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11 de septiembre de 2020

UN CHILE IGUALITARIO... LIBRE. Entrevista con Marco Sánchez Maturana, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

a Valentina Palma, Marco Aguirre y su hija Esperanza... a Santiago Maldonado... al pueblo mapuche.

Por: Sebastián Liera.
Cabello largo y afectado por unas cuantas rastas, Marco llega puntual a nuestra cita en una de las esquinas de la plaza en el centro de Coyoacán. Nadie podría imaginar con sólo verlo, que sobre este joven de entonces apenas unos 29 años de edad pesaran cargos que de estar detenido lo tendrían toda su vida tras las rejas en el penal de alta seguridad de Santiago de Chile acusado de lesiones graves contra civiles y carabineros.
1999, el año en que me concediera esta entrevista, contaba entonces algunas historias de dignidad que corrían paralelas de la mano de los pobladores de Amador Hernández, Chiapas, resistiendo el acoso militar, y del movimiento estudiantil universitario en la máxima casa de estudios del país que, amén de sus contradicciones, resistía a la intentona de privatizar la educación superior.
Han transcurrido 21 años desde aquella charla bajo el sol de la capital mexicana; sin embargo, las palabras de Marco todavía resuenan vigentes trazando frente a la grabadorcita la claridad de su posición política. Sirva, pues, este revisitar de aquellas palabras hoy, 11 de septiembre de 2020, a 47 años del golpe militar que derrocara por la fuerza al gobierno socialista del compañero Salvador Allende y del inicio de una larga noche que no solo aplazara el sueño de un mundo nuevo y mejor para nuestrxs hermanxs chilenxs, sino para toda Latinoamérica.
Hace casi 15 años, el 10 de diciembre de 2006, publicamos aquí mismo esta entrevista; entonces, la naturaleza había tenido un curioso acuerdo con la celebración del día internacional de los derechos humanos llevándose al dictador Augusto Pinochet, orquestador del golpe militar que intentara acallar, sin conseguirlo, “el pensamiento y la acción de un estadista con visión de mundo y de futuro, de un hombre que vivió, amó y vio la vida en forma intensa y profunda y que por eso pudo dar forma a un proyecto para hacerla mejor, más digna, más justa para el ser humano, que fue el centro de su preocupación”(1): el compañero Salvador Allende.
La muerte de Pinochet nos daba alegría y tristeza al mismo tiempo. Alegría, porque al fin el cómplice de encarcelar a la dignidad y perseguir a la esperanza chilenas dejaría de contaminar con su sola presencia las grandes alamedas; pero, tristeza, más aún, vergüenza, porque la democracia (ése sistema que tanto alaban quienes llenan su boca de palabras como orden y legalidad) no fue capaz de enjuiciar y condenar al tirano. Me gustaría pensar que no sucederá igual con Echeverría, pero éste régimen no me da muchos motivos para abrigar la esperanzas de ver al genocida tras las rejas antes que muerto; muchos menos ahora que el actual residente en Palacio Nacional para rendirle homenajes (¿involuntarios?) con su modus operandi de gobernar.



