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1 de agosto de 2017

La delegación zapatista en el CompArte2017, sede CIDECI.

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/07/27/la-delegacion-zapatista-en-el-comparte2017/

“Habrá una vez” Obra Colectiva de insurgentas e insurgentes zapatistas del EZLN para el #CompArte2017

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/07/25/habra-una-vez-obra-colectiva-de-insurgentas-e-insurgentes-zapatistas-del-ezln-para-el-comparte2017/

28 de diciembre de 2016

Las Artes y las Ciencias en la historia del (neo) Zapatismo.

Palabras del Subcomandante Insurgente Galeano.

  La noche de ayer, les platicaba del desbarajuste interplanetario que había desatado la pregunta “¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?

  Ok, me excedí con eso de “interplanetario”.  Debí decir: el desbarajuste que en el microcosmos del zapatismo había provocado la pregunta hecha por la jóvena Rosita al Subcomandante Insurgente Moisés.


  Aunque creo que es evidente, no sobra el aclarar que la respuesta que el SubMoy le dio a la jovencita zapatista fue la misma que, tal vez, no sé, es probable, es un supositorio, ha dado combustible al avance de la ciencia desde sus inicios: “No sé”.


  Ahora pienso que, seguramente, la jovena sabía que ésa era la respuesta, pero esperaba que el SubMoy entendiera que, dentro de la flor, había una pregunta más grande.


  El SubMoy, ahora lo sabemos porque estamos aquí, en este encuentro, sabía que la respuesta “No sé”, no sólo era insuficiente, sino que sería inútil si no llevaba a otras preguntas.


  Ahora él les platicará lo que es, como quien dice, el contexto de la pregunta… y de su respuesta.


  A mí me toca ahora platicarles brevemente algo de la prehistoria de esa pregunta y de esa respuesta.


  Las artes y las ciencias antes del inicio del alzamiento, al interior del ezetaelene, tenían un universo muy reducido y una historia breve: ambas, ciencias y artes, tenían un motivo, una dirección, una razón impuesta: la guerra.


  Primero en los campamentos guerrilleros, luego en los cuarteles y después en las comunidades, las artes se limitaban a la música, la poesía y algo de dibujo y pintura, todas con mensajes revolucionarios exclusivamente.  Claro, no era raro que de pronto se colaran canciones de amores y desamores, corridos, rancheras, y hasta alguna balada de Juan Gabriel, pero eso era en la clandestinidad dentro de la clandestinidad.


  El cine o la cinematografía tenía como sala exclusiva o “vip”, nuestra imaginación.  Uno de los insurgentes nos contaba siempre la misma película, pero hallaba el modo de modificarla en cada ocasión, o de mezclarla con otras.  Así fue como vimos el original y varios “remakes” de “Enter the Dragon”, con Bruce Lee en el único papel, porque el compa se pasaba horas explicándonos los movimientos y golpes.  Esto siguió hasta que, con una pequeña planta de luz y un pesado y estorboso proyector de 16 milímetros, vimos una película vietnamita que creo se llamaba “Punto de Enlace” o algo así, y que, por supuesto, sólo estaba en el idioma original, así que con imaginación le poníamos diálogos en español y hacíamos otra película de la película original.  No estoy seguro, pero creo eso se llama “intervención artística”.


  Llamo la atención sobre esto, porque creo fue la primera vez que confluyeron las ciencias y las artes en un campamento zapatista.  Y por las ciencias no me refiero al generador portátil y al proyector, sino a las palomitas de maíz, que alguien tuvo a bien incluir en el envío del aparato y la película.


  Por supuesto que nos atascamos de maíz palomero al grito de “comer hoy o morir mañana”, y al otro día casi se cumple la consigna: desde la madrugada, con una diarrea colectiva, el batallón insurgente entero dejó el paraje como si una piara de jabalíes se hubiera asentado ahí.  Nos consolamos después, pensando que era una muestra de guerra bacteriológica.  Moraleja: tengan cuidado con las consignas.


  El contacto con los pueblos, amplió ese limitado horizonte: en las celebraciones, los compas establecían horarios para “el programa cultural”, decían, y “para la fiesta”.  Así, en un horario que se fue acortando con los años, se declamaban poesías, se leían pensamientos y se cantaban canciones, todo de lucha.  Paulatinamente, “la fiesta” fue ampliando su duración y calidad.  En ese horario era donde se bailaba y se cantaba lo que estaba de moda en esa época.  Las músicas digamos “comerciales”, a su vez, empezaron a ser desplazadas por la producción local.  Primero, cambiando las letras de las canciones; después componiendo también la música.


  Los bailes cambiaron: de las filas enfrentadas, al baile de parejas.  Originalmente, en los bailes de los pueblos, se ponían dos líneas: una de mujeres y, enfrente, una de hombres.  Esto tenía su razón de ser: con la línea desplegada de las mujeres, las mamaces podían controlar a sus hijas, y ver si se escapaban o se mantenían en el balanceo continuo de “La del moño colorado”.  Posteriormente, poco a poco y después de acaloradas asambleas, se permitió el baile de parejas, aunque con el mismo ritmo.  Pero la línea pesaba, así que era común ver a una pareja bailando, pero con ella mirando a un costado y él mirando al lado contrario.  El teatro, o “seña”, era muy esporádico.  Los dibujos y pinturas de los periódicos murales de montaña, se mudaron a las comunidades, pero los temas se mantuvieron.


-*-


  Si les parece que la actividad artística era rala, la científica era prácticamente nula (porque el libro de Isaac Asimov, que el finado cargaba en su mochila, no cuenta como ciencia).  Para el contacto con la naturaleza, usábamos los conocimientos de las comunidades, es decir, nos limitábamos a conocer hechos, sin saber la explicación o, explicándolos de acuerdo a los cuentos y leyendas que circulaban en las comunidades.


  Por ejemplo, el tiempo de lluvia y las etapas de la siembra.  Había datos empíricos que indicaban que iba a llover o que no, y estadísticamente funcionaba.  En los campamentos de montaña, por ejemplo, cuando los mosquitos aumentaban en número y agresividad, quería decir que iba a llover.  Claro, también teníamos barómetros y altímetros, pero los zancudos eran más precisos.  Si nos hubieran preguntado entonces cuál era la relación entre los mosquitos y la lluvia, hubiéramos respondido “no sé”, pero no hubiéramos ido más allá, y sabíamos que lo que correspondía era poner los techos de plástico o apurarse a llegar al pueblo o al campamento, y no hacer investigaciones científicas.


  Lo más científico que se hacía era calcular energía y trayectorias de bala, resistencia de materiales (porque había que saber dónde protegerse de los disparos del enemigo), alinear miras telescópicas, fabricación de artefactos explosivos, y “navegación terrestre” con el uso de mapas, altímetros y el clisímetro, para lo cual era necesario estudiar lo básico de trigonometría, álgebra y cálculo.  Estábamos por aprender a usar el sextante, para poder orientarnos de noche, pero no llegamos a tanto.  Y no era necesario, porque los compas de los pueblos conocían tan bien el terreno, que no necesitaban ninguna máquina para orientarse.  Y podían “predecir” fenómenos naturales a partir de otros, o de usos y costumbres.


  El mundo estaba habitado entonces por personajes mágicos, con el Sombrerón y Xpaquinté recorriendo los caminos reales, picadas y caminos de extravío, y sentándose con nosotras, nosotros, en los campamentos insurgentes de las montañas del sureste mexicano.


  En medicina se aplicaban dos métodos fundamentales.  Como no sabíamos de la existencia de la cura con cuarzos, el biomagnetismo o cosas parecidas con igual rigor científico, entonces recurríamos a la sugestión impuesta o a la autosugestión.  Como no pocas veces no teníamos medicinas, si teníamos fiebre, nos decíamos y repetíamos: “no tengo fiebre, todo está en mi cabeza”.  A ustedes les provocará risa tal vez, pero el finado SupMarcos contaba que él enfrentó varios casos de salmonelosis con ese método.  “¿Y funcionaba?”, le preguntamos en esa ocasión.  Él respondió con su acostumbrada modestia: “Pues mírenme, estoy vivo y más hermoso que nunca”.  Bueno, eso fue antes de que le diéramos muerte.


