senadores panistas se salieron del recinto en protesta por la presencia de zapatistas encapuchados, y porque los panistas son una derecha racista.

Los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por una alianza de representantes de toda la clase política mexicana Manuel Bartlett Díaz por el PRI, Diego Fernández de Cevallos por el PAN (ambos connotadas piezas en la legitimación del fraude que llevó a Salinas de Gortari al poder en 1988) y Jesús Ortega por el PRD. Aprobaron una ley que menciona derechos indígenas pero no respeta el derecho a la autonomía y la defensa del territorio.

Ya estaban sembrando las condiciones para tratar de aislar y arrinconar al zapatismo en Chiapas y para abrir las puertas e mineras, presas, parques eólicos, carreteras, aeropuerto y otros megaproyectos que despojan y depredan territorios indígenas, rurales y campesinos mexicanos.

Los argumentos por los que primero Zedillo y luego los cabezas de fracciones (y facciones) parlamentarias de los tres partidos rechazaron la autonomía y los derechos indígenas eran equiparables a los que en el siglo XVI usó Ginés de Sepúlveda contra Fray Bartolomé de las Casas. Se decía que reconocerlos balcanizaría al país, que aumentaría la discriminación, que abría la puerta a la violación de los derechos humanos, que los indígenas oprimen a las mujeres.

Desde entonces supimos que la clase política era tan racista como en los tiempos de la Nueva España y no sólo la derecha del PRI y el PAN sino la izquierda del PRD.

La traición a los Acuerdos de San Andrés fue en los hechos un paso adelante en la guerra de despojo y exterminio contra los pueblos originarios de México. ¿En el PRD se dieron renuncias masivas por la traición? No. Al contrario, ese gesto traidor les abrió las puertas del poder porque, en los acuerdos de la calle Barcelona, la cúpula de los tres partidos traidores se repartió el pastel del poder: se consolidaban las alternancias partidarias como medida contrainsurgente. PRI, PAN y PRD sellaron la traición consolidando la partidocracia. Por el PRD, las negociaciones las encabezó inicialmente Porfirio Muñoz Ledo y finalmente Andrés Manuel López Obrador.

Los indígenas respondieron por la vía de los hechos: impulsando sus autonomías y autogobiernos, sus policías comunitarias y defendiendo sus bosques, selvas, desiertos, ríos, lagos y mares del embate de mineras canadienses, narcotráfico, talamontes, ecoturismo predador, “reservas de la biosfera” que despojan a las comunidades, aeropuerto, carreteras, transgénicos y de los partidos políticos que dividen a los pueblos y los enfrentan, como los paramilitares en Chiapas que han estado en el PRI, el PFRCRN, el PRD, las redes de AMLO y el PVEM.

El CNI había estado en un proceso más de resistencia y de sobrevivencia que de protagonismo porque acordaron se asamblea y no una organización centralizada que tome decisiones desde la cúpula.

La ruptura del EZLN y el CNI con la clase política (PRI, PAN y PRD) viene desde la traición de los Acuerdos de San Andrés en 2001. Se extremó con la autonomía por la vía de los hechos.

Los gobiernos perredistas en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, (algunos de los chuchos como Zeferino Torreblanca, de los cardenistas como Lázaro Cárdenas Batel, de los lópezobradoristas como Juan Sabines y Ángel Aguirre) se dedicaron a combatir las autonomías abriendo paso a la presencia federal de ejército, marina y policía federal y al crimen organizado.

En 2005- 2006, los zapatistas lanzaron la Otra Campaña, tratando de levantar una organización de izquierda, criticaron duramente a los tres partidos políticos: en Chiapas, en masivo mitin con Xi Nich llamaron a no dar “ni un voto al PRI”, por ser un partido asesino de indígenas; en Guanajuato llamaron a un boicot al Yunque y el PAN, pero los lópezobradoristas solamente tomaron en cuenta las críticas a su candidato y comenzaron una campaña calumniosa contra los zapatistas y sus aliados los caricaturizaron como un complot contra su líder fetiche: López Obrador, el mismo que había sellado en nombre del PRD el pacto partidocrático de Barcelona y tenía como coordinador de campaña en 2005 a Jesús Ortega.

Desde el alzamiento zapatista de 1994 la derecha salinista y panista (y la primera editorial de La Jornada) urdieron el argumento de que los indígenas eran manipulados: por la iglesia de Samuel Ruiz, por mestizos o blancos profesionales de la violencia, por extranjeros; un político chiapaneco tuvo que salir a decirlo para la TV, en nombre del gobernador Elmar Setzer, cuyo fenotipo alemán y acento germano para hablar el castellano tenían que ocultar.

Desde 2005 bases lópezobradoristas, perredistas, chuchos y no chuchos, columnistas (calumnistas) de La Jornada y moneros retomaron el argumento racista de la derecha: los apodos que Diego Fernández de Cevallos le puso a Marcos (encalcetinado, subcomediante) se volvieron santo y seña de militantes lópezobradoristas (dentro y fuera del PRD) y el esquema conspiratorio que la Sedena, el Cisen y grupos de derecha como Nexos y Letras Libres habían elaborado, un líder blanco los manipula y los indígenas son meras marionetas suyas, fue ahora la teoría ilustrada de la “izquierda” en el poder y en la contrainsurgencia.

