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3 de junio de 2016

#LaOtraCampaña10Años Carta del Subcomandante Insurgente Marcos: L@S OTR@S QUE SOMOS.

Está esta discusión sobre lo que es leyenda y lo que es historia.

No sé mucho de eso, pero imagino que son pilas enteras de libros sobre el tema, estudios de postgrado, coloquios, mesas redondas. Incluso, no estoy seguro, tal vez de eso se discuta en alguna clase de esas que se imparten en ésta o en otras instituciones superiores con carreras de las llamadas “de humanidades”.

Y ya que estamos en esto de la “humanidad” y sus sinrazones, me pregunto si en las carreras de humanidades se da la materia de “dignidad”, y si hay quien la imparta y quien la apruebe.

Mmh… O tal vez esa materia se imparte y se aprueba en colectivo, en muchas partes, no sólo en un aula.

Y me pregunto también si la dignidad no va de la mano de la indignación, ese sentimiento difícil de anclar en una definición pero que tiene que ver con esa rabia que se siente en las tripas frente a una injusticia.

Tal vez es esta capacidad de indignación una de las características del ser humano.

Ergo, una carrera de “humanidades” debiera tener las materias de “dignidad” y de “indignación”.

Es más, uno no podría graduarse de ser humano si no aprobara estas materias.

Ustedes disculpen si estoy un poco, o un mucho, desviado del tema.

No es sólo porque de por sí no me dieron tema, sino que sólo me dijeron que “vente pa´ la ENAH que lo vamos a hacer un festival para que la Mariana Selvas y el Doc y la Magdalena y tod@s l@s pres@s lo sepan que no están sol@s y que seguimos luchando por ell@s”.

Así me dijeron. Yo me quedé pensando. “¿Será que voy?”, me pregunté. Y me contesté “Creo que sí voy”.

Como no me dieron tema, pienso que podría hablar sobre qué es la Otra campaña, qué la define, qué la pinta y le da forma.

O, por ejemplo, explicar por qué estoy en la Ciudad de México, más en concreto en la ENAH en un festival cultural por la libertad de l@s pres@s de Atenco, y no en reuniones de adherentes en Chihuahua, Sonora o Sinaloa. O más mejor en Chiapas.

Y no se crean, yo no muy sé de la Ciudad de México pero parece que la ENAH está un poco retirado de donde están el Doc y la Mariana y la Magdalena. Entonces pensé que pues habrá que alzar la voz para que llegue tan lejos.

Y en eso estoy, o sea pensando en las voces y las distancias, cuando escucho una voz abajo a mi izquierda que dice:

- De eso se trata, de alzar la voz -.

Yo sentí un escalofrío recorriendo mi hermosa espalda y me dije “esa vocecita, esa vocecita”.

Y entonces llevé instintivamente mi mano a la bolsa izquierda de mi pantalón porque ahí guardo el tabaco y por aquello del “no te entumas Marquitos”.

¿En qué me quedé? Ah sí, en que no me dieron tema para esta plática aquí en la ENAH.

Es más, ahora que me acuerdo, quiero hacer una denuncia. Porque resulta que en la Asamblea Nacional de Adherentes de la Otra del día 29 me pasaron un papelito que decía:
“Sup: avisa si vas a ir a la ENAH para el festival del día 2 de junio. Si vas a ir, entonces te invitamos. Y si no vas a ir, pues no te invitamos”.

No sé qué piensen ustedes, pero me parece que quien redactó ese mensaje bien podría estar asesorando a cualquiera de los insignes candidatos a la presidencia de México.

Bueno, el caso es que no me dieron tema sobre el cual hablar y yo me quedé preocupado porque qué tal que están pensando que voy a cantar una de esas rolas que luego el tal Panchito Varona le pone música y la canta el tal Joaquín Sabina, y a ellos los siguen las muchachas y a mí me siguen los policías. No hay derecho.

Entonces en eso estoy, o sea contando cuántos policías andan tras mío (seguramente para pedirme un autógrafo), cuando escucho otra vez esa vocecita que ahora dice:

- Pst, pst -.

Yo primero pensé que era la voz de mi conciencia, y como a ésa de por sí no muy le hago caso, encendí la pipa y me dije:

- “Marquitos, no te angusties. Él se quedó en la selva, apoyando al Teniente Coronel Moisés en la Comisión Intergaláctica. Así que debe ser tu imaginación. Es prácticamente imposible que hasta acá haya llegado…”

- Yo, el eterno ganador en las elecciones del corazón de las féminas de buen gusto, el sueño húmedo de Halle Berry, el amor imposible de Angelina Jolie, el suspiro inconfesado de… de… bueno, dejo el espacio en blanco para que una mujer, una de única, ponga su nombre y su corazón en los míos prendidos. Ejem, ejem, heme aquí, yo soy… -.

- ¡Durito! -, digo con evidente desazón.

- ¿Cómo “Durito”? ¡Don Durito de la Lacandona! ¡El terror de la clase política mundial! ¡El aguafiestas de los reventones neoliberales! ¡El de la figura augusta que causará furor en las páginas de (anti) sociales de la prensa alternativa! ¡El triunfador de todas las encuestas que no se han hecho ni se harán! ¡El provocador de rubores, sudores y sonrojos en damas de los cinco continentes! ¡El pasito más chévere de los festivales de abajo y a la izquierda! -.

Al decir esto último, Durito hace unos pasos de baile mientras entona la versión dark-punk-libertaria-skatera y ráscale-tun-tún de “La Suegra”, cuya versión en cumbia ocupaba el primer lugar en el rating dominical de “Radio Insurgente. La Voz del EZLN, voz de los sin voz. Transmitiendo desde las montañas del Sureste Mexicano”.

Yo aplaudo discretamente y pregunto- cuestiono- reclamo:

- ¿Qué no estabas con el Moy? -

- Sí, pero vine para hablar con la Comisión Civil Internacional de Observación de Derechos Humanos, que vino a constatar la animalidad exhibida por el gobierno mexicano en San Salvador Atenco. Y, bueno, ya que andaba por acá, me pregunté “¿En qué enredos se habrá metido ahora aquel de la nariz evidente y la torpeza recurrente, aquel a quien honor le hice al nombrarlo mi escudero?” Y me dije que debía constatarlo personalmente y, como dije antes, heme aquí -.

- Hombre, no te hubieras molestado. Te hubiera mandado un correo electrónico -, le digo a Durito mientras oculto la bolsita de tabaco.

- Nah, no ocultes el regocijo que te provoca mi presencia. Y nada de caravanas, basta con que me des un poco de tabaco -. Durito no espera mi respuesta, toma la bolsa y retaca de hebra su pipa y una mochilita que, entonces me doy cuenta, lleva a su espalda.

- ¿Vas llegando o te estás yendo? -, pregunto entre la desazón y la esperanza.

- Llegando-, dice Durito tirando el tabaco y mi ilusión al suelo.

- Pero no te entusiasmes mucho, sólo vine a desmentir eso de que tienes las piernas más hermosas del sureste mexicano. Es público y notorio que las mías son más hermosas y, además, son más -, señala Durito mientras modela sus 3 pares de piernas que además, dicho sea de paso, son también brazos.

- Hablando de mitos -, le digo con manifiesta mala leche, - ¿tienes algo qué decir sobre el “Estado de Derecho” que viaja en los toletes y escudos de la policía mexicana? -.

Durito baja su mochila y la abre mientras dice:

- Que nada bueno se puede esperar de quien hace residir la legalidad de las instituciones en los penes de los policías – dice Durito.

- El Estado de Derecho en México es sexista, machista y, como tal, estúpido. No es posible hablar de legalidad mientras hay tantos ladrones y criminales libres (algunos hasta son candidatos en las próximas elecciones). La justicia en México es una mercancía y cara. La compra quien tiene la paga. ¿Acaso no te has dado cuenta de que, cuando un rico delinque, se siguen todos los procedimientos “legales”, se alarga el proceso y, las más de las veces, cuando se llega a la conclusión de culpabilidad, el susodicho se huye? ¿No es cierto que al pobre primero se le detiene, se le golpea, se le encarcela, y ya luego, mucho después, se averigua si es culpable o no? -

Durito enciende su pipa y hurga dentro de la mochilita mientras agrega:

- Por lo demás, no te afanes en escribir. Tengo algo mejor que lo que puedas elaborar -, y sin más preámbulos me entrega unas hojas arrugadas.

Yo voy a preguntar que qué es eso cuando Durito señala:

- Bah, no tienes por qué agradecerlo. Lo he hecho con mucho gusto, gran alegría y desbordado entusiasmo. Y ya me tengo que ir porque voy al plantón del Penal de Santiaguito -, dice poniendo de nuevo la mochilita a su espalda y perdiéndose en fría madrugada del Valle de México.