  Cuando sí teníamos medicina, usábamos el método científico del “ensayo y el error”.  Es decir, alguien se enfermaba, le dábamos una medicina, si no se curaba, otra diferente, y así, hasta que le atináramos o la enfermedad, seguramente aburrida del método, cedía.


  Otro método científico de cura era el llamado “escopetazo”.  Si alguien tenía síntomas de una infección, le dábamos un antibiótico de amplio espectro.  Casi siempre se curaba y, claro, quedaba químicamente puro, con lo mínimo para sobrevivir hasta la próxima infección.


  Años después, cuenta el finado, los tratamientos médicos que dictaba se basaban en estadística simple: en montaña, tales y tales síntomas se curan con tales medicamentos en el x % de los casos; si en una tropa de X número de combatientes, tantos se enferman con tales síntomas, hay x % de probabilidades de que se trate de la misma enfermedad.


-*-


  Una anécdota de montaña, contada también por el difunto SupMarcos hace años, puede servir para contrastar con el ahora que les mostramos: contaba el finado que, en una exploración en lo profundo de la Selva Lacandona, una sección insurgente de infantería quedó lejos del campamento base, viéndose obligada a pernoctar sin más cobijo que las copas de los árboles y las hojas de las plantas; hicieron una fogata para ver si podían asar una víbora nauyaca que era lo único que habían podido cazar.  El SupMarcos entonces no era “sup”, sino teniente insurgente de infantería y estaba al mando de esa unidad militar.


  Como era costumbre en esa época, cuando la noche al fin descendía de los árboles y se sentaba junto a los insurgentes, con las sombras bajaban también a sentarse junto al fuego, toda clase de historias, cuentos y leyendas que, entre otras cosas, cumplían la misión de mitigar el hambre y secar las ropas que el sudor y la lluvia habían empapado.  El entonces teniente de infantería, se mantuvo apartado y se limitó a escuchar lo que platicaba la tropa.


  A uno de los nuevos le había pasado que, al andar por el camino de extravío, el roce de las hojas de la planta llamada La´aj, u Ortiga, le había provocado urticaria en una mano y se le había hinchado.  Entre doliéndose y quejándose, el recluta le preguntó a otro combatiente por qué o qué tenía esa planta que hacía tanto daño.  El veterano, sintiéndose obligado a educar al nuevo, le respondió: “Mira compa, claro te digo que eso sólo dios y la hojita lo saben”.


  Tal vez por todo esto que les cuento, el finado SupMarcos, cuando era el vocero zapatista, abundaba y redundaba en leyendas, cuentos y anécdotas más referidos a explicaciones de la realidad ligadas a la cultura ancestral.  Los cuentos del Viejo Antonio, por ejemplo.


  Si el finado era una ventana para asomarse al zapatismo de entonces, y ahora es el Subcomandante Insurgente Moisés, no es que haya cambiado sólo la ventana, también lo que se ve y escucha a través de esa ventana.  El zapatismo de hoy en las comunidades, es cuantitativa y cualitativamente diferente, ya no digamos al de hace 30 años, sobre todo al de los últimos 10-12 años, que es el período en el cual debe haber nacido la niña que se autodenomina “Defensa Zapatista”.


  Con esto quiero decirles que, si los niños de hace 25-30 años nacieron en los preparativos del alzamiento y los de hace 15-20 nacen en la resistencia y la rebeldía; los de los últimos 10-15 años nacen en un proceso de autonomía ya consolidado, con nuevas características, algunas de las cuales, entre las que está la necesidad de la Ciencia, les platicará el Subcomandante Insurgente Moisés, a quien cedo la palabra…


  Palabras del Subcomandante Insurgente Moisés


  Buenas noches hermanos y hermanas, compañeros, compañeras.


  La ciencia que estamos platicando acá, nosotras, nosotros, las zapatistas, queremos ciencia para la vida. Así como les dijo el sub Galeano, nada más es para decir nada más ya, no les voy a explicar más de ahí eso, la ciencia sí la estudiamos también cuando estábamos pues en la montaña, en la preparación. Ya que salimos a aplicar la ciencia, o sea la guerra, el matar y morir, nuestros compañeros y compañeras de los pueblos, bases de apoyo, ellos y ellas nos dijeron de otra forma de cómo hacer la guerra sin perder los principios de lo que queremos. Entonces de ahí nosotros, los combatientes y combatientas, lo bueno que fue es que reconocimos que hay algo dentro de nuestros compañeros y compañeras, o sea los pueblos, y entonces ahí empezamos pues a aprender, empezamos a entender y empezamos a conocer que el ser ejército, cualquiera de los dos ejércitos, ejército pues del rico y el ejército del pobre que lucha, es excluyente, porque ahí no pelea todo hombres y mujeres y niños, y en lo que nos plantearon nuestros compañeros y nuestras compañeras es pelear juntos para lograr lo que queremos. Y nos dijeron de que entonces en eso que el arma de que hay que luchar es la resistencia y la rebeldía.


  Como se trata de que entonces de que no queremos el mal gobierno, el mal sistema, se trata de que entonces hay que rechazar todas las formas de cómo nos engañan, y entonces, nosotros, los combatientes, los insurgentes, las insurgentas, fuimos aprendiendo la forma de cómo es eso, de cómo hay que hacer eso. Entonces, a nosotros, nosotras, entendimos de cómo hay que pelear juntos, juntas, como de por sí las comunidades hasta ahora viven en común, en colectivo se puede decir. Ahí el sistema, el mal gobierno ahora, trata de dividirlo, pero aún no ha podido. Las mismas comunidades se entienden, por ejemplo, en algunas comunidades hay varios partidos políticos, o hay varias religiones, pero están en una comunidad. Si en esa comunidad es invadido un pedazo de su terreno, por otra comunidad, esa comunidad invadida inmediatamente se juntan, o sea se olvidan de lo que son, que es dividido en varios partidos políticos o en varias religiones, ahí donde funciona, ahí donde no borra lo que significa ser común, comunidad.


  De ahí entonces nosotros empezamos a entender eso de lo que decían, de lo que nos dijeron nuestros compañeras, compañeros, bases de apoyo, que vamos a tener que pelear juntos, juntas. Entonces fue más, mucho más mejor de lo que ellos, ellas, pensaron, porque entonces no sólo el combatiente pelea, sino todos y todas. Y entonces, nosotros, los combatientes empezamos así a trabajar juntos con ellos y entonces lo que pasó es de que entonces en esa lucha, en esa organización se fue creándose la forma de cómo se quiere de lo que se busca, o sea, quiero decir que de lo que vieron los compañeros, las compañeras, es de que entonces hay que poner en la práctica, chiquito, lo que se quiere, lo que se busca.


  Entonces con su autonomía, con su gobierno autónomo de nuestros compañeros y compañeras, empezó lo que nosotros no sabíamos durante el tiempo de la clandestinidad, en nuestra preparación, y entonces entendimos eso de que ya es la forma de cómo se piensa de que se haga pues el cambio, y esto a lo largo de estos tiempos que llevamos durante los 23 años que estamos haciendo el autogobernar con nuestras comunidades, la verdad pues es que entonces no tenemos tantos muertos de balazos, o heridos o torturados, desaparecidos, de lo que fuimos primero nosotros en el año 94. Con estos 23 años, lo que nos mostraron los compañeros y las compañeras es de que hay otra forma de cómo hacerle la guerra al sistema, que no se muera y que no se mata, pero para eso se necesita organización, para eso se necesita acuerdo, para eso se necesita trabajo y para eso se necesita luchar y poner en la práctica.


