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25 de mayo de 2020

¿Para qué los militares?

Por: Raúl Romero / La Jornada.


El lunes 11 de mayo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo con el que se "dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública". El acuerdo, fechado el pasado 8 de mayo, es acompañado de las firmas de Andrés Manuel López Obrador y de los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad y Protección Ciudadana.


Al seguir la ruta marcada en marzo y mayo de 2019, cuando con la aprobación de todos los partidos políticos se modificó la constitución y se expidió la Ley de la Guardia Nacional, respectivamente, el acuerdo ahora publicado está en concordancia con la lógica militarista de la actual y anteriores administraciones, y da continuidad a una indirecta y directa militarización de la seguridad pública del país hasta 2024, es decir, durante todo el sexenio de AMLO.


Hay que recordar que, de acuerdo con el cable 06MEXICO505 de WikiLeaks, del 31 de enero de 2006, López Obrador hizo saber al embajador estadunidense, Tony Garza, que quería dar más poder y autoridad a los militares en la guerra antinarcóticos, y que para ello pretendía una enmienda constitucional que no dudaba en obtener.


Llama la atención el momento en que se publica dicho acuerdo: en plena entrada al pico más alto de los contagios de Covid-19, marcado por una fuerte disputa con una parte del sector empresarial y con medios de comunicación nacionales y foráneos; pero también cuando los dos megaproyectos emblemáticos de la actual administración, el Tren mal llamado Maya y el Corredor Interoceánico, han encontrado mayor oposición de los pueblos y sus organizaciones.


De igual forma, entre los nuevos escenarios posibles para México, como consecuencia de la crisis económica global que estaba en curso y que se agudizará con la pandemia, hay que contemplar el descontento de grandes sectores sociales que se verán afectados, así como el ascenso de la migración, y también el crecimiento y expansión de las empresas del crimen organizado, las cuales podrán nutrirse con grandes cantidades de personas que quedarán desempleadas.


El gran poder político, económico y social que la actual administración le ha entregado a las fuerzas armadas es innegable. Si bien con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto la Sedena se convirtió en una gran industria constructora, esto no ha cesado con López Obrador, pues la misma construirá y dará mantenimiento a carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, bancos, hospitales, infraestructura de telecomunicaciones y otras obras.


Según palabras del propio AMLO, los militares construyen ya, con un presupuesto de 10 mil millones de pesos, las primeras mil 300 sucursales del Banco de Bienestar de las 2 mil 700 planeadas. La Sedena también construye el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y se ha anunciado que le otorgarán la construcción de dos tramos del Tren Maya. En lo que respecta al programa Sembrando Vida, se utilizan los 12 Viveros Forestales Militares ubicados en siete estados del país, desde donde se opera la distribución y entrega de las plantas.


También se ha entregado a la Sedena, Marina y Guardia Nacional el control y seguridad de ductos de Petróleos Mexicanos, la distribución de medicamentos y, en días recientes, el control de algunos hospitales.


En lo que se refiere a la Guardia Nacional, en febrero pasado AMLO informó que se habían desplegado 70 mil elementos, pero que el plan implicaba tener 140 mil en todo el territorio nacional para finales de 2020.


Ni antes de la pandemia ni ahora, la ruta de la militarización era opción, sobre todo en nuestro país, donde las fuerzas militares han sido utilizadas sistemáticamente para reprimir y acallar el descontento, para perseguir y desaparecer las resistencias, y también para proteger o fortalecer los negocios de grupos criminales. Los nombres de Ernestina Ascencio y Ayotzinapa, por mencionar algunos, debieran resonar fuerte en la memoria colectiva en estos momentos.


Mientras las fuerzas armadas no sean llevadas ante la justicia por crímenes pasados y presentes, o por su participación en hechos de corrupción, el pacto de impunidad seguirá marcando su actuación. En tanto las fuerzas armadas no sean transformadas a profundidad para obedecer a los pueblos, sujetos de los que emana el poder público, son en realidad una amenaza.


El militarismo es un campo de acumulación de capital, nos advirtió Rosa Luxemburgo, tiene la función de "la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados". Aquí una posible respuesta para entender por qué tanto interés del actual gobierno en los militares: los necesitan para garantizar "el orden y la paz social", para garantizar sus proyectos de "desarrollo".

16 de octubre de 2019

Cachemira: silencio ensordecedor.

Por: Arundhati Roy / Plateforme Altermondialiste.
Traducción: VientoSur.

El ministro indio de Interior ha propuesto al Parlamento la abolición del artículo 370 de la Constitución india (que establece las obligaciones legales derivadas del tratado de adhesión). Con el voto en contra de los partidos de oposición, tanto la cámara alta como la cámara baja han aprobado la nueva ley, que anula el estatuto particular, junto con la constitución y la bandera propias de Cachemira. Asimismo, divide el territorio en dos partes: Jammu y Cachemira, que será administrada directamente por el Gobierno central de Nueva Delhi (aunque manteniendo una asamblea legislativa electa, cuyos poderes han quedado notablemente mermados), y Ladaj, que también será administrado directamente por Nueva Delhi, pero no tendrá ninguna asamblea legislativa.

En la práctica, los ciudadanos indios ahora pueden comprar tierras e instalarse en Cachemira sin ninguna traba. Inversores indios, como el industrial más rico del país Mukesh Ambani, ya sueñan con poseer esta tierra rica en vastos glaciares, lagos de alta montaña y cinco grandes ríos. La disolución de la entidad jurídica del Estado comporta asimismo la abolición del artículo 35A, que otorgaba a los residentes derechos y privilegios que les permitían controlar su propio territorio. Desde hace tiempo, los cachemiríes temen esta eventualidad. Es una pesadilla recurrente en que se ven arrastrados por una avalancha de indios y convertidos en una especie de palestinos de los territorios ocupados y repoblados con colonos.

Lo más chocante en estos momentos es el silencio mortal de las calles de Cachemira patrulladas y cortadas por barricadas y de sus casi siete millones de personas encerradas, humilladas, espiadas por drones, aisladas del mundo. Esta situación es fruto de una lenta destrucción. Un momento decisivo se produjo en 1987, cuando Nueva Delhi falseó de modo flagrante el resultado de las elecciones en este Estado. En 1989, la reivindicación del derecho de autodeterminación, hasta entonces defendida de manera no violenta, se transformó en una lucha por la libertad. Cientos de miles de personas salieron a la calle para ser abatidas en una masacre tras otra.

El valle de Cachemira fue invadido rápidamente por militantes cachemiríes de ambos lados de la frontera, así como por combatientes extranjeros, entrenados, armados y adoctrinados por Pakistán. De este modo, Cachemira se metió en la tormenta: por un lado, un islam cada vez más radicalizado en Pakistán y Afganistán, completamente extraño a la cultura cachemirí, y por otro, el nacionalismo hindú fanático que se hallaba en pleno ascenso en India.

La primera víctima del levantamiento fue el vínculo secular entre los musulmanes de Cachemira y su pequeña minoría de hindús, conocida localmente con el nombre de pandits. Poco a poco surgió la violencia. Varios pandits fueron asesinados y más de 25.000 se fueron de Cachemira. Veinte años más tarde, miles de ellos malviven en campos de refugiados miserables en la ciudad de Jammu, que los gobiernos de Nueva Delhi perpetúan para mantener a esta población en el limbo y atizar su enfado y la amargura con el fin de alimentar el peligroso relato nacionalista de India con respecto a Cachemira. Hoy, Cachemira es una de las zonas más militarizadas del mundo: allí se han desplegado más de medio millón de soldados. Se calcula que a causa del conflicto han muerto 70.000 personas, entre civiles, militantes y fuerzas de seguridad. Miles de personas están desaparecidas y decenas de miles han sufrido tortura en tugurios instalados por todo el valle como pequeños Abu Ghraib.

En el transcurso de los últimos años, cientos de adolescentes se han quedado ciegos al ser atacados con escopetas de perdigones, la nueva arma de elección de las fuerzas de seguridad. La mayor parte de los militantes que operan hoy en el valle son jóvenes cachemiríes, armados y formados localmente. Actúan a sabiendas de que desde el momento en que toman un arma de fuego, su esperanza de vida se reduce a menos de seis meses. Cada vez que muere un terrorista, los cachemiríes se presentan por decenas de millares para enterrar a un joven, al que veneran como un shaheed, un mártir.

Durante el primer mandato de Narendra Modi como primer ministro de India, esta violencia se exacerbó. En febrero, después de que un kamikaze cachemirí matara a 40 miembros de las fuerzas de seguridad indias, el Gobierno indio lanzó una incursión aérea contra Pakistán, que respondió. Estos dos países son las primeras potencias nucleares del mundo que se han atacado mutuamente con aviones de guerra. Ahora, dos meses después de su reelección, Narendra Modi ha echado una cerilla encendida en un barril de pólvora.

El 15 de agosto, en su discurso del Día de la Independencia, Narendra Modi alardeó desde las murallas del Fuerte Rojo de Delhi de que su Gobierno había hecho realidad finalmente el sueño de hacer de India “una nación, una Constitución”. Pero la misma víspera, grupos rebeldes que operan en varios Estados que se hallan en condiciones precarias en el noreste de India, entre ellos algunos que gozan de un estatuto especial como el antiguo Estado de Jammu y Cachemira, anunciaron un boicot a la fiesta de la Independencia.

Es muy probable que la violencia en Cachemira se extienda a otras partes de India. La utilizarán para inflamar la hostilidad hacia los musulmanes indios, que ya están siendo demonizados, guetizados , empujados hacia lo más bajo de la escala económica y, cada vez más, simplemente linchados. El Estado también aprovechará para atacar a otras personas –militantes, abogados, artistas, estudiantes, intelectuales, periodistas– que han protestado abierta y valerosamente.

La poderosa organización de extrema derecha Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) cuenta con más de 600.000 miembros, entre ellos Narendra Modi y varios de sus ministros. Dispone de una milicia voluntaria, inspirada en la Camisas Negras. Todos los días, la RSS refuerza su control de las instituciones del Estado indio. Se dedica a atacar a intelectuales y universitarios que, según Ram Madhav, secretario general de RSS, deben ser apartados del paisaje académico, cultural e intelectual del país. Con este propósito se ha modificado la Ley de prevención de actividades ilegales, que de por sí ya era draconiana, para incluir en la definición de terrorista a los individuos, y no únicamente a organizaciones. La modificación permite al Gobierno calificar a una persona de terrorista sin seguir el procedimiento regular y sin juicio.

Cuando el mundo observa pasivamente, la arquitectura del fascismo indio se instala a marchas forzadas.

30 de septiembre de 2019

Cartografiar la contraofensiva: el espectro del feminismo.

Por: Verónica Gago / Nueva Sociedad.

Los feminismos han desafiado a los poderes establecidos y estos han desencadenado una triple contraofensiva: eclesial, económica y militar, que tiene uno de sus anclajes en la denuncia de la «ideología de género». Una de las operaciones relacionadas es asociar la «ideología de género» al colonialismo. Otra consiste en infantilizar el feminismo como política trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del hambre.



Estamos presenciando un momento de contraofensiva: es decir, de reacción a la fuerza desplegada por los feminismos en la región. Es importante remarcar la secuencia: la contra-ofensiva responde a una ofensiva, a un movimiento anterior. Esto supone ubicar la emergencia de los feminismos en relación con el posterior giro a la derecha en la región, incluso con tonalidades protofascistas, y a escala global. Se desprenden de aquí dos consideraciones. En términos metodológicos: ubicar la fuerza de los feminismos en primer lugar, como fuerza constituyente. En términos políticos: afirmar que los feminismos, en su capacidad de devenir masivos y radicales, ponen en marcha una amenaza hacia los poderes establecidos y activan una dinámica de desobediencias que se intenta contener contraponiéndole formas de represión, disciplinamiento y control en varias escalas. La contraofensiva es un llamado al orden y su agresividad se mide en relación con la percepción de amenaza a la que está respondiendo. Por eso, la feroz contraofensiva desatada hacia los feminismos nos da una lectura a contrapelo, en reversa, de la fuerza de insubordinación que se ha percibido como ya aconteciendo y a la vez con posibilidad de radicalización.

