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13 de septiembre de 2018

CECOP, cuando las milpas no espigan.

 

Por: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.


En memoria de doña Euología Ortega Carlos
quien falleció este sábado en Ayutla de los Libres a los 55 años.
Al mismo tiempo que luchó incansablemente contra el cáncer
se unió a sus hermanos Elocadio, Meliton y Hermenegildo
para exigir la presentación de su sobrino Mauricio Ortega Valerio,
uno de los 43 estudiantes desparecidos de Ayotzinapa,
miembro del pueblo me’phaa y originario de Monte Alegre
municipio de Malinaltepec.

El drama que las autoridades no les interesan atender es la crisis agrícola que enfrenta los productores del campo, que desde 1992 fueron avasallados por el poder presidencial, cuando Carlos Salinas de Gortari impuso su reforma al artículo 27 de la Constitución Política.

Esta reforma sentó las bases de la privatización de los territorios comunitarios. Por decreto se abandonó a los campesinos pobres y se impulsaron programas orientados a legalizar el despojo y a debilitar la organización de los núcleos agrarios. De manera arbitraria se dio por concluido el reparto agrario y se impulsó un modelo de explotación capitalista fincado en el extractivismo, en lugar de apostarle a la autosuficiencia alimentaria.

La visión empresarial de los gobiernos neoliberales hizo más rentable la importación de granos, que incentivar la producción de los pequeños productores. La reconversión de campo al capital transnacional fue desmantelando la economía comunitaria. Se crearon nuevas instituciones para darle prioridad a los mega proyectos que con el tratado de libre comercio adquirieron un estatus jurídico que les permitía explotar a gran escala los bienes naturales de los pueblos originarios.

Lo importante es la apropiación del territorio para realizar inversiones de largo plazo, lo irrelevante son ahora los indígenas y campesinos pobres que han cuidado celosamente a la madre tierra. El gobierno los borró del mapa y los utilizó solo para obtener la autorización en el cambio del uso del suelo.

La Procuraduría Agraria (PA), está muy lejos de ser una instancia que defienda los derechos de los pueblos indígenas y del campesinado. Su diseño institucional esta más bien volcado para suplantar a las autoridades agrarias a quienes se les da un rol secundario como simple representantes del núcleo agrario. Poco a poco esta procuraduría ha ido tomando el control para la realización de las asambleas, mediatizando las demandas legitimas de los titulares de estos territorios. La PA es la punta de lanza para convencer a ejidatarios y comuneros de las bondades que traen los megaproyectos impulsados por empresas trasnacionales.

El caso de La Parota es un claro ejemplo de cómo la Comisión Federal de Electricidad, la PA, la SEMARNAT y otras dependencias del ramo se unieron para imponer la hidroeléctrica en los Bienes Comunales de Cacahuantepec. Realizaron asambleas espurias, utilizaron la fuerza pública para impedir que comuneros opositores a la presa participaran en las asambleas, cometieron una serie de irregularidades en los procedimientos con el fin de garantizar la aprobación de la hidroeléctrica y llegaron al extremo de criminalizar a sus líderes y encarcelarlos, para desmovilizarlos.

Los campesinos opositores se vieron obligados a conformar el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa La Parota (CECOP), para resistir los embates de los tres niveles de gobierno. Pelearon en las calles y al interior de sus Bienes Comunales para impedir el atraco y nulificar las asambleas en los Tribunales Agrarios. Con la ley en la mano, derrotaron al gobierno federal.

El mismo ex Relator Especial para pueblos indígenas de la ONU Rodolfo Stavenhagen recomendó al Estado Mexicano que se respetara la libre decisión de los comuneros de no permitir la construcción de la presa, por su inviabilidad social, económica y ambiental.

Han sido quince años de lucha tenaz, de dar la batalla a brazo partido, de enfrentar a un gobierno represor que se ha empeñado en doblegar al CECOP criminalizando su lucha y generando divisiones para desgastarlos internamente alentando la confrontación entre los grupos. Lo que pasó en la comunidad de la Concepción, municipio de Acapulco el 7 enero fue el desenlace de un conflicto anunciado tanto por las autoridades del estado con sus operadores políticos en la región que trabajan coordinadamente con empresarios que han promovido la creación de grupos de choque para desafiar al CECOP y a la Policía Comunitaria que operaba en la Concepción.

Los saldos sangrientos de esta refriega fueron de 6 personas asesinadas del grupo del comisario apoyado por los empresarios gravilleros y dos elementos de la Policía Comunitaria de la Concepción. Las autoridades del estado en lugar de haber prevenido esta tragedia no solo permitieron que se consumara, sino que se abalanzaron contra los miembros del CECOP y en un ostentoso operativo de policías estatales y ministeriales, llegaron a la comunidad, no para restablecer el orden, sino para accionar sus armas y cobrar venganza.

En este operativo ejecutaron a 3 miembros de la Policía Comunitaria, detuvieron y torturaron al líder histórico del CECOP, Marco Antonio Suasteguí, realizaron detenciones y cateos ilegales y trasladaron a más de 30 campesinos del CECOP, acusados inicialmente de delitos contra la salud. Esta acción delincuencial de las policías se consumó con el encarcelamiento de 25 campesinos quienes, al ganar un amparo, la Juez ordenó reponer el proceso de la audiencia inicial en donde fueron liberados dos personas y siete más en la audiencia de vinculación.

Los vicios reproducidos en estas detenciones salieron a relucir en el nuevo sistema de justicia penal. Se ha logrado demostrar que se fabricaron pruebas y testimonios y que se practicó la tortura, así como tratos crueles, inhumanos y degradantes en varias de las detenciones. Lo que se esperaría de las autoridades encargadas de investigar estos delitos es que sus actuaciones se apegaran al debido proceso, sin embargo, después de que se logró la liberación de los compañeros la policía ministerial ha emprendido una ferrea persecución contra los miembros del CECOP.

Actualmente mantienen un aparatoso operativo en las principales entradas a los bienes Comunales de Cacahuatepec como Las Chanecas, San Pedro Cacahuatepec, Las Palmitas, Tasajeras, San Isidro Gallinero y La Concepción. Con lista en mano revisa de manera ilegal a todos los campesinos que salen o entran a los Bienes Comunales. Más de 80 elementos recorren la zona.

Recientemente policías ministeriales catearon de forma ilegal el domicilio de Clemente Cabrera Benítez, destacado miembro del CECOP en la comunidad de Tasajeras y se lo llevaron detenido. El 4 de septiembre detuvieron en San Isidro Gallinero a Tomás Cruz Valeriano de la comunidad de Ilamos, los dos cuentan con una orden de aprehensión por el delito de daños y despojo que derivan de acusaciones infundadas y pruebas fabricadas.

La Fiscalía ha liberado más de 50 órdenes de aprehensión contra igual número de comuneros del CECOP, cuyo delito ha sido defender sus tierras y sus bienes naturales como el Rio Papagayo que es explotado irracionalmente por los empresarios gravilleros. Desde hace una semana la policía estatal y ministerial mantiene prácticamente sitiado los Bienes Comunales de Cacahuatepec con el objetivo de desmantelar al CECOP y diezmar su lucha histórica.

Las acciones de la Fiscalía General de Guerrero es una clara expresión de la persistencia del Estado de seguir criminalizando a los defensores comunitarios del CECOP. Es evidente el uso faccioso del aparato de justicia para desmantelar la organización y resistencia de los campesinos en su defensa de su territorio y bienes naturales.

La perversidad del poder no solo se enfoca en encarcelar a los campesinos que defienden su tierra, saben perfectamente que con esta acción causan graves daños a su familia y a las mismas comunidades. En lugar de dedicarse al trabajo de sus parcelas y huertas tienen que desgastarse en todos los sentidos para luchar por la libertad de los detenidos, su dependencia económica se sustenta de lo que siembran en sus parcelas.

Si la milpa no espiga es porque el gobierno los encierra para que dejen de amar su tierra. El peor castigo para el campesino y para sus familias, además de la cárcel es violarles el derecho a seguir siendo campesinos y a vivir del fruto de su trabajo.

