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23 de agosto de 2018

300. Tercera y última parte: UN DESAFÍO, UNA AUTONOMÍA REAL, UNA RESPUESTA, VARIAS PROPUESTAS, Y ALGUNAS ANÉCDOTAS SOBRE EL NÚMERO “300”. | Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano.

300.

Tercera y última parte:
UN DESAFÍO, UNA AUTONOMÍA REAL, UNA RESPUESTA, VARIAS PROPUESTAS, Y ALGUNAS ANÉCDOTAS SOBRE EL NÚMERO “300”.

  ¿Qué sigue?

  Remar contra corriente.  Nada nuevo para nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas.

  Nosotros queremos refrendar -lo consultamos con nuestros pueblos-: cualquier capataz va a ser enfrentado, cualquiera; y no sólo quien propone una buena administración y una correcta represión -o sea, este combate a la corrupción y el plan de seguridad basado en la impunidad-; también quienes detrás de sueños vanguardistas pretendan imponer su hegemonía y homogeneizarnos.

  No cambiaremos nuestra historia, nuestro dolor, nuestra rabia, nuestra lucha, por el conformismo progre y su caminar detrás del líder.

  Tal vez el resto lo olvide, pero nosotros no olvidamos que somos zapatistas.

  Y en y sobre nuestra autonomía -con esto que se está manejando de que sí se va a reconocer, o no se va a reconocer-, nosotros hicimos este razonamiento: la autonomía oficial y la autonomía real.  La oficial es la que reconozcan las leyes.  La lógica sería ésta: tienes una autonomía, ahora la reconozco en una ley y entonces tu autonomía empieza a depender de esa ley y ya no sigue sosteniendo sus formas, y luego, cuando va a haber un cambio de gobierno, entonces tienes que apoyar al gobierno “bueno”, y votar por él, promover el voto por él, porque si entra otro gobierno van a quitar la ley que te protege.  Entonces nos convertimos en los peones de los partidos políticos, como ha pasado con movimientos sociales en todo el mundo.  Ya no importa lo que se esté operando en la realidad, lo que se esté defendiendo, sino lo que la ley reconozca.  La lucha por la libertad se transforma así en la lucha por el reconocimiento legal de la lucha misma.

-*-

  Hablamos con nuestras jefas y jefes.  O más bien hablamos con los pueblos que nos dan el paso, el rumbo y el destino.  Con su mirada miramos lo que viene.

  Consultamos, y dijimos: bueno, si nosotros decimos esto ¿qué va a pasar?

  Nos vamos a quedar solos, nos van a decir que somos marginales, que estamos quedándonos fuera de la gran revolución… de la cuarta transformación o de la nueva religión (o como quieran llamarla), y vamos a tener que remar contra corriente otra vez.

  Pero no es nada nuevo, para nosotros y nosotras, eso de quedarnos solos.

  Y entonces nos preguntábamos, bueno, ¿tenemos miedo de esto de quedarnos solos?; ¿tenemos miedo de mantenernos en nuestras convicciones, de seguir luchando por ellas?; ¿tenemos miedo de que, quien estaba a favor, se ponga en contra?; ¿tenemos miedo de no rendirnos, de no vendernos, de no claudicar?; y finalmente concluimos: bueno pues nos estamos preguntando si es que tenemos miedo de ser zapatistas.

  No tenemos miedo de ser zapatistas y lo vamos a seguir siendo.

  Así fue que nos preguntamos y nos respondimos.

  Nosotros pensamos que junto con ustedes (las redes), con todo en contra, porque no tenían los medios, ni el consenso, ni la moda, ni la paga –ustedes tuvieron incluso que poner paga de su bolsillo-, que con todo eso, alrededor de un colectivo de originarios y de una mujer pequeña, chaparrita, ésa sí morena, del color de la tierra, denunciamos un sistema depredador y defendimos la convicción de una lucha.

  Y entonces estamos buscando a otras personas que no tengan miedo.  Así que les preguntamos a ustedes (las redes): ¿tienen miedo?

  Ahí lo vean pues, si sí tienen miedo, pues vamos a buscar en otro lado.

-*-

  Nosotros pensamos que debemos seguir del lado de los pueblos originarios.

  Tal vez algunas de las redes todavía piensan que estamos apoyando a los pueblos originarios.  Van a ver, conforme avance el tiempo, que va a ser al revés: nos van a apoyar con su experiencia y sus formas organizativas, o sea, vamos a aprender.  Porque si alguien hay experto en tormentas son los pueblos originarios, ya les han tirado de todo y ahí están, o aquí estamos, pues.

  Pero pensamos también -y les decimos claro, compañer@s- que no basta, que tenemos que incorporar a nuestro horizonte nuestras realidades con sus dolores y sus rabias, o sea, que tenemos que ir caminando hacia la siguiente etapa: la construcción de un Concejo que incorpore las luchas de todos los oprimidos, de los desechables, de las desaparecidas y asesinadas, de los presos políticos, de las mujeres agredidas, de la niñez prostituida, de los calendarios y geografías que trazan el mapa imposible para las leyes de probabilidad, las encuestas y las votaciones: el mapa contemporáneo de las rebeldías y las resistencias en todo el planeta.

  Si ustedes, junto con nosotros, vamos a desafiar la ley de probabilidad que dice que no hay ninguna chance, o muy pequeña, de que lo logremos, si vamos a desafiar las encuestas, los millones en las votaciones, y la numeralia que el Poder ofrezca para rendirnos o para desmayarnos, tenemos que hacer más grande el Concejo.

  Hasta ahora es sólo un pensamiento que expresamos aquí, pero queremos construir un Concejo que no absorba ni anule todas las diferencias, sino que las potencie en el andar con otroas, otros y otras que tengamos el mismo empeño.

  Con el mismo razonamiento, estos parámetros no debieran tener como límite la geografía impuesta por fronteras y banderas: debiera apuntar a hacerse internacional.

  Lo que estamos proponiendo es no sólo que el Concejo Indígena de Gobierno deje de ser sólo indígena, sino que también deje de ser nacional.

  Por lo tanto, nosotras, nosotros, nosotroas, como zapatistas que somos, proponemos que se lleve a consulta, además de todas las propuestas que se han vertido en este encuentro, lo siguiente:

1º.- Refrendar nuestro apoyo al Congreso Nacional Indígena y al Concejo Indígena de Gobierno.

2º.- Crear y mantener canales de comunicación abiertos y transparentes entre quienes nos conocimos en el andar del Concejo Indígena de Gobierno y su vocera.

3º.- Iniciar o continuar el análisis-valoración de la realidad en que nos movemos, haciendo y compartiendo dichos análisis y valoraciones, así como las propuestas de acción coordinadas que se deriven.

4º.- Proponemos el desdoblamiento de las Redes de Apoyo al CIG para, sin dejar el apoyo a los originarios, abrir ya el corazón a las rebeldías y resistencias que emergen y perseveran en donde cada quien se mueve, en el campo y la ciudad, sin importar las fronteras.

5º.- Iniciar o continuar la lucha que apunte a engrandecer las demandas y el carácter del Concejo Indígena de Gobierno, de modo que vaya más allá de los pueblos originarios e incorpore a trabajadores del campo y de la ciudad, y a l@s desechables que tienen historia y lucha propias, es decir, identidad.

6º.- Iniciar o continuar el análisis y discusión que apunte al nacimiento de una Coordinación o Federación de Redes, que evite el mando centralizado y vertical, y que no escatime el apoyo solidario y la hermandad entre quienes la forman.

7º y último.- Celebrar una reunión internacional de redes, como quiera que se llamen -nosotros proponemos que ahora nos llamemos Red de Resistencia y Rebeldía… y cada quien su nombre- en diciembre de este año, después de conocer y analizar y evaluar lo que decidan y propongan el Congreso Nacional Indígena y su Concejo Indígena de Gobierno (en su reunión de Octubre de este año), y también para conocer los resultados de la consulta a la que se llama en esta reunión -en la que estamos ahorita-.  Para esto ofrecemos, si les parece, espacio en alguno de los Caracoles Zapatistas.

  Nuestro llamado pues, no es sólo a los originarios, es a todoas, a todas y a todos quienes se rebelan y resisten en todos los rincones del mundo.  A quienes desafían los esquemas, las reglas, las leyes, los preceptos, los números y los porcentajes.

-*-

Anécdota uno.- En los primeros días de enero de 1994, la inteligencia del Ejército Federal estimaba la fuerza del autodenominado ezetaelene en “sólo” 300 transgresores de la ley.

Anécdota dos.- En el mismo año, y mientras Ernesto Zedillo Ponce de León y Esteban Moctezuma Barragán cocinaban la traición de febrero de 1995, el grupo Nexos (dedicado antes a cantar loas a Salinas de Gortari y después a Zedillo) se desesperaba y, en voz de Héctor Aguilar Camín, expresaba, palabras más, palabras menos: “¿Por qué no los aniquilan?  Sólo son 300”.

Anécdota tres.- Del informe de la mesa de registro en el Encuentro de Redes de Apoyo al CIG y su vocera, realizado en el caracol zapatista “Torbellino de Nuestras Palabras”, del 3 al 5 de agosto del 2018: “asistentes: 300”.

Anécdota cuatro: Ingresos de las 300 empresas más poderosas del planeta: ni idea, pero puede ser un 300, o cualquier número, seguido de un chingo de ceros, y luego “millones de dólares”.

Anécdota cinco.- Cantidades y porcentajes “alentadores”:
.- la diferencia cuantitativa entre 300 y 30, 113,483 (que son los votos que, según el INE, obtuvo el candidato AMLO) es: treinta millones, ciento trece mil, ciento ochenta y tres;
.- 300 es el 0.00099623 % de esos más de 30 millones;
.- 300 es el 0.00052993 % de los votos emitidos (56, 611,027);
.- 300 es el 0.00033583 % del padrón electoral (89, 332,032);
.- 300 es el 0.00022626 % del total de la población mexicana (132, 593,000, menos las 7 mujeres que, en promedio, son ultimadas diariamente –en la última década, en México y en promedio, una niña, jóvena, adulta o mujer de la tercera edad, fue asesinada cada 4 horas-);
.- 300 es el 0.00003012 % de la población del Continente Americano (996, 000,000 en 2017);
.- la probabilidad porcentual de destruir el sistema capitalista, es del 0.000003929141 %, que es el tanto por ciento de la población mundial (7, 635, 255,247 a las 19:54 hora nacional del 20 de agosto del 2018), que representan 300 (claro, si es que las supuestas 300 personas no se venden, no se rinden y no claudican).

  Oh, lo sé, ni la tortuga derrotando a Aquiles serviría de consuelo.

  ¿Y un caracol?…

  ¿La Bruja Escarlata?…

  ¿El gato-perro?…

  Deje usted eso, a nosotras, nosotros, zapatistas, lo que nos desvela no es el desafío que plantea esa ínfima probabilidad, sino cómo va a ser el mundo que siga; el que, sobre las cenizas aún humeantes del sistema, empiece a emerger.

  ¿Cuáles van a ser sus formas?

  ¿Se hablarán colores?

  ¿Cuál será su tema musical? (¿eh? ¿“la del moño colorado”?  Ni pensarlo).

  ¿Cuál será la formación del equipo, completado al fin, de Defensa Zapatista?  ¿Podrá alinear el osito de peluche de Esperanza Zapatista, haciendo mancuerna con el Pedrito?  ¿Le permitirán al Pablito portar su sombrero vaquero y al Amado Zapatista su casco de estambre?  ¿Por qué ese maldito árbitro no marca el claro fuera de lugar del Gato-perro?

  Y, sobre todo, y eso es fundamental, ¿cómo se va a bailar ese mundo?

  Por eso, cuando a nosotras, nosotros, zapatistas, nos preguntan “¿qué sigue?”… pues, ¿cómo le diré?… no respondemos luego, sino que tardamos en responder.

  Porque, viera usted, bailar un mundo da menos problemas que imaginárselo.

Anécdota seis.- Ah, ¿usted pensó que lo de “300” era por el filme del mismo nombre y por la batalla de las Termópilas, y ya se preparaba, vestid@ como Leónidas o como Gorgo (cada quien su modo), para gritar “¡Esto es Esparta!” mientras diezma las tropas de los “Inmortales” del rey persa Jerjes?  ¿No le digo?  Est@s zapatistas, como de costumbre, viendo otra película.  O peor aún, mirando y analizando la realidad.  Ni modos.

-*-

  Es todo…por ahora.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Moisés.                     Subcomandante Insurgente Galeano.

México, agosto del 2018.

22 de agosto de 2018

300. Segunda parte: UN CONTINENTE COMO PATIO TRASERO, UN PAÍS COMO CEMENTERIO, UN PENSAMIENTO ÚNICO COMO PROGRAMA DE GOBIERNO, Y UNA PEQUEÑA, MUY PEQUEÑA, PEQUEÑÍSIMA REBELDÍA. | Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano.

300.

Segunda parte:
UN CONTINENTE COMO PATIO TRASERO, UN PAÍS COMO CEMENTERIO, UN PENSAMIENTO ÚNICO COMO PROGRAMA DE GOBIERNO, Y UNA PEQUEÑA, MUY PEQUEÑA, PEQUEÑÍSIMA REBELDÍA.
 
Del mundo bajamos al continente.