Chileno de nacimiento, Marco Sánchez Maturana tenía escasos tres años cuando por Radio Magallanes Allende se despedía del pueblo que lo había llevado a la presidencia a través de las urnas en 1970: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Ahora (1999), Marco vive en la Ciudad de México donde estudia Antropología Social en espera de que se regularice su estancia legal, ya que desde 1997, debido a una orden de detención girada en Chile y al posterior trámite de su extradición, Naciones Unidas, a través del ACNUR, le otorgó la condición de refugiado político.
Las circunstancias que me motivaron a dejar mi país son diversas —dice mientras sostiene entre las manos un libro blanco cuyo forro delata que ha sido varias veces leído y vuelto leer—. Una de estas circunstancias es que la universidad pública en Chile es una de las más caras del mundo: la carrera más barata cuesta unos 200 dólares mensuales. Por una segunda parte, la militancia que yo había tenido dentro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez me lleva a condescender en una problemática con la justicia civil y militar, y una de las alternativas que tenía era abandonar el país.
Esto se agrava una vez que aquí, a México, llega Patricio Ortiz, uno de los fugados de la cárcel de alta seguridad. Con Patricio Ortiz hay una relación muy vasta, muy amena, muy de cerca. Yo conocí a su hermano, Pedro Ortiz, asesinado en el año 92 en una fuga también. Una vez de que ocurre esto de que los cuatro compañeros fugados se encuentran acá y que son delatados por gente de la misma organización, ellos, en un acto de buena fe y más que nada de obtener un resguardo, recurren a mí como militante que, bueno, hasta ese momento estaba descolgado yo aquí, y ellos asumen una instancia de cuidado, de protección, para que los haga salir del país.
Todas estas situaciones son conocidas por el gobierno chileno así que se me acusa de ocultamiento y formación de grupos de combate y, México, la Secretaría de Gobernación a través del Instituto Nacional de Migración, llega a plantearse mi deportación porque Chile pide mi extradición. Gobernación me tiene recluido durante seis meses en la cárcel migratoria de Iztapalapa, donde la ONU, a través de ACNUR [el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados], le manifiesta al gobierno mexicano que mi vida peligra ya que pesaría sobre mí una condena de presidio perpetuo a cumplirse en la cárcel de alta seguridad de Santiago.
Marco hace una pequeña pausa como buscando las palabras. Mira el libro que trae entre las manos y del que guiado por mi propia curiosidad alcanzo a leer el título: Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Voltea y me descubre mirando en la portada la fotografía de un mural donde al rostro de Allende lo limita la silueta de la geografía de Chile; alarga entonces una ligera sonrisa que yo aprovecho para preguntar acerca de la vida política de su país actualmente y si cree que la democracia ha llegado por fin a Chile o habita nada más en los discursos de la clase política.
En Chile se vive una seudo-democracia donde la mayoría de los presos son jóvenes. Hombres y mujeres que lucharon y siguen luchando, ahora desde la prisión, para reivindicar la democracia chilena golpeada en el año 73. Desde el punto de vista social se vive un fraude, conocido por lo que es la Constitución de 1980. Augusto Pinochet Ugarte y su asesor, su mentor político, Jaime Guzmán idean esta constitución para guiar al país dentro de lo que se llamaría la “doctrina de seguridad nacional”, a través del sometimiento por conducto del ejército y de los militares como gobernantes y como integrantes del área judicial.
Chile no puede tener una democracia, porque se rige por una constitución que fue hecha y aprobada a molde de lo que es el neoliberalismo chileno, de lo que es el militarismo. Esto no da paso a que una sociedad se pueda desenvolver democráticamente.
Digo esto porque, por ejemplo, uno de los artículos, el cual no me permite volver a mi tierra, el artículo 8º, que trata sobre el control de ley de armas y explosivos, y su ley reglamentaria, la Ley 17.798, la ley antiterrorista y contra grupos de combate en su modalidad de grupos subversivos con armamento de uso exclusivo del ejército, es un artículo muy fuerte dentro de la Constitución y esto tiene a gran parte de la juventud chilena en el exilio; digo gran parte porque somos varios, alrededor de cien los jóvenes que no podemos volver a nuestro territorio.
Este artículo y esta ley son legalmente aprobados en un plebiscito fraudulento que se hizo en el año 80 y son los que no permiten a la sociedad civil actuar en democracia plena, porque pasan a ser las limitantes producto de una forma agresiva aprobada de manera unánime por el régimen de Pinochet.
Esta constitución sigue vigente en Chile y es la misma que en uno de sus artículos hace a Pinochet senador vitalicio, concediéndole tener senadores designados, lo que lo convierte en senador vitalicio postmortem y, por si fuera poco, él va a ser el único senador vitalicio ya que para ello se requiere de haber gobernado más de seis años y en Chile los plazos de gobierno son de cuatro años.
No —remarca—, la transición democrática ha sido muy falsa, de una manera muy oscura, donde el factor económico ha incrementado la crisis de una forma terrible provocando más de 5 millones de pobres en donde un millón son niños y niñas; estamos hablando de que si Chile tiene alrededor de 15 millones de habitantes, un tercio de su población vive en la máxima pobreza. Una sociedad que se dice democrática no puede tener, ni debe tener, ni se le debiera permitir un tipo de aberración en su Constitución, menos ser esta la Carta Magna que rige al país.
El tráfico sobre la calle Felipe Carrillo Puerto aumenta haciendo que los claxonazos de los autos nos alcancen hasta la jardinera donde estamos sentados, llamando la atención de Marco y dándome con ello la oportunidad de hacerle una nueva pregunta acerca de la respuesta que la sociedad civil chilena o las organizaciones y partidos de izquierda tiene frente al panorama que me describe.
Una de las formas de organización que se ha mantenido fuerte en sus bases es la sociedad civil, complementada con el fenómeno de lo que es el problema étnico, el problema de los mapuches en Chile. Esta organización se ha mantenido en sus cimientos de lucha intransigente e inclaudicable de lo que es el problema étnico, provocando la confrontación entre lo que es la sociedad civil y el gobierno, reconociendo con esto el avasallamiento histórico de más de 500 años, mismo que sostienen los gobiernos neoliberales al acriminar, callar y exterminar las luchas étnicas en lo que es el genocidio que se ha dado en gran parte de América Latina.
Por su parte, la sociedad civil política ha sido muy camaleón, ha cambiado de colores muchas ocasiones. Hay una canción de Víctor Jara que dice “si usted es chicha o es limonada”, o sea, si usted es amarillo o es rojo, haciendo alusión a lo folclórico chileno; la alianza en Chile ha servido un poco para que otros países en América Latina vean en las alianzas políticas entre diferentes partidos, sean de izquierda o sean de derecha, una manera de llegar al poder sin importarles nada más, sin asumir las problemáticas de los pobres, las de la sociedad civil, la crisis económica, social y cultural.
En Chile, donde la dictadura ha sido una de las más feroces de América Latina; donde la situación se ha vuelto muy caótica porque la cultura fue avasallada, exterminada; donde tampoco se ha tratado de reinstalar esta cultura por medio del arte, la pintura, el cine, el teatro, ya que en veinte o diecisiete años no hubo nada de esto sino al contrario: represión contra todo tipo de movimiento clandestino; donde los partidos políticos entran al juego dictado por la Constitución del 80, la cual no deja el que un partido menor pueda gobernar aunque haya ganado las elecciones, por su estructura bicameral en el Poder Legislativo, los jóvenes se han vuelto escépticos y, aún así, han tenido una repercusión con respecto a lo que han sido los conflictos estudiantiles, la problemática étnica y en sí lo que es el fenómeno de ser joven y no poder divertirte en tu país, en tu territorio. Esos, creo, han sido factores muy fuertes para que la juventud chilena vaya tomando posición y no se vuelva tan escéptica con el proceso histórico y social que tiene el país...
Pero —lo interrumpo— ¿qué tanto participan las y los jóvenes y qué tanto podemos esperar que de ellas y ellos pueda surgir un nuevo movimiento que cambie al Chile heredado por Pinochet?
La juventud —explica— se compromete en la medida de su forma de vida, de su ideología, según opte por la parte social, la parte política o bien la parte militar. En Chile es muy perseguido, es uno de los castigos más severos que tiene la Constitución, el manifestarse en la forma armada. De hecho Chile es uno de los pocos países de América Latina, más bien diría el único en el mundo, donde por un mismo delito político se te juzga dos veces: te juzga la justicia civil en una instancia y después la justicia militar, por tratarse de un fenómeno del orden militar. Estas acciones armadas contraen generalmente sentencias que van de los 20 a los 35 años de prisión, así que como verás no cualquier persona lo toma a juego, sino que más bien asume jugársela en un compromiso real, histórico-social de hacer valer su instancia.
Por la parte cultural, la parte histórica. Lo que es el teatro, la gente haciendo fotografía, cine, denunciado de la manera artística y cultural lo que es la represión militar, lo que se vive cuando se tiene una cultura propia de una sociedad de la militarización, el compromiso se asume a título personal y es viable en el sentido de que cada vez más las y los jóvenes se van poco a poco inmiscuyendo dentro de sus trincheras en el desarrollo de grupos digamos marginales, grupos alternativos que han crecido mucho. Lamentablemente yo salí hace tres años de mi país y tengo un contacto leve en el sentido de que muchas cosas no se oyen, ni se pueden ver ni escuchar, por el hecho de que hay una vasta distancia; pero por lo que me he enterado de personas que han pasado por México y que han relatado lo que pasa en Chile, sí hay un movimiento social de jóvenes creciente y muy fuerte.
Viene a colación entonces la pregunta obligada: la detención de Pinochet en Londres hacia octubre de 1998.
Cuando Pinochet es apresado en Londres —me dice—, cuando se le gira la orden de aprensión, en Chile hay tal consternación que se crea tal grado de euforia por sacar esa mierda que trae la juventud chilena, ese odio, esa rebeldía intrínseca; como dijo Salvador Allende: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Hay una gran euforia, repito, y la gente sale a las calles, se va al centro y jóvenes, niños y niñas, adultos, todo mundo, sale en una forma de alegría porque por fin se está haciendo justicia; por fin el mundo reconoce una de las tragedias más horribles, uno de los holocaustos más terribles que ha tenido Latinoamérica y el mundo en sí de lo que ha sido el exterminio de gente de izquierda.
Así que hay una explosión de la gente y, nuevamente el gobierno chileno, en su complicidad con Pinochet, saca a los carabineros, que es la policía armada militar chilena, a las calles, quedando un saldo de alrededor de 200 personas heridas ese día. Esto da a entender que sí hay una gran conmoción en Chile y en todas partes, que la gente sí está de acuerdo con que a Pinochet se le juzgue y sea dictada una sentencia, por lo menos que sea histórica, a nivel internacional, para que no se vuelvan a cometer estas mismas atrocidades.
En el plano de los partidos políticos y de lo que son las organizaciones políticas y el gobierno en sí, los partidos de la democracia cristiana, el partido socialista, es gente que está en el poder pero lo que a ellos les interesa es mantener su alianza. No olvidemos que la democracia cristiana fue uno de los gestores del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973; no olvidemos que la democracia cristiana fue cómplice de Pinochet guiando el derrocamiento de Allende y la intromisión militar para luego ellos retomar la democracia, lo que al final no resultó así. Por eso ahora el gobierno dice que Pinochet debe ser juzgado en Chile.
Vuelvo a recalcar: en Chile no puede haber justicia, no puede haber democracia, no puede haber una igualdad mientras exista una Constitución que protege a los asesinos con cláusulas que extienden la impunidad sobre lo que ocurrió desde 1973 hasta 1978, tiempo en el que se cometen los asesinatos más atroces y las operaciones más sanguinarias con un saldo de alrededor de 15 mil muertos, entre mujeres y hombres, militantes de izquierda. Mientras siga vigente en mi país la Constitución de 1980 no podrá haber ni habrá justicia para la gente que fue opositora al régimen militar, ni será posible el juzgamiento de Pinochet.
Pinochet de hecho viajó a Inglaterra como diplomático, como senador vitalicio en misión especial, con un pasaporte expedido por el Ministerio del Interior donde se decía que iba en misión diplomática. Él estaba en Inglaterra por una situación netamente militar haciendo un tratado, un contrato de armamento bélico entre Inglaterra y Chile.
No puedo evitar sentir cierta admiración, más bien, extrañeza ante esto que me está diciendo: ¡¿Pinochet en misión especial para la firma de un contrato militar entre Inglaterra y Chile?!. Entonces, como si mi sensación se hubiese reflejado en mi rostro, Marco retoma el asunto con algunos argumentos históricos.
No olvidemos que Pinochet fue un aliado con Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas. Chile en ese momento era presidido por Pinochet y él prestó todos los servicios que le fueron necesarios a la ex mano dura de Inglaterra, Margaret Thatcher. Al seguir gobernando bajo la Constitución del 80 y no juzgar a la dictadura militar, Aylwin y Frei, los dos sucesores de Pinochet, han sido cómplices de los asesinatos de la gente, de militantes de izquierda, de grupos sociales, de grupos armados, después del golpe de Estado. ¡Ahora se quieren hacer responsables de juzgar a un individuo al que le permitieron ser senador vitalicio! Eso es lo que yo me pregunto y quisiera dejar como pregunta abierta a toda la gente: ¿creen que se pueda juzgar a una persona con las leyes que ha hecho él mismo?
Los ojos de Marco se fijan en los míos como esperando de mí una posible respuesta a su pregunta, yo prefiero dejársela a los chilenos que probablemente leyeran estas notas y conduzco la conversación a otro par de temas igualmente trenzados entre sí, productos de exportación chilenos a toda Latinoamérica con patrocinio estadounidense: la tristemente célebre Operación Cóndor y el neoliberalismo.
Bueno, la Operación Cóndor, que tuvo una trascendencia en Argentina, Uruguay y Paraguay, es planeada desde Chile y su gestor es Manuel Contreras, a cargo de lo que fue la DINAla Dirección Nacional de Inteligencia Chilena (sic); amparada por las Fuerzas Armadas en sus modalidades de Fuerza Aérea, Marina y Carabineros de Chile. Esta operación militar se idea, planifica y ejecuta dando exterminio a militantes de izquierda, tanto chilenos en el exilio como extranjeros, sean del MIR, del Partido Socialista, del Partido Comunista o de los aparatos militares que tenían estas respectivas organizaciones. En Argentina se hace todo lo que es la persecución de esta gente que vivía allá, que de alguna u otra forma estaba refugiada, encontrándola y asesinándola a sangre fría.
Recordemos que el gobierno de Pinochet asesinó a Carlos Prats, el último de los comandantes en jefe democráticos que tuvo el glorioso Ejército chileno; intentó matar a Eduardo Leighton en Italia; asesinó al canciller en Alemania, y también se hace cómplice de la matanza de Orlando Letelier, ex asesor de Allende, quien muere en un atentado con explosivo de un autobomba en la capital de Washington.
Probablemente no se conozca nunca la cantidad de personas que murieron en América Latina a causa de la Operación Cóndor, misma que dio cabida a que muchos gobiernos se elitizaran en la parte táctica militar, respecto a la guerra de guerrillas, la contrainsurgencia y los levantamientos armados. Gran parte de los individuos que participan en estas operaciones al interior de las Fuerzas Armadas fueron educados, sembrados, en la Escuela de las Américas, el brazo rector y militar del neoliberalismo.
Al respecto, creo que nosotros, hombres y mujeres, niños y niñas a quienes nos toca enfrentar este nuevo milenio, nos toca también enfrentar el reto del holocausto que es el neoliberalismo, este avasallamiento social, económico y político, esta degradación de lo que es el modelo capitalista que se está viendo consumado más que nada en los sectores proletarios donde hoy en día el alimento básico ni siquiera es, por ejemplo en México, de tortillas y frijol.
Creo que debemos de tomar en cuenta el ejemplo de las luchas de los sindicatos como el Mexicano de Electricistas, las luchas de los estudiantes como los de la UNAM; gente que es sociedad civil pero que pertenecen al plano de lo estatal porque se desarrollan al interior de instituciones del Estado que deberían prestar servicio a la sociedad, como corresponde a una democracia.
Creo que Chile fue el “paladín del neoliberalismo” en el sentido de que desde Chile se proyectó, a través del sometimiento, de la invasión, de la situación impuesta, de la forma obligada con fusil en mano, el que se aceptara el modelo económico neoliberal. Las Afores, graficando un poco la situación, llevan en México alrededor de cuatro veintidós años y en Chile llevan ya 25 43 años, lo que ha sido un robo hacia la sociedad trabajadora, hacia la sociedad que se esmera trabajando. Y este dinero generalmente no se queda en Chile, ni se queda en ningún país de América Latina, pues los consorcios internacionales son empresas que se llevan el dinero a invertir en otros lugares tercermundistas, por darle una clasificación concreta.
Frente a esta situación, Chile vivió un proceso de privatización en el tiempo que Pinochet es presidente interino. Se privatizan todas las empresas, lo que es agua potable, electricidad, la compañía de teléfonos; se vende el cobre como materia prima nacional y producto interno con mayor fuerza de exportación, como el petróleo para México, y se privatiza la educación con todas sus secuelas, como lo que decíamos al principio sobre los costos de las carreras en la universidad pública.
El modelo que se impone a fuerza de fusil y a costa de la sangre del pueblo chileno, se va expandiendo en América Latina y va dando resultados que a niveles macros tienen sólo buenos resultados para los consorcios internacionales que crecen y se enriquecen. Vamos pasando a sociedades con grandes estructuras de edificios, grandes centros comerciales que son las nuevas catedrales del neoliberalismo, donde la pobreza pasa a ser un submundo, una pobreza cubierta, una pobreza disfrazada.
Este modelo, en otros países también se impone, como Argentina y Uruguay, donde se introducen dictaduras militares tan fuertes y tan feroces como en Chile. En otros casos, algunos gobiernos democráticos o dizque democráticos de la parte Central y Norte de América lo fueron adoptando y ya vemos lo que pasó: las economías nacionales tienen mucho que desear y cada vez que hay cualquier problema en las bolsas éste repercute negativamente.
El sonido de un huehuetl se escucha a lo lejos como secundando lo dicho por Marco en esta plaza donde lo mismo se encuentran músicos callejeros de jazz, mimos, hiphoperos o mexikatiauis. Marco hace una breve pausa esperando la siguiente pregunta mientras a mi memoria viene aquello del artículo 33 constitucional (2) y la reciente detención de Marco Ugarte, reportero gráfico de la Afp y chileno también, en Chiapas. Lo pienso una, dos veces. Finalmente, intentando no caer en una imprudencia comienzo a articular la posible pregunta y hablo otra vez de neoliberalismo, pero también de luchas que le resisten con la esperanza y la dignidad como banderas, hasta que me animo a preguntarle, consciente del riesgo en el que lo coloco, si cree que el zapatismo pueda ser una vertiente de esperanza para América Latina o incluso internacionalmente. Marco no puede entonces evitar que a los labios le brote una ligera sonrisa y, tras mirarme por un corto momento como queriendo descubrir en mis ojos alguna intención perversa, se anima a responder.
Una pregunta bastante interesante —dice sin dejar de sonreír— y comprometedora también... Pero, valga el compromiso... Creo que la lucha zapatista está siendo viable desde el momento en que se alza como fuerza político-militar dándole un sueño a todo lo que es la lucha étnica, indígena de este país. Este sueño que representa el Ejército Zapatista para los pueblos de Chiapas en específico, viene a ser el amanecer, el sol, el reaparecer la vida y los colores después de 500 años en que se ha venido avasallando a un continente.
Creo que ha sido viable porque se ha mantenido y se ha reconocido como sociedad distinta a la mexicana a los pueblos étnicos, a las culturas, a la diversidad cultural étnico-lingüística, a través de las armas, ¿irónico, no? Pero el EZLN ha logrado imponer un reconocimiento histórico, social, no sólo a través de sus incursiones armadas, sino también a través de sus redes sociales de trabajo, de las redes sociales civiles y de organismos de derechos humanos y de las comunidades zapatistas.
El hecho de identificarse y asumir el compromiso de rebeldía, de desatar esas amarras y esa sujeción al Estado político, creo que ha hecho que el Ejército Zapatista sea fuente de inspiración de muchas guerrillas latinoamericanas, de muchos grupos armados en América Latina donde el “mandar obedeciendo” ha pasado de ser un acto de simbolismo a ser lo que realmente se puede tomar como una nueva forma de hacer política.
Claro que por otro lado está(ba) el caso de las FARC, en Colombia, donde la guerra civil está(ba) declarándose, donde países fronterizos están actuando en contra de lo que es la insurgencia, en contra del grupo armado de las FARC; donde Estados Unidos está haciendo un bloqueo y está(ba) enviando marines a detener este alzamiento armado.
Creo que un poco en América Latina se está dando lo que fue el llamado Ejército de Liberación Nacional, en el cual pensaba Bolívar y después muchas personas más como el Che, Miguel Enríquez, Lucio Cabañas, por nombrar algunos que han seguido en esta lucha inclaudicable. Uno de estos personajes dice que “en esta lucha se nos puede ir la vida, pero la continuaremos hasta la victoria”. Creo que estas palabras son muy ciertas y hay que tomarlas en cuenta.
El zapatismo ha sido y seguirá siendo un ejemplo, no nada más en América sino también en Europa. Tuve la suerte de recorrer varios países en Europa y nos encontramos con gente que se empapó de misticismo, de idiosincrasia, de energía cuando visitó zonas chiapanecas, y ha concretado redes sociales de todo el mundo en pro de una lucha tan noble, tan justa y tan obvia como es la lucha étnica.
Marco regresa la mirada al libro que trae. Pareciera que busca con una suerte de mirada de rayos x las palabras aquellas de Allende cuando pedía a los jóvenes universitarios que fueran con premura, con cariño, con ternura humana, a trabajar durante uno o dos meses a las comunidades mapuches (3). Aprovecho, pensando, como decimos por acá, que “ya encarrerado el burro” puedo preguntarle ahora al hombre de armas si cree que la lucha armada haya cumplido su función y no tenga ya razón de ser o, si por el contrario, la lucha noviolenta representa una esperanza real para terminar con la explotación del neoliberalismo que hemos identificado con la miseria mundial que vivimos.
Retomando un poco lo que es el zapatismo y uno de sus personajes ya míticos, como es el Subcomandante Marcos, bonito nombre por cierto -jejeje-, él hace mucha referencia a lo que es “mandar obedeciendo” pero también a lo que es luchar desde las trincheras donde uno está. Creo que en este sentido todos tenemos que cumplir nuestros objetivos, nuestras luchas, desde el lugar donde nos encontremos. Si en algunas partes las armas han sido viables, en otros lugares han sido decadentes. Las armas siempre están cargadas de muerte. Tal vez sea una de las formas que se ha representado como forma de lucha, pero creo en las manifestaciones pacíficas, la sociedad civil, el tomar conciencia de que tenemos que vivir en una sociedad más justa, más igualitaria, donde todos y todas quepamos, el respetar todos los mundos.
Pero lo que sí es que las distintas formas de lucha que se han dado tienen que tomar cada vez más fuerza y seguir como una manera viable de complementación, orientándose siempre en el compromiso para con la reivindicación social. Junto con esto creo que el dogmatismo no conduce a nada, que siempre tenemos que estar autocuestionándonos, tanto a nosotros mismos como a la gente con la que estamos, es una forma más coherente y más transparente de ser conscientes.
Tenemos que seguir esta lucha, ya sea desde la clandestinidad o desde el lugar donde nos encontremos, desde nuestro trabajo, desde nuestro lugar de estudios, etcétera, y asumir un compromiso histórico-político referente a lo que han sido nuestras raíces. Recordemos que un pueblo que no tiene pasado no puede proyectarse a un futuro con esperanza. El problema étnico, tanto en Chiapas como en América Latina, se ha dado muy fuerte, se ha representado de tal forma que hoy vemos a mucha sociedad civil movilizada. Ojalá fueran más y más las personas que se sumaran a esta lucha por una sociedad distinta, igualitaria. Una sociedad nueva en un mundo nuevo.
Todas las formas de lucha son válidas, lo digo porque en mi país se dio una forma de lucha democrática, se llegó al socialismo a través de las urnas. Es el único país del mundo que ha conseguido el socialismo a través de las urnas, del voto popular. Y ¿cómo terminó esto? Con el avasallamiento por medio de las armas, de los militares. Donde todo ese sueño, esa dulzura se aniquiló. No hay que subestimar al enemigo, es fuerte y sabe golpear de las formas más terribles, más trágicas, con matanzas, expulsiones, deportaciones.
Creo que tenemos que ser inteligentes y unirnos en esta lucha social, política y militar. Hay que solidarizarse con el Ejército Zapatista, con la huelga en la UNAM, con los grupos que apoyan la no-privatización de las empresas. Esa es una de las luchas y ha sido pacífica, y creo además que la sociedad civil responde a eso. Pero no olvidar. Descartar las distintas formas de lucha es negarse a sí mismo.
Claro que sería mejor una salida pacífica, pero no olvidemos las matanzas de México en el 68, el 71. Todas esas irrupciones con armas debemos tenerlas muy presentes, no olvidar. El gran remedio que tenemos para la memoria es no olvidar. No olvidar nunca y hacer conciencia crítica y constante de que todas las formas de lucha son válidas y viables, desde nuestras trincheras.
Hemos llegado al final de la entrevista. Para este momento, los ojos de Marco brillan con más fuerza que al principio de nuestra conversación. Es evidente que hablar de Chile y de la posibilidad de una América y un mundo mejores y nuevos le reanima muy especialmente. A esta altura de la charla he llegado a la conclusión de que Marco no es, como pudiéramos creer a simple vista, sólo un hombre más de los muchos que apostaron por el camino de las armas para ver libre a su país, su continente, su planeta; sino que, valga la redundancia, es un soñador. Cuando en septiembre de 1970 el pueblo chileno, su pueblo, acudió a las urnas para hacer del compañero Salvador el presidente Allende, Marco no hacía mucho que había llegado al mundo. Tres años después, los militares y carabineros de su patria pasarían a la historia como los grandes traidores de la voluntad de democracia verdadera en Chile, tendiendo el manto que significó la larga noche de la dictadura militar chilena. Bajo ese manto creció Marco. Pero ¿cómo sería de grande el sueño soñado por Chile de la mano de Allende que, todavía, a pesar de los años y de la pólvora y de la sangre, a Marco le siguen brillando los ojos? Quizás por eso mismo, le pregunté ¿cómo soñaba este planeta, cómo soñaba este continente, cómo soñaba a Chile?
Sueño —contesta tomando su libro, pero sin dejar de mirarme— un Chile en el que, como dijo Salvador Allende, podamos caminar libres por las alamedas. Donde pase el hombre libre y la mujer soberana.
Marco deja el libro entre él y yo mientras las imágenes pueblan su memoria: Me gustaría ver a mi país sin presos políticos, sin esos cinco millones de pobres, sin una miseria cultural... No más muertos, que no existan las castas militares como existen hoy.
De pronto, la voz abandona ese tono discursivo en el que más de una vez ha sonado a lo largo de la entrevista y, conforme va hablando, se va oyendo cada vez más personal, más íntima. Lo mismo sucede con su mirada, y pareciera que ya no mira hacia fuera sino que, como los topos de los que habla(ba) el Sup, hacia adentro se mira: Me sueño caminando en Chile sintiéndome libre, distinto, nuevo... En un Chile lleno de esperanza, con una juventud concreta, una juventud idónea, transparente, amplia y coherente... Sueño en un país creciendo en colores, en olores, en una diversidad social, cultural, lingüística. Veo un Chile caminando junto a los mapuches, esa raza indómita, ese pueblo que en (más de) 500 años no ha sido sometido... Veo un Chile igualitario... Veo un Chile libre...