  Ahora vemos que con ese arma de lucha que es resistencia y rebeldía, la verdad el sistema no ha podido hacer nada con nuestros compañeros y compañeras, todo han hecho por querer hacer que lo dejen, no ha podido el sistema. ¿Por qué? porque las compañeras y los compañeros ya lo vivieron durante los 23 años, de lo que ellas, ellos, lo construyeron. Como bien estaba diciendo el Sub Galeano, nosotros mismos quedamos sorprendidos de que pero si eso no soñábamos, pero si eso no veíamos, entonces, porque todo lo que han logrado los compañeros y las compañeras, es a través de su pensar, es a través de ver sus necesidades, de lo que se necesita y pensar qué hacer después de que entonces se haya logrado algo de cómo mejorar o de cómo seguir los pasos para hacer el bien de nuestros pueblos, pues.


  Entonces ahora, las mismas compañeras, compañeros, hacen la comprobación entre ellos y ellas, pues, y las mamás y papás por supuesto que los animan, porque no lo habían visto, pues. Por ejemplo hay compañeras que ya son, no sé cómo se dice, de esos que lo ayudan a los doctores de pasarlo, como los mecánicos que ahí va tu pinza, ahí va tu martillo, ahí va tu marro, como se llamen, pues, pero las compañeras entonces ahora ya son ellas las que le ayudan al médico de pasar lo que necesita a la hora de que está haciendo la cirugía el médico, ya saben manejar pues así aparato de ultrasonido, que los médicos ya le dijeron de que entonces que ya puede decir o sea diagnosticar, pues, de que si ya sabe leer de lo que muestra la placa o la foto de lo que saca el ultrasonido, y así muchos otros tipo de aparato ya las compañeras y compañeros ya saben manejar, de dentistas, de Papanicolau y de muchas otras cosas de la salud, del área de salud, de laboratoristas, pues.


  Que eso no pensábamos eso, y eso de que entonces ahora nosotros pensamos y decimos: ¿en 23 años de balazos hubiéramos construido eso? y nuestra respuesta de nosotros es no estaríamos hablando aquí con ustedes ahora ­hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, científicos, científicas. Si hubiera que es 23 años de balazos, no nos hubiéramos conocido, pues. Pero gracias a su forma de ver, a nuestros compañeros y compañeras, aquí estamos platicando con ustedes, pues. Tanto que así fue el avance de nuestros compañeros y compañeras, claro, se tuvo que separarse de su modo del explotador, del capitalismo pues, o del mal gobierno para ir creando ellos de cómo la piensan su libertad pues, que la conquistamos y que empezamos a construir a nuestra manera de entenderlo pues.


  Entonces, así es como ahora tienen su educación, tienen su agroecología, tienen su radio comunitaria, hacen sus propios intercambios de experiencias, hacen compartición nuestros compañeros y compañeras, porque lo que se quiere es la vida. Ejemplo, pues, así como la que nos dio ya el Sub Galeano, que le platicamos también a él, eso por ejemplo, pues, de que se comparten, de cómo, que no se muera uno pues, como el caso de una de las preguntas, de que se daba eso de que la asan la placenta del bebé, o que lo hierven pues con tal de que se logra la vida pues, pero eso se hace con un simplemente, una lucha pues, no hay un estudio real de que esto es la mejor manera pues.


  Entonces como hay muchas generaciones ya de que se ha traído ya esto, de la que les decía el Sub Galeano de la culpa de la flor es que en la Educación Autónoma Zapatista que tanto se ha avanzado pues ya, los jovencitos y jovencitas vieron que entonces han aprendido mucho. Entonces lo que pasó es de que empezó a preguntar pues el hijo de un compa, y es hijo de un compa de Tercios Compa, entonces le dijo a su papá porque ya terminó pues su primaria, su primer nivel le dicen los compañeros en los pueblos, entonces el hijo del compa le dijo, papá ya terminé de mi escuela, pero voy a seguir porque quiero aprender más. Y entonces el Compa Tercio, que es el papá, entonces le dijo, hijo, déjame ver, porque es que todavía se está planeándose el segundo nivel o sea la secundaria que se dice, se está planeándose porque la educación que queremos no van a aprender cosas que no va a servir si no se necesita, que está pensada qué es lo que aprendan para que va a servir, le dijo el compa a su hijo. Y entonces el chavito pues, así de por ahí de 13, 14 años entonces dice: papá, pero no vayas a pensar de que me vas a mandar aquí, en Cideci, porque en Cideci ahí se aprende sastrería, zapatería y otras cosas, más que bien lo pueden hacer aquí en el Caracol, sólo que hace falta que se pongan de acuerdo para hacerlo, dijo el chavito a su papá. Y entonces el chavito dice lo que quiero aprender yo es qué sustancia tiene el estafiate, y qué es lo que cura eso. Y entonces el compa, pero ahí está presente ahí su hijo pues, que quería que yo le dijera pues que cuándo y dónde puede aprender eso, entonces yo le decía, pues déjame ver porque yo no sé.


  Entonces tan sorprendido que yo me quedé, pues y eso de que bueno, hasta yo me quedé así, ¿será que se puede aprender? Entonces platicando con el Sub Galeano dice, pues eso les corresponde a los científicos, la ciencia, de los que estudian la ciencia, y los científicos pues. Entonces pero lo que vemos es que entonces ya las generaciones que vienen ya están viendo otra cosa y lo bueno es de que están pensando, porque el chavito eso que les platico es que en las Comunidades hay compartición como se dice pues, tanto como le dicen de las tres áreas, o sea donde van compañeros y compañeras a intercambiarse experiencias de las plantas medicinales, de parteros y parteras, y de hueseros y hueseras, ahí donde pues el chavito eso escuchó pues así de muchas plantas que se habla que cura tal y tal ¿no? Pero no se sabe qué es, qué sustancia tiene pues, ahí donde aprendió pues eso pues.


  Entonces sus mismos prácticos de lo que hacen, sus mismos conocimientos de lo que hacen así pues las compañeras y los compañeros en los pueblos, eso va a ir como abriendo pues así experiencias, pero también al mismo tiempo va a ir abriendo pues otras necesidades de querer aprender más pues. Entonces yo creo que pues escuchando pues ya de lo que se está planteando aquí entre nosotros pues, ojalá de que entonces se vengan pues acá a poner en práctica con un pueblo pues, en colectivo, les daría mucho gusto pues así a los compañeros a las compañeras para que entonces se aproveche más ese conocimiento porque con lo poco que tienen los compañeros y las compañeras que está dando pues un … como les diré, o sea de lo que se está haciendo, de lo que están construyendo los compañeros y las compañeras claro lo ven a los otros hermanos, hermanas que no son zapatistas. O sea por ejemplo, en los hospitales que tienen pues así los compañeros, sus hospitales autónomos, son más los hermanos partidistas que son operadas, operados allí que los zapatistas. Entonces ahí donde la gente no zapatista, partidistas como les decimos, ahí donde se dan cuenta de que entonces está más mejor de que lo que están haciendo los zapatistas incluso lo dicen directamente ya, que está mucho más mejor lo que están haciendo los zapatistas, pero no solo nada más en eso dan el poco avance que ha habido pues en la salud los compañeros y las compañeras sino también ayudan en orientar o sea hacer política pues, de por qué así están engañados o por qué así están manipulados o por qué así están dominados pues.


  Entonces, si hubiera de que hay más apoyo a través de la ciencia pues, entonces habrá más avances pues así de los compañeros y de las compañeras pues, y entonces eso les queremos decirles que ojalá de que entonces en verdad empezáramos pues ahora aquí con nuestros compañeros y compañeras en los pueblos a que se vaya viendo de que se pudiera pues de que haiga clases, haiga talleres, que haiga cosas prácticas porque las y los compañeros lo que ven pues así tan interesante y tan importante para enfrentar pues a la hidra capitalista es de que hay que mejorar pues así la salud, y hay que mejorar pues así la alimentación, pero para eso se necesita aprender, se necesita ciencia. Los compañeros y las compañeras hacen pues, pero como ya se ha dicho varias veces que es mediante usos y costumbres pues, o sea se hace la prueba que siembras ahí el maíz a ver si te va a dar, o la calabaza, o el camote, qué es lo que va a dar ahí, porque no hay un estudio de la ciencia ahí, de qué es lo que va a dar ahí en esa tierra y qué cosa da aquí en esta parte pues no. Es de mucho sufrimiento de cómo es que se vive, pero si viera que hay una ciencia, un laboratorio por ejemplo, ahí sí sería diferente, no es cosa de probar sino que ya es porque tiene un estudio científico qué es lo que hace falta a la madre tierra esto o es lo que puede dar aquí esto pues.