Veamos las líneas de la contraofensiva para luego volver sobre los contornos de la caracterización de qué es lo que se delinea como «amenaza», ya que eso nos permitirá entender por qué estamos presenciando la construcción del feminismo como nuevo «enemigo interno». O por qué el feminismo funciona como espectro al que distintos poderes se proponen conjurar.

Uno: la contraofensiva eclesial

Mediante el concepto de «ideología de género» se sintetiza hoy una auténtica cruzada encabezada por la Iglesia católica contra la desestabilización feminista. «La ideología de género es una estrategia discursiva ideada desde el Vaticano y adoptada por numerosos intelectuales y activistas católicos y cristianos para contraatacar la retórica de la igualdad de derechos para mujeres y personas lgbti», argumenta Mara Viveros Vigoya. Eric Fassin señala que la embestida contra el término «género» empieza abiertamente a mediados de la década de 1990 desde grupos católicos de derecha estadounidenses, en ocasión de la Conferencia sobre Población y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), realizada en El Cairo en 1994, y durante las reuniones preparatorias de la Conferencia de Beijing (1995) en Nueva York. Varias crónicas señalan como la lobbista más activa del Vaticano a Dale O’Leary, una periodista católica conservadora que plasmó esta discusión en el libro The Gender Agenda [La agenda de género], cuyo argumento principal es que el género se presentaba como «una herramienta neocolonial de una conspiración feminista internacional». Según Mary Anne Casey, el ataque surge primero contra leyes y políticas y luego se concentrará en la teoría y señalará a Judith Butler como la «papisa del género». Son campañas impulsadas desde arriba, como argumenta Sonia Corrêa en una entrevista con María Alicia Gutiérrez: «no han sido gestadas en la base de nuestras sociedades, sino más bien en las altas esferas de las negociaciones internacionales y la elucubración teológica».

Uno de los textos más emblemáticos de la «cruzada» es Lexicon. Termini ambigui e discussi
su famiglia, vita e questioni etiche
, editado por Edizioni Dehoniane de Bologna en 2003. La «entrada» género está escrita por Jutta Burggraf (1952-2010), teóloga católica alemana que traza las coordenadas de la discusión apuntando a Butler como responsable de desacoplar el sexo biológico de la categoría «cultural» de género y de habilitar su proliferación indiscriminada. Como también se constata en otros tantos textos eclesiásticos, Burggraf muestra preocupación por la recepción de la palabra «género» en organismos internacionales como la onu y la vía de recursos que estas instancias implican. Pero lo que más me interesa remarcar –para luego seguir el hilo de esta argumentación– es la afinidad que ella traza entre la ideología de género y una «antropología individualista del neoliberalismo radical».

Antes de Butler, el linaje teórico que se describe en estas publicaciones de pelaje variado se remonta a Friedrich Engels y Simone de Beauvoir. De manera particular, sin embargo, el énfasis del antecedente de la «ideología de género» se traza con las teorizaciones de la Escuela de Fráncfort en la década de 1930 y, en particular, con el modo en que sus conceptos se diseminaron en las revueltas de los años 60 en los movimientos radicales. El «marxismo cultural» de la Escuela de Fráncfort sería el enemigo de la cristiandad occidental. La conversión del vocablo «género» en un anatema, una maldición, recrea y actualiza toda la fábula de la amenaza a la civilización cristiana y occidental, pero con un agregado: destacando su capacidad de «transversalidad» ideológica y, por tanto, su fuerza de propagación que iría más allá de la reconocible «izquierda».

La disputa es enorme. Según la Iglesia católica, lo que está en juego es la naturaleza humana porque se está cuestionando el binarismo de género que constituye la célula base de la reproducción heteronormada; es decir, la familia. Por eso, en la cruzada toman también progresiva relevancia las identidades y corporalidades trans y las tecnologías dedicadas a la reproducción. Ambas «cuestiones» son representadas como una etapa superior de la ideología de género, la consagración del desacople del sexo respecto del género y, por tanto, la amenaza a la teoría antropológica-teológica cristiana de la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Para resumirlo en palabras de Sarah Bracke y David Paternotte: «El Vaticano considera la noción analítica de género como una amenaza a la Creación Divina». La noción de género, entonces, usurpa –y por eso amenaza– el poder divino de creación. Crear géneros diversos –o poner «el género en disputa» para usar el título más famoso de Butler– aparece, desde la Iglesia, como una disputa directa con Dios.

En 2017, los investigadores David Paternotte y Roman Kuhar se preguntan algo fundamental: cómo se ha producido la traducción de un concepto teórico a los discursos religiosos y, especialmente, cómo luego esos discursos pasan a convocar movilizaciones a escala global. La hipótesis que exploran es, en el contexto europeo, su intersección con el nacionalismo y los populismos de derecha. Con la misma preocupación por su articulación política con la derecha, Agnieszka Graff y Elżbieta Korolczuk subrayan –a partir del análisis del caso polaco, pero luego extendiéndose a Europa– que el ataque antigénero identifica a quienes propagan la ideología como liberales, miembros de elite, mientras que la cruzada religiosa estaría defendiendo a las clases trabajadoras, que portarían una suerte de conservadurismo que emana de la condición de ser las «víctimas» de la globalización: «los ‘generistas’ estarían bien financiados y conectados con las elites globales mientras que la gente común estaría pagando el precio de la globalización».

La asociación entre neoliberalismo y género insiste por varias vías y prepara el terreno para argumentar –como lo veremos en relación con el debate argentino– que el antineoliberalismo solo puede venir de la mano de una conservación de los «valores familiares» y de la disciplina del trabajo a los que estos están íntimamente asociados.Uno de sus voceros argentinos se jacta de estar a la vanguardia de esta teorización. El abogado católico cordobés Jorge Scala publicó en 2010 el libro La ideología de género. O el Género como herramienta de poder (según afirma el autor, con más de 10 ediciones en España). Allí caracteriza la «ideología de género» como un «totalitarismo»: «La ideología de género busca imponerse de forma totalitaria, mediante el ejercicio del poder absoluto, en especial a nivel supranacional –y desde allí recalar en los distintos pueblos y naciones–, mediante el control de los medios de propaganda y de elaboración cultural», sintetiza en su publicidad. Dice detectar tres vías por las cuales la «ideología de género» se expande: el sistema educativo formal, los medios de comunicación y los derechos humanos. Lo totalitario sería lo propio de un sistema cerrado, de un «lavado de cerebro global». En 2012, el libro fue traducido y publicado en Brasil. En marzo de 2013, ante la consagración de Jorge Bergoglio como papa Francisco, Scala escribió:
Hay una coincidencia que me resulta particularmente significativa: el 13 de marzo de 2012 la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina dictó un fallo inicuo pretendiendo legalizar el aborto a petición en dicha Nación. Exactamente un año después, el 13 de marzo de 2013, el Colegio Cardenalicio eleva a la Sede de Pedro al cardenal primado de la Argentina. Es como una caricia del Espíritu Santo.

Para Mary Anne Casey, los dos papas que han encarnado «la guerra del Vaticano contra la ideología de género» son Benedicto XVI y Francisco. El hecho de que provengan de Alemania y Argentina respectivamente no pasa inadvertido:

De maneras no previamente analizadas, Ratzinger parece haber estado reaccionando directamente a los acontecimientos recientes de entonces en Alemania, incluyendo, por un lado, la presencia de libros de feministas que subrayaban la construcción social de los roles de género (…) en las listas de best-seller locales y, por otro lado, el mandato constitucional de la legislación federal alemana que garantiza a los individuos la oportunidad legal de cambiar de sexo. Los reclamos de derechos trans fueron, junto con los reclamos feministas, un componente fundacional, y no un agregado reciente, a la esfera de preocupaciones del Vaticano sobre el «género» y al enfocar tal preocupación en el desarrollo de las leyes seculares. Tal como Ratzinger puede haber llevado con él a Roma su memoria de los acontecimientos en Alemania, lo mismo Jorge Mario Bergoglio, quien viajó a Roma en 2013 para convertirse en papa Francisco, dejando atrás una Argentina que solo un año antes había aprobado, con la oposición de Bergoglio pero sin ninguna oposición legislativa, una ley sobre identidad de género que está entre las más generosas del mundo respecto a las personas que desean legalmente cambiar de sexo.

Según la investigadora, sin embargo, lo que caracteriza a Francisco es haberle encontrado un giro táctico al combate: la «ideología de género» pasa a ser asociada por el papa argentino con una «ideología colonizadora», especialmente impulsada por ONG's y organismos internacionales. De este modo, el papa que viene del «Tercer Mundo» moviliza una retórica pseudoantiimperialista para librar la batalla contra los derechos de mujeres y LGBTI+. Un segundo logro le atribuye Casey a Francisco: haber conseguido unificar distintos credos (especialmente católicos, evangélicos y mormones) en la cruzada contra la «ideología de género», amalgamados por la expansión de la «amenaza». Fue en los últimos pocos años cuando la doctrina eclesial devino hashtag multiuso y herramienta de movilización que salió a disputar las calles. En ella se inscriben, por ejemplo, las manifestaciones alrededor del eslogan «Con mis hijos no te metas». La «ideología de género» sería, en este caso, el contenido de una nueva currícula escolar que al incorporar nociones como «igualdad de género» e «identidad de género» promovería, según los manifestantes en Perú, por ejemplo, «la homosexualidad y el libertinaje sexual en los escolares».

En Argentina, hay que notar la ofensiva contra la Ley Nacional 26150 que crea el derecho a recibir Educación Sexual Integral (ESI) desde el inicio de la escolaridad; ley que fue defendida por organizaciones que popularizaron la consigna «La educación es una causa feminista», mientras monseñor Héctor Aguer (arzobispo de La Plata) declaraba que «el aumento de los feminicidios tiene que ver con la desaparición del matrimonio». En Colombia, la llamada «ideología de género» jugó un papel clave en la campaña que agitó la «amenaza del género» a favor del triunfo del «No» a los Acuerdos de Paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de 2016. Sonia Correa agrega sobre el mapa latinoamericano:
A principios de 2017, las campañas antigénero estallaron en el contexto de la Reforma Constitucional del Distrito Federal en México y poco después un autobús «antigénero» comenzó a circular por todo el país. Dos meses después, el mismo autobús estaba viajando por Chile, justo antes de la votación final de la reforma a la ley que dejó atrás la prohibición de la terminación del embarazo promulgada por el régimen pinochetista en los 80. Llevaron a cabo también una campaña contra la «ideología de género» en el plan de estudios de la educación pública en Uruguay, un país conocido por su laicismo. En Ecuador, una disposición legal que intentaba limitar la violencia de género fue atacada por grupos conservadores religiosos antigénero. La Corte Constitucional boliviana derogó la Ley de Identidad de Género recientemente aprobada, argumentando que la dignidad de la persona tiene su raíz en el binario sexual de lo humano.

Este 2019 se abrió con el estreno del extremista de derecha Jair Bolsonaro en Brasil, cuyo primer discurso presidencial estuvo referido al combate contra la «ideología de género». Unas semanas después, el joven empresario Nayib Bukele ganó la Presidencia de El Salvador con la misma bandera. La batalla del Siglo XXI va así tomando diversas escenas y modalidades. Pero lo que cabe resaltar es de qué manera se declina esta batalla como contienda política en cada situación local y cómo logra justamente presentarse enhebrada a coyunturas bien diversas, construyendo un paisaje del giro conservador en la región. Es imposible entender este devenir en consigna de movilización de la cruzada religiosa fundamentalista –es decir, fabricarle su «movimiento social»– sin tomar en cuenta el auge de masividad y radicalidad de los feminismos que han tomado las calles en dinámicas transnacionales.

