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16 de septiembre de 2018

El Gobierno de reconciliación y el programa ilimitado del capital en México.

Por: José Luis Ríos Vera / Rebelión.

Desde la campaña presidencial, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convocó a la “Reconciliación Nacional”. Con la aplastante derrota electoral del bloque oligárquico, las clases y sectores dominantes se le han sumado a gran velocidad, bajo su consigna de “reconciliación por México” [1], como se aprecia de modo diáfano en el video “Yo creo en México” [2].

Conforme al curso que ha tomado el actual periodo de transición, el gobierno de “reconciliación nacional”, tiende a constituirse como una amalgama pluriclasista con predominio de la oligarquía dominante. En su proceso de desenvolvimiento, toca a la crítica social y al movimiento obrero-popular reflexionar y exhibir las contradicciones existentes dentro de este bloque pluriclasista (intereses y proyectos opuestos), observar los movimientos en el campo de la relación de fuerzas, así como prestar atención en los periodos de agudización de contradicciones y tensiones entre éstas y de sus episodios de crisis.

El nuevo pacto social enarbolado por el gobierno electo para el periodo 2018-2024, implica alianzas de clase que suponen significativas concesiones y compromisos con las clases dominantes, las cuales delimitan los alcances del bienestar y la justicia social que proclama el proyecto neodesarrollista. Para el nuevo gobierno, hasta hoy, “financiar el desarrollo” con justicia social está subordinado a la hegemonía neoliberal: estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal, predominio financiero [3], rechazo a la reforma hacendaria progresiva, “facilidades” a la inversión, TLCAN y la propia continuidad de la reforma energética, etc. Sobre esta base, no se perciben hasta hoy problemas de inestabilidad de la hegemonía política concentrada en el bloque en el poder. Como señaló AMLO en su Carta a los inversionistas [4], la inversión pública pretende estimular como “capital semilla” a la iniciativa privada (local-trasnacional) para que ésta asuma el papel de “motor de la economía”, haciendo de México un “paraíso de la inversión” (Alfonso Romo).

La lucha popular en la defensa de los derechos laborales, sociales y colectivos, exige gran organización y fortalecimiento frente a una clase dominante que no ha dudado en imprimir su sello en cualquier espacio o instancia que el nuevo gobierno mantiene o abre en aras de la “estabilidad económica” y la “conciliación de todas las clases sociales” (AMLO).

Los grandes capitales, amparados por una poderosa narrativa mediática, se han visto obligados –ante las nuevas condiciones– a saltar directamente a la escena política. Con el nuevo dominio partidista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las Cámaras, aunado a la conformación del equipo del gobierno electo, al tiempo del desmoronamiento significativo de la representación política que el bloque oligárquico concentraba bajo el otrora bloque de partidos PRI, PAN, PRD, –ahora más ocupados por su supervivencia–, la oligarquía dominante está obligada a aceptar la nueva composición de fuerzas al interior del régimen partidista, y sobre esa base, buscar por todos los medios imponer su agenda [5]. De ahí los juicios mediáticos contra distintos miembros que AMLO ha designado para ocupar posiciones clave del futuro gobierno (Hacienda, Pemex, CFE, Energía), o que próximamente designará.

Como se ha registrado en la “renegociación” del TLCAN 2.0, el programa económico de las clases dominantes del capital en México (locales-extranjeros), es la salvaguarda del globalismo, de la dependencia económica (inversiones, tecnología, mercados), de la integración subordinada al bloque “América del Norte”. A este programa se añade el mantenimiento de la hegemonía de la política económica neoliberal, ligada a un patrón de producción volcado a la exportación y constituido por grandes monopolios de propiedad trasnacional. Así también, en este programa sobresalen sus imperativos de impulso de infraestructura para acelerar la acumulación, el despojo de recursos (territorio, agua, energéticos, etc., [6]), la distribución regresiva de la riqueza, la disciplina corporativa del mundo del trabajo, la superexplotación y precarización de la fuerza de trabajo, el predominio financiero, en otros términos, la continuidad de esta agresiva modalidad de acumulación y reproducción del capital.

El principal interés de las clases dominantes para el próximo periodo de gobierno consiste en salvaguardar esta modalidad de acumulación predominante en el capitalismo dependiente mexicano, esto es, el “modelo económico de desarrollo” hasta hoy vigente. La oligarquía se contrapone a aquellas modificaciones que puedan trastocar los principales ciclos, estructuras y políticas económicas que establecen y dinamizan esta modalidad de acumulación. Al mismo tiempo, el capital despliega y busca imponer sus ilimitados intereses.

¿Hasta qué punto el gobierno de reconciliación nacional, podrá modificar la forma de reproducción del capital predominante desde hace más de tres décadas? ¿Cómo podrá construir fuerzas políticas para inclinar la balanza de poder hacia la construcción de una nueva modalidad de acumulación del capital, según el discurso del nuevo gobierno, “incluyente”, de “bienestar general”, con “justicia social”, “democrática”?

La convocatoria de AMLO hacia el establecimiento de una “nueva forma de régimen político” –más allá de la reorganización del aparato burocrático de Estado y de su “nuevo estilo de gobernar”–, en esencia, estaría vinculado indisolublemente a la construcción de un nuevo patrón de reproducción del capitalismo mexicano y sus inescindibles relaciones políticas que lo conforman. En sentido estricto, difícilmente podrá emanar una “nueva forma de régimen político” si el proceso de reproducción del capital en el que se sustentan las relaciones de poder clasistas no experimenta sustantivas transformaciones.

