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17 de octubre de 2019

La Tchame, la danza urbana de Gabón.

Por: Lídia Martos / Wiriko.

En Gabón, los ritmos más bailados son el hip hop o el afrobeats, la música nigeriana que ejerce una gran influencia dentro y fuera del continente africano. Esto explica que después de haber quemado las pistas con el Bôlô, el Jazzée, el Ndem, el Affro Mabe y la Zyeute dance los escenarios dejen paso a la Tchame o también conocida como Ntcham. Esta es la danza urbana que los últimos años se ha extendido desde los bares y calles del barrio de Akébé de Libreville, a los distintos espacios cotidianos y festivos del resto del país. Y a ella le dedicamos la pieza de hoy.

Crazy Designe Danse Gabon, los referentes gaboneses de la Tchame en internet. Fuente: YouTube.
La Tchame se crea en 2013, en un escenario político que confronta a diversos sectores de la población:
  • A nivel económico, el 20% de la población gabonesa está en paro, cuyo 35% representa los/as jóvenes. Esto lleva a la población a cuestionar la distribución de las ganancias en la venta del petróleo.
  • A nivel social, la censura hacia artistas de hip-hop se multiplica y las prometidas reformas en la educación no hacen más que aplazarse.
  • Por último, a nivel artístico y cultural, el presidente Ali Bongo, ignorando las danzas urbanas creadas por los y las jóvenes gabonesas durante los últimos años, priorizó apoyar durante el primer Festival Internacional de Libreville danzas extranjeras como la samba brasileña. Dicha elección fue promovida por intereses políticos del gobierno y costó más de 5 mil millones de CFA (7,5 millones de euros) a los/as gabonesas.
La Tchame nace pues, en un contexto crispado sobre todo entre la población juvenil. Así, puede entenderse que en sus orígenes tchame significara “enfrentamiento” o “pelea” en argot juvenil. Es por ello que se trata de una danza que simula gestos de combate, como por ejemplo: patadas, puñetazos, posiciones de defensa y amenazas al ritmo de músicas generalmente lentas. Giggaboy, bailarín gabonés residente en Accra (Ghana), nos explica que en Gabón: “En el proceso de creación, elevar los puños y simular golpear algo fueron los movimientos esenciales para la inspiración del nombre de Tchame”.

No obstante, en cuanto a las influencias de los movimientos, el bailarín gabonés nos comenta que: “De hecho, la Tchame teje enlaces y mantiene movimientos enérgicos de base que antes de ser desarrollados, están más cerca de la salsa cubana y del deporte de combate Kick boxing japonés que de otras danzas gabonesas”. Lo cual cobra sentido por las relaciones del gobierno gabonés en términos de salud con Cuba que es evidente por la presencia de médicos/as cubanas en el país, y las relaciones de cooperación económica entre Japón y Gabón así como el cada vez más presente cine japonés.

Giggaboy: “Todo el mundo siempre me ha conocido como bailarín de Bôlô, que fue mi primera pasión, de Krump y de Hip-hop Ballet Coreografiado”.

A partir de estas influencias exteriores pero con la elaboración local: “La originalidad se encuentra en los ghettos de las ciudades, en manos de jóvenes sin recursos que no conocemos. Después, artistas que tienen el poder de mediatizarlo se aprenden los pasos y se apoderan de ellos, muchas veces ignorando los nombres originales”, nos cuenta Giggaboy expresando su decepción en los procesos de descontextualización. Él defiende que los pasos y las danzas nacidas con una intención concreta en Gabón deben de mantenerse siempre vivas.

Por esta falta de medios, dicho proceso de construcción es silenciado durante un año desde su creación. No es hasta el 2014 que la Tchame se populariza a través del artista gabonés J-Rio llevándola a las pantallas. Se trata de un proceso que repite, pues él también asumió la divulgación del Ndem. El cantante visibiliza los movimientos en el videoclip de “La Mini-Nga” con la actuación de un niño con una expresión muy seria y, pocos meses más tarde, mediante el desafío viral “Ntcham Video Challenge” dónde gaboneses y gabonesas de distintos rincones del mundo bailaban la Tchame.



No obstante, “El movimiento de la Tchame no es demasiado conocido alrededor del mundo. Cabe decir que además está aún en desarrollo, es una danza que puedo afirmar que cada dos o tres meses cambia y evoluciona muy rápidamente por la simple razón que los gaboneses crean movimientos y pasos cada instante. La inspiración es muy fuerte”, relata el bailarín residente en Accra mostrando una sonrisa de orgullo.