“Cuando la tristeza nos inunda —dice Rodrigo Solís— nos gotea por los ojos. Escurre por el cauce seco de la nariz hasta la boca. Cae en cascadas por labios afilados y sin que nos demos cuenta nos tiñe de un color invisible que de algún modo brilla y atrae a los otros tristes”. Quizás eso fue lo que pasó con Marco, porque al terminar la entrevista sus ojos goteaban discretamente mientras de la librería frente a la que estábamos sentados la voz de Pablo Milanés salía flotando con aquello de “hoy pisaré las calles nuevamente...”. Luego, una mujer ahogada de borracha o de orfandad o de ambas, se acercó para hacernos plática e invitarnos unas cervezas.
Han pasado casi 20 años. Desde entonces no he vuelto a toparme con Marco, y también desde entonces aquél libro blanco con el rostro de Allende pintado en la geografía de Chile me acompaña cual si fuese una especie de biblia laica, en espera de que la profecía de Solís se vuelva realidad: “Tarde o temprano los tristes se encuentran, se toman de las manos y bailan un ritmo que al mismo tiempo es feroz, y es lento. Una danza de ahogados en el fondo del mar más muerto. Los tristes danzan tomados de las manos y a través de sus ojos trastocados la libertad lleva una máscara macabra, el amor es el abismo que se abraza a los pies del equilibrista que tropieza y la muerte es un gran alivio”.