  Entonces pues así se ve, así hacen sus estudios también los compañeros y las compañeras y que entonces de donde nace esto por la cual estamos aquí, la verdad es eso de que entonces es el estafiate que dijo el chavito eso que quiere saber cuál es la sustancia y que entonces ya de ahí eso se vio de que entonces están los demás, Escuelas Autónomas Zapatistas que están en otra necesidad de lo que quieren aprender los jóvenes pues.


 Entonces hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, que los invitamos pues con los compañeros y las compañeras a que vamos formando pues un colectivo, como colectivo pues que andamos las y los zapatistas y que entonces mostremos después al pueblo de México que el pueblo, el propio pueblo puede crear la forma de cómo vivir y que no necesitamos a alguien que manipulen pues así a nuestra riqueza o que las expropian lo que es nuestro como pueblo, más que nosotros como pueblos pues y que para eso necesitamos pues estar juntos con los pueblos originarios y con la ciencia de los científicos y la ciencia de los artistas, qué vamos imaginando, o qué vayamos construyendo, o que vayamos practicando y que vayamos demostrándonos entre nosotros mismos que sí se puede como los compañeros y compañeras bases de apoyo que sin más, más que su propio esfuerzo, su propia resistencia y su propio pensar de ver y crear, imaginar, han demostrado, aunque no sepan leer y escribir, y aunque no dominan bien el español, pero en los hechos la tienen, lo que decimos pues acá, que el sistema acá, el mal gobierno pues de México se ha hecho a un lado pues y estamos practicando lo que nosotros pensamos y de lo que nosotros creemos, pero sentimos solos porque no sólo nada más los que estamos explotados pues, los indígenas en México, sino están los hermanos y hermanas tanto en el campo y en la ciudad pues. Pero para eso se necesita Ciencia pues, de cómo vamos a tener que construir el mundo nuevo pues.


 Necesitamos, se siente la necesidad pues, tan eso como así pues el chavito que platicamos, que siendo chavito ya está pensando así de que quiere conocer, que quiere saber por qué es tan importante la sustancia que tiene el estafiate, porque tanto escucha en el colectivo pues, en la compartición que se hacen las compañeras y los compañeros pues. Entonces eso es lo que queremos pues así plantearles, que entonces ojalá nos unamos pues para crear otra forma de ver, otra forma de pensar, imaginar pues de cómo tenemos que ir construyendo un cambio, pues que realmente es el cambio no nomás el nombre, ni nada más de color pues.


 Eso es lo que sería que les podemos compartir compañeros y compañeras, hermanos y hermanas.

Subcomandante Insurgente Moisés          Subcomandante Insurgente Galeano

2 de mayo de 2016

#LaOtraCampaña10Años Ya llegamos / IV :: ipn, unam, uam-x... y un pilón: las otras escuelas de teatro.


Publicado en La Otra Chilanga el 2 de mayo de 2006.

Las otras escuelas de teatro *
Sebastián López.

A las escuelas, decía Nicolás Núñez, sumo pontífice del teatro antropocósmico, más que respetarlas hay que tomarlas por asalto, recoger lo bueno y salir huyendo. Quince años después, en torno a la situación que padece la red de teatros del IMSS, Fernando De Ita exponía desde la comodidad de su púlpito como crítico teatral que lo que habría de hacerse era "tomar los teatros abiertos y cerrados del sistema de seguridad social. Ahora es cuando --decía el Rayo de Apán-- la formación del CUT [...] y demás escuelas de actuación [debería servir] para algo [y] ponerla al servicios de la sociedad y del teatro".

Las doctrinales aseveraciones de Núñez y De Ita trazan de algún modo los límites que enmarcan las aspiraciones de cientos de jóvenes que año con año ingresan de alguna de las más de veinte carreras teatrales técnicas, en diplomado o de licenciatura del país: sumarse al mercado de cuerpos y rostros que administran los apologistas de los medios electrónicos de dizque comunicación o transitar los caminos a que conduce la terquedad de llevar a cabo proyectos personales que involucren lo mejor de nosotros mismos... aún a pesar de nosotros mismos.

Dejando de lado (por el momento) interrogaciones como qué va a hacer este país con tantos jóvenes que anualmente terminan su educación teatral profesional o si este país necesita a todos estos jóvenes graduándose de carreras teatrales, o de plano si tienen alguna utilidad las escuelas de teatro para este país, cabría preguntarse qué papel juega cada uno de estos centros y escuelas en la danza teatral que, parafraseando a Emilio Carballido, sueña este país (suponiendo, insistimos, que la sueñe).

De que el Teatro, como las demás artes y ciencias, es importante, necesario y útil parece que no hay duda. Pero su utilidad, conviene aclarar, no es como aquella en la que piensan los funcionarios disfuncionales de las administraciones gubernamentales o los empresarios e industriales con quienes esos mismos funcionarios negocian el futuro nuestro; porque ni la utilidad, ni la necesidad, ni la importancia del Teatro pueden medirse en cuadros estadísticos de pérdidas y ganancias cual si fuera una suerte de balanza comercial. El Teatro no es, pues, una pieza de consumo, sino un derecho de la humanidad; pero, más que estar fundado en el derecho a la libre expresión de quienes lo hacemos (que lo está), el Teatro es sobre todo un derecho social, colectivo, como los derechos de los pueblos indios y muchos otros también, y su utilidad, su necesidad y su importancia radican en significarse una trinchera desde la cual la humanidad entera puede hacer frente al pensamiento y el accionar únicos de quienes han firmado ya su acta de defunción desde los centros mundiales del poder político, económico, militar y cultural de eso que conocemos como capitalismo.

Así las cosas, al Teatro sí pueden serle útiles, importantes y necesarias aquellas escuelas y centros de formación teatral que tengan claro su papel social (el del Teatro y el de ellas mismas); aquellas que no, serán útiles al sistema que desde ya las usa para cerrar aún más el cerco que se cierne sobre la imaginación y la inteligencia humanas; pero no al Teatro.

Hace tiempo, una convocatoria para inscribirse al Centro Universitario de Teatro de la UNAM rezaba que "el actor sólo puede llegar a ser pieza fundamental del fenómeno escénico si a partir del ejercicio de sí mismo como instrumento creador también es capaz de formular marcos teóricos que ofrezcan una visión crítica de su realidad social". Para un actor así es necesaria una escuela igual, que piense no en la preparación del actor o en la enseñanza de la actuación como quien entrena a un perrito a rodar sobre el césped y a no cagarse en los sillones; sino, como dijera Humberto Proaño (que no por nada fue amigo del padre de Dení Prieto Stock), en guiar al actor a que descubra por sí mismo y desenvuelva las capacidades artísticas y las calidades humanas que posea, al mismo tiempo que se le invita a reconocerse heredero de una cultura y una historia universal que necesariamente ha influido la historia de su propio quehacer artístico; es decir, la historia de su resistencia.

Hoy, un hoy que nosotros vemos no sólo en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, pero que en ella se refuerza y define, la teoría y la praxis zapatistas nos invitan y provocan a esto mismo: mirar la historia de las resistencias nuestras de cada día, sumándola a la historia de las y los demás; pero no un "las y los demás" cualesquiera, sino un "las y los demás" que abajo y a la izquierda se encuentran.