Esta visión sobre las rebeliones indígenas no es nueva, no la inventaron ellos, viene desde la Nueva España: los indígenas son mansos y pacíficos y solamente se levantan porque los manipulan y pervierten mestizos o castas.

El racismo y el clasismo contra los de abajo no es exclusivo de PRI y PAN, tampoco del PRD, de esas catacumbas de la derecha más retrógrada salió ahora en las filas del voto duro de Morena: los pejetrolls siguen reproduciendo el guión que inventara la contrainsurgencia desde la Nueva España: los indígenas son meras marionetas de blancos perversos, un complot contra su candidato y líder vitalicio. Algunos de ellos están firmando en apoyo de la candidatura a la presidencia de Margarita Zavala, la Calderona, por motivos dizque “estratégicos”.

Al parecer, Ginés de Sepúlveda no murió en el siglo XVI, sigue vivo en la clase político empresarial mexicana, en sus Bartletts, Cevallos, Ortegas, y en sus “militantes de izquierda” de Morena, la contrainsurgencia antizapatista.

Ginés de Sepúlveda seguía vivo en la primera editorial de La Jornada en 1994, la que pedía clemencia para los pobres indígenas, pero no para los profesionales de la violencia que los habían manipulado; estaba ahí el huevo de la serpiente contrainsurgente que desde 2005 muchos de sus lectores, moneros como El Fisgón, articulistas como Rodríguez Araujo, Jaime Avilés, Julio Hernández, Guillermo Almeyra o John Ackermann han reproducido.

Esa actitud racista contra los zapatistas actuales y sus aliados, y ahora contra el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera, María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, es una de las muchas razones por las que no comulgamos con ellos: nosotros no somos racistas y sabemos que las y los indígenas toman sus propias decisiones.

Las y los indígenas tienen derecho a gobernarse y a proponer alternativas de gobierno democrático para México y para el mundo: y eso es precisamente lo que hoy están haciendo.

31 de julio de 2018

No venderse, no rendirse, no claudicar.

Babel.

No venderse, no rendirse, no claudicar.*

Javier Hernández Alpízar / Zapateando.

Al compañero binnizá Lukas Avendaño, con quien alzamos la voz para pedir la presentación con vida de su hermano desaparecido, Bruno Avendaño.

La vida no es justa, el mundo no es justo, la historia no es justa. Llamó Simone Weil a la justicia, “desertora del campo de los vencedores”. Y Walter Benjamin escribió que los vencedores no sólo vencieron en el pasado sino que continúan venciendo hoy, y tenemos que defender de ellos a nuestros muertos, defenderlos de los vencedores y de cómo escriben su historia. Precisamente porque la vida y el mundo no son justos, luchamos por la justicia como utopía orientadora, una brújula ético-política. Y tenemos que salvar no sólo el presente, sino el pasado, la memoria, y con ella, nuestros muertos; y salvar el futuro: ahí donde no queremos ya más ser esclavos, ni estar colonizados, ni olvidados o negados.

Actualmente los hoy vencedores están construyendo, fabricando, maquinando y reproduciendo una imagen falsa de los zapatistas del EZLN, no solamente de ellos, también de otros movimientos sociales, pero especialmente de ellos y de quienes han estado y hemos estado con ellos desde que los conocimos, cuando nos dieron la sorpresa del inicio de 1994 con su alzamiento armado, su declaración de guerra contra el Estado mexicano y, con ello, el derrumbe de la imagen del ídolo con pies de barro: Salinas de Gortari. Es especialmente injusta y calumniosa la falsa imagen de los zapatistas actuales como “fabricación del salinismo”, entre otras razones, porque ellos perdieron vidas de compañeros indígenas que murieron combatiendo al gobierno y al ejército de Salinas de Gortari en una guerra justa contra la tiranía. Desde el momento en que, obedeciendo a la presión de la movilización ciudadana que dijo “compartimos las causas, pero no la vía”, aceptaron los zapatistas del EZLN sentarse a dialogar con el Estado mexicano, hubo unos primeros pocos “decepcionados”: ¿esperaban que mataran a todos los zapatistas actuales para así garantizar su “pureza revolucionaria”? Sin embargo, los zapatistas del EZLN decidieron que no tienen vocación de mártires, decidieron vivir, cumpliendo con el pensamiento brechtiano de que el primer requisito para ser revolucionario es estar vivo. Además los zapatistas actuales, más que revolucionarios, se han declarado rebeldes: en vez de cambiar el mundo desde arriba, aspiran a transformarlo desde abajo, transformar el mundo y transformar el poder, y de transformarnos como sujetos políticos, para construirnos como sujetos autónomos, pensantes, rebeldes. De ahí lemas ético-políticos como el que da título a estas líneas: “no venderse, no rendirse, no claudicar”.

Como en el mundo no existe justicia y como los vencedores del momento están tratando de escribir una falsa historia en la que los zapatistas actuales no figuran sino para el escarnio y la burla, por su color de piel o por no ser un movimiento seguido por millones, es hora de alzar nuestra voz, en defensa de la memoria. Es hora de aplicar el apotegma que me hicieron recordar hace poco los editores de la página (hackeada como otras, como Enlace Zapatista) “Los Gastos Pendejos”, ese apotegma que dice: “soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”, con el cual Aristóteles definió la única honestidad intelectual posible. En aras de esa honestidad intelectual a la que estamos obligados, y de la ética política que los zapatistas del EZLN nos han enseñado, tenemos que aclarar algunas cosas y refrescar la memoria a los desmemoriados; incluido el oficiante de la amnesia a conveniencia, quien viajó por Europa gracias a sus redes de apoyo, pero hoy acusa a los zapatistas del EZLN de “sectarios” o de llamarlo “tonto”.