(1) Modak, Frida. Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Plaza & Janés Editores, 1998.
(2) El Artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el único relativo al Capitulo III, De los Extranjeros, establece que “el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente”; para luego determinar que “los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”.
(3) Modak, Frida. Opus cit. p. 256.

16 de septiembre de 2018

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/4 y último.


México… tras la marcha del silencio, 250 mil personas avanzando por las calles de la capital del país llenándolas con el sólo ruido de sus pasos sobre el asfalto y la tímida pero solidaria regalía de aplausos de quienes miraban la lección entonces más reciente de sus jóvenes, la Secretaría de Gobernación a través de su Oficial Mayor respondía al escrito que días antes el Consejo Nacional de Huelga le había hecho llegar por conducto de Marcelino Perelló (sí, el mismo de los chistes misóginos desde su programa en la radio universitaria, unas décadas después): “el diálogo puede legalmente realizarse en términos del propio mandato constitucional si a las peticiones escritas y a los acuerdos, también escritos, que dicten las autoridades se les da difusión pública […] Para el caso de que su intención [para con los Juegos Olímpicos] sea amenazar con actos que tiendan a impedirlos o estorbarlos, le reitero la decisión del Gobierno de hacer uso de los recursos legales para que puedan efectuarse normalmente”. Con una mano, el gobierno abría la puerta para el diálogo mientras con la otra anunciaba lo que les esperaba a los estudiantes atrás de ella.

Ése mismo día, sin embargo, se hacían los preparativos para los distintos “gritos de independencia” que se darían en el país, como ocurrió 10 años atrás, en 2008, cuando la Coordinadora Regional Sur Poniente-DF de la Otra Campaña organizara su “anti-grito” con vecinos de la colonia Magdalena Contreras, o el de la resistencia en contra de la Supervía Poniente con que el gobierno perredista de la ciudad pretendió despojar a la gente de viviendas, cultura, tierras, identidad, historia y recursos naturales, o, diez años después, el de la madres y padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos hace ya cuatro años. Gritos alternativos todos, aderezados de danza, música y antojitos. El día siguiente, en una de las tradiciones porfiristas que llegaron para quedarse, el país entero se aprestaba a llevar al cabo, cada quien su modo, su propio grito.

Ciudad Universitaria, Zacatenco, el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 serían los escenarios del grito del movimiento estudiantil, cuya fecha, a decir de los dirigentes, aclamaba el carácter nacional del mismo; se aceptaba el diálogo en forma escrita siempre y cuando los documentos emanados de éste fueran publicados profusamente, y se reconocía que se habían cometido errores dando pie a la represión gubernamental. Y así, en tanto el maestro Heberto Castillo repetía en C.U. aquello de “¡Viva México!”, en el Estado de México, particularmente en San Salvador Atenco, lo mismo que en el plantón frente al penal de Molino de las Flores, en Texcoco, aún resonaba el anti-grito de grupos, colectivos, organizaciones, pueblos y personas adherentes a la Otra Campaña en la Ciudad de México y el Estado de México que diez años atrás tuvo como marco un comunicado del CCRI-CG del EZLN y de sus comisiones Sexta e Intergaláctica, convocando al Primer Festival Mundial de la Digna Rabia entre el 26 de diciembre de 2008 y el 4 de enero de 2009, y el regreso del compañero Jorge Flores Ibarra, uno de los principales operadores políticos del movimiento de resistencia contra la construcción del aeropuerto en tierras comunales.

No obstante, la nota se la llevaría la estupidez que arriba se camina, pues, pasadas las 23:00 horas, dos granadas de fragmentación explotarían en la ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, provocando la muerte de por lo menos siete personas y más de un centenar de heridos. Se trata sin duda del siguiente escalón que ha alcanzado esa lucha que el gobierno de facto calderonista dijo estar ganando contra el narcotráfico, en una clara muestra de como dos de los escenarios planeados por la Guerra de Baja Intensidad diseñada por el Pentágono durante la administración Reagan, el combate al narcotráfico y la lucha antiterrorista, pueden ser traídos a la realidad para intentar poner de rodillas a un pueblo que se acerca a la que quizás sea su tercera cita histórica con la libertad, la democracia y la justicia verdaderas... pero, de eso, ya casi nadie se acuerda.


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/3.

México, 1968, 2018, da igual… las escuelas, sobre todo las primarias, porque las demás han parado, y menos las de Morelos, cuyos mentores están en pie de lucha contra la autonombrada Alianza por la Calidad de la Educación calderonista-gordillista (y luego mal rebautizada como la “Reforma Educativa” de Peña y su cómplice Nuño), se llenan de las caritas de los Niños Héroes que Ernesto Zedillo ordenara desplazar de los libros de texto gratuito y quitara de los billetes de cinco devaluados pesos. En el Museo Nacional de Antropología e Historia, se iniciaban los preparativos para la que sería quizás la manifestación más impactante de todo el movimiento estudiantil: la marcha del silencio.