En Argentina hay un punto de quiebre: es la «marea verde» a favor de la legalización del aborto que durante 2018 inundó las calles y difundió su impacto a escala mundial. La ampliación del debate sobre el aborto en términos de soberanía, autonomía y clase, su radicalización militante por las nuevas generaciones y la proyección política de sus demandas en la atmósfera feminista desataron una virulencia nueva de la contraofensiva eclesial. Hemos visto el lanzamiento a las calles del movimiento «celeste», las frases de defensa sobre las «dos vidas» y llamamientos al odio en escuelas religiosas y púlpitos. Pero, sobre todo, una militancia enardecida en hospitales, en juzgados y en los medios de comunicación contra el aborto. Esta campaña llegó a la aberración durante 2019 con los casos de una niña de 12 años en Jujuy y otra de 11 en Tucumán y la reivindicación de la violación y maternidad forzada de las menores por un editorial del diario La Nación.

Espiritualidad política. Como movimiento múltiple, el feminismo pone en escena la disputa por la soberanía de los cuerpos. Y claro está: de los cuerpos feminizados en términos de su jerarquía diferenciada. De esos cuerpos que históricamente fueron declarados no soberanos. Sentenciados como no aptos para decidir por sí mismos. Es decir: de los cuerpos tutelados. Pero el feminismo habla de los cuerpos al mismo tiempo que pone en disputa una espiritualidad política. Y que es política justamente porque no separa el cuerpo del espíritu, ni la carne de las fantasías, ni la piel de las ideas. El feminismo (como movimiento múltiple) tiene una mística. Trabaja desde los afectos y las pasiones. Abre ese campo espinoso del deseo, de las relaciones amorosas, de los enjambres eróticos, del ritual y la fiesta y de los anhelos más allá de sus bordes permitidos. El feminismo, a diferencia de otras políticas que se consideran de izquierda, no despoja a los cuerpos de su indeterminación, de su no saber, de su ensoñamiento encarnado, de su potencia oscura. Y por eso trabaja en el plano plástico, frágil y a la vez movilizante de la espiritualidad.

El feminismo no cree que haya un opio de los pueblos: cree, por el contrario, que la espiritualidad es una fuerza de sublevación. Que el gesto de rebelarse es inexplicable y, a la vez, la única racionalidad que nos libera. Y que nos libera sin volvernos sujetos puros, heroicos ni buenos.

La Iglesia ha entendido esto desde todos los tiempos. Podemos referirnos una vez más a Calibán y la bruja, de Silvia Federici, para recordar por qué la quema de brujas, herejes y sanadoras fue una escena predilecta para desprestigiar el saber femenino sobre los cuerpos y aterrorizar su efervescencia curadora y su fuerza de tecnología de amistad entre mujeres. O al aún más clásico Witches, Midwives and Nurses: A History of Women Healers [Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de las mujeres sanadoras] de Bárbara Ehrenreich y Deirdre English, donde por ejemplo se analiza la guía de quema de brujas del Siglo XVMalleus maleficarum [El martillo de las brujas], que aseguraba que «nada le hace más daño a la Iglesia católica que las parteras», que por supuesto son también las aborteras.

Hoy vemos en las calles, en las casas, en las camas y en las escuelas una batalla por la espiritualidad política (que, en su movimiento masivo, tiñe todo de verde, como un principio-esperanza). Y por eso, de nuevo, la Iglesia católica, a través de sus representantes y voceros varones, siente que tiene una misión que cumplir, una tarea de salvación de almas que se traduce en una guerra por el monopolio del tutelaje sobre los cuerpos femeninos. Hay un punto fundamental en la actualidad de esta cruzada y es el rol del papa Francisco, especialmente por su conexión en Argentina con varios movimientos sociales.

La Iglesia de los «pobres». Con particular énfasis, esta disputa por los cuerpos se despliega cuando se trata del tutelaje de mujeres «pobres». Y sucede justo en el momento en que el feminismo se hace fuerte desde los barrios, desde las generaciones jóvenes pero al mismo tiempo como nueva alianza entre madres e «hijes», y cuando hay un debate clasista sobre la diferencia de riesgos que comporta el aborto. Como lo expuso en el Congreso de la Nación una joven de la organización Orilleres de la Villa 21-24 y Zavaleta, en la ciudad de Buenos Aires: «En nuestros barrios intervienen instituciones como las iglesias que se encargan de moralizar nuestros cuerpos, nuestras decisiones, y que operan para que las mujeres no tengamos acceso al aborto legal. Sin derechos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas estamos condenadas a seguir siendo vulneradas».

Unos días antes, un conocido cura «villero» había insistido en que el aborto no es un reclamo popular. Argumentó que «el FMI [Fondo Monetario Internacional] es aborto» (título con el que circuló mediáticamente su discurso). Con esto, la Iglesia pretende instalar que la autodeterminación de las mujeres, el propio derecho a decidir sobre el cuerpo, es una cuestión neoliberal. Desconocen y falsean tanto las luchas históricas por el aborto como la actualidad del movimiento feminista, donde esta demanda está asociada a un reclamo de vida digna y contra el ajuste neoliberal, y en cuya amalgama se hicieron pañuelazos en muchos barrios y villas.

En su pretensión de mostrarse como los únicos antiliberales, los voceros de la Iglesia refieren esta argumentación a las «mujeres pobres»: a quienes ellos consideran que deben conducir especialmente, a quienes quitan la capacidad de decisión en nombre de su condición social, a quienes visibilizan como resistentes solo si son madres. De este modo, la trampa que tienden parece reivindicarse «clasista», pero en verdad es justamente lo contrario: intentan trazar una distinción de clase que justificaría que a las mujeres pobres no les queda más alternativa que ser católicas y conservadoras, porque solo tienen como opción su maternidad. De este modo, se intenta reducir el abortar (es decir, decidir sobre el deseo, la maternidad y la propia vida) a un gesto excéntrico de la clase media y alta (que, claro está, puede poner en juego recursos económicos diferentes). El argumento «clasista», que por supuesto existe en términos de posibilidades diferenciadas para acceder a un aborto seguro, se invierte: pasa a funcionar como justificación de la clandestinidad. El derecho a decidir, para la Iglesia, debe permanecer así alejado de los barrios populares. Esta cruzada por infantilizar a las mujeres «pobres» es la punta de lanza, porque si se desarma, la Iglesia misma se queda sin fieles. Lo más brutal es el modo en que, para sostener esto, tienen que hacer oídos sordos –desconocer y negar– lo que dicen las propias mujeres de las villas y las organizaciones que trabajan en ellas. Aun cuando ellas están insistiendo en todos lados con la consigna «dejen de hablar por nosotras».

Queda claro que la Iglesia, a través de sus voceros varones, no quiere dejar de legislar sobre el cuerpo de las mujeres y que encuentra en el movimiento feminista una amenaza directa a su poder, edificado sobre el control de los cuerpos y las espiritualidades feminizadas. Porque es el control de la vida y de los modos de vida (toda una guerra se despliega sobre el propio vocablo «vida») lo que está en juego para hacer de la espiritualidad un sinónimo de obediencia y de renovadas formas de tutelaje.
Volvamos al argumento que se renueva y refuerza: querer asociar feminismo y neoliberalismo. El aborto como sinónimo de «cultura del descarte» que enarbola la propaganda eclesial tiene este propósito. Pero es justamente un feminismo anti-neoliberal lo que se ha venido fortaleciendo en los últimos años y lo que pone en jaque esta falaz argumentación de la institución que es del reino celeste.

Dos: la contraofensiva moral… y económica.

Estamos hablando de la disputa por la definición de neoliberalismo y, en particular, de qué sería el antineoliberalismo. Y aún más: de qué prácticas implica lo popular en su capacidad estratégica de construir antineoliberalismo. Ahí está el corazón del debate. Quienes denuncian la «ideología de género» proponen un combate al neoliberalismo a través de un retorno a la familia, al trabajo disciplinado como único proveedor de dignidad y a la maternidad obligatoria como reaseguro del lugar de la mujer.

El neoliberalismo, así, queda definido como una política y un modo de subjetivación de la pura disgregación del orden familiar y laboral. Que ese orden sea patriarcal, por supuesto, no es problematizado, sino ratificado. Llegamos a una suerte de contradicción lógica: ¿puede el antineoliberalismo sustentarse en un orden patriarcal cuya estructura biologicista y colonial es indisimulable? Esto es justamente lo que han dejado claro los feminismos en su radicalización masiva: no hay capitalismo neoliberal sin orden patriarcal y colonial. La trinidad es indisimulable.

El argumento que intenta instalar la doctrina de Francisco es que la «ideología de género» es «colonial» y «liberal». Parece paradójico que la institución que debe sus cimientos en nuestro continente a la colonización más cruenta enarbole un discurso «anticolonial». Parece paradójico que, en un momento en que la jerarquía de la Iglesia católica se ve impugnada por las denuncias de abuso sexual a menores por parte de sus integrantes, surja por arriba la bandera de un antineoliberalismo de corte miserabilista y patriarcal para señalar al feminismo como enemigo interno. Parece paradójico que en un momento en que el «inconsciente-colonial» como lo llama Suely Rolnik o las «prácticas descolonizadoras» de las que habla Silvia Rivera Cusicanqui tienen en los feminismos un enorme espacio de problematización y resonancia, sea la Iglesia católica apostólica romana la que quiere presentarse como anticolonial.

Veamos cómo se articula la contraofensiva eclesial con la contraofensiva económica. El ajuste económico de los últimos años, que en el caso de Argentina se traduce en inflación y aumento de tarifas básicas, en despidos y en recortes de servicios públicos, tiene especial impacto sobre las mujeres y, de modo más general, sobre las economías feminizadas. Varias integrantes de organizaciones sociales cuentan que no cenan como modo de autoajuste frente a la escasez de comida y para lograr repartir mejor lo que hay entre hijos e hijas.

Técnicamente se llama «inseguridad alimentaria». Políticamente, evidencia cómo las mujeres ponen de manera diferencial el cuerpo, también así, ante la crisis. Esto se ve reforzado por la bancarización de los alimentos mediante las tarjetas «alimentarias» (parte de la bancarización compulsiva de las ayudas sociales de la última década), que se canjean solo en ciertos comercios y que están «atadas» a la especulación de algunos supermercados a la hora de fijar precios. El fantasma del saqueo a los comercios de alimentos se agita como amenaza de represión e incentiva la persecución de las protestas en nombre de la «seguridad».

Encierro, deuda y biología. Con la contraofensiva económica vemos un rasgo fundamental del neoliberalismo actual: la profundización de la crisis de reproducción social que es sostenida por un incremento del trabajo feminizado, que reemplaza las infraestructuras públicas y queda implicado en dinámicas de superexplotación. La privatización de servicios públicos o la restricción de su alcance se traducen en que esas tareas (salud, cuidado, alimentación, etc.) deben ser suplidas por las mujeres y los cuerpos feminizados como tarea no remunerada y obligatoria.

Varias autoras han destacado el aprovechamiento moralizador que se articula a esta misma crisis reproductiva. Acá surge una clave fundamental: las bases de convergencia entre neoliberalismo y conservadurismo. Como sostiene Melinda Cooper, necesitamos situar cuándo el neoliberalismo, para justificar sus políticas de ajuste, revive la tradición de la responsabilidad familiar privada y lo hace en el idioma de… ¡la «deuda doméstica»! Endeudar a los hogares es parte de su llamado a la responsabilización neoliberal, pero al mismo tiempo condensa el propósito conservador de plegar sobre los confines del hogar cisheteropatriarcal la reproducción social.

Encierro, deuda y biología: tal es la fórmula de la alianza neoliberal-conservadora. La reinvención estratégica de la responsabilidad familiar frente al despojo de infraestructura pública permite esta convergencia muy profunda entre neoliberales y conservadores.

