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19 de agosto de 2018

Decadencia y crisis de la cultura.

Por: Nino Gallegos / Rebelión.

“Hay poca claridad de qué significa una política cultural nacional para México.”
 --Carlos Villaseñor Anaya.

Si hay que re-trazar culturalmente el territorio nacional desde los años 2000 al 2018, es y será en el país de las sombras espectrales, re-considerando los gobiernos de Fox Quesada, Calderón Hinojosa y Peña Nieto, entronizando y quedándose la guerra contra el narco-las drogas, generándose lo que actualmente son los muertos, los desaparecidos y los desplazados.

La subcultura del narco-las drogas, paralela a las culturas oficial y popular, ha sido el resultado del Estado fallido por el Estado-Narco, no dejando de haber expresiones socioestéticas como la música, la literatura, el teatro, la pintura, la danza y el cine tocadas y alteradas por la narco-cultura.

Nada, nadie y alguien para asustarse: el temor, el miedo, el terror y el horror llegaron puntual, violenta y criminalmente a las horas de las deshoras esperadas, inesperadas y desesperadas, del día a la noche, después de amanecer la oscurana madrugada, re-encontrándose en la calle a un joven estudiante normalista con el rostro desollado y las cuencas vacías, no mirando nada, nadie y alguien.
¿Qué pasó en los tres sexenios con el INBA y Conaculta-Secretaría de Cultura: vivir del presupuesto los funcionarios culturales y de las becas y los premios los creadores?

Nada, nadie y alguien para incomodarse en las zonas del confort institucional: El mainstream de la cultura es mercantil, “la moda imponiéndose al arte”, la cultura y el arte es el turismo cultural que nos representa.

La decadencia y la crisis de la cultura es funcional e institucional, irrumpiéndola lo disfuncional con la corrupción, la violencia y la criminalidad, siendo parte de la corrupción los puestos y los privilegios con los recursos culturales, de los funcionarios a los creadores.

Después del proyecto Vasconcelista, se llegó al Salinista con El Príncipe de O Paz, Fuentes, Monsiváis, Krauze y Camín, de Letras Libres a Nexos, los del Círculo de Poesía y la Fundación para las Letras Mexicanas.

Dándole seguimiento a la crítica socioestética de Blanca González Rosas y a la crítica de medios de información y comunicación Florence Toussaint, en la revista Proceso, de los años 2000-2018, desde luego hay más que criticar y lamentar de la decadencia y la crisis de la cultura.

Lo cierto es que la cultura, la del Prianismo, la oficial y la institucional que ha sido responsabilidad del Estado, así como el derecho a la cultura, están en el todo modo de la corrupción en la administración y difusión de los recursos presupuestales como paliativos contra la violencia y la criminalidad de la narco-cultura, emergiendo del profundo pozo negro a la superficialidad de una sociedad fragmentada y totalizada en el consumismo capitalista, sea de lujo, artístico y funeral con la ligereza, de lo sólido a lo líquido, de Bauman a Lipovetsky.

La modernidad en la transfiguración con la confusión de la memoria en la identidad y en la pertenencia, a qué altura –medianera- como bajura de los instintos y los complejos machistas y hembristas de los hombres y las mujeres en el poder político y económico de una clase política gobernante, zafia y frívola, desde sus fueros internos a los externos con alteradas funciones psicológicas por el poder mismo de ser ellos mismos -los representantes- de una democracia representativa que mediática y culturalmente son los pensamientos y las palabras, los actos y los hechos de lo que ahora hiere y mata cualquier tentativa viva de sernos y hacernos más a una cultura de la vida que a una cultura de la muerte.

De la cultura de la pobreza a la pobreza de la cultura, el poder de la cultura no debería ser y hacerse la cultura del poder, y si así va a suceder habría que poner atención en lo de la cultura política, a la mexicana, de la cual siempre se ha desprendido la sucedánea y la adocenada política cultural.
La cultura, en sus creaciones, expresiones y manifestaciones es lo que somos, intrínsecamente, de los antiguos a los modernos mexicanos, entrecruzados por la conquista y la colonia, el progreso y la modernidad.