En esta temporada de cosecha, no espigaran las milpas, ni habrá fiesta en los bienes comunales de Cacahuantepec porque el gobierno se obstina en darles trato de delincuentes a los campesinos que se han atrevido a empuñar su acero para defender sus tierras.

Su consigna de que ¡la tierra no se vende, se ama y se defiende! les ha costado muy caro. Porque han cancelado durante estos quince años la presa La Parota descarrilando los planes de los grandes empresarios, de transformar el rio Papagayo en un jugoso negocio para amasar fortunas a cambio del desplazamiento forzado de los campesinos y su confinamiento a las periferias del Acapulco violento.
Demandamos el cese de la persecución contra miembros del CECOP; el retiro de los retenes ilegales que mantiene la policía ministerial. Que cesen los cateos ilegales a los domicilios de los miembros del CECOP. Que se cancelen las órdenes de aprehensión infundadas y pare el uso faccioso del aparato de justicia contra los campesinos que defienden el territorio.

¡Libertad inmediata a los presos del CECOP!

31 de julio de 2018

De la resistencia al germen de la autonomía: los campesinos opositores a la presa La Parota.

Por: César Enrique Pineda / Memoria.

Una marea campesina se arroja sobre la asamblea que les despojará de sus tierras comunales, en un lugar llamado Cacahuatepec. Es 2005 y algunos calculan que son tres mil, otros, incluso, siete mil. Como sea, es una pequeña insurrección en Guerrero, en el municipio de Acapulco, a orillas del río Papagayo que servirá -según los planificadores gubernamentales-como el afluente para uno de los proyectos de represa hidroeléctricos más grandes del planeta.  La multitud campesina lleva machetes, sombreros y una indignación vuelta rabia por la asamblea a la que no fueron convocados y que ese día pretende decidir el destino de las tierras para el megaproyecto. La movilización y lo aguerrido de sus integrantes asombra y asusta a sus contendientes en el conflicto. Muchos policías dejan sus lugares debido a la peligrosa visión de los campesinos enardecidos rodeando por completo el lugar. Algunos de los ejidatarios a favor del proyecto corren despavoridos, tirando las sillas; otros más tratan de saltar los cercos del lugar. Incluso, cuando los cuerpos policiacos apuntan con armas de fuego a la multitud, las mujeres los enfrentan a gritos, sin miedo. Uno de sus líderes, Marco Antonio Suástegui resume bien dicha rebeldía en un foro en la Ciudad de México:
“La tierra no se vende, no se puede comprar algo que no está a la venta (…) no vamos a ceder ni un centímetro cuadrado de nuestra tierra, ahí están enterrados nuestros muertos, ahí nacimos y ahí nos vamos a morir; no queremos morirnos en las grandes ciudades como si fuéramos animales, somos seres humanos. Ellos nos han dicho indios guarachudos que apestan; sí, seguramente somos indios guarachudos y a lo mejor apestamos, pero tenemos algo que se llama dignidad y esa no la van a comprar con su cochino dinero.”
Es México, es Guerrero, son los campesinos rebeldes del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota, el CECOP.

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PROYECTOS MONSTRUOSOS

A inicios del año 2003, como en numerosos conflictos en toda América Latina, incluyendo México, las máquinas de la construcción entraron a las tierras de los Bienes Comunales de Cacahuatepec para el asombro de los campesinos, ejidatarios  y habitantes de las comunidades de la región que desconocían en absoluto que sus tierras serían inundadas, sus pueblos desaparecidos o afectados y que sus vidas cambiarían por completo por el proyecto hidroeléctrico “La Parota”.

Durante varias décadas los proyectos de represas, sean para la transformación de la infraestructura de riego, de regulación de los afluentes o bien para la producción energética, han sido símbolos de desarrollo, poder estatal, inversiones gigantescas y abrumadora tecnología ingenieril. Los proyectos hidroeléctricos han sido presentados de manera sistemática como elementos del interés común o del proyecto nacional por políticos, burócratas, técnicos e industriales.  En especial, los proyectos de desarrollo hidráulico a gran escala constituyen uno de los verdaderos dogmas de las políticas económicas porque reúnen varios de los elementos que definen al llamado “desarrollo”: control del orden natural ecosistémico hacia su domesticación, alta tecnología, cambio productivo, creación de empleos, pero en especial, planificación sobre pueblos y territorios para su reordenamiento y resignificación hacia la prosperidad y la bonanza.

La promesa del desarrollo de los proyectos hidráulicos oculta las relaciones asimétricas de poder y el alud de críticas hacia proyectos que poco o nada integraron los costes sociales y ambientales dentro de sus ambiciosos planes de transformación y construcción. Después de innumerables proyectos de represas en prácticamente todo el sur del mundo se pueden sintetizar algunas de sus aristas más riesgosas: despojo de tierras comunales desfondando la base material de las economías de subsistencia, desplazamiento forzado que implica la erosión e incluso destrucción de tejidos comunales, saberes comunitarios, identidades étnicas que a su vez terminan en empobrecimiento o nuevas relaciones de dependencia política y económica para los desplazados. En suma, destrucción de modos de vida y pensamiento.

Por otro lado, el represamiento provoca desertificación de tierras, cambios radicales de los ecosistemas de manera irrecuperable, limitan el suministro de nutrientes río abajo y acumulan sustancias tóxicas como biocidas, detergentes y desechos industriales. Las plagas son comunes  y reducen el tiempo de vida útil del agua estancada. Extinción de especies, deforestación, emisión de gas metano producida por la descomposición de la materia verde inundada; todo reunido, significan verdaderas catástrofes.

Quizá por ello sea entendible la férrea oposición que a lo largo y ancho de América Latina ha surgido de pueblos originarios y comunidades campesinas a la consumación de estos proyectos. Desde el Movimiento de Afectados por las Represas organizado desde 1989 en Brasil, hasta las comunidades y mujeres mapuche en Chile contra la presa Ralco a finales de la década de los noventa, y en los últimos años en ese mismo país el Consejo de defensa de la Patagonia en especial, la resistencia al escandaloso proyecto Hidroaysén, pasando por el Frente Nacional Guatemalteco contra las represas y el Movimiento Nacional Anti-represas de El Salvador por mencionar solo algunos ejemplos.
El Consejo de Ejidos y Comunidades opositores a la presa la Parota se inscribe -entonces- en un movimiento continental antirepresas en particular, y en un enorme movimiento comunal en defensa de la tierra, el territorio y los bienes comunes naturales en el sur del mundo, multiforme y polifónico frente a proyectos extractivos, agroindustriales, de producción energética, infraestructura e inversión inmobiliaria urbana, los cinco dedos de la mano del capital sobre la naturaleza. El CECOP se enfrenta, en suma, a una de las tendencias estructurales más agresivas de las últimas décadas del capitalismo desarrollista y es una de las experiencias de resistencia no sólo más avanzadas sino también, triunfantes.

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EL RÍO PAPAGAYO: BIENES COMUNES EN DISPUTA

En la Costa Chica desemboca en el Pacífico el río Papagayo, cuyo margen fértil alimenta a miles de campesinos sin necesidad de infraestructura de riego donde se siembra frijol y maíz, pero también jamaica, cocos, mangos, sandías y papayas. El afluente del Papagayo es el más importante de la región porque reúne a los ríos Omitlán, Azul y Petaquillas. Es quizá por ello que la Comisión Federal de Electricidad impulsó desde el año 2003 la construcción de una enorme hidroeléctrica que requeriría de la inundación de 17, 300 hectáreas de tierras de cultivo, ganadería y selváticas. Esa cantidad de hectáreas significa la formación de un vaso de agua de 11.5 veces el tamaño de la Bahía de Acapulco. Con una inversión que requeriría 1200 millones de dólares el conflicto deriva, entonces, de dos lógicas diametralmente distintas: racionalidad de subsistencia contra lógicas de transformación desarrollista, valor de uso contra valor de cambio, fuerza del río hacia la producción energética o afluente acuífero utilizado como forma de vida. El poder estatal y de las inversiones contra la organización y movilización de campesinos y habitantes comunitarios.  El choque ha sido descomunal.