  Si miramos hacia arriba…

  Vemos los ejemplos de Ecuador, Brasil y Argentina, donde no sólo desplazan a los gobiernos supuestamente progresistas, sino que también los persiguen jurídicamente y, en su lugar, ascienden gobiernos entrenados como buenos capataces, o capataces obedientes al capital (aunque, seamos justos, son bastante torpes aún en su cinismo) para el nuevo reacomodo de la finca mundial, que son como Temer en Brasil, Macri en Argentina y en Ecuador, el que era bueno porque lo puso el ahora perseguido Correa (el de la “revolución ciudadana” –“de izquierda”, así lo vendió la intelectualidad progresista-) y ahora resulta que es de derecha, que es Lenin Moreno -paradójicamente se llama Lenin-.

  Bajo la vigilancia del Estado que se ha convertido en el policía de la región -Colombia-, y desde el cual se amenaza, se desestabiliza y se planean provocaciones que justifiquen invasiones de “fuerzas de paz”, en toda Sudamérica se vuelve a los brutales tiempos de la Colonia, ahora con el “nuevo” extractivismo, que no es sino el ancestral saqueo de recursos naturales, tipificados como “materias primas”, y que, en los gobiernos progresistas de la región, se avala y promueve como un “extractivismo de izquierda” -que viene siendo algo así como un capitalismo de izquierda o una izquierda capitalista o a saber qué quiere decir eso-, pero igual destruyen y despojan, sólo que es por una “buena causa” (¿?).  Cualquier crítica o movimiento opositor a la destrucción de los territorios de los originarios es catalogada como “promovida por el Imperio”, “de aliento derechista”, y demás equivalentes a “es un complot de la mafia del Poder”.

  En suma, en el continente, el “patio trasero” del Capital se extiende hasta el Cabo de Hornos.

  Pero si miramos hacia abajo…

  Vemos rebeldías y resistencias, en primer término, de los pueblos originarios.  Sería injusto nombrarlos a todos, pues siempre se correría el riesgo de omitir algunos.  Pero su identidad resalta en su lucha.  Ahí donde la máquina encuentra resistencia a su avance depredador, la rebeldía se viste de colores nuevos de tan antiguos y habla lenguas “extrañas”.  El despojo, también disfrazado de renta de la tierra, trata de imponer su lógica mercantil a quienes se refieren a la tierra como la madre.

  Estas resistencias son acompañadas por grupos, colectivos y organizaciones que, sin ser propiamente de los originarios, comparten con ellos empeño y destino, es decir, corazón.  Por ello sufren calumnias, persecuciones, encarcelamientos y, no pocas veces, la muerte.

  Para la máquina, los originarios son cosas, incapaces de pensar, sentir y decidir; así que no es ajena a su lógica automatizada el pensar que estos grupos en realidad “dirigen”, “usan” y “mal orientan” a esas “cosas” (los originarios) que se niegan a abrazar la idea de que todo es una mercancía.  Todo, incluyendo su historia, lengua, cultura.

  Para el sistema, el destino de los originarios está en los museos, las especialidades de antropología, los mercados de artesanías, y la imagen de la mano tendida esperando limosna.  Debe ser desesperante, para los teóricos y abogados de la máquina, ese analfabetismo que no entiende las palabras: “consumo”, “ganancia”, “progreso”, “orden”, “modernidad”, “conformismo”, “compra-venta”, “rendición”, “claudicación”.  Para alfabetizar a esos remisos de la civilización, son buenos los programas asistenciales que dividen y confrontan, los barrotes de la cárcel, el plomo y la desaparición.  Y sí, hay quien se vende y entrega a los suyos al verdugo, pero hay comunidades que se mantienen rebeldes porque saben que nacieron para la vida, y que las promesas de “progreso” esconden la muerte peor: la del olvido.

  Seguimos a Centroamérica (donde en Nicaragua se reedita Shakespeare, y la pareja Macbeth, Daniel y Rosario, se preguntan “¿Quién se iba a imaginar que el viejo (Sandino) tuviera tanta sangre en el cuerpo?” mientras intentan, en vano, limpiarse las manos en una bandera rojinegra), que se empieza a transformar, de un territorio olvidado (después de un saqueo despiadado), en un problema para el gran capital porque es un gran proveedor, y trampolín, de migrantes; y eso le va a asignar a México, y en concreto al sureste mexicano, el papel de muro.

  Y decidimos incluir a México en Centroamérica porque su historia lo llama a la América Latina y, aún en los mapamundis, Centroamérica es el brazo que se extienden quienes son hermanados por el dolor y la rabia.

  Pero a los gobiernos distintos que ha padecido y padecerá este país, y a su clase política, la vocación extranjera les lleva a admirar, imitar, servir y procurar “la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia” (José Martí, “Carta a Manuel Mercado”, 18 de mayo de 1895).

  Cuando Donald Trump dice que quiere construir el muro, todos están pensando en el Río Bravo, pero el capital está pensando en el Suchiate, el Usumancita y el Hondo.  En realidad el muro estará en México para detener a los que vienen de Centroamérica y esto tal vez pueda ayudar a entender por qué Donald Trump, el 1 de julio, saludó al Juanito Trump, que había ganado las elecciones en México.

  El sentido de un muro lo da su contraposición a “algo”.  Todos los muros se erigen contra ese “algo”; llámense zombis, extraterrestres, delincuentes, indocumentados, migrantes, “sans papiers”, ilegales, clandestinos, ajenos.  Los muros no son sino el símil de la puerta y las ventanas cerradas de una casa, que así se protege del extranjero, del extraño, del Alien que, en su diferencia lleva la promesa del apocalipsis final.  Una de las raíces de la palabra “etnia” la remite a “la gente extranjera”.

  En los planes del capital, el muro contra América Latina tendrá la forma del imposible cuerno de la abundancia y se llamará “México”.

  En la región sureste, como ya dijimos, se construye la primera etapa del muro de Trump.  La oficina “nacional” de Migración se seguirá comportando como subordinada de la Border Patrol; y Guatemala y Belice son la última estación antes de ingresar a la aduana de Norteamérica.  Esto convierte al sureste mexicano en una de las prioridades de conquista y administración.

  Por eso, en los nuevos planes “geopolíticos”, se ofrece crear un “colchón”, un “amortiguador”, un filtro que reduzca drásticamente la migración.  Se ofrece, así, un placebo para aliviar la pesadilla del capital: una horda de zombis (es decir, de migrantes) al pie de sus muros, amenazando sus formas de vida y “rayando”, en la indiferente superficie de hierro y concreto, el grafiti que señala:

“Tu bienestar está construido sobre mi desgracia”.

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  En este país, llamado también “República Mexicana”, las pasadas elecciones federales consiguieron ocultar la realidad… por un instante: la crisis económica, la descomposición social (con su larga cauda de feminicidios), y la consolidación (a pesar de los supuestos “golpes mortales” al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional) del llamado “crimen organizado”.  Aunque por poco tiempo, los asesinatos, secuestros y desapariciones de mujeres de todas las edades, pasaron a segundo plano.  Lo mismo con la carestía y el desempleo.  Pero, apagándose ya el entusiasmo por el resultado electoral, la realidad vuelve a decir “aquí estoy, falta mi voto… y mi guadaña”.

  Sobre el horror que ha convertido a México en un cementerio y en el limbo, el no-lugar, de las desapariciones, no diremos mucho.  Bastaría atender a los medios para darse una vaga idea.  Pero una descripción, análisis y valoración más profunda, se puede encontrar en las participaciones de Jacobo Dayán, Mónica Meltis, Irene Tello Arista, Daniela Rea, Marcela Turati, Ximena Antillón, Mariana Mora, Edith Escareño, Mauricio González González y John Gibler, en el semillero de abril de este año, “Miradas, Escuchas, Palabras; ¿Prohibido Pensar?”, en el CIDECI de San Cristóbal de las Casas, Chiapas; y en sus escritos, crónicas, reportajes y columnas.  Y aun así, leer o escuchar sobre el horror cotidiano, es muy lejano a vivirlo como cotidianeidad.

  Al gran capital no le importan las desapariciones, los secuestros y los feminicidios.  Lo que le preocupa es SU seguridad y la de SUS programas.  La corrupción que le incomoda es la que recorta su ganancia.  Por esto es que se le propone “Yo voy a hacer un buen capataz, voy a tener a la peonada tranquila y contenta, vas a volver a tener la seguridad que los gobiernos pasados te escatimaron, vas a poder sacar lo que quieres sacar, y no te voy a robar nada”.

  Al sistema le sigue estorbando una cosa que es el Estado Nacional y le va a asignar cada vez más la única función para la que nace cualquier Estado, es decir, asegurar por medio de la fuerza, la relación entre dominadores y dominados.

  Los planes de desarrollo de los nuevos gobiernos en cualquier parte del mundo no son sino declaraciones de guerra particulares en los territorios donde esos planes de desarrollo se van a operar.

  Si se hablara sin palabrería hueca, se diría que se propone construir páramos y desiertos, y, al mismo tiempo, se construye ya la coartada para eludir la responsabilidad de esa destrucción: “te aniquilamos, pero fue por el bien de todos”.

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  Me equivoqué.  Nosotros habíamos previsto que iba a haber un fraude electoral (y lo hubo, pero en otro sentido).  Habíamos previsto que López Obrador iba a ganar, pero que el sistema le iba a escatimar el triunfo con trampas.  Y estábamos pensando en cuáles eran las opciones del sistema después de ese fraude.  Según nuestro análisis, no les preocupaba un escándalo porque ya habían soportado el de la Casa Blanca, Ayotzinapa, la Estafa Maestra, las corrupciones en los gobiernos de los estados, y entonces en caso de que se hiciera un escándalo por un fraude, a Peña Nieto ni le iba ni le venía.  Pensamos que el dilema del sistema era elegir entre Meade y Anaya, elegir cuál era más de derecha, más eficaz para sus planes, quién de ellos sería un mejor capataz.

  Las posibilidades de una resistencia sostenida y radical del entonces candidato que iba a ser defraudado eran mínimas, entonces no iba a pasar nada de peligro para el sistema, pero sí iba a haber protestas.  Es la disculpa que les presento, porque pensando en eso es que retrasamos la convocatoria a las redes, porque creímos que iba a haber protestas, bloqueos y todo eso, y si los invitábamos a lo mejor se quedaban atorados en cualquier parte; por eso les llegó tarde la convocatoria, disculpen.

  Nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas, siempre nos preparamos para lo peor.  Si ocurre, estábamos preparados.  Si no ocurre, pues igual estábamos preparados.

  Entonces nosotros pensamos ahora, por lo que estamos viendo, que no nos equivocamos, que en efecto el sistema escogió, de entre los cuatro candidatos al que se propone como más eficiente, el señor López Obrador.   Y las pruebas de amor que dio el señor López Obrador, o que está dando este señor, para el gran capital, o sea para el finquero, son, entre otros, la entrega de los territorios de los pueblos originarios.  Sus proyectos para el sureste, por mencionar algunos, para el Istmo, para Chiapas, Tabasco, Yucatán y Campeche, son, en realidad, proyectos de despojo.

  Y lo principal que le preocupa a un gobierno que sale es la impunidad, no sus índices de popularidad.  Entonces el “voto” gubernamental debía orientarse a quien le garantizara el no ser perseguido.  Que el exilio o la cárcel no fueran el siempre necesario recurso de la legitimidad para el nuevo.  El nuevo capataz debía prometer (y probar) que no criminalizaría al capataz pasado.

  Pero no crean que el nuevo gobierno va a ser como cualquier otro capataz, con él viene el “nuevo” pensamiento único.

  Hay una especie de nueva religión que se está gestando.  Como que ya no basta la religión del mercado, que aparece en todos los lugares donde los gobiernos de derecha empiezan a hacerse del poder, sino que es como una especie de nueva moral que se impone con el argumento cuantitativo y que ataca el quehacer científico, el arte y la lucha social.

  Ya las luchas no son por una demanda, sino que hay luchas buenas y hay luchas malas.  Para ponerlo en un lenguaje que entiendan: están las luchas buenas y están las luchas que sirven a la mafia del poder, el arte “bueno” y el que sirva a la mafia del poder, el quehacer científico “correcto” y el que sirva a la mafia del poder.  Todo lo que no se guíe por el nuevo pensamiento único que se está normando, es parte del enemigo.  Y la fe, o la nueva fe que se está gestando ahora, necesitan de un individuo excepcional, por un lado, y una masa que lo siga.

  Esto ha pasado en otras partes de la historia mundial, y ahora va a empezar a pasar acá.  Por eso, a las críticas y señalamientos que hagan ustedes, o que hagamos nosotros, no se responde con argumentos sino se dice, por ejemplo, que somos groseros o que es que tenemos envidia.

  No dudamos de que haya gente que, honestamente, haya pensado que el cambio prometido, además de barato (sólo había que cruzar una boleta), apuntaría a un cambio real o “verdadero”.  Debe dar bronca que, en el panorama de allá arriba, se repitan los nombres de los criminales de antes, aunque hayan cambiado a guinda su color.

  Pero la vocación de derechas del nuevo equipo de gobierno es innegable.  Y su entorno “intelectual” y social reivindica sin rubor su tendencia autoritaria.  El guión que señalamos hace 13 años, en 2005, se está siguiendo al pie de la letra.  Quien fue ruin en la derrota, es ruin en la victoria.  Decir que el próximo gobierno es de izquierda o progresista, no es sino una calumnia.  Usamos entonces el símil del huevo de la serpiente.  Hay una película que se llama así, de Ingmar Bergman, y hay una parte donde un doctor (que, por cierto, lo interpretaba el actor de Kung Fu, David Carradine) explica que lo que está pasando en Alemania en ese entonces -que luego va a hacerse fascista- se puede ver como el huevo de una serpiente, que si lo ves a contraluz, se ve adentro lo que trae, y en ese entonces se estaba viendo adentro lo que ahora está pasando.