Hasta aquí la historia, cuando se acumula algo interno y nos revienta en el pecho: Tlatelolco 68, en la plaza de Las Tres Culturas:

Para atrás y para adelante el pasado y el presente, porque alguien le abrió un boquete a una de las puertas en el laberinto de la soledad.

¿Existió alguna vez el país de las doradas manzanas al sol?, porque lo que está sucediendo en el país de las sombras espectrales, entre la Media Luna, Comala y Ayotzinapa con los muertos, los desaparecidos y los desplazados de esta tierra y a ras(tras) de los caminos, las calles y los pueblos, no es de otro mundo, tal vez sí o quizás no, del mundo de arriba, del cielo en medio y de la tierra abajo: en la gente y en los demás, en los otros y en nosotros.

El progreso de la corrupción y la impunidad.

La modernidad en la confusión de la identidad y la pertenencia, donde casi todo es para todos adquirible, usable, consumible y desechable en el totalitarismo-consumista, evidenciándose que la pobreza de la cultura (oficial) está por encima de la cultura de la pobreza (popular), y que en la segmentación sociocultural opera un intercambio, vertical, expansionista y consumista con el poder de la cultura en la cultura del poder, a todo modo con la economía, el mercado y el mainstream nacional, internacional y global: En el capitalismo de lujo, artístico y funeral.

Por lo anterior, a la cultura, hay que bajarla a ras de tierra, a sus raíces, tallos, ramas y hojas, que florezca y que dé frutos verdes y maduros, en tiempos de secas y en tiempos de agua, de la siembra a la cosecha, continua y sin parar, con las puertas abiertas al sol, a la luna y a las estrellas.

La cultura no es nada más de espacios, también, de atmósferas, más de afuera que de adentro, aérea y alada, terrenal y telúrica, solar y lunar, a cielo abierto con la estrellas: más cosmogónica y menos cosmo(a)gónica:

Lo que ilumina, dimana con la luz clara como el agua, estática, estética y extática; de lo ancestral natural a la moderno social.

Sin reparos.

Sin distingos.

Sin aspavientos.

Tejerla.

Urdirla.

Tramarla.

De la nervadura a lo artesanal de lo orgánico en lo rural, ejidal y comunal como en lo urbano, periférico y céntrico:

Más horizontal que vertical.

Sí, todas las redes, las rurales y las urbanas, las del campo en la cosecha y las del mar en la pesca, navegando en el campo y arando en el océano, las humanas y las sociales, las de las bibliotecas y las de los lectores, las análogas y las digitales, las de las manos y las de los dedos para el enjambre de la creación, la investigación y la difusión:

Un enjambre humano y una regeneración nacional para la animación sociocultural.

De entre “las bellas artes” y “las expresiones de élite”, han prevalecido “las culturales
populares” que con el Ya Basta indígena-campesino-zapatista re-tomaron su existencia y su dignidad en lo que aún es el México profundo en el país de las doradas manzanas al sol al país de las sombras espectrales: un territorio había regresado (de y a sus) orígenes antroposocioculturales: La Realidad de Los Caracoles.

Nunca había dejado de ser y hacerse la comunidad más allá de la periferia y la marginalidad de las colonias populares en la ciudad y en el campo: lo original y lo auténtico de lo rural como existencia y subsistencia.

La cosmogonía de los pensamientos y las palabras, los actos y los hechos, no en el mundo de arriba, y sí en el cielo de en medio y en la tierra de abajo.

Re-generar las culturas populares y re-estructurar las bellas artes con las expresiones de élite es ante todo y para tod@s unas necesidades existenciales, vitales, orgánicas, materiales, inmateriales, tangibles, intangibles, sociales, estéticas y culturales: nada, nadie y alguien fuera de lo que somos nosotros y los otros, los demás y la gente.

Las entrevistas a Carlos Villaseñor Anaya y Alejandra Frausto Guerrero en la revista Proceso 2162/2165, denotan y connotan las limitaciones y las necesidades (de y para) una política cultural, territorial y nacional.