En otra madrugada, pero en las montañas del Sureste Mexicano, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y yo platicábamos junto al fogón de su cocina.

Hace algunos años, cuando vino a la Ciudad de México en búsqueda del mal y el malo, Elías Contreras visitó la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ignoro el motivo de su visita y nunca me lo aclaró. Tal vez había quedado de verse ahí con alguno de los contactos que le pasaban información sobre los complicados laberintos del mal y el malo. O tal vez se dio en caminar así nomás y los pasos lo llevaron a acercarse a la Pirámide de Cuicuilco. El caso es que Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, entró a esta escuela, pasó unos minutos en ella y luego salió. Tal vez, no lo sabemos, se mezcló en el patio con estudiantes, trabajadores y maestros. Tal vez se cruzó, sin saberlo uno ni otra, con una estudiante de la ENAH que se llama Mariana Selvas y que se encuentra actualmente presa, injustamente, en el Penal de Santiaguito, en el Estado de México.

Elías Contreras debe haber recorrido también la colonia Isidro Favela y las otras que se encuentran en los alrededores de la ENAH y los centros comerciales de Perisur, Gran Sur y Cuicuilco.

Me contaba Elías Contreras que bastaba recorrer las calles de la Ciudad de México para darse cuenta de que la justicia es una para los de arriba y otra para los de abajo. Y no hablaba sólo del soberbio complejo propiedad de Carlos Slim contrastando con la pirámide y las modestas casas de los vecinos de las colonias aledañas.

Era la actitud (“el modo”, dijo Elías Contreras) de la policía en uno y otro lado; la mirada sumisa y servil de la autoridad cuando estaba en los terrenos de quien manda realmente, y la prepotente y voraz cuando se sabe entre los de abajo.

“La policía cuida al de arriba y despoja y humilla al de abajo”, dijo Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y después se quedó en silencio. Me pasó entonces una solitaria hoja de papel de su cuaderno de apuntes.

Algo recuerdo de lo escrito ahí, ahora, en esta madrugada.


Y más allá, en una madrugada más retirada en tiempo y en espacio, el Viejo Antonio velaba conmigo a la orilla de una milpa.

Las huellas de un tepezcuintle y el hambre mal contentada con tortillas y frijoles nos llevaron hasta ese lugar, como a una legua de su champa, buscando algo para alegrar el estómago del día siguiente.

No apareció el tepes, pero el Viejo Antonio, en el trayecto de vuelta, me contó una historia de un mundo hecho abajo y después dominado por arriba.

“No todos ni todas, bajan la cabeza y se desmayan”, dijo el Viejo Antonio por decir “no tod@s se resignan y conforman”. Y algo más agregó que yo escribí con letra torpe y apresurada en mi diario de campaña.

Creo que, puesto que no me dieron tema para la plática de hoy en la ENAH, aceptarán ustedes que les lea este extraño, por serio, texto dónde se trata de sintetizar lo que Don Durito de La Lacandona, andante caballero, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y el Viejo Antonio, traductor involuntario de una cultura en resistencia, escribieron y dijeron en ésta y otras madrugadas. Se llama….

L@S OTR@S QUE SOMOS.

La historia o la leyenda se tejen de madrugada. Habrá, es cierto, quien cuestione su veracidad y pretenda clasificar una u otra en el endeble criterio de “verdadero” o “falso”. Para lo que concierne a lo que ahora cuento, no importa ni lo uno ni lo otro.

Las palabras que nombran lo que está por hacerse no salen de pronto ni en cualquier parte, sino que van buscando un lugar dónde nacerse y esperan el tiempo propicio para surgir.

Hay un lugar en el que la oscuridad y la luz se encuentran y se tocan apenas un instante. Después se va cada una a su camino, a su espera. Así van la sombra y la luz, siguiéndose y evitándose, hasta que se olvidan de lo que son y se hacen de nuevo en lo otro, rehaciendo una y otra vez el oximorón de su deseo. Ese lugar tiene también su tiempo, y en él la muerte y la vida se postergan. Es el amor, dicen, quien entonces ahí reina.

Es en la madrugada, en ese espacio y tiempo, donde hay quien está ya y quien llega apenas. Dicen que es la sombra quien espera, acechando con la mirada de quien lleva como maldición la duermevela, a que la luz desnude sus ropas y sus miedos, que recueste el cuerpo y ponga de pie el deseo.

¡Ah, la madrugada! Hay ahí, esperando siempre (es decir, no estando), una piel compleja hecha de dos tibiezas, que la arroparían del frío y soplarían lejos la soledad.

En ese delgado límite, donde no hay muro ni abismo, la palabra recorre todos los calendarios y asume una forma que es hablada en muchas lenguas.

Digo ahora lo que esa palabra me cuenta en ese quiebre del tiempo, con la niebla de la duermevela, y en la lengua de la montaña:

Hay en cada hombre, en cada mujer, un otro y una otra diferentes.

Escondido está lo otro, como guardado está. Esperando espera. Estando está.

A veces es un rasguño, imperceptible afuera y definitivo dentro; otras es un terremoto que rompe la fastidiosa cotidianeidad; y a veces es una piel, caricia o áspero roce, que rasga con tierna furia la piel de afuera y revela y rebela la otra piel, la del otro, la de la otra que somos.

Pero es siempre un dolor lo que obliga a salir eso otro que somos sin serlo todavía.

Las más de las veces somos lo otro con un “NO” que es un desafío a la docilidad impuesta.

Y no nos vemos.

No si solos somos lo otro que somos.

Entre la desbocada competencia por la corrupción y el crimen que son el combustible del “sálvese quien pueda”, hay una, uno, otro, otra, alguien que dice “no”.

Hay, por ejemplo, una joven mujer que aparta su paso del conformismo de ser lo que el varón quiere que sea y pone en un rincón sus miedos para vestirse y desnudarse con el traje siempre nuevo de la rebeldía.

Y hay un profesionista que, contra toda la prudencia desde arriba impuesta, arriesga su bienestar y seguridad para ir por una medicina para quien no conoce hasta que yace moribundo, roto el cráneo por el “Estado de Derecho” sintetizado en una granada de gas lacrimógeno “made in USA”. El otro podría decir, si no tuviera muerte cerebral, “me llamo Alexis Benhumea, estudio economía en la UNAM, fui acusado y condenado por ser joven”. El profesionista de llama Guillermo Selvas, le dicen “Doc” porque es médico y está preso, acusado, entre otras cosas, de ser un luchador social.

Hay una joven estudiante que lo acompaña, entre otras cosas, porque hay lecciones que no se aprenden en las aulas ni en los libros, sino en las calles y campos del alargado dolor que algunos llaman “el México de Abajo”. Una carpeta con su expediente señala: “Mariana Selvas, estudiante de la ENAH. Acusada, entre otras cosas, de ser mujer joven”.

Hay una indígena que elige serlo pero con dignidad, la que se viste con los colores que antes eran vergüenza y hoy son alegría, y abraza a quien sólo conoce por el dolor y la rebeldía comunes, ansiosos por ser colectivos. Son ecos los que resuenan diciendo: “Me llamo Magdalena, soy indígena mazahua, estoy acusada de ser mujer indígena”.

Hay un hombre, un campesino, que elige levantar el color que tiene de la tierra y con esa morena dignidad dar su apoyo a quien también lucha por esa tierra que pinta nuestra sangre. Calla el hombre y en silencio dice “Me llamo Ignacio Del Valle, soy campesino de San Salvador Atenco. Estoy en un penal de máxima seguridad porque en México ser campesino y ser rebelde y ser solidario es también ser un reo de alta peligrosidad”.

Y hay mujer, que no importa si es joven, adulta, madura o anciana, sino que es mujer, y que carga ahora como cadenas lo que no quiere sino como alas, y que para eso une sus pasos a otros pasos. Tiene todos los nombres y todos los rostros que abajo se nombran y se miran.

Y hay un fotógrafo, un reportero, que deja la cámara inerte porque el corazón se le conmueve y le manda que no convierta en mercancía el instante que la empresa le reclama para la venta, que escribe lo que ve y escucha, y no lo que los lentes y audífonos del Poder le imponen. Porque hay quien se pasa del otro lado de la línea, para ver lo que abajo se ve, lo que se calla.

Y hay un hombre, una mujer, un niño, un anciano, una joven, un otro, una otra que prefiere dignidad a humillación, y que obra en consecuencia.

Encontrarla, encontrarlo. Eso es la Otra Campaña.

Este país, esta tierra, esta Patria, tiene otra una dentro de ella. Tan a flor está su dolor que basta un oído atento para darse cuenta de su existencia. El oído se hace palabra y el esto soy, aquí estoy, se multiplica entonces.

Nacer ese otro país, ese otro México. Eso es la Otra Campaña.

Y hoy, luchar por la libertad de Mariana Selvas, del Doc, de Magdalena, de Nacho, de todas las presa, de todos los presos, eso es la Otra Campaña.

