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7 de agosto de 2013

Aprender a aprender.

Por: Gustavo Esteva / La Jornada.

Llegó la hora de aprender. Esta semana empezará la celebración en los caracoles y en la próxima tendrá lugar el primer curso para aprender libertad con los zapatistas. Llegarán de muchas partes de México y del mundo quienes han sido expresamente invitados a la estancia de aprendizaje en las comunidades zapatistas. Las fiestas en los caracoles, del 8 al 10 de agosto, y los actos de la cátedra Tata Juan Chávez, el 17 y el 18, estarán abiertos a cuantos quieran acercarse.

Los lectores de La Jornada han podido seguir, a partir del 21 de diciembre de 2012, la serie de comunicados que conducen a estos eventos. Es posible aún encontrarlos en línea.

No será fácil la estancia. Se exige reaprender a aprender, particularmente cuando se explica que los maestros no serán profesores certificados y se carecerá de pedagogos expertos. No se cumplirá ninguno de los requisitos formales de un salón de clases o un espacio académico. Y no se trata de aprender sobre el mundo, sino del mundo, y de aprender de aquellos que están haciendo el mundo nuevo. Hace tiempo se comentó que cambiar el mundo era muy difícil, quizás imposible; lo que era posible, en cambio, era hacer un mundo nuevo. Serán maestros quienes lo están haciendo. Por eso se necesita reaprender a aprender.

Pero lo más difícil será el contenido: se trata de la libertad.

La palabra produce inmediata asociación con quienes la han perdido y genera solidaridad con los que están en la cárcel. Sin duda hay que ocuparse y preocuparse por ellos: en su mayoría son inocentes. Hay que luchar por ellos y mostrar la profunda injusticia de que se les encarcele mientras los verdaderos culpables del horror que nos rodea se pasean impunemente por las calles.

Traeré una vez más a colación al poeta John Berger. Hace tiempo nos dijo: si me viera forzado a usar una palabra para expresar lo que pasa en el mundo, pensaría en la prisión. En ella estamos, incluso quienes pretendemos estar libres. Se trata de aprender qué es la libertad para los zapatistas y quizás, con ese aprendizaje, aprender a ver nuestras rejas.

De libertad también, inevitablemente, trata un comunicado oportuno y necesario que anuncia para el 19 de junio la apertura de La casa de todas y todos en Monterrey. Se trata de la determinación de ser libres y de los principios y la moral como sustento de una actitud revolucionaria.

No puede decirse que fuera famosa la casa del doctor Margil, la que vio nacer a las Fuerzas de Liberación Nacional hace más de cuatro décadas. Vandalizada hace unos meses, se encuentra ahora en restauración. Anuncia una página, www.casadetodasytodos.org, en la que se irán publicando comunicados y materiales de esa organización.

Sabemos muy poco de ella. El nombre ha circulado como antecedente del EZLN, pero poco se ha dicho de su propia historia, de su gestación, de sus alcances. El número 20 de Contrahistorias, actualmente en circulación, publica una serie de entrevistas de cuadros del EZLN en que se refieren a las Fuerzas de Liberación Nacional. Pero son solamente apuntes fragmentarios de la organización.

El espléndido documental de Luisa Riley Flor en otomí, que se estrenó en la ciudad de México el 19 de abril de 2012 y circula desde entonces por circuitos alternativos, nos permitió atisbar la vida de Dení Prieto y el horror de la casa de Nepantla, pero aumentó, en vez de calmar, el apetito de saber más. Es bueno saber que ahora tendremos, de la fuente original, el material que permitirá ganar esta batalla de la memoria contra el olvido.

Dos ingredientes del comunicado en que se informa de la apertura de la Casa de todas y todos muestra la continuidad con lo que pasará en estos días. Al referirse al primer comunicado de las Fuerzas de Liberación Nacional, del 2 de agosto de 1971, que circuló en copias al carbón entre los miembros de la organización para informar sobre su primera confrontación armada con el Estado, se destaca con toda claridad lo que hoy también ocupa el primer plano: que se trataba desde entonces de una lucha por la libertad y que, desde entonces, los principios, la moral, eran el sustento de todo comportamiento, de toda acción política. Estos elementos marcaron a lo largo de cuatro décadas su diferencia con las clases políticas, con los gobiernos, con los partidos, y también con muchas fuerzas públicas o clandestinas de pretensiones revolucionarias. Es la diferencia que hoy importa, más que nunca, seguir sosteniendo.