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El CECOP es uno de los tres más grandes e influyentes movimientos sociales en Guerrero junto a la Policía comunitaria (CRAC-PC) y el movimiento magisterial representado en la CETEG. Convertido en actor público a nivel estatal, aparece cotidianamente en las primeras planas de los diarios locales.  Desde 2003 y hasta 2012, el conflicto principal por el uso del río y la necesaria utilización de las tierras comunales para su inundación o afectación detonó uno de los procesos de movilización, resistencia, boicot, defensa jurídica, denuncia nacional e internacional, más emblemáticos del país, y quizá del continente.

En los procesos extractivos o de inversión en infraestructura, si bien las políticas económicas y planeación surgen del Gobierno Federal, lo cierto es que su factibilidad social depende de los gobiernos locales estatales. Por ello, aunque la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es la responsable promotora del proyecto, le ha seguido el Gobierno de Guerrero en su empuje. Es curioso que la confrontación se desarrolló por casi una década independientemente del cambio en el partido en la gubernatura del estado. Sin lugar a dudas, el príista René Juárez Cisneros primero y el empresario Zeferino Torreblanca gobernador por el Partido de la Revolución Democrática después, fueron quienes más polarizaron el conflicto con los opositores. Este último incluso encabezó marchas para aprobar el proyecto hidroeléctrico y los momentos de crisis, al intentar una y otra vez aprobar el proyecto en las asambleas ejidales necesarias mediante viejos recursos clientelares, corporativos y plagados de irregularidades.

El CECOP se enfrentó así a los gobernadores, a la CFE, a la elite empresarial local que presionó por la aprobación y en no pocas ocasiones a la respuesta represiva. Y sin embargo, resistió y ganó. La estrategia del CECOP fue durante una década una combinación sumamente compleja, anclada en la independencia de los opositores de cualquier otra fuerza política, movimiento o incluso grupos armados. Por supuesto la movilización fue el epicentro de ella. Además de las marchas, generalmente en la ciudad de Acapulco, los campesinos instalaron plantones en varias ocasiones para impedir el paso de las máquinas por sus comunidades, por lo que comenzaron a tomar cierto control territorial comunal embrionario. Otras acciones más firmes fueron el cierre de carreteras e incluso la toma de instalaciones estratégicas. Sin embargo los campesinos, a la par de estas acciones directas, también llamaron una y otra vez al diálogo a todas las instancias gubernamentales, incluido el gobernador. A la par de la iniciativa política del diálogo público, la defensa jurídica ha sido piedra angular de su resistencia y la discusión técnica del proyecto y sus consecuencias sociales y ambientales los volvieron especialistas en el tema, aliados de innumerables organismos civiles y especialistas. Como si no fuera poco, el CECOP empujó junto a sus asesores y organizaciones aliadas, la denuncia internacional que los llevó a importantes foros de la ONU o bien llevaron a los relatores de esa instancia hasta las comunidades a orillas del río Papagayo. El CECOP se convirtió finalmente en el principal impulsor de redes nacionales e internacionales de resistencia y defensa del territorio. Después de casi una década de lucha, el gobernador Ángel Rivera Aguirre tuvo que aceptar a regañadientes un acuerdo impulsado por el CECOP de no seguir impulsando el proyecto hidroeléctrico. Un par de años antes la propia CFE tuvo que renunciar al proyecto. El CECOP había detenido un proyecto monstruoso enfrentando a una buena parte de la clase gobernante.
 
Sin embargo, el río Papagayo y sus riquezas siguen siendo codiciadas, ya que al menos cuatro empresas gravilleras de extracción de material pétreo explotan el río Papagayo. A principios de 2014, decidieron expulsarlas.  Mediante la explotación, las gravilleras no solo no dejaban beneficios comunitarios sino que provocaban numerosos accidentes y hasta varias muertes por las enormes pozas en el río por la indiscriminada draga de material. En asamblea, los representantes de las empresas fueron citados. Se les escuchó y los representantes comunitarios votaron a mano alzada la continuidad de su funcionamiento. “Quedan expulsado de Cacahuatepec” se les informó a los empresarios presentes en medio de gritos de “¡Fuera!, “¡Fuera! Consignaba un diario local. La imagen puede representar algo muy extraño: campesinos que deliberan para regular el funcionamiento y control de sus propias tierras y territorios, oponiéndose a la lógica de la máxima ganancia y expulsándola. Los gravilleros, sin embargo, no se quedaron con las manos cruzadas y empujaron demandas contra algunos de sus líderes, uno de ellos hoy en la cárcel. La represa primero y las gravilleras hoy, representan la disputa por el río Papagayo y la defensa  del territorio material y simbólico del CECOP, por su propia forma de vida y reproducción social en una batalla permanente contra la clase política y las empresas paraestatales y privadas.

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EL GERMEN DE LA AUTONOMÍA

Cuando los subalternos rompen el silencio comienzan a ponerse en pie. El CECOP tuvo que desconocer a sus propias autoridades ejidales que al principio habían dado su anuencia al proyecto hidroeléctrico, por lo que tuvieron que formar su propia estructura representativa de las 40 comunidades (aproximádamete) que integran el Consejo, que funciona a manera asamblearia desde su conformación en agosto de 2004. Tuvieron además que forzar la democratización de las viejas estructuras campesinas, erosionando primero y haciendo estallar en pedazos los mecanismos de control local de la Confederación Nacional Campesina (CNC), conformando su “comisariado legítimo y autónomo”. Sin embargo, una vez ganada la batalla contra la presa, al menos momentáneamente, el CECOP comenzó a orientarse hacia la autoorganización y enfocar su energía en sus propios pueblos. Llegaron entonces a la decisión de conformar su propia “Policía Comunitaria”, integrándose, poco a poco, al sistema de justicia y seguridad de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria de Guerrero.

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Esta decisión tomada en 2013 y anunciada este año implica un intenso proceso organizativo de comités comunitarios, capacitación y discusión. Marco Antonio Suástegui, en acto asambleario junto a representantes de la CRAC-PC, y después de la terrible tormenta tropical que dejó damnificados a miles de campesinos del río Papagayo, habló sobre la decisión de integrar “un nuevo municipio”. El discurso de Suástegui incluso hablaba de recuperación de tierras de los caciques locales. Es quizá por ello que en junio pasado Marco Antonio Suastegui fue detenido y encarcelado con numerosos cargos graves junto a otros integrantes del CECOP.

El proceso autoorganizativo ya no de resistencia, sino de constitución de una subjetivad autónoma, basada en la autogestión y en un horizonte autoregulativo comunal ha sido un largo camino de maduración en medio de la resistencia contra la presa y las gravilleras. Las detenciones han desacelerado y obstruido el proceso, debido a que el CECOP se ha visto obligado a enfocar sus energías en la liberación de sus voceros y compañeros.

La larga resistencia de estos campesinos rebeldes en defensa del río es una historia poco visible desde el centralismo y la visión urbana. Esta rebeldía campesina es generalmente entendida como importante pero local, como digna de solidaridad pero sin proyecto político. La izquierda tradicional ha menospreciado esta resistencia. Sin embargo, de la lucha campesina en resistencia por la tierra, el territorio y los bienes comunes naturales ha surgido, lentamente, un sujeto con una potencia autónoma que no sin contradicciones trata de ponerse en pie, contra la decisión que los subalterniza pero también más allá de ella, constituyéndose como un sujeto propio que orienta y decide su propio destino y formas de vida. La radicalidad y potencia de estos campesinos rebeldes, a pesar del tiempo, la represión, la falta de recursos, las contradicciones y divisiones comunitarias está lejos de haber terminado. Esta rebeldía, esta resistencia y germen de la autonomía, están lejos de haber terminado.

11 de enero de 2018

La fuerza letal del Estado contra el CECOP.

Por: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

El 28 de julio de 2003 en la región del río Papagayo se gestó un movimiento emblemático protagonizado por hombres y mujeres que habitan en el Acapulco rural y que viven fundamentalmente de lo que producen en el campo y lo que llegan a pescar en el río. Es un movimiento que nació a contrapelo de las políticas privatizadoras del gobierno federal y cuyo eje de su lucha se centra en la defensa de sus bienes naturales. Se organizaron al ver que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) incursionaba sin permiso a su territorio, trasladando maquinaria pesada para realizar los trabajos previos a la construcción de la cortina que tendría una altura de 190 metros para almacenar el agua del río Papagayo y edificar el megaproyecto de la presa hidroeléctrica conocida como La Parota.