Esta situación se debe a que, por una parte, muchos/as gaboneses/as de la diáspora, especialmente los/as bailarines/as, no acostumbran a practicar la Tchame como danza completa y variada, sino como un único paso a pegar en coreografías hibridas. Así, la diáspora es cómplice a menudo de la corta vida de las danzas urbanas gabonesas. Por otra parte, esto les lleva a olvidar la constante regeneración de los bailes urbanos, ya que: “las modificaciones se comparten en los bares y las discotecas. De hecho los bares en Gabón han sido siempre los espacios de encuentro de los jóvenes de las calles” declara el bailarín.

Al corriente de las nuevas creaciones, Giggaboy, en representación de una parte de la diáspora gabonesa dedicada a la danza, expresa: “Es cierto que los gaboneses ponen el peso de la promoción de las danzas en la diáspora, y personalmente es por ello que actualmente trabajamos en ello. En Ghana estoy teniendo el placer de compartir con algunos profesionales de la danza la riqueza artística de mi país, y es así como me gustaría seguir para hacer notar la identidad gabonesa entre la efervescencia del Azonto”.

Asimismo, con ejemplos como Giggaboy en Ghana y demás profesionales de la danza en otros continentes, los bailes y la identidad artística gabonesa encontrarán un lugar entre las pistas.

10 de octubre de 2019

Orquesta Lemma, las mujeres del desierto que suman su energía femenina a sonidos de trance para sanar el alma.

Por:

El guembri, un laúd tradicional originario del norte de África, estaba prohibido para las mujeres, y empuñar uno significaba desafiar la tradición y la familia. Sin embargo, existen contiendas en las que por valentía de la parte más brava ganan todos. En el caso de Argelia, estas fueron libradas por las saharauis argelinas Souad Asla y Hasna El Becharia —la rockera del Sahara—, que decidieron revolucionar el mundo de la música Gnawa y sumar su energía femenina a sonidos de trance que sanan el alma. Ahora, Souad Asla vuelve al ataque con la Orquesta Lemma, en la que junto a otras doce mujeres del desértico sur argelino, conquistan escenarios de todo el mundo con una labor tanto revolucionaria como sanadora.
La banda transgeneracional de mujeres reclutadas en las fronteras del Atlas y el Sahara, en el sur de Argelia, recoge el bagaje de Souad, que ha llevado su música a hospitales psiquiátricos, a talleres para mujeres y diferentes terapias artísticas en Francia, y vuelve al origen de su arte para darlo a conocer al mundo. El grupo, formado exclusivamente por mujeres de entre 23 y 74 años, eran celebridades en bodas y ceremonias populares, pero nunca habían estado en un escenario profesional y nunca habían tocado juntas. Lejos de esposos e hijos, en el desierto, realizaron una residencia para preparar su viaje y adaptar su alegre trance a las escenas occidentales sin traicionar la mística sahariana. Así, llevan meses ganándose el respeto no solo del público occidental, sino también de sus padres, maridos y hermanos.
Souad Asla y Hasna El Becharia
“Me di cuenta de cuánto esta herencia es parte de mi identidad y cuánto extraño esta energía femenina”, explica Souad Asla en una entrevista. “Quería mostrar a estas mujeres argelinas tan libres, tan serenas y orgullosas de nuestra cultura en el escenario. Es paradójico, porque viven en una región conservadora, pero en ellas hay una libertad que no he visto en ningún otro lugar. Después de la música, hablan de su vida, sexualidad, política. Y en el escenario, son libres! Por otra parte, quería reunirlas también porque, lamentablemente, esta música ancestral está desapareciendo, lo veo en cada viaje a Argelia”.
En octubre del año pasado Souad Asla y la orquesta Lemma publicaron un álbum debut (editado por Buda Musique), y desde entonces, la banda de chicas del desierto ha hecho alarde de sus habilidades nómadas y de su cultura paseando sus canciones por algunos de los escenarios con mejor paladar de la escena musical occidental. Cuanto tardarán en pisar escenarios españoles es solo cuestión del apetito de programadores y de público. Desde Wiriko, esperamos abonar tanto como sea posible el terreno para alimentar bien las apetencias.

1 de septiembre de 2018

Aretha 1942-2018.

Por: Mumia Abu-Jamal / Radio Zapote.



Con un nombre inconfundible, ella nació para ser una leyenda musical.