Desde la Otra ENAH.
Subcomandante Insurgente Marcos.México, Junio del 2006.

5 de agosto de 2013

Votan IV. Día Menos 7.

Votan IV.
Día Menos 7.
En el que se devela algo de lo que en otr@s admira el corazón zapatista, se avisa que hay exent@s y se imparten consejos ociosos que nadie habrá de seguir.
Agosto del 2013.
Bien, ya falta poco.  Me refiero a los días que faltan para iniciar la escuelita, no a lo que tenemos y queremos decir.
Si usted busca por ahí alguna escuela que le asigne un maestro, una maestra, a cada estudiante individual, las 24 horas del día, que sea gratuita y laica, y que le proporcione los alimentos y el hospedaje mientras aprende-enseña, pues le deseamos buena suerte.
Como ya saben, la escolaridad de quienes asisten va desde el maternal hasta el doctorado en el extranjero (y por “extranjero” no nos referimos a otros países distintos al nuestro, sino al ser ajenos, extraños, así que muchas instituciones educativas en nuestro país son extranjeras).  Y los calendarios se alargan desde los meses de vida hasta arriba de los 90 años.  Todas y todos serán recibidos en el corazón colectivo que somos, sin importar si viene a comunidad, o le toca en CIDECI, o en otra geografía por la videoconferencia, o recibiendo los materiales de apoyo, o aguardando su tiempo.
Tal vez usted alcance a darse cuenta del esfuerzo organizativo que esto de la escuelita representa para los pueblos zapatistas.
Pero no se pregunte usted por qué y cómo un grupo de comunidades indígenas decide hospedar, alimentar, convivir y compartir sus conocimientos con un grupo de extraños, de diferentes, de otr@s.  O cómo es que el objeto de la limosna, la lástima, la pena y esos otros nombres tras lo que se oculta el racismo, la discriminación y el desprecio, es decir, los indígenas zapatistas, cometen la osadía de declarar que tienen algo que enseñar y para eso erigen, como antes un barco absurdo en plena selva, una escuelita tan grande que abarca el mundo entero.
O sí, pero también pregúntese cómo es posible que personas de los 5 continentes, de la más variada nacionalidad (ese truco barato de banderas, fronteras y pasaportes), de grandes o pequeños conocimientos, decide que sí tiene algo que aprender de personas que están catalogadas en los grandes libros y en los discursos gubernamentales como “ignorantes”, “retrasadas”, “marginadas”, “pobres”, “analfabetas”, y los etcéteras que puede encontrar usted en los “estudios” del INEGI, en los manuales de antropología, y en las palabras y gestos de asco de quienes dicen gobernar el mundo.
¿Por qué gente de renombre o sin nombre, toma de su tiempo y lo emplea en escuchar, y en la mayoría de los casos también en viajar, para aprender de los pueblos zapatistas?
Porque lo que es a nosotras, a nosotros los zapatistas, no nos maravilla nuestro continuo y persistente sube y baja en la lucha por la vida, es decir, por la libertad.  Lo que realmente nos sorprende es que existan personas como usted que, pudiendo elegir destinos más amables, cómodos y confortantes, deciden poner su corazón en las rebeldes montañas del sureste mexicano para así, con nosotr@s, iluminar con un relámpago, un agosto en el último rincón, en el más pequeño.
¿Por qué?  ¿Será porque acaso intuyen, saben, conocen, que la luz no viene de arriba, sino que nace y se crece desde abajo?  ¿Que no es producto de un líder, jefe, caudillo, sabio, sino del común de la gente?  ¿Será que en sus cuentas lo grande empieza pequeño y lo que sacude al mundo cada tanto, inicia con apenas un murmullo, quedo, bajo, casi imperceptible?  O tal vez imaginan cómo es el estruendo de un mundo cuando se desmorona.  Tal vez saben que los mundos nuevos se nacen con los más pequeños.
En fin, que lo que en verdad debe de sorprender, es usted acá y con nosotr@s, de este lado, pues.  Y creo que es claro que no me refiero ni al calendario ni a la geografía.
-*-
L@S EXENT@S
Nosotras las zapatistas, los zapatistas, hemos tenido la fortuna de contar con el oído, la palabra y la mano compañera de hombres y mujeres a quienes vemos hacia arriba por su altura moral.  Algun@s de ell@s no han dicho nada directamente sobre nosotr@s, ni a favor ni en contra.  Pero sus palabras sobre el rodar del mundo, lo hacen.
Y hay personas que podrían bien estar en el otro lado, con los de arriba, o con quienes desde distintos lados ven en nosotr@s a un competidor, un estorbo, una molestia, un enemigo, un animal imposible de domar y domesticar.  Allá, de aquel lado, podrían tener honores y cortejos, homenajes y salutaciones.  Para obtenerlos, bastaba tomar distancia de nuestro paso o sumar su silencio al cómplice de otras, de otros.
Algunas de estas personas aceptaron la invitación a la escuelita zapatista por generosidad.  En el alargado camino de su digno andar, siempre mantuvieron los puentes al paso más pequeño, al más olvidado, al nuestro.
¿Hubo otros, otras que también nos apoyaron antes?  Sí, muchos, muchas, y después, en la cresta de la nueva ola en turno, nos demandaron sumisión y sujeción al nuevo ropaje que vestían nuestros perseguidores de siempre, pero ahora de “izquierda”.  Nos exigieron que, postrados, agradeciéramos su apoyo callando frente a las injusticias de siempre, adornadas con falsas palabras.  Como el Mandón, nos exigieron obediencia.  Como al Mandón, les respondimos con rebeldía.
Pero estas otras personas compas, hombres y mujeres de diferentes calendarios y geografías, nunca nos exigieron ni sometimiento ni claudicación.  Y aunque no pocas veces su mirada fue y es crítica con nuestro andar, siempre fue y es compañera.  Ellas, ellos son la prueba de que apoyo no es subordinación (algo que la izquierda mundial todavía no acaba de entender).
A todos ellos, a ellas las invitamos, sí.  Pero no como alumnos.  Según nuestro entender, ellas y ellos entienden bien lo que es la libertad según nosotros, nosotras las zapatistas.  Los invitamos para hacerlos partícipes de esta alegría de ver que nuestro paso, aunque pausado y desconcertante, sigue y va hacia un solo destino, que también es el de ellas y ellos.
Voy a escribir algunos nombres.  No estarán todas, no todos.  Pero al nombrarlos a ellos y a ellas, nombramos a quienes deberían aparecer a nuestro lado y, también, a quienes no están ya porque la muerte se plantó en su camino.  Pero están en nuestra memoria, que es lo único y mejor que tenemos como arma y escudo.  Nos harán falta, por ejemplo: la actividad incansable de la compañera hermana Chapis; la firmeza de la compa Rosa de Querétaro; la mirada-puente de Beverly Brancroft; la risa alegre de Helena, la empecinada lucha de Martha de Los Ríos, la palabra clara de Tomás Segovia; el sabio oído de José Saramago, los sentimientos hermanos de Mario Benedetti, el ingenio de Manuel Vázquez Montalbán, la serena consecuencia de Adolfo Sánchez Vázquez, el profundo conocimiento de Carlos Montemayor, el abrazo fraterno de Andrés Aubry y Angélica Inda, entre much@s otr@s.
Ellas y ellos, y algún@s otr@s, aunque aparecen en la lista de invitad@s como alumn@s, no lo son.  Están, para usar la jerga escolar, exentos.
Será bueno recibirlos y darles un abrazo, aquí o en la geografía desde la que, generosos, nos miran y escuchan.  Lleguen o no lleguen, estarán junto nuestro, como lo que son: nuestras compañeras y compañeros.
Ahora sólo pongo el nombre de poc@s.  Hay más.  A todas ellas y ellos les haremos llegar, junto a nuestro abrazo, admiración y respeto reiterados, la carta de exención que es sólo un símil académico para hacerles saber nuestra gratitud.  Así que aquí están algún@s de quienes están exentos, con honor, del curso “La Libertad según l@s zapatistas”:
.- Nuestras queridas abuelas y madres, las Doñas de Chihuahua y de Sinaloa, en el México de abajo y a la izquierda.
.- Nuestras abuelas y madres de Plaza de Mayo, en la Argentina digna.
.- María Luisa Tomasini, nuestra abuela en Chiapas.
.- Pablo González Casanova.
.- Luis Villoro.
.- Adolfo Gilly.
.- Paulina Fernández C.
.- Óscar Chávez.
.- John Berger.
.- Carlos Aguirre Rojas.
.- Antonio Ramírez Chávez.
.- Domi.
.- Vicente Rojo.
.- Immanuell Wallerstain.
.- Gilberto López y Rivas.
.- Noam Chomsky.
.- María Luisa Capella.
.- Ernesto Cardenal.
.- Neus Espresate Xirau.
.- Marcos Roitman.
.- Arturo Anguiano.
.- Gustavo Esteva Figueroa.
.- Jorge Alonso Sánchez.
.- Hugo Blanco Galdós.
.- Miquel Amorós.
.- Neil Harvey.
.- John Holloway.
.- Malú Huacuja del Toro.
.- Armando Bartra.
.- Michael Hardt.
.- Greg Ruggiero.
.- Raúl Zibechi.
.- Eduardo Galeano.
.- Daniel Viglietti.
.- León Gieco.