  Ustedes saben que todo el esfuerzo del Partido Movimiento de Regeneración Nacional, y de López Obrador y su equipo, desde el 1º de julio, es por congraciarse con la clase dominante y con el gran capital.   No hay ningún indicio (nadie se puede llamar a engaño), ningún indicio que diga que es un gobierno progresista, ninguno.  Sus principales proyectos van a destruir los territorios de los pueblos originarios: el millón de hectáreas en la Lacandona, el Tren Maya, o el corredor del Istmo que quieren hacer, entre otros.  Su franca empatía con el gobierno de Donald Trump es ya una confesión pública.  Su “luna de miel” con los empresarios y los grandes capitales está representada en los principales puestos de su gabinete y en sus planes para la “IV transformación”.

  Creemos que es claro que el beneplácito del Poder, del Dinero al “triunfo” de López Obrador, fue más allá del reconocimiento.  En el gran capital hay un verdadero entusiasmo por las oportunidades de conquista que se presentan con el programa de gobierno lopezobradorista.

  Tenemos algunos datos duros y muchos chismes (no se pueden comprobar) sobre lo sucedido en el pasado proceso electoral.  No los damos a conocer porque de ellos se podría deducir que hubo un fraude, y nada más alejado de nuestras intenciones que el intentar agriar la euforia que invade a los “30 millones”.

  Pero lo que nadie quiere señalar es que hubo una especie de “madruguete mediático”, tal y como sucedió en las anteriores elecciones: la de Calderón y la de Peña Nieto.  Es decir, no fueron “las instituciones” quienes dijeron quién ganó, sino los medios.  Cuando el Programa de Resultados Preliminares Electorales (PREP) apenas iniciaba, Televisa y TvAzteca ya decían quién era el ganador; unos minutos después, con menos del 1% de los votos contabilizados, el aval de Meade, de Anaya y de la Calderona.  Pasadas unas horas, el “camarada” Trump se congratula, y en la madrugada del día 2, el ya nombrable, Carlos Salinas de Gortari, se suma a las felicitaciones.  Sin conocerse los resultados oficiales, inicia el besamanos que el PRI convirtió en patrimonio nacional.  ¿Y el INE?  Pues cumpliendo la función para la que fue creado: ser el Patiño de la “democracia electoral”.  Las “instituciones” responsables del proceso se limitaron a seguir el alud mediático.

  La intelectualidad progresista que, en caso de que no fuera su líder, hubiera denunciado lo ocurrido como un “golpe de Estado mediático”, ahora suscribe, sin rubor alguno, el “haiga sido como haiga sido”: “ganamos, ya no importa cómo”.  El asunto es que todo parece indicar que el resultado fue negociado y acordado fuera de las urnas y del calendario electoral.  Pero ya nada de eso importa, el gran elector decretó: “Habemus Capataz, a seguir con los negocios”.

  Este nuevo pensamiento único va a suplir el argumento de la razón, por el argumento cuantitativo: “30 millones no pueden equivocarse”, que fue el que usó el padre no me acuerdo cómo se llama, ¿Solalinde?, ése (perdón, es que nunca lo pronuncio bien y el SubMoy siempre me está corrigiendo), y que se está usando a cada rato: “¿por qué se oponen a 30 millones?  Ustedes son apenas 300 personas y además son sucias, feas, malas y groseras”.  Bueno, hablan de ustedes (las redes), yo sólo soy grosero.

 Con esta nueva forma de fe (frente a ella, nosotros estamos insistiendo que falta el voto que vale, que es el voto de la realidad), es como se empieza a imponer en el imaginario colectivo la razón de la cantidad sobre el análisis y la razón argumentada.

  Y la historia se empieza a reescribir para convertirse en la nueva Historia oficial.  En ella, todos los movimientos sociales y políticos del pasado en realidad apuntaban a llevar a la presidencia a López Obrador.  Ya leímos que el movimiento del 68 no fue sino el antecedente del “fin de los tiempos”, 50 años después.  Ya leímos que se purifica a Manuel Bartlett y a criminales semejantes porque están del lado del ganador.  Ya leímos que Alfonso Romo es un empresario “honesto” que sólo tiene interés en mejorar a su prójimo.

  Ya leímos que, quienes ayer eran del PRI, del PAN, del PRD, del Verde Ecologista, o que se foguearon como militantes en la farándula, ahora son preclaros líderes de la IV transformación.  Y ya leímos también que ¡el alzamiento zapatista de 1994 fue el preludio del alzamiento “ciudadano” de 2018!  Y el líder ya indicó que se hagan elaboraciones teóricas sobre su ascenso al Poder.  No falta mucho para que los historiadores afines, modifiquen los libros de texto de historia.

 Advertimos que viene un alud, un tsunami, de análisis frívolos y chabacanos, de nuevas religiones laicas, de profetas menores -muy menores-, porque tienen la plataforma para hacer eso.  Habrá muchos sapos para quien quiera tragarlos.  Y. puesto que hablamos de neo religión, las ruedas de molino se democratizarán para que todos puedan comulgar.

  Aparecerán los nuevos “boy scouts”, los niños exploradores dispuestos a hacer el bien, aunque mirando bien a quién.

  Los “representantes de los ciudadanos” promoviendo la ciudadanización: lo que quieren los “autóctonos” (me cae que así nos dicen) es ser como quien los despoja.  Ser “iguales”, así sea en la fugaz temporalidad de la urna, y “libres” a la hora de firmar la concesión para la mina-hotel-vía férrea, el contrato de “empleo”, los pagos a plazos, el “apoyo firme a nuestro presidente”, la solicitud de “apoyo gubernamental”.

  Habrá un auge previsible de la gestoría pero, en lugar de recursos, tendrán interlocución.  Y eso vale, aunque no haya paga.  Porque el modelo de “ventanillas” se descentralizará.  Ya no se tendrá que ir a un edificio, formarse y darse cuenta, después de una larga fila, de que faltó la copia rosa.  Ahora la ventanilla irá a su lugar: “pida, nosotros vamos; como comprobante recibirá usted una promesa”.

  Si hay quien nada tiene, es probable que tenga la esperanza.  Los nuevos timadores se encargarán de administrar esa esperanza, de dosificar su aliento y de convertirla en la quimera que consuela pero no resuelve.

  Se reciclará el argumento que se usa en cierto sector de la lucha social, que dice que no es posible cambiar el sistema, que lo que hay que hacer es administrar o limar sus filos para que no lastimen mucho, o sea, que podemos convertirlos en buenos capataces, incluso llegar a crear un buen capitalismo, y que es posible cambiar al sistema desde dentro.

  Ya se adivina la figura a través del cascarón: se demanda la claudicación de la razón y el pensamiento crítico; el enaltecimiento del nacionalismo con base al autoritarismo “bueno”; la persecución de lo diferente; la legitimidad ganada por griterío; la neo religión laica; la unanimidad impuesta; la claudicación de la crítica; y el nuevo lema nacional: “Prohibido Pensar”.  En suma: la hegemonía y la homogeneidad que sustentan los fascismos que se niegan a reconocerse como tales.

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  ¿Son conceptos que permiten entender (y actuar) los que se presentan a la mano?  ¿Términos como “ciudadanía”, “juventud”, “mujeres”, “progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “democracia electoral” como sinónimo de democracia?

  El término “ciudadano” no sirve como concepto para entender lo que sucede: “Ciudadano” es Carlos Slim, como lo es el campesino despojado por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.  Lo es Ricardo Salinas Pliego, y quien vive en la calle después del terremoto de septiembre del 2017.  Lo es Alfonso Romo, y los miembros de la comunidad tzeltal que serán despojados de sus tierras para que pase un tren en el que los turistas se tomen “selfies”.

  Otro: “juventud”.  “Jóvenes” son las hijas de Peña Nieto, y las trabajadoras y estudiantes asesinadas.

  Otro: “mujeres”.  “Mujeres” son la Aramburuzavala, la Gonda, la Sánchez Cordero, la González Blanco Ortiz Mena, la Merkel y la May, y lo son las asesinadas de Ciudad Juárez, las violadas en cualquier rincón del mundo, las golpeadas, las explotadas, las perseguidas, las encarceladas, las desaparecidas.

  Todos los conceptos que eliminen la división o que no ayuden a entender una división de clase entre dominadores y dominados, son un engaño y permiten que convivan, en uno, unos y otros.  Esta transversalidad -que le dicen- entre el capital y el trabajo, no sirve para nada, no explica nada y lleva a una convivencia perversa entre explotador y explotado y, por un momento, parece que son lo mismo aunque no sea así.

  Viene también ese intento de volver al sistema de antes, ese salto imposible hacia atrás al “Estado de Bienestar”, al “Estado Benefactor” de Keynes, al viejo PRI (por eso alguien bromeaba que la primera transformación fue PNR; luego la segunda fue PRM; la tercera fue PRI, y ahora la cuarta transformación es PRIMOR).

  Y con eso viene la añeja discusión entre reforma y revolución.  Los “debates” entre los “radicales” que pugnaban por la revolución, y los “fresas” que estaban por un cambio gradual, por las reformas paulatinas hasta llegar al reino de la felicidad.  Esas discusiones se daban antes en los cafés.  Las ágoras de ahora son las redes sociales y se puede seguir ese ejercicio de autoerotismo en los “influencers” (o como se diga).

  Nosotros pensamos que ni siquiera es necesario discutir eso, porque la reforma no es posible ya; lo que destruyó el capitalismo ya no es salvable, ya no puede haber un capitalismo bueno (pensamos que nunca ha existido esa posibilidad), tenemos que destruirlo totalmente.

  Y parafraseando lo dicho por las zapatistas en el Encuentro de Mujeres que Luchan: no basta con prenderle fuego al sistema: hay que estar pendientes de que se consuma totalmente y sólo queden cenizas.

  De esto ya hablaremos en otra ocasión.  Por ahora sólo queremos señalar que la contrarrevolución social sí es posible  No sólo es posible, sino que va a acechar continuamente, porque van a tratar de aniquilar toda lucha externa a este proceso de domesticación que va a seguir  Va a tratar de ser arrasada, sobre todo con violencia.

  No sólo en marginación, no sólo en calumnias, sino que va a incluir los ataques paramilitares, militares, policiacos.

  Para todo aquel que desafíe estas reglas nuevas -que en realidad son las viejas- no va a haber amnistía, ni perdón, ni absolución, ni abrazos, ni fotos; va a haber la muerte y la destrucción.

  La lucha contra la corrupción (que no es otra cosa que la lucha por una buena administración del dominio) no sólo no incluye la lucha por la libertad y la justicia, sino que se le contrapone, porque con la coartada de la lucha contra la corrupción se pugna por un aparato de Estado más eficiente en la casi única función que detenta el Estado Nacional: la represión.  Pronto, ni ésa.

  El gobierno dejará de ser el capataz ladrón que se queda con varias vaquillas y toretes que no reporta al finquero.  El nuevo capataz no robará, le entregará al patrón la ganancia íntegra.

  Quieren devolverle al Estado Nacional, en este caso México, sus funciones reales.  Es decir, cuando se habla de que se necesita la seguridad, es la seguridad del capital; es la implantación y el perfeccionamiento de un nuevo estado policial: “voy a hacer bien las cosas porque voy a vigilar todo”.  La seguridad reclamada por la “ciudadanización” es, en los hechos, la reimplantación de un sistema policíaco, un muro modernizado y profesionalizado que sepa distinguir entre “los buenos” y “los malos”.

   Se profesionalizará la policía de la ciudad del Capital.  Ahí se reducirá el índice criminal y habrá policías “bell@s” que ayudarán a l@s ancian@s a cruzar la calle, buscarán a las mascotas extraviadas y verán que el tráfico sea amable para quien importa: los automóviles.

  Afuera, en la periferia, seguirá adelante el contubernio entre quien debe prevenir y perseguir el delito, y quien lo comete.  Pero, en compensación, se fomentará el turismo extremo: en la ciudad del Capital se organizarán “tours” y “safaris” para conocer esas raras creaturas que habitan las sombras; los turistas podrán tomarse una “selfie” con el joven detenido-golpeado-asesinado, con su sangre confundiendo los colores de los tatuajes, matando el brillo de los piercings y estoperoles, manchando el verde-morado-azul-rojo-naranja del cabello.  ¿Quién era?  ¿A quién le importa?  En una “selfie” todo lo que no sea el “yo” es pura escenografía, una anécdota, una emoción “fuerte” para lucir en el feis, en instagram, los chats, las autobiografías.  Y, en el altavoz del vehículo blindado, la guía de turistas, amable, advierte: “les recordamos que el consumo de tacos, tortas y demás garnachas son por su cuenta y riesgo; la empresa no se hace responsable de indigestiones, gastritis e infecciones estomacales.  Para quienes bajaron, aquí tenemos gel antibacterial”.

  El nuevo gobierno promete recuperar el monopolio del uso de la fuerza (que le fue arrebatada por el llamado “crimen organizado”).  Pero ya no sólo con las policías y ejércitos tradicionales.  También con los “nuevos” vigilantes: las nuevas camisas “pardas” o guindas, en las que se van a convertir los feligreses de la nueva religión laica; la masa que va a estar atacando a los movimientos sociales que no se domestiquen.  Los reciclados “batallones rojos” (ahora “guindas”, por la IV transformación) que habrán de completar la “limpieza” de suci@s, fe@s, mal@s y groser@s, y todo aquel que se resista al orden, el progreso y el desarrollo.