Quiero despedirme, por ende, con una paráfrasis a un texto que se le adjudica a Bertolt Brecht y que hemos usado en otros materiales: primero fueron por los campesinos y reformaron el artículo 27 constitucional, pero como nosotros no trabajamos la tierra poco nos importó; luego hicieron modificaciones a la ley del Seguro Social y así siguen atentando contra legislaciones laborales, pero como nosotros no somos obreros tampoco nos importó; después elaboraron sendas leyes para militarizar y policializar el país, pero como en lugar de ciudadanos nos sentimos entes elegidos por los dioses, apenas (a penas) y dijimos algo; enseguida aprobaron una ley indígena vergonzante, pero como nosotros somos más entenados del spanglish que de cualquiera de las lenguas indígenas (incluyendo el español mexicano) ni siquiera nos indignó; ahora ya vienen decididamente por nosotros intentando cobrar el IVA en libros y colegiaturas, aprobando la aplicación del Impuesto Sobre la Renta a los Derechos de Autor, queriendo dar fin a los comodatos de los teatros del IMSS para convertirlos en estacionamientos, reformando las leyes en materia de radio y televisión, o de patrimonio cultural tangible e intangible, para dejar nuestros recursos culturales en manos de unos cuantos, y tecnificando la educación superior con la apuesta de desaparecer aquellas carreras que tengan que ver con el arte y la cultura... ¿será demasiado tarde?. Nosotros decimos que no... pues ha llegado la hora sexta.



[la otra uam]

* Texto que se pretendía hacer público en la reunión de adherentes celebrada en la UAM-X; lo que no sucedió porque cuando llegamos (demasiado tarde) ya habían pasado tod@s l@s demás oradores y le tocaba su turno al Sup.

7 de marzo de 2016

Tapanco: Arte en resistencia.*

Por: Sebastián Liera y Alejo Medina / 3i - Tercera Información y Rebelión


Tapanco Centro Cultural. Un espacio multidisciplinario ubicado en el antiguo y emblemático Barrio de Santiago, en el Centro Histórico de la ciudad de Mérida, en Yucatán. Una vieja casona cuyo corazón es un foro escénico multimodal de dos niveles debajo del cual, según cuenta la leyenda, existe un pozo ahora seco en el que media docena de mujeres de la vida galante guardaban los ahorros de su trabajo en la que fuera una casa de citas decimonónica.
Un corpus arquitectónico donde la escena habita en su totalidad más allá de su ya de por sí generoso foro, haciendo de las calles que le circundan, el recibidor que conecta la sala de ensayos con la galería, la sala de lectura y el pasillo que lleva al camerino, “La Casa de Ágata” con todo y baños, el tapanco que sirve de oficina y hasta la azotea, en un territorio donde las artes, las culturas y la construcción de ciudadanía se dan la mano con la libertad que estos tres ejercicios sugieren unas veces y demandan siempre.
Hace un año, Tapanco cayó en la cuenta de que desde su fundación, el 3 de marzo de 2012 [1], había venido convirtiéndose en un espacio de encuentro no sólo para grupos, colectivos y artistas escénicos; sino, también, para un montón de banda que estaba organizándose, o al menos lo intentaba, en aras del utópico sueño de construir un mundo nuevo y mejor, más justo y más solidario, sin exclusiones; para todos, para todas, para todes.
El detonante había sido Ayotzinapa. Cuando venimos a ver, el equipo entero estaba participando de una u otra manera en la mar de rabia e indignación nacional e internacional por el crimen de Estado cometido contra 43 estudiantes normalistas que continúan desaparecidos, tres que fueron asesinados, al igual que otras tres personas que no eran normalistas, y dos que siguen gravemente heridos, uno de ellos en estado de coma.
Tapanco, nos dimos cuenta, era epicentro de reuniones, discusiones, asambleas, actividades de recaudación de fondos o presentaciones de publicaciones varias; las rabias, las resistencias y las rebeldías eran los ingredientes creativos por antonomasia de todos esos eventos. No fue extraño que Alejo y Bryant, los dos socios que aún le sobreviven a Tapanco de siete que eran, nos lanzaran a la tarea de emprender una campaña de micromecenazgo convocando a quienes habían protagonizado esos mismos eventos y a sus públicos: Tapanco es un espacio de todes, para todes; la premisa era entonces que esas, esos, eses todes metieran el hombro para que lo siguiera siendo. Así nació el quinto programa del proyecto Tapanco: Arte en Resistencia.
La meta, para el 30 de junio de 2015, era conseguir la cantidad de 70 mil devaluados pesos para evitar cerrar por no poder siquiera cubrir nuestro gasto corriente y, por ende, para seguir ofreciendo de manera gratuita los espacios que en Tapanco son a todos esos esfuerzos no estéticos que apuestan por devolverle a la escena social y política la dignidad que merecen. El último martes del sexto mes, la campaña en Fondeadora cerraba informando que un total de 89 fondeadores habían aportado en conjunto un total de 78 mil 595 pesos, rebasando por un 13 por ciento la cantidad esperada.
Hoy, a manera de agradecimiento, pero también de rendición de cuentas, nos toca decir que gracias a la aportación de ustedes en los últimos ocho meses hemos tenido, además de nuestra programación regular de presentaciones de teatro, danza, música, performance, circo y cabaret y de nuestro talleres habituales de yoga, capoeira o creación de instrumentos con materiales reciclados, un total de 26 eventos que van desde espacios de reflexión y participación ciudadanas locales, hasta un encuentro nacional de colectivos sociales, como el ECOS 2015; pasando por presentaciones de poemarios, como Escarnio, de Jorge Manzanilla, y publicaciones periódicas, como El Varejón, de Equipo Indignación, de la cual, por cierto somos también buzón solidario; reuniones informativas sobre la legalización del consumo responsable de la marihuana, como la  asamblea “Libertad para María”; talleres de herramientas escénicas para la actuación social en Puebla, Coahuila, Querétaro y Morelos, junto con Kaaxankilil; eventos de recaudación de fondos para apoyar a sectores vulnerables de la población, como las Noches Vogue y las funciones de Dodi Maleanta, en beneficio del albergue Oasis San Juan de Dios para personas con VIH, y el Chuchultón de PorQuéNo? Producciones para el albergue de ancianos del Barrio de Santiago; fiestas de equidad de género, como el Bailongo Feminista; presentaciones escénicas para apoyar a otros espacios, como el Centro Cultural de Estudios y Movimientos Sociales “Efraín Calderón Lara”; apoyo a talleres para niñas, niños, adolescentes y jóvenes de diferentes contextos sociales y culturales, como el Curso de Verano “Ta’akbi ja’”; residencias artísticas y académicas para jóvenes de otras entidades, como los estudiantes de la carrera en Gestión Cultural de la UIMQroo; jornadas culturales en apoyo a víctimas de la violencia, como la Jornada por Nadia Vera y su familia, en Cressida; actividades de apoyo a organizaciones defensoras de derechos de las y los migrantes, como los talleres en conjunto con el albergue La 72, en Tenosique, Tabasco; exposiciones de artistas visuales emergentes y proyecciones de cintas documentales como El Charras, 40 años después, realizado por Jorge Araujo,  Mirar morir. El Ejército en la noche de Iguala, de Temoris Grecko; festivales de apoyo a pueblos oprimidos en otras latitudes, como el Art-Sahara; manifestaciones públicas solidarias, como el memorial a un año del crimen de Estado en Ayotzinapa, con Culturas Libres al Parque y ECOS, y la marcha por la dignidad y los derechos de los trabajadores de la Sidra Pino, con Murmurante Teatro.
Tapanco: Arte en Resistencia es, lo decíamos antes, uno de los cinco programas del centro cultural; los otros cuatro son Subsidio a Grupos Artísticos [2]; Formación de Ciudadanía Teatral, con “Escuelas al Teatro” y el “Seminario de Actu@cción”; La Casa de Ágata, que no necesita presentación, y la producción escénica del Colectivo El Sótano. Queremos que todos estos proyectos continúen y por eso les seguiremos pidiendo su apoyo; pero, sobre todo, les pediremos que vengan y sean parte de ellos. Acudan a los eventos de Arte en Resistencia, sumérjanse en ellos, descubran sus causas, sus implicaciones, sus riesgos, sus apuestas. Cada una de las personas en esta ciudad, en este país, en este mundo, que arriesga su tiempo y su vida por tratar todos los días de transformar sus realidades necesita de sus oídos, de sus manos, de sus voces, de sus miradas.
Ahora bien, si ustedes son esas personas y buscan un espacio para encontrar(se), mirar(se), reflexionar(se), discutir(se) y organizar(se), no duden en ir a Tapanco, un lugar que por definición es algo así como un entrepiso y un entretecho; es decir, que no está ni muy abajo, ni muy arriba, sino donde debe de estar; para guardar(se) o para dormir(se): para apoyar(se). Quienes allí estemos, téngalo por seguro, siempre estaremos dispuestas, dispuestos, dispuestes a ofrecer nuestro corazón-pozo-escenario, o una sala, o un rincón, el lugar que ustedes quieran y puedan transformar para hacerlo suyo y para les otres.