Esto lo vemos claramente en cómo la contraofensiva económica es también contraofensiva moralizadora y saca su fuerza del empobrecimiento acelerado, que tiene como espacio de expansión la financiarización de las economías familiares que hace que los sectores más pobres (y ahora ya no solo esos sectores) deban endeudarse para pagar alimentos y medicamentos y para financiar en cuotas con intereses descomunales el pago de servicios básicos. Si la subsistencia cotidiana por sí misma genera deuda, lo que vemos es una forma intensiva y extensiva de explotación que encuentra en las economías populares feminizadas su laboratorio.

Pero la torsión conservadora es un aspecto fundamental que intenta reforzar, por un lado, la obligación de contraprestación de la ayuda social con exigencias familiaristas como lógica de cuidado y responsabilidad; por otro, hace que las iglesias sean hoy canales privilegiados para la redistribución de recursos. Vemos consolidarse así una estructura de obediencia sobre el día a día y sobre el tiempo por venir que obliga a asumir de manera individual y privada los costes del ajuste y a recibir condicionamientos morales a cambio de los recursos escasos.

Caracterizamos así la contraofensiva económica como terror financiero porque se despliega como «contrarrevolución» cotidiana en dos sentidos: porque nos quiere hacer desear la estabilidad a cualquier costo y porque opera sobre el tejido del día a día, el mismo que los feminismos ponen en cuestión porque es allí donde se estructura micropolíticamente toda forma de obediencia. No es casual entonces que militancias políticas cercanas al Vaticano quieran construir un falso antagonismo: feminismo versus hambre. De nuevo, la operación consiste en infantilizar el feminismo como política trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del hambre. Más bien lo contrario es cierto: no hay oposición entre la urgencia del hambre a la que nos somete la crisis y la política feminista. Es el movimiento feminista en toda su diversidad el que ha politizado de manera nueva y radical la crisis de la reproducción social como crisis a la vez civilizatoria y de la estructura patriarcal de la sociedad. A eso se contrapone una asistencia social focalizada (forma predilecta de la intervención estatal neoliberal), que busca reforzar una jerarquía de merecimientos en relación con la obligación de las mujeres según sus roles en la familia patriarcal: tener hijos, cuidarlos, escolarizarlos, vacunarlos.

Lo que la contraofensiva religiosa no soporta es que enfrentando al hambre se desafíe también el mandato patriarcal de la reproducción de la norma familiar, del confinamiento doméstico y de la obligación de parir. Lo que la contraofensiva religiosa busca en la contraofensiva económica es una oportunidad para reponer una imagen de lo popular como conservador y de lo conservador como genuino porque, de nuevo, trae una idea de lo «antineoliberal» que no hace más que ocultar la alianza entre neoliberalismo y conservadurismo que vemos hoy en el giro neofascista regional y global.

El movimiento feminista crece dentro de organizaciones diversas y por ello está presente en las luchas más desafiantes del presente, y desde ahí realiza los diagnósticos no fascistas de la crisis de reproducción social. El hambre no es una definición biologicista. Las jefas de hogar sacan las ollas a la calle y le ponen el cuerpo a la denuncia del ajuste, la inflación y la deuda. Las pibas en situación de calle discuten qué son las violencias de las economías ilegales. Las presas denuncian la máquina carcelaria como lugar privilegiado de humillación. Pero es necesario desconocer estos potentes lugares de enunciación para poder sostener el falso antagonismo «hambre versus feminismo».

Pero demos una vuelta más al vínculo actual entre neoliberalismo y conservadurismo. ¿Por qué se amalgaman en economías de la obediencia impulsadas desde la moral religiosa y desde la moral financiera? ¿Por qué esta alianza encuentra en las economías ilegales un flujo paralelo y a la vez explotable de armas y dinero? Podemos ir a una pregunta anterior que hemos desarrollado para hacer una lectura feminista de la deuda: ¿qué pasa cuando la moralidad de los trabajadores y las trabajadoras no se produce en la fábrica y a través de sus hábitos de disciplina adheridos a un trabajo mecánico repetitivo? ¿Qué tipo de dispositivo de moralización es la deuda en reemplazo de esa disciplina fabril? ¿Cómo opera la moralización sobre una fuerza de trabajo flexible, precarizada y, desde cierto punto de vista, indisciplinada? ¿Qué tiene que ver la deuda como economía de obediencia con la crisis de la familia heteropatriarcal? ¿Qué tipo de educación moral es necesaria para una juventud endeudada y precarizada? Como lo escribimos en Una lectura feminista de la deuda:
No nos parece casual que se quiera impulsar una educación financiera en las escuelas al mismo tiempo que se rechaza la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI), lo cual se traduce en recortes presupuestarios, en su tercerización en ONG's religiosas y en su restricción a una normativa preventiva. La ESI es limitada y redireccionada para coartar su capacidad de abrir imaginarios y legitimar prácticas de otros vínculos y deseos, más allá de la familia heteronormativa. Combatirla en nombre del #ConMisHijosNoTeMetas es una «cruzada» por la remoralización de lxs jóvenes, mientras se la quiere complementar con una «educación financiera» temprana.

La respuesta eclesiástica a la contraofensiva económica es la reposición familiarista de la reproducción, el apuntalamiento de la obediencia a cambio de recursos, la despolitización de las redes feministas para enfrentar el hambre y la desestructuración de las familias como norma y el intento de remoralizar el deseo. La respuesta económica a la contraofensiva religiosa es unificar la moralidad deudora con la moralidad familiarista.

Tres: la contraofensiva militar.

El asesinato de lideresas territoriales, la criminalización de las luchas de las comunidades indígenas y la persecución judicial, así como formas de represión selectivas en las manifestaciones, se han incrementado en los últimos años. El asesinato de la activista lesbiana negra Marielle Franco en 2018 condensa el de muchas y en particular apunta a las mujeres negras y a las disidencias como nuevo «enemigo» y enemigo «principal».

Entonces, ¿cómo explicar la alianza actual entre neoliberalismo y neofascismos?

El fascismo actual es una política que construye un enemigo «interno». Ese enemigo interno está encarnado por quienes históricamente han sido considerados extranjeros en el ámbito «público» de la política. Hoy el enemigo interno al que apunta el fascismo es el movimiento feminista en toda su diversidad y los y las migrantes, como sujetos también feminizados. El fascismo actual lee nuestra fuerza de movimiento feminista, antirracista, antibiologicista, antineoliberal y, por tanto, antipatriarcal.

La agresividad del fascismo actual, sin embargo, no tiene que hacernos perder de vista algo fundamental: expresa un intento de estabilizar la continua crisis de legitimidad política del neoliberalismo. Tal crisis está siendo producida como despliegue de fuerzas por el movimiento feminista transnacional, plurinacional, que actualmente inventa una política de masas radical justamente por su capacidad de tramar «alianzas insólitas», para usar el término de Mujeres Creando, ahora en una escala inédita. Son esas formas prácticas de transversalidad las que materializan el carácter anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal del movimiento. Las alianzas, como tejido político construido pacientemente en temporalidades y espacios que no suelen ser reconocidos como estratégicos, formulan una nueva estrategia de insurrección entre los históricamente considerados no ciudadanos del mundo.

Quisiera terminar con una pregunta recientemente lanzada por Butler, porque nos permite situar aún más precisamente la investigación que nos queda por delante: «Entonces podemos preguntarnos ahora si el movimiento de la ideología antigénero es parte del fascismo, o si podemos decir que comparte algunos atributos, que contribuye a los fascismos emergentes, o que es en algún sentido sintomático del nuevo fascismo».

Nota: este artículo es un adelanto del libro La potencia feminista. O sobre el deseo de cambiarlo todo (Tinta Limón, Buenos Aires, en prensa).

19 de enero de 2019

Tlahuelilpan, militarización y opinocracia.

Por: Sebastián Liera.

Algo delicado y peligroso está pasando tras la lamentable tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo: en las llamadas redes sociales, el linchamiento opinócrata, que se ha vuelto pan de todos los días, está pasando de su inicial deshumanización al juzgar a las víctimas físicas, mortales y no, de la explosión del ducto de gasolina, y ha comenzado a manejar un discurso de descalificación de la defensa y promoción de los derechos humanos mientras, en correspondencia, hace apología de la militarización.

Unas opiniones acusan a una oposición "progresista" (el entrecomillado es suyo) de manifestarse en contra de la militarización del país, pero de exigir en el caso de Tlahuelilpan que el ejército detuviera a quienes desesperados tomaban la gasolina que salía del ducto robándola. Otras, aseguran que si el ejército hubiera actuado a tiempo estas personas no hubieran resultado muertas y/o heridas, pero que de ser así las organizaciones defensoras de derechos humanos hubieran dicho que eso implicaba una violación a los mismos derechos.

En el primer caso asoma una especie de burla por, como me dijeron por ahí, "inconsistencia ideológica", que concluye que lo mejor es dejar de rechazar la militarización del país; en el segundo caso, además de reafirmar que el ejército debió de haber intervenido para impedir el robo de la gasolina, se adelanta un juicio de descalificación de quienes seguramente dirían desde la sociedad civil,que podría haberse hecho de otra forma: quienes defienden los derechos humanos.

El interés de desacreditar a quienes se oponen desde las izquierdas al proyecto de país lopezobradorista y de quienes pretenden desacreditar a lxs defensorxs de los derechos humanos es el mismo: allanar el paso a la militarización. Las razones detrás de esos interés parecen ser diversas: desde quien habla desde la desesperación de sentirse indefenso en un país que se ha caído a pedazos en manos de los capitalistas neoliberales (y por ende criminales) que antecedieron a AMLO en el poder de arriba, hasta quién lo hace porque de suyo siempre ha pensado que lo mejor para una sociedad es acotar las libertades a su mínima expresión y que se erija un imperio de orden, y, en medio, un gran abanico.

El espectro ideológico (y político) de quienes de una u otra manera están pidiendo al ejército en las calles y el silencio de la sociedad civil que exige un alto a la militarización va desde quienes habiendo militado en alguna expresión de las izquierdas ahora han perdido el pensamiento crítico y apoyan ciegamente cualquier iniciativa del gobierno lopezobradorista, así estas sean las mismas e igualmente lesivas que las que implementaron las administraciones, insisto: criminales, anteriores, hasta quienes caminan las derechas más neofascistas y extractivistas, y ríen como hienas salivando en tanto ven al país arder en llamas literalmente.

Detrás de la tragedia en Tlahuelilpan hay una cadena de corrupción que pasa por el crimen organizado, valga la redundancia, priísta incrustado en Pemex con la complicidad de quienes han sido y, gracias a la amnistía de facto lopezobradorista, aún son gobierno. Como jefe del Ejecutivo federal, AMLO está obligado a dejar de lado su discurso y su actuar de conciliación con los grandes delincuentes que han saqueado, explotado, burlado y ensangrentado el país (muchos de ellos, asesores y/o colaboradores suyos), y, ahora, aprobado con su partido la continuidad de la militarización del país.

Lo ocurrido en Tlahuelilpan es un crimen, no un accidente, y los responsables de este crimen siguen en Pemex, en la cúpula charra del sindicato de trabajadores de Pemex o han encontrado curules y puestos en el gobierno de la llamada "4a. Transformación"; si AMLO quiere dar muestras de que en verdad pretende acabar con la corrupción que, hemos visto, es criminal, debe solicitar al poder Judicial el inicio de las investigaciones correspondientes en el deslinde de responsabilidades, lleguen estas hasta donde lleguen; al poder Legislativo, que ofrezca el marco legal para que quienes resulten responsables de estos crímenes sean llevados a la justicia, y, como Ejecutivo, mandar obedeciendo y no impedir con su discurso moralista que se haga justicia. Ése es el AMLO que quienes votaron por él siendo de izquierdas esperan ver: el que juró acabar con la corrupción y poner coto al crimen organizado.