.- Sylvia Marcos.
.- Jean Robert.
.- Juan Villoro.
.- Mercedes Olivera.
.- Bárbara Jacobs.
.- Mayor insurgente honorario Félix Serdán.
.- María Jesús de la Fuente Viuda de O’Higgins.
.- Inés Segovia Camelo.
.- Obispo Raúl Vera.
.- Bárbara Zamora.
.- El Mastuerzo.
.- Rocko Pachukote.
.- Francisco Segovia.
.- Zach de la Rocha.
.- Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas.
.- Juan Carlos Mijangos Noh.
.- Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), México.
.- Ignacio Del Valle.
.- Confederación General de Trabajadores, Estado Español.
.- Víctor Flores Olea.
.- Magdalena Gómez.
.- Brigada Callejera “Elisa Martínez”.
.- la banda tuitera.
.- la banda de medios alternativos.
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Consejos ociosos (porque yo sé bien que no me van a hacer caso).
Sobre el ajedrez y las pesadillas.
Si, por ejemplo, a usted le toca su escuelita en la zona del Caracol de La Realidad.  Después de un día ajetreado, con ampollas en manos y pies, pero con ese dolor alegre que sólo da el aprender, usted se sienta en las afueras de la champa.  Saca un cigarrillo y lo enciende mientras ve cómo la luz de la tarde va cediendo a las sombras de la noche. Ve su entorno como si todo se moviera en cámara lenta.  Hay como un silencio de lo cotidiano, lo que ahora le permite apreciar el empecinado aserrar de los grillos, la lucecita juguetona de los cocuyos, el zumzum de los mosquitos.  Entonces usted se decide y saca su tablero portátil de ajedrez.  Está usted acomodando las piezas, cuando se acerca un niño o una niña (usted calcula: entre 8 y 10 años) y se coloca a su lado, en cuclillas.  La niña-niño mira con curiosidad lo que usted hace y le pregunta, con una inocencia fuera de toda sospecha: ¿y qué es eso?  Usted se siente halagado de tener la oportunidad de enseñar algo, sobre todo después de que desde que llegó se la ha pasado recibiendo correcciones de su Votán y de la familia con la que ahora vive.  Así que le da una chupada al cigarrillo y dice: “Ah, es un juego, se llama ajedrez”.  Y aquí viene el momento decisivo.  Usted tiene la tentación de decir lo que no debe decir.  Piensa que, después de todo, es sólo un niño-niña y que será divertido enseñarle ese juego misterioso de inteligencia, táctica y estrategia.  Entonces usted dice las palabras malditas: “¿Quieres que te enseñe cómo se juega?”.  Ya.  Su suerte está echada.  La niña-niño dirá, con inocencia, “bueno, a ver si puedo”.  Después: la pesadilla.  Pasando las primeras explicaciones “éste se llama peón”, “éste alfil”, “éste caballo” y así, el niño-niña, se sentará frente suyo y ya.  Usted se pasará toda la tarde y parte de la noche escuchando que le dicen “jaque mate” una y otra vez.  Ya más tarde, poco antes de que el sueño soñado ocupe el lugar del sueño real, usted murmurará: “Maldito Sup, debí haberle hecho caso”.  Yo, cerca y lejos, encenderé la pipa, le daré otro bajón a mi bolsa de galletas de animalitos y pensaré: “odio decir que se los dije, pero se los dije”.  He escuchado maldecir en decenas de idiomas diferentes, cuando los “maestros” de ajedrez son apaleados por l@s niños de la zona de La Realidad.  Después de todo, por algo a este lugar le dicen “La Realidad”, ¿no?
Sobre el Futbol.
Si, por ejemplo, a usted le toca en la zona del Caracol de La Garrucha.  Misma situación que la anterior.  Ahora es un niño que trae un balón jugueteando en las manos.  Ahora le está diciendo-preguntando-retando a usted con un “¿Y en tu pueblo donde vienes saben jugar futbol?”.  Usted entonces siente que en las venas se le agolpan Pelé y Garrincha, Maradona y Cruyff, Ronaldo y Messi (no en un Table Dance, se entiende), Puskas y Di Stéfano (¿me fui muy lejos en el calendario?), o lo que corresponda en sus geografía y calendario.  Yo le aconsejo que sólo sonría y pregunte por el clima o lo que sea, pero… usted empieza a ver todo rojo y, bueno, siempre ha pensado que el chovinismo deportivo es bien tolerado incluso en la izquierda más radical, así que, sin hacer caso a mi consejo, se ajusta sus botas-botines-tenis-chanclas-dedos, y se pone de pie con un “¿Que si sabemos jugar futbol en mi pueblo donde vengo?, ahora vas a ver.  Vamos”.  Ya de noche, cuando usted esté en la duermevela del buen reposo, hará el recuento de los daños y se dirá que falló el portero, la defensa, la media, la delantera, el árbitro, la cancha empinada, el lodo y la mierda del ganado, que después de todo la goliza recibida no fue tan mala, que quedaron que otro día la revancha.  Pero, con el último bostezo, usted murmurará: “Maldito Sup, debí haberle hecho caso”.  Yo, cerca y lejos, encenderé la pipa y me recostaré mientras pienso: “odio decir que se los dije, pero se los dije”.  He visto equipos multinacionales de auténticos “cracks” del balompié sucumbir en los “campos de futbol” del Caracol de La Garrucha.  En esa zona, hasta las vacas le saben a la magia del rodar de un balón.
El Pozol Agrio.
En cualquier zona que le toque de cualquiera de los 5 caracoles.  “¡Hay fiesta!” escucha que dicen.  Se levanta usted, aunque todo el cuerpo le duele como si se hubiera pasado todo el día tratando de abordar un transporte público, en hora pico y en su geografía.  Se acerca a donde está la bulla.  Entonces escucha que gritan con júbilo “¡pozol agrio!”.  Hágame caso: dé media vuelta y regrese a la champa que le toca.  Si alguien le ofrece, usted discúlpese con un “gracias, ahora estoy muy lleno” y tóquese la panza con satisfecho énfasis.  Pero, doble contra sencillo, tal vez usted se diga a sí mismo “Bueno, vine a compartir, así que también debo compartir la alegría que parece provocar eso que llaman pozol agrio”, y va y pide que le den un vaso-taza.  Cuando pase usted la noche entera sentado en la letrina, tendrá la necesidad de encender un cigarrillo, manque no fume, y a la fugaz luz del mechero, usted pensará: “Maldito Sup, debí haberle hecho caso”.  Yo, no tan cerca y sí lejos, encenderé la pipa y, mientras murmuro “odio decir que se los dije, pero se los dije”, me retiraré más aún, porque, créame, no hay tabaco que cubra ese olor.
La Comida.
Si piensa que algo puede hacerle daño, o sabe que le sienta mal, o le está cayendo mal a su panza, no lo coma.  No se sienta obligad@ a comer lo que no puede.  No lo van a mirar mal, ni será expulsado de la escuelita, ni lo criticarán, ni nada de eso.  En cambio le darán medicina para la panza y le preguntarán qué puede comer que no le siente mal.  Porque bien sabemos nosotros, nosotras, que del alimento, lo que alegra y nutre está en la palabra que lo sazona.  Y sí, puede traer usted lo que guste de comer, siempre y cuando lo comparta.
Y no me refiero a que le dé a cada quien una porción, sino que comparta el cómo se prepara eso, cómo se come, cuál es su historia.  Y no, compartir el dolor de estómago no es parte de la vida comunitaria.
El Recreo.
Sí, puede traer un balón, una guitarra, una obra de teatro, una película, una historia que contar.  Sólo recuerde: todo en el colectivo.  No, no el colectivo del o con el que viene, sino su colectivo acá: su familia y su Votán.  Si escucha que alguien dice “qué alegre está esa tonelada”, no piense que se refiere al peso del tercio de leña o del bidón de agua.  Es sólo una de esas extrañas traducciones que acá abundan: por “tonelada” se refieren a “tonada”.  De nada.
Las consignas.
Abandone usted toda esperanza de rima”, debería leerse al entrar a una comunidad zapatista.  Si cerca suyo alguien está ensayando una “consigna” para la fiesta de bienvenida o de fin de curso, y usted escucha que dice “no que no, sí que sí, somos un chingo y venceremos”.  No se le ocurra decir que no va así o que no rima, porque entonces será acribillado con “¿por qué?, ¿acaso no somos un chingo?, ¿acaso no venceremos?”  Y al final un “pero me entendiste, ¿no?
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Vale.  Y no olvide empacar tres cosas básicas: algo para el frío, algo para la lluvia y algo en que atesorar la memoria.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
SupMarcos.
México, Agosto del 2013.
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De Alí Primera, la clásica “No basta rezar” en voz de un zapatista en el pasado Festival de la Digna Rabia, en Chiapas, México.
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Grupo musical de compas zapatistas de Los Altos de Chiapas.
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Bailable regional interpretado por niñas zapatistas en Chiapas, en el Festival de la Digna Rabia.