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  Entonces seguimos bajando, pues, a ver cómo están resistiendo (junto a otras organizaciones, grupos y colectivos), nuestras comunidades, -ahorita aquí con nosotros está parte de la dirección colectiva del EZLN, 90 comandantas y comandantes, son más pero son los que nos están acompañando esta vez para honrar la visita de ustedes (las redes)-.

  Nosotros seguimos caminando con dos pies: la rebeldía y la resistencia, el no y el sí; el no al sistema y el sí a nuestra autonomía, que quiere decir que tenemos que construir nuestro propio camino hacia la vida.  El nuestro está basado en algunas de las raíces de las comunidades originarias (o indígenas): el colectivo, el apoyo mutuo y solidario, el apego a la tierra, el cultivo de las artes y las ciencias, y la vigilancia constante contra la acumulación de riqueza.  Eso, y las ciencias y las artes, son nuestra guía.  Es nuestro “modo”, pero pensamos que en otras historias e identidades, es diferente.  Por eso nosotros decimos el zapatismo no se puede exportar, ni siquiera en el territorio de Chiapas, sino que cada calendario y geografía tiene que seguir con su propia lógica.

  Los resultados de nuestro caminar están a la vista de quien quiera mirar, analizar y criticar.  Aunque, claro, nuestra rebeldía es tan, pero tan pequeña, que se necesitaría un microscopio o, mejor aún, un periscopio invertido para detectarla.

  Y tampoco es un ejercicio muy alentador: nuestras posibilidades son mínimas.

  No llegamos, ni de lejos, a los 30 millones.

  Tal vez sólo seamos 300.

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(Continuará…)

21 de agosto de 2018

300. Primera parte: UNA FINCA, UN MUNDO, UNA GUERRA, POCAS PROBABILIDADES. | Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano.

Participación de la Comisión Sexta del EZLN en el Encuentro de Redes de Apoyo al CIG y su Vocera.

(Versión ampliada)

Por razones de tiempo, la participación zapatista no fue completa.  Les prometimos que luego les mandábamos lo que faltó: aquí la versión original que incluye partes de la transcripción más lo que no se mencionó.  De nada.  No hay por qué darlas.

300.

Primera parte:
UNA FINCA, UN MUNDO, UNA GUERRA, POCAS PROBABILIDADES.

Agosto del 2018.

Subcomandante Insurgente Galeano:

  Buenos días, gracias por haber venido, por aceptar nuestra invitación y compartirnos su palabra.

  Vamos a empezar a explicar cuál es nuestro modo para hacer análisis y valoraciones.

  Nosotros empezamos por analizar qué pasa en el mundo, luego nos bajamos a qué pasa en el continente, luego nos bajamos a qué pasa en el país, luego en la región y luego en lo local.  Y de ahí sacamos una iniciativa y la empezamos a subir de lo local a lo regional, a lo nacional, al continente y al mundo entero.

  Según nuestro pensamiento, el sistema dominante a nivel mundial es el capitalismo. Para explicárnoslo y para explicarlo a otros, usamos la imagen de una finca.

  Le voy a pedir al Subcomandante Insurgente Moisés que nos platique de eso.

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Subcomandante Insurgente Moisés:

  Bueno, entonces compañeros, compañeras, entrevistamos a compañeros y a compañeras bisabuelos y bisabuelas que estuvieron en su vida -algunos todavía están vivos y vivas-.  Esto es lo que nos contaron, que nos llevó a pensar -decimos ahora- que los ricos, los capitalistas, quieren convertir en su finca lo que es el mundo.

  Está el finquero, el terrateniente, el dueño pues así de miles de hectáreas de tierra, y ya eso cuando no está, pues el patrón tiene su capataz que es el que cuida la finca, y de ahí ese capataz busca su mayordomo que es el que va a ir a exigir que se trabaje su tierra; y ese capataz, ordenado por el patrón, tiene que buscar a otro que le llaman el caporal, que es el que cuida alrededor de la hacienda, de su casa, pues.  Entonces nos contaron de que en las fincas hay distintas cosas de lo que se hace ahí en la finca: hay finca ganadera, hay finca cafetalera, hay finca de caña, donde hacen panela, y de milpa y de frijol.  Entonces lo combinan, lo combinan eso; o sea en una finca de 10 mil hectáreas ahí está todo ahí, hay de ganadería, de cañería, de frijol, milpa.  Entonces toda su vida la gente está circulando ahí, trabajando ahí pues -lo que decimos los mozos o los baldíos, la gente que está sufriendo ahí-.

  De capataz, pues él completa su paga robándole al patrón de lo que produce la finca.  O sea que además de lo que le da el patrón, el finquero, el capataz tiene su ganancia de robar.  Por ejemplo, si nacen 10 vaquillas y 4 toretes, pues el capataz no reporta cabal, sino que le dice al patrón que sólo nacieron 5 vaquillas y 2 toretes.  Si el patrón se da cuenta de la tranza, pues lo corretea al capataz y pone a otro.  Pero siempre algo roba el capataz o sea que es la corrupción que dicen.

  Nos cuentan que cuando el capataz, porque no está el patrón, y entonces el capataz es el que queda, y cuando el capataz también quiere salir, entonces busca a alguien de los que tiene ahí, que sea igual como él de cabrón pues, de exigente pues; entonces mientras él va a echar su vuelta deja nombrado a alguien o sea, como que busca a su amigo que va a dejar a su cargo para luego llegar y tomar otra vez en su mano el capataz.

  Y entonces vemos eso, que el patrón no está, el patrón está en otro lado pues, el capataz es el que decimos así de que como los países o los pueblos que nosotros decimos, porque vemos que ya no es país pues; es el Peña Nieto como decimos, el capataz.  El mayordomo decimos que son los gobernadores, y los caporales los presidentes municipales.  Está estructurado de una manera en cómo van a dominar, pues.

  También vemos que ese capataz, mayordomo y caporal son los que exigen a la gente.   Y ahí en la finca nos cuentan los bisabuelos que ahí hay una tienda, que le dicen tienda de raya -así nos lo contaron pues- quiere decir que la tienda es ahí donde se endeuda; entonces los explotados, explotadas que están ahí, mozos o mozas como le decimos, pues,  entonces ya se acostumbraron de que ahí van a comprar su sal, su jabón, lo que necesita, o sea, no manejan dinero; tiene ahí el patrón su tienda y ahí es donde se enlistan, porque necesitan la sal, el jabón, el machete, la limadora o el hacha, entonces compran ahí, no es porque van a pagar con dinero sino con su fuerza de trabajo.

  Y nos cuentan los bisabuelos que su vida, tanto como mujeres y hombres, es que le dan lo poco para comer el día de hoy para que mañana continúa trabajándole al patrón, y así a lo largo de todas sus vidas que la pasaron.

   Y comprobamos lo que dicen nuestros bisabuelos porque cuando nosotros salimos en el 94, cuando fuimos tomando las fincas para sacar a esos explotadores, encontramos a capataces y a gentes acasillados, que están acostumbrados a eso lo que les dije de tiendas de raya, entonces esa gente acasillada nos dijeron que no saben qué van a hacer, que porque ahora dónde va a encontrar su sal, su jabón, porque ya no está su patrón.  Nos preguntaban a nosotros que ahora quién va a ser el nuevo patrón, porque quiere ir ahí porque no sabe qué hacer, porque dónde va a encontrar su jabón, su sal.

  Entonces nosotros les dijimos: ahorita estás libre, trabaja la tierra, es tuya, así como el patrón que te explotó ahora vas a trabajar, pero es para ti, para tu familia.  Pero entonces se resiste diciendo de que no, de que esta tierra es del patrón.

  Es ahí donde comprobamos que hay gente que ya está hallada pues a la esclavitud. Y si tienen su libertad, pues no saben qué hacer, porque sólo saben obedecer.

  Y esto que les estoy hablando es de hace 100 años, más de 100 años, porque nuestros bisabuelos -uno de ellos tiene más o menos como 125, 126 años ahorita, porque ya tiene más de un año que lo entrevistamos a ese compa- son los que nos cuentan.

  Entonces así lo vimos, que sigue eso.  Hoy pensamos que así está el capitalismo ahora. Quiere convertir en finca el mundo.  O sea, pero son los empresarios trasnacionales: “Voy a mi finca La Mexicana”, según lo que le antoja; “voy a mi finca La Guatemalteca, La Hondureña”, y así.

  Y va a empezar a organizar según su interés al capitalismo pues, así como nos cuentan nuestros bisabuelos, que en una finca hay de todo ahí, café, ganado, maíz, frijol, y en otra finca no, es puro nomás de caña para sacar panela, y en la otra pues otra cosa.  Así nos fueron organizando ellos, cada finquero pues.

  No hay patrón bueno, todos son malos.

  Aunque nos cuentan nuestros bisabuelos que nos cuentan de que hay unos buenos -dicen- pero a la hora de que nos toca analizarlo, pensarlo, verlo, simplemente porque no hay tanto maltrato físico, es lo que dicen nuestros bisabuelos eso de que entonces son buenos, porque no los chicotean pues; pero de explotados, explotadas, no hay salvación.  En otras fincas sí, aparte de que estás cansado ya del trabajo y si no les cumples más, pues los chicotean.

  Entonces pensamos que todo eso lo que les pasó es lo que va a pasar con nosotros, pero ahora sí ya no sólo nomás en el campo, sino en la ciudad.  Porque no es lo mismo el capitalismo de hace 100 años, 200 años, ya son diferentes su modo de explotación y no sólo nomás en el campo explota ahora sino también en la ciudad.  Y su explotación cambia de modo, decimos, pero igual es explotación.  Como que es la misma jaula de encierro, pero cada tanto la pintan, como que es nueva, pero es la misma.

  Pero como quiera hay gente que no quiere la libertad, sino que ya se halló a obedecer, y entonces sólo busca un cambio de patrón, de capataz, que no sea tan cabrón o sea que igual explote pero trate bien.

  Entonces nosotros no lo perdemos de vista eso porque viene, ya están empezando, y así.

  Eso es lo que nos llama la atención de que ¿será que hay otros, otras, que ven, piensan, comparan igual que así nos la van a hacer?

  ¿Y qué van a hacer estas hermanas y hermanos?  ¿Será que se conforman con un cambio de capataz o de patrón, o es que lo que quieren es la libertad?

  Eso es lo que me toca explicarles eso porque viene con lo que nosotros pensamos y vemos con los compañeros, compañeras, como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

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Subcomandante Insurgente Galeano:

  Entonces lo que nosotros vemos a nivel mundial es una economía depredadora.   El sistema capitalista está avanzando de forma de conquistar territorios, destruyendo lo más que pueda.  Simultáneamente hay un ensalzamiento del consumo.  Parece que el capitalismo ya no parece preocupado por quién va a producir las cosas, para eso están las máquinas, pero no hay máquinas que consuman mercancías.

  En realidad, este enaltecimiento del consumo, esconde una explotación brutal y un despojo sanguinario de la humanidad que no aparecen en la inmediatez de la producción moderna de mercancías.

  La máquina que, automatizada al tope y sin la participación humana, fabrica computadoras o celulares, se sostiene, no en el avance científico y tecnológico, sino en el saqueo de recursos naturales (la necesaria destrucción/despoblamiento y reconstrucción/reordenamiento de territorios) y en la inhumana esclavitud de miles de ínfimas, pequeñas y medianas células de explotación de la fuerza de trabajo humana.

  El mercado (ese gigantesco almacén de mercancías) contribuye a ese espejismo del consumo: las mercancías le aparecen al consumidor como “ajenas” al trabajo humano (es decir, a su explotación); y una de las consecuencias “prácticas” es darle al consumidor (siempre individualizado) la opción de “rebelarse” eligiendo uno u otro mercado, uno u otro consumo, o negándose a un consumo específico.  ¿No se quiere consumir comida chatarra?  No problema, los productos alimenticios orgánicos también están a la venta, y a un precio más elevado.  ¿No consume conocidos refrescos de cola porque son dañinos a la salud?  No problema, el agua embotellada es comercializada por la misma empresa.  ¿No quiere consumir en las grandes cadenas de supermercados?  No problema, la misma empresa le surte a la tiendita de la esquina.  Y así.

  Entonces está organizando la sociedad mundial dándole, aparentemente, prioridad al consumo, entre otras cosas.  El sistema marcha con esa contradicción (entre otras): quiere deshacerse de la fuerza de trabajo porque su “uso” presenta varios problemas (por ejemplo: tiende a organizarse, protestar, hacer paros, huelgas, sabotaje en la producción, aliarse a otr@s); pero al mismo tiempo necesita el consumo de mercancías por parte de esa mercancía “especial”.

  Por más que el sistema apunte a “automatizarse”, la explotación de la fuerza de trabajo le es fundamental.  No importa cuánto consumo mande a la periferia del proceso productivo, o cuánto extienda la cadena de producción de modo que parezca (de “simular”) que el factor humano está ausente: sin la mercancía esencial (la fuerza de trabajo) el capitalismo es imposible.  Un mundo capitalista sin la explotación, donde sólo el consumo prevalece, es bueno para la ciencia ficción, las elucubraciones en las redes sociales y los sueños perezosos de los admiradores de los suicidas de la izquierda aristocrática.

  No es la existencia del trabajo la que define al capitalismo, sino la caracterización de la capacidad de trabajo como una mercancía que se vende y se compra en el mercado laboral.  Esto quiere decir que hay quien vende y hay quien compra; y, sobre todo, que hay quien sólo tiene la opción de venderse.