Sin el alzamiento armado de los zapatistas, no se habría derrumbado la imagen autoconstruida de Salinas de Gortari, quien quería pasar a la historia como el Gorbachov, el modernizador mexicano. Sin la Marcha de la Dignidad, Marcha del Color de la Tierra, no habría comenzado a derrumbarse otro ídolo con pies de barro, Vicente Fox. Además, sin la crisis del sistema político mexicano que los zapatistas actuales provocaron, la cual obligó a los partidos existentes (PRI; PAN y PRD, representado este último por Muñoz Ledo y López Obrador) a pactar los acuerdos de la calle de Barcelona, en la Ciudad de México, no habrían podido gobernar algunos estados y el país los partidos antes de oposición: el PRD en la ciudad de México, el PAN en el país, y ahora Morena, en el país.
Interesadamente pretenden olvidar hoy la presencia desafiante del EZLN en el sureste mexicano para fingir su inexistencia, su pasividad o inventar teorías de la conspiración sobre ellos. Así como en la Nueva España no se creía que las rebeliones indígenas fueran otra cosa que obra de la mala influencia de mestizos o castas, así han sido la derecha y luego la derecha camuflada de izquierda (PRD y Morena) las que han intentado explicar la extraña conducta de los indígenas zapatistas: insumisión, rebeldía y negación a claudicar, como la obra de “extranjeros”, “priistas”, “mestizos” o alguna otra fuerza extraña: el racismo y colonialismo son transparentes en estas calumnias.

Sin embargo, la vocación de spoilers de los zapatistas actuales, resultado de su mirada no centrada sólo en lo inmediato, sino en el mediano y largo plazo, en las tendencias, esa vocación de aguafiestas ha acertado: como dijeron los zapatistas desde 2005, la “izquierda” del PRD y la de López Obrador dejaron de ser izquierda, son una derecha que quiere pasar por “centro”. El PRD acabó diluyéndose en sus “exitosas” alianzas con el PAN; y Morena, antes de ir a su primera elección presidencial, era ya el caballo de Troya del PES, yunquistas, políticos y empresarios salinistas, zedillistas, foxistas y calderonistas, y un pinochetista como Alfonso Romo.

En lugar de una exégesis de los textos zapatistas en los cuales han expresado con claridad asombrosa y anticipadora todo esto, intentaremos analizar, por nuestra propia cuenta y riesgo, a la comunidad carismática (que gracias al voto de castigo y hartazgo, se sueña hoy masiva) de López Obrador. Esta operación mental, intelectual, conceptual, no es mero ocio especulativo, es un intento por hallar un hilo racional que nos oriente en medio del fanatismo y el supremacismo de Morena y su retroalimentación con las porras y los posteos masivos que ahogan las voces que dicen: “el rey va desnudo”.

Nos centraremos en solo un sector del voto y apoyo a AMLO y Morena, descontando el voto que le logró quitar a Margarita Zavala, el PAN, el PRD y el PRI y los sin partido, quienes sufragaron castigando a esos partidos. Estos votantes actuaron con la racionalidad del mal menor o del voto útil de castigo contra quienes han malgobernado México. Es una apuesta racional y su decepción vendrá cuando vean que no hay diferencias radicales entre los castigados y los beneficiados con el voto de castigo. Descartamos también los votos comprados por Morena y el Partido Verde, al menos en Chiapas, como relató en La Jornada Luis Hernández Navarro. Nos ocuparemos más bien del núcleo duro del voto pro AMLO y Morena porque es también muy activo en las redes digitales y en la contrainsurgencia contra los zapatistas y otros movimientos sociales. Es un sector que está dispuesto a darle a AMLO un cheque en blanco por varios años y hasta ahora se ha mostrado hostil contra quienes no acepten su postura y su lógica como la única razonable y la única honesta, por lo que acusan a todo disidente u opositor de traición a la patria, encarnada en su líder fetichizado. Este sector será mantenido fiel, además de por convicción, por las ayudas económicas del gobierno de Obrador y Romo que irán destinadas a jóvenes urbanos, los así llamados millennials, y otros sectores focalizados, repito, muy activos en redes digitales.

Exploremos esta vía de análisis. La crítica del fetichismo viene desde los profetas del Antiguo Testamento, quienes constantemente regañaban al pueblo hebreo por su propensión a la idolatría: adorar un fetiche, una obra de sus propias manos. Haciendo una analogía, Karl Marx la trasladó al concepto del fetichismo de la mercancía y el del fetichismo del dinero: una obra de las manos de los trabajadores aparece ante sus ojos con propiedades fascinantes, deslumbrantes, ajenas a ellos, independientes de sus creadores. La mercancía, en estos tiempos, pasó a ser modelo de plenitud de ser, y con ello, los seres humanos han querido soñarse siempre jóvenes, siempre sanos, atléticos, con fenotipo caucásico, o al menos con el fenotipo más juvenil y vigoroso de su propia etnia. Después, fetichizar estrellas de cine, del deporte, del rock o del pop es apenas un sistema paralelo al de la fetichización de las mercancías: esas estrellas son los modelos que dicen cómo vestir, de qué color llevar el cabello o qué fumar o beber, promueven productos y marcas. Además de los rockstars, el sistema capitalista y aun el socialismo real han fetichizado a seres humanos haciéndolos pasar como superhombres, como hombres providenciales o genios.