Texto leído en la celebración del 4o. Aniversario de Tapanco Centro Cultural, A.C. el 5 de marzo de 2016; una celebración que estuvo dedicada a Berta Cáceres, indígena ambientalista asesinada en Honduras el día en que Tapanco cumplía sus primeros cuatro años de vida, y Nestora Salgado, comandanta de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) secuestrada por el Estado mexicano desde el 21 de agosto de 2013.
[1] Ese mismo día fallecía en la Ciudad de México el maestro Adam Guevara; director y escritor de teatro que a lo largo de toda su trayectoria hizo de su práctica escénica praxis política.
[2] El costo regular de una función en Tapanco es de $ 1 mil 600 pesos, pero el promedio de ingresos de cada compañía o colectivos es de sólo $250 pesos; así, pues, Tapanco subsidia con un promedio de $1 mil 350 pesos por función a cada grupo que se presenta en su foro.

1 de marzo de 2016

CONVOCATORIA ZAPATISTA al festival y compartición "CompARTE POR LA HUMANIDAD", la "FIESTA EN HOMENAJE AL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA" y al encuentro “L@s Zapatistas y las conCIENCIAS POR LA HUMANIDAD”.

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.

CONVOCATORIA ZAPATISTA A ACTIVIDADES 2016.

29 de febrero del 2016.
Considerando:
Primero: Que la grave crisis que sacude al mundo entero y que habrá de agudizarse, pone en riesgo la supervivencia del planeta y todo lo que lo puebla, incluyendo a los seres humanos.
Segundo: Que la política de arriba no sólo es incapaz de idear y construir soluciones, también es una de las responsables directas de la catástrofe ya en curso.
Tercero: Que las ciencias y las artes son quienes rescatan lo mejor de la humanidad.
Cuarto: Que las ciencias y las artes representan ya la única oportunidad seria de construcción de un mundo más justo y racional.
Quinto: Que los pueblos originarios y quienes viven, resisten y luchan en los sótanos en todo el mundo son poseedores, entre otras, de una sabiduría fundamental: la de la supervivencia en condiciones adversas.
Sexto: Que el zapatismo sigue apostando, en vida y muerte, por la Humanidad.
La Comisión Sexta del EZLN y las bases de apoyo zapatistas:
CONVOCAN A ARTISTAS, CIENTÍFICOS FORMALES Y NATURALES, A L@S COMPAÑER@S DE LA SEXTA NACIONAL E INTERNACIONAL, AL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA, Y A CUALQUIER SER HUMANO QUE SE SIENTA INTERPELAD@, A LAS SIGUIENTES ACTIVIDADES:
UNO. – AL FESTIVAL Y COMPARTICIÓN “CompARTE POR LA HUMANIDAD”. QUE SE CELEBRARÁ DE LOS DÍAS 17 al 30 de julio del 2016.
Podrán participar tod@s quienes tengan como práctica el ARTE. Para el zapatismo, artista es toda persona que reivindique su actividad como arte, independientemente de cánones, crític@s de arte, museos,wikipedias y demás esquemas “especialistas” que clasifican (es decir: excluyen) las actividades humanas.
El festival tendrá dos grandes eventos:
El uno en el CIDECI, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México; y en las sedes y calendarios alternos que se implementen según la asistencia que se confirme. En él participarán todas las personas, grupos y colectivos que se hayan inscrito y/o hayan sido invitadas para tal efecto. La fecha límite para registrarse es el día 15 de junio del 2016 inclusive. El correo electrónico para registro en esta actividad es compArte@ezln.org.mx.
El otro uno será en el Caracol de Oventik, Chiapas, México. En él participarán sólo las bases de apoyo zapatistas con sus expresiones artísticas. Para ello, desde este mes de febrero y hasta el mes de junio del 2016, en las comunidades, regiones y zonas zapatistas, decenas de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos zapatistas realizarán reuniones y festivales para decidir las formas de su intervención artística y seleccionar a quienes habrán de participar. La parte zapatista del festival iniciará el 17 de julio del 2016.
La participación de artistas invitad@s y registrad@s podrá ser con su mismo arte o con una reflexión sobre tal.
La entrada es libre (previo registro).
DOS. – A la FIESTA EN HOMENAJE AL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA, por sus 20 años de lucha y resistencia, A CELEBRARSE EL 12 DE OCTUBRE DEL 2016 en el CIDECI de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. En los días previos y posteriores, el Congreso Nacional Indígena realizará las actividades que considere pertinentes en el o los lugares que decida. El registro para participantes observadores en el festejo en honor del CNI es en el correo electrónico: CNI20aniversario@ezln.org.mx.

TRES. – Al encuentro “L@s Zapatistas y las conCIENCIAS POR LA HUMANIDAD” A CELEBRARSE ENTRE LOS DÍAS 25 de diciembre del 2016 y el 4 de enero del 2017 en el CIDECI de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.
En este encuentro participarán SOLAMENTE l@s científicos formales y naturales invitad@s, así como, en calidad de alumn@s, jóvenes y jóvenas bases de apoyo zapatistas quienes presentarán sus dudas, preguntas y cuestionamientos a l@s científic@s asistentes. Aunque la entrada será libre (previo registro), sólo podrán tomar la palabra l@s ponentes y l@s jóven@s zapatistas que hayan sido seleccionad@s en sus comunidades, regiones y zonas para asistir. No habrá examen para l@s alumn@s; pero para l@s científic@s… bueno, pues buena suerte con las preguntas. Correo electrónico para registro de asistencia como escuchas: conCIENCIAS@ezln.org.mx.
Les daremos más detalles en los próximos días.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Moisés.
México, febrero del 2016.

29 de febrero de 2016

Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo.