Entonces, si se tiene lo que existe en las culturas populares, las bellas artes y las expresiones de élite, por qué no horizontalizar más con la re-generación popular y verticalizar menos con la simulación institucional, dejándose de los ismos como el provincianismo, el nacionalismo, el populismo, el cosmopolitismo, el multiculturalismo, el muralismo de tabla roca y el puritanismo de las mujeres y los hombres de La Veladora Perpetua-#MeToo, el capitalismo de lujo, artístico y funeral.

Ir-in tras la innovación tecnológica y la moda con las culturas populares, las bellas artes y las expresiones de élite, es y será vaciar lo de adentro de lo orgánico con lo de afuera artificial, más rigor en la cantidad comercial y más valor estético en la calidad.

La creación y la re-generación no son un revisionismo crítico oficialista e institucional, y menos un populismo-realista-socialista.

Lo que debe ser el hacer y el quehacer de una época son las necesidades, las individualidades, las colectividades y las comunidades en un contexto-un reflejo en que el poeta pinta con las palabras del pintor:

El poeta y el pintor proyectando sombras en el agua
mientras el sol juega con la infantería a su regreso del mar. 
--Ian Anderson-Jethro Tull. Thick As A Brick.

29 de octubre de 2016

El narcotráfico mexicano cuenta con policías entrenados en Irak con financiamiento de EEUU.

Otro norte es posible
Foros de reflexión en NY por el décimo aniversario del asesinato de Brad Will.

El narcotráfico mexicano cuenta con policías entrenados en Irak con financiamiento de EEUU
Por Malú Huacuja del Toro.
  • “¿Desde el norte con amor?” Más bien parece odio hacia el pueblo de México.
  • Entre los “regalitos” del Plan Mérida diseñado por Bush se incluye el entrenamiento de oficiales en Irak que después desertan y se meten al narcotráfico

“Brad Will era un poeta y músico de folk. Era divertido y formaba parte del grupo de Poesía de St Marks”, dice el artista Mark Reade acerca de quien fuera su amigo y compañero de lucha, el periodista Bradley Roland Will, en el décimo aniversario de su asesinato ocurrido en Oaxaca mientras estaba videograbando y reporteando la insurrección de la APPO. En uno de los varios eventos que se realizaron en Nueva York esta semana en honor del visionario Brad Will (fundador de la página de IndyMedia, precursor de los blogs y medios alternativos tal como los conocemos, en tiempos en que no estaba popularizado el uso de teléfonos con cámaras digitales), el nutrido público en la Universidad de Nueva York (NYU) aguanta la respiración cuando Reade muestra la fotografía del pistolero paramilitar que asesinó a Brad Will, quien grabó su propia muerte. Hay más estremecimientos cuando explica que el hombre que disparó no ha sido castigado.

Brad Will en Oaxaca
     Precisamente de impunidad se habló en este coloquio con la participación de Italia Méndez, sobreviviente de la tortura sexual de la policía federal en Atenco en 2006, y Laura Carlsen, quien en mi opinión es la periodista y analista norteamericana más informada que hay reporteando en nuestro país sobre las consecuencias de la impunidad del narcogobierno mexicano y las formas de complicidad militar y de inteligencia del gobierno de Estados Unidos en el crimen organizado. “No es una cuestión de unas manzanas podridas en un árbol sano”, explicó la periodista a los universitarios estadounidenses. “¿A quién apelar cuando se sabe que de hecho hay gente que ha ido a las oficinas en busca de sus desaparecidos o a reportar una violación a los derechos humanos y se encuentran cara a cara con individuos que saben que han estado trabajando en el crimen organizado y que efectivamente fueron responsables del crimen que están denunciando? Esto pone al pueblo en una situación extremadamente peligrosa”.

Laura Carlsen e Italia Méndez en la Universidad de Nueva York 
     Tras hacer el apabullante recuento de las masacres y asesinatos impunemente acometidos por el Estado mexicano en las dos últimas décadas, la periodista preguntó: “¿Y cuál es el papel de Estados Unidos en esto? Es tan importante que justo en este preciso momento, este mes, hay por lo menos cuatro caravanas comunitarias de víctimas recorriendo los Estados Unidos para hablar de estas impunidades”.