2 de agosto de 2013

Votan III. SECCIÓN NO FAQ.

Votan III.
 SECCIÓN NO FAQ.
 Lo que usted siempre hubiera querido que le advirtieran acerca de
l@s zapatistas, su mentada escuelita y las consecuencias que le puede acarrear asistir.
 Julio del 2013.
Pues parece que ya más o menos se va a aclarando el panorama sobre en qué diablos estamos pensando los zapatistas cuando hablamos de la escuelita.
Pero es de esperar que usted ahora tenga más preguntas que respuestas.  Aunque ya no le preocupa lo del calzado, le quedan interrogantes.  Se le ocurre entonces que tal vez sea cierto eso de que la zapatista es una rebelión del siglo XXI, hábil en todo lo que tenga que ver con lo cibernético (hasta tienen un grafitero de muros virtuales).  Así que va al café internet más cercano, o enciende su computadora y busca: “Escuelita Zapatista, Dudas, preguntas frecuentes, FAQ, etcétera”.
La pantalla da entonces, como quien dice, un “elegante giro cibernético” para eludir la vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional gringa, y lo adentra en el ultra secreto servidor de los transgresores de la ley: el ZPS (“Zapatist Pozol Server”, por sus siglas en inglés).  Después de que en la pantalla aparezca un contundente “Fuck You XKeyscore”, usted ve que se le  pide una contraseña para entrar.  Usted prueba “MARICHIWEU” y la pantalla dice “No”.  Prueba con “NOSOTR@S” y en la pantalla aparece “Tampoco”.  Intenta con “DURITO” y la pantalla reza “Uh, ni pensarlo”.  Irritad@ por los obstáculos, usted deja un mensaje con una mentada, no de menta virtual, dirigida al gobierno norteamericano y, al poner su firma, la pantalla se abre como si fuera una puerta muy en 3D, sonido dolby y toda la cosa, y aparece un letrero que dice “Escuelita Zapatista, NO FAQ, -“Preguntas No Frecuentes. Puede agregar la suya al final-”, seguido de una gran lista con preguntas y respuestas, como las que siguen:
.- Encuentre la descripción que más se asemeje a la suya, ligue con la pregunta y vea la respuesta correspondiente:
- No tengo estudios superiores / No soy artista / No soy una persona de renombre / No represento a nadie / No soy dirigente ni líder de nada / Soy muy joven / Soy muy grande de edad / Nunca antes fui a la escuela / Soy nuev@ en el conocimiento del zapatismo y nunca he estado en una comunidad / No había nacido o era muy pequeñ@ cuando ustedes salieron a la luz pública / No me enteré de nada hasta el día del fin del mundo / Yo apenas supe hace unas semanas y pedí que me invitaran / Yo no sé ni por qué me invitaron si a mí los zapatistas me caen mal, bueno los zapatistas sí me caen bien, pero el Marcos es un payaso que se está aprovechando de los pobrecitos inditos y yo-les-voy-a-explicar-que-no-se-dejen-engañar-y-los-voy-a-redimir / el etcétera que esté de moda / _____ (su caso particular)….
Preguntas:
¿Me van a tratar igual que a quien se sabe de memoria el himno zapatista, que ha asistido a todas las actividades del/sobre el zapatismo, que tiene una playera del EZLN, que se sabe bien el estribillo de “es un honor estar…” -ah no, eso es de otro canal-, que trae unas súper botas y un equipo de alpinismo de alta montaña, que ha estado muchas veces en comunidad y ha apoyado muuucho, pero muuucho a los indígenas? ¿Importa mucho eso en la escuelita?  ¿Es eso un impedimento para asistir o para pedir que me inviten?
Respuestas (de acuerdo al orden de las preguntas):
Sí.  No.  No.
Pregunta:
¿Puedo quedarme a vivir en una comunidad zapatista?
Respuesta:
No.
Pregunta argumentada:
Pero ya lo pensé bien y estoy muy decidid@, ¿Sí?
Respuesta reiterada:
No.
Insistencia enfática:
¿Por favor? ¿Por favor? ¿Por favor? ¿Sí?
Respuesta igualmente enfática (de acuerdo al orden de las preguntas):
No.  No.  No.  No.
Pregunta:
¿Puedo dar más de 100 pesos por el material de apoyo educativo, como una muestra de solidaridad con las comunidades indígenas zapatistas?
Respuesta:
Sí, pero ni nosotros ni los demás sabrán la cantidad, ni quién la dio.  Al registrarse, pasará usted frente a un bote o caja (no sé qué vayan a poner) y ahí usted deposita sus cien pesos o lo que quiera.  Nadie más que usted sabrá si sólo dio 100 pesos, o más, o menos, o si metió una tarjeta prepago, o un boleto del metro, o una mentada (de menta, se entiende).  Al final del registro, los compas encargados vaciarán el bote o caja, y entregarán lo que contiene a una comisión de la Escuelita Zapatista.  Así nosotros tampoco sabremos ni quién ni cuánto colaboró.  Así nadie podrá reclamar o exigir trato especial o V.I.P. porque “tú no sabes quién soy yo, ni todos los cargos y premios que he obtenido, ni lo muuucho, pero muuucho que he ayudado a las comunidades / y a mí no me van a humillar poniéndome junto con gente que ni siquiera ha ido a comunidad, / y a mí no tienen nada que enseñarme y sí, en cambio, todo que agradecerme, / y la única imagen de indígena que digiero es la de quien, postrado, me adora, la imagen de indígenas rebeldes, es decir, malagradecidos, me indigesta” (como ya lo ha hecho una “ilustrísima” persona del medio artístico-cultural).
Pregunta:
¿Puedo llevar cosas para regalarle a la familia que me va a recibir?
Respuesta:
No.
Claro que será natural que usted vaya construyendo una relación de afecto con quien va a convivir.  Pero los “regalos” personales, desequilibran la comunidad y desplazan una relación política hacia una personal.  Usted deja entonces de relacionarse con una causa y pasa a relacionarse con una persona, lo que tampoco es malo, pero no viene a hacer amistades, sino a aprender.  Lo que se va a hacer es que, en el CIDECI, podrá usted entregar lo que quiera donar, sea cuando llegue al registro o sea cuando termine el curso.  Lo donado se hará llegar a las Juntas de Buen Gobierno quienes repartirán, EQUITATIVAMENTE y entre todas las comunidades zapatistas, lo que se reciba.   Pero tenga en cuenta que para nosotr@s, es decir, para las familias que reciben a uno y a otro, lo importante es la persona, no lo que posee o da.  También para usted, lo que debe importar son los pueblos zapatistas en su conjunto, no la familia o Votán particular con quien se relaciona, porque no es un grupo de personas quienes lo atienden sino todos los pueblos zapatistas organizados, sintetizados para usted en una familia y un(a) guardián(a).
Pregunta:
¿Por qué no aceptan que yo le obsequie algo a quien me va a recibir en su casa, me va a alimentar, me va a cuidar, y me va a enseñar?
Respuesta:
Mire, hay familias zapatistas que no van a recibir a nadie, pero que han colaborado y colaboran con alimentos, materiales, transporte.  Participan tanto como la familia que recibe. ¿Para esas familias no hay regalito porque no las vio? ¿A ellas no les da sus datos por si alguna vez van a su geografía o para que le llamen o le escriban?  ¿Para esos niños que no conoció no habrá dulces, ropa, juguetes, regalos?