¿Usar el ejército? Lo ocurrido en Tlahuelilpan demuestra que el ejército no sabe qué hacer en estos casos; lo suyo no es la contención, sino el exterminio, la aniquilación; para eso están formados y entrenados nuestros militares (sí, nuestros); el ejército debe regresar a los cuarteles y como país estamos obligados a abrir una discusión muy seria y rigurosa sobre lo que tenemos que hacer para acabar con el crimen organizado, que, dicho sea de paso, tiene como caldo de cultivo un modo de producción económica criminal que no solo lo cobija: lo creó.

Ése modo de producción económica está en la raíz del problema; sin acabar con él, no se podrá pensar que existen otras formas para vivir que no sea la petrolización de nuestras vidas; sin acabar con él, no se podrá imaginar que esas formas "limpias" no estén por encima del derecho a la alimentación y el respeto a los pueblos originarios; sin acabar con él, no se podrá acorralar a la red criminal de quienes se enriquecen a gran escala con el robo de combustible, porque son los principales socios y accionistas beneficiados por este modo; sin acabar con él, no se pondrá fin a la corrupción de quienes son cómplices de estos criminales en la clase política y el servicio público; sin acabar con él, no serán menos la deshumanización y la estulticia de quienes terminan defendiendo lo indefendible porque están desesperados de tanta burla y muerte; sin acabar con él, no habrá fin a la ignorancia de quienes seguirán perdiendo la vida, legal o ilegalmente, como víctimas y carne de cañón de ése mismo modo de producción, desesperados también, por todas las formas de miseria.

Ése modo de producción económica criminal se llama capitalismo y si el señor presidente decide seguirle dando continuidad y, además, alentar a las voces que le secundan en la militarización del país y en el descrédito a la prensa y la sociedad civil organizada que disiente de su proyecto de país por razones anticapitalistas (que son muy diferentes a quienes lo quieren ver fracasar porque quieren la gerencia de México, S.A. para ellxs, los criminales de siempre); el señor presidente y quienes le aplaudan de los 30 millones que votaron por él, serán igualmente unos criminales.

P.D.1: No será fácil, quizás sea hasta imposible: revertir 90 años de cochinero desde la creación del PNR por Calles no parece una tarea nada fácil; pero, puede comenzarse a hacer: no con leyes punitivas, no con militarización, mucho menos con choremas moralistas así hayan sido escritos por Alfonso Reyes; sino dejando de aliarse con quienes han sido los criminales de siempre, dejando de protegerlos, dejando de callar ante sus crímenes y componendas en todas (todas) sus formas. No se pretende que se deshaga en seis años la red criminal y la ruptura de un entramado social que se ha construido, la primera, y roto, el segundo, sistemáticamente en nueve décadas. No somos ingenuos. La exigencia es de poner fin a la impunidad, y no hay un solo gesto hasta ahora en ése sentido.

P.D.2: De sobra está decir que yo no espero que un capitalista encare al sistema del que es producto; pero, ése es otro tema.

18 de enero de 2019

Nueva Guardia Nacional: ¿Tercera transformación de la PF?

Daniel Arellano Chávez | Regeneración Radio.

La Guardia Nacional fue aprobada en la Cámara de Diputados so pretexto de un plan de seguridad pública. Desde hace 20 años a este asunto de interés nacional que tiene sus inicios en el Ejército, se le ha “transformado” con tres actos presidenciales:

1) Momento fundacional, 1999: Ernesto Zedillo (PRI) crea la Policía Federal Preventiva (PFP) con 8 mil elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y 2 mil de la Secretaría de la Marina (SEMAR); 2) Transición, 2006: Felipe Calderón (PAN) decreta la implementación de la Policía Federal con 38 mil 285 integrantes; 3) “Tercera transformación”: Por decreto de Andrés Manuel López Obrador se construye La Guardia Nacional que reclutará a más de 50 mil elementos que se sumarán a los 37 mil 293 elementos de la Policía Federal y a un número no revelado de integrantes de la SEDENA y la SEMAR.


LOS INICIOS DEL APARATO GUBERNAMENTAL

En 1999, durante la “primera agonía del régimen priista”, se desarrolla un movimiento estudiantil conformado en el Consejo General de Huelga de la UNAM, a la par inicia operaciones la Policía Federal Preventiva (PFP).

El Gobierno Federal decide frenar este movimiento con la intervención de la PFP el primero y seis de febrero del año 2000: irrumpe en los diferentes planteles en paro de labores por exigir una educación gratuita. Las tropas vestidas de gris detienen a mil universitarios y los acusan de Terrorismo, delito configurado tras 9 meses de huelga.

Este decreto firmado por Ernesto Zedillo Ponce de León, y su Secretario de Gobernación, Francisco Labastida deja a la PFP en manos de Diódoro Carrasco Altamirano, como Secretario de Gobernación, que a su vez la cede plenamente operativa a Vicente Fox.


¿QUIÉNES FIGURARÁN EN LAS FILAS DE LA GUARDIA NACIONAL?

Múltiples crímenes son cometidos por las tropas que integran a la Policía Federal Preventiva, convertida en Policía Federal con Felipe Calderón Hinojosa que en su momento realiza un cambio estético: del gris uniforme al azul obscuro y una perspectiva de alto impacto denominada “La guerra contra el narco”; tan solo en el periodo diciembre de 2006 y marzo de 2013, las fuerzas combinadas de la marina, soldados y federales asesinan a 4 mil 182 civiles, estas formaran parte del nuevo cuerpo de seguridad de la Cuarta Transformación, por aprobación de 362 diputados.

De acuerdo con el programa nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, propuesto por el presidente en turno: “Los elementos que integraran la Guardia Nacional, procederán de las policías Militar y Naval, así como de la actual Policía Federal, y adicionalmente se convocara a civiles y a elementos de tropa para que se integren a la formación de nuevos elementos”, además refiere que el adiestramiento se recibirá en los planteles militares, con un plan de estudios realizado por la SEDENA, SEMAR, SEGOB y SSP.

El dictamen de la comisión de puntos constitucionales, de la Cámara de Diputados, reforma y adiciona los artículos 13; 16; 21; 31; 32; 36; 55; 73; 76; 78; 82; 89 y 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de seguridad.

En las 24 paginas del programa nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, se incluye en el punto 8 el plan de Seguridad Publica, dividido en tres incisos, A)Repensar la seguridad nacional y reorientar el papel de las fuerzas armadas B) Crear una Guardia Nacional c)Establecer Coordinaciones Regionales, a su vez, este plan se enuncia el “avanzar a una perspectiva de respeto a las libertades y los derechos humanos”.


UNA HISTORIA DE IMPUNIDAD

El respeto a los derechos humanos incluye la reparación del daño, la dignificación a la memoria de las victimas, el castigo a quien resulte responsable. Los elementos de tropas federales, los mandos de todo tipo, el estado mayor y los civiles encargados de la Seguridad Publica, tendrían que responder por los señalamientos de represión y las violaciones a los derechos humanos, que van desde la tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial.

Permanecen los miles de testimonios a lo largo y ancho de la Republica, que dan cuenta de la acción de las tropas federales: La huelga de mineros de SICARTSA en Lázaro Cárdenas, Michoacán; La irrupción en Atenco el 3 y 4 de mayo de 2006; La represión a los pueblos de Oaxaca; El represión de estudiantes normalistas, La ofensiva general contra el Magisterio Democrático Nacional; El despojo laboral contra los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro o la población mixteca masacrada en Asunción Nochixtlán, Oaxaca.

La pagina 6 de dicho Plan de seguridad señala: “Las violaciones a los derechos humanos se multiplican y perpetúan en la impunidad”. Los casos anteriores son un ejemplo contundente de que la impunidad perpetua la injusticia y los agravios para las victimas, incluso en estos días de “Cuarta Transformación”.

El erario público está destinado, en parte, al avituallamiento, manutención, transporte, y equipamiento armamentista a cargo de empresas de diferentes latitudes del planeta: Federal Laboratories de Pensilvania, Combined Tactical Systems de Estados Unidos, Ceska Zbrojovka Uhersky Brod de Republica Checa, quien creo el fusil de asalto CZ 805 BREN, con el que las fuerzas federales del Sexto Agrupamiento de la Gendarmería Nacional -que formarán parte de la Guardia Nacional- ejecutaron la masacre de Nochixtlán el 19 de junio de 2016 o la compañía alemana Heckler and Koch cuyas armas han sido usadas en diversas masacres ocurridas en México. Hasta el momento no existen sanciones por suministrar armamento a las instituciones que los utilizaron para asesinar civiles.

A esto se sumará el gasto militar en 50 mil nuevos elementos de tropa, que serán permeados indirectamente por la asesoría militar del comando Norte de Estados Unidos, el Ejercito Israelí, los Kaibiles de Guatemala, y otras fuerzas expertas en efectuar la tortura, ya que los actuales oficiales de la SEDENA y SEMAR han tenido esta formación. La Policía Federal concluyó en noviembre de 2018, el primer curso internacional de Operaciones especiales realizado en México con sus pares de fuerzas armadas latinoamericanas. La vocación represiva de tropas aleccionadas en la brutalidad discrepa con los llamados a una regeneración moral y ética.

Unidades federales e individuos que forman parte o integraron la corporación han cometido acciones aberrantes:

Los elementos que integran la unidad asignada al vehículo 17174: La evidencia fotográfica lo ubica entre las unidades que realizaron la masacre de Nochixtlán el 19 de junio de 2016, esta aparece nuevamente en los medios de comunicación de Baja California, sus elementos allanaron una vivienda el 13 de julio de 2017 en La Paz, para después violar a una mujer, la cual presentó la denuncia formal ante la Procuraduría General de la República en la Paz.

En Tecámac, Estado de México, la noche de año nuevo de 2017, el ex policía federal José López Bautista, asesinó a su esposa y dos hijas, para después mutilar sus cuerpos. Un caso de feminicidio tratado y con sentencia condenatoria por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, en donde nadie cuestionó ¿Cómo ese elemento aprobó los exámenes de control de confianza y permaneció dentro de la Policía Federal?

La combinación de la Policía Militar, la Policía Naval y las tropas de la Policía Federal en una nueva Guardia Nacional, seguido de un llamado de López Obrador a “tranquilizar y restablecer el orden y la paz publica en todo el país”, nos obligan a traer a la memoria a estas víctimas y preguntar: ¿Podría usted mantener la serenidad ante la presencia de su victimario?

14 de septiembre de 2018

El general de la noche de Iguala… ¿a Sedena?

Por: Témoris Grecko / Aristegui Noticias.

Desde su intervención en Tlatlaya y en Iguala, el general de División Alejandro Saavedra Hernández no ha dejado de recibir premios ni de acumular poder. Y está entre los dos candidatos punteros para ser secretario de la Defensa Nacional de Andrés Manuel López Obrador, según el diario El Universal, o entre los cinco más aventajados, de acuerdo con la revista Proceso.

La cuarta transformación no está empezando por cambiar las relaciones entre militares y civiles. El presidente electo se reunió con los titulares actuales de Sedena y Semar, el general Cienfuegos y el almirante Soberón, para que le presentaran perfiles de posibles sucesores.

Ambos oficiales son los jefes de las fuerzas armadas más intervencionistas en la vida pública que se recuerde en más de medio siglo, los que más aparecieron en los medios, los que repartieron más advertencias e incluso amenazas… y los que quisieron intervenir en el proceso electoral criticando a uno de los candidatos: a López Obrador.
Sin embargo, México seguirá siendo una anomalía entre los países democráticos, que tienen por norma mantener a los militares bajo el control directo de un civil en el cargo de ministro: aquí volverán a arreglar la sucesión como siempre, entre una cúpula de generales.

SAAVEDRA EN LA NOCHE DE IGUALA

Desde su cuartel en Chilpancingo, como comandante de la 35ª Zona Militar, el general Saavedra fue informado de todo lo que aconteció en la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014.