Pero aquí nos referimos a un fetichismo específico. En la política opera un fetichismo con las características propias del poder, de la relación entre líder y masas: son las masas quienes empoderan al líder con su presencia en las demostraciones masivas de poderío, en las campañas, en la guerra o en las urnas. Sin embargo, la narrativa del poder invierte la relación, parece que el líder, con su carisma, su legitimidad o su providencialidad, es quien da legitimidad a las masas, quien las hace ingresar en la dimensión de la historia. Ante el líder fetiche, las masas sucumben al poder de una obra suya, a quien ven como independiente, superior a ellas y como guía.

Las masas humanas tienen, como las masas físicas, una fuerza de gravedad que atrae y hace desaparecer en ellas a colectivos más pequeños o a individualidades. Pero el problema no es meramente ese poder y energía concentrados, sino que la fetichización del líder impide todo control democrático: las masas introyectan que ellas deben obedecer al líder y no al revés, por ende, no tienen ningún control democrático sobre él ni sobre sus operadores, sus estructuras burocráticas, su partido u organización. Por algo Simone Weil identificaba esta forma política con la Gran Bestia de la Revelación de San Juan: porque la fetichización del líder, el partido y de las masas obedientes es una versión “secular” (muy precariamente secularizada) del ídolo.

Además, el carisma del líder y su movimiento de masas trata de tener el apoyo de las masas de los muertos, diría Elías Canetti, el pasado, la historia, la cual tiene que ser reescrita para legitimar la dominación presente. Esa es la historia de la que tenemos que salvar a nuestros muertos. Así como el PRI pretendía ser heredero de Zapata y Villa, lo mismo que de sus asesinos; así los propagandistas de Morena pretenden ser herederos de la historia (la “cuarta transformación”) aunque traicionen y falsifiquen los ideales y principios de las revoluciones anteriores, por ejemplo, del magonismo, al llamar “Regeneración” al diario oficial de un movimiento restaurador del neoliberalismo con estabilidad social.

Una de las consecuencias directas de ese “nosotros carismático” es que necesita un enemigo externo cuya hostilidad y amenaza lo justifique: como está prohibida, tabuada, la crítica a la burguesía y los capitalistas, con los que pacta la administración del conflicto social, la mistificación de la lucha de clases, entonces los enemigos son los extranjeros, los migrantes, los otros. En este caso: los críticos, los movimientos sociales, las resistencias contra los megaproyectos, como el Aeropuerto de Texcoco, y todos los que no aceptan la “pacificación” (por cierto, así también la llamaba el porfirismo): los insumisos, como los zapatistas del EZLN, y con ellos el CNI y el CIG.

¿Cómo llegó un movimiento que pretendía ser de izquierda a esta posición: del imaginario que les prometía Taibo II, fusilar a los conservadores, al escenario que fantasea hoy en redes digitales la contrainsurgencia antizapatista: fusilar a Galeano como “traidor al pueblo” y sobre todo como “amenaza” para el líder fetiche que vestirá la banda presidencial? Mi hipótesis es que llegó a eso por la inversión de fines y medios: el análisis aparentemente frío, racional, instrumental, pragmático y estratégico no funciona sin un núcleo de fe: la fe en el líder carismático. Pero el resultado interesante de esta operación es la inversión de fines y medios: el partido deja de ser un medio para un fin y, como dice Simone Weil, el partido se vuelve un fin en sí mismo. Si un molesto Sócrates preguntara sobre la diferencia entre la doctrina o el ideario de un partido y otro, llegaría a un fondo confuso, un río revuelto de ideas ambiguas, aunque todas neoliberales. Pero el partido tiene que crecer, tiene que ganar, tiene que avasallar, tiene que callar a las voces críticas. Y si el líder es lo esencial del partido, entonces el líder deja de ser el medio para un fin, la pascua histórica, y se vuelve un fin en sí mismo: el presidente como sustancia pura, histórica y aun transhistórica, el avatar de la cuarta transformación, es decir un ídolo y fetiche. López Obrador (como antes pasó con el PRD) dejó de ser un medio para un fin: el cambio, y se convirtió en el fin en sí mismo, al que se puede sacrificar todo: incluso el cambio. Importaba tanto que López Obrador fuera presidente, que no importó que para ser elegible se comprometiera con un programa esencialmente neoliberal.

El pragmatismo en boga, no en su sentido filosófico sino coloquial, hace como dicen los versos de una canción de Serrat: “juega las cartas que le da el momento, mañana es sólo un adverbio de tiempo”. La lógica del pragmatismo es ver y administrar los útiles que te pueden ayudar como medios para un fin, ciega razón instrumental, pero cuando estos instrumentos son otras personas (políticos priistas, perredistas, panistas, yunquistas, de Encuentro Social), entonces el uso es doble: tú los usas a ellos y ellos te usan a ti. Más allá del problema ético, usar personas como medios, hay un problema específicamente político: en la medida en que vas haciendo esas alianzas, el cambio, la supuesta meta, es también trastocado, por debajo del lenguaje aparentemente “regenerador” hay una continuidad del neoliberalismo claramente expresada: el paraíso de las inversiones y las Zonas Económicas Especiales. Y una profundización de la agresión colonial, así por ejemplo, las semillas editadas genómicamente, como llama la neolengua a los transgénicos, o el corredor Coatzacoalcos-Salina Cruz, versión siglo XXI de los tratados McLane-Ocampo, y el tren de alta velocidad de Cancún a Palenque, que proyecta su amenaza sobre territorios indígenas mayas, enclaves coloniales que AMLO prometió en su carta a Trump. Proyectos que pese a las supuestas intenciones de “respetar derechos humanos” de los pobladores, comienzan violando su derecho a decidir el tipo de desarrollo que desean al imponerles la subordinación a los intereses del capital estadunidense.