Por ejemplo, hay pueblos zapatistas bajo la amenaza constante de grupos paramilitares.  Como la seguridad ahí es muy precaria, no pudieron recibir estudiantes para la escuelita, porque no podríamos cuidar a nuestr@s invitad@s en esos lugares.  Pero esas familias igual se prepararon, apoyaron a los que sí van a recibir, construyeron, barrieron, lavaron, trapearon, pintaron, cocinaron, juntaron leña, cooperaron con los alimentos que se le van a ofrecer.  Usted no los conoce, ni los conocerá en la escuelita.  Si las agresiones paramilitares y policíacas aumentan, tendrán que desplazarse.  Usted tal vez se enterará o no (cheque el número de entradas-lectura a la última denuncia de las JBG), pero para usted no tendrán nombre ni rostro.
Serán invisibles, lo mismo que cientos de miles de zapatistas.  ¿Hay quien sí los tenga en cuenta aunque sean invisibles para usted y para el resto?
Sí, nosotras, nosotros, sus compañeros y compañeras.  Por eso lo que se recibe de fuera, se busca repartir equitativamente: se reparte más y mejor al más necesitado.
Otra cosa sobre este asunto de las donaciones.  Sabemos bien que allá fuera predomina ese estereotipo de que los indígenas son objeto de la lástima y la limosna, de que hay que darles lo que sobra o estorba, en lugar de tirarlo.  Algo como una especie de síndrome “Teletón” generalizado.   Su equivalente en la clase política está en el photoshop de la limosna (nada que no se pueda maquillar con una campaña “contra el hambre”… o con una fotocopiadora).
La “aspirina de la conciencia” le llamamos nosotros los zapatistas, las zapatistas.
Y en lo que hemos andado en nuestro largo sube y baja por la lucha, hemos mirado muchas cosas.  Una de ellas es que, en los momentos de desgracia, quienes más tienen, dan lo que les sobra; y quienes menos tienen, dan lo que les falta.  Alguien con dinero y bienes, dona las cobijas que ya no usa, la ropa que no le queda, los zapatos que pasaron de moda, las monedas que no le hacen falta.  Y quienes tienen que pelear cada minuto del día por hacerse de un poco de paga para tener algo que poner en la mesa, además de un mantel raído o ni eso, dan esa moneda que necesitan para completar su gasto de supervivencia.
Este pueblo indígena, el zapatista, no merece su lástima.  A pesar del desprecio recibido por ser moda pasajera o por negarnos a ser parte de los acarreados del movimiento “histórico” en la coyuntura en turno, nos hemos levantado con dignidad, al igual que hace 20, 50, 500 años.  Y lo seguiremos haciendo.  No nos insulte con la limosna.
No le hemos pedido nada que no sea justo: sólo el pago del costo del material de apoyo (cien pesos) y su disposición a aprender.  Nosotros l@s hospedaremos.  Nosotras l@s alimentaremos.  No será un hotel de 7 estrellas ni un bufet gastronómico, pero en cada tortilla, frijolito, verdura, camastro o hamaca, nailon para la lluvia, está el cariño y el respeto de todos nosotros y nosotras hacia usted, porque es nuestra invitada, nuestro invitado, nuestro compañero, nuestra compañera, nuestroa compañeroa.
No nos debe nada ni queda a deber nada.  De la escuelita no sigue la militancia, la pertenencia orgánica, la sujeción de mando, el fanatismo.  Lo que sigue de la escuelita es algo que a usted, y sólo a usted, corresponde decidir… y actuar en consecuencia.  No los invitamos para reclutarlos, formarlos o deformarlos, programarlos o, como ahora se diría, “resetearlos”.  Hemos abierto una puerta y lo hemos invitado a entrar para que vea cómo es nuestra casa, la que hemos levantado con la ayuda de personas de todo el mundo que, ésas sí, no nos dieron sus sobrantes, sino sus miradas y oídos compañeros, y a quienes nunca se les ha ocurrido siquiera que les debemos estar eternamente agradecidos, ni rendirles culto como se le rinde culto a quien posee y ordena.
Usted es quien es, y sólo a usted debería corresponder el seguir siendo así o de otro modo.
Y para finalizar este fragmento de la sección de Preguntas No Frecuentes:
¿Que no es usted una gran personalidad? ¿Que no tiene grandes estudios?  ¿Que nunca ha estado antes en una comunidad zapatista?  ¿Que ni siquiera había nacido cuando se hizo público el EZLN?  ¿Que no se enteró de nada hasta el día del fin del mundo, o después?
No se preocupe ni ocupe de eso.  Acá no se miran los currículos académicos, ni los calendarios de antigüedad en la vida o en la lucha, sino los corazones.  Acá vendrá gente con varios doctorados y quien ni siquiera ha ingresado al maternal; personas con más de 90 años y quien no ha llegado aún a deshojar un calendario.  A todas, a todos, a todoas, los vamos a recibir con el mismo cariño compañero, lo vamos a atender con lo mejor que tenemos, le vamos a enseñar igual lo que somos, y lo vamos a cuidar con el mismo esmero.
Así que deje esos reparos, traumas y resquemores para su teleserie preferida.
Piense mejor, por ejemplo, que, a su regreso, podrá platicarle a sus familiares, amig@s, o poner en su blog o en su perfil, algo como:
Me acuerdo de cuando el Pablo (González Casanova), el Luis (Villoro), el Adolfo (Gilly), el Immanuel (Wallerstein), la Paulina (Fernández Christlieb), el Oscar (Chávez), uno que le decíamos “el Mastuerzo” por lo mismo, otro que le decíamos “el Rocco” no sé por qué, unos cuates que le hacían a la cantada con nombres raros como el Comando Cucaracha, SKA-P y Louis Ling and the Bombs, y otr@s compas que ahora no recuerdo, estudiamos junt@s en la escuela y echábamos relajo en el recreo, y por cierto nos castigaron por no hacer la tarea. Y un día sorprendieron al Toño (Ramírez Chávez) y a la Domi (la única Domi que hay) grafiteando la pared que da hacia afuera, hacia nuestros mundos, y, junto con ellos, cada quién agarró lo que podía y nos pusimos tod@s a pintar.  Pero en eso llegó el conserje, y pues tod@s nos echamos a correr.  El conserje quedó mirando la pared, se fue y regresó con un bote de pintura y una brocha.  Pensamos que iba a borrar lo que, con muchos colores y figuras, tod@s habíamos pintado.  Pero nada.  No me lo van a creer, pero resulta que el conserje agarró la brocha y se puso a rayar el muro.  Pero muy otro todo, porque el conserje sólo dibujó una grieta en la pared… y se fue.  Pero lo más extraño es que, cada día que pasábamos en la escuela, la grieta dibujada pasó primero a hacerse real, después se fue agrandando y profundizando.  El último día de clases, nos juntamos todos frente a la pared, mirando y esperando a ver si la grieta acababa por romper el muro.  En eso estábamos, cuando pasó una compa zapatista con un pasamontañas de muchos colores muy divertidos y nos dijo “¿Qué hacen ahí si ya acabó la escuelita? ¡Jálenle para su tierra!”.  Nos fuimos tod@s.  Sí, les cuento para que vean que sí tengo estudios.  ¿Eh?  ¿Que para qué es el bote de pintura en aerosol?  Nada, que estaba viendo esa pared de allá enfrente, donde al otro lado vive el Mandón.  Ese muro tan grande, tan bien cuidado, tan sólido, tan poderoso, tan intimidante, tan indestructible, tan gris.  Y me quedé pensando y me dije “A ese muro lo que le hace falta es… una grieta”.
 -*-
 Vale.  Salud y no compre la pintura y la brocha, ya las trae usted en el corazón.  Sólo búsquelas bien.  Lo que haga con ellas es parte de su libertad.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El SupMarcos.
Conserje, velador y barrendero en la Escuelita Zapatista (¡no vayan a dejar su tiradero!).
México, Julio del 2013.