Sus soldados controlaban los C-4 (centros de control, comando, comunicaciones y cómputo) de las principales ciudades, incluidas Chilpancingo e Iguala, por donde fluían los reportes e imágenes de las cámaras de seguridad, en tiempo real, sobre los movimientos de los estudiantes desde que salieron de la Escuela de Ayotzinapa hasta que fueron atacados en varios puntos de Iguala. Agentes de inteligencia militar estuvieron presentes en estos sitios, y unidades militares recorrieron la ciudad en misiones no aclaradas, hostigando a los alumnos agredidos, ignorando cadáveres y sin intervenir a pesar de que casi medio centenar de jóvenes estaba siendo llevado a la desaparición, y se escapaban los asesinos de seis personas.

El coronel José Rodríguez Pérez, subordinado inmediato del general Saavedra y comandante del 27º Batallón de Infantería del Ejército, que controla todo lo que pasa en Iguala, estuvo enviándole informes a su superior, según documentos integrados en el expediente de la PGR.

En cambio, el Ejército no entregó constancia alguna de las órdenes o comentarios que le giró el general Saavedra al coronel Rodríguez. Tampoco dieron a conocer la evaluación que ambos oficiales hicieron de los hechos en ese momento.



Hasta la fecha, Sedena ha obstaculizado sistemáticamente todas las indagatorias, incluidas las del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), al que impidió –como a todo el mundo- entrar a los cuarteles o levantar libremente testimonios de militares.

OBSTÁCULO PARA ENCINAS

El general Saavedra estuvo en Tlatlaya. Fue nombrado comandante de la 35ª Zona Militar el 2 de junio de 2014, y el 30 de junio acompañó a sus tropas para proveer seguridad perimetral a las del 102º Batallón en esa localidad, mientras realizaban las maniobras para encubrir la masacre de esa madrugada.

El alcalde de Cocula en ese momento, César Miguel Peñaloza Peñaloza, declaró a la PGR que el general Saavedra le había recomendado a los exmilitares que comandaron a la policía municipal, que tuvo un rol clave en los ataques contra los normalistas.

Nadie ha investigado esa denuncia, de la misma forma en que el general Saavedra jamás ha sido llamado a declarar con respecto a lo ocurrido en la noche de Iguala, a pesar de su posición de responsable militar de la zona.

Por lo contrario, el general Saavedra no ha dejado de recibir premios y ascensos:

El 20 de noviembre de 2014 –el mismo día en que se produjeron manifestaciones de protesta de dimensiones históricas y a sólo 9 semanas de los crímenes de Iguala-, fue promovido de general de Brigada a general de División.

Alejandro Saavedra Hernández

Diez días después, el 30 de noviembre, lo elevaron de comandante de la 35ª Zona Militar a comandante de la IX Región Militar, que abarca todo Guerrero, con lo que lo convirtieron en el hombre fuerte del estado.

El 27 de octubre de 2015, el gobierno de Peña Nieto le otorgó la coordinación de la estrategia federal de seguridad, con lo cual, además de ser el jefe de cada soldado en Guerrero, adquirió poder de decisión sobre prácticamente todas las corporaciones policiacas que actúan ahí: federales, estatales y las de todos los municipios que habían aceptado el mando único.

El antecedente de tal acumulación de poder es el general Mario Arturo Acosta Chaparro, quien después fue a cárcel condenado por narcotráfico. Entonces con el rango de coronel, Acosta Chaparro fue el hombre fuerte de Guerrero cuando el gobernador Rubén Figueroa Figueroa le dio, en 1975, el mando de todas las fuerzas estatales para llevar a cabo la Guerra Sucia en la que desaparecieron más de 1500 personas, con vuelos de la muerte en los que se arrojaba a las víctimas al mar y asesinatos perpetrados por propia mano de Acosta Chaparro.

Mario Arturo Acosta Chaparro
Mario Arturo Acosta Chaparro

La diferencia es que Acosta Chaparro no tenía cargo de comandancia en el Ejército mientras ejercía funciones civiles. En contraste, el general Saavedra tiene al Ejército bajo su mando total. Y a las fuerzas federales, bajo su “coordinación”.

Si verdaderamente se proponía combatir la violencia, el general Saavedra fracasó. Los homicidios y otros delitos siguieron en acelerado crecimiento hasta que fue removido de la Región Militar, el 28 de noviembre de 2016.

Pero cayó en cama muy blanda: pasó a ser contralor del Ejército y Fuerza Aérea y, el 1º de diciembre de 2017, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional.

Alejandro Encinas, quien ha sido designado para ocupar la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, y para asumir la dificilísima tarea de desfazer los entuertos de la administración peñista, empezando por el de Ayotzinapa, podría encontrarse con un obstáculo inmenso dentro del gabinete, con intereses directos que pueden verse afectados si se investiga qué fue lo que verdaderamente pasó en la noche de Iguala, y quiénes tienen responsabilidad en ello.

YA DE PASO, OTRO PREMIADO

En junio de 2014, el general de Brigada José Luis Sánchez León era comandante de la 22ª Zona Militar, y a su cargo el 102º Batallón, cuyas tropas cometieron la masacre de Tlatlaya.

Está en la lista de oficiales que serán ascendidos a general de División.

PROYECTA “MIRAR MORIR” O “NO SE MATA LA VERDAD”

#Ayotzinapa4años

Tú puedes organizar tus propias proyecciones de los documentales MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala, y No se mata la verdad, sobre los años sangrientos del periodismo en México. En Ojos de Perro vs la Impunidad te los prestamos.

Informes en nosemataodp@gmail.com

6 de enero de 2018

TRUMP, LA NAVAJA DE OCKHAM, EL GATO DE SCHRODINGER Y EL GATO-PERRO.

28 de diciembre del 2017.

De nuevo buenos días, tardes, noches, madrugadas.

Tal vez alguna, alguno, algunoa, recuerde que el difunto SupMarcos insistía en que el sistema capitalista no podía ser entendido sin el concepto de guerra. Claro, suponiendo que sea un concepto. Decía él que la guerra era el motor que había permitido, primero, la expansión del capitalismo, y luego su consolidación como sistema mundial, además de recurrir a ella para hacer frente a sus recurrentes y profundas crisis.

Oh, lo sé, qué otra cosa podría esperarse de un soldado. Pero debo señalar, a modo desagravio, que él no limitaba la guerra a la guerra militar. Tal vez una relectura de la correspondencia que mantuvo con Don Luis Villoro Toranzo en el año del 2010 y que fue hecha pública a inicios del 2011, podría ayudarnos a entender eso. En la primera de esas misivas públicas, se desmenuza la aparente ineficacia de la llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada por el aficionado a los videojuegos bélicos, Felipe Calderón Hinojosa. Y digo “aparente ineficacia” porque, en efecto, a la vista de los resultados, fue y es ineficaz para combatir al crimen organizado, pero fue efectiva para poner a los militares a gobernar de facto en varias regiones del país llamado “México”.

Lo traigo a colación porque, a diferencia del difunto, a mi entender el capitalismo puede ser estudiado como un crimen.

El abordarlo así nos demandaría el conocimiento científico de materias que podrían aparecer lejanas de lo que tradicionalmente se conoce como “ciencias sociales”.

En fin, cataloguen ustedes a su gusto esta desviación teórica, tal vez producto de un inconcluso curso, por correspondencia, de detective privado, en aquella lejana época en que el correo no se refería a cuentas electrónicas y nicknames, y que, cuando se ponía la dirección, se ponía la zona postal y no la I.P. o protocolo de internet; época en que se podía estudiar, también por correspondencia, desde un curso de cerrajería hasta uno de piloto aviador, pasando, claro está, por “cómo tener un cuerpo como el de Charles Atlas sin necesidad de ir al gimnasio y en sólo unas semanas”, el cual no me fue necesario cursar porque son evidentes mis hermosas y bien torneadas piernas (arrrrrroz con leche).

En fin, pónganme en el archivo de alguno de los “ismos” que esté a la mano en las redes sociales, y eviten concluir que las ciencias sociales seguirán incompletas mientras no incluyan la criminología entre sus herramientas, además de, puesto que de un crimen se trata, la llamada ciencia forense.
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Pero sigo hablando de un crimen. Un crimen que es explicado desde diferentes perspectivas.

Tomemos un ejemplo reciente: los temblores y las consecuentes desgracias.

Podríamos preguntar sobre las condiciones de las construcciones. Suponemos que hubo y hay un estudio científico del subsuelo, cálculos de resistencia de materiales, y cosas así. Quienes han hecho de la ciencia su vocación, profesión y vida, pueden decirnos que así es. Que las ciencias nos pueden dar los elementos para evitar o al menos reducir el riesgo de que los edificios colapsen.

Es decir, en una zona sísmica y con antecedentes de terremotos, sería de esperar que los edificios se construyeran tomando en cuenta eso. Quiero decir, no sería nada serio que se hiciera una construcción y se rezara luego porque no ocurrieran temblores que la echaran abajo.

No sé, tal vez los científicos podrían responder la pregunta clave, que no es, por cierto, por qué hay temblores, sino por qué mueren personas bajo los escombros de edificios que debieron ser levantados para resistir temblores.

Pero, según los análisis en boga, todo depende.

Así que, como dijo ese neo filósofo de la ciencia, el “intelectualmente formidable” (según la prensa que lo hizo suyo), el ciudadano sin partido José Antonio Meade Kuribreña, vamos “a movernos en un esquema en el que la pregunta no sea válida”. Es decir, no vamos a preguntar quiénes son los responsables, por comisión o por omisión, de que esos edificios se derrumbaran y murieran cientos de personas. No, lo que vamos a preguntar es por qué tembló. Entonces estaremos así, siempre siguiendo a ese intelectual orgánico posmoderno, en otra pregunta: ¿Por qué ocurren los temblores o sismos o como se le diga a cuando el suelo abandona su aparente resignación y se mueve?

No, si usted espera una explicación científica, espera en vano. Las explicaciones valederas son las que tienen más followers, escuchas, simpatizantes y militantes. Hace ya tiempo que la ciencia pierde todos los concursos de popularidad.

Entonces, depende de en qué esquema se den esas explicaciones.

Vayamos a una de ellas, la del señor Alberto Villasana, quien se define a sí mismo, con una modestia ejemplar, como “Teólogo católico, Filósofo, Analista internacional. Experto en relaciones Iglesia-Estado. Autor de 12 libros. 3 veces Premio Nacional de Periodismo”, lo que ratificarían, con la fe por delante, sus 15,6 mil seguidores en twiter.

No se rían, esa cantidad supera con mucho la de asistentes, participantes y escuchas en este encuentro.

Respecto al terremoto del 19 de septiembre del 2017, el ilustre e ilustrado Villasana escribió: “Este es sin duda un aviso de Dios, una gracia muy especial a México, para prepararnos a todo lo que se viene…“.

¿Qué cómo lo supo? Bueno, resulta que Villasana asegura que en el momento del temblor, se estaba celebrando un exorcismo a alguien poseído por 4 demonios. “Durante el exorcismo, los infestadores declararon que el terremoto del 19 de septiembre es parte de los avisos de Dios antes del gran castigo“, publicó en su artículo. Además de los temblores, habría huracanes y erupciones volcánicas. Según el teólogo. estos castigos serían “por haberse aprobado el aborto en la misma ciudad donde la Madre de Dios se apareció en 1531“. De acuerdo a Villasana, el sismo, bajo esos argumentos, sería un aviso para los mexicanos. En su cuenta de Twitter, publicó la imagen de los escombros del monumento a la Virgen: “Colapsó el monumento a la madre Significativo: en la ciudad donde aprobaron el aborto”.

A pesar de su sapiencia indiscutible, Villasana no es original. En noviembre del 2016, los diarios italianos señalaron que el sacerdote Giovanni Cavalcoli, quien es conocido por su carrera como teólogo, hizo las siguientes declaraciones el domingo 30 de octubre, el mismo día que un sismo de magnitud 6,5 sacudió la región central de Umbría: las sacudidas sísmicas son un “castigo divino por la ofensa a la familia y a la dignidad del matrimonio, sobre todo por culpa de las uniones civiles homosexuales”.