¿Un gobierno de raigambre pluriclasista puede construir la capacidad de transformar el patrón de reproducción del capital vigente? Si atendemos a la reciente experiencia de los gobiernos progresistas de América Latina, la respuesta es bastante pesimista. Las clases dominantes, la lumpenburguesía según la ingeniosa noción acuñada por Günder Frank es apátrida, profundamente dependiente, no tiene proyecto de país, y por lo mismo, carece de conciencia nacional. Si en un primer momento estos gobiernos progresistas lograron construir amplias alianzas de clase, lo hicieron bajo el predominio neoliberal, lo que frenó el viraje estructural a favor de las clases explotadas. Y cuando se presentaron tiempos decisivos –a partir de la crisis mundial de 2008 y sus impactos en las economías latinoamericanas– la oligarquía no dudó en la contraofensiva autoritaria y en el desmantelamiento de los avances “progresistas” en la política social y de bienestar. El papel de los recientes golpes de Estado en América Latina vinculados a la nueva panoplia de recursos de excepción de las oligarquías (judiciales, mediáticos, de desestabilización económica, etc.,), es un espejo en el que podría reconocerse el nuevo gobierno si este optara por cambiar la balanza de poder en contra de la oligarquía en México. [7]

Conocidos o no estos escenarios (de excepción), lo cierto es que el nuevo gobierno mexicano se ha inclinado por la “estabilidad económica”, la “reconciliación nacional” y “un gobierno para todos”, lo que supone que su objetivo de la “cuarta transformación histórica de México” no contempla grandes cuestionamientos al capital, sino que, como señaló Alfonso Romo, ésta se construirá “de la mano con la inversión privada” [8].

Si bien es cierto que el futuro presidente de México nunca ha proclamado como horizonte un gobierno de los trabajadores, sino uno que represente “a pobres y a ricos” (AMLO), no causa sorpresa la prematura alianza de clase con empresarios –“matrimonio” le llama Alfonso Romo, futuro Jefe de Oficina de la Presidencia–. Sin embargo, sí es de hacer notar que esta alianza implica –como ya viene ocurriendo– que el gobierno de “unidad nacional” otorgará sustantivas concesiones a las fracciones dominantes.

El problema que aparece es que justamente fueron los intereses de las clases dominantes, establecidos bajo la hegemonía neoliberal, la causa principal de la hecatombe electoral y de su representación política en el bloque partidista PRI-PAN-PRD, en la pasada elección. Así, si las relaciones del nuevo gobierno con las clases propietarias son “muy cercanas”, y las concesiones muy significativas, la pregunta es: ¿cómo, dónde y con qué solidez el nuevo gobierno establecerá la alianza con las clases trabajadoras y populares, más allá de una mera fuente de legitimidad? ¿Cómo va a incorporar los conjuntos de intereses de las clases populares en su llamado gobierno de unidad? ¿El nuevo gobierno mexicano podrá encausar un viraje estructural, es decir, un cambio en el patrón de acumulación del capital mucho más favorable a las clases populares al tiempo que hace prevalecer la hegemonía neoliberal? Es ésta una de las contradicciones principales que estará atravesando a este gobierno.

Tomando en consideración el apetito voraz del capital, y a sólo dos meses antes de la toma de posesión de la investidura presidencial, se registra ya el programa ilimitado del capital dirigido a preservar la hegemonía neoliberal del actual bloque en el poder y orientado a subordinar, tutelar y minimizar el carácter “social” (educación y salud) y “nacional” que también contempla –hasta ahora pálidamente– el proyecto Morenista.

En este sentido, las voces de la oligarquía imperante en México, tales como Consejo Mexicano de Negocios (CMN), Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Coparmex, Grupo Monterrey, empresarios particulares, empresas principales (locales y extranjeras), representantes del sector privado, consultores, bancos, fondos de inversión internacionales, calificadoras, empujan con fuerza sus intereses, demandas y declaraciones influyentes, difundidas a diario por la prensa, tales como: “México no se puede reinventar cada seis años”; “se requiere un balance entre continuidad y cambio”; “La nueva administración debe cuidar la Reforma Energética”; “Sin TLCAN bajará la calificación de deuda de México”; El Nuevo Aeropuerto “es la cabeza de la logística de los futuros 50 años”; etc., etc.