     Carlsen explicó que se está desarrollando un “gran esfuerzo financiero” autónomo de las comunidades mexicanas en la Unión Americana para traer a las víctimas a difundir su historia, y que “esto sucede por una razón; la razón es que Estados Unidos tiene una responsabilidad enorme en toda la impunidad y los continuos crímenes contra la sociedad de México. El pueblo de México, las organizaciones de las víctimas, han reconocido esto y por eso están poniéndose en contacto con ustedes, están buscando hablar con la gente de las poblaciones de todo Estados Unidos para trata de crear una causa común, pues saben que el gobierno de Estados Unidos es quien tiene la última palabra en tantos niveles distintos para el gobierno de México y es tal la dependencia económica y militar, que siempre que el gobierno mexicano cuente con nuestro apoyo incondicional para implantar estas políticas de represión sin que el pueblo norteamericano proteste, va a ser muy, pero muy difícil para la gente de México quebrar al tirano.  Lo que en cambio va a pasar es lo que ya estamos viendo, que la respuesta represiva del gobierno de México contra los gobiernos populares en defensa de sus derechos y sus recursos va a ser cada vez peor”.

     Al referirse a la forma como Estados Unidos apoya concretamente las políticas de represión y la impunidad en México, Carlsen indicó que el principal vehículo para hacer esto es la Iniciativa Mérida. “El Plan Mérida comenzó en 2007 fue diseñado por George Bush y ha pasado por una serie de evoluciones —informó—. Y hay un punto al respecto que yo en particular quiero abordar, porque hay muchas ONGs y congresistas norteamericanos a los que puedes ir a preguntarles sobre el Plan Mérida y te responden que no, que no es lo que era, que está mucho mejor ahora, que la primera parte era más suministro de equipo militar pero que ahora de lo que se trata es de dar entrenamiento militar y jurídico”.

     Sin embargo, la periodista insiste: “Tenemos que preguntarnos: ¿es verdaderamente cierto que el Plan Mérida se ha vuelto más benigno? Y la respuesta es no. En primer lugar sabemos que no, porque miramos sus orígenes y sus principios. Cuando George Bush diseñó la iniciativa tenía tres partes: contranarcóticos, contraterrorismo y seguridad fronteriza. La parte contranarcóticos es lo que conocemos como ‘guerra contra las drogas’. No hay un consenso general de que un modelo represor para tratar los problemas de drogadicción funcione. Hay un movimiento en cuatro o cinco estados votando por la legalización de la marihuana, así que ha fallado completamente. Y hay muchos análisis que demuestran que la guerra contra las drogas nunca fue una guerra contra las drogas: fue una guerra contra la gente. Fue siempre un mecanismo de control social”.

     La analista añade que, en lo que se refiere a exportación de la guerra contra las drogas, el fracaso del caso de México es “especialmente obvio”, ya que sus objetivos eran “reducir el flujo de substancias prohibidas a los Estados Unidos y desmantelar los cárteles de drogas”, pero en cambio, lo que sucedió fue “la militarización masiva de México y la represión de movimientos sociales, con enormes violaciones a los derechos humanos”. En el caso de los cárteles, “cuando arrestas a un líder de un cártel de drogas en cualquier parte del país, lo que pasa bajo esta estrategia es que hay inmediatamente una guerra por la sucesión, puede ser interna, de quién sigue en el poder en ese mismo cartel, o bien la misma mafia se puede romper en varias fracciones, o bien externa, porque otro cártel puede intervenir e iniciar una guerra territorial, ya sea por el tráfico o por la producción de droga. El número básico de homicidios por la guerra contra las drogas se incrementó de un promedio de 2 mil a 12 mil al año en sólo dos años tan pronto se inició la guerra contra las drogas”.