Aretha. Nacida el 25 de marzo, 1942, en Memphis, Tennessee, ella creció en Detroit, la hija del predicador Cecil L. Franklin, famoso por su coro de góspel entre otras cosas.

Ella nació en un mundo hecho y movido por la música.

Su padre le enseñó la sincronización y el fraseo.  Pero la precoz Aretha aprendió a edad temprana que su voz, con su puro, incesante tono ascendente, podría tumbar muros y abrir corazones.

La llevó al Salón de la Fama del Rock and Roll en 1987. Por lo menos cinco de sus muchos grandes éxitos se han convertido en clásicos.

“Respect”. “I Never Loved a Man”. “Freeway of Love”. “Share your Love with me”. “Something He Can Feel”.

En su carrera incomparable, ella tuvo 20 éxitos número uno, desde “Respect” y “I Never Loved a Man” en 1967, hasta “Freeway of Love” en 1985.

Pero sus seguidores la amaban como una familiar. Y realmente no importaba su rango en las listas.

Ella cantaba con absoluta emoción conmovedora y captaba corazones de cerca y de lejos.

Su voz –su regalo–, sonaba como una campana en la noche.

Pero su luz no sólo brillaba en el escenario. En una reciente entrevista ella se describió como una diosa doméstica. ¿Y cuál trabajo es más difícil que criar a niñas y niños negros en Estados Unidos. Como una madre negra, era en verdad una diosa que reinaba sobre los ritmos de vida y amor en casa.

El hecho de que una mujer negra, originaria del Sur con su segregación racial, se volvió la Reina del Reino de Música y una diosa en casa, no es poca cosa.

Ella era, es, y siempre será Aretha, quien iluminó y enriqueció los corazones de millones en todo el mundo. Ha regresado al coro celestial después de 76 veranos de vida en la tierra.

Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.
–©’18 MAJ
17 de agosto de 2018

Audio grabado por Noelle Hanrahan, www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México

Respect  https://www.youtube.com/watch?v=v4f22xl6Bvg

I Never Loved a Man https://www.youtube.com/watch?v=tAujPhoZyJo

Freeway of Love   https://www.youtube.com/watch?v=Ip_pjb5_fgA

Something He Can Feel  https://www.youtube.com/watch?v=Fj8pY4IFoeU

Share your Love with Me   https://www.youtube.com/watch?v=sJhYpC_FRlI

10 de febrero de 2013

Gerardo Peña, “El Meñe”. Un gran trovador, comprometido.

Empiezo este artículo con una petición, algo así como una carta a los Reyes Magos; a ver qué nos traen.

Querido Meñe:

Esperamos un nuevo disco, con las canciones inéditas que tengas por allí y que contenga tus composiciones originales para la obra de teatro Los Diputados (que disfrutamos mucho este 2012 en el Teatro Helénico, en el D.F., con las maravillosas actuaciones de Paulo Sergio Galindo y Darwin Enaudí); algo que pudiera incluir fotos de las obras en las que has participado o para las cuales has creado música. Un disco quizá muy al estilo de Lo más teatral del Meñe, o El Meñe inédito y teatral; con videos, fotos, dibujos y textos, o lo que se te ocurra. O, ya de plano, lo que nos quieras compartir; pero no nos hagas esperar mucho.

Mientras tanto, permíteme compartirte, compartirles a tod@s, este humilde comentario sobre tu carrera y creación musical, y sobre tu último disco: Corte de Caja.

Aquí va.

Existen muchos cantautores de la llamada trova contemporánea. Muchos con gran talento. Otros sin nada nuevo qué proponer, estancados en el estilo de Silvio Rodríguez, Pablo Milanes y otros cantantes consagrados de la Nueva Trova que han sido muy queridos por todos nosotros; pero, repetir fórmulas sin ser el autor de la receta, suena falso y carente de imaginación.

Hay y han habido cantautores reconocidos, muchas veces sin mérito alguno, como aquellos que sólo por tocar una guitarra como si estuvieran en una peña, o en el baño o  en la sala de su casa, con acordes simplones y cantando canciones de Flans en guitarra, son escuchados, promovidos, se venden y falsamente se dicen trovadores. Hay otros reconocidos y buenos; pero, hay un cantautor que, creo yo, no ha sido reconocido en lo que vale: Gerardo Peña, El Meñe, quien tiene una trayectoria musical de más de 30 años.