A continuación señalamos una serie irrefrenable de demandas e intereses que el capital defiende e impulsa, muchas veces creando “espacios de diálogo” en distintos encuentros, “foros”, “mesas de análisis” abiertas (y a puertas cerradas también) con el gobierno electo–, y ello, dentro de estos primeros dos meses posteriores a la elección presidencial.
–Continuidad de reformas estructurales (energética, educativa, telecomunicaciones…)
–Política energética pro-mercado (asociación con capitales trasnacionales, continuación de subastas y licitaciones petroleras y eléctricas, respeto a la inversión extranjera, rechazo a la modernización y construcción de nuevas refinerías, eliminación de estímulos fiscales al precio de gasolina, liberalización de precios e importación de gasolinas, vigilancia de la política energética, control de finanzas de Pemex, etc.)
–Estabilidad Macroeconómica y finanzas públicas “sanas”: equilibrio fiscal, continuidad de política monetaria, autonomía de Banxico, cambio flexible, disminución de la deuda, austeridad y reducción del gasto público, conservación de nota crediticia, cancelación de programas sociales o en su caso revaloración sobre la “viabilidad técnica” de las propuestas de campaña de AMLO;
–Sistema financiero sólido y con libre competencia [9];
–Crecimiento económico;
–Influencia en políticas públicas (salud, educación, alimentación, cultura, infraestructura [10]);
–Certeza jurídica a las inversiones;
–Comisión Fiscal de Vigilancia “sobre los Programas asistenciales de AMLO”;
–Revisión de líneas de crédito con el FMI;
–Defensa del Libre comercio, protección del TLCAN: fortalecimiento de núcleos manufactureros exportadores (fomento de la “política industrial”) centrados en los encadenamientos de valor de “América del Norte”; impulso a las exportaciones, fomento a las empresas; aumento de contenido nacional en las exportaciones “sin romper con tratados comerciales”;
–Política comercial centrada en Estados Unidos, y diversificación comercial “complementaria”;
–Sostenimiento de la “integración laboral de América del Norte”: rechazo a las demandas de EU y Canadá (de Democracia y Justicia laboral, y mejores condiciones salariales y de contratación en México)
–Desarrollo y Promoción del Turismo (Ecoturismo, pueblos mágicos, turismo de salud);
–Políticas de fomento a obras de infraestructura: Continuidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM); respeto a las “inversiones irreversibles” de constructoras en el NAIM; modernización de red ferroviaria, puertos, aeropuertos, carreteras; Tren Maya (“con recursos distintos” de los que se destinan a la promoción turística); canal ferroviario del Istmo de Tehuantepec [11]; Participación e impulso de construcción de gasoductos, oleoductos, hidroeléctricas y desarrollo de Megaproyectos;
–Crecimiento del “mercado de energías limpias”;
–Profundización de la Reforma Laboral (Ley Secundaria)
–Flexibilización laboral, liberalización de la subcontratación y tercerización; defensa de sindicatos de protección;
–Incremento de la productividad laboral;
–Política salarial “suficiente” y “responsable”;
–Estímulo a la formación de “capital humano especializado”;
–Reforma fiscal: deducibilidad del 100% de prestaciones laborales; reducción de impuestos a la nómina, IVA en alimentos y medicinas; disminución del ISR;
–Reforma del sistema de pensiones;
–Rechazo a una reforma fiscal recaudatoria, redistributiva y progresiva;
–Combate a la economía informal;
–Desarrollo de Zonas Económicas Especiales (ZEE [12]);
–Educación: establecimiento de cuotas en universidades públicas, impulso a las universidades particulares, crecimiento de modelos de autonomía y autogestión escolar en la educación básica (privatización); mayor integración de los modelos de enseñanza y “calidad” del aprendizaje y de los contenidos de planes de estudio con las necesidades del mundo corporativo; Aprovechamiento de la capacidad de las universidades existentes y rechazo a creación de nuevas Universidades;
–Empleo y Contratación de Jóvenes “con subsidio del gobierno”;
–Subvenciones e impulso del agronegocio, de los transgénicos [13];
–Crecimiento de la Megaminería;
–Representación (directa-indirecta) del empresariado en posiciones clave del gobierno (Banxico, Hacienda, Pemex, CNBV, etc.);
–Respeto al “orden institucional” y Estado de Derecho;
–Contrapesos al poder ejecutivo y al Congreso “para reducir incertidumbre”;
–Combate a la inseguridad y pacificación social;
Como se advierte, el capital se juega la reproducción de sus condiciones materiales de existencia. Y para ello concentra igualmente una amplia gama de intereses políticos, por medio de los cuales pueda preservar la hegemonía política.

Como vemos, es un desafío la construcción y el impulso de la organización política de los trabajadores y desposeídos. Y es que, una vez que la “rebelión ciudadana” se manifestase en las urnas como lo hizo, pareciera que ésta se ha perdido de la escena política a la espera del cumplimiento de las promesas de “trasformación nacional” encabezadas por AMLO. Como se aprecia en este programa ilimitado del capital y las relaciones “sumamente cercanas” [14] que mantiene con el nuevo gobierno, no habrá transformación histórica que se presente por sí misma. Resta a las clases trabajadoras y populares fortalecer sus organizaciones y fuerzas políticas en la lucha por la defensa de sus intereses y necesidades en el plano de todas las relaciones sociales, las que incluyen evidentemente sus relaciones con la naturaleza y el territorio.

Notas:

[1] No solamente se adhirió la clase empresarial a la “reconciliación” enarbolada por el próximo gobierno. Los otros candidatos presidenciales, representantes políticos de todas las fuerzas partidistas, expresidentes del país, entre los que destaca Carlos Salinas de Gortari, intelectuales conservadores, medios de comunicación, el clero, y muchos otros sectores dominantes, hicieron suyas las palabras “reconciliación por México”. [2] El reparto que da vida al breve video (2 minutos) se conforma por un pequeño grupo de la oligarquía mexicana saludando la “democracia” y al nuevo gobierno: Blanca Treviño (Softtek), M. Aramburuzabala (Tresalia), D. Servitje (Bimbo), Antonio del Valle (Grupo Kaluz), C. Danel (Gentera), José Antonio Fernández (Femsa), Claudio X. González (Mexicanos Primero), E. Tricio (Lala) y Alejandro Ramírez (Cinépolis).
[3] Como señala Guillermo Almeyra: la burguesía, Morena y el nuevo presidente “comparten no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional”. Ver, “¿Dónde estamos actualmente?” Rebelión.org, 20/07/2018, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244353
[4] EL FINANCIERO, 4/04/2018. http://www.elfinanciero.com.mx/economia/amlo-pide-a-inversionistas-confiar-en-el
[5] Según uno de los empresarios más influyentes de México, Claudio X. González Laporte, aunque Morena dominará el Congreso, no será como en los tiempos del “partido hegemónico” con el PRI, “porque ahora hay organismos internacionales, firmas calificadoras e instituciones que observan que se cuide y preserve la estabilidad macroeconómica”. El Universal, 20/8/2018, http://www.eluniversal.com.mx/cartera/amlo-no-podra-serenar-al-pais-de-un-dia-otro-claudio-x-gonzalez
[6] Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU) existen en la actualidad “4 mil concesiones en las que se han entregado los territorios de los pueblos originarios para la explotación de sus recursos por grandes empresas”. La Jornada, 28/08/2018, p. 20. https://www.jornada.com.mx/2018/08/28/politica/020n2pol
[7] A este respecto, Alfonso Romo señaló: “López Obrador sabe que mercados pueden afectar su agenda”, El Financiero, 06/07/2018, http://www.elfinanciero.com.mx/economia/no-se-preven-cambios-en-reforma-energetica-asegura-romo  
[8] En este mismo sentido se refiere el presidente del “banco de casa” (Banorte), Carlos Hank González, cuando señala que “Banorte construye puentes que acercan a los empresarios de todas las regiones del país con el equipo de transición del próximo gobierno, para pensar juntos en la transformación que queremos para México”. La Jornada (en línea), 20/8/2018, http://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/08/20/banorte-convoca-a-dialogo-entre-empresarios-y-proximo-gobierno-7727.html .
[9] Ver el “decálogo” de la Asociación de Bancos de México para el próximo gobierno, El Economista, 4/04/2018, https://www.eleconomista.com.mx/sectorfinanciero/ABM-emite-decalogo-para-el-desarrollo-economico-de-Mexico--20180404-0052.html
[10] Ver la Agenda México 2030 del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), organismo que aglutina a 50 empresas multinacionales con presencia en México, donde están expuestas más de 100 propuestas de política pública, con énfasis en fomento de infraestructura ligado al objetivo de convertir a México en “el quinto país exportador a nivel mundial para 2030”. http://ceeg.mx/new/wp-content/uploads/2016/12/Agenda_CEEG_2017-con-carta.pdf
[11] Estos dos últimos proyectos, junto con la plantación de un millón de árboles en el sureste del país, programas prioritarios del gobierno electo, obedecen a “viejos” proyectos de corte empresarial de los gobiernos de Fox y Calderón en la primera década del presente siglo. Ver www.sputnik.org: “Las zonas económicas especiales no sacarán adelante a México", 17/07/2018, https://mundo.sputniknews.com/politica/201807171080471232-mexico-amlo-eeuu-desafios-tlc/
[12] Llama la atención que el proyecto de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) impulsado por el gobierno próximo, se inscribe sobre las propias bases del proyecto en curso de las ZEE del actual gobierno de Enrique Peña Nieto, empujado por el ex secretario de Hacienda –hoy canciller– Luis Videgaray, y coordinado por el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial. Si bien el “objetivo” de las ZEE es el “impulso del desarrollo” de regiones marginadas, la realidad es que se trata del impulso de nuevas geografías para la explotación de recursos humanos y naturales por los capitales locales y trasnacionales, sin más resultado que la reproducción del subdesarrollo.
[13] Víctor Villalobos Arámbula, el próximo titular del gobierno de AMLO en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es “uno de los principales promotores de transgénicos y defensor de los intereses de las trasnacionales de los agronegocios en México”, ver Silvia Ribeiro, “Nuevo proyecto para terminar el campesinado”. Desinformemonos.org, 17/07/2018. https://desinformemonos.org/nuevo-proyecto-terminar-campesinado/
[14] Así lo refieren las 50 empresas multinacionales constituidas en el Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), cuando declara que el CEEG trabaja “en forma sumamente cercana con el equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador para aterrizar nuestras propuestas…”. La Jornada (en línea), 7/09/2018, http://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/09/07/empresarios-trabajan-de-201ccerca201d-con-amlo-ceeg-3285.html

6 de septiembre de 2018

Comitancillo: Una comunidad laboratorio de la ZEE del Istmo de Tehuantepec.

Texto: Sare Frabes y Ñaní Pinto | Fotos: Maycol B y Ñaní Pinto / Avispa Midia.



Con la perspectiva de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no solo va a apoyar las Zonas Económicas Especiales (ZEE), sino que va a trabajar para hacerlas “más grandes”, como dice Alfonso Romo, coordinador del Proyecto de Nación planeado para el periodo de Obrador, el presente reportaje expone las formas en que se van implementando estos grandes proyectos y los conflictos generados. La comunidad zapoteca de San Pedro Comitancillo, en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, es uno de los puntos clave para la ZEE de Salina Cruz y para el Corredor Transístmico.


La Garza es un cerro sagrado para el pueblo zapoteca de San Pedro Comitancillo, en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. La imponencia de la montaña está grabada en el imaginario y en la cotidianidad de la comunidad, plasmada en los murales de la plaza central del pueblo.

El carácter sagrado del cerro no es de hoy. También lo era para los antepasados zapotecas que vivieron en la región 1500 años antes de Cristo y fue documentado por antropólogos del Instituto Nacional de Antropología y Historia (Inah). “Encontramos un abrigo rocoso con pintura rupestre, lo que habla de una veneración hacia el Cerro de la Garza como cerro sagrado”, revelan los antropólogos Marcus Winter y Roberto Zárate en el documento, obtenido por el equipo de este reportaje, titulado Proyecto de Salvamiento Arqueológico.

Winter y Zárate realizaron un trabajo de registro y rescate de sitios arqueológicos a lo largo de los 80 km de construcción de la carretera Salina Cruz – La Ventosa, que se inició a finales del 2001. “La meta inmediata del salvamento fue registrar los datos en peligro de desaparición”, dice el documento.

El registro permitió identificar 10 sitios ubicados en los carriles de la autopista. Uno de ellos, descrito como de “principal interés para el proyecto”, fue el sitio Biaza Barranca, localizado entre los cerros La Garza y El Cordón del Indio Dormido, también en Comitancillo, donde se localiza el Río Guiguchuni.

Las laderas y pie de monte del Cerro de la Garza de donde derivan muchos escurrimientos de agua producto de los nacimientos que se ubican en la zona alta del cerro y las planicies situadas entre Tehuantepec y Comitancillo, también fueron zonas habitadas en tiempos prehispánicos. “Las poblaciones se distribuyen en las laderas y en las planicies extremas de los arroyos, como los sitios Nizashoga, La Poza; cercanas a los nacederos, como el sitio Las Pilas, en el Cerro la Garza”, evalúan los investigadores.

De acuerdo con los antropólogos, el área donde se construyó la carretera reúne características favorables para el asentamiento humano en tiempos prehispánicos: aluvión para el cultivo, agua dulce de los ríos y manantiales y acceso fácil a las montañas. “Sabemos que hubo ocupación humana continua en el Sur del Istmo desde por lo menos 1500 años antes de Cristo, que la población fue creciendo a través del tiempo y que existían culturas distintas en el área con rasgos culturales propios”.

“Varios sitios arqueológicos y algunas montañas sagradas fueron afectados por la construcción de la carretera y por la extracción de material para revestimiento”, denuncian los investigadores sobre la construcción de la carretera.