     “Después de la primera parte de financiamiento militar —prosiguió—, el Plan Mérida avanza hacia lo que llaman reforma jurídica y policíaca. Tenemos que preguntarnos: ¿qué estamos nosotros [el gobierno de Estados Unidos] realmente haciendo ahí? Es ilegal en México que el Ejército Mexicano transite sin órdenes las calles y campos. Eso está establecido en su Constitución. Pero entonces, en lugar de eso, tenemos una enorme cantidad de agentes de la DEA, del FBI y de la CIA. El gobierno de Estados Unidos jamás había tenido este nivel de penetración en México. Eso significa que la estrategia incorpora los orígenes del Plan Mérida, que eran empujar las fronteras fuera de los Estados Unidos; anexar a México dentro del aparato de seguridad de Estados Unidos. Es la estrategia que comenzó con el TLC y que fue después intensificada tras los ataques a las Torres Gemelas. Básicamente, es lo mismo que el gobierno de Estados Unidos decidió con la doctrina Bush, una teoría que sostiene que si controlamos al mundo estaremos más seguros. Con el TLC, México y Canadá iban a ser parte de eso. Con el Plan Mérida, esta penetración la vemos a través de la presencia de las mencionadas agencias de espionaje y antinarcóticos estadounidenses, similar a la Ley Patriótica que ocurre en Estados Unidos, si no es que peor, pues implica una gran expansión de cooperación militar que incluye llevar a oficiales militares de México a Irak y crear una fuerza especial de comando en Colorado Spring. Esto significa que están de hecho aplicándole a México las mismas tácticas de la ocupación territorial que se desarrollaron para Irak, bajo el pretexto de la guerra contra las drogas.

     “También significa que están haciendo entrenamiento policíaco y jurídico. ¿Con qué autoridad moral está Estados Unidos aplicando este entrenamiento, ahora que enfrenta una crisis de brutalidad policíaca y discriminación en sus fuerzas policíacas? Ésa es una pregunta. La otra es que en México el nivel de corrupción es tan estructural, tan sistémico, que cuando los programas se aplican al entrenamiento de oficiales de policía y de las fuerzas armadas, inmediatamente después  hay un alto índice de deserción. Esto significa que la mayor parte del entrenamiento proveniente de los Estados Unidos pasa al crimen organizado. En muchos lados, ni siquiera hay una línea divisoria entre las fuerzas policíacas que deben ser entrenadas por Estados Unidos y el propio narcotráfico.

     “En términos del equipo suministrado en sí también hay una gran variedad de armas que pasan a manos del narcotráfico. Pero esto no parece ser una gran preocupación para los Estados Unidos. Y hay una simple razón por la que no es una gran preocupación. Es fácil preguntarnos: si después de diez años sabemos que con esta estrategia la violencia es diez veces mayor y que los cárteles no fueron desmantelados, sino que están más fuertes que nunca, por qué continuamos con esta política?

     “Quizás tenemos que revisar hacia dónde se están yendo esos contratos. Estos contratos militares no se están destinando a México, pues hay de hecho una regla que estipula que nada de dinero puede ser enviado a México. Eso quiere decir que ese dinero se está gastando en los Estados Unidos, para las empresas y las agencias que están haciendo el dinero en México. Eso significa que 3 mil millones de dólares del Plan Mérida van a los bolsillos de helicópteros, aviones, y no sabemos realmente qué más porque no nos dan ninguna información. Estos cabilderos de la industria del armamento son muy poderosos en el Congreso. Ellos van a ver a sus diputados todos los días o cada semana, para decirles: ‘Queremos que continúe la guerra contra las drogas’. No solamente ellos sino la industria de las prisiones. Acabamos de saber que hubo una reunión recientemente para hablar de la construcción de campamentos de detención en la frontera sur de México [contra Guatemala]”.

     “Con las instituciones completamente destartaladas —concluyó la periodista norteamericana aliada del pueblo mexicano— la gente se organiza de manera autónoma, a nivel horizontal. Eso es lo que está creando un nuevo futuro, que tiene que construirse de abajo hacia arriba. Pero nos necesitan. Ellos nos necesitan aquí en los Estados Unidos. Necesitan que impidamos el financiamiento de los gobiernos que generan todos estos crímenes, porque no solamente les estamos dando a los gobiernos recursos sino que les estamos dando el mensaje político todos y cada día de que no importa lo que hagan, el país más poderoso del mundo siempre estará con ellos, y que no importa cuánta impunidad haya entre ellos, no importa cuántos asesinatos de inocentes, no importa cuántos ataques a ciudadanos mexicanos, siempre y cuando ellos sean gobierno nosotros estaremos con ellos y miraremos para otro lado disimuladamente cuando estas cosas ocurran. Siempre y cuando enviemos ese mensaje, va a ser muy difícil para el pueblo de México abrirse camino y encontrar justicia”.