6 de junio de 2010

haciendo camino

Gustavo Esteva

“Esos, los que organizan caravanas con extranjeros, son los verdaderos asesinos… Si llevas a unas personas y las metes a una emboscada, ¿tienes responsabilidad o no? Los responsables de lo que pasó fueron los que los llevaron.” Eso dijo, palabra por palabra, el senador Carlos Jiménez Macías, delegado del PRI en Oaxaca (La Jornada, 24/5/10).

Bety Cariño sería suicida y asesina. Habría preparado el ataque contra la caravana que ella misma contribuyó a organizar y en el cual se le asesinó.

Es la línea de Ulises Ruiz. Desde el primer momento acusó a los extranjeros. ¿Cómo se les ocurrió ir sin permiso de las autoridades? ¿Cómo se atrevían a ofrecer solidaridad a un pueblo en apuros?

No se trata de localismo xenófobo. Estos sujetos se muestran siempre dispuestos a ponerse a las órdenes de los extranjeros que intentan atraer, como turistas o inversionistas. Pero ciertos extranjeros los sacan de quicio: quienes quieren ser testigos y escudos de las atrocidades que aquí se cometen, los que aceptan poner en riesgo su vida por profunda solidaridad. Con inaudito cinismo se responsabiliza a los organizadores e integrantes de la caravana por haberse atrevido a entrar en esa zona en que la propia policía no puede hacerse presente. Es la vieja estrategia autoritaria: culpar a las víctimas.

El contexto es claro. No exageró Noticias en su titular del 26 de mayo: Oaxaca, ciudad sin ley. Su texto editorial señalaba: El nivel de desgobierno cobró ayer su dimensión más atroz. Y se preguntaba si no se trataba de un acto montado para promover el voto del miedo. Al día siguiente hubo un despliegue aparatoso de policías y militares sin más función que intimidar. De eso se trata. Es una definición de política. “El Estado –señaló el día anterior el secretario de Gobernación– tiene que ser capaz de infundir temor.” (La Jornada, 25/5/10). En ocasiones, esta tarea de infundir temor se delega en paramilitares, caciques locales y otros grupos delincuenciales. En amplias áreas el nivel de desgobierno adquiere todos los días dimensiones atroces.

La estrategia tiene impacto. Muchas personas se encuentran seriamente atemorizadas y exigen, sin información apropiada, que se apliquen manos cada vez más duras contra capas de la población cada vez más amplias, porque el descontento se extiende y los insumisos ya no están dispuestos a quedarse quietos: no se resignan a la suerte infame a la que se les quiere condenar y entran en acción. La criminalizació n de los movimientos sociales ahonda aún más la polarización social, cuando una parte de los ciudadanos empieza a funcionar como la base social sumisa que encuentra en el despotismo la única salida.

Pero tal estrategia es también contraproducente. Un número creciente de personas ha dicho ¡basta! e intenta de mil maneras distintas retomar en sus manos su propio camino. Sin confianza alguna en las clases políticas; cada vez más conscientes de la inutilidad de diálogos con personeros que sólo sirven de distracción y cuyos acuerdos, cuando se logran, se incumplen de inmediato; al tanto, finalmente, de que nadie hará por ellas lo que se requiere, se han puesto en pie de lucha.

Ése es el sentido que ha de darse a la caravana organizada para el 8 de junio. San Juan Copala sigue cercado y cotidianamente agredido. El 20 de mayo un grupo de sicarios asesinó a mansalva, en su propia casa, a su líder moral y a su esposa, a don Timoteo Alejandro Ramírez y a doña Tleriberta Castro Aguilar. Convocada por las autoridades del municipio autónomo, la caravana crece todos los días. Aunque se quieren subir a ese carro quienes sólo intentan llevar agua a su propio molino político, la caravana se ha estado formando desde la propia gente, abajo y a la izquierda. Reúnen alimentos, cobijas y medicinas para llevarlos a estos pueblos asediados por meses.

Los caravaneros están conscientes del riesgo. Desoyen las advertencias de quienes quieren doblegar por hambre y temor a los autonomistas. Saben que no es protección su gran número, porque en la situación actual, cuando empiezan a sentirse arrinconados, quienes están en el poder pueden concebir atrocidades aún peores: una masacre en forma podría ser la más brutal de las intimidaciones que se están llevando a cabo. Acaso imaginen que induciría decisivamente el voto del miedo, al que evidentemente apuestan, o que incluso podría llevar a la cancelación de las elecciones, otra de sus opciones para mantenerse en el poder.

Pero la caravana va. Ninguna amenaza podrá detenerla. Es ésta la semilla que sembraron Bety y Jyri. Empieza a dar frutos.

gustavoesteva@ gmail.com

http://zapateando.wordpress.com/
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