[Para leer el reportaje completo, cliquea aquí].
 

4 de agosto de 2018

FLN | Editorial | Agosto, 2018: Techo, Tierra, Trabajo.


Inicia con agosto un año de labores, y con él, el camino hacia el 50 aniversario de trabajos antiimperialistas de nuestro movimiento que lucha, como su nombre lo dice, por la liberación nacional.

Durante muchos años de este largo trayecto, sirvió de referencia y guía para los temas económicos el trabajo de Jose Luis Ceceña, quien en una frase: “México en la órbita imperial”, señalaba con claridad el problema central de gran parte de los dolores y las penas de nuestros pueblos. Del mundo bipolar al desaforo neoliberal, a los cambios geopolíticos que se viven en años y meses recientes, para nosotras y nosotros el centro gravitacional de esos dolores y penas sigue siendo, en buena medida, el mismo imperialismo.

A un mes de la contienda política, hay señales claras del camino económico que tomará el gobierno federal entrante, emanado sí, de una victoria electoral como pocas en la historia reciente de nuestro México, pero también de un momento histórico que ha favorecido el reordenamiento de fuerzas económicas y políticas locales -burguesía nacional en el antiguo decir- que en el contexto histórico inmediatamente anterior se vieron avasalladas por la entrada de fuerzas económicas de mayor envergadura y por la guerra de despojo, represión y explotación que se desató para favorecer su entrada. No es gratuito que las fuerzas políticas que dieron las llaves de nuestro territorio, nuestra fuerza de trabajo y nuestros recursos naturales a ese capital extranjero se hayan desfondado, resquebrajado, y se encuentren en un momento crítico que pone en riesgo su viabilidad futura como partidos políticos. No es gratuito tampoco que el gobierno entrante haya logrado su victoria electoral desde un distanciamiento discursivo y pragmático de las reformas constitucionales emanadas de la apertura neoliberal. Y sin embargo, como dijimos en un inicio, hay ya algunas señales claras del camino económico que se busca construir, y que en nuestra opinión, dista mucho de las aspiraciones históricas de nuestros pueblos. Se habla sin ambages de ampliar las Zonas Económicas Especiales y de entregar la plusvalía del trabajo más de dos millones de jóvenes a la iniciativa privada, a costa del erario público. Como si la explotación fuese benévola cuando alimenta las cuentas bancarias de los miembros del Consejo Coordinador Empresarial. Ninguna transformación política y económica es benéfica para nuestros pueblos si no deposita directamente en sus manos las herramientas para apropiarse de su destino.

Por ello existimos, y seguiremos existiendo, todas y todos quienes aspiramos a un mundo sin cadenas materiales o simbólicas; poco a poco, por medio de acciones pequeñas, en un andar de ya muchas generaciones, desde que nuestra casa se llama México, se ha ido abriendo el camino las y los libres. Acompañados de acciones y vidas heroicas, honrando la memoria de quienes las realizaron y las realizan, seguiremos, seguimos, y sin menoscabo del cuándo, sabemos que nuestra causa triunfará.

En éste año ahondaremos en las tres demandas históricas que se plantearon hace ya casi 50 años: tierra, techo y trabajo, o sea, tierra para los campesinos, territorio para nuestros pueblos; techo, casa u hogar digno para todas y todos; trabajo, que señala el anhelo no sólo de una retribución justa al esfuerzo realizado, sino a tener en las manos propias la capacidad de transformar nuestro día a día. Iremos a las selvas, a los desiertos, a las ciudades con sus cinturones de miseria, a las milpas y los valles, cruzaremos ríos y colinas, caminaremos en las ciudades, haciendo honor a nuestro deber. No abandonaremos nunca a nuestros pueblos, pues son nuestros hermanos.

En agosto recordamos el natalicio de nuestro compañero Salvador, y con profunda tristeza, el fallecimiento de nuestro querido compañero Ismael.

¡¡¡Felicidades y preparémonos!!!!

Para otros 50 años, con nuestra manera de pensar y actuar lo haremos.

¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!

Grupo editorial de la Casa de todas y todos.

1 de agosto de 2018

La urgencia de una oposición anticapitalista.

Por: Ricardo Andrade Jardí* / Por Esto!

“Desconocer la verdad puede ser ignorancia,
pero conocer la verdad y ocultarla o llamarla mentira es un acto criminal”.
Bertolt Brecht.

No dejan de ser alarmantes las declaraciones un día sí y otro también de Alfonso Romo, “coordinador” del futuro gabinete de López Obrador, quien fue operador para lavar el corrupto dinero del traidor y genocida dictador chileno Augusto Pinochet y otrora parte de “la mafia del poder” y beneficiario del criminal desfalco al pueblo de México: FOBAPROA. Declaraciones que insisten en que la reforma energética de EPN se queda. Y no sólo eso. Afirmando que se hará de México un paraíso para la inversión ampliando las Zonas Económicas Especiales. Es alarmante porque vienen del futuro gobierno de MORENA. Partido político que, no hace mucho, decía luchar, entre otras cosas, contra las impuestas reformas estructurales del peñismo, y su mentecato pacto contra México que tanto daño le han ocasionado al país.

Serán los lopezobradoristas los que tengan que exigir cuentas al nuevo presidente, si la embriaguez de su abrumador triunfo electoral les permite ver la realidad a tiempo; y será la mayoría parlamentaria de MORENA la que logre -o no- echar abajo dichas reformas. Lo sabremos los primeros días de diciembre. Aunque en el discurso del futuro presidente no parece ser ya la estrategia. Ojalá nos equivoquemos. Por lo pronto es urgente un llamado a toda la sociedad y muy particularmente a los 30 millones de ciudadanas y ciudadanos que otorgaron su voto al proyecto de MORENA y a su candidato presidencial, virtual Presidente electo, para detener la intensión de dar continuidad a una criminal reforma que ha despojado a la nación de la soberanía energética, es decir del control de sus recursos, y que las pretendidas Zonas Económicas, las ya existentes gracias a las reformas entreguistas, sumadas a las que promueve el operador financiero de Pinochet, no son, ni serán nunca bienestar y progreso, más bien despojo, destrucción y explotación irracional de ecosistemas, para beneficio económico de los nuevos y viejos grupos de poder fáctico, tanto nacionales como transnacionales.