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Escucha y ve los videos que compañan este texto.
Fragmento de una estupenda parodia del Teletón y los equivalentes festivales de la limosna.  El elenco entero de 31 Minutos en campaña para recaudar fondos y rescatar al archi-multimillonario Señor Manguera, dueño de la televisora.  Les recomiendo el programa completo, no lo puse todo porque es muy largo.

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Sevillanas Indignadas, jerezianas y andaluzas, cual debe, con humor, gracia, talento y pícara sabiduría. Dedicadas a quienes no se espantan.
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Eduardo Galeano cuenta lo que es el mundo, es decir, los que son en los mundos, y advierte que… bueno, escúchenlo.
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Oscar Chávez (uno de quienes mejor nos han mirado, es decir, entendido) con “Los Paliacates”, acompañado de Los Morales.
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30 de julio de 2013

VOTÁN II. L@S GUARDIAN@S.

VOTÁN II.
L@S GUARDIAN@S
 Julio del 2013.
Bueno, ahora sí sigue explicarles ya cómo va a estar esto de la escuelita (la lista de útiles escolares, la metodología, l@s maestr@s, el temario, los horarios, etc.), así que lo primero es…
Lo que necesita.
Lo único que objetivamente necesita usted para asistir a la escuelita zapatista (además de ser invitad@, claro, y sus cien pesotes para el paquete de libros-dvd) es disposición para escuchar.
Entonces no tiene por qué atender a los consejos y recomendaciones de esas personas, por muy bien intencionadas que sean, que le dicen que traiga tal o cual equipo, presumiendo que ell@s “sí han estado en comunidad”.
Quienes realmente han estado en comunidad no lo andan alardeando, y saben bien que lo que en verdad se necesita es saber mirar y escuchar.  Porque gente que ha estado para hablarnos (y para pretender dirigirnos o para ofrecernos sus limosnas de dinero o “sabiduría”) ha habido y habrá mucha, demasiada.  Y quienes han venido a escuchar son muy pocos.  Pero de esto les platico en otra ocasión.
Así que no compre nada especial (leí que alguien sólo tiene unos viejos tenis, chido).  Traiga cualquier cuaderno y un lapicero o lápiz.  No es obligatorio que cargue usted con su computadora, esmarfon, tableta o lo que se use ahora, pero puede traerlos si gusta.  Eso sí, no hay señal de celular en el lugar donde le tocará.  Hay internet en algunos caracoles pero su velocidad es, cómo le diré… como “pegaso”, la montura de Durito.  Sí, puede traer su como-se-llame donde escucha música.  Sí, puede traer cámara y grabadora.  Sí, puede grabar y tomar fotos y videos pero sólo según las reglas que el Subcomandante Insurgente Moisés les va a hacer saber.  Sí, puede traer su osito de peluche o equivalente.
Cosas que sí le pueden ser útiles: una lámpara de mano. Su cepillo de dientes y una toalla (por si le dan ganas y es posible bañarse). Al menos una muda de ropa, por si se bate de lodo.  Sus medicinas, si le son necesarias y se las ha recetado alguien capacitado.  Una bolsa de plástico para sus identificaciones y su dinero (ambas cosas siempre tráigalas consigo –la identificación sólo se la van a pedir en el registro para ver si usted es usted-).  Otra bolsa de plástico para el material de estudio que le van a entregar.  Y su ropa (interior –si usa- y exterior) también póngalas en bolsas de plástico.
Recuerde: puede traer todo lo que quiera, pero todo lo que traiga lo va a tener que cargar usted.  Así que nada de que “me voy a llevar el piano por si me da tiempo de practicar el do-re-mi-fa-sol-la”.  Y no, tampoco puede traer su Xbox, ps3, wii, ni esa vieja consola de Atari.
Lo que sí es imprescindible no lo puede adquirir, pero lo trae ya incorporado en su persona y lo puede encontrar, partiendo de su cuello, abajo y a la izquierda.
Bien, aclarado eso, aquí le pongo la lista de lo que necesita para asistir a la escuelita en comunidad.  Sin estos requisitos NO SERÁ ADMITIDO:
.- Indisposición para hablar y juzgar.
.- Disposición para escuchar y mirar.
.- Un corazón bien puesto.
No importan entonces su raza, su edad, su género, su preferencia sexual, su lugar de origen, su religión, su escolaridad, su estatura, su peso, su apariencia física, su equipo, su “antigüedad” mirando al zapatismo,… ni su calzado o descalzado.
Ah, eso sí, no traiga sus zapatos de tacón de aguja que sí, se le ven muy bien, pero los va a romper cuando dé sus primeros pasos en el…
El Espacio Escolar y el horario.
Según nosotras las zapatistas, los zapatistas, el lugar de enseñanza-aprendizaje, la escuela pues, es el colectivo.  Es decir, la comunidad.  Y l@s maestr@s y alumn@s son quienes forman el colectivo.  Todas y todos.  Así que no hay un maestro o una maestra, sino que hay un colectivo que enseña, que muestra, que forma, y en él y con él la persona aprende y, a su vez, enseña.
Así que, al asistir al primer día de clase en comunidad (en las otras modalidades esto cambia), no espere usted encontrarse con el modelo tradicional de escuela.  En lo que hemos preparado para usted, el “aula” o el “salón de clases” no es un espacio cerrado, con un pizarrón y un profesor o una profesora al frente, impartiendo el saber a los alumnos, que los evalúa y los sanciona (es decir, los clasifica: buenos y malos alumnos), sino el espacio abierto de una comunidad.  Y no una comunidad de secta (acá conviven zapatistas con no zapatistas y, en algunos casos, con anti zapatistas), ni hegemónica, ni homogénea, ni cerrada (todo el año la visitan personas de diferentes calendarios y geografías), ni dogmática (aquí se aprende también de l@s otr@s).
Por eso usted no viene a una escuela con los horarios habituales.  Estará en la escuela todas las horas y todos los días que dure su estancia.  La parte más importante de su estar en la escuelita zapatista es su convivencia con la familia que la o lo recibe.  Irá con ell@s a la leña, a la milpa, al arroyo-río-manantial, cocinará y comerá con ell@s (claro, comerá lo que no le haga daño o lo que su convicción le indique –por ejemplo, si es vegetariano o vegano, no le darán carne, pero avise antes porque los compas, cuando están contentos con la visita, cocinan pollo o cuche, y la comunidad o el municipio autónomo o la junta de buen gobierno, de repente toman de su ganado colectivo y hacen caldo para tod@s-), descansará con ell@s y, sobre todo, se cansará junto con ell@s.
O sea que, como quien dice, en esos días usted será parte de una familia indígena zapatista.
Y por esto mismo es que no aceptamos que alguien venga con su casa de campaña o su casa rodante.  Por eso hay un cupo límite.  Porque en estas tierras sí caben muchos, pero en las champas zapatistas sólo caben unos cuantos.  Si quiere acampar, convivir con la naturaleza, y sus bucólicos equivalentes, bien, pero no aquí en esas fechas.
Entonces no estará usted conviviendo con su banda, grupo, colectivo.  Ni con otr@s ciudadan@s.  Si viene con su familia, su pareja o dispareja, sí estará junto a ella si así lo quiere, pero nada más.  Nada de que “los que vinimos de tal lado nos vamos a juntar para echar bulla o para platicar o para cantar a la luz de la fogata o para lo que sea”.  Eso lo pueden hacer en sus geografías y en otros calendarios.  Aquí viene usted (o usted y su familia, pareja o dispareja) a participar de la cotidianeidad y el saber del pueblo indígena zapatista, y, claro, también de indígenas que no son zapatistas.
El pueblo zapatista es un pueblo que tiene la particularidad no sólo de haber desafiado al poderoso, ni tampoco sólo el haberse mantenido en rebeldía y resistencia por 20 años.  También, y sobre todo, por haber logrado construir (en estas condiciones que usted conocerá personalmente) la definición indígena zapatista de libertad: gobernar y gobernarnos de acuerdo a nuestros modos, en nuestra geografía y en este calendario.
Sí, esto de “en nuestra geografía y en este calendario” marca una distancia apreciable respecto a otros proyectos.  No sólo advierte que no es un modelo a seguir (a nosotr@s algunas cosas nos han resultado, otras no), un nuevo evangelio o una moda apta para exportación.  Tampoco es un “manual de construcción de la libertad”.  Ni siquiera para todos los pueblos originarios de México, menos aún para los pueblos que luchan en todos los rincones del mundo.
Además, mucho ojo, estamos definiendo un tiempo.  Esto que verá usted, vale para nosotr@s ahora.  Nuevas generaciones irán construyendo sus propios caminos, con sus modos propios y sus tiempos.  Un concepto de libertad no hereda esclavitud hacia sí mismo.
Porque eso es para nosotros la libertad: ejercer el derecho de construirse uno mismo un destino, sin nadie que nos mande ni nos diga qué sí y qué no.  En otras palabras: nuestro derecho a caer y levantarnos nosotros mismos.  Y bien sabemos que eso se construye con rebeldía y dignidad, sabiendo que hay otros mundos y otros modos, y que, así como nosotras, nosotros, nos vamos construyendo, cada quien va construyendo su identidad, es decir, su dignidad.
Sólo 2 veces en la semana en que convivirá con las comunidades zapatistas, asistirá al Caracol a una reunión de tod@s l@s alumn@s de la zona en que le toque.  En esa reunión, donde estarán reunidos muchos colores y modos de diferentes calendarios y geografías, habrá un maestro o maestra que se dedicará a tratar de responder las preguntas o dudas que le hayan surgido en su convivencia.  Esto es porque pensamos que será bueno para usted el conocer qué dudas tuvo, por ejemplo, quien viene de otro país, de otro continente, de otra ciudad, de otra realidad.