No confundir, por favor, con aquella convocada en abril de 2005 por Andrés Manuel López Obrador ante la canallada foxista de desaforarlo para sacarlo del escenario electoral de 2006; aquesta no fue tan silenciosa como se anunció que sería y sirvió más bien para que el Señor López (Obrador) que sedujera a Mandoki demostrara su capacidad como administrador del descontento social (al que se sumó el EZLN, cosa que prefieren no recordar los anoréxicos de la memoria) que terminó negociando (inclusive mandó a volar los moñitos tricolores) con aquellos a quienes llamaría ora “grandes estadistas”, ora “traidores a la democracia”.


No, aquella vez, la de 1968, lo que habló no fue la clase política poniéndose de acuerdo a espaldas de un pueblo que se había expresado con ludismo y dignidad, sino el silencio que resonaba en las efigies de Morelos, Hidalgo, Villa y Zapata; en los lemas de las mantas y pancartas: “Libertad a la verdad, ¡diálogo!”, “El pueblo nos sostiene, por el pueblo es que luchamos”, “Líder honesto igual a preso político”; o, para decirlo, con Martínez Téllez, “el sonido de las suelas de los zapatos tocando y raspando el asfalto”.

No era para menos, el día 28 de agosto, estudiantes del plantel Azcapotzalco del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) habían sido agredidos por grupos porriles. Los estudiantes indicaron que mientras se celebraba una asamblea con la directora de la escuela, un grupo de porros agredió a sus compañeros en una de las entradas de la escuela y además se detonaron petardos. De acuerdo con diversos testimonios, las agresiones dejaron algunos heridos. Por la tarde, alumnos y autoridades participaron en una asamblea en el plantel. La directora del CCH Azcapotzalco, Guadalupe Márquez Cárdenas, recibió un pliego petitorio de parte de los alumnos que impulsaron el paro de labores; entre las demandas de los estudiantes está el de que la funcionaria dejara el puesto, lo que ocurrió el jueves 30 de agosto.

Sin embargo, el lunes 3 de septiembre un grupo de porros atacó a un contingente de los mismos estudiantes del CCH Azcapotzalco que llegaron en una marcha a un costado de la torre de Rectoría; en sus demandas académicas incluían la de mayor seguridad en su plantel y expresaban su solidaridad con los familiares de Miranda Mendoza Flores, joven estudiante del CCH Oriente secuestrada y cuyo cuerpo sin vida fue encontrado calcinado en el Estado de México. El ataque porril sucedió frente al entonces coordinador de Vigilancia, Jesús Teófilo Licona Ferro, quien sería suspendido por el rector Enrique Graue. Licona fue acusado por integrantes de la comunidad universitaria de no haber intervenido con contundencia para detener a los agresores cuando éstos lanzaban palos, piedras, botellas y bombas molotov contra los estudiantes del CCH Azcapotzalco; más aún, en redes sociales se difundieron videos en los que se observa a Licona hablando con miembros del grupo porril durante el ataque, sin que se haya determinado qué objeto tuvo ese acercamiento.

Luego de las agresiones de los porros a las y los estudiantes del CCH Azcapotzalco en Rectoría, alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras decidieron tomar las instalaciones de la Dirección General de los CCH y parar actividades. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales también suspendió labores en solidaridad con sus compañeros agredidos. Por su parte, Ciencias y la Escuela de Trabajo Social convocaron a asambleas para discutir medidas de apoyo, que incluyeron sumarse al paro., y la Preparatoria 5 acordó continuar con el cese de clases que realizaba de manera intermitente en apoyo al CCH Azcapotzalco, el cual llevaba ya seis días cerrado con las instalaciones tomadas.

Para el día 5 de septiembre, estudiantes de más de 40 planteles de la UNAM habían decidido continuar o iniciar paros de actividades por 48 horas o más para exigir la desaparición de los grupos porriles. Tras las reuniones de debate, más de 25 mil alumnos de diversos planteles se reunieron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y marcharon hacia Rectoría en medio de consignas como “Fuera porros de la UNAM” y “No somos porros, somos estudiantes”. Por su parte, estudiantes de las facultades de Estudios Superiores (FES) Acatlán, Aragón, Iztacala y Cuautitlán campos 1 y 4, así como del CCH Naucalpan, se sumaron al paro de labores en solidaridad con las y los agredidos. A los paros, de 36, 48 o 76 horas, se sumaron estudiantes de centros de estudios de la UNAM en algunos estados del país, así como de universidades estatales, como las autónomas de Tamaulipas y Yucatán, entre muchas otras; lo mismo que estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad Iberoamericana.

El día 7 de septiembre, en sesión de asamblea interuniversitaria celebrada por representantes de 61 escuelas, las y los estudiantes acordaron realizar la marcha del silencio. Entre los acuerdos de la interuniversitaria estuvieron: la lucha por una auténtica educación pública y gratuita para todos, contra la violencia y el porrismo y contra la privatización de la educación, y la solidaridad con movimientos sociales y coordinar acciones con el Comité 68 y las madres y padres de estudiantes de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Uno de los ejes de las discusiones y de las demandas expresadas por los estudiantes es la erradicación de la violencia de género en las instituciones educativas. En la asamblea, cerca de la mitad de las y los representantes eran mujeres. En tanto, alumnas como alumnos plantearon que la UNAM debe garantizar seguridad para las mujeres, se deben esclarecer los casos de acoso y feminicidio en las instituciones educativas y en el país, y se deben sancionar el machismo, las agresiones sexuales y el acoso.

Un estudio elaborado por la Oficina de la Abogada General de la UNAM entre junio de 2017 y junio de 2018, indica que se han presentado un total de 251 quejas por acoso sexual y otras formas de violencia de género en la máxima casa de estudios, la mayoría de las cuales fueron iniciadas por alumnas de nivel licenciatura. La mayoría de las denunciantes (98%) son mujeres, y en las quejas se menciona a 253 presuntos agresores. Asimismo, del total de víctimas, 5.7% corresponde a personas no heterosexuales. El estudio revela que 79.3% de las agredidas son alumnas, 12.4% son trabajadoras administrativas y 5.2% son profesoras. En lo que se refiere a los agresores, 37.9% son alumnos, 28.5% se desempeñan como académicos y 15.4% son trabajadores administrativos. Y, el 69% de las agresiones en el ámbito académico ocurrieron durante una interacción alumna-maestro; el 27%  entre compañera-compañero, y el 4%, en un vínculo profesora-alumno.

El día 13 de septiembre, en silencio, miles de estudiantes de la UNAM y de otras instituciones educativas, como el IPN, marcharon para demandar el fin de los grupos porriles, de las agresiones contra los alumnos y de los feminicidios en el país. En su crónica sobre el 68, Carlos Monsiváis escribió: la Manifestación del Silencio fue el acto más elocuente del movimiento. No hay relajo en el voceo de consignas, y cunde la solemnidad súbita. Las goyas y los huélums, callaron, y el grito “¡Fuera porros de la UNAM!” también cesó. Al frente fueron los estudiantes del CCH Azcapotzalco, el Comité 68 y padres, madres y compañeros de los 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos. Detrás de ellos, contingentes de las facultades de Estudios Superiores y escuelas de la UNAM ubicadas fuera de Ciudad Universitaria (CU), la Escuela Nacional de Antropología e Historia, las preparatorias y CCH de la universidad, estudiantes del IPN, de las universidades Autónoma Metropolitana y Autónoma de Ciudad de México. Más atrás iban las facultades de CU y un grupo del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Después, escuelas y universidades de otros estados y organizaciones sociales.

Los estudiantes marcharon sin consignas, pero los carteles que llevaban hablaban por ellos. Quiero estudiar y no morir en el intento, escribió una estudiante. La educación sin sangre entra, decía otro de la Facultad de Arquitectura. Nietos del 68, Hijos del 99, Hermanos de los 43, decía el cartel de unos estudiantes de la Escuela Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes. Somos el 68, Ayotzinapa y el CCH Azcapotzalco, completaba otro de alumnos de la Prepa 7. Al llegar al antimonumento dedicado a los 43 normalistas desaparecidos, el silencio terminó. Ahí se pasó lista a los ausentes y se exigió justicia. Y las consignas y demandas acompañaron la marcha hasta que entró al Zócalo.

Eran las 9 de la noche cuando el último contingente entró al Zócalo, ésa misma plaza en la que unos 3 mil estudiantes habían sido reprimidos por el ejército y la policía el 27 de agosto; una hora antes había iniciado el mitin, sólo tres oradores: una mujer, un estudiante de Chihuahua y otro de la Escuela Nacional de Economía.


El estudiante de Economía apuntará que “esta marcha […] es la respuesta a la injusticia. Pueden todavía desatar la más brutal de las represiones, pero ya no nos doblegarán; no nos pondrán de rodillas.” El de Chihuahua dirá que “la historia nos pondrá en su sitio a cada cual. […] Sabemos que tenemos responsabilidades como estudiantes [...] pero no queremos anteponer el interés mezquino de llegar a ser médicos o abogados para enriquecernos con una profesión. Nuestra primera responsabilidad es saber ser mexicanos y cumplir con la obligación de luchar al lado del pueblo. Estamos dispuestos a volver a la normalidad, sí; pero no sin democracia y sin libertad.” De lo que la mujer expuso, los periódicos no dieron cuenta siquiera.




(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González, artículos varios de La Jornada e imágenes del Archivo Fotográfico y Centro de Documentación de El Universal).


MÉXICO 1968-2018 :: El grito/2.