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
Febrero del 2016.
Para: Juan Villoro Ruiz:
Hermano:
Celebro que el resto de la familia bajo protesta esté bien, y agradecemos que hayas sido el mensajero para hacerles llegar nuestros saludos y los obsequios que les enviamos (aunque sigo pensando que corbatas y ceniceros o floreros hubieran sido una mejor opción).
En el momento de tratar de continuar estas letras, recordé tu texto “Conferencia sobre la lluvia” (editorial Almadía, 2013) escrito, creo, para teatro, y que leí imaginando, de seguro con torpeza, la escenografía y los gestos y movimientos de quien tuviera a cargo el monólogo, sintiendo la interpelación más que acusando recibo de ella. El inicio, por ejemplo, es una síntesis de mi vida: el lacónico “¡Perdí los papeles!” del primer renglón, bien da para una enciclopedia si lo anclo en los calendarios y geografías de este continuo caer y recaer que he sido.
Porque, invariablemente, después del saludo de apertura en una epístola, pierdo las ideas (“la tonelada” dicen los compas cuando se refieren al tono en una canción). Quiero decir, el objetivo concreto de la carta. Cierto que el dilucidar quién es el receptor podría ayudar, pero no pocas veces el destinatario es un oído hermano al que se quiere provocar no necesariamente una respuesta, pero siempre un pensamiento, una duda, un cuestionamiento, pero no que paralice, sino que motive más pensamientos, dudas, preguntas, etcéteras.
Entonces, tal vez como al bibliotecario-conferencista que protagoniza la obra, salen palabras que no se buscaron propositivamente, sino que ahí estaban, acechando, esperando un descuido, una grieta en lo cotidiano, para asaltar el papel, la pantalla, o esa hoja arrugada que ¿dónde-diablos-la dejé-ah-aquí-está-¿cuándo-escribí-yo-esta-idiotez-? Las palabras dejan entonces de ser escudo y barricada, lanza y espada, y se convierten, muy a nuestro pesar, en espejo frente al que uno se devela y desvela.
Claro, el bibliotecario puede acudir a sus pasillos flanqueados por estantes, con su orden alfabético y numérico, con sus calendarios y geografías dibujando un mapa de tesoros literarios; buscar entonces en la “O” de “olvido” y ver si ahí encuentra lo que perdió. Pero acá, en este continuo traslado, la idea de una biblioteca, así sea mínima y portátil, es una quimera. No creas, vi con esperanzas infundadas los libros electrónicos (en un “USB” -o “pendrive” o “memoria externa”- podría cargar si no la biblioteca de Borges, sí al menos una mínima: Cervantes, Neruda, Tomás Segovia, Le Carré, Conan Doyle, Miguel Hernández, Shakespeare, Rulfo, Joyce, Malú Huacuja, Eduardo Galeano, Alcira Élida Soust Scaffo, Alighieri, Eluard, León Portilla y el mago de la palabra: García Lorca, entre otros). Pero nada, si el bibliotecario pierde los papeles, yo los dispositivos usb, y a saber dónde andan.
Pero no creas, uno tiene sus fantasías vergonzantes. En los usb de libros electrónicos solía poner una miscelánea de autores, pensando en que los perdería y estarían juntos y, tal vez, no sé, después de todo la literatura es el género de lo imposible concretado en letras, podrían “comparticionarse” entre ell@s.
La literatura es un lugar en el que llueve”, has hecho decir al conferencista en desgracia, obligado a desnudarse, sin el ropaje de sus apuntes, para mostrarse como es: vulnerable.
Entonces imagina un usb con ésos u otros artistas de la palabra. Imagina que empieza a llover. Imagina lo que hablan entre sí, mientras buscan que una gota no les arruine el código binario en el que viven y entonces empiecen los malos entendidos: 0-1-0-mancha-1-borrón-0-0-borrón-1 o lo que sea, y ya empieza el “¡cómo se atreve usted!” y vuelan de un lado a otro los “fuck you”, “que te doy una hostia”, “son pavadas”, “a la chingada”, “vous êtes fou”, “va’ fa’ ta culo”, mientras Alcira reparte su “Poesía en Armas” mimeografiada, algo que no creo que apacigüe los ánimos beligerantes. En fin, que todas las expectativas venturosas arruinadas… por la lluvia.
Claro que, mutatis mutando, en tus letras es un gato el exiguo auditorio del conferencista, y acá es un gato-perro con su lucezita que igual se desconciertan con lo que escribo, como si no fueran de por sí desconcertantes un gato-que-es-perro-que-es-gato-que-es-perro y una luz acurrucada en la sombra.
¿Divago? Es lo más seguro. Después de todo, esa compartición imposible dentro de un usb que confía en que la lluvia no le arruine el coloquio, no es más que una fantasía.
Pero si para el conferencista es la lluvia, para esta misiva el tema es… la tormenta.
Permíteme entonces que aproveche estas líneas para seguir nuestro intercambio de reflexiones sobre la crisis compleja que se avecina, según algunos, o que ya está, según otros.
Alguien ha dicho por ahí que nuestra visión (plasmada ahora en la tipografía del libro “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista. Participación de la Comisión Sexta del EZLN”), es apocalíptica y más cercana a Robert Kirkman y su “The Walking Dead” (el comic y la serie televisiva, inspirada o no, en él), que a Milton y Rose Friedman y su “Libertad de Elegir” (el libro y las políticas económicas que encuentran ahí su coartada). Que nos equivocamos por no ser ortodoxos, o que nos equivocamos por ser demasiado ortodoxos. Que no va a pasar nada, que al levantarse cada mañana estará lo necesario para el desayuno, que el perro del vecino seguirá ladrándole al camión de la basura, que al abrir el grifo del lavabo saldrá agua y no un sonido de ultratumba. Que somos sólo pajarracos de mal agüero que, además, no tenemos impacto mediático o académico (aunque cada vez más son lo mismo).
En fin, que la máquina funciona y cada quien está donde debe de estar. Las sacudidas son esporádicas y son sólo eso, sacudidas, y que las turbulencias son pasajeras y debidas a que alguien se resiste a estar donde debe estar. Como se descompone un reloj si un engranaje o resorte se salen de su lugar y el Estado es el “relojero” que elimina la pieza rota y la sustituye por otra.
¿El Apocalipsis (todo incluido)? ¿El diluvio universal? ¿La humanidad prisionera en el ferrocarril aparentemente eterno e inmortal de Snowpiercer (la película del surcoreano Bong Joon-ho, titulada “Rompenieves” en el dvd de “producción alternativa” que me llegó -y que ahora no encuentro-), y reproduciendo dentro de él la misma inhumanidad que, queriendo resolver el calentamiento global, indujo el enfriamiento del planeta?
Nada más alejado de nuestro pensamiento. Nosotras, nosotros, zapatistas, no creemos que el mundo se vaya a acabar. Sí pensamos que el que conocemos actualmente se va a colapsar, y que su implosión va a acarrear multitud de desgracias humanas y naturales.
Sobre si esa implosión ya está en marcha o está por definirse, su duración y término, se puede debatir, argumentar, cuestionar, afirmar o negar. Pero hasta donde sabemos, no hay quien se atreva a negarla. Todos allá arriba aceptan que la máquina está fallando, y ensayan una y mil soluciones, siempre dentro de la lógica de la máquina. Pero hay quien quiere romper con esa lógica y asevera: la humanidad es posible sin la máquina.
Sin embargo, como lo que somos, no nos preocupa tanto la tormenta. Después de todo, han sido siglos de tormenta para los pueblos originarios y los desposeídos de México y del mundo, y si algo se aprende abajo es a vivir en condiciones adversas. La vida entonces, y en contados casos la muerte, es una lucha continua, una batalla librada en todos los rincones de los calendarios y geografías. Y no hablo aquí de las mundiales, sino de las personales.
Como se puede concluir en una lectura atenta de nuestra palabra, el nuestro es un mensaje que va más allá de la tormenta y sus dolores.
Es nuestra creencia que la posibilidad de un mundo mejor (no perfecto ni acabado, dejemos eso para los dogmas religiosos y políticos) está fuera de la máquina y su posibilidad se sostiene en un trípode. O más bien en la interrelación entre tres columnas que han pervivido y perseverado, con sus altibajos, sus pequeñas victorias y sus grandes derrotas, a lo largo de la breve historia del mundo: las artes (exceptuando de estas últimas a la literatura), las ciencias y los pueblos originarios con los sótanos de la humanidad.
Tal vez te preguntes, un poco por curiosidad y otro mucho por la interpelación directa que te supone, el por qué pongo en un compartimento excluso a la literatura. Permíteme que lo diga más adelante.