Al concepto de fetichismo de las mercancías de Marx, Walter Benjamin lo enriqueció con el análisis de la prostitución moderna: las mercancías seducen a los clientes para que las compren y hay de suyo una prostitución en la venta de las mercancías, por lo que el mundo y el sistema de las mercancías es una pornocracia, con el marketing como gran alcahuete. Por otro lado, en la figura de la prostituta encuentra Benjamin la apoteosis de la empatía con la mercancía. Llevando este concepto a la fetichización política, cuando el pragmatismo lleva a usar a las personas como medios, en el doble sentido de yo te uso-tú me usas, entonces la prostitución es prácticamente literal, y no estamos hablando sólo del intercambio de favores sexuales, que los hay, incluso en el mundo de las mafias y capillas literarias, como recientemente confirmamos los lectores: una especie de Sodoma de la película Año Uno, en donde el cargo del que acusa el funcionario Caín no es el de “sodomía”, sino el delito de “negarse a la sodomía”; estamos hablando también y sobre todo de prostituir las mentes, los corazones, las conciencias. En el caso de AMLO y Morena, vender el ideal de cambio para de volverse elegible, aunque ya no sea para la reforma y el cambio sino para perpetuar el neoliberalismo. Como decían las trabajadoras y trabajadores sexuales en la Otra Campaña: la verdadera prostitución está allá arriba. Y de esa corrupción López Obrador y sus más cercanos sí participan, de cuerpo entero.

No decimos todo esto por mero moralismo, porque de vez en cuando sacan la cabeza de su orgía para acusarnos de “puristas” o para ofrecernos participar con ellos. Lo decimos, primero, porque ellos mismos han usado el lenguaje moral-religioso (“no robar, no mentir, no traicionar”), lenguaje que rápidamente traicionan robando, desde el plagio de ideas, programas y nombres, etiquetas o banderas, hasta el uso ilícito del dinero mismo (Fideicomiso, compra de votos en Chiapas), y mintiendo, cuando dicen querer el cambio, pero ofertan la continuidad, la permanencia del neoliberalismo.
Decimos todo esto para comprender la digna oposición y resistencia de los zapatistas del EZLN. Los actuales zapatistas tienen una profunda aversión a las falsificaciones, los grandes fraudes y las imposturas, las han denunciado siempre: así denunciaron a Salinas, a Zedillo, a Fox, a Calderón, a Peña, a López Obrador.  Sin embargo, estamos en un momento en que los ídolos-fetiches y las mercancías seducen, en que la verdad y la dignidad no son sexys, no atraen a las masas. En un momento así, lo que menos necesitamos es una voz alcahueta que nos persuada de que no importa la verdad, sino estar con los triunfadores. Por el contrario, sí necesitamos de una voz disidente, rebelde, que diga: “yo no me inclinaré ante su ídolo, no iré al besamanos con ese que ustedes llaman: su pastor” (Solalinde dixit) o el hijo de un “vientre bendito”, como lo ha llegado a llamar su feligresía.
En medio de esa humilde apelación a la fuerza, el “somos millones y ustedes muy poquitos”, en medio de la invitación a la orgía de las ilusiones (el “no se aíslen”), los zapatistas actuales, con su mirada de plazos medianos y largos, nos dicen: “gobernaran sólo cinco años y diez meses, mientras nosotros seguiremos haciendo lo que llevamos más de veinticinco años haciendo: resistir”. Y sí hay algo que los pueblos indígenas y no indígenas saben hacer es resistir. La pregunta es: en este México, con este plan en marcha de nuevo colonialismo y embate contra las comunidades, ¿dónde has estado tú, dónde estás hoy y, sobre todo, dónde vas a estar? La consigna es: “No venderse, no rendirse, no claudicar”.

*Texto escrito para el foro El México de arriba frente al México de abajo y a la izquierda después del 1ro. de julio.

2 de enero de 2018

Carta abierta de Javier Sicilia a AMLO sobre la amnistía.




28 de octubre de 2016

La lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas.




Babel
La lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas
Javier Hernández Alpízar

Tendemos a olvidar el origen de las cosas, solamente vemos lo presente o el presente inmediato y lo vemos incompleto, con ese recorte, esa edición simplificada de lo que pasa, tendemos a juzgar, incluso a poner nuestros prejuicios por delante, sin cuestionarnos de dónde viene todo esto. En las reflexiones zapatistas del Seminario Anticapitalista, han subrayado la necesidad de hacer la genealogía de las cosas, buscar sus orígenes y raíces para comprenderlas y poder decidir no frente a la inmediatez sino frente a una reflexión cabal, integral.