Pero lo fundamental de la escuelita, lo aprenderá usted con su…
Votán.
A lo largo de varios meses, decenas de miles de familias zapatistas se han preparado para recibir a quienes vienen a la escuelita a comunidad.  Junto con ellos,  miles de mujeres y hombres, indígenas y zapatistas se han conformado en un Votán al mismo tiempo individual y colectivo.
Entonces debe usted saber cuál es el lugar de Votán en la escuelita.  Porque resulta que el Votán es, como quien dice, la columna vertebral de la escuelita.  Es el método, el plan de estudios, la maestra-maestro, la escuela, el aula, el pizarrón, el cuaderno, el lapicero, el escritorio con la manzana, el recreo, el examen, la graduación, la toga y el birrete.
Sobre lo que significa “Votán” (o “Uotán”, o “Wotán”, o “Botán”) se ha dicho y escrito mucho: por ejemplo, que la palabra no existe en lengua maya y que no es sino una palabra, mal escuchada y mal traducida, de “Ool Tá aan”, que sería algo como “El Corazón que Habla”; que se refiere al terremoto; o el rugido del jaguar; o el palpitar del corazón de la tierra; o el corazón del cielo; o el corazón del agua; o el corazón de la montaña; o todo eso y más.  Pero, como en casi todo lo que se refiere a los pueblos originarios, se trata de versiones sobre versiones de quienes han pretendido dominar (a veces con el conocimiento) estas tierras y a sus pobladores.  Así que, a menos que tenga usted interés en elucubrar sobre interpretaciones de interpretaciones (que terminan por ignorar a los creadores), aquí nos referimos al significado que las zapatistas, los zapatistas, le damos a “Votán”.  Y sería algo así como “guardián y corazón del pueblo”, o “guardián y corazón de la tierra”, o “guardián y corazón del mundo”.
Cada uno de los estudiantes de la escuelita tendrán un su Votán, un guardián o guardiana, no importa la edad, género o raza del alumn@.
Es decir, además de la familia con la que convivirán esos días, tendrán un tutor o tutora que es quien les va ayudar a entender qué es la libertad según nosotras las zapatistas, los zapatistas.
L@s Guardian@s son personas como el común de las personas.  Sólo que son personas que se rebelaron contra el poderoso que las explotaba, despreciaba, despojaba y reprimía, y pusieron la vida en ello.  Sin embargo, el Votán que somos no predica el culto a la muerte, a la gloria o al Poder, sino que camina por la vida en la lucha cotidiana por la libertad.
Su Votán personal, su Guardián(a) le contará nuestra historia, le explicara quiénes somos, dónde estamos, por qué luchamos, cómo lo hacemos, con quién queremos hacerlo.  Le platicará de nuestros logros y nuestros errores, estudiará junto con usted los libros de texto, le resolverá las dudas que pueda (si no puede, para eso está la reunión general), es quien le hablará en español (la familia con la que conviva le hablará en lengua materna todo el tiempo), le traducirá lo que dicen en la familia, y le traducirá a la familia lo que usted quiera decir o saber, caminará con usted, irá a la milpa o a la leña o al agua con usted, cocinará con usted, comerá con usted, cantará y bailará con usted, dormirá cerca suyo, lo acompañará cuando vaya al baño, le dirá qué bichos evitar, verá que tome su medicina, en resumen: le enseñará y cuidará.
A él le puede preguntar lo que quiera: que si somos un engendro de Salinas, que si el SupMarcos está muerto o bronceándose en las playas europeas, que si el SubMoy va a llegar, que si el mundo es redondo, que si cree en las elecciones, que si le va a Jaguares, etcétera, etcétera, etcétera.  A diferencia de otr@s maestr@s, el guardián o guardiana, si no sabe la respuesta, le dirá eso: “no sé”.
Su Votán será también su traductor simultáneo que no necesita baterías.  Porque acá, en lo posible, siempre le hablarán en lengua materna.  Sólo el guardián o guardiana puede hablarle en castilla.  Así usted calará lo que ocurre cuando un indígena trata de hablar en la lengua dominante.  La diferencia fundamental es que usted no será tratado acá con desprecio ni burla por no entender lo que se le dice o por pronunciar mal.  Habrá risas, sí, pero de simpatía por su esfuerzo en entender y darse a entender.  Y, ojo, su Votán no sólo le traducirá palabras, sino colores, sabores, sonidos, mundos enteros, es decir, una cultura.
En la reunión a la que asistirá junto a sus condiscípulos de zona, usted no podrá hacer una pregunta directa a la maestra o maestro, sino que deberá hacerla a su guardián(a), y él-ella la traducirá al maestro, quien responderá en lengua materna, y el guardián la traducirá para usted.  Claro que usted se quedará con la duda de si su pregunta fue bien traducida y si la respuesta que recibe es la que dio el maestro.  Pero, ¿no dicen que es justo que un indígena comparezca ante las instancias gubernamentales de justicia con un traductor de palabras?  ¿O acaso en los juzgados se traducen culturas?  Así entenderá usted que eso que llaman “igualdad jurídica” es uno más de los esperpentos de la justicia en nuestro mundo.  ¿Dónde está la igualdad jurídica si la traducción de palabras como “libertad”, “democracia”, “justicia” se hace con las mismas palabras de quienes quieren esclavizarnos, despojarnos, desaparecernos?  ¿Dónde la igualdad si la acusación, el juicio y la condena la hace un sistema jurídico, además de corrupto, impuesto con la lengua del Mandón?  ¿Dónde la justicia si el sistema que juzga está basado en la premisa del despojo cultural?
Por eso así la escuela.  Por eso así el Votán.  Porque…
Él somos.
Su Votán es un gran colectivo concentrado en una persona.  Él o ella no habla ni escucha como persona individual.  Cada Votán somos todas y todos los zapatistas.
Hace unas semanas, los Subcomandantes Moisés y Marcos entregamos el cargo de vocer@s del EZLN a miles de hombres y mujeres indígenas zapatistas para los días de la escuelita.  Durante esos días de agosto (y después en diciembre y enero próximos), por su voz hablará todo el EZLN, con su oído escuchará, y en su corazón palpitaremos el gran nosotr@s que somos.
Así que en estos días de la Escuelita, usted tendrá de maestro o maestra nada más y nada menos que a la máxima autoridad zapatista, al jefe / jefa suprema del Ejército Zapatista de Liberación Nacional: Votán.
Votán también se encargará de…
L@s Niñ@s.
Si el alumno o alumna es menor de edad (12 años o menos), una guardiana por cada niño y niña acompañará a la madre y/o padre todo el tiempo, le ayudará a cuidarl@, que no se enferme, que tome su medicina, que juegue, que aprenda, que esté content@.  Si ya sabe leer, estudiará junto con el niño o niña el libro de texto, le contará historias de cómo vivían los niños indígenas antes del alzamiento y cómo viven ahora, le contará historias terribles y maravillosas, cuentos, chistes, le cantará “la del moño colorado”.  Y si se porta mal, le dirá que no haga así, porque si no llegará el SupMarcos con su gran bolsa de galletas y no le va a dar ni una sola, manque sean de animalitos, y el gran Don Durito de La Lacandona no le contará de cuando peleó, él solo, contra 3.141592 dragones desdentados, ni la maravillosa historia de Lucezita y el Gato-Perro que, me dicen, deja muy atrás a IronmanBatmanLos VengadoresEl Hombre ArañaX-Man,Wolverine, y lo que vaya saliendo.
Todos los niños y niñas, con los familiares que los acompañan, serán ubicados en la zona más cercana a San Cristóbal de Las Casas, con las mejores condiciones que podemos ofrecer.  Se habilitarán lugares especiales para ell@s, junto con su madre/padre, para que no tengan mucho frío, ni se mojen si llueve.  Habrá también compas que le saben bien a la salud y primeros auxilios.  Y para cualquier emergencia, las 24 horas del día estarán disponibles 2 ambulancias y 2 vehículos para trasladar al infante a la ciudad si es que requiere un doctor, o irán por medicina si la necesita.  Si es necesario que la familia viaje de regreso a su geografía particular, tenemos un pequeño fondo económico para ayudarles con los boletos, o la gasolina, para el regreso si éste es necesario antes de que termine el período escolar.
En resumen: l@s niñ@s tendrán trato especial.  Pero ni ell@s ni los adultos se salvarán de…
La Evaluación.
Es la más difícil que se haya usted imaginado.  No constará de un examen, una tesis o una prueba de opción múltiple; ni habrá un jurado, o un grupo de sinodales con títulos universitarios.
La evaluación la hará su realidad, en su calendario y geografía, y su sinodal será… un espejo.
Ahí usted verá si puede responder la única pregunta del examen final: ¿Qué es la libertad según tú-ustedes?
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 Vale.  Salud y créame, lo digo con experiencia propia, lo que uno más aprende acá es a preguntar.  Y vale la pena.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

SupMarcos.
México, Julio del 2013.
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Escucha y ve los videos que acompañan este texto
Eduardo Galeano nos narra una anécdota de un maestro y sus alumn@s.
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La libertad es, por ejemplo, exigir la libertad para tod@s l@s pres@s Mapuche. La rola se llama “Cosas Simples”, del grupo chileno Weichafe (Guerrero).
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“Luna Zapatista”, de Orlando Rodríguez y Miguel Ogando, con “El Problema del Barrio”, dibujos de Juan Kalvellido. Edición de video: Orlando Fonseca.
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