  La posibilidad de comprar la fuerza de trabajo está dada por la propiedad privada de los medios de producción, de circulación y consumo.  En la propiedad privada de estos medios está el núcleo vital del sistema.  Sobre esta división de clase (la poseedora y la desposeída) y para ocultarla, se construyen todas las simulaciones jurídicas y mediáticas, así como las evidencias dominantes: la ciudadanía y la igualdad jurídica; el sistema penal y policíaco, la democracia electoral y el entretenimiento (cada vez más difíciles de diferenciar); las neo religiones y las supuestas neutralidades de las tecnologías, las ciencias sociales y las artes; el libre acceso al mercado y al consumo; y las tonterías (más o menos elaboradas) del “cambio está en uno mismo”, “uno es el arquitecto de su propio destino”, “al mal tiempo pon buena cara”, “no le des un pescado al hambriento, mejor enséñale a pescar” (“y véndele la caña de pescar”), y, ahora de moda, los intentos de “humanizar” el capitalismo, hacerlo bueno, racional, desinteresado, light.

  Pero la máquina quiere ganancias y es insaciable.  No hay un límite para su glotonería.  Y el afán de ganancias no tiene ética ni racionalidad.  Si debe matar, mata.  Si necesita destruir, destruye.  Aunque sea el mundo entero.

  El sistema avanza en su reconquista del mundo.  No importa lo que se destruya, quede o sobre: es desechable mientras se obtenga la máxima ganancia y lo más rápido posible.  La máquina está volviendo a los métodos que le dieron origen -por eso nosotros les recomendamos leer la Acumulación Originaria del Capital-, que es mediante la violencia y mediante la guerra que se conquistan nuevos territorios.

  Como que el capitalismo dejó pendiente una parte de la conquista del mundo en el neoliberalismo y que ahora tiene que completarlo.  En su desarrollo, el sistema “descubre” que aparecieron nuevas mercancías y esas nuevas mercancías están en el territorio de los pueblos originarios: el agua, la tierra, el aire, la biodiversidad; todo lo que todavía no está maleado está en territorio de los pueblos originarios y van sobre ello.  Cuando el sistema busca (y conquista) nuevos mercados, no son sólo mercados de consumo, de compra-venta de mercancías; también, y sobre todo, busca y trata de conquistar territorios y poblaciones para extraerles todo lo que se pueda, no importa que, al terminar, deje un páramo como herencia y huella de su paso.

  Cuando una minera invade un territorio de los originarios, con la coartada de ofrecer “fuentes de trabajo” a la “población autóctona” (me cae que así nos dicen), no sólo está ofreciendo a esa gente la paga para comprar un nuevo celular de gama más alta, también está desechando a una parte de esa población y está aniquilando (en toda la extensión de la palabra) el territorio en el que opera.  El “desarrollo” y el “progreso” que ofrece el sistema, en realidad esconden que se trata de sus propios desarrollo y progreso; y, lo más importante, oculta que esos desarrollo y progreso se obtienen a costa de la muerte y la destrucción de poblaciones y territorios.

  Así se fundamenta la llamada “civilización”: lo que necesitan los pueblos originarios es “salir de la pobreza”, o sea necesitan paga.  Y entonces se ofrecen “empleos”, es decir, empresas que “contraten” (exploten pues) a los “aborígenes” (me cae que así nos dicen).

  “Civilizar” una comunidad originaria es convertir a su población en fuerza de trabajo asalariada, es decir, con capacidad de consumo.  Por eso todos los programas del Estado se plantean “la incorporación de la población marginada a la civilización”.  Y, en consecuencia, los pueblos originarios no demandan respeto a sus tiempos y modos de vida, sino “ayuda” para “colocar sus productos en el mercado” y “para obtener empleo”.  En resumen: la optimización de la pobreza.

  Y con lo de “pueblos originarios” nos referimos no sólo a los mal llamados “indígenas”, sino a todos los pueblos que originalmente cuidaban los territorios hoy bajo las guerras de conquista, como el pueblo kurdo, y que son subsumidos, por medio de la fuerza, en los llamados Estados Nacionales.

  La llamada “forma Nación” del Estado, nace con el ascenso del capitalismo como sistema dominante.  El capital necesitaba protección y ayuda para su crecimiento.  El Estado suma entonces, a su función esencial (la de la represión), la de ser garante de ese desarrollo.  Claro, entonces se dijo que era para normar la barbarie, “racionalizar” las relaciones sociales y “gobernar” para todos; “mediar” entre dominadores y dominados.

  La “libertad” era la libertad para comprar y vender (se) en el mercado; la “igualdad” era para cohesionar el dominio homogeneizando; y la “fraternidad”, bueno, tod@s somos herman@s, el patrón y el trabajador, el finquero y el peón, la víctima y el verdugo.

  Después se dijo que el Estado Nacional debía “regular” el sistema, ponerlo a salvo de sus propios excesos y hacerlo “más equitativo”.  Las crisis eran producto de defectos de la máquina, y el Estado (y el gobierno en particular), era el mecánico eficiente siempre alerta para arreglar esos desperfectos.  Claro, a la larga resultó que el Estado (y el gobierno en particular) era parte del problema, no la solución.

  Pero los elementos fundamentales de ese Estado Nación (policía, ejército, lengua, moneda, sistema jurídico, territorio, gobierno, población, frontera, mercado interno, identidad cultural, etc.) hoy están en crisis: las policías no previenen el delito, lo cometen: los ejércitos no defienden a la población, la reprimen; las “lenguas nacionales” son invadidas y modificadas (es decir, conquistadas) por la lengua dominante en el intercambio; las monedas nacionales se valúan conforme a las monedas que hegemonizan el mercado mundial; los sistemas jurídicos nacionales se subordinan a las leyes internacionales; los territorios se expanden y contraen (y fragmentan) conforme a la nueva guerra mundial; los gobiernos nacionales supeditan sus decisiones fundamentales a los dictados del capital financiero; las fronteras varían en su porosidad (abiertas para el tráfico de capitales y mercancías, y cerradas para las personas); las poblaciones nacionales se “mezclan” con las provenientes de otros Estados; y así.

  Al mismo tiempo que “descubre” nuevos “continentes” (es decir: nuevos mercados para extraer mercancías y para el consumo), el capitalismo enfrenta una crisis compleja (en su composición, en su extensión y en su profundidad), que él mismo produjo con este afán depredador.

  Es una combinación de crisis:

  Una es la crisis ambiental que está pegando en todas partes del mundo y que es producto también del desarrollo del capitalismo: la industrialización, el consumo y el saqueo de la naturaleza tienen un impacto ambiental que altera ya lo que se conoce como “planeta Tierra”.  El meteorito “capitalismo” ya cayó y ha modificado radicalmente la superficie y las entrañas del tercer planeta del sistema solar.

  La otra es la migración.  Se están pauperizando y destruyendo territorios enteros y obligando a la gente a migrar buscando vida.  La guerra de conquista, que está en la esencia misma del sistema, ya no ocupa territorios y su población, sino que pone a esa población en el rubro de “sobras”, “ruinas”, “escombros”, por lo que esas poblaciones o perecen o emigran a la “civilización” que, no hay que olvidarlo, se sostiene sobre la destrucción de “otras” civilizaciones.  Si esas personas no producen ni consumen, sobran.  El llamado “fenómeno migratorio” es producido y alimentado por el sistema.

  Y una más –en la que nosotros estamos encontrando coincidencias con varios analistas en todo el mundo- es el agotamiento de los recursos que hacen andar “la máquina”: los energéticos.  Los llamados “picos” finales en reservas de petróleo y carbón, por ejemplo, ya están muy cerca.  Esos energéticos se agotan y son muy limitados, su reposición duraría millones de años.  El previsible e inminente agotamiento hace que los territorios con reservas -aunque limitadas- de energéticos, sean estratégicos.  El desarrollo de fuentes de energía “alternas” va demasiado despacio por la sencilla razón de que no es rentable, es decir, no se repone rápido la inversión.

  Estos tres elementos de esa crisis compleja, ponen en entredicho la existencia misma del planeta.

  ¿La crisis terminal del capitalismo?  Ni de lejos.  El sistema ha demostrado que es capaz de superar sus contradicciones e, incluso, funcionar con ellas y en ellas.

  Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.

  Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse.  En realidad, el sistema se está preparando para una guerra.  Otra guerra.  Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios.

  Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.

  Estos muros van a seguir proliferando, según nosotros, hasta que se vaya construyendo una especie de archipiélago “de arriba” donde, dentro de “islas” protegidas, queden los dueños, digamos, los que tienen la riqueza; y afuera de esos archipiélagos quedamos todos los demás.  Un archipiélago con islas para los patrones, y con islas diferenciadas –como las fincas- con labores específicas.  Y, muy aparte, las islas perdidas, las de l@s desechables.  Y en el mar abierto, millones de barcazas deambulando de una a otra isla, buscando un lugar para atracar.

  ¿Ciencia Ficción de manufactura zapatista?  Googlee usted “Barco Aquarius” y vea la distancia que media entre lo que describimos y la realidad.  Al Aquarius varias naciones de Europa le negaron la posibilidad de atracar en puerto.  ¿La razón?  La carga letal que transporta: cientos de migrantes procedentes de países “liberados” por Occidente con guerras de ocupación, y de países gobernados por tiranos con el beneplácito de Occidente.

  “Occidente”, el símbolo de la civilización por auto denominación, va, destruye, despuebla y se repliega y cierra, mientras el gran capital sigue con sus negocios: fabricó y vendió las armas de destrucción, también fabrica y vende las máquinas para la reconstrucción.

  Y quien está apoyando este repliegue es la derecha política en varias partes.  Es decir, los capataces “efectivos”, los que controlan a la peonada y aseguran la ganancia para el finquero…  aunque más de uno, una, unoa, se roben parte de las vaquillas y toretes.  Y, además, “chicoteen” demasiado a su respectiva población acasillada.

  Todos los que sobren: o consumen o hay que aniquilarlos; hay que hacerlos a un lado; son -decimos nosotros- l@s desechables.  No cuentan ni siquiera como “victimas colaterales” en esta guerra.

  No es que algo está cambiando, es que ya cambió.

  Y ahora usamos el símil de los pueblos originarios porque durante mucho tiempo, en la etapa previa de desarrollo del capitalismo, los pueblos originarios quedaron como los olvidados.  Antes nosotros usábamos el ejemplo de los infantes indígenas, que eran los no-natos porque nacían y morían sin que nadie les llevara la cuenta, y esos no-natos habitaban en estas zonas, por ejemplo, en estas montañas que antes no les interesaban.  Las buenas tierras (las “planadas”, les decimos nosotros), fueron ocupadas por las fincas, por los grandes propietarios, y aventaron a los indígenas a las montañas, y ahora resulta que esas montañas tienen unas riquezas, mercancías, que quiere también el capital y entonces ya no hay a dónde irse para los pueblos originarios.

  O luchan y defienden, incluso hasta la muerte, esos territorios, o no hay de otra, pues.  Porque no habrá un barco que los recoja cuando naveguen a la intemperie en las aguas y tierras del mundo.

  Está en marcha una nueva guerra de conquista de los territorios de los originarios, y la bandera que porta el ejército invasor a veces lleva también los colores de la izquierda institucional.

  Este cambio en la máquina en lo que se refiere al campo o “zonas rurales”, que se puede apreciar hasta con un análisis superficial, también se presenta en las ciudades o “zonas urbanas”.  Las grandes ciudades se han reordenado o están en ese proceso, después o durante una guerra despiadada contra sus habitantes marginales.  Cada ciudad contiene muchas ciudades dentro, pero una central: la del capital.  Los muros que rodean esa ciudad están formados por leyes, planes de urbanización, policías y grupos de choque.

  El mundo entero se fragmenta; proliferan los muros; la máquina avanza en su nueva guerra de ocupación; cientos de miles de personas descubren que el nuevo hogar que les prometió la modernidad es una barcaza en altamar, la orilla de una carretera, o el hacinamiento de un centro de detención para “indocumentados”; millones de mujeres aprenden que el mundo es un gigantesco club de caza donde ellas son la presa a cobrar; la infancia se alfabetiza como mercancía sexual y laboral; y la naturaleza pasa la cuenta del largo debe que, en su saldo rojo, acumula el capitalismo en su breve historia como sistema dominante.

  Claro, falta lo que digan las mujeres que luchan, loas otroas de abajo (para quienes, en lugar del glamur de los closets entreabiertos de arriba, hay desprecio, persecución y muerte), quienes pernoctan en las colonias populares y se pasan el día trabajando en la ciudad del capital, l@s migrantes que recuerdan que ese muro no estuvo ahí desde el principio de los tiempos, los familiares de desaparecid@s, asesinad@s y encarcelad@s que no olvidan ni perdonan, las comunidades rurales que descubren que fueron engañadas, las identidades que se descubren diferentes y suplen la vergüenza por el orgullo, y todas, todos, todoas l@s desechables que entienden que el destino no tiene que ser el de la esclavitud, el olvido o la muerte mortal.

  Porque otra crisis, que pasa desapercibida, es la emergencia y proliferación de rebeldías, de núcleos humanos organizados que desafían no sólo al Poder, también a su lógica perversa e inhumana.  Diversa en su identidad, es decir, en su historia, esta irrupción aparece como una anomalía del sistema.  Esta crisis no cuenta para las leyes de probabilidad.  Sus posibilidades de mantenerse y profundizarse son mínimas, casi imposibles.  Por eso no cuentan en la cuenta de arriba.

  De las rebeldías, para la máquina, no hay que preocuparse.  Son pocos, pocas y pocoas, si acaso lleguen a 300.

-*-

  Es seguro que esta visión del mundo, la nuestra, esté incompleta y que, con alto grado de probabilidad, sea errónea.  Pero así es como vemos el sistema a nivel mundial.  Y de esta valoración se sigue lo que miramos y valoramos en los niveles continental, nacional, regional y local.