El esquema del cual depende esta explicación, tiene más seguidores:

Hace apenas unas semanas, en este diciembre del 2017, el cardenal emérito Juan Sandoval Iñíguez responsabilizó a las mujeres y a loas otroas de la violencia del crimen organizado y de los terremotos e inundaciones.

Como tribuna de explicación tan científica, Sandoval Iñíguez, convocó a un llamado “Gran Acto de Desagravio” que, por lo que entendí, es como un encuentro de Inconsciencias por la Deidad, pero con más poder de convocatoria que éste en el que nos encontramos. El evento fue en el llamado Estadio Azul, en la Ciudad de México, que, dicho sea de paso, tiene mejor ubicación que el CIDECI.

Para no variar, hubo también ahí encapuchados. Pero, a diferencia de quienes nos convocan, que se dedican a mal hablar del capitalismo, los encapuchados de Sandoval Iñíguez se flagelaron hasta sangrar. O sea que ésos sí son azotes y no los existenciales que se aglomeran en las redes sociales.

Entre azote y azote, pero cuidando que no lo salpicara la sangre, el cardenal emérito declaró que el derecho a decidir y la diversidad sexual son pecados, y que la violencia del narcotráfico y los temblores son el castigo a esos pecados: “Señor y Dios nuestro, antes de que venga un castigo mayor, nos mandas castigos temporales o correcciones paternas por medio de la naturaleza que es obra tuya y está gobernada por tu providencia. ¿Serán pura casualidad dos 19 de septiembre en esta ciudad?”.

El evento “Gran Acto de Desagravio” fue convocado por una especie de asociación que bien podría llamarse “Llegó la hora de que se marchiten loas pecadoroas”. O sea que como quien dice: la contra de quienes apoyan al Concejo Indígena de Gobierno y a su vocera.

Por ahí leí que, entre quienes convocaron, hay “figuras públicas”, dicen, como Esteban Arce, Manuel Capetillo y Alejandra Rojas. Ignoro qué tan públicas sean estas personas, sólo sé que la señora madre de Esteban Arce debe ser muy recordada entre la comunidad de otroas.

En el acto, que ahora lo sabemos, no era para exorcizar al equipo de fútbol que tiene como sede ese estadio (ni modos, “todo cruz azul pasado fue mejor”), el neocientífico Sandoval Iníguez declamó:
Este es un acto de desagravio, en el que venimos a hacer una confesión de culpa, a reconocer nuestros pecados delante del Señor y a pedirle misericordia y perdón. Venimos a decirle: Señor, hemos pecado contra ti y cometido la maldad que aborreces; perdona a tu pueblo y aparta de nosotros el castigo que merecemos. Hemos pecado contra ti, ante todo con el crimen más tremendo, más grave y más cruel, el del aborto practicado a lo largo y ancho de nuestra patria, a veces con el consentimiento de leyes inicuas y en ocasiones ocultamente, furtivamente, pero siempre con crueldad, alevosía y ventaja contra el inocente, el indefenso.”

Según reportes de prensa, muy cerca de donde se azotaban las “hermandades de penitentes encruzados y flagelantes de Taxco” (así se autodenominan), se recolectaban firmas para apoyar a la expanista Margarita Zavala en su proyecto de ser candidata independiente a la presidencia de la república.

A contra corriente, y en un esquema diferente, respecto a las desgracias naturales recientes, el Papa Francisco señaló: “Yo pienso que a México el Diablo lo castiga con mucha bronca porque el Diablo no le perdona a México que ella (señalando una imagen de la Virgen de Guadalupe) haya mostrado ahí a su hijo. Es una interpretación mía. O sea, México es privilegiado en el martirio por haber reconocido, defendido a su madre“.

Así que ahí tienen: castigo divino o castigo diabólico. Elija usted su esquema de explicación de una realidad.

“Son meras opiniones”, dirán ustedes o los influencers más cercanos a su ancho de banda.

Ok, ok, ok. Pero el problema es que se toman decisiones en base a esas opiniones: hay quien pide perdón divino o abraza el dolor como martirio privilegiado… y hay quien se organiza para demandar verdad y justicia.

No voy a hacer leña de la pesada cruz que carga la señora Margarita Ester Zavala Gómez del Campo de Calderón (a la que irrespetuosamente y lejos de toda corrección política, las zapatistas llaman “la Calderona”, y de quienes yo, que siempre he brillado por mi buena educación y por ser políticamente correcto, me deslindo).

Y aclaro que señalo que es “Gómez del Campo” para traerles a la memoria el asesinato de los infantes de la Guardería ABC, ocurrido el 5 de junio del 2009 en el estado de Sonora, y que estaba manejado, entre otras personas, por Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, exonerada por ser pariente de la Calderona. La memoria de ese crimen no se apaga, gracias a que sus familiares siguen exigiendo verdad y justicia.

Y la nombro como “de Calderón”, porque referirla con su apellido de soltera sería señalar que vive en amasiato con el psicópata. Y, hasta donde mis limitados estudios de derecho canónico lo permiten, el amasiato es pecado. Ergo, eso nos traería más terremotos para castigarnos por culpa de quienes firman apoyando su candidatura.

En cambio, haré una breve referencia al principal saboteador de su carrera política, (su concubino, si hacemos caso a quienes se enfurecen por nombrarla por el que es su apellido según las leyes católicas, apostólicas y romanas), Felipe Calderón Hinojosa.

El señor Calderón Hinojosa era, hace 10 años, titular del poder ejecutivo federal en México. “Presidente”, creo que le decían. Bueno, hace 10 años, en ocasión de las inundaciones que azolaron el estado de Tabasco, el entonces mando supremo del ejército, fuerza aérea y la marina, declaró que la responsabilidad de que más de 125 mil personas hubieran perdido sus casas y tuvieran que refugiarse en albergues, era… de la luna y de un frente frío.
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El Partido Acción Nacional compite con el Partido Revolucionario Institucional, no sólo por el ridículo en el que recaen sus pre-candidatos. No, el Partido Acción Nacional, ahora con el lastre llamado Partido de la Revolución Democrática, también le disputa al PRI la complicidad en el crimen.

Si usted nota en la mirada de Ricardo Anaya, pre-candidato del PAN-PRD-MC, un brillo demente. no lo atribuya a una posible afectación en la zona del cerebro responsable de la decencia (claro, si es que la hay). Es producto de una formación partidaria de cuadros dirigentes. Ricardo Anaya forma parte de esa generación de cuadros partidarios que crecieron como tales en medio de la corrupción, el cinismo, la traición, el fanatismo, la intolerancia, la soberbia, el nepotismo, la ignorancia, el cretinismo… ok, creo que estoy describiendo a más de un pre-candidato, pero ahora me estoy refiriendo al de la alianza del PAN, PRD y MC llamada “Por México, al frente”… y, bueno, al frente hay un abismo. Así que ahí lo vean.

Junto a Acteal y Ayotzinapa, otro nombre nos remite al crimen impune: la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, México.

Y en el sexenio de ese consistente pensador que se llama Vicente Fox, PRI. PAN y PRD se aliaron para el crimen llamado “Atenco”, en mayo del 2006, que incluyó, además del asesinato, la agresión sexual contra mujeres.

Así, todo parece indicar que el gran elector, que ciertamente no necesita del Instituto Nacional Electoral, demanda pruebas de criminalidad para decidirse. En su altar, estas propuestas partidarias ofrendan la sangre de mujeres, de niños, de jóvenes, de ancianos… y de otroas.

Y para confirmarlo, propuestas políticas de la derecha más rancia arriban a los distintos puestos de sicarios que el sistema político mundial oferta periódicamente.

Aunque hay ejemplos en Argentina, Chile, Brasil, el Reino Unido, el Estado Español, Israel, Honduras, Nicaragua, Rusia, y agregue usted la geografía que se le antoje, hay uno que sintetiza los aciagos tiempos por venir: Ronaldo Trump.

Además de su innegable habilidad y sapiencia para manejar su cuenta de twiter, Ronaldo Trump ha definido con diáfana claridad a la víctima a inmolar: mujeres, otroas, infantes, migrantes, el medio ambiente, y pudiera seguir detallando especificidades pero, al final, usted llegará a la misma conclusión que yo: la víctima es el planeta entero, incluida la humanidad que lo habita.

Aunque Ronaldo ha dado muestras de serios problema mentales, ha resuelto la ecuación básica que todo gobernante debe afrontar: ¿qué debo hacer para seguir en el Poder? Ockham le ha sido de utilidad y ha optado por la respuesta más sencilla: una guerra.

Para conseguir una guerra propone muros, cambios de embajadas, provoca incidentes diplomáticos y así suplica, implora: “¡dadme un guerra!, os lo pido. Donde sea, no importa. Y mientras más grande, mejor” Y entonces, remontándose siglos atrás, Ronaldo Trump toma la lira de Nerón y canta: “No queremos pelear, pero por Jingo, si lo hacemos, tenemos las naves, tenemos los hombres, también el dinero”

Sí, una guerra. O un crimen, depende.

Guerra o crimen, una desgracia como nunca antes en la historia de la humanidad.

Como si el mundo tal y como lo conocemos se derrumbara.
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Y ya que nos hemos referido a los videojuegos, imaginemos que tenemos el sueño de cualquier video-adicto: una interfaz cibernética que nos permita, de manera simultánea, tener la perspectiva estratégica, la táctica y la de primera persona. Algo así como una combinación de la estrategia en tiempo real, el role playing, la primera persona o first person shooter, y el otro que no sé cómo se llama pero es como en tercera persona. En fin, si algún día se crea, no olviden mocharse con los derechos por autoría intelectual.

Ahora, supongan ustedes que están encerrados dentro de un cuarto ideal esférico. La superficie interna de la esfera, la que ustedes pueden ver, es una gran pantalla curva, con tecnología 5K, omled o como se diga, y en la que, simultáneamente y con velocidad vertiginosa, se le presentan paquetes informativos. No sólo imágenes, también sonidos, olores, sensaciones táctiles y gustativas. Y, bueno, también, y para no discriminar a los esotéricos, percepciones extrasensoriales.

Usted puede pensar, con un alto grado de certeza, que está en el mundo real, así que usted vive en ese mundo, ahí usted nace, crece, se reproduce, y, dios no lo quiera, pero es una situación hipotética, muere.

Usted es feliz o infeliz ahí. La máquina es tan eficiente que incluso le provee de los parámetros para definir felicidad e infelicidad. Es más, le ofrece también una explicación de ese mundo y, si es de su preferencia, de un mundo espiritual, un consuelo para el día en que, ¿ya dije que dios no le quiera?, usted muera.

Así que usted está ahí, en la máquina que llamaremos, con prudente cálculo empresarial, “la máquina del gato-perro” (todos los derechos reservados).

En eso está, o sea que simulando que vive o viviendo (porque la máquina le da también los criterios para distinguir entre “lo real” de la máquina y “lo virtual” que la misma máquina produce para darle un punto de referencia).

Bueno, supongamos que en una temporalidad cualquiera dentro de la máquina, usted está haciendo lo que se supone que hace. En eso, a saber de dónde, aparece una persona que no tiene nada qué ver con nada. Usted, claro está, es una persona moderna, comprensiva de las limitaciones tecnológicas y atribuye esa irrupción a una irregularidad en el complicado software de la máquina o en su complejo hardware. Usted espera pacientemente a que la irregularidad se solucione, o sea, busca el botón de “reset”, pero la persona sigue ahí y, cuando menos se lo espera, esa persona le dice:

“Un momento, que nadie toque nada, que nadie salga. Ésta es la escena de un crimen”.

Usted duda. No sabe si quejarse en soporte o poner en el microondas un paquete de palomitas de maíz, pues tal vez se trata de un nuevo episodio de “La Ley y el Orden, Unidad de Víctimas Especiales” (música de fondo).