México, 1968, 2018, da igual; la Patria, ese ente que… bueno, todo ése choro mareador y retórico que ya ustedes leyeron en el post anterior… entre el 27 de agosto y el 1 de septiembre, día del informe de gobierno, la represión se ceba en los estudiantes y se extiende contra todo aquél que ande cerca. Al estilo que luego imitaran Calderón y Peña Nieto, Díaz Ordaz dará el 4º Informe de su administración en medio de un gran despliegue policiaco y militar; hablará, refiriéndose al conflicto, de quienes tienen “el fin desprestigiar a México aprovechando la enorme difusión que habrán de tener […] los Juegos Olímpicos”, del orgullo que “provincianamente y candorosamente [se tenía] de que, en un mundo de disturbios juveniles, México fuera un islote intocado” o de que “jurídicamente no hubo violación a la autonomía universitaria”.

Las perlas, o al menos algunas de ellas, serían aquello de que no admitía la existencia de presos políticos porque “preso político es quien está privado de su libertad exclusivamente por sus ideas políticas, sin haber cometido delito alguno”; la afirmación de que se había llegado “al libertinaje en el uso de todos los medios de expresión y difusión [cuando] se ha disfrutado de amplísimas libertades y garantías para hacer manifestaciones”; la amenaza nada velada de que, según lo dispuesto en el artículo 89 constitucional, ejercería la facultad de “disponer de la totalidad de la fuerza armada […] para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación”, y de que “el verdadero fondo del problema” radicaba en la urgencia de una “profunda reforma educacional”… ¿le suena parecido a algo?.. Justo un mes atrás, en Guadalajara, Jalisco, Díaz Ordaz había declarado aquello de “una mano está tendida”; 30 días más tarde la mano portaba un garrote que sostenían las centrales obreras y campesinas ligadas al PRI, los legisladores de dicho instituto (hoy autodeclarado socialdemócrata) y los gobiernos de los estados.

La respuesta, por parte tanto del Consejo Nacional de Huelga como de la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas, no se haría esperar; el CNH, por un lado, contestaría que el movimiento “ no es una algarada estudiantil más, esto debe comprenderse muy bien por quienes se obstinan en querer ajustar sus nuevas realidades a los viejos sistemas obsoletos de su ‘revolución mexicana’, y de su ‘régimen constitucional’, de su ‘sistema de garantías’ y otros concpetos vacíos, engañosos, de contenido opuesto a lo que expresan”. La Coalición de Profesores, por el otro, declararía que no es válida la definición de “preso político” esgrimida por Díaz Ordaz, pues “preso político es aquella persona que esté privada de su libertad por sustentar ideas políticas contrarias al régimen y actuar en consecuencia, pero a la que, en virtud de que esto no puede perseguirse constitucionalmente, y para satisfacer el procedimiento judicial, en realidad ilegal, se le acusa formal pero ficticiamente de delitos políticos y comunes”; señaló, además, que el presidente falseaba lo que el movimiento pretendía al pedir la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, y que, “como en múltiples ocasiones a través de nuestra historia, nuevamente se llega a señalar, como factor determinante de los desequilibrios y contradicciones a las deficiencias de la educación, evadiendo el hecho profundo de fallas en el sistema económico, político y social, que producen los grandes desequilibrios e injusticias sociales.”

Mientras, las fuerzas en pugna se radicalizaban: el movimiento se extendía a las facultades de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Nuevo León, la Escuela Normal de Matamoros, el Instituto Tecnológico de Coahuila, los planteles de enseñanza media y superior de Guerrero, la Facultad de Periodismo de la Universidad Veracruzana, las escuelas de Veracruz (Jalapa, el puerto de Veracruz, Córdoba, Coatzacoalcos y Minatitlán), la Universidad de Morelos, la Universidad de Sinaloa (por lo que el gobierno estatal le corta el subsidio) y el Tecnológico Regional de Sinaloa; las brigadas relámpago se multiplicaban en todo el Distrito Federal y no sólo ya en su área metropolitana; y el M.U.R.O. y la Coalición de Organizaciones para la Defensa de los Valores Nacional llevarían al cabo una manifestación de la Basílica de Guadalupe a la Plaza México (en el acto participarían los mismo estudiantes y boy scouts que campesinos del Bajío, llevando mantas con lemas como: “¡Viva Cristo Rey!” o “¡Patria Sí, Comunismo No!”).


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/1.


México, 1968, 2018, da igual; la Patria, ese ente que nadie atina bien a bien a describir qué o quién es pero cuyos pechos exuberantes se anuncian bajo las ropas del cuadro de González Camarena que la Secretaría de Educación Pública hiciera famoso en las portadas de sus libros de texto gratuitos, se apresta a recibir la más maratónica de todas las mentadas que una sola madre haya recibido haciéndole zumbar los castos oídos (porque ése y no otro calificativo cabe a los receptáculos sonoros de una madre, ¿verdad señor arzobispo?).

Atrás quedaron, frescas o marchistas, según la memoria de cada quien, manifestaciones como aquella del 27 de agosto pasado en que el CNH y la Coalición de Profesores salieron del Museo de Antropología e Historia unas horas después de que los médicos residentes e internos del Hospital General se declararan en huelga de solidaridad con el movimiento estudiantil. Ya desde entonces, quizás antes, porque lo autoritario no quita lo servil, más bien suele acentuarlo, soldados y policías vigilan que los manifestantes no causen daños a la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, la fiesta continúa; desde las aceras y los edificios, los mirones aplauden a los contingentes que al pasar por el Caballito vociferan contra la prensa vendida y frente al Hemiciclo a Juárez lanzan porras y vítores al Benemérito de las Américas.

Eran las 6 de la tarde, tal vez un poco más, cuando los primeros grupos de manifestantes se preparaban a arribar a la plancha del zócalo por primera vez en lo que va del movimiento; les recibieron, con esa mojigatería que luego acusa aires de provocación, el repicar de las campanas de la Catedral Metropolitana y la iluminación artificial de su fachada. En el mero centro, las y los oradores se suceden uno tras otro, lo mismo que los nombres de las y los pres@s polític@s del régimen mientras desde Lecumberri o Almoloya (agora penal del Altiplano), da igual, se escucha la palabra de Demetrio Vallejo como podría resonar la de Ignacio del Valle. Al final, como para que no diga el mal gobierno que todo esto se trataba de agitadores extranjeros, la gente cantó el Himno Nacional que compusiera González Bocanegra para responder a la convocatoria de un tal Señor López (de Santa Ana), prendieron miles de antorchas de papel que iluminaron, si no México, sí la Plaza de la Constitución, escucharon las arengas de un estudiante (quien luego de ser señalado como delator para limpiar su nombre chambearía en la Procuraduría General de la República) que propuso quedarse en guardia permanente hasta el 1 de septiembre y se retiraron dejando sólo a algunos estudiantes en improvisado campamento con todo y fogatas.

La fiesta no duraría mucho, pasada la media noche, elementos de la policía capitalina llegaron al Zócalo y advirtieron con magnavoces: “Ya han permanecido demasiado tiempo en este lugar. El zócalo es plaza pública de uso común. La acción de ustedes contraría el artículo noveno constitucional. Se les invita a que se retiren”. La “invitación” iba aderezada de soldados de los batallones 43º y 44º de Infantería y el 1º de Paracaidistas, 12 carros blindados de la guardia presidencial, 4 carros de bomberos, alrededor de 200 patrullas de la policía preventiva, 4 batallones de tránsito y unos 10 motociclistas de la Dirección General de Tránsito que se aproximaban por las calles adyacentes a la plancha de cemento, demostrando que Díaz Ordaz tiene más similitudes con Calderón Hinojosa de las que podría pensar Rodríguez Zapatero. La única vía libre que dejaron los autonombrados guardianes del orden para el desalojo fue la calle de Madero; pero, a eso de la 1 y media de la mañana, al grito de “¡Viva News Divine!” los carros blindados se lanzaron, faros y sirenas prendidos, sobre la retaguardia de los grupos de estudiantes provocando una estampida (lo que prueba que Corona del Rosal tiene más parecido con Ebrard Casaubón o Miguel Ángel Mancera de lo que podría suponer Poniatowska Amor). La persecución llega hasta San Juan de Letrán, donde los militares acorralan a los manifestantes, cortan cartucho y golpean a los manifestantes con las culatas de los rifles (dando señas que Cueto Ramírez y Reyes García tiene, como bien saben Herrejón Caballero y Kuri Terrazas, más semejanzas con García Luna y Medina Mora, o Mondragón y Kalb, de lo que usted, improbable lector, puede creer).

Al mediodía, el gobierno del Distrito Federal organizaría una ceremonia para dizque desagraviar a la bandera nacional (quizás porque recientemente había sido votada como “la más bonita del mundo”, porque si de desagravios se trata ya le hubieran prohibido al PRI seguir usurpando los colores de la susodicha); para ello, al más puro estilo del régimen, que después copiarían otros que a luego dicen querer mandar al diablo sus instituciones, haría traer empleados de limpia y transporte, burócratas de Hacienda, Educación y algunas representaciones sindicales y demás personajes del clientelismo vuelto práctica gubernamental. Con lo que no contó Corona Mancera del Ebrard es que al llegar a la plancha los burócratas corearían: “¡Somos borregos!”, y siguiendo al insigne Tin Tán rubricarían: “¡No vamos! ¡Nos llevan!”. Pronto, todo salió del control del gobierno y, para acabarla de amolar, la bandera se atora a media asta como en señal de luto; así que, pa’ las pulgas del régimen que en unas semanas sería anfitrión de los muy pacíficos juegos olímpicos, pasando las 2 de la tarde 14 carros-tanque avanzaron contra la multitud, mientras de Palacio Nacional varias columnas de soldados a bayoneta calada se lanzan sobre la gente atacándola. Por la noche, el ingeniero Heberto Castillo sería agredido frente a su domicilio al parecer por agentes del servicio secreto (que si los han pillado no ha de ser tan secreto… o, a lo mejor, el secreto es que no se sabe qué servicio es el que ofrecen, amén de golpear luchadores sociales). Por su parte, Fidel Velázquez, quien en 1994 repitiera aquello de “mátenlos en caliente” respecto al EZLN, declararía que “cualquier medida que tomen las autoridades para reprimir la actual situación estará plenamente justificada y será respaldada por el pueblo y creo que ha llegado la hora de tomarla”.