(Continuará…)

6 de julio de 2018

CONVOCATORIA A UN ENCUENTRO DE REDES DE APOYO AL CIG, AL COMPARTE 2018: “Por la vida y la libertad”; Y AL 15° ANIVERSARIO DE LOS CARACOLES ZAPATISTAS: “Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”

Julio del 2018.

A l@s individu@s, grupos, colectivos y organizaciones de las Redes de Apoyo al CIG:
A la Sexta Nacional e Internacional:

Considerando que:

Primero y único:

La Gran Final.

  Llega usted al gran estadio. “Monumental”, “coloso”, “maravilla arquitectónica”, “el gigante de concreto”, calificativos parecidos se repiten en las voces de los locutores que, a pesar de las distintas realidades que describen, coinciden en resaltar la soberbia construcción.

  Para llegar a la grandiosa edificación, usted ha tenido que sortear escombros, cadáveres, suciedad.  Cuentan quienes más años cuentan, que no siempre fue así; que antes, en torno a la gran sede deportiva, se levantaban casas, barrios, comercios, edificios, ríos y arroyos de gente que uno esquivaba hasta casi toparse de narices con el gigantesco portón, que sólo se abría cada tanto tiempo, y en cuyo dintel se leía: “Bienvenido al Juego Supremo”. Sí, “bienvenido”, en masculino, como si lo que ocurriera dentro fuera cosa sólo de varones; como antes los sanitarios, las cantinas, la sección de máquinas y herramientas de las tiendas especializadas… y, claro, el futbol.

  Pero, a vuelo de pájaro, la imagen vista bien podría ser un símil de un universo contrayéndose, dejando en su periferia muerte y destrucción. Sí, como si el Gran Estadio fuera el hoyo negro que absorbe la vida a su alrededor y que, aún insaciable, eructa y defeca cuerpos sin vida, sangre, mierda.

  Desde cierta distancia, se puede apreciar el inmueble en su totalidad. Aunque ahora sus erróneas disposiciones arquitectónicas, sus fallas estructurales en cimientos y edificaciones, sus cambiantes decoraciones al gusto del equipo ganador en turno, aparecen cubiertas por una tramoya que abunda en llamados a la unidad, la fe, la esperanza y, claro, la caridad. Como si se ratificara así esa semejanza entre cultos religiosos, políticos y deportivos.

  Usted no sabe mucho de arquitectura, pero le molesta esa insistencia casi obscena en una escenografía que no coincide con la realidad. Colores y sonidos proclamando el fin de una era y el paso al mañana soñado, la tierra prometida, el reposo que ya ni la muerte promete (se dice usted mientras hace un recuento de sus cercanas, personas desaparecidas, asesinadas, “exportadas” a otros infiernos, y cuyos nombres se diluyen en estadísticas y promesas de justicia y verdad).

  Como en la religión, la política y los deportes, hay especialistas. Y usted no sabe mucho de nada.  Le marean los inciensos, salmos y alabanzas que pueblan esos mundos. Usted no se siente capaz de describir el edificio, porque usted anda otros mundos, sus largos y tediosos caminos transcurren en lo que, desde los soberbios palcos del gran estadio, se podría llamar “el subsuelo”. Sí, la calle, el metro, el colectivo, el vehículo en abonos o pagado con cargo a otros abonos (una deuda siempre pospuesta y siempre creciente), el camino de terracería, las rutas de extravío que conducen a la milpa, a la escuela, al mercado, al tianguis, al trabajo, al jale, a la chinga.

  Usted se inquieta, sí, pero el optimismo de dentro del gran estadio es mayoritario, abrumador, a-v-a-s-a-l-l-a-n-t-e, y desborda hacia afuera.

  Como en esa canción que usted recuerda vagamente, el espectáculo que ya terminó, unió “al noble y al villano, al prohombre y al gusano”. En esos momentos la igualdad fue reina y señora, no importa que el silbatazo final haya vuelto a cada quien a su lugar. Basta del olvido de que cada uno es cada cual, de nuevo, “y con la resaca a cuestas/ vuelve el pobre a su pobreza, /vuelve el rico a su riqueza /y el señor cura a sus misas /se despertó el bien y el mal/ la zorra pobre vuelve al portal, / la zorra rica vuelve al rosal, / y el avaro a las divisas”.

  Y es que, ahora le informan a usted ruidos e imágenes, el partido ha finalizado. La gran final tan esperada y temida, concluyó y el equipo vencedor recibe, con falsa modestia, los clamores de los espectadores. “El respetable público”, dicen voceros y cronistas. Sí, así se refieren a quienes han participado activamente con gritos, porras, hurras, insultos y diatribas, desde las gradas, como espectadores a quienes sólo en la gran final se les permite simular que están frente al balón y que su grito es el puntapié que dirige el esférico “al fondo de las redes”.

  ¿Cuántas veces ha escuchado usted eso? Muchas, ¿vale la pena contarlas? Las derrotas reiteradas, la promesa que a la que sigue sí, que el árbitro, que el campo, que el clima, que la luz, que la alineación, que la estrategia y la táctica, que etcétera. Al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos… a la que luego se sumará la desilusión prevista.

  En las afueras del recinto, una mano maliciosa ha rayado, en el soberbio muro que rodea el estadio una sentencia: “FALTA LA REALIDAD”. Y no conforme con su herejía, la mano le ha agregado trazos y colores a las letras, tan variados y creativos que ya no parecen pintados. Ya no es un grafiti, sino una inscripción como grabada con cincel, manchando el concreto. Una huella indeleble en la apática superficie del muro. Y, para colmo, el último trazo de la “D” final ha abierto una grieta que se alarga hasta el basamento. Un cartel, roto y descolorido, con la imagen de una feliz pareja heterosexual, con un par de hijos, niño y niña, y con el encabezado de “La Familia Feliz”, trata en vano de ocultar la hendidura que, tal vez por un efecto óptico, parece rasgar también la feliz imagen de la familia feliz.

  Pero ni el ruido interno que hace vibrar las paredes del estadio logra disimular la grieta.

  Dentro, aunque el partido ha terminado, la muchedumbre no abandona el estadio. Aunque no tardará mucho en que sea de nuevo expulsada de vuelta al valle de ruinas, la multitud embelesada se hace eco de sus propios gritos e intercambia anécdotas: quién gritó más fuerte, quién hizo la mejor burla (se dice “meme”), quién divulgó la mentira más exitosa (el número de “likes” determina el grado de verdad), quién lo supo desde un principio, quién nunca dudó. En las tribunas, algunos, algunas, algunoas, intercambian análisis: que “¿sí viste que los contrarios cambiaron de camiseta en el medio tiempo y que ahora festejan la victoria quienes iniciaron el encuentro con el uniforme del equipo rival?”; que “el árbitro (el siempre “árbitro vendido”) ahora sí cumplió porque la victoria del equipo todo lo limpia y enaltece”.

  Algunos, algunas, algunoas, más escépticos, ven con desconcierto que, entre quienes celebran el triunfo, están los que jugaron y juegan en equipos rivales. Tratan, pero no entienden. O sí entienden, pero no es hora de entender, sino de festejar.  Para dejárselos claro, una pantalla gigante parpadea con la tonada visual de moda: “Prohibido Pensar”.

  La noche ha pospuesto su llegada, piensa usted. Pero se da cuenta de que son los reflectores y los fuegos de artificio los que simulan claridad. Claro, una claridad selectiva. Porque allá, en aquel rincón, unas gradas se han derrumbado y los equipos de rescate no acuden, ocupados como están en el festejo. La gente no se pregunta cuántos muertos, sino de cuál equipo eran seguidores. Más allá, en ese otro rincón oscuro, una mujer ha sido agredida, violada, secuestrada, asesinada, desaparecida.  Pero, vamos, es sólo una mujer, o una anciana, o una jóvena, o una niña. Los medios, siempre en sintonía con los tiempos que corren, no preguntan el nombre de la víctima, sino si portaba su playera de tal o cual equipo.

  Pero no es tiempo de amarguras, sino de fiesta, de brindis, del f-i-n-d-e-l-a-h-i-s-t-o-r-i-a mi buen, del comienzo de un nuevo campeonato. Fuera, la oscuridad parece el colofón pictórico para la zona devastada. Sí, piensa usted, como un escenario de guerra.

  El barullo le reclama atención. Usted trata de tomar distancia para comprender el impacto de ese gran triunfo de su equipo favorito… mmh… ¿era su equipo favorito? Ya no importa, el triunfador siempre fue y será el equipo favorito de las mayorías. Y, claro, todos sabían que el triunfo era inevitable, y en tribunas se suceden las explicaciones lógicas: “sí, no era posible otro resultado, sólo el de la copa embriagante coronando los colores del equipo favorito.”

  Usted trata, sin conseguirlo, de hacer suyo el entusiasmo que inunda las tribunas, los palcos, y parece llegar hasta el punto más alto de la construcción donde, lo que se adivina es una lujosa habitación, refleja en sus vidrios polarizados las luces, los gritos y las imágenes.

  Usted recorre las tribunas con dificultad, la gente se abarrota en pasillos y escaleras. Busca usted algo o alguien que no lo haga sentir extraño, camina como un extraterrestre o un viajero del tiempo que aterriza en un calendario y una geografía desconocidos.

  Se detiene un poco donde dos personas de edad miran con atención una especie de tablero. No, no se trata de ajedrez. Ahora que usted se ha acercado lo suficiente, ve que se trata de un rompecabezas con apenas algunas piezas engarzadas y sin la figura final siquiera esbozada.

  Una persona le está diciendo a la otra: “Bueno, no, no me parece que sea ficción. Después de todo, el pensamiento crítico debe partir de una hipótesis, por alocada que parezca. Pero no debe abandonar el rigor para confrontarla y verificar si procede, o hay que buscar otro punto de arranque.” Y, tomando una de las piezas del rompecabezas, esa persona la muestra y dice: “por ejemplo, puede ser, a veces, que lo pequeño ayude a entender lo grande. Como si en esta pequeña parte pudiéramos adivinar o intuir la figura ya completada”. Usted no escucha lo que sigue, porque los grupos vecinos gritan contra ese extraño par y acallan sus palabras.

  Alguien le ha pasado un volante. “Desaparecida” se lee, y una imagen de una mujer cuya edad usted no puede determinar. ¿Una anciana, una mujer madura, una jóvena, una niña? El viento le arrebata el volante y su vuelo se confunde con las serpentinas y el confeti que nublan la vista.

  Y hablando de niñas…

  Una niña, pequeña, de piel oscura, de ropas extrañas de tan coloridas y adornadas, mira el estadio, las tribunas, las luces multicolores, las sonrisas de vencedores y vencidos, alegres las primeras, maliciosas las segundas.

  La niña tiene una duda. Se adivina en la expresión de su rostro, en su mirada inquieta.

  Usted se siente generoso, al fin al cabo usted ha ganado… mmh… ¿ha ganado? Bueno, no importa.  Usted se siente generoso y, solícito, le pregunta a la niña qué busca.

  La niña le responde: “el balón”. Y, sin voltear a verlo a usted, sigue con su mirada barriendo la gran construcción.

  “¿El balón?”, pregunta usted como si la pregunta viniera de otro tiempo, de otro mundo.

  La niña suspira y añade: “bueno, de ahí que tal vez lo tiene el dueño”.

  “¿El dueño?

  “Sí, el dueño del balón, y del estadio, y del trofeo, y de los equipos, y de todo esto”, dice la niña mientras con sus manitas intenta abarcar la realidad concentrada en el gran estadio.

  Usted trata de encontrar las palabras para decirle a la niña que esas preguntas no vienen al caso, o cosa, según, pero entonces usted recuerda…, o más bien no recuerda haber visto el balón. En su mente le aparece una imagen borrosa, cree que al inicio del partido, del esférico con sus gajos manchados por “nuestros amables patrocinadores”. Ni siquiera en los goles anotados lo ubica.

  Pero ahí está la pantalla del marcador, y la pantalla marca la realidad que importa: tal ganó, tal perdió. Ningún marcador señala quién es el dueño ni siquiera del marcador, mucho menos quién es el dueño del balón, de los equipos, de las tribunas, de las “cámaras y micrófonos”.

  Además, el marcador no es un marcador cualquiera. Es el más moderno que existe y costó una fortuna. Incluye el VAR para ayudar a sus empleados a sumar o restar puntos en la pantalla, y para las repeticiones instantáneas o reiteradas de cuando “juntos hicimos historia”. Y el marcador no marca los goles, sino los gritos. Gana quien más grite, entonces ¿quién necesita el balón?

  Pero entonces usted revisa sus recuerdos y nota algo extraño: minutos antes del final del partido, la porra, la barra, la fanaticada del equipo contrario guardó silencio. Y los gritos de los seguidores del equipo ahora triunfador no tuvieron rival. Sí, muy extraña esa súbita retirada. Pero más extraño es que, cuando en la pantalla del marcador no se reflejaban aún los resultados, ni siquiera los parciales, el equipo contrario volvió a la cancha sólo para felicitar al triunfador… que todavía no era triunfador. En los altos y lujosos palcos del estadio estalló la algarabía y los colores de sus pendones eran ya los del equipo ganador. ¿A qué hora cambiaron de favorito?  ¿Quién ganó realmente? Y sí, ¿quién es el dueño del balón?

  “¿Y por qué quieres saber quién es el dueño?”, cuestiona usted a la niña, porque le parece que, no obstante sus dudas, es tiempo de silbatos y matracas, y no de preguntas necias.

  “Ah, porque ése no pierde. No importa qué equipo gane o pierda, el dueño siempre gana.