Los campesinos pobres del Acapulco paradisiaco que conocen los turistas nacionales e internacionales forman parte de las estadísticas del oprobio. Son los sectores más depauperados. Lo contrastante es que en sus tierras nace el agua que abastece a todos los negocios del Acapulco empresarial. Por sus calles corren las aguas negras porque a los presidentes municipales no les alcanza el recurso para construir el drenaje y garantizar el acceso al agua dentro de sus viviendas. Estos hombres y mujeres que no cuentan con un empleo seguro   conformaron el Concejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa la Parota (CECOP) como una instancia de los pueblos en resistencia para defender su territorio y el gran afluente del río papagayo. Fue una lucha tenaz, las mujeres instalaron plantones para impedir la entrada de los trabajadores de la CFE. Los jefes de familia reavivaron las asambleas y apelaron a las instancias jurídicas para hacer frente a la embestida del estado que diseño una estrategia burda para comprar conciencias y realizar asambleas espurias simulando consultas para autorizar la construcción de la hidroeléctrica. Desde aquellos años los tres niveles de gobierno utilizaron a las corporaciones policiales para impedir que los miembros del CECOP entraran a las asambleas y participaran plenamente como comuneros con derechos.

En las asambleas ilegales convocadas fuera de los núcleos agrarios como las que se realizaron en Tierra Colorada, El Campanario, Dos Arroyos y San Juan Grande pertenecientes a los bienes comunales de Cacahuatepec y San Marcos respectivamente, las autoridades utilizaron la fuerza policial como el recurso más efectivo para imponer por la fuerza un proyecto basado en el despojo y el desplazamiento de los verdaderos dueños de este territorio. Esta lucha histórica atrajo a los relatores de la ONU sobre pueblos indígenas y de vivienda y a la misma secretaria general de Amnistía Internacional. Su presencia era una muestra clara del reconocimiento que tenían al movimiento ejemplar emprendido por el CECOP. Hubo recomendaciones muy precisas a las autoridades federales emplazándolas a que respetaran la decisión de las comuneras y comuneros que se oponían a la construcción de La Parota. En los mismos Tribunales Agrarios ganaron limpiamente 6 juicios demostrando tener también la razón jurídica. Se dieron el lujo de convocar a una consulta por usos y costumbres invitando a un alto funcionario de la CFE para que presentara las bondades de la presa la Parota. Participaron también expertos de la UNAM quienes plantearon los daños irreversibles que han causado estas megapresas. El veredicto final de más de cinco mil comuneras y comuneros fue el no rotundo a la Parota.

Este triunfo inobjetable ha inspirado a muchos movimientos en América Latina para generar estrategias de resistencias desde la base comunitaria, sin embargo, el costo social para el CECOP ha sido muy alto. En esta lucha histórica fueron asesinados 3 miembros del CECOP, 5 compañeros y una compañera han sido encarcelados, entre ellos Marco Antonio Suastegui Muñoz quien fue recluido arbitrariamente en un penal de máxima seguridad, para darle un trato de un criminal sumamente peligroso. Existen además 40 órdenes de aprehensión contra varios campesinos pobres cuyo delito ha sido oponerse a la construcción de la presa hidroeléctrica. Los gobernadores en turno tanto del PRI como del PRD han golpeado de manera sistemática al CECOP con el fin de desarticularlo generando divisiones internas, debilitando su organización comunitaria y criminalizando a sus líderes a pesar de emprender una batalla legitima. El mismo congreso federal cada año asigna un presupuesto millonario para la construcción de la presa hidroeléctrica la Parota, del mismo modo el Presidente de la República Enrique Peña Nieto cuando anuncio su plan hechizo del nuevo Guerrero contemplo en el presupuesto la construcción de una presa en el río papagayo, omitiendo el nombre de la Parota. Este negocio millonario ha sido la obsesión de la clase política que sueñan con agenciarse millones de pesos a través del despojo de los territorios que poseen desde tiempos ancestrales los campesinos pobres que se reivindican como un pueblo indígena.

Esta osadía del CECOP de seguir siendo campesinos y mantenerse dentro de sus tierras ha causado un enojo muy grande entre las autoridades. No les perdonan que hayan impedido la llegada de capitales internacionales para construir un complejo turístico alrededor del vaso de agua para crear otro emporio en beneficio del gran empresariado. Han dejado en total abandono a estas comunidades que sobreviven de la siembra del maíz y de sus precarias huertas. Los niños y los jóvenes difícilmente pueden continuar sus estudios medios y superiores en el puerto de Acapulco. Las familias más agraciadas son las que trabajan como afanadores en los hoteles de punta diamante. Los gobiernos Estatal y Municipal no solo han dejado a su suerte a estas familias si no que siguen metiendo cuña para provocar más divisiones. En lugar de distender el ambiente que priva en varias comunidades que se fracturaron por esta disputa de la hidroeléctrica han sembrado el odio y la confrontación.

El mismo CECOP ha tenido que hacer frente a nuevos desafíos, como el gran problema de la inseguridad que se ha expandido de las colonias populares del puerto a las comunidades rurales donde han ido asentando sus reales los grupos de la delincuencia organizada. La violencia ha cobrado muchas vidas y los delitos de alto impacto están causando graves daños a las familias que ahora viven con miedo ante el empoderamiento de las organizaciones delincuenciales. Esta realidad obligo al CECOP a impulsar la conformación de grupos de la Policia Comunitaria en su mismo territorio para contener esta avalancha delincuencial. Solicitaron el apoyo y la asesoría de la Coordinara Regional de Autoridades Comunitarias de San Luis Acatlan que respaldo la creación de una casa de enlace en la comunidad de la Concepción, contando con un grupo de Coordinadores que se encargan de velar por la seguridad de la población.

Este proyecto fincado en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas tampoco ha sido bien visto por las autoridades del Estado y del Municipio. No les importa que las mismas comunidades contribuyan con el municipio para brindar seguridad. A pesar de que no les genera ningún gasto, existe un desprecio y mucha animadversión al trabajo que realiza la Policía Comunitaria. Criminalizan las actuaciones de sus elementos y denigran su trabajo.  Han permitido la entrada de grupos vinculados con la delincuencia organizada para alentar la venta de drogas y armas dentro de los bienes comunales de Cacahuatepec con la intención de destruir el tejido comunitario. A pesar de esta estrategia de desgaste y de golpeteo sistemático las comunidades que pertenecen al CECOP han mantenido viva la resistencia contra la Parota y también contra los grupos de la delincuencia organizada. Para las autoridades esta lucha heroica de las comunidades campesinas son interpretadas como un riesgo y una amenaza a los proyectos de desarrollo de tinte capitalista y a sus planes privatizadores. Siempre han catalogado al CECOP como un movimiento radical de gente rijosa, que alienta los conflictos y que causa daños patrimoniales a los empresarios que se han apropiado ilegalmente de sus tierras comunales. Se ha incubado entre los grupos de poder de la región un plan para destruir al CECOP y desmantelar su organización comunitaria, se sigue socavando su resistencia criminalizando su lucha legitima y fabricando delitos contra sus dirigentes.

El cerco contra el CECOP se ha ido cerrando, las autoridades han formado varios frentes para aniquilarlo; alientan la división intracomunitaria con proyectos productivos, imponen autoridades agrarias y municipales para promover la construcción de la Parota. Alientan la confrontación con el apoyo brindado a la UPOEG para que pueda asentarse dentro de las tierras comunales de Cacahuatepec; fabrican expedientes contra sus dirigentes para desactivar su lucha y diezmar su liderazgo confinándolos en penales de máxima seguridad y recurrentemente utilizan el uso de la fuerza para reprimir y atemorizar a la población opositora.