Según su página en MySpace, Gerardo Peña nació en Hermosillo, Sonora, México. El Meñe, como le decimos de cariño, cursó estudios profesionales de música en la Universidad de Sonora, la Escuela Superior de Música del INBA, la Escuela Nacional de Música de la UNAM y con maestros particulares; ha sido compositor desde los 15 años de edad e inició sus actividades artísticas en 1978 con el grupo musical Malasangre. Además, ha combinado su trabajo artístico con la docencia al haber sido maestro de música en Sonora y el Distrito Federal.

Sus canciones han recibido premios nacionales e internacionales y han sido grabadas por José Feliciano, Eugenia León, Dulce, Mexicanto, Alejandro Filio, Alejandro Santiago, Silvina Tabbush; entre otros. Ha escrito música para cine, teatro y televisión; en 1997 fue nominado para una Diosa de Plata por la música de la película El amor de tu vida, S.A. Se ha presentado en foros de Estados Unidos, Nicaragua, Guatemala, Honduras, Argentina, Cuba, España, Alemania y una gran parte de la República Mexicana.

El Meñe festejó sus primeros 30 años de trayectoria produciendo Corte de caja, un disco con una recopilación que no diría yo que lo es de sus mejores canciones; por la sencilla razón de que sus buenas canciones son muchas y varias de ellas quedaron fuera del disco. Es más bien un disco con las canciones más gustadas o pedidas por el público, como él mismo lo dice, y también con las canciones que quizá le significan más al propio Gerardo, las grabaciones que más le dicen algo; por eso no tiene empacho por incluir "grabaciones que tienen deficiencias de origen en la calidad de su audio, ya que son antiguas, y tomas en conciertos que fueron grabadas sin saber que algún día estarían en un disco". Nos enseña "grabaciones incluso de caset", nos abre generoso su clóset de vivencias y recuerdos ("consideramos que transmiten mucho de lo que hemos vivido al momento de cantarlas para ustedes"), de experiencias y andanzas donde da voz a lo que cualquiera de nosotros quisiera decir, nos pone su alma desnuda, descubierta, a la vista de los demás: "salgo a dejar mi alma bichi por la ciudad", como canta en Muy a gusto, una de mis canciones favoritas del disco.

Corte de caja incluye temas de toda su historia musical. De cuando tocaba con los grupos Malasangre y Tránsito, de su primer CD como solista: El Tren (1996) y de los discos que le siguieron: Nada (1998), Torre de Babel (2001), Empeñado (2003), Canciones de coyotes (2006) y Flores (2009). En fin, que vamos viendo en el orden cronológico de las canciones en el disco, la propia evolución musical de Gerardo. Se ve, por ejemplo, en Sombra soy, una influencia muy marcada de la trova de las décadas de los 60's y 70's y, como con Los Folkloristas, un estilo muy acústico con coros muy bien hechos donde resalta la buena voz de un Gerardo con un estilo todavía no muy definido, o cómo en Constante amor se va definiendo ya un estilo de cantar dulce, muy original y a la vez versátil, que lo mismo da para cantar una balada que un rap.

Su música y sus arreglos tienen en su estilo excelentes fusiones de ritmos que pasan por la balada, el corrido, el rock, el funk y otros ritmos que, inclusive, de lo bien mezclados que están, no pueden ser definidos en algunos casos; es decir, que hay canciones en las que no se puede decir que está cantando una balada o un rock, o un rap, o una norteña y, sin embargo, allí están los ritmos en un rico coctel. Hay otras canciones en las que es clara la influencia musical o está bien definido el género que toca, como en  Las morras, un blues muy animoso, o se ve por dónde va la investigación musical que realizó, como en Escúchame, donde El Meñe, como en otras de sus letras, no sólo habla de amor (que lo hace muy bien), sino que da muestra de influencias literarias como Cortázar o Malú Huacuja del Toro, o, como en Autopsia, donde nos muestra que algunas de sus canciones son temas de obras de teatro.

Compositor versátil también en cuanto a su temática, El Meñe nos habla lo mismo de la migración, la ciudad de México, las agitaciones y las presiones de la vida cotidiana y la necesidad de un rato de esparcimiento, que del abandono que podemos hacer de seres que muchas veces utilizamos, como en la canción Los Abuelos. Nos habla, también, de la lucha de las mujeres por una vida más equitativa y digna, de grandes causas, de luchas sociales, de gente aguerrida. Y, desde este punto, las canciones de Gerardo Peña son revolucionarias, con una fuerte postura política hacia las causas dignas y justas, dan voz a problemas que nos atañen y lastiman, tienen un espíritu libertario, un amor carnal; pero, también, un amor a la vida y a los seres humanos. Son canciones llenas de amor, hechas con amor.