  Usted se incomoda con la duda que eso plantea. Y se incomoda más al ver a quienes declaraban que el equipo ahora triunfador traería desgracias, celebrando un triunfo que, apenas unas horas antes, no era suyo. Porque no se ve que hayan perdido, más bien festejan como si el triunfo fuera suyo, como si dijeran “ganamos otra vez”.

  Usted está a punto de decirle a la niña que deje la amargura en otro lado, que tal vez esté en sus días, o en la depre, o no entiende nada, después de todo es sólo una niña, pero en eso el respetable prorrumpe en un alarido: el equipo vencedor regresa a la cancha para agradecer al respetable su apoyo. La gente-gente sigue en las tribunas y contempla, arrobada, a los modernos gladiadores que han vencido a las bestias… ¡un momento!, ¿no son las bestias quienes ahora abrazan y festejan y cargan en hombros al equipo vencedor?

  Usted se ha quedado pensando en lo que dijo la niña. Y recuerda entonces, inquieto, que el equipo contrario, conocido por su rudeza, mañas y trampas, abandonó el partido justo antes de que sonara el silbatazo final. Sí, como si temiera que su inercia propia, pudiera hacerlo triunfador (con trampa, claro) y, para evitarlo, se retirara completamente. Y con él, desaparecieron sus porras, sus fanáticos, sus, ahora usted lo recuerda, contados banderines y banderas.

  La algarabía sigue. Al parecer en tribunas no importa el absurdo que transcurre en el centro del campo, donde el pódium espera la premiación final.

  Usted se hace eco de la pregunta de la niña y, con timidez, cuestiona a su vez:

  “¿Quién es el dueño del balón?

  Pero el grito masivo se traga su pregunta, y nadie le escucha.

  La niña le toma de la mano y le dice: “Vámonos, tenemos que salir

  “¿Por qué?”, pregunta usted.

  Y la niña, señalando la base de la gran edificación, responde:

  “Se va a caer”.

  Pero nadie parece darse cuenta…  Un momento, ¿nadie?

(¿continuará?)

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  En base a lo anteriormente expuesto, la Comisión Sexta del EZLN invita a l@s individu@s, grupos, colectivos y organizaciones que apoyaron y apoyan al CIG y, claro, que todavía piensan que los cambios que importan nunca vienen de arriba, sino de abajo (además de que no hayan mandado su cartita de adhesiones y peticiones al capataz futuro) a un:

Encuentro de redes de apoyo al Concejo Indígena de Gobierno.

  Con la siguiente propuesta de temario:

.- valoraciones del proceso de apoyo al CIG y su vocera Marichuy, y de la situación según la perspectiva de cada grupo, colectivo y organización.

.- propuestas de pasos a seguir.

.- propuestas para regresar a consultar con sus grupos, colectivos, organizaciones, lo ahí planteado.

Llegada y registro: jueves 2 de agosto del 2018; registro y actividades los días viernes 3, sábado 4 y domingo 5 agosto.

Para registrarse como participante en el encuentro de redes, la dirección es:


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  También, las comunidades indígenas zapatistas, invitan a quienes tienen al arte como vocación y anhelo, al:

CompARTE POR LA VIDA Y LA LIBERTAD

“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”

Del 6 al 9 de agosto del 2018.

Llegada y registro: cuando puedan del 6 al 9 de agosto.

Clausura el día 9, 15° aniversario del nacimiento de los caracoles zapatistas.

El programa será según quiénes se apunten, pero seguro ahí estarán musiquer@s, teatrer@s, bailador@s, pintor@s, escultor@s, declamador@s, etceter@s, de las comunidades zapatistas en resistencia y rebeldía.

Para registrarse como participante y/o asistente, la dirección es:


Todo en el caracol de Morelia (donde fue el encuentro de mujeres que luchan), en la zona Tzotz Choj, tierra zapatista en resistencia y rebeldía.

Mucho ojo: Traigan su vaso, plato y cuchara, porque las mujeres que luchan ya aconsejaron de no usar desechables que contaminan, además de que dejan un tiradero.  No sobra si trae un su focador (o lámpara de mano), su loquesea para poner entre el digno suelo y su muy digno cuerpo, o casa de campaña. Su impermeable o nailon o equivalente por si llueve. Sus medicinas y comida especial si las requiere. Y cualquier otra cosa que luego le vaya a faltar y, cuando nos deje sus críticas, nosotr@s podamos responder “les avisamos antes”. Para las personas ya de edad, “de juicio” como decimos acá, veremos de, en lo posible, darles alojamiento en alguna parte especial.

Nota: sí se permitirá el acceso a varones y a otras minorías.

Por la Comisión Sexta del EZLN.

Subcomandante Insurgente Moisés.             Subcomandante Insurgente Galeano.

México, 4 de julio del 2018.

P.D.- No, nosotras, nosotros, zapatistas, NO nos sumamos a la campaña “por el bien de todos, primero los huesos”.  Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo.  Ergo…

12 de abril de 2017

KAGEMUSHA: ABRIL TAMBIÉN ES MAÑANA.

12 de abril del 2017.

  Hace unos meses, el Subcomandante Insurgente Moisés me dijo una síntesis de lo que ahora les ha contado a ustedes con más extensión y sustento.

  Tal vez sin proponérselo, había él detectado una línea de tensión entre el pasado y la tormenta que ya está.

  Esa madrugada, después de escuchar las historias que, en voz del SupMoy, contaron los más antiguos de nuestros compañeros, regresé a mi champa.  De todas formas una lluvia, fuera de temporada, comenzaba a azotar el techo de lámina y era ya imposible escuchar nada que no fuera la tormenta.

  Volví a hurgar en el baúl que me encargó el SupMarcos porque me pareció haber visto un texto que algo podría referir a lo que acababa de escuchar.

  Revisar esos escritos no es fácil, créanme.  La mayoría de los textos que se amontonan con desorden dentro del recipiente van del año 1983 al primero de enero de 1994, y, cuando menos hasta 1992, se ve que el Sup no sólo no tenía computadora, tampoco una máquina de escribir mecánica.  Así que los textos están manuscritos en hojas de todos los tamaños.  La letra del finado distaba de ser legible de por sí, así que agregue usted a eso la mella del tiempo en la montaña, la humedad y las manchas y quemaduras de tabaco.

  Hay ahí de todo.  Por ejemplo, encontré el original manuscrito de las órdenes operativas para las distintas unidades militares zapatistas la víspera del alzamiento.  No sólo vienen las plantillas de las unidades, también cada operación detallada con una minuciosidad que devela una preparación de años.

  No son ésos los apuntes de un poeta extraviado en las montañas del sureste mexicano, o de un contador de historias.  Son escritos de un soldado.  No, más bien de un mando militar.

  Pero sí, abundan y redundan también cuentos e historias, hay muy pocos poemas y contados son los análisis políticos y económicos.

  Bueno, más que análisis, se trata de esquemas y temas como punteados, como si fueran a ser desarrollados luego, o completados, o corregidos.  He identificado varios de ellos con algunos que fueron hechos públicos luego, aunque ya pulidos.

  Pero no es eso lo que busco.  Las historias que recabó el SupMoy me recordaron que algo había, en este montón desordenado de papeles e ideas, sobre la genealogía de la lucha anticapitalista.

  Aquí está.  Éste si es de después del inicio de la guerra porque está impreso y la tipografía es la de un procesador de textos.

  Por lo que dice, debe haber sido escrito hace unos 20 años, cuando los zapatistas hicieron públicos algunos análisis más profundos sobre lo que acontecía y lo que preveían seguiría después.  Bueno, al menos las primeras líneas, porque algo parece que es de un período posterior.

  El texto tiene un título desconcertante pero que se acomoda conforme se avanza en la lectura.  Se llama “Abril también es mañana”  Y le siguen lo que parecen puntos a desarrollar, aunque incompletos en ese momento.

  La mayoría de los planteamientos aparecieron ya desarrollados en textos que fueron hechos públicos alrededor de los años 1996-1997, así que no los aburriré de nuevo repitiéndolos.  Los principales han sido agrupados ahora en un libro llamado “Escritos sobre la guerra y la economía política”, elaborado por la editorial “Pensamiento Crítico Ediciones”.  Si alguien le interesa conocer más sobre eso, este libro podría servirle.  O puede consultar también la página electrónica de Enlace Zapatista.

  La parte que me interesa mostrarles no aparece en ninguno de esos escritos públicos y, aunque medianamente desarrollada en su redacción, se alcanzan a vislumbrar en ella una serie de reflexiones sobre la ciencia social, es decir, la economía política, así como sobre el añejo y actual reto de la teoría y la práctica.

  Les leo:

            .- Las etapas posibles del capitalismo.  Más que en una definición científica, el planteamiento de que el imperialismo era una fase superior del capitalismo, se convirtió en un plan de acción para las luchas en todo el mundo.  De ser “una fase superior”, se concluyó que el imperialismo era “la última fase” del capitalismo.

            .- Sobre esa base se estableció una especie de división internacional no del trabajo sino de la lucha anticapitalista.  En los llamados países del Tercer Mundo, que no contaban con una industria desarrollada y, por lo tanto, carecían de una clase obrera sólida, la lucha por el socialismo debía pasar por una lucha nacionalista, antiimperialista, y anticolonial, y sólo así podrían aspirar a ser “anticapitalistas”.  Se establece que la lucha contra el capitalismo y por el socialismo pasa necesariamente por la lucha por la liberación nacional.  Eso al menos en los llamados países del tercer mundo.  Para poder transitar al socialismo, las naciones debían librarse primero del yugo neocolonial, el impuesto por el imperialismo norteamericano en ese caso.  No era posible la construcción del socialismo en un solo país, mucho menos si el país era uno subdesarrollado.  La revolución socialista o era mundial o no lo era.  El análisis científico se convirtió entonces en una especie de comando central de la revolución mundial y se instaló en la URSS.  De ahí partían las estrategias y tácticas para las luchas anticapitalistas en todo el mundo.  Quien acataba las órdenes, recibía el beneplácito de la “vanguardia” mundial.  Para quien no, para quien pretendía construir su propio camino, es decir, su propia lucha, había la condena, el ostracismo y la etiqueta de moda para descalificar.

  La ciencia de la historia, la economía política, dejó de ser ciencia y abandonó el análisis científico, supliéndolo por la consigna.  Si la realidad no coincidía con la visión del Comité Central, la realidad era catalogada como reaccionaria, pequeño burguesa, divisionista, revisionista, y muchos “istas” semejantes.  El pensamiento crítico pasó del análisis a la justificación,  y los tropiezos y errores se cubrieron con la coartada del enfrentamiento con el imperialismo norteamericano.  El simplismo de un mundo bipolar invadió a la ciencia social y, al igual que las fuerzas políticas y los gobiernos, tomó partido por uno de los dos grandes y únicos contendientes.  La inteligencia fue derrotada y la mediocridad se instaló cómodamente.

            .- Mediando el siglo XX, todos estaban contentos y tranquilos.  El mal llamado “bloque socialista” se enfrascaba en lo que nosotros llamamos la tercera guerra mundial.  En Asia, África y particularmente en América Latina, las luchas transcurrían sin mayor relevancia para esa guerra, la que importaba, y las organizaciones partidarias de la izquierda de entonces eran conminadas a dirigir sus esfuerzos principales al apoyo del Bloque Socialista.  Todo intento de lucha debía tener el visto bueno de los tanques, pensantes y no, que, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, redactaban manuales que, más que simplificar, amordazaron el desarrollo de la ciencia social.  Como si fuera en las olimpiadas, en la ciencia social se competía no por mejor entender lo que ocurría y lo que vendría, sino por más alto y más veces levantar la bandera propia, fuera la de las barras y las estrellas, fuera la de la hoz y el martillo.

  En el escenario mundial todo parecía previsible y sencillo… pero en eso llegó Fidel.  Y “la problema”, como dicen los compas, es que no llegó solo, sino que traía de la mano a un tal Camilo que en el apellido llevaba la definición; y, con ese tremendo par, llegaba también un argentino-médico-fotógrafo-asmático, sin nombre relevante en el árbol genealógico de la revolución mundial y sin cargo alguno en ninguna estructura.  Apenas unos meses después el planeta entero lo conocería con sólo tres letras: Che.

  Luego pasó lo que pasó, y la luz que iluminó el Caribe en esos primeros años de la década de los 60´s se convirtió, sin proponérselo, en un virus que contaminó el continente.  Después de un largo calendario de derrotas en ese dolor llamado Latinoamérica, un pueblo entero se organizaba y cambiaba de destino y extendía su nombre.

  Desde la fracasada invasión mercenaria con patrocinio norteamericano, Cuba se llamó Fidel y Fidel Castro tuvo a “Cuba” como apellido de resistencia y rebeldía, de lucha.

  El país más pequeño, el más despreciado, el más humillado, se levantaba y, con su acción organizada, cambiaba la geografía mundial.

  El estadista que el pueblo cubano puso al frente, en unos cuantos años prácticamente borró a los demás “líderes mundiales” y, como debe de ser, en torno a su figura se convocaron los extremos: los pocos para adular, los más para atacar.

  Sólo unos cuantos miraron y aprendieron que algo nuevo había surgido y que la revolución cubana no sólo había roto el dominio que sobre la América entera imponía el imperio de las barras y la estrellas, el “norte revuelto y brutal”.

  También había hecho pedazos la ya entonces acartonada teoría social que era pastoreada por los comisarios que, en todo el espectro político, son la constante y nunca la excepción.