Antonio Tizapa, padre de normalista desaparecido.
En este foro tuve el honor de leer una carta en representación del señor Antonio Tizapa, padre del normalista de Ayotzinapa desaparecido Jorge Antonio Tizapa Legideño, quien les aseguró a los estudiantes “que si la policía los desapareciera, sus padres harían todo lo posible hasta encontrarlos” como él está haciendo. Escuchamos asimismo las palabras de Italia Méndez, quien explicó que el aparato represor gubernamental “está usando los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes aterradores a la población”.


2 de agosto de 2013

Reconstruir el sentido común disidente.

Por: Veronica Gago/Página 12.
 
Raquel Gutiérrez Aguilar nació en México. Estudió filosofía y matemáticas y se comprometió con la lucha de los salvadoreños del FMLN en el exilio. Luego, en la década del ’80, se fue a Bolivia. Allí estuvo entre los miembros fundadores del EGTK (Ejército Guerrillero Tupak Katari) junto a su entonces compañero y hoy vicepresidente, Alvaro García Linera. Tras acompañar las insurgencias de las comunidades aymaras y quechuas, pasó varios años en la cárcel, durante la década del ‘90. Luego, integró el grupo Comuna. Volvió a México ya avanzado este siglo y se dedicó a escribir su tesis de doctorado sobre la experiencia de la guerra del agua en Bolivia, que la tuvo también como activista. Como investigadora en la Universidad de Puebla y en la UNAM, estudió y documentó con especial atención los procesos de asambleas constituyentes del continente, comparando los casos de Ecuador y Bolivia. De visita en Buenos Aires, dio una conferencia en el programa Lectura Mundi de la Unsam titulada: “Hacia una política de lo común: repensar el cambio social en América latina” y estuvo en la Casona de Flores convocada por la pregunta “¿Qué pueden los movimientos sociales contra el narco? Intuiciones desde el presente mexicano”. Aquí un diálogo sobre su preocupación principal: cómo construir un sentido común disidente.

¿Cómo pensar la situación actual en América latina? Hay sectores que plantean un fin de ciclo de los llamados gobiernos progresistas.
No estoy muy segura de que la expresión “fin de ciclo” pueda aplicarse a los gobiernos progresistas en América latina... Hay algunos desfases en los procesos que siguen, por ejemplo, Bolivia y Ecuador con respecto a Venezuela, sobre todo tras la muerte de Chávez.   Sin embargo, más que un “fin de ciclo” creo que estamos presenciando la consolidación política de un ciclo que comenzó después de los procesos constituyentes, tanto en Bolivia como en Ecuador. Creo que lo que presenciamos es más bien la consolidación creciente del monopolio de las prerrogativas sobre las decisiones políticas más importantes, en manos de pequeños conjuntos de funcionarios políticos.  Este “taponamiento” –por expresarlo de alguna manera– de las otras miradas y caminos políticos que se abrieron hace años es lo que, en mi perspectiva, ha llegado a un punto de saturación extraordinaria.

¿En qué se expresa esa saturación?

Hay, creo, en Bolivia y Ecuador un momento fuerte de consolidación estatal y de creciente tutelaje de las iniciativas populares e indígenas, que tienen que ceñirse cada vez más a lo que es decidido por otro. Eso es lo que miro: reiteración de formas liberales de lo político afianzadas en la expropiación de la capacidad social de intervenir en los asuntos públicos que le incumben.

¿Hay reconfiguraciones del Estado que pueden llamarse posneoliberales?

Creo que el momento actual no es igual al momento liberal de la política y de lo político que asoló América Latina durante los ‘90. Eso es fácilmente contrastable viviendo, como lo hago ahora, en México, donde todavía está presente y vigente en la discusión política oficial el ideario (neo)liberal de reforma estructural que limita la intervención estatal, agrede lo que suele llamarse “conquistas sociales” e impulsa el predominio de los intereses empresariales monopólicos mediante la coartada del predominio del mercado. Eso, creo yo, ya no ocurre, ya no se escucha en los países donde hubo movilizaciones vigorosas y enérgicas durante la década pasada, que atravesaron procesos constituyentes y que tienen gobiernos progresistas.