Es urgente no bajar la guardia. Pues en la defensa del territorio se juega también la vida, y en esa lucha hay un conflicto por demás dialéctico: o se explota el ecosistema irracionalmente en nombre de la inversión o se defiende la existencia planetaria, pero no van juntas; las mineras, las empresas que promueven los mega-proyectos energéticos, no reparan en el daño ambiental ni en el despojo de territorio, ellas van por la ganancia a cualquier precio, aunque esto signifique la muerte y destrucción de culturas originarias, así como la devastación irreversible de flora y fauna.

Está muy bien que quienes votaron convencidos de que MORENA y AMLO significan un cambio necesario para el país celebren el triunfo obtenido. Pero sería igualmente deseable que de la misma manera que hoy arremeten contra el zapatismo, entre una inmensa desinformación y mentiras, sean igualmente capaces de ver la viga en el ojo propio. El gobierno que hoy se está conformando y que tomará las riendas del país en unos meses se está armando con un aglomerado de personajes conservadores siniestros y por demás neoliberales, que no impulsarán un cambio real en el rumbo del país, sino más bien la continuidad de un modelo económico criminal bajo el disfraz de la austeridad gubernamental, que seguirá contaminando ríos y desiertos al tiempo que explota y extermina vida y ecosistema. El enemigo del lopezobradorismo y de MORENA no son los comunicados del zapatismo, (suponiendo que los leen, antes de descalificarlos), sino el modelo económico actual que es en sí mismo enemigo de la humanidad.

Nada mejor para el “nuevo gobierno” que una oposición anticapitalista que permita frenar las intenciones financieras de los depredadores que ya se aprestan a ser parte fundamental del nuevo gabinete.

La pregunta es: ¿Serán los militantes de MORENA capaces de entender la responsabilidad histórica que se les ha otorgado o su victoriosa embriaguez los llevará a seguir ensayando la intolerancia de sus pequeños y peligrosos fascismos del “te sumas a nosotros (las mayorías) o estás contra nosotros, aunque en la pretendida suma esté implícita la continuidad de la barbarie económica neoliberal?

* Integrante de la Red de apoyo al CIG T'Hó.

3 de julio de 2018

BABEL :: El neoliberalismo que continúa con AMLO.

Por: Javier Hernández Alpízar / Zapateando.


Es legítimo que las personas que votaron por López Obrador celebren su triunfo, en la tercera postulación de su candidato y tras superar al menos un fraude seguro en 2006 y una “imposición”, como calificaron la elección de 2012. Es legítima la celebración masiva del hartazgo contra los gobiernos priistas, panistas y perredistas, corresponsables de dos sexenios de muerte, violencia, terror, despojo y depauperización contra el pueblo mexicano. Sin embargo, es falsa la expectativa de que con este triunfo ha ganado una “izquierda” y falsa la idea de que “se van” PRI, PAN y PRD. La realidad es muy otra y no podemos ocultarla bajo la estela de euforia por el triunfo reconocido desde el inicio del conteo de votaciones por el sistema, en voz de los candidatos de los partidos derrotados.

Para saber si un proyecto de gobierno será violador de derechos humanos basta con verlo sobre el papel: el neoliberalismo es violador de derechos humanos porque bajo las palabras “inversión”, “desarrollo”, “eficiencia”, “infraestructura”, se esconde la realidad de un modelo de desarrollo depredador del medio ambiente y causa de despojo, desplazamiento de poblaciones (especial, pero no únicamente, rurales y sobre todo indígenas), explotación de los trabajadores, represión de las protestas, luchas y resistencias en defensa del territorio, los recursos locales, los derechos humanos, y un nefasto etcétera.

Esta política los mexicanos la conocemos porque la hemos vivido desde el sexenio de Miguel de la Madrid a la fecha, es decir de 1982 a 2018: 32 años de neoliberalismo que han dejado, especialmente en los recientes 12 años, miles de muertos, desaparecidos y la destrucción de la economía local y el despojo muchos de los recursos del territorio y del pueblo mexicano.

A pesar de que López Obrador mismo y especialmente su brazo derecho, ya confirmado como su coordinador de gabinete, Alfonso Romo, han declarado explícitamente que el neoliberalismo continuará, hay una falsa expectativa y hasta una ilusión de que esto no es así y de que habrá una política diferente: en el imaginario social, el estado de bienestar de los años sesentas y principios de los setenta.

En su discurso del triunfo, López Obrador expresó claramente que la política neoliberal continuará, con palabras que podrían haber sido las de cualquier otro candidato, todos neoliberales:

“Habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución.

“En materia económica, se respetará la autonomía del Banco de México; el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros.”[1]

Dejando de lado la promesa de “libertad de creencias” (la cual no tendría por qué prometerse porque en México existe legal y realmente, pero que aquí es un guiño a sus aliados evangélicos del derechista Partido Encuentro Social), están ahí los elementos esenciales del neoliberalismo: libertad empresarial, autonomía del Banco de México, disciplina financiera y fiscal. Es obvio que nadie espera que se desconozcan los compromisos con bancos, pero la continuidad del neoliberalismo está expresada en los términos que la desean los grandes empresarios mexicanos y extranjeros y no son diferentes a un discurso de De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox o Peña.