Sin embargo no podemos regresar al infinito en nuestras reflexiones genealógicas, remontarnos al Big Bang o al inicio de nuestra narración favorita. Yo comenzaré esta reflexión desde 1994 para tratar de entender el momento presente, pero no quiere decir que esto no tenga raíces aún más antiguas. En 1994 la imagen de Salinas de Gortari era la de un priismo neoliberal moderno triunfador e irresistible para muchos (pueden ver algo de este clima en la película El Bulto). La izquierda que apenas en 1988 había ganado por primera vez en su historia la elección presidencial había sido derrotada con un fraude (Manuel Bartlett anunció por TV el triunfo “legítimo de Salinas”) y ante su pusilanimidad (apellidada Cárdenas), Salinas se “legitimó en el ejercicio del poder” con el apoyo del PAN (Fernández de Cevallos). Cooptó voluntades, se fabricó una imagen nacional e internacional de un prócer de la modernidad y cerraba su sexenio con la firma del TLACAN (en inglés Nafta). Un tratado de libre comercio con Canadá y USA, el principio de la nueva era de acumulación por desposesión, despojo, que padece México, hoy con 43 TLCs firmados. La izquierda se había achicado y achicopalado. En 1985 la había movilizado desde abajo la sociedad civil solidaria frente al temblor, en 1988 no se movilizó hasta la desobediencia civil por el fraude (eso quedaría como marca para próximos fraudes), en 1989 cayó el muro de Berlín y USA bombardeó e invadió Panamá.

Campeaban el desánimo y el sentimiento de derrota, los profetas agoreros anunciaban el fin de la historia, el fin de las ideologías, el fin de los alzamientos armados, la derecha en México y el mundo no parecía tener rival: en Centroamérica la contrainsurgencia reaganiana derrotó con su dinero, trasiego de drogas, armas, guerra y elecciones controladas a los frentes sandinista y Farabundo Martí. Algunos líderes de estos frentes eran amigos de Salinas de Gortari. El panorama le aseguraba a Salinas dejar un delfín a modo, los tecnócratas anunciaban que estarían en Los Pinos por varios sexenios. El tapado priista (próximo candidato) podía estar entre Colosio, Camacho Solís (que tenía a alguien muy cercano de apellido Ebrard), Ruiz Massieu, Aspe Armella, Zedillo y alguien que había sido muy cercano a Salinas: Joseph Marie Córdoba Montoya, militante del PRI desde antes de haberse nacionalizado mexicano. Además estaban muy fortalecidos los empresarios beneficiados por el salinismo, el mayor de todos, quien llegaría a ser el más rico del mundo, o eso parece, Carlos Slim Helú (a quien muchos consideraban, pero nadie lo ha podido probar, un mero prestanombres de Salinas).

En el mundo y en México, la derecha cosechaba triunfos y se aprestaba a disfrutar de una hegemonía indisputada en un mundo unipolar. Muchos académicos ex marxistas se aggiornaban leyendo a Nietzsche, a Ciorán, a Savater, a Vattimo, Lipovetsky, Heidegger, Sade, Baudrillard, Bobbio, Bovero, Sartori, Rawls, y algunos de plano abrazaban el (neo) liberalismo de los Hayek. Friedman, Popper y adláteres. Paz era ya una estrella de Televisa y se enfilaba para el Nóbel.

En 1994, la voz crítica que dio nuevo aliento a esa izquierda con la cola entre las patas no fue Roger Waters (él había festejado la caída del muro haciendo una lectura unilateral de The Wall en un concierto con rockstars como Scorpions y Cyndi Lauper). En 1994, contra toda sensatez y cordura, contra todo pronóstico, se alzaron en armas los indígenas del EZLN.

La primera editorial de La Jornada distinguía entre indígenas de verdad y “profesionales de la violencia”. Luego la realidad los desmintió: era una auténtica rebelión indígena. Solamente lo entendió desde el principio  gente como Carlos Montemayor, que tenía los antecedentes por su estudio de los movimientos armados en México y de las lenguas indígenas, realidades negadas, escondidas, marginadas o minimizadas en un México racista. Pero la legitimidad de la rebelión se reveló incuestionable, la movilización social y el escándalo mundial obligaron a Salinas a ordenar un alto al fuego. Los zapatistas también entendieron que la vía armada no era aceptada y desde entonces sus iniciativas han sido civiles y pacíficas.

La izquierda mexicana y mundial recibió una bocanada de aire fresco. Muchos fueron a las montañas del sureste mexicano a tomarse la foto. Los zapatistas dialogaron con el representante del gobierno Camacho Solís. Pero lo que ambos proponían era diametralmente opuesto: los zapatistas pedían reconocimiento como sujeto social y el gobierno les ofrecía el trato indigenista de objeto de políticas públicas (leche Liconsa y ese tipo de dádivas).

Los zapatistas rechazaron las limosnas e iniciaron diálogos con la sociedad civil. La izquierda había tomado nuevo aliento electoral, el derribamiento de la efigie mediática salinista por el EZLN era una de las causas más importantes para ello. El gobierno priista, que se había negado a aceptar alternancias en el poder, abrió la puerta a ella con reformas electorales que permitieron al PAN y al PRD obtener gobiernos estatales y a la postre, al PAN ir a Los Pinos y al PRD gobernar la Ciudad de México (DF). (También en los setenta, una oleada de guerrillas urbanas y los guerrilleros de Lucio Cabañas en Guerrero abrieron camino a reformas electorales, se legalizó al PC antes clandestino e ilegal) Las reformas electorales en México han tenido un cariz ambiguo del que la contrainsurgencia no está del todo ausente. El EZLN no confiaba mucho en esa izquierda partidaria pero les dio el beneficio de la duda. Recibieron y criticaron a Cárdenas, entonces líder fetiche del PRD, recibieron a AMLO e hicieron un pacto de no agresión en 1997. Apenas en 1996 la contrainsurgencia priista había escalado hasta la masacre de Acteal.