Tras esas movilizaciones y los cambios a nivel del Estado, ¿se arma un nuevo tipo de conflictividad?
Lo que es tremendo es que en los países donde la movilización social fue fuerte sigue vigente el predomino pleno de los intereses del capital transnacional más poderoso, que ahora parece haber “capturado” también a las formas estatales reconstruidas tras la sacudida de la década pasada. Esto es lo que una encuentra cuando busca entender lo que pasa desde la similitud de los conflictos que se despliegan en países, como México, cada vez más liberalizados y formalmente “democráticos”; o como en Ecuador o Bolivia, donde los pueblos indígenas una y otra vez tienen que defender sus territorios y sus vidas amenazados de nuevos afanes de saqueo y luchar contra la imposición totalmente inconsulta de políticas que, en el Sur, supuestamente se impulsan “por el bien” de esos mismos pueblos que se defienden. Está en cuestión lo que despuntó en los tiempos agitados y rebeldes nuevamente como un horizonte de lo común, que dislocó fuertemente los términos del discurso político liberal moderno.–

¿Qué significa el horizonte de lo común como política?

Desde mi punto de vista, lo que hace algunos años se vislumbró como posibilidad política fue una especie de disposición colectiva sintonizada no exenta de tensiones internas para reapropiarse tanto de riqueza material como de capacidades políticas anteriormente expropiadas. Esta clave de lectura te permite entender las recurrentes luchas que buscaron tanto establecer límites a la acción expropiadora-privatizadora del capital más poderoso, como los esfuerzos por establecer nuevos términos de control social de la riqueza recuperada –fueran aguas, bosques o hidrocarburos–; a partir de este conjunto de acciones de lucha, las sociedades paulatinamente recuperaron y reconstruyeron capacidades políticas en el sentido más amplio: posibilidades de gestionar colectivamente lo que a todos incumbe porque a todos afecta. Eso tendencialmente erosionó y amenazó con disolver ciertos términos modernos de comprensión de lo político, como la distinción privado/público. Y la amenaza de disolución de esta añeja distinción, que funda una gran parte de nuestra comprensión de lo político pues los momentos de la lucha también fueron tiempos enérgicos de producción y reproducción de lo común. Lo común no es una categoría clasificatoria que aluda a la propiedad sino que es una idea-fuerza central de la reorganización de la convivencia social.

¿Supone una nueva forma de cooperación y de autoridad? ¿Cuál es su diferencia con lo público?

Lo común es aquello que se produce colectivamente y cuyo control y decisión no se delega en otras mediaciones políticas que no sean los mismos que lo producen. Lo común es una manera de nombrar eso “público no-estatal”. El horizonte de lo común es, ante todo, una perspectiva de lucha que se lanza a reapropiarse y recuperar directa y colectivamente lo que ha sido arrebatado de las manos de las colectividades. En tal sentido, lo común no es algo meramente heredado sino que, ante todo, es producción reiterada de sentido y de vínculo para dotarse colectivamente de capacidades de intervención en asuntos generales.

¿Cómo se puede leer la violencia actual en México? ¿Cómo juega la cuestión del narcotráfico respecto de los movimientos sociales?