El asesinato de 3 policías comunitarios en la comunidad de la Concepción este domingo 7 de enero a manos de Policías Estatales apoyados por miembros del ejército y Policía Federal es una acción criminal que contó con el respaldo de autoridades de alto nivel para usar la fuerza letal como única fórmula para dirimir un conflicto intracomunitario. Queda evidenciado como el gobierno del estado pudiendo implementar otro tipo de estrategias para atender estos conflictos de alta intensidad, recurre a al uso de las armas no solo para someter a policías comunitarios si no para asesinarlos impunemente. Los reportes periodísticos hablan de que se trataba de 25 policías comunitarios que se encontraban rodeados por más de 100 policías del estado apoyados con policías federales y elementos del ejército, que bien pudieron controlar esta situación sin necesidad de accionar sus armas. Lamentablemente en nuestro estado el uso letal de las armas es una práctica recurrente de las corporaciones policiacas contra la población civil. No hay controles internos que obliguen a las corporaciones policiales a aplicar protocolos reconocidos internacionalmente para el uso adecuado de la fuerza. Contrario a esto las fuerzas policiales tienen interiorizada en su mente que las armas que portan son para accionarlas ante la población civil que protesta y encara a la autoridad. No hay ley que valga para contener sus instintos asesinos. Sienten que su autoridad solo vale si detonan sus armas y dan en el blanco a quien consideran su enemigo.

Lo grave de este caso es que las autoridades del estado se hagan cómplices de esta acción letal, que se empeñen en justificar estos asesinatos y que vuelquen toda la fuerza del estado contra el grupo de la policía comunitaria y el dirigente del CECOP Marco Antonio Suastegui para hacerlos aparecer como los responsables de esta acción criminal, cuando no existe un señalamiento contundente de las autoridades sobre los policías que perpetraron impunemente estos 3 asesinatos de los policías comunitarios. Se ha querido hacer un juicio sumario contra la policía comunitaria de la Concepción para encubrir la acción desproporcionada y criminal de las fuerzas policiales que pudieron haber actuado de otra forma sin tener que hacer uso de la fuerza letal.

10 de enero de 2018

URGENTE :: Detienen e incomunican a más de 30 policías comunitarios de La Concepción, Acapulco, Guerrero, y ejecutan a tres.

En la madrugada del pasado 7 de enero, miembros de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias – Policía Comunitaria (CRAC-PC) del poblado de La Concepción, municipio de Acapulco, fueron emboscados por personas desconocidas. Los hechos, según refiere un comunicado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, tuvieron lugar cuando los policías comunitarios pasaban por la Comisaría Municipal de La Concepción como parte de los rondines de seguridad para resguardar un baile que se celebró en el pueblo con motivo de una fiesta local. Esta acción violenta dejó un saldo de dos policías comunitarios asesinados y seis miembros del grupo agresor.

Alrededor de las diez de la mañana, el gobierno del estado de Guerrero montó un operativo de más de 100 elementos de fuerzas de seguridad conformado por policías ministeriales y estatales, así como por el ejército para realizar el levantamiento de los cuerpos e iniciar las primeras diligencias. En el marco de este operativo, las fuerzas de seguridad se desplegaron en comunidades circunvecinas con el fin de catear las casas de los miembros del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota (CECOP), sin ninguna orden legal expedida por autoridad competente.

Más tarde, un helicóptero sobrevoló el lugar de los hechos, un policía del estado accionó su arma, desencadenando un tiroteo que ocasionó la ejecución extrajudicial de tres policías comunitarios. En ese instante se aglomeraron todas las fuerzas policiales con el fin de detener a Marco Antonio Suástegui Muñoz y Vicente Suástegui Muñoz, dirigentes del CECOP, así como a más de 30 policías comunitarios. Alrededor de las 5 de la tarde de ése mismo día, elementos de la policía ministerial trasladaron a Marco Antonio Suástegui fuera de la Fiscalía con sede en Acapulco sin que hasta el momento sus familiares tengan conocimiento de su paradero.

Las autoridades del estado han negado cualquier información sobre la situación jurídica de Marco Antonio Suástegui Muñoz. Asimismo, la Fiscalía General del Estado de Guerrero realiza las investigaciones y diligencias en total opacidad manteniendo a los detenidos incomunicados y sin que se garantice un debido proceso. El gran temor de sus familiares es que puedan ser trasladados a penales de máxima seguridad fuera de la entidad, donde su estado de incomunicación aumentaría el riesgo de que sean víctimas de graves violaciones a derechos humanos, como tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, desaparición forzada o ejecución extrajudicial.

Por estos hechos, Tlachinollan ha expresado gran preocupación por que las autoridades ministeriales violen de manera flagrante sus derechos a la vida, a la seguridad personal e integridad física, a la personalidad jurídica, al acceso a la justicia y a un juicio justo y los principios del debido proceso. Se han cometido 30 detenciones arbitrarias y la ejecución extrajudicial de tres policías comunitarios; se ha hecho uso letal de la fuerza como único recurso para dirimir un conflicto de alta intensidad; se han realizado cateos sin una orden de autoridad competente por parte de las diferentes corporaciones policiales en los domicilios de los miembros del CECOP; y se ha incomunicado a los detenidos y se les ha negado una defensa adecuada al impedir que sus abogados puedan entrevistarse con ellos.

Por todo lo anterior, Tlachinollan y demás organizaciones y colectivos que nos sumamos a su llamado, solicitamos enviar comunicaciones a las siguientes autoridades, de modo que se garantice el debido proceso y se proporcione información tanto a sus familiares como a sus abogados sobre el paradero y la situación jurídica de las personas detenidas. En particular, debido al trabajo de Marco Antonio Suástegui Muñoz como defensor comunitario y a la criminalización y ataques de que ha sido objeto anteriormente, solicitamos hacer énfasis en que se garantice en todo momento su integridad física y psicológica. Además, hacemos un llamado para replicar esta acción urgente y realizar pronunciamientos públicos sobre su situación y la de todas las personas detenidas.

a) Gobernador del Estado de Guerrero, Héctor Astudillo Flores
Teléfono: +52 1 747 4719801 ext. 9801
Correo electrónico: gobernador@guerrero.gob.mx, secretariageneral@guerrero.gob.mx, cesar.armenta@guerrero.gob.mx

b) Fiscal General del Estado, Javier Ignacio Olea Peláez
Teléfono: +52 1 494 2999 ext. 1002
Correo electrónico: edgar.vaca@fiscaliaguerrero.gob.mx, aurora.solano@fiscaliaguerrero.gob.mx

c) Secretario de Seguridad Pública, Pedro Almazán Cervantes
Teléfono: +52 1 747 471973
Correo electrónico: sspypc@guerrero.gob.mx

d) Presidente del Tribunal Superior de Justicia, Alberto López Celis
Teléfono: +52 1 747 4943200
Correo electrónico: presidencia@tsj-guerrero.gob.mx




COORDINADORA REGIONAL DE AUTORIDADES COMUNITARIAS DE LA MONTAÑA Y COSTA CHICA DE GUERRERO
COMITÉ EJECUTIVO DE LA POLICÍA COMUNITARIA
COMUNICADO DE PRENSA

San Luis Acatlán, Gro. Territorio Comunitario. Enero 8 de 2018.

A los pueblos y comunidades del Sistema Comunitario de la CRAC PC.
Al pueblo en general.
A los medios de comunicación.
A las organizaciones fraternas.

Una vez más el Estado muestra su efectividad represora contra el pueblo, como no lo hace contra la delincuencia como debiera. Y es precisamente porque el Estado es ahora el protector y parte de la misma delincuencia.

La incursión violenta de las policías estatales y ministeriales, así como del Ejército y la Marina a la comunidad de La Concepción, asesinando a 5 y deteniendo a más de 30 de nuestros compañeros policías comunitarios, consejeros y autoridades, nos confirma que fue para rescatar a Iván Soriano Leal, quien se ostenta como militar retirado y que ha sido agente del gobierno para provocar y generar represión contra nuestro Sistema Comunitario.

Iván Soriano Leal, quien también se presenta con otros nombres, fue detenido en días recientes en La Concepción, por policías comunitarios de ese Comité de Enlace, acusado de ser parte de un grupo armado contratado para asesinar al compañero Marco Antonio Suastegui, vocero del CECOP y a algunos compañeros de la policía comunitaria. Es el mismo personaje con quien se alió en 2013 el nefasto Eliseo Villar Castillo, ex coordinador de la CRAC en San Luis Acatlán, para cometer un fraude a la organización y que derivó en una grave crisis interna en la CRAC, al inmiscuirse el gobierno de Angel Aguirre Rivero a favor de Eliseo Villar y sus cómplices.