De manera aún más clara que Obrador, si tal es posible, su coordinador de gabinete y uno de los autores de su Plan de Nación, Alfonso Romo, ha expresado así, dirigiéndose deliberadamente a los empresarios, la garantía de continuidad del neoliberalismo y del modelo de desarrollo de los últimos 32 años:

“Los empresarios piden responsabilidad financiera y se les vas a cumplir más de lo que creen”, declaró Romo, en entrevista con Forbes México. “Tenemos que dar toda la certeza. Se necesita mucha inversión. Tenemos que darle todos los elementos para que los empresarios mexicanos se queden y los extranjeros vengan a México”.

El reportero de Forbes preguntó a Romo si apoyarían las Zonas Económicas Especiales y recibió por respuesta: “Quizá las hagamos más grandes. Todo. Chiapas, Oaxaca, Guerrero. ¿Qué dejas fuera? No puedes dejar nada fuera”.[2]

Las Zonas Económicas Especiales, que pueden llamarse también “polos de desarrollo”, son enclaves de desarrollo colonizador: “Una zona económica especial (ZEE) es un área geográfica delimitada que ofrece un entorno de negocios excepcional con el objetivo de incentivar la inversión en dicha zona, teniendo miras a industrializarla

“Busca hacer altamente competitivas a las empresas que operan en ellas, mediante medidas que suelen incluir incentivos fiscales, facilidades al comercio exterior, beneficios aduaneros, un marco regulatorio ágil y desarrollo de infraestructura.”[3]

El modelo de desarrollo de estas Zonas Económicas Especiales es depredador del medio ambiente y colonizador; amenaza con el despojo y el desplazamiento a comunidades urbanas, rurales, indígenas y especialmente a los estados más pobres (en lenguaje desarrollista y neoliberal “atrasados”) como Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Probablemente AMLO cambie de nombre al modelo, pero éste no dejará de ser violador de derechos humanos individuales y colectivos. Además, otorga todos los beneficios a las empresas inversoras: incentivos fiscales, facilidades al comercio exterior, beneficios aduaneros, un marco regulatorio ágil y desarrollo de infraestructura. Este último incentivo, desarrollo de infraestructura, implica megaproyectos destructores del territorio y el tejido social como el Aeropuerto en Texcoco, carreteras, extractivismo, presas y represas; entre otros, uno muy prometido por AMLO en diversas candidaturas anteriores: el corredor Coatzacoalcos- Salina Cruz, que conecta, para servicio de los capitales y mercancías, dos puertos marítimos, y atraviesa muchas comunidades que serán afectadas; asimismo, el extractivismo minero, canadiense y otros, que AMLO ha dicho que seguirá permitiendo, pese a que se comporta de manera criminal, como lo saben los opositores a proyectos mineros. Si revive su proyecto de un tren de alta velocidad entre México y Centroamérica, prometido en campañas anteriores, tendría que afectar a comunidades indígenas chiapanecas, incluidas las zapatistas. Ningún gobierno de izquierda ha logrado un modelo alternativo de desarrollo al industrializador, y el del proyecto de la “izquierda” mexicana no es la excepción.

El modelo de desarrollo depredador está representado en el gabinete de López Obrador por personajes como Víctor Villalobos, defensor de la Ley de Bioseguridad, aprobada en favor de empresas promotoras de transgénicos como Monsanto, Pionner y Syngenta.[4] Un académico que apoyó a Obrador por años, Víctor M. Toledo, prácticamente rompió con él por este nombramiento y criticó acremente así a ese proyecto: “Ello convierte a Morena en un partido que posee una piel de oveja con un cerebro de lobo”.[5] En países como Argentina, que ha padecido los monocultivos de soya (soja) transgénica y sus agrotóxicos, saben que tener en un gobierno a promotores de esas empresas no es nada inocuo, como tampoco lo es tener un gobierno promotor de la minería.

Cada miembro del gabinete propuesto por López Obrador es una garantía de la continuidad del neoliberalismo, pero podemos destacar uno de los más polémicos, su titular de Educación, el ex secretario de gobernación y de desarrollo social de Zedillo, Esteban Moctezuma Barragán, quien fue presidente de la Fundación de TV Azteca y, anteriormente, parte de la contrainsurgencia antizapatista de Zedillo.

Algunos han tratado de limpiar su imagen del manchón de haber formado parte de una trampa a la dirigencia del EZLN que estaba citada a dialogar con él como titular de Gobernación mientras Zedillo ordenaba a los militares detenerlos. La trampa no funcionó y el desprestigio de Zedillo y su estrategia obligó a sacrificar la cabeza de Moctezuma haciéndolo renunciar, pero no fue una ruptura con Zedillo, porque en ese mismo sexenio regresó a la oficina de Desarrollo Social, que también hace contrainsurgencia mediante dádivas llamadas “programas sociales”.

El argumento de los defensores de Obrador es que, si bien es neoliberal, atacará la corrupción: Esta es una vieja y falaz concepción de la derecha: se puede mejorar el funcionamiento del sistema capitalista neoliberal atacando solamente la corrupción, pero sin tocar los intereses de los capitales.

López Obrador dijo en su discurso del triunfo: “Bajo ninguna circunstancia, el próximo Presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares. Un buen juez por la casa empieza.

“Todo lo ahorrado por el combate a la corrupción y por abolir los privilegios, se destinará a impulsar el desarrollo del país. No habrá necesidad de aumentar impuestos en términos reales ni endeudar al país. Tampoco habrá gasolinazos. Bajará el gasto corriente y aumentará la inversión pública para impulsar actividades productivas y crear empleos.”

Suena muy bien acabar con la corrupción, pero el problema es que no suena verosímil cuando AMLO está rodeado de personajes como Elba Esther Gordillo y sus operadores, o como Napoleón Gómez Urrutia, quien todo parece indicar que será operador de los intereses de las mineras canadienses en México. Más bien hace recordar que no acabó con la corrupción en su gobierno de la Ciudad de México, y el recuerdo de René Bejarano y Rosario Robles, están ahí para refrescar la memoria, pero incluso si ataca la corrupción, no tocará algo más fundamental: la explotación, como ya vimos que no atacará el modelo colonialista de desarrollo basado en el despojo.