  Todavía, casi 60 años después, no falta algún viejo comisario que, “heroicamente” atrincherado en la academia y ahora con las redes sociales como arma, pretende dictarle al pueblo de Cuba lo que debe o no hacer y deshacer.

  Ajeno a las masturbaciones teóricas de la tibia academia, el pueblo de Cuba inició su largo camino de resistencia, y fue avanzando en condiciones adversas sin precedentes.

  Todavía hoy sigue padeciendo el bloqueo económico más extenso e intenso en la historia mundial.  Y no sólo, también ha resistido ataques terroristas, ha sido invadido militarmente, le ha propinado al soberbio tío Sam su primera derrota en el continente, y, con todo en contra, ha construido su propio destino.

  Pero no sólo ha recibido los ataques de la derecha mundial, también la izquierda bien portada ha arremetido contra ese pueblo, socorrida de clichés y lugares comunes que obvian no sólo la realidad cubana, también y sobre todo su heroico esfuerzo para levantarse de sus errores y fracasos.

  Con el único objetivo de hacerse agradable a la derecha, la izquierda institucional en todo el mundo ha atacado a la revolución cubana repitiendo los dichos de la derecha y siguiendo la moda en turno.

  Es tan consistente la resistencia del pueblo de Cuba, que la histeria intelectual que abunda y redunda en este roto país que se llama “México”, seguramente diría que se ha mantenido porque es una creación de Salinas, y a que es apoyada por la “mafia del poder”.

  Días después de ese relámpago de habilidad militar y convicción que le dio nuevo significado a un pequeño territorio y acomodó el nombre de “Playa Girón” en el casi vacío estante de victorias de la izquierda mundial, en aquel primero de mayo de 1961 el pueblo de Cuba decía, por la voz enronquecida de un barbón enfundado en su traje verde olivo de combate, las siguientes palabras:
 “Si a Mr. Kennedy no le gusta el socialismo, bueno, a nosotros no nos gusta el imperialismo, a nosotros no nos gusta el capitalismo.  Tenemos tanto derecho a protestar de la existencia de un régimen imperialista y capitalista a 90 millas de nuestras costas, como él se puede considerar con derecho a protestar de la existencia de un régimen socialista a 90 millas de sus costas.
  Ahora bien, a nosotros no se nos ocurriría protestar de eso, porque eso es una cuestión que les incumbe a ellos, una cuestión que le incumbe al pueblo de Estados Unidos.  Sería absurdo que nosotros pretendiéramos decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno es el que debe tener, porque en ese caso nosotros consideraríamos que Estados Unidos no es un pueblo soberano y que nosotros tenemos derecho sobre la vida interior de Estados Unidos.
  El derecho no lo da el tamaño, el derecho no lo da el que un pueblo sea mayor que otro, ¡eso no importa!  Nosotros no tenemos sino un territorio pequeño, un pueblo pequeño, pero nuestro derecho es un derecho tan respetable como el de cualquier país, cualquiera que sea su tamaño.  A nosotros no se nos ocurre decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno debe tener.  Luego es absurdo que al señor Kennedy se le ocurra decir qué régimen de gobierno es el que quiere que nosotros tengamos aquí, porque es una cosa absurda; eso nada más se le ocurre al señor Kennedy, porque no tiene un concepto claro de lo que es la ley internacional y la soberanía de los pueblos.
  El texto sigue con una extensa reflexión sobre la ciencia social y el pensamiento crítico.  Pero me detengo ahora señalando que bien puede usted intercambiar el nombre de “Kennedy” por el de “Trump” y verá que en esas palabras había no una declaración coyuntural, sino una declaración de principios.

  Detuve la lectura y miré entonces el reloj de arena.

  Se me ocurrió que tal vez no es cualquier arena la que contiene.  Y tal vez no es cualquiera porque esta arena tal vez viene de una playa reiterada en la historia de lucha y resistencia de la humanidad contra el capitalismo.

  Tal vez la arena que fluye de uno a otro lado de este reloj, viene de un lugar del continente americano y su geografía la ancla en una isla que se estira en el Caribe, como caimán rebelde que se niega a ser sometido y por eso endurece la piel y la mirada.

 Tal vez, se me ocurre ahora, la arena de este reloj de arena es arena de Playa Girón, que así se llama esa grieta en el muro del Capital y que, con su persistencia, nos enseñó a todos que el grande y poderoso puede ser derrotado por el pequeño y débil cuando hay resistencia organizada, necio empeño y horizonte.

-*-

  Déjenme decirles que el finado SupMarcos, y no sólo él, sentía una gran admiración por el pueblo de Cuba y un profundo respeto por Fidel Castro Ruz.

  En aquella plática informal que tuvimos horas antes de su muerte, la palabra recaló en el tema militar.  Me contó que él consideraba que la historia militar de lucha de los pueblos era poco conocida.  Se refirió entonces a la llamada Batalla de Zacatecas y a la Toma de Ciudad Juárez, ambas conducidas por Francisco Villa.  Me contó que él tomo prestada la concepción que implementó el General Villa para tomar Ciudad Juárez y con ella diseñó el inicio del alzamiento.  “Para la batalla de Zacatecas no me faltaba caballería”, dijo bromeando, “sino planada”.

  En lo internacional, contra el común de la izquierda, su referencia no era la batalla de Leningrado, sino la Batalla de Santa Clara, conducida por el Che, la de Cuito Cuanabale que dirigió Fidel Castro, y la de Playa Girón, también comandada por Fidel Castro.

  Aproveché para preguntarle por qué, siempre que nombraba a Fidel Castro, no decía “Comandante” si toda la izquierda latinoamericana lo hacía.  Así me respondió:
  “El que todos así lo llamaran pudiera bastar, pero no es por eso.  Nosotros somos un ejército y cuando decimos “comandante” decimos mando.  Y a nosotros no nos manda nadie, como no sean nuestros pueblos.  Pero Fidel Castro no necesita que nosotros le digamos así.  A él su pueblo le ha dado ese grado y no necesita más.”
  Se siguió contándome sobre Playa Girón y, con admiración, narraba la ocasión en que Fidel Castro discute y manotea con sus oficiales porque no lo dejan avanzar hacia Playa Girón a combatir contra los mercenarios.  “Imagínate”, me dijo riendo de buena gana, “Fidel contra todo su Estado Mayor.  Él emperrado en que quiere estar en el frente de combate y los demás en que no, que tiene qué cuidarse.  Y, ¿sabes?, Fidel Castro no argumentó que era su deber, les dijo que era su derecho.”  Encendió su pipa el finado y, después de la primera pitada la levantó como si brindara y dijo: “Por supuesto que la discusión la ganó Fidel”.

  Luego, dando por terminado el tema, añadió: “Fidel Castro es el Maradona de la política internacional.  Y nunca le van a perdonar los goles que le metió a quien se atrevió a enfrentarlo”.

  Recordé las palabras del difunto SupMarcos cuando leía sobre lo que el famélico espectro político de Latinoamérica opinó sobre la muerte de Fidel Castro.  La reiteración en la derecha, y en la izquierda bien portada, de reproches y supuestas críticas.  La derecha que nunca le perdonará las derrotas que les propinó, y la izquierda institucional que no lo absolverá de haber sido todo lo que ella, en su mediocridad, nunca llegará a ser.

  También están los mediocres que ahora dictan juicios y sentencias y simplemente no pueden explicar por qué, si era un dictador, la mayor potencia mundial no pudo organizar una rebelión popular, y optó por los atentados terroristas para anularlo.

  Lejos de la películas de ficción y series televisivas, donde los servicios secretos norteamericanos acaban con los malos armados sólo con un lapicero, fracasaron en Cuba sencillamente porque “Comandante Fidel” era el nombre, la imagen y la voz que ese pueblo tomaba para reafirmar lo que todo el tiempo y en contra de todo construía: su libertad.

  Y el dinero buscó y busca y siempre encuentra psicópatas dispuestos a vender su sed de sangre y destrucción.  Siempre encontrará a los Mas Canosa, a los Posada Carriles, aunque, en otra geografía y calendario, se llamen acá Felipe Calderón Hinojosa o como su antes esposa y ahora pretendida amasia Margara Zavala; o como Mauricio Macri en Argentina; o como Temer en Brasil, o como Leopoldo López en Venezuela.  Políticos, psicópatas y corruptos todos ellos, siempre dispuestos a que otros mueran y ellos cobren.

   Les cuento esto no sólo porque el tema toca lo pequeño que se rebela y se alza rompiendo moldes impuestos, también por lo que ahora les narro: me tocó reportarme con el Subcomandante Insurgente Moisés en una de nuestras posiciones, precisamente unos días después de la muerte de Fidel Castro.

  Cuando llegué, la insurgenta Erika me dijo sin poder contener las lágrimas: “Se murió el Fidel Cuba”.  Así dijo.  La revolución cubana tiene 58 años resistiendo contra todo, la insurgenta Erika debe andar por los veintitantos, nunca ha salido de estas tierras, aprendió el español en un campamento de montaña, batalla con las matemáticas y las palabras “duras”, y, a pesar de eso, o precisamente por todo eso, ha sintetizado en dos palabras toda una historia de lucha, de resistencia y rebeldía.

  Y vengo a hablarles de Cuba, es decir, de Fidel Castro, y de Fidel Castro, es decir, de Cuba, por la sencilla razón de que ya no hablan de él.  Tal vez porque piensan que ha muerto y, con él, la Cuba rebelde.  En lo que se refiere a Fidel Castro Ruz, sólo les decimos: “si no lo pudieron matar cuando estaba vivo, menos van a poder ahora que ha muerto”.

  Todo esto viene al caso, o cosa, según, porque es cierto, el difunto SupMarcos tenía razón: Abril también es mañana.

-*-

  Volviendo a aquella ocasión, como el tiempo se alargaba, seguí platicando con el finado SupMarcos cuando todavía no estaba finado.  El tiempo en La Realidad zapatista había entrado en ese ritmo en que parece que el día tiene prisa por irse y la noche sigue de perezosa.  Me parece que todo lo operativo de ese día 24 de mayo del 2014 lo estaba resolviendo el Subcomandante Insurgente Moisés, pues al SupMarcos nadie se le acercaba con informes o preguntas.  Como si el SubMoy estuviera haciendo todo lo posible para que el SupMarcos pasara tranquilo sus últimos minutos.

  Como seguíamos ahí, esperando, le pregunté por qué decía eso de que él era el personaje y no Durito, el Viejo Antonio y los otros seres que poblaron sus relatos.  Claro, todavía no conocía yo, ni nadie, el texto que leería la madrugada siguiente y que se titula “Entre la luz y la sombra”.

  Antes de responderme, el Sup miró ambos relojes.

  Nunca antes había hecho eso.  Siempre o consultaba uno o checaba el otro, dependiendo siempre de la situación.

  Después de confrontar ambos relojes, suspiró profundamente y me preguntó:

  “¿Qué es lo que no entiendes?

  “Eso”, le respondí, “porque entonces ¿quién eres? o más bien ¿quién has sido?”.

  Entonces se cuadró e inclinando la cabeza, paradójicamente tratando de imitar el tono de voz de los serios y formales samuráis de Akira Kurosawa, dijo:

  “Kagemusha”.

  Y digo que paradójicamente, porque el SupMarcos bromeaba de todo y de todo se burlaba, sobre todo de sí mismo.

  Yo puse la misma cara que ustedes están poniendo ahora.

  “¿Qué diablos es eso de Kagemusha?

  “Un señuelo”, me respondió, “un distractor, una sombra, la sombra del guerrero”.

  Entendí entonces el por qué, en sus últimos textos, había aparecido de pronto un nuevo personaje: “Sombra, el guerrero”.

  “¿Y entonces?”, pregunté porque sí.

  “Entonces nada, alguien tenía que hacerlo y a mí me tocó”.

  “¿Y entonces que vas a hacer?”, le insistí.

  “Morirme”, me respondió mientras se colocaba el pasamontañas.  Se acomodó entonces la gorra, encendió la pipa y, dirigiéndose a la guardia que resguardaba la puerta, ordenó por última vez: “Dile al SubMoy que estoy listo

-*-

  Viene la tormenta.

  Una y otra vez, el dinero tratará de romper la historia que importa.  Y una y otra vez, será vencido.  Como en un mes de abril de hace ya 56 años, en Playa Girón, generaciones enteras se arrancarán los juegos de un tirón y se levantarán desafiando el destino que se les impone.

  Ese día volverán a escucharse, aunque con otra voz, las palabras que el pueblo de Cuba dirigió a quienes pretendieron doblegarlo:
  “Tampoco escaparán al veredicto de la historia, que no será un simple veredicto de palabra, sino el veredicto que marca inexorable el destino de los explotadores de todo el mundo, como un reloj que le dice  “tus días están contados, el fin de tu sistema explotador se acerca“.
  Cuba pervivirá.  Los pueblos originarios pervivirán.  La humanidad pervivirá.

  Y cuando se diga “Patria”, se dirá “mundo”, se dirá “casa”, se dirá “vida”

  Cierto, no habrá relámpagos más fieros, ni tormenta más grande, pero al final, esta tierra se levantará y con ella sus mujeres, sus hombres y quienes son lo que son sin ser ni uno ni otra.

  La memoria no olvidará, pero no habrá celebraciones.

  No porque no valdrá la pena, sino porque la vida entera será entonces lo que siempre debería ser, es decir, una celebración.

  Y cuando ese mañana llegue, yo, nuevo Kagemusha nómada, sólo lamentaré no estar presente para mirarles burlón y decirles:
Odio decir que se los dije, pero se los dije”.

Gracias, no muchas, pero siempre sí unas pocas bastantes.

SupGaleano.

Abril del 2017.
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