Precisamente el día que se da la incursión policiaca a La Concepción, se había previsto el traslado de dicho delincuente a la Casa de Justicia de San Luis Acatlán; sin embargo, el gobierno valiéndose de sus policías lograron liberarlo.

Las declaraciones oficiales del vocero de seguridad Álvarez Heredia, así como las del Gobernador Héctor Astudillo, con las que pretenden justificar este acto de barbarie genocida, son totalmente falsas, cínicas y demuestran su total ausencia de escrúpulos y de moral para ordenar la muerte y el encarcelamiento de gente inocente. Qué armas de alto poder porta nuestra policía comunitaria? Quieren engañar a la población con su viejo truco de sembrar droga en los detenidos?

Esto que ocurre nos confirma el modo en que comienzan a operar las fuerzas policíacas y militares con la anuencia de todos los poderes públicos que han llevado a efecto, la inconstitucional y fascista Ley de Seguridad Interior, para brindar total impunidad a los asesinos que se encubren como servidores públicos.

Lejos de avanzar en la armonización de los sistemas jurisdiccionales oficial y comunitario, tal como lo propusimos en nuestra Iniciativa de Reforma Integral a la Constitución Política del Estado en materia de derechos indígenas, congelando nuestra iniciativa en el Congreso Local por la mayoría de diputados priistas, el gobierno del estado muestra su verdadero rostro y su intención, asesinando y encarcelando a nuestras autoridades y policías comunitarios.

Hoy queda más claro que nunca, la distinción que el gobierno hace de nuestro Sistema Comunitario. Hoy que arremete con exceso de fuerza contra nuestros compañeros comunitarios, acusándonos falsamente de portar armas de alto poder y de posesión de drogas, asesinando y encarcelando, por rescatar a un agente paramilitar a su servicio; nos preguntamos, ¿porque no actúo el gobierno con tal firmeza cuando se asesinó a toda una familia de inocentes en San Pedro Cacahuatepec, teniendo tantas evidencias para hacerlo? ¿A cambio de que se dejó libres a esos asesinos?

La agresión a nuestro Sistema Comunitario, tiene responsables: el General Pedro Almazán Cervantes, secretario de seguridad pública; Javier Olea Peláez, fiscal general del estado y Héctor Astudillo Flores, gobernador del estado, son los autores intelectuales y autoridades que dieron la orden a sus subordinados para cometer tal acto de salvajismo y lesa humanidad. Por ello, exigimos su renuncia y llamamos a las organizaciones y movimientos sociales, a los estudiantes, maestros, etc., a unificarnos en esta exigencia y defendernos de esta clase política asesina.

Estos lamentables hechos deben servir al pueblo para hacer análisis y reflexionar, precisamente en este año electoral, si queremos mantener en el poder a un gobierno que asesina, que encarcela, que defiende y es parte de la delincuencia, que crea leyes en perjuicio del pueblo, que niega toda oportunidad de desarrollo a la gente.

Llamamos a los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos a acompañarnos e intervenir para la documentación y denuncia a nivel internacional de estos hechos que lastiman, no solo a nuestro sistema comunitario, sino al pueblo de Guerrero y de México.

Pedimos la intervención de la Comisión Estatal y la Nacional de Derechos Humanos, para integrar las investigaciones correspondientes por las ejecuciones extrajudiciales de nuestros compañeros, por la violación flagrante a los derechos colectivos de los pueblos organizados en el sistema comunitario, por la violación flagrante a la ley 701 de reconocimiento, derechos y cultura de los pueblos y comunidades indígenas de Guerrero.

Exigimos la intervención del Congreso del Estado a través de las comisiones de asuntos indígenas, de seguridad, de justicia y de derechos humanos, para documentar la actuación de los agentes policiacos y sus jefes que dieron la orden de asesinar y detener a servidores comunitarios que estaban cumpliendo cabalmente con sus funciones de seguridad y justicia en favor de sus comunidades.

Exigimos la libertad inmediata de todos nuestros compañeros detenidos. Exigimos el castigo a los responsables de las ejecuciones extrajudiciales de nuestros compañeros policías comunitarios. Exigimos la salida del ejército y la marina, así como de las policías estatal y ministerial del territorio comunitario. Exigimos la renuncia inmediata de Pedro Almazán Cervantes, Javier Olea Peláez y Héctor Astudillo Flores, culpables y responsables de tanta muerte e injusticia en nuestro estado de Guerrero.

 “EL RESPETO A NUESTROS DERECHOS, SERA JUSTICIA”

Coordinadores, Consejeros y Comandantes Regionales
del Sistema Comunitario de la CRAC PC.

Casas de Justicia: Matriz de San Luis Acatlán, Espino Blanco, Zitlaltepec, El Paraíso.
Comités de Enlace: Tecoanapa, Tixtla, Cacahuatepec, Huamuxtitlan, Chilixtlahuaca, Dos Ríos, Comunidades de la Región Amuzga.

8 de noviembre de 2012

Presas e hidroeléctricas: negocio y despojo.


