Por: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
El 28 de julio de 2003 en la región del
río Papagayo se gestó un movimiento emblemático protagonizado por
hombres y mujeres que habitan en el Acapulco rural y que viven
fundamentalmente de lo que producen en el campo y lo que llegan a pescar
en el río. Es un movimiento que nació a contrapelo de las políticas
privatizadoras del gobierno federal y cuyo eje de su lucha se centra en
la defensa de sus bienes naturales. Se organizaron al ver que la
Comisión Federal de Electricidad (CFE) incursionaba sin permiso a su
territorio, trasladando maquinaria pesada para realizar los trabajos
previos a la construcción de la cortina que tendría una altura de 190
metros para almacenar el agua del río Papagayo y edificar el
megaproyecto de la presa hidroeléctrica conocida como La Parota.
Los campesinos pobres del Acapulco
paradisiaco que conocen los turistas nacionales e internacionales forman
parte de las estadísticas del oprobio. Son los sectores más
depauperados. Lo contrastante es que en sus tierras nace el agua que
abastece a todos los negocios del Acapulco empresarial. Por sus calles
corren las aguas negras porque a los presidentes municipales no les
alcanza el recurso para construir el drenaje y garantizar el acceso al
agua dentro de sus viviendas. Estos hombres y mujeres que no cuentan con
un empleo seguro conformaron el Concejo de Ejidos y Comunidades
Opositoras a la Presa la Parota (CECOP) como una instancia de los
pueblos en resistencia para defender su territorio y el gran afluente
del río papagayo. Fue una lucha tenaz, las mujeres instalaron plantones
para impedir la entrada de los trabajadores de la CFE. Los jefes de
familia reavivaron las asambleas y apelaron a las instancias jurídicas
para hacer frente a la embestida del estado que diseño una estrategia
burda para comprar conciencias y realizar asambleas espurias simulando
consultas para autorizar la construcción de la hidroeléctrica. Desde
aquellos años los tres niveles de gobierno utilizaron a las
corporaciones policiales para impedir que los miembros del CECOP
entraran a las asambleas y participaran plenamente como comuneros con
derechos.
En las asambleas ilegales convocadas
fuera de los núcleos agrarios como las que se realizaron en Tierra
Colorada, El Campanario, Dos Arroyos y San Juan Grande pertenecientes a
los bienes comunales de Cacahuatepec y San Marcos respectivamente, las
autoridades utilizaron la fuerza policial como el recurso más efectivo
para imponer por la fuerza un proyecto basado en el despojo y el
desplazamiento de los verdaderos dueños de este territorio. Esta lucha
histórica atrajo a los relatores de la ONU sobre pueblos indígenas y de
vivienda y a la misma secretaria general de Amnistía Internacional. Su
presencia era una muestra clara del reconocimiento que tenían al
movimiento ejemplar emprendido por el CECOP. Hubo recomendaciones muy
precisas a las autoridades federales emplazándolas a que respetaran la
decisión de las comuneras y comuneros que se oponían a la construcción
de La Parota. En los mismos Tribunales Agrarios ganaron limpiamente 6
juicios demostrando tener también la razón jurídica. Se dieron el lujo
de convocar a una consulta por usos y costumbres invitando a un alto
funcionario de la CFE para que presentara las bondades de la presa la
Parota. Participaron también expertos de la UNAM quienes plantearon los
daños irreversibles que han causado estas megapresas. El veredicto final
de más de cinco mil comuneras y comuneros fue el no rotundo a la
Parota.
Este triunfo inobjetable ha inspirado a
muchos movimientos en América Latina para generar estrategias de
resistencias desde la base comunitaria, sin embargo, el costo social
para el CECOP ha sido muy alto. En esta lucha histórica fueron
asesinados 3 miembros del CECOP, 5 compañeros y una compañera han sido
encarcelados, entre ellos Marco Antonio Suastegui Muñoz quien fue
recluido arbitrariamente en un penal de máxima seguridad, para darle un
trato de un criminal sumamente peligroso. Existen además 40 órdenes de
aprehensión contra varios campesinos pobres cuyo delito ha sido oponerse
a la construcción de la presa hidroeléctrica. Los gobernadores en turno
tanto del PRI como del PRD han golpeado de manera sistemática al CECOP
con el fin de desarticularlo generando divisiones internas, debilitando
su organización comunitaria y criminalizando a sus líderes a pesar de
emprender una batalla legitima. El mismo congreso federal cada año
asigna un presupuesto millonario para la construcción de la presa
hidroeléctrica la Parota, del mismo modo el Presidente de la República
Enrique Peña Nieto cuando anuncio su plan hechizo del nuevo Guerrero
contemplo en el presupuesto la construcción de una presa en el río
papagayo, omitiendo el nombre de la Parota. Este negocio millonario ha
sido la obsesión de la clase política que sueñan con agenciarse millones
de pesos a través del despojo de los territorios que poseen desde
tiempos ancestrales los campesinos pobres que se reivindican como un
pueblo indígena.
Esta osadía del CECOP de seguir siendo
campesinos y mantenerse dentro de sus tierras ha causado un enojo muy
grande entre las autoridades. No les perdonan que hayan impedido la
llegada de capitales internacionales para construir un complejo
turístico alrededor del vaso de agua para crear otro emporio en
beneficio del gran empresariado. Han dejado en total abandono a estas
comunidades que sobreviven de la siembra del maíz y de sus precarias
huertas. Los niños y los jóvenes difícilmente pueden continuar sus
estudios medios y superiores en el puerto de Acapulco. Las familias más
agraciadas son las que trabajan como afanadores en los hoteles de punta
diamante. Los gobiernos Estatal y Municipal no solo han dejado a su
suerte a estas familias si no que siguen metiendo cuña para provocar más
divisiones. En lugar de distender el ambiente que priva en varias
comunidades que se fracturaron por esta disputa de la hidroeléctrica han
sembrado el odio y la confrontación.