Notarás que, abandonando a los clásicos, no he puesto a la política entre las vías de salvación. Conociéndonos un poco (con todo y que no aparezcamos ni en interiores de las páginas de los medios, hay bibliografía propia y abundante para quien tiene un interés honesto en saber de qué va el zapatismo), es claro que nos referimos a la política clásica, a la política “de arriba”.
Escucha, Juan, hermano, yo sé que eso da no para otra carta, sino para una biblioteca ya que en ésas estamos, así que permíteme que deje ese punto en el aire. No porque sea menos importante o trascendente en la tormenta, sino porque ya “agarré camino”, como dicen los compas, y si sigo cualquiera de las bifurcaciones con las que me tienta la palabra, corres el riesgo de que esta carta nunca te llegue, no por la lluvia, sino por inconclusa.
He puesto “las artes” porque son ellas (y no la política) quienes cavan en lo más profundo del ser humano y rescatan su esencia. Como si el mundo siguiera siendo el mismo, pero con ellas y por ellas pudiéramos encontrar la posibilidad humana entre tantos engranajes, tuercas y resortes rechinando con mal humor. A diferencia de la política, el arte entonces no trata de reajustar o arreglar la máquina. Hace, en cambio, algo más subversivo e inquietante: muestra la posibilidad de otro mundo.
Puse “las ciencias” (y me refiero aquí especialmente a las llamadas “ciencias formales” y a las “ciencias naturales”, considerando que las sociales aún tienen algunas cosas que definir -ojo: sin que esto implique una demanda y exigencia-) porque tienen la posibilidad de reconstruir sobre la catástrofe que ya “opera” en todo el territorio mundial. Y no hablo de “reconstruir” en el sentido de retomar lo caído y armarlo de nuevo, a imagen y semejanza de su versión antes de la desgracia. Hablo de “rehacer”, es decir, “hacer de nuevo”. Y los conocimientos científicos pueden entonces reorientar la desesperación y darle su sentido real, es decir, “dejar de esperar”. Y quien deja de esperar, podría empezar a actuar.
La política, la economía y la religión dividen, parcelan, parten. Las ciencias y las artes unen, hermanan, convierten las fronteras en ridículos puntos cartográficos. Pero, cierto, ni unas ni otras están exentas de la feroz división de clases y deben elegir: o contribuyen al mantenimiento y reproducción de la máquina, o contribuyen a mostrar su necesaria supresión.
Como si en lugar de re-etiquetar la máquina, embelleciéndola o afinándola, el arte y la ciencia plantaran, sobre la cromada superficie del sistema, un letrero lacónico y definitorio: “CADUCO”, “Tiempo Transcurrido”, “para continuar viviendo deposite otro mundo”.
Imagina (a tu generación algo le debe haber tocado de John Lennon, la mía es más de sones y huapangos), imagina que todo lo que se gasta en política (por ejemplo, en elecciones por votación y elecciones por guerra, tan antidemocráticas unas como las otras –“la política y la economía son la continuación de la guerra por otros medios”, debió haber dicho Clausewitz si hubiera partido de la ciencia social), se dedicara a las ciencias y las artes. Que en lugar de campañas electorales y militares hubiera laboratorios, centros de investigación y divulgación científica, conciertos, exposiciones, festivales, librerías, bibliotecas, teatros, cines, y campos y calles donde reinaran las ciencias y las artes, y no las máquinas.
Claro, nosotras, nosotros, zapatistas, estamos convencidos de que eso es posible sólo fuera de la máquina. Y que hay que destruirla. No reajustarla, no maquillarla, no hacerla “más humana”. No, destruirla. Si algo de sus restos sirve, que sea como muestra de que no hay que repetir la pesadilla. Como si sólo fuera un referente al que se mira por el “Espejo Retrovisor” mientras se deja atrás el camino.
Pero no dudamos que haya alguien que piense o crea que es factible dentro de ella, sin alterar su funcionamiento, cambiando de maquinista o viendo que los vagones más suntuosos redistribuyeran su riqueza para que algo (tampoco mucho, no hay que exagerar), les llegara a los vagones traseros. Claro, siempre recalcando que cada quien está donde debe de estar. Pero la candidez, hermano, suele ser uno de los ropajes de la perversidad.
Y he mencionado a los pueblos originarios y los sótanos mundiales, bueno, pues porque son quienes más oportunidad tienen de sobrevivir a la tormenta y los únicos con la capacidad para crear “otra cosa”. Alguien tiene que responder mañana a la pregunta “¿Hay alguien en la Tierra?”. Y aquí la palabra presenta, no sin coquetería provocadora, otra bifurcación que, en bien de esta misiva, evito con mi conocido recato.
He dicho antes, socarrón y pendenciero, que las artes, exceptuando a la literatura. Bueno, porque creo (y esto es individual) que a la literatura le tocaría crear los lazos entre esos 3 pies, y dar cuenta del proceso, afortunado o no, de su interrelación. Le toca ser “El Testigo”. Pero lo más seguro es que yo esté equivocado o sólo sea que, en este juego de cartas, he destapado la del “Joker” para preguntar “¿Por qué tan serios?”.
-*-
¿Qué queremos? La clave para entender el mensaje subterráneo del zapatismo está en los pequeños relatos que, sobre la niña indígena autodenominada “Defensa Zapatista”, aparecen en el libro de “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”.
Imaginar lo que, por necesario y urgente, parece imposible: una mujer que crezca sin miedo.
Claro que cada geografía y calendario agrega sus cadenas: indígena, migrante, trabajadora, huérfana, desplazada, ilegal, desaparecida, violentada sutil o explícitamente, violada, asesinada, condenada siempre a agregar pesos y condenas a su condición de mujer.
¿Qué mundo sería parido por una mujer que pudiera nacer y crecer sin el miedo a la violencia, al acoso, a la persecución, al desprecio, a la explotación?
¿No sería terrible y maravilloso ese mundo?
Así que si alguna vez me pidieran a mí, sombra fantasmal de nariz impertinente, que definiera el objetivo del zapatismo, diría: “hacer un mundo donde la mujer nazca y crezca sin miedo”.
Ojo: no estoy diciendo que en ese mundo ya no habría esas violencias acechándola (sobre todo porque igual se puede acabar varias veces el planeta, pero no lo peor de nuestra condición de varones).
Tampoco digo que no haya ya mujeres sin miedo. Que su empeño rebelde les haya conseguido esa victoria en la batalla cotidiana, y que sepan que ganan batallas. Pero no la guerra. No, hasta que cualquier mujer en cualquier rincón de las geografías y calendarios mundiales crezca sin miedo.
Hablo de la tendencia. ¿Podríamos afirmar que la mayoría de las mujeres nacen y crecen sin miedo? Creo que no, y probablemente me equivoque y es seguro que arribarán cifras, estadísticas y muestras de que estoy equivocado.
Pero, en nuestro limitado horizonte, percibimos el miedo, miedo porque pequeña, miedo porque grande, miedo porque delgada, miedo porque gorda, miedo porque bonita, miedo porque fea, miedo porque embarazada, miedo porque no embarazada, miedo porque niña, miedo porque joven, miedo porque madura, miedo porque anciana.
¿Vale la pena empeñar el paso, la vida y la muerte en tal quimera?
Nosotras, nosotros, zapatistas, decimos que sí, que vale la pena.
Y en ello ponemos la vida que, aunque es poco, es todo lo que tenemos.
-*-
Sí, tienes razón en que no faltará quién nos tache de “ingenuos” (en el mejor de los casos, porque en todos los idiomas hay sinónimos más crudos). / Este procesador de textos, un software libre y de código abierto, me gusta porque cada que quiero escribir “caso” o “casos”, el corrector me propone “caos”. Creo que el software libre sabe más de tormentas devastadoras que yo/.
En fin, ¿en qué estaba? ¡Ah!, las palabras perdidas, su naufragio en papeles o bites, los pueblos originarios y los sótanos de la humanidad convertidos en arca de Noé, las ciencias y las artes como islas salvadoras, una niña sin miedo como brújula y puerto…
¿Eh? Sí, coincido contigo en que el resultado de todo eso tiene más de caos que de caso, pero ésta es sólo una carta que, como todas las cartas debieran, se convierte en un avioncito de papel con la intimidante insignia de “Fuerza Aérea Zapatista” dibujada en un costado, y allá va buscando a su destinatario. Porque a saber dónde andas Juan, hermano bajo protesta. Como decían las abuelas antes (no sé ahora), “ya sosiégate chamaco”, y ponte una chamarra o un abrazo porque hace frío y “el tema, ya lo sabes, es la lluvia”
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Galeano.
México, febrero del 2016.
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