Acueductos, presas y centrales hidroeléctricas amenazan a poblaciones enteras de 18 estados de la República. Las inversiones de la Comisión Nacional del Agua durante las administraciones panistas, en 13 proyectos, rebasan los 52 mil 800 millones de pesos, indican cifras oficiales. En tanto, la Comisión Federal de Electricidad proyecta levantar 41 plantas hidroeléctricas en diversas zonas del país. Detrás de las obras, el despojo de tierras y propiedades.
Por: Érika Ramírez/Contralínea.
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Organizaciones sociales y representantes de comunidades indígenas denunciarán ante el Tribunal Permanente de los Pueblos –los próximos 5 y 6 de noviembre en Temacapulín, Jalisco– el despojo de tierras a más de 58 mil personas y la afectación a otras 162 mil, tan sólo en cinco de los megaproyectos.
Pueblos mixtecos y chatinos, así como la población de la Costa Negra de Oaxaca, se ven amenazados por la cortina de cemento que se pretende levantar en la comunidad indígena Paso de la Reina. El proyecto hidroeléctrico, que lleva el nombre de la población, está planeado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde 2006.
Serán más de 17 mil personas despojadas, residentes de los municipios de Santiago Ixtayutla, Tataltepec de Valdés, Santiago Jamiltepec, Santiago Tetepec, Santa Cruz Zenzontepec y Villa de Tututepec de Melchor Ocampo. Otras 95 mil serán afectadas de manera indirecta con esta magna obra, acusa Ana María García Arreola, integrante del área de derechos territoriales de la organización Educa de Oaxaca.
La hidroeléctrica es una de las 41 que conforman el Catálogo de proyectos hidroeléctricos con estudios de prefactibilidad, factibilidad o diseño, de la CFE (contenido en el Programa de Obras e Inversiones del Sector Eléctrico 2011-2025).
De la lectura del Programa se desprende que la “extensa lista de posibles desarrollos hidráulicos” se expande por 18 estados del territorio nacional. La entidad con más obras planeadas es Oaxaca, con ocho hidroeléctricas: Reforma, Colorado, Cuanana, El Tigre, Independencia, Atoyaquillo, Ixtayutla y Paso de la Reina.
Jalisco es la segunda entidad con más planes, con las hidroeléctricas: San Cristóbal, Mascota Corrinchis, Mascota El Carrizo, Amuchiltite, Puerto Vallarta, Arroyo Hondo y Ampliación Santa Rosa.
En tercer sitio se encuentra Guerrero, en donde se tiene planificado levantar las obras Omitlán, El Pescado, Ostula y La Parota. Esta última está situada en los municipios de Acapulco, Juan R Escudero, San Marcos, Chilpancingo y Tecoanapa. De construirse la presa, se inundarían 17 mil hectáreas de selva caducifolia, incluyendo además, tierras de cultivo, carreteras y puentes, entre las que se encuentran 21 comunidades. Así lo indica la información entregada al Tribunal Permanente de los Pueblos (que es un tribunal ético, internacional y de carácter no gubernamental) por el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota.
“El proyecto, que ha sido rechazado por la mayoría de los habitantes de la zona, afectaría la vida cotidiana y los ingresos de miles de personas, ya que en la región, las familias de comuneros, ejidatarios y pobladores, viven de lo que siembran y cultivan así como de la cría de animales. Además traería graves impactos ambientales; en particular, causaría daños irreversibles al ecosistema y la extinción de una especie endémica (la rana Papagayo), así como posibles daños a la salud pública, como ha ocurrido en el caso de otras represas”, añade la denuncia.
Infografía interactiva
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Recursos en venta
Todos estos proyectos se enmarcan en el Programa Nacional de Infraestructura 2007-2012, que involucra los sectores de comunicaciones, transporte, energía y agua. El documento indica que el “Programa buscará dar un impulso sin precedente a la modernización carretera, aeroportuaria, portuaria, energética e hidráulica del país, cuidando en todo momento la sustentabilidad ambiental. Además, se ha trazado el objetivo de promover la infraestructura que sea necesaria para dar un impulso sin precedente al turismo”.
En febrero de 2010, Contralínea (edición 170) documentó que la administración de Felipe Calderón realizó planes para privatizar los bienes y sectores estratégicos del país, revelados a través del expediente México 2030, Proyecto de Gran Visión. Energía, agua, zonas de reserva de la biósfera, salud, ciencia y tecnología, entra las áreas a privatizar.
Los documentos del plan indican que “se debe invertir inicialmente en proyectos ejecutivos del sector hidráulico, después en saneamiento de cuencas. En este último rubro, la ‘meta’ es que ‘el 75 por ciento de las cuencas hidráulicas del país estén limpias; ser líderes en el uso eficiente del agua, del equilibrio de los acuíferos y la rentabilidad de los productos’ asociados”.
Scott Robinson, doctor en ciencias sociales y humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Iztapalapa, comenta que estos proyectos se han vuelto un negocio para los gobiernos por las inversiones millonarias que requieren.
El investigador, que estudia la relocalización de poblaciones, comenta en entrevista que el impacto de este tipo de proyectos es multidimensional: hay virtudes y vicios. Los beneficios son la generación de energía eléctrica o control de agua para sistemas de riego, entre otros.
Sin embargo, expone el académico, es enorme el impacto social y cultural en las comunidades inundadas, invadidas por los embalses o el mismo campamento de la obra; además de la corrupción en los procesos de licitación, “que se reparten entre los políticos que están en la cadena de aprobación de permisos, licencias y contratos han hecho de esto un negocio redondo. Un boom de inversión que provoca desplazamientos”.
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Las obras de Comisión Nacional del Agua
La presa El Zapotillo, obra actualmente impugnada ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es una de las cuatro obras contempladas en el documento Proyectos Estratégicos de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento de la Comisión Nacional del Agua.
Esta obra podría inundar las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, Jalisco, y así, despojar de sus tierras y viviendas a más de 1 mil 500 personas.
De acuerdo con el documento, elaborado por el organismo que encabeza José Luis Luege Tamargo, la inversión en las presas y los acueductos proyectados por las administraciones panistas costarían al erario 52 mil 804 millones de pesos.
Las obras se dispersan en Jalisco, San Luis Potosí, Guanajuato y Oaxaca. El costo por las presas es de 25 mil 971 millones de pesos. En tanto, hay otros 10 acueductos cuya inversión asciende a 26 mil 833 millones de pesos.
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El Tribunal Permanente de los Pueblos
La lógica del Tribunal Permanente de los Pueblos es intervenir frente a violaciones a derechos humanos que se repiten en contextos similares en los que el Estado no interviene de manera satisfactoria, dice Silvia Emanuelli, coordinadora de la Coalición Internacional para el Hábitat, oficina para América Latina.
En el caso de las presas, expone Silvia Emanuelli, se han documentado los factores de violación que se dan prácticamente en todos los casos que están relacionados con el derecho a la información, a la consulta previa, así como todo lo que tiene que ver con la fase superior de construcción, relacionada con la indemnización o dar a la gente una buena calidad de vida.
El Tribunal Permanente de los Pueblos es un tribunal ético, internacional y de carácter no gubernamental. Información en su página de internet indica que “éste examina las causas de la violación de los derechos fundamentales de los pueblos, determina si, en efecto, han sido violados tales derechos y, finalmente, denuncia ante la opinión pública internacional a los autores de dichas violaciones”.
Textos relacionados
Fuente: Contralínea 309 / Noviembre de 2012

21 de julio de 2012

CECOP: Nueve años de una resistencia ejemplar.


Boletín de prensa

CECOP



  • ¡Cancelación definitiva de la Presa La Parota!
A nueve años de haber iniciado el movimiento contra el Proyecto Hidroeléctrico Presa La Parota que el gobierno mexicano trató de imponer en nuestras tierras, ejerciendo la violencia de Estado como método coercitivo, el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota (CECOP) reafirma su decisión de seguir defendiendo la tierra, el territorio, el agua, la biodiversidad y, sobre todo, la posesión comunitaria de las tierras, la autonomía y la autodeterminación de los pueblos. Nuestra lucha sigue y seguirá firme hasta lograr la cancelación definitiva del proyecto.