El mismo CECOP ha tenido que hacer
frente a nuevos desafíos, como el gran problema de la inseguridad que se
ha expandido de las colonias populares del puerto a las comunidades
rurales donde han ido asentando sus reales los grupos de la delincuencia
organizada. La violencia ha cobrado muchas vidas y los delitos de alto
impacto están causando graves daños a las familias que ahora viven con
miedo ante el empoderamiento de las organizaciones delincuenciales. Esta
realidad obligo al CECOP a impulsar la conformación de grupos de la
Policia Comunitaria en su mismo territorio para contener esta avalancha
delincuencial. Solicitaron el apoyo y la asesoría de la Coordinara
Regional de Autoridades Comunitarias de San Luis Acatlan que respaldo la
creación de una casa de enlace en la comunidad de la Concepción,
contando con un grupo de Coordinadores que se encargan de velar por la
seguridad de la población.
Este proyecto fincado en la defensa de
los derechos de los pueblos indígenas tampoco ha sido bien visto por las
autoridades del Estado y del Municipio. No les importa que las mismas
comunidades contribuyan con el municipio para brindar seguridad. A pesar
de que no les genera ningún gasto, existe un desprecio y mucha
animadversión al trabajo que realiza la Policía Comunitaria.
Criminalizan las actuaciones de sus elementos y denigran su trabajo.
Han permitido la entrada de grupos vinculados con la delincuencia
organizada para alentar la venta de drogas y armas dentro de los bienes
comunales de Cacahuatepec con la intención de destruir el tejido
comunitario. A pesar de esta estrategia de desgaste y de golpeteo
sistemático las comunidades que pertenecen al CECOP han mantenido viva
la resistencia contra la Parota y también contra los grupos de la
delincuencia organizada. Para las autoridades esta lucha heroica de las
comunidades campesinas son interpretadas como un riesgo y una amenaza a
los proyectos de desarrollo de tinte capitalista y a sus planes
privatizadores. Siempre han catalogado al CECOP como un movimiento
radical de gente rijosa, que alienta los conflictos y que causa daños
patrimoniales a los empresarios que se han apropiado ilegalmente de sus
tierras comunales. Se ha incubado entre los grupos de poder de la región
un plan para destruir al CECOP y desmantelar su organización
comunitaria, se sigue socavando su resistencia criminalizando su lucha
legitima y fabricando delitos contra sus dirigentes.
El cerco contra el CECOP se ha ido
cerrando, las autoridades han formado varios frentes para aniquilarlo;
alientan la división intracomunitaria con proyectos productivos, imponen
autoridades agrarias y municipales para promover la construcción de la
Parota. Alientan la confrontación con el apoyo brindado a la UPOEG para
que pueda asentarse dentro de las tierras comunales de Cacahuatepec;
fabrican expedientes contra sus dirigentes para desactivar su lucha y
diezmar su liderazgo confinándolos en penales de máxima seguridad y
recurrentemente utilizan el uso de la fuerza para reprimir y atemorizar a
la población opositora.
El asesinato de 3 policías comunitarios
en la comunidad de la Concepción este domingo 7 de enero a manos de
Policías Estatales apoyados por miembros del ejército y Policía Federal
es una acción criminal que contó con el respaldo de autoridades de alto
nivel para usar la fuerza letal como única fórmula para dirimir un
conflicto intracomunitario. Queda evidenciado como el gobierno del
estado pudiendo implementar otro tipo de estrategias para atender estos
conflictos de alta intensidad, recurre a al uso de las armas no solo
para someter a policías comunitarios si no para asesinarlos impunemente.
Los reportes periodísticos hablan de que se trataba de 25 policías
comunitarios que se encontraban rodeados por más de 100 policías del
estado apoyados con policías federales y elementos del ejército, que
bien pudieron controlar esta situación sin necesidad de accionar sus
armas. Lamentablemente en nuestro estado el uso letal de las armas es
una práctica recurrente de las corporaciones policiacas contra la
población civil. No hay controles internos que obliguen a las
corporaciones policiales a aplicar protocolos reconocidos
internacionalmente para el uso adecuado de la fuerza. Contrario a esto
las fuerzas policiales tienen interiorizada en su mente que las armas
que portan son para accionarlas ante la población civil que protesta y
encara a la autoridad. No hay ley que valga para contener sus instintos
asesinos. Sienten que su autoridad solo vale si detonan sus armas y dan
en el blanco a quien consideran su enemigo.
Lo grave de este caso es que las
autoridades del estado se hagan cómplices de esta acción letal, que se
empeñen en justificar estos asesinatos y que vuelquen toda la fuerza del
estado contra el grupo de la policía comunitaria y el dirigente del
CECOP Marco Antonio Suastegui para hacerlos aparecer como los
responsables de esta acción criminal, cuando no existe un señalamiento
contundente de las autoridades sobre los policías que perpetraron
impunemente estos 3 asesinatos de los policías comunitarios. Se ha
querido hacer un juicio sumario contra la policía comunitaria de la
Concepción para encubrir la acción desproporcionada y criminal de las
fuerzas policiales que pudieron haber actuado de otra forma sin tener
que hacer uso de la fuerza letal.
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