Y, hablando de amor, una agradece la generosidad y sencillez de Gerardo, quien en lugar de poner únicamente canciones con letras o arreglos musicales suyos, se da el chance de compartir e incluir temas de otros compositores, como León Mayoral o la canción El Gigante, donde canta con contemporáneos suyos como El Mastuerzo y Fernando Delgadillo. Es decir, que como en toda celebración, este es un disco para compartir, donde saca lo mejor para ofrecer y se saborea con los cuates.

En fin, escuchamos en Gerardo Peña una trova nada convencional que no imita, auténtica y con letras inteligentes y comprometidas con su tiempo y con el mundo; vemos a un cantautor que debiera ser más reconocido e impulsado en su carrera, pero al que le agradecemos no entrar al juego mercantil y capitalista que muchas veces limita a los cantautores volviéndolos un producto en serie, y se lo agradecemos porque nos permite escuchar siempre a un Meñe diferente, con un estilo muy particular y propositivo.

Sólo le reprocho a este disco, Corte de Caja, que no haya incluido la canción Grita del disco Empeñado, pues, me recuerdo preparándome para alguna marcha tarareándola, y me parece que es una de sus mejores composiciones; pero, como él dice: "ni modo, para la otra".

Ya para despedirme, cuento una anécdota. Recuerdo a Gerardo Peña con su armónica en una obra: El camino rojo a Sabaiba de Óscar Liera, dirigida por Sergio Galindo, haciendo el papel de El Hombre Que Lo Explica Todo; siempre con su armónica. Así lo queremos ver siempre, teatral y musical, sencillo y complejo, comprometido con su quehacer artístico y con el mundo.

Le mandamos un saludo y buenas vibras para lo que sea que tenga en mente emprender, y, ojalá, nos dé gusto con la noticia de una nueva producción discográfica o, por lo menos, con el aviso de una visita con motivo de un concierto en estas tierras chilangas, así como estuvo reciéntemente por las tierras del Mayab... bueno, no muy así: que acá no sólo sonorice las obras de la Compañía Teatral del Norte, que también cante algo en vivo.

Pero bueno, al tiempo.

Mucha Lucha.

5 de mayo de 2010

Entre "Vinagre y Rosas" o de ingenuos y borrachos.

Esta entrada estaba pensada inicialmente para comentar el disco Vinagre y Rosas del español Joaquín Sabina, "El Flaco", a quien sabemos claramente identificado con proyectos de izquierdas. Sin embargo, en vista de lo sucedido las últimas semanas, además de hablar del disco me haré ciertas preguntas; las más de ellas retóricas. Pero, como dijera Jack "El Destripador", vámonos por partes .

Tras cuatro años de "mutis" del cantautor, el 17 de noviembre de 2009 salió a la venta el disco Vinagre y Rosas, cuyo título, al igual que el de la canción que encabeza el disco, Tiramisú de limón, habla de dualidades, de combinaciones agridulces, de encuentros y desencuentros, de amor, desamor y de pedazos y retratos importantes de la vida del cantautor. Así lo vemos, por ejemplo, en la canción Ay! Carmela, dedicada a su hija.

En esos fragmentos importantes, reconocemos piezas musicales que quizás le signifiquen algo al "Flaco", como el final de Virgen de la Amargura, donde claramente se escuchan los acordes de Norwegian Wood, de The Beatles, o la Habanera de la ópera Carmen, utilizada en Blues del Alambique (un destilado aromático procedente de frutas fermentadas).

Asociado con su amigo el escritor Benjamín Prado, que venía de un desengaño amoroso, escriben diez letras que con todo y que están hechas a cuatro manos tienen sobre todo el estilo de Sabina. Una de las canciones la escribe Luis García Montero y otra el mismo Sabina sobre la base de la canción La carta, de Violeta Parra.

En este disco se vuelve a hacer acompañar de sus viejos compañeros y complices, los guitarristas Pancho Varona y Antonio García de Diego, y por allí vemos que Joan Manuel Serrat hace coros en Tiramisú de Limón. Esta canción, con el nombre de un delicioso y clásico postre italiano (que puede ser de diferentes ingredientes, como el chocolate o el limón), es fiel a la propuesta del disco: el amor es sabroso, pero siempre estará cerca del dolor. Comienza acústica y con un acordeón nostálgico en la interpretación de Cesar Pop y se transforma en un rock... lo que nos recuerda lo dual del disco: agrio y dulce.