Respecto a la explotación, Obrador cree que en México no es importante y que seguir pensando en ella es un discurso “teórico y académico rebasado”. Un discurso de campaña en Los Reyes Acaquilpan, Estado de México, López Obrador dijo: “Tenemos que acabar con la corrupción, porque muchos teóricos sociales, académicos, intelectuales no tratan este tema. Los académicos más clásicos, más teóricos se quedaron con la idea de que la desigualdad se produce por la explotación que se hace de los trabajadores, que el burgués explota al proletario, que se va acumulando ganancias y que esas utilidades se las apropia el dueño de los medios de producción y que por eso es la desigualdad y la pobreza. Pero en México, no aplica esa teoría del todo; aquí las grandes fortunas se han acumulado mediante la corrupción, al amparo del poder público”.[6]

Ese es un discurso que elaboró la derecha empresarial panista en oposición al PRI: lo que hay que acabar es la corrupción, entiéndase en el gobierno y el Estado, sin cuestionar la riqueza privada. Los empresarios se quejaban de que el marxismo enseña a los obreros que el patrón no les paga su salario completo y que se queda parte de él (plustrabajo impago que genera plusvalía en la teoría del valor de Marx), lo cual, según los empresarios, es falso y es una ideología que alimenta el odio de clases y con ello la lucha de clases. De la Madrid se hizo eco de ese discurso (demagógicamente) con su lema “Renovación Moral” (y se lo reprochó Carlos Pereyra, porque era sumir la postura de la derecha ya mencionada). Hoy es la ideología de AMLO.

En su discurso, Obrador retomó punto por punto esa ideología empresarial de derecha: La falacia de que la explotación es el origen de la desigualdad económica “en México casi no aplica”. Como los empresarios dijeron siempre, el marxismo es una ideología ajena, extranjera, exógena y exótica, en México las cosas no son así. Además, como ha dicho el neoliberalismo triunfalista, el marxismo es cosa del pasado, quedó sepultado: en su discurso de campaña, dice Obrador que los académicos más “clásicos” (como “viejos”) “se quedaron” (rebasados ya) en la teoría de la explotación, pero el fenómeno real es la “corrupción”, que “los académicos no estudian”. Todas ellas son ideas falsas, pues la explotación sigue siendo le fuente de la riqueza capitalista, algunos académicos sí estudian teóricamente la corrupción[7] y además, la explotación capitalista genera corrupción, como decía Marx: la corrupción es floración habitual del capitalismo.

El discurso apologista del capitalismo y del neoliberalismo dice que en México el capitalismo neoliberal no ha generado desarrollo, no porque sea depredador, explotador y colonialista, sino porque hay políticos corruptos (el PRIAN-PRD), los que AMLO llama “mafia del poder” (algunos de los cuales hoy son aliados, candidatos y asesores suyos) y ocurre lo que Denisse Dresser, de ideología de derecha empresarial panista, llama “capitalismo de compadres”.

Es una falacia que se pueda combatir la corrupción sin atacar al neoliberalismo y al capitalismo (sus raíces, en gran medida). Es una falacia que baste con el dinero ahorrado por evitar la corrupción para mejorar la condición de las mayorías, sin tocar los intereses del capital y manteniendo el neoliberalismo (libre empresa, autonomía del Banco de México, etc.). Lo que una política así de inconsistente puede lograr es solamente una caricatura del estado de bienestar que hubo en México cuando era la forma de regulación del conflicto del capitalismo mundial, pero que hoy simplemente no existe porque el capitalismo no tiene competencia y las clases trabajadoras no oponen una política de izquierda anticapitalista. (En México las banderas anticapitalistas las enarbolan las comunidades indígenas autónomas que tienen su Concejo Indígena de Gobierno.)

Decir que el problema no es la explotación sino la corrupción es retomar una ideología de la derecha empresarial que ahora ha aceptado con los brazos abiertos a AMLO, al menos en el caso de representantes conspicuos como Azcárraga, de Televisa, y Salinas Pliego, de TV Azteca.

Acercando el lente analítico, las expectativas de cambio se reducen a niveles muchísimo menores de los que anuncian el fervor popular y los titulares de los medios de masas que hablan de que en México “ganó la izquierda”. Pero claro, para el sistema capitalista neoliberal esa es la izquierda aceptable: la que niegue que la explotación sea el problema.

El PRI, el PAN y el PRD perdieron las elecciones, pero su ideología neoliberal está intacta y ahora gobernará con las siglas de Morena; ésa es una de las razones por las que no hicieron fraude electoral a Obrador. El fraude será para quienes esperaban un cambio verdadero.

Y desde luego, es perfectamente legítima la resistencia de comunidades y organizaciones que se oponen al despojo, la explotación, la represión y el desprecio racista del capitalismo neoliberal y patriarcal, incluso si ahora significa oponerse a megaproyectos impulsados por gobiernos de Morena. Y seguramente resistirán, aun si eso implica enfrentar las calumnias y linchamientos mediáticos de los seguidores más fanatizados de Obrador.

[1] López Obrador https://lopezobrador.org.mx/2018/07/02/palabras-amlo-con-motivo-del-triunfo-electoral-del-1-de-julio/

[2] Alfonso Romo https://www.forbes.com.mx/mexico-tendra-que-ser-un-paraiso-de-inversion-alfonso-romo/

[3] Zonas Económicas Especiales https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Zonas-Economicas-Especiales-polos-de-desarrollo-I-20180305-0078.html

[4] La Jornada http://www.jornada.com.mx/2017/12/18/politica/011n1pol

[5] Víctor Toledo en La Jornada http://www.jornada.com.mx/2017/12/19/opinion/016a1pol

[6] López Obrador, video en You Tube, aproximadamente minutos 7 a 9: https://www.youtube.com/watch?v=04zqGpsr-is

[7] Estudios en la UNAM sobre la corrupción http://www.gaceta.unam.mx/20180604/la-corrupcion-se-extiende-en-forma-similar-al-cancer/
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