Pero algo no encaja, porque no es la detective que aparece sino otra mujer. Sí, la máquina le ha dado el patrón que indica: “mujer”. Pero la susodicha trae una blusa bordada, su estatura es menor al promedio que la misma máquina le ha inculcado como “estatura promedio”, su tez es de color oscuro, digamos del color de la tierra. La máquina le da la información que tiene: “indígena, o también autodenominada “originaria”, su ubicación geográfica está en la región media de Norteamérica llamada México, nulo o mínimo nivel de estudios escolares, acceso a avances tecnológicos entre 0 y 0,1, monolingüe aunque hay casos en que maneja dos o más idiomas, tasa de mortalidad, muy por encima del promedio, esperanza de vida, muy por debajo del promedio; persistencia cultural, siglos; por lo mismo, edad indefinida.

Con esa información, usted ya empieza a redactar el reporte a soporte, claro, atascándose al mismo tiempo de palomitas, porque tampoco se trata de desperdiciar la salsa Valentina que las cubre:

“Estimados programadores, les ruego que solucionen este desperfecto. Porque no es posible que uno, una, unoa, esté aquí cumpliendo a cabalidad las funciones que me han sido asignadas, y de pronto aparezca algo tan premoderno. Apúrense porque está por empezar la nueva temporada de “A la derecha, el mejor de los mundos posibles” y ya están los promocionales. Firma”

La irrupción femenina en cuestión tiene el mal gusto de cambiar el chiste de moda de “vengo del futuro y…” seguido de algo ingenioso. Oh, no preocupar, la máquina también le dice qué es y que no es “ingenioso”. Porque la, digamos, mujer originaria dice ahora: “vengo del pasado y esta película no es una película y ya la vi”. Entonces usted se percata que la mujer no está sola, hay otras que se le parecen, aunque ahora que le obligan a mirarlas ve que son iguales pero diferentes. Hay también hombres, varones pues. Y no faltan quienes no son ni una ni otro.

Sin respetar la programación, esos seres extraños, anacrónicos y, no sobra decirlo, irreverentes, empiezan a husmear y hasta hay quien ha sacado, a saber de dónde, una lupa. Usted está a punto de aplaudir, porque piensa que la máquina se ha actualizado y ahora puede producir una realidad virtual dentro de la realidad virtual, pero la mujer que ahora la máquina etiqueta como “indígena” sin matiz alguno, le estudia a usted detalladamente. Claro que tiene usted razón en sentirse incómodo cuando, después de ponerle la lupa sobre los ojos, ella sentencia: “Otra víctima, que la anote el equipo de relatorías”.

“Sí, tienen un equipo de relatoría, lo que sugiere algún tipo de forma organizativa no catalogada”, le dice a usted la máquina, un poco para hacerse útil y otro poco para darse tiempo a auto revisar su programación.

El grupo de indígenas que, ahora usted se percata, son una minoría pero hacen bulla como si fueran mayoría, se reúne para deliberar y, después de un tiempo que la máquina no puede contabilizar u ofrecer un parámetro de comparación, decretan:

“Aquí está todo: la víctima, el asesino, el arma homicida y la escena del crimen”

Entonces usted se da cuenta de que la pantalla esférica más bien semeja un muro cóncavo, y ve, no sin alarmarse, a una niña, acompañada con un ser extraño que la máquina es incapaz de etiquetar y se conforma con “gato-perro; ser mitológico de origen desconocido; no hay ningún dato que confirme su existencia real, o sea virtual, pero real en la máquina, o sea, usted me entiende ¿no?, bueno, depende; hábitat probable: montañas del sureste mexicano”. Cfr: “Habrá una vez”, ediciones en español, italiano, inglés, griego, alemán, portugués, etc”

Bueno, lo que le alarma es que la niña y el así catalogado como “gato-perro” están señalando una grieta en la máquina, o sea en la esfera, o sea en el muro.

Ahora usted duda, algo que la máquina siempre le ha evitado hasta ahora, entre ir a revisar las condiciones de garantía o correr a asomarse a la grieta.

Porque resulta que la grieta, su posibilidad, cuestiona no sólo la programación de la máquina, sino su existencia misma.

Entonces usted siente que está prisionero en la misma paradoja que el gato de Schrodinger

La máquina lo enlaza velozmente a Wikipedia y ahí usted lee:
Erwin Schrödinger plantea un sistema que se encuentra formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Al terminar el tiempo establecido, la probabilidad de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto es del 50%, y la probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y el gato esté vivo tiene el mismo valor.”

Claro, usted ya no sigue a las partes ésas de mecánica cuántica, porque siente un ligero temblor recorrerle el cuerpo.

“Terror” le dice la máquina para que usted identifique esa sensación. Porque la máquina ya tenía etiquetada esa percepción sensorial, pero siempre, al menos hasta ahora, se la había presentado como ajena: el terror siempre había estado en lo otro.

Todas las evidencias, todo lo sólido que le daba a usted certezas, valores, razonamiento, juicio, se empiezan a desvanecer.

No sabe si está vivo o muerto, hay un 50% de probabilidades de una cosa u otra, y usted se estremece, pero no porque está a punto de averiguar su condición existencial, sino porque la pregunta que plantea la grieta, como quien dice le mueve el tapete:

“¿Otro mundo es posible?”

“Es”, le responde la niña que ahora trae bajo un brazo un balón y, sobre la cabeza, algo que podría ser un gato… o un perro.

Usted, claro, es una persona con conocimientos y se auto aplica la “navaja de Ockham” interpretada como que la explicación más sencilla es probablemente la más correcta. Entonces se dice a sí mismo, misma, mismoa: “estoy soñando”

Mientras decide si está en un sueño o en una pesadilla, ¿qué hace usted? ¿se asoma a la grieta o sigue haciendo lo que estaba haciendo cuando esa bulla irreverente e insumisa apareció?

Para esto lo que originalmente era un grupo de indígenas, ahora es un colectivo más amplio: hay personas de todos los colores, hay quien empuña un martillo y sonríe cómplice cuando se dirige al muro donde, oh, oh, parece que quieren agrandar la grieta.

Y allá hay quien danza, y quien pinta, y quien imagina un encuadre para la toma, y quien escribe apresuradamente, y más allá cantan, y hay quien está sopesando un microscopio para ver si lo arroja al muro esférico o es mejor el bisturí que algo habrá de hacerle a la grieta.

Y, un momento, ¿de dónde salió esa marimba?

Y ya están jugando fútbol y la niña, que para ahorrarse explicaciones, se colgado un gafete que reza: “Defensa Zapatista” le pregunta a usted que cómo se llama, y usted entiende entonces que no le está pidiendo su nombre-nombre, sino su posición para un supuesto equipo que no acaba por completarse.
Y usted siente ya que el terror se ha apoderado de todo su ser, porque ha intuido que la niña en realidad le está preguntando:

“¿Y tú qué?”

Desde el CIDECI-UniTierra, Chiapas.

SupGaleano.

México, diciembre del 2017.

DEL CUADERNO DE APUNTES DEL GATO-PERRO:
EL MISTERIOSO CASO DE LAS MANTECADAS DESAPARECIDAS.

Elías Contreras es un compañero zapatista que tiene el trabajo de comisión de investigación, un detective pues. O sea que es como un vigía. Elías Contreras está finado, al igual que el Supmarcos y trabajaban juntos en eso de buscar al mal y al malo. Elías ahora trabaja a veces con el SupMoy, aunque cada tanto se platica con el SupGaleano.

Este breve resumen debe servirles para entender lo que ocurrió una tarde de este diciembre en la Comandancia General del EZLN, a donde el Subcomandante Insurgente Moisés citó al mentado Elías Contreras.

Elías”, dijo el SupMoy después de responder el saludo militar del comisión de investigación, “hay un problema”.

Elías Contreras no dijo nada, sólo sacó un poco de doblador y unas briznas de tabaco, y se dedicó a forjar un cigarrillo mientras escuchaba al SupMoy:

Es en la tienda cooperativa de la región. Dicen que faltan unas mercancías, que se desaparecieron. Me pidieron si alguien podía apoyar. ¿Te encargas?

Elías Contreras sólo emitió un sonido como “mmh”, y salió sin decir palabra alguna.

El encargado de la tienda saludó a Elías apenas con un gesto, estaba haciendo la cuenta del mes.

¿Qué fue lo que se despareció pues?”, preguntó Elias mientras miraba distraído los Dvd que estaban a la venta, la mayoría de ellos con el sello de “Los Tercios Compas”.

Las mantecadas”, dijo el encargado sin despegar la vista del cuaderno donde sufría con las cuentas.

“¿Y cómo sabes que faltan?”, pregunta Elías mientras revisa el estante.

Porque ésas nadie las compra, siempre estaban ahí, de balde pues

“¿Y si nadie las compra cuál es el problema?”

La comisión de vigilancia”, suspiró resignado el encargado, “tiene que estar cabal la cuenta, si no, pues hay que reponer o castigo

Elías Contreras dio un resoplido y se inclinó a recoger unas hilachas de tabaco negro al pie del mostrador.

Se marchó.

Sup”, dijo cuando estaba ya en la puerta de la champa del SupGaleano.

Elías”, respondió el Sup sin apartar la vista de una pantalla cableada a una vieja computadora laptop.
Se jodió”, quiso aclarar el Sup, “la pantalla se quebró, pero el procesador y lo demás está bien, así que la conecté a este monitor. Apenas le adapté el teclado, pero el ratón no lo encuentro

Giró en su silla de ruedas y miró a Elías.

Las mantecadas”, dijo el comisión de investigación.

Ya no hay”, dijo el Sup, “se las comieron Defensa Zapatista y su perro… o gato… o lo que sea”.
“Pero tengo algo de pan de pinole que hicieron los insurgentes. ¿Que cómo sé que lo hicieron los insurgentes? Pues porque sí levantó, cuando lo hacen las insurgentas queda aplastado.”

Elías se forjó un cigarrillo y le pasó al Sup los fósforos para la pipa.

¿Y ahora?”, preguntó el SupGaleano después de esperar a que Elías Contreras encendiera su cigarro.

Pues te van a poner a hacer las cuentas del tiendero. Claro, además de reponer la paga. Pero no vine a eso. Hay un pensamiento que quiero platicarte…

Algunas horas después, Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, salió de la champa del SupGaleano y se detuvo un momento a ver la tarde rendida ya a las sombras de la noche.

Con el focador alumbró el camino hasta la comandancia general del ezetaelene. Ya en la puerta, sin entrar, saludó y dijo: “El Sup, unas mantecadas

El SupMoy se sonrío y dijo para sí: “Bueno, alguien tenía que hacer esas cuentas”.

En la asamblea general al SupGaleano no le fue mal, pero tampoco bien. Después de “autocriticarlo” por comer comida chatarra y no alimentarse bien (le dijeron que son mejores las mantecadas que hacen en la panadería del CIDECI), las autoridades le dieron el peor castigo que hay actualmente en esa comunidad: hacer las cuentas de las cooperativas.

El Sup encendió la pipa al salir de la asamblea y, mientras se dirigía a la cooperativa “Como mujeres que somos”, se dijo a sí mismo: “bueno, pudo ser peor, en otros tiempos me hubieran puesto a limpiar potrero”.

Hizo las cuentas rápidamente, no porque supiera matemáticas, sino porque las hizo con el celular que tomó “prestado” de la comandancia cuando el SupMoy lo llamó para regañarlo. Tampoco era un gran celular, era uno de esos de “gama baja” que no servía para capturar las firmas que el INE del primer mundo ponía como requisitos a aspirantes a candidatas del tercer mundo, pero la calculadora sí jalaba para sumas y restas.

Encontró a Elías al pie de la Ceiba, tal y como habían quedado.

Los olores de ambos tabacos se entremezclaban con los silencios. Diálogo entre difuntos, diálogo sordomudo.

Ninguno de los dos recuerda quién preguntó: “¿Cuánto tiempo?”, pero saben que ambos respondieron al unísono: “poco, muy poco”.

Doy fe:

El gato-perro.
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