Este disco parece un poco una degustación gourmet de vinos, salado, agrio, dulce, flores, donde Sabina es el anfitrión con su traje entre formal y desfachatado.

Es interesante saber que Viudita de Clicqout (título que hace un juego de palabras con el nombre de una deliciosa bebida, el champagne francés Veuve Clicquot), una balada rock bluseada es, podría decirse, una autobiografía donde Sabina quizá nos habla de sus andares por París y de su activismo político, al recordar el Mayo Francés.

Aquí entramos en el tema escabroso de éste choro: la carga política y aguerrida de algunas letras de Sabina, como Cristales de Bohemia, una canción con acordes sencillos pero justos donde no pude evitar pensar en, además de las decepciones amorosas, la Primavera de Praga, o la canción más politizada del disco: Violetas para Violeta, un homenaje a Violeta Parra, un recordatorio a la recientemente fallecida Mercedes Sosa y un "no olvidamos" respecto a los crímenes del régimen pinochetista.

Pero sucede que escuchando esta letra, recordando a Violeta Parra y trayendo a la memoria otras letras de Sabina, no puedo dejar de pensar en, por ejemplo, que el lunes 12 de abril Sabina considerara a Calderón un ingenuo por plantear una "batalla al narcotráfico" que, dijo, nadie puede ganar: "Todos los gobernantes del mundo y los centros de poder, saben que antes o después tendrán que hacer algo que se llama legalización", y que inclusive agradeciera a su viejo amigo “El Nano” Serrat que no hubiera venido esta vez, porque así no tendría que comer con el presidente; para, después: el lunes 19 de abril, en punto de las 2:30 de la tarde, comer y echarse unos tequilas con Calderón y Gómez Mont en Los Pinos, en compañía del mariachi de la Secretaría de Marina, y salir diciendo: "el ingenuo he sido yo".

¿Qué pasa con Sabina? ¿Por qué la contradicción? ¿No es esto un traicionarse en el discurso con el accionar? ¿Qué diría la misma Violeta Parra? Pienso en el poema de Nicanor Parra Defensa de Violeta, que cantara Mercedes Sosa:
Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente.

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis

Parece ser que a Sabina no sólo no le cierran las puertas los secretarios, sino que un presidente que oprime a su pueblo, que violenta los derechos humanos, espurio, de derechas, le abre hasta la puerta de Los Pinos para que Sabina salga de allí contento: "Cantamos de todo: Ella, Ojalá que te vaya bonito, Y nos dieron las 10…" Dicho en otras palabras, la pasó bien con los opresores, con los que permitieron las vejaciones y violaciones en Atenco, con quien dijo que Ernestina Ascención había muerto de gastritis, con quien permitió y propició que éste país se convirtiera en un campo de batalla y de violencia por su estúpida guerra contra el narco... se la pasó muy bien.



De poco sirve que dijera después: "Yo sigo opinando lo que opinaba y el presidente también"; al contrario, con ello hasta pinta el encuentro como una muestra de lo democrático que puede ser quien reside en Los Pinos al reunirse con quien piensa distinto a él. Pero las acciones hablan más que las palabras; palabras, las suyas, que habían suscitado controversia y que a Calderón no le convenían porque significaban que una persona con la convocatoria y la calidad moral de Sabina lo cuestionara públicamente. Había que callarlo y Calderón, como buen alumno del PRI, lo hizo de la mejor manera: demostrando que todo se puede corromper y que al calor de unos alcoholes un discurso y una creencia son fácilmente intercambiables.

Este 4 de mayo, cuarto aniversario del crimen de Estado que los tres niveles de gobierno detentados por los tres partidos mayoritarios en el país cometieron en San Salvador Atenco, Sabina dijo en el concierto que ofreció en Mérida: "a la mierda con la ley antiinmigrantes". A la luz de todo esto, no se necesita ser brujo para adivinar que bastará con que la gobernadora Jan Brewer le invite a refinarse con ella un licorcito de sahuaro en su casa o en el 1700 de West Washington, en Phoenix, para que el cantautor andaluz termine diciendo: "el que se va a la mierda soy yo".

14 de febrero de 2009

Les Luthiers - Bolero de los Celos

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