Se firmaron los Acuerdos de San Andrés y se redactó la Ley Cocopa. Zedillo los boicoteó, porque “violaban derechos humanos” u otro argumento así de peregrino. Fox ganó las elecciones y un sector amplio de la población lo veía como un nuevo Miguel Hidalgo. La izquierda había agotado el gas con su apuesta a un solo candidato siempre (Cárdenas). Así como habían derrumbado la imagen de Salinas, los zapatistas derrumbaron la de Fox con la marcha del color de la tierra. La izquierda recuperaba aliento frente al aplastón de la derecha y su “voto útil”.

La comandanta Esther habló, junto con otros indígenas del CNI y el EZLN en el Congreso, los panistas se salieron para no presenciar tal blasfemia. Los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por los tres partidos PRI (Manuel Bartlett), PAN (Fernández de Cevallos), PRD (Jesús Ortega). Los zapatistas hicieron el fin de año en Chiapas una marcha nocturna con antorchas. Ante la decisión de no aprobar los Acuerdos de San Andrés se habían visto obligados, junto con otros pueblos indios como los del CNI a asumirlos por su cuenta y comenzar a construir sus autonomías. En el mitin de esa marcha con antorchas criticaron a todos los partidos políticos por sinvergüenzas y traidores. Se replegaron a construir su autonomía: municipios (que habían iniciado desde 1994), caracoles y juntas de buen gobierno.

Leyeron el mensaje: derecha e izquierda en el poder (que se habían beneficiado de una reforma electoral imposible sin el impacto de su alzamiento armado) habían decretado encerrarlos en el sureste y atacarlos con la continuidad de la contrainsurgencia. Los acuerdos de San Andrés eran los de una primera mesa de diálogo, faltaban varias más, la siguiente era una mesa política donde se proponían formas de asociación política que impidieran el monopolio de la cosa pública por una partidocracia: no solamente candidaturas independientes, sino la formación de todo tipo de asociaciones políticas. locales, regionales y nacionales, indígenas y ciudadanas. Los mismos acuerdos de San Andrés iban contra el monopolio de los poderes ya establecidos, alentaban una cada vez mejor organizada autonomía indígena sin romper con el pacto constitucional nacional, daban a los pueblos un instrumento para defender de sus territorios, ya en la mira de empresas de todo el mundo (incluso las de Slim) tras el TLC.

En 2003 las comunidades zapatistas denunciaron una agresión armada paramilitar contra una marcha pacífica que llevaba agua a unos compañeros suyos en Zinacantán: los paramilitares agresores eran del PRD. La izquierda paga al sistema su apertura con su apoyo contra el EZLN. Los proyectos contrainsurgentes en Chiapas eran aprobados en los Congresos y en el terreno los operaba gente como Dante Delgado, apoyado después dos veces por AMLO para intentar gobernar Veracruz.

Los zapatistas ya habían decidido romper con todos los partidos y la clase política. Tratarían de formar un polo de izquierda anticapitalista con otros y otras que padecían bajo gobiernos de izquierdas y derechas. La construcción de sus caracoles y juntas de buen gobierno los hicieron en silencio durante años. Para la sociedad civil mediatizada, habían desaparecido.

En ese lapso, AMLO pasó de gobernar el DF a ser el líder que desplazó a Cárdenas como el candidato natural del PRD. Tenía apoyo no sólo del PRD, chuchos y no chuchos (Jesús Ortega sería coordinador de su campaña en 2006), y de Carlos Slim, enfrentado con el bloque empresarial que le disputa la hegemonía en medios (Televisa, TV Azteca), Los zapatistas pensaron que si se movilizaban en medio de la división entre izquierdas y derechas por las elecciones, podrían recorrer el país y juntar a las organizaciones, colectivos pequeños e individuos que querían hacer otra izquierda. Su movilización unió a derechas e izquierdas contra ellos.

Con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona dieron la convocatoria hacia esa movilización. Cruzaron el país bajo el silencio de los medios nacionales y la guerra sucia de los medios locales por dondequiera que pasaban, por no formarse en la fila detrás del nuevo líder fetiche del PRD, recibieron una campaña de calumnias que los ponían como “maniobra de la derecha”. En Atenco, la derecha de Atlacomulco le tendió a la Otra Campaña una celada mortal. Asesinaron a un joven, Alexis Benhumea, violaron mujeres, torturaron e invadieron a un pueblo y dieron caza a sus acompañantes de la Otra Campaña. Columnistas y caricaturistas del staff de AMLO culparon a “Marcos” de la represión y callaron sobre el silencio de AMLO y la complicidad del PRD mexiquense con Peña Nieto… Al atacar a las víctimas, se estaban poniendo del lado del represor: Peña Nieto. Carmen Aristegui pidió retirar su firma de una carta a La Jornada apoyando a las mujeres denunciantes de violación en Atenco.