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

1 de agosto de 2018

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y los ya viejos caminos que llevan a él.*

Por: Sebastián Liera / RED@ctuar / La Otra Chilanga.

¡Bienvenido a México! ¡Tierra de oportunidades!: Si es usted alguno del puñado de inversionistas extranjeros que tras el eufemismo del término ha venido a este lado del Río Bravo para probar suerte y hacer fortuna. ¡Feliz viaje y un “vuelve pronto paisano”!: Si, en cambio, usted es de quienes hartos de tanta abundancia han decidido dar rienda suelta a su espíritu aventurero, practicando deportes nacionales de alto riesgo como son nado en aguas heladas, conato de asfixia a bordo de un camión pipa o carrera con obstáculos a la border patrol; por mencionar algunos de los más populares. Pero, si por el contrario, usted no viene ni va, sino que aquí desquita el bendito y sacrosanto regalo de la vida; también México le ofrece un sin fin de emociones de lo más extraordinarias.

Tenemos, por ejemplo, para regocijo de chicos y grandes (delincuentes de cuello blanco disfrazados de funcionarios gubernamentales), nuestro Paquete amuines, con un pago único de ¡7 pesos! ¡Sí, escuchó leyó usted bien!: ¡7 pesos!

Imagine que tiene una tiendita y que de ella comen usted y su familia. Un día, se levanta y se entera de que el gobierno ha decidido expropiar el terreno donde su tienda está construida, evitándole el engorroso trámite de preguntarle si estaba usted de acuerdo o no. ¿A cuánto? 7 pesos el metro cuadrado, y si su terreno mide unos 10 m2 ya estamos hablando de unos 70 pesotes; más o menos lo que usted gana en una jornada regular al frente de su modesto changarrito. Sin embargo, ahí no termina la cosa, pues, el gobierno, el del cambio, le echó el ojo también a los 30 m2 sobre los que existe su casa. En total, usted tendría la grandiosa cantidad de 280 pesos me-xi-ca-nos; y sin una sola llamada telefónica. ¡Una verdadera ganga!

Seguramente, usted ha leído ya acerca de un titipuchal de ofertas como ésta. La más famosa se hizo escuchar a unos cuantos kilómetros de la ciudad capital de nuestro hermoso país, un folclórico poblado llamado San Salvador Atenco, entre cuyos atractivos principales se encuentra la mundialmente famosa danza de los machetes.

Lamentablemente, usted que es todo un conocedor lo sabe bien, hay gente en esta nuestra suave patria que, lejos de entender lo chic de vivir en un mundo seudoglobalizado, rechazan el progreso de perder sus tierras, su casa, sus servicios de salud, su derecho a una educación digna y otros etcéteras igualmente insignificantes. En su ignorancia, no alcanzan a comprender la importancia de construir un enorme aeropuerto, signo inequívoco de la modernidad (aunque los aviones se hayan inventado desde principios del siglo pasado), en las mismas tierras por las que sus abuelos y sus padres perdieron la vida y donde, para acabarla de amolar, están enterrados; y, bueno, ni qué decir de la contaminación ambiental y la destrucción de parte de la reserva ecológica, pecata minuta frente a la ventaja de las vacaciones a largo plazo por dejarles sin trabajo.

Fue por eso, señora, señor, que nuestro queridísimo y nunca bien ponderado presidente de la República, contrariamente a la norma común de fingir un diálogo mientras se prepara bajo la mesa el golpe que por lo menos diluya al oponente, decidió darle su merecido sin más ni más a esa punta de comunistas de ideas ridículas, como esa de que la tierra es de quien la trabaja o aquella otra de que hay que mandar obedeciendo, esperándose un poquitín a que las fuerzas del orden estatales repartieran los respectivos cocolazos de introducción.

No quisiéramos repetir los choros que en la mar de artículos, notas, crónicas y reportajes inundaron los medios de comunicación impresos y electrónicos por aquellos días, pero sí nos interesa enfatizar algunos aspectos.

El primero, la red de apoyos que desde Atenco se tejió en todo el país.

Testigos de una política de destrucción del campo por medio de la privatización de tierras ejidales y comunales, desde tiempos del virrey don Carlos de Salinas y de Gortari y de su reforma al artículo 27 constitucional, donde casos como el de Tenextepango y Cocoyoc, en Morelos; Tepeaca y San Andrés Cholula, en Puebla, y La Marquesa, en el Estado de México son sólo algunos botones de muestra, los habitantes de San Salvador Atenco llegaron a la extraña conclusión, en estos días del “sálvese quien pueda y rásquese con sus propias uñas” como doctrina máxima, de que sólo unidos los campesinos de todo el país podrían detener este proyecto económico llamado neoliberalismo, que ha convertido a nuestros gobernantes en administradores y gerentes de una Nación entera para ponerla a disposición y en bandeja de plata a transnacionales extranjeros. Como una cosa lleva a la otra, la gente de Atenco coincidió también en que no bastaba con un conglomerado exclusivo de trabajadores del campo para detenerlo, así que siempre estuvieron apoyando otras luchas similares a la suya; no era de extrañarse que en correspondencia otros movimientos estuvieran presentes en San Salvador Atenco durante los días de resistencia, mediando a riesgo de sus propias vidas entre la violencia de uno y otro lado.

Un segundo punto es el de la unión del propio movimiento hacia su interior.

Desgastados durante los primeros nueve meses que duró la lucha en contra del aeropuerto, los grupos que en todo Texcoco se oponían a su construcción a costa de la venta de sus tierras, se encontraban divididos. Trece eran los ejidos afectados por el decreto expropiatorio de Vicente "¿Y Yo Por Qué?" Fox. El gobierno manejó que de ellos, 10 habían estado a favor de vender y sólo 3 estuvieron en contra. Sin embargo, eso era una verdad a medias. No tardamos en enterarnos que sólo las autoridades agrarias de los 10 ejidos “a favor” eran las que estaban de acuerdo con vender, no la comunidad en su conjunto. Además, ya ve usted como hay gente quisquillosa, del total de predios afectados por la expropiación, 85 por ciento pertenecía a los 3 ejidos que no querían vender, distribuyéndose el resto entre los otros 10.

Lo demás usted ya lo sabe. Vinieron los enfrentamientos y luego las negociaciones para liberar funcionarios y autoridades policíacas, por un lado, y amigos y familiares, por el otro. Lo que tal vez no sepa (o quizás sí), entretenido por los preparativos de la entonces quinta visita del señor Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II, a tierras mexicas, y por toda la faramalla que se generó en torno a la canonización del que dicen es el primer santo indígena; es que, en medio del estira y afloja que concluyó con el revocamiento del decreto expropiatorio, José Enrique Espinosa Juárez, uno de los ejidatarios detenidos durante la marcha de aquel jueves, el segundo del séptimo mes, perdía la vida a manos de policías judiciales que luego de golpearlo brutalmente lo llevaron al hospital de Lomas Verdes diciendo que lo encontraron tirado en la calle después de haber sido atropellado.

Ya lo dijo su ilustrísima excelencia don Onésimo Cepeda, otrora obispo de San Cristóbal Ecatepec: mas valía un pájaro en mano de 300 muertes a tiempo que miles luego protestando; y ésa vez a los revoltosos les salió barato, pues nada más hubo un muertito (que Dios y San Juan Dieguito lo tengan en su santa gloria).

Pero, como decíamos párrafos arriba, no es la primera vez que usted disfruta de aventuras semejantes en México:
A principios de la década de los noventa, en San Andrés Cholula, Puebla, el gobierno priista de un tal Manuel Bartlett Díaz, célebre por su participación en la caída del sistema de cómputo en las elecciones federales de 1988 y por la promoción y aprobación de la finísima y oficialista ley de contracultura y desechos de indígenas, expropió terrenos ejidales a un promedio de 3 pesos y 50 centavos el metro cuadrado. Por supuesto que a quien no quiso vender por las buenas se le desalojó con todos los lujos (de la violencia), so pretexto de convertir aquella zona en reserva ecológica. Hoy, hoy, hoy, aquellas tierras son el ejemplo mismo del progreso, después de haber sido vendidas a empresas como Costco (léase Auchán y Comercial Mexicana, entre otros changarros similares) o a escuelas privadas como las universidades Iberoamericana y De las Américas, a precios que oscilaron entre los 600 a los 2 mil dólares por metro cuadrado, limitando la reserva ecológica a las jardineras que sobreviven entre el cemento de los estacionamientos.