Exigimos la cancelación definitiva de la presa la Parota

¡La Tierra no se vende! es y seguirá siendo nuestro lema y el eje conductor de nuestro movimiento. Hemos obtenido triunfos estratégicos, el más importante es haber impedido en estos nueve años de lucha la construcción de la presa, que afectaría irreversiblemente el entorno ecológico y el tejido social. Nuestra decisión es que la presa nunca se hará. El 28 de julio de 2003 expulsamos de nuestro territorio a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa paraestatal que es la promovente de la presa; sin embargo, contra la voluntad de los pueblos, el gobierno sigue insistiendo en el proyecto, lo que se traduce en una violación permanente a nuestros derechos.
El negocio llamado “Presa La Parota”
El Proyecto Hidroeléctrico Presa La Parota responde a un esquema desarrollista, que afecta a la población más desprotegida, los campesinos y particularmente los indígenas. De manera ilegal la CFE entró a nuestras tierras, compró comisarios y autoridades locales, amenazó a los pobladores y generó un clima de violencia para llevar a cabo la apropiación de las tierras comunales y ejidales, (las dos formas de propiedad social de tenencia de la tierra en México). En respuesta integramos un fuerte movimiento de resistencia que, con un claro programa de lucha y respaldando nuestras acciones con el uso adecuado de recursos legales hemos impedido el despojo.
El Proyecto Hidroeléctrico Presa La Parota está integrado al Proyecto Mesoamérica, antes Plan Puebla Panamá (PPP), firmado el 15 de junio de 2001. Se inscribe en el Programa de Interconexión Energético Mesoamericano, ratificado por los presidentes de la región y el presidente de México, en la VIII Cumbre del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, el 11 de julio de 2006 en Panamá al cual posteriormente se agregó Colombia. El objetivo es generar un gigantesco mercado de energía eléctrica para su exportación a los Estados Unidos y a la maquila mesoamericana a través del Sistema de Interconexión Energética de América Central (SIEPAC). La industria de las presas es un gran negocio a nivel mundial, la estrategia actual es trasladar su construcción a los países periféricos y desmantelar el mayor número de presas en los países industrializados. Trasladan los conflictos sociales y los desastres ambientales hacia los países pobres y dependientes. “Los países poderosos reciben y comercializan la energía. Los problemas y los desastres quedan en el Sur”.
La violencia de Estado y el rompimiento del tejido social
El año 2005 concentró la mayor violencia en el conflicto. La represión sistemática de la CFE y el gobierno del estado de Guerrero destruyeron el tejido social en las comunidades a través de acciones y métodos ilegales, la corrupción, la repartición de dinero a los viejos líderes agrarios, protegidos por las fuerzas policiacas y sobre todo por la impunidad.
El 18 de septiembre de 2005 fue asesinado al compañero Tomás Cruz Zamora.
El 29 de enero de 2006, en el Ejido Dos Arroyos es asesinado a pedradas y a garrotazos el ejidatario Eduardo Maya Manrique.
El 6 de enero de 2007, en la comunidad de Huamuchitos es asesinado el comunero Benito Cruz Jacinto.
El conflicto ambiental en La Parota
El 24 de agosto de 2004, la SEMARNAT, por la exigencia de los campesinos, somete a Consulta Pública el proyecto. (Semarnat, MIA La Parota: 23-129) Se impugnó por los propios campesinos y por expertos la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) en tanto que no evalúa integralmente los daños al sistema hidrológico. No impone medidas al problema de erosión y sedimentación y carece de un estudio sísmico serio. La Parota se localizaría en la zona más altamente sísmica del país, la Fosa Mesoamericana, que limita con la Placa de Cocos y la Placa Continental Norteamericana y, como todas las grandes presas, se requiere de profundos estudios sobre sismicidad. El 13 de diciembre de 2004, la Semarnat autorizó el impacto ambiental. Ejidatarios y comuneros presentamos un Recurso de Revisión (Semarnat, 2005: 12GE2004H0014). En agosto de 2005, la Semarnat confirma la autorización sin considerar el principio precautorio. El 3 de marzo de 2006 interpusimos una demanda de nulidad ante el Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa. (TFJFA: Exp.7384/06/17-08-8).
El Tribunal Latinoamericano del Agua; veredicto
El 17 de marzo de 2006, el caso La Parota fue juzgado en la Primera Audiencia Pública del Tribunal Latinoamericano del Agua (TLA) -tribunal internacional de justicia ambiental con carácter ético- El TLA resolvió: “Los derechos agrarios de las comunidades afectadas por el proyecto presa La Parota y el control del territorio y sus recursos naturales deben ser garantizados como lo marca el artículo 27 constitucional. De igual manera debe respetarse la diversidad cultural, la existencia de comunidades indígenas, los derechos agrarios y formas de gobierno, usos y costumbres en su territorio como se especifica en el artículo 2 de la Constitución”. Por consiguiente:
El Proyecto Hidroeléctrico La Parota debe cancelarse ya que no se demuestran los beneficios a la población local ni su contribución al desarrollo regional, ni considera la protección del ambiente y los recursos naturales.
El gobierno del estado de Guerrero debe garantizar las condiciones de seguridad para la población, respetar los derechos humanos y contribuir a la paz social de los habitantes de la región afectados por el citado proyecto. (TLA, Veredicto La Parota, www.tragua.com ).
El Comité DESC de Naciones Unidas
El Comité DESC de la ONU recomienda: Apartado E, párrafo 28: “El Comité urge al Estado Mexicano asegurar que las comunidades indígenas y locales afectadas por el proyecto de la Presa Hidroeléctrica La Parota u otros megaproyectos en las tierras y territorios que éstos poseen o que tradicionalmente ocupan o utilizan sean debidamente consultadas, y que se procure su previo consentimiento informado en cualquiera de los procesos de toma de decisión relacionados con estos proyectos que afectan sus derechos e intereses reconocidos en el PIDESC, en concordancia con el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales. El Comité también urge al Estado Parte a reconocer los derechos de propiedad y posesión de las comunidades indígenas sobre las tierras tradicionalmente ocupadas por ellos y, de ser el caso, asegurar a las comunidades indígenas y campesinos locales afectados por la construcción de la Presa La Parota u otros proyectos de infraestructura dentro del Plan Puebla Panamá, una adecuada compensación y/o reubicación alternativa y tierras fértiles para los cultivos, y que sus derechos económicos, sociales y culturales sean salvaguardados. Al respecto, el Estado Parte debe referirse a las Observaciones Generales Nº 14 y 15 del Comité sobre el derecho al disfrute del nivel más alto posible de salud y el derecho al agua”. (ONU, Consejo Económico y Social, 2006: E/C.12/CO/MEX/4).
Los juicios del Tribunal Unitario Agrario
Obligado el gobierno federal a responder a los comuneros y ejidatarios a ser debidamente informados y consultados, en 2005 y, posteriormente en 2007, la CFE con apoyo del gobierno estatal simuló una consulta, pero lo hizo en el marco de la Ley Agraria con sus métodos fraudulentos ampliamente estudiados que van desde el control del padrón agrario, la manipulación de las asambleas y la represión policiaca. A finales de 2006 y posteriormente en 2011, el Tribunal Unitario Agrario No. 41 con sede en Acapulco, Gro., emitió las Sentencias correspondientes y declaró  NULAS las cinco asambleas fraudulentas que, manipulando la Ley Agraria, los comisariados agrarios apoyados por la CFE realizaron en los Bienes Comunales Indígenas de Cacahuatepec y en los ejidos Los Huajes, Dos Arroyos y La Palma. Con las Sentencias de Nulidad quedó al descubierto la ilegalidad con que pretendieron, los gobiernos federal y estatal, obtener el permiso de los núcleos agrarios para iniciar el proyecto La Parota. La anulación de las asambleas fraudulentas, respaldadas con la fuerza policiaca, desnudaron la actuación ilegal del gobierno mexicano y la simulación jurídica que utilizan sistemáticamente como método para imponer los megaproyectos de las empresas trasnacionales no importándoles las agresiones y la violación a los derechos de los pueblos.
No permitiremos más asambleas amañadas. No permitiremos más agresiones al pueblo.
Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota (CECOP)
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

14 de julio de 2012

Tribunal Federal ratifica Punto Final a la presa La Parota.




El Segundo Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del Vigésimo Primer Circuito ratificó el PUNTO FINAL al proyecto hidroeléctrico La Parota al negar el amparo promovido por un grupo minoritario de comuneros en contra de la resolución emitida por el Tribunal Unitario Agrario (TUA) Nº 41 con sede en Acapulco, en la que se declaró la nulidad de la Asamblea con la que se pretendió imponer la construcción del Proyecto Hidroeléctrico La Parota.

Cabe recordar que el 18 de abril de 2011, el TUA Nº 41 con sede en Acapulco, dentro del Juicio Agrario 360/2010, declaró nula la Asamblea llevada a cabo en el Núcleo Agrario de Cacahuatepec el 28 de abril de 2010, considerando que la misma estuvo afectada de graves irregularidades pues no fue convocada ni realizada conforme a las formalidades previstas en la Ley Agraria; no se publicaron las convocatorias en los lugares visibles; amén de que se enviaron a ella más de 300 policías para impedir la entrada de los comuneros dueños de las tierras y para permitir la entrada de personas ajenas al núcleo agrario.

Después de que fuera dictada esta resolución emitida por el TUA Nº 41 el pasado 18 de abril de 2011, que significaba el quinto fallo en contra de la construcción de la presa La Parota, el 06 de junio de 2011 un grupo minoritario de supuestos comuneros promovió una demanda de amparo en contra de dicha resolución, la cual se turnó al Segundo Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del Vigésimo Primer Circuito, bajo el número de Amparo Directo Agrario 323/2011.Tras analizar el caso, el Tribunal Federal confirmó la nulidad de la Asamblea amañada realizada el 28 de abril de 2010.

La decisión del Segundo Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del Vigésimo Primer Circuito representa una confirmación de lo que han señalado instancias de la Organización de las Naciones Unidas tan relevantes como el Relator sobre derechos de los Pueblos Indígenas, el Relator Especial sobre el Derecho a la Alimentación, y el Relator Especial sobre la Vivienda, acerca de las múltiples irregularidades en las asambleas comunales y ejidales convocadas acerca del proyecto La Parota.

Esta decisión del Tribunal Federal, sumada a los resultados de la consulta del 12 de agosto de 2007, a las recomendaciones de las instancias internacionales de derechos humanos y a las opiniones de expertas en materia ambiental, confirman que el proyecto La Parota es legal, ambiental y socialmente inviable.

Asimismo, la decisión del Tribunal Colegiado confirma una vez más que en la lucha legal emprendida por los opositores al Proyecto, son los comuneros, ejidatarios y avecindados unidos en el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (CECOP) quienes tienen la razón legal y la legitimidad social. Es de esperarse, por ello, que la reciente determinación impulse la firma de los Acuerdos de Cacahuatepec, hasta ahora pospuesta por el Ejecutivo estatal, misma que puede devolver la paz a la región.

Para mayor información y entrevistas:

Román Hernández-Atziri Ávila
Área de Comunicación Tlachinollan
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