Tras una suspensión en la que la Otra Campaña se movilizó bajo la represión del gobierno de Ebrard para liberar a sus presos, salieron poco a poco casi todos, excepto los tres rehenes que se habían llevado a Almoloya, uno de ellos, Ignacio del Valle, los tres salieron años después. La Otra Campaña finalizó sus recorridos por el país y descubrió a un México ignorado e invisibilizado, que no se ha sentido representado por los partidos y cuyas luchas son desconocidas, ignoradas, solamente aparecen a veces cuando son víctimas de la represión, y aun entonces aparecen demonizados. Y si se movilizan pero no se subordinan a AMLO son criticados y puestos bajo la sospecha de complot como el Movimiento por la Paz y los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa.

En 2006 y 2012, AMLO ha ganado dos veces las elecciones presidenciales, tras las primeras realizó un golpe de teatro nombrando un gobierno legítimo con un gabinete y dio con ello continuidad a la formación de un bloque que lo apoyara en 2012. En 2012, los zapatistas decidieron no decir nada. Su palabra había sido totalmente tergiversada en 2006, incluso por La Jornada. Maximizaron sus críticas a la izquierda electoral y prácticamente desaparecieron sus críticas a la derecha. Se construyeron una caricatura fácilmente refutable. La inmensa mayoría nunca dialogó con los argumentos del EZLN ni de las demás organizaciones de la Otra Campaña, se hicieron la ficción de un rival fácil de refutar, una caricatura dibujada por El Fisgón, Helguera, Hernández (¿alguien les ha visto criticar a Slim?). En 2012 ganó, al parecer, AMLO. Pero esta vez la protesta no fue frontal y la descalificación de Peña por “espurio” brilló por su ausencia, AMLO construía su candidatura para 2018, esperaba la aprobación del registro de su nuevo partido, y no hacía olas, en lugar de fraude, hablaba de imposición.

Los jóvenes de la Ibero iniciaron las movilizaciones del YoSoy132 contra Peña, pero quienes llegaron al final, a intentar impedir la toma de posesión de EPN, fueron personas de organizaciones pequeñas o aun “no organizadas". El último día de gobierno de Ebrard (delfín de AMLO) y  primero de Mancera (delfín de Ebrard) la policía reprimió a esas personas matando e hiriendo a algunos. Kuykendall, teatrista, de la Otra Campaña, fue herido, quedó en coma para morir tiempo después.

Para estas alturas del partido, un buen sector de las población ya creció con las difamaciones al zapatismo que la derecha difundió desde 1995 hasta los años del foxismo, ha crecido con las difamaciones que caricaturistas y columnistas del staff de AMLO han difundido desde 2005 hasta la fecha. No tienen acceso, ni la suelen consultar, a la palabra directa de los zapatistas. Las denuncias de las comunidades zapatistas y de otros pueblos indios son invisibilizadas por los mismos que los acusan de aparecer solamente cada sexenio.

Para la izquierda electoral la irrupción zapatista les abrió el camino al poder, a la alternancia, les aseguró el gobierno del DF y otros, pues antes del alzamiento no le reconocía el sistema el triunfo a la oposición a veces ni a nivel de un municipio. Para los zapatistas la colusión de derecha e izquierda en el poder significó contrainsurgencia, muertes, paramilitarización, asedio constante y una campaña de difamaciones por derechas e izquierda.

Aun así hay los Armando Bartras y las Sanjuanas Martínez que suponen que toda la izquierda debería apoyar a AMLO, y que los zapatistas al no hacerlo le hacen el juego a la derecha. A esa derecha con la que ellos han cogobernado y a la que le dieron valiosos instrumentos de contrainsurgencia y represión como Juan Sabines, Gabino Cue, Aguirre Rivero, Marcelo Ebrard y Mancera.

Es fácil patear a la caricatura que la izquierda y la derecha electorales han hecho del EZLN y sus aliados. Sin que el EZLN haya llamado a no votar ni boicoteado elecciones ningunas, han repetido como propaganda negra la mentira de que los boicotearon. Jamás aceptaron un debate serio y se limitaron a la calumnia. Sin embargo, cuando se les responde con una caricatura gráfica o escrita se indignan y se rasgan las vestiduras. Se han formado una moral doble, como Las Poquianchis de la película de Cazals: ellos son honestidad valiente, nada los liga a los represores y asesinos que llevaron al poder con los votos que el arrastre electoral de AMLO les consiguió. En cambio, para justificar su aceptación tácita de dos fraudes electorales (y algunos, de tres contando desde 1988) le echan la culpa a otros. Incluso AMLO lo ha hecho personalmente esta vez.

Hacer una genealogía crítica de esta izquierda que se jacta de honesta y valiente nos llevaría a encontrar una maquinaria electoral al servicio de una clase política priista metapartidaria: del PRI se desprenden las cúpulas dirigentes. Sin embargo, cualquiera que no se les subordina es acusado de ser una maniobra del PRI para cerrar el paso al poder de los expriistas.

Como en Rashomon, las historias tienen más de una versión, pero la hegemónica es la que cuentan los que tienen dinero del INE y espacios en medios, incluso medios propios o casi, como La Jornada. Sin embargo, desde que el CNI y el EZLN anunciaron que están analizando y consultando en sus pueblos la propuesta de lanzar una candidata que represente un Concejo Nacional Indígena para contender en 2018 para la presidencia, han vuelto a silenciar la palabra indígena y se han dedicado a criticar a una caricatura de su propia autoría. Han sido incapaces de ver a las otras izquierdas. Para qué verlos si tienen su propio tótem de honestidad valiente, candidato por siempre.
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