No se achicopale usted. ¡Arriba corazones! ¿Ya se olvidó de cuando acudió a las urnas y masivamente votó por el gobierno del cambio? Es cierto que algunas cosas no han cambiado; pero, usted no sea tan fijado. Mire, por ejemplo, antes, Salinas dio su venia para la realización del Tratado de Libre Comercio; y, después, Fox preparó la plataforma que intentaría sostener infructuosamente al Área de Libre Comercio de las Américas en tierras mexicanas. Antes, Zedillo negociaba la firma de los Acuerdos de San Andrés con el ejército patrullando la sede del diálogo y los paramilitares estrechando el cerco sobre las comunidades zapatistas; después, Fox negoció la expropiación de tierras ejidales en Atenco obsequiando órdenes de aprensión y sitiando a los pueblos querellantes con soldados vestidos de agentes de la Policía Federal Preventiva (por no hablar de los hechos recientes en Montes Azules, Chiapas). Antes, el hombre del no cash se hizo de la vista gorda frente a la intentona de crear un club de golf en Tepoztlán; después, el Bush friend fue uno de los cómplices en la construcción del aeropuerto en Texcoco. Antes, 1992, Salinas saludaba la beatificación de Juan Diego mientras armaba la estrategia para maquillar la crisis económica nacional; después, 2002, Fox besaba el anillo del Papa (sin albur) saludando la canonización del misterioso indio de Cuauhtitlán en tanto pensaba cómo nos diría que mientras los bancos obtenían cuantiosas ganancias como resultado de los rescates financieros a la gente de a pie cada vez nos les alcanzaba menos para comer. Antes, San Andrés Cholula; después, San Salvador Atenco. Antes, Costco en la Puebla de los Ángeles; después, en pleno corazón de la otrora ciudad de la eterna primavera: Cuernavaca. Antes, Marcos Olmedo asesinado en Morelos; después, José Enrique Espinosa en el Estado de México.

¿Ve usted? Venga y acérquese al progreso que ofrecen los señores paladines del neoliberalismo. 70 años de tradición priístas y 36 de expertise prianista lo avalan. Ahora en su nueva presentación ultra light; la del gobierno, que dicen, es el del cambio el de la 4a. Transformación.


* Publicado, con algunos cambios, en 2006 y, antes, en 2001.

29 de mayo de 2016

#LaOtraCampaña Yo también soy delincuente.

Por: Sebastián Liera.



Un grupo de seis o más hombres propinan la más variada dotación de golpes, predominantemente puntapiés, a otro que está tendido en el suelo. Le toman de una pierna, lo arrastran metro y medio ante la impotente intervención de un espectador al que nadie hace caso cuando pide que se detengan; al contrario, otro más, famoso por el circulito rojo con que la televisora lo señaló, llegó a asestarle una patada en los testículos.

La imagen dio la vuelta al mundo, o por lo menos al país, a cuestas de los televisores que a estas alturas se han convertido en el miembro más importante de nuestras familias. El hombre, vestido predominantemente de gris, es un "guardián del orden" que para "cumplir con su deber", junto con sus compañeros de corporación, obedeció la orden que alguien le diera (no la de su propio instinto animal) para arremeter con toletes y gases lacrimógenos a un grupo de "revoltosos" que en protesta por una represión anterior habían tomado una carretera federal. El resultado, a pesar de tener entrenamiento militar, fue el de que sus "colegas" lo dejaran abandonado a su suerte en manos de un "masa" enardecida que en él se cobró la represión padecida.

Dejemos de lado qué es eso de que era un "guardián del orden" o cuál es ese "deber" que tenía que hacer cumplir; nos llevaría a otra reflexión que no viene por el momento al caso y que a quienes vieron las imágenes de la golpiza tampoco les importa mucho saber. ¡Vamos, ¿a quién le interesa que el policía pertenezca a una agrupación policiaco-militar que desde su creación a finales del siglo pasado se ha caracterizado por hacer el trabajo sucio de represión política desde un marco legal aprobado por todos los partidos legalmente constituidos?!

Lo que importa es, en una cultura dictada por criterios patriarcales, es decir, machistas aquél golpe testicular. Por él, como las invasiones a Afganistán o Irak, se justifican las imágenes que veremos videos después. Uno, dos, tres… siete, ocho, nueve… trece, catorce, quince… veinte, veintiún policías poniéndole con singular alegría una dotación de toletazos al trabajador Jorge Salinas; golpiza que nada le pidió a aquella que en mayo de 1998 los alguaciles Tracy Watson y Kurt Franklin atizaron contra indocumentados en Riverside. La imagen, como aquella del militar vestido de policía, también dio la vuelta (aunque no tanto) en los cinescopios, y las huellas de la violencia aparecieron en buena parte de la prensa nacional.

Pero no todo fueron vídeos. Edith Rosales fue una de las más de treinta mujeres que las cámaras captaron bajando de autobuses y camionetas de las policías estatales con los rostros cubiertos o mirando al suelo. En su testimonio, publicado por el Comité Cerezo, Edith narra que un granadero, luego de jalarle los cabellos, darle patadas en las piernas, pegarle con toletes y decirle cosas como “perra, te vamos a matar”, cuando vio que le estaban filmado gritó: “¡hay cámaras!”, y le inclinaron la cabeza al tiempo que la hacían caminar muy rápido. Las cámaras no tomaron tampoco lo que vendría después: “llegamos a un lugar y a punta de golpes me subieron a una camioneta, como de redilas, de metal; a empujones y golpes subieron a otra mujer y comentaron que se las iban ‘a pagar esas perras’, que nos iban a meter el palo por atrás… me quitaron los zapatos, calcetines y me empezaron a bajar el pantalón, en esos momentos llegó otro con más detenidos y nos dejaron.”

Edith Rosales, el 3 de mayo en Tlatelolco.

Edith, integrante del Frente de Trabajadores en Activo, Jubilados y Pensionados del IMSS, es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y, además de articularse con la sectorial obrera de La Otra Campaña, está participando de la regional centro, en la Ciudad de México. La tarde del 3 de mayo, estando en todos y cada uno de los eventos de La Otra en el DF, se sumó al contingente de compañer@s que se trasladarían a la Universidad Autónoma de Chapingo por la noche con miras a construir cinturones de paz en San Salvador Atenco ante lo inminente de un operativo policiaco-militar de venganza que ya se veía venir.

Con Edith, Jorge y mucha más gente, iba también Magdalena García, indígena mazahua residente en la Ciudad de México y, como Edith y Jorge, adherente de la Sexta que se articulaba en la Coordinadora Regional Centro-DF de La Otra. El día 4, mientras Edith corría por su vida escondiéndose en la Casa de Cultura Emiliano Zapata de Atenco y Jorge era golpeado por un enjambre de “guardianes del orden”, doña Magdalena fue alcanzada por los colegas de aquél militar disfrazado de policía que el día anterior había sido golpeado; sólo que ella no llevaba traje alguno que la protegiera de los puntapiés y toletazos que los finísimos agentes, al grito de “cállate pinche india”, le atizaron.

Magdalena García, el 1 de mayo en el Zócalo.

Tanto Edith y Magdalena, como Jorge, estuvieron la tarde-noche del día anterior en la Plaza de las Tres Culturas y llegaron a San Salvador Atenco hasta después de las 11 de la noche. No me lo platicaron, yo lo vi, yo estaba con ellas y con él en Tlatelolco cuando la carretera federal Texcoco-Lecherías ya había sido bloqueada y los policías que supuestamente dieron pie al operativo del día 4 ya habían sido retenidos. Sin embargo, por esos hechos a Edith, Magdalena, Jorge y otras 200 personas un juez del Ministerio Público que no fue capaz de determinar en menos de las 48 horas que marca la ley cuál era la situación legal de las y los detenidos, les acusó, a Jorge y 143 personas más, de ataques generales a las vías de comunicación, por el bloqueo a la Texcoco-Lecherías, y a Edith, Magdalena y otras 26 personas, además de ataques a las vías de comunicación, de secuestro equiparado (por la retención de los policías) y asociación delictuosa.

Cómo pudieron Magdalena, Edith y Jorge participar en un bloqueo carretero y en la retención de policías en Texcoco y Atenco estando en Tlatelolco es algo que el juez segundo penal de primera instancia de Almoloya de Juárez, Javier Maldonado, tendrá que explicar; así como a qué se está refiriendo con “delincuencia organizada”. Jorge Salinas es obrero sindicalizado de Teléfonos de México, Edith Rosales es enfermera del Seguro Social y doña Magdalena García es integrante del Congreso Nacional Indígena; las tres (bueno, las dos y él) son adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y participan de la construcción, abajo y a la izquierda, de La Otra Campaña. ¿Es esa la organización delincuente de que se les acusa?

Jorge Salinas, en prisión.

Pues bien, en todo caso, declaro públicamente que yo soy entonces tan delincuente como doña Magdalena, la compañera Edith y Salinas Jardón. He suscrito la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y, como ellas y él, me he articulado en la Coordinadora Regional Centro-DF para construir abajo y a la izquierda La Otra Campaña, porque no creo que un mafioso por más maratonista que sea, que un fascista por más que escuche a Pablo Milanés o un perredista que hace alianza con los asesinos de sus compañeros por más que le apoyen doña Rosario Ibarra y la princesa Elenita Paniatowska representen un futuro de paz con justicia, libertad y democracia verdaderas y dignas para México. Por eso, también, marcharé este domingo del Ángel de la Independencia al Zócalo exigiendo la liberación inmediata e incondicional de mis compañeras y compañeros.

Entre la dignidad y la rebeldía [audio].

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