Este es un asunto abrumador... Te presento un par de claves de interpretación: más allá de la llamada “transición democrática”, en México sigue plenamente vigente una forma de lo político que se sostiene en un patrimonialismo descarnado. México es el país de los monopolios y de su defensa por todos los medios. En ese contexto, la guerra contra las drogas –impulsada por Estados Unidos y que en México fue desatada, sobre todo, durante el segundo gobierno del conservador Partido Acción Nacional (PAN) de Calderón– obligó a una redefinición de los términos de uno de los negocios más rentables que existen en México: el de la producción y trasiego de sustancias controladas. Esto ha desatado una auténtica guerra en varios frentes y con muchos actores, cuya posible identificación no siempre es clara. Así, se ha generalizado una confrontación en la que se distinguen dos niveles: por un lado, la violenta pugna entre mafias que ejercen control territorial como garantía de la permanencia de sus negocios y, por otro, una soterrada guerra contra los pueblos y la población civil, a la que se pretende obligar a obedecer a balazos y sumando asesinatos. Todo esto es no sólo muy confuso sino altamente peligroso. Y lo peor de todo es que esta auténtica disolución de la autoridad estatal –en muchos lugares de la República– está cubierta con un velo de opacidad casi total, pues la información difícilmente circula. Lo que es cierto es la proliferación de una infinidad de luchas locales autodefensivas de múltiples comunidades, localidades, pueblos y regiones. En estas luchas hay esperanza de reconstrucción de las ruinas en las que habitamos.

Ante esta situación, ¿cuáles son los desafíos para las militancias?

Este es un tiempo para las palabras y las conversaciones. Necesitamos reconstruir el sentido común disidente y de lucha, pues casi todo lo que alcanzamos a aclarar en la anterior ola de movilizaciones y levantamientos ha sido “recodificado” en términos estatales; primero ocurrió una “captura” semántica de nuestras palabras, que ya no designaban con claridad aquello a lo que nosotros aludíamos en los tiempos de mayor crisis política; a esto le sigue una “captura” política y luego, “organizativa”, de los contenidos políticos más filosos de nuestras luchas. Por eso conviene volver a centrar la discusión no tanto en lo que actualmente hacen los Estados y los distintos gobiernos, sino en lo que han sido nuestros aprendizajes.

¿Sirve el concepto de dignidad, que en su momento lanzaron los zapatistas, para pensar las luchas actuales?

La dignidad, para mí, es siempre el punto de partida de la autonomía política y moral; así como de las fisuras que se les imprimen a las jaulas del miedo y la desconfianza. Podría decirse, siendo formales, que la dignidad siempre es necesaria, aunque puede no ser suficiente en el despliegue de las luchas por la transformación social y política. El ¿qué más es necesario? constituye, creo, el corazón del debate político militante contemporáneo.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-222975-2013-06-25.html

30 de diciembre de 2012

¿NO LOS CONOCEMOS?


EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
29 de Diciembre del 2012.
A quien corresponda allá arriba:
Creen que están en el bando ganador…
así que, además de traidores, son idiotas.
Tyrion Lannister en Canción de Hielo y Fuego. Tomo II:
“Choque de Reyes”. George R.R. Martin.
” —Un lector vive mil vidas antes de morir —dijo Jojen—.
Aquel que nunca lee vive sólo una”

Jojen Reed en Canción de Hielo y Fuego. Tomo V: “Danza de
Dragones”. George R.R. Martin. (Jojen Reed aparecerá en la tercera
temporada de la serie de HBO “Games of Thrones”. El
personaje será interpretado por Thomas Brodie-Sangster. Nota
aportada por Marquitos Spoil).
—Si alguien se dibuja una diana en el pecho
—dijo Tyrion después de sentarse y beber un sorbo de vino—
tiene que ser consciente de que tarde o temprano le van a lanzar flechas.
—A todos nos hace falta que se burlen de nosotros de cuando en cuando,
Lord Mormont —replicó Tyrion encogiéndose de hombros—.
De lo contrario, empezamos a tomarnos demasiado en serio.

Tyrion Lannister con los mandos de la Guardia de la Noche. En “Canción
de Hielo y Fuego”, Tomo I: “Juego de Tronos”.
“Que se acaben los guapos / más vale feo pero sabroso / que ser guapo y baboso”
Botellita de Jerez.
¿Damas y caballeros?
Cuando vimos la nota pensamos que era una inocentada de 28 de diciembre, pero vimos que está fechada el 24 del mismo mes.
¿Así que no los conocemos? Mmh… mmh… veamos:
Enrique Peña Nieto. ¿No nació en Atlacomulco, Estado de México? ¿No es el pariente de Alfredo Del Mazo y Arturo “manos largas” Montiel?
¿No es quien dictaminó, coludido con el gobierno municipal perredista de Texcoco, el desalojo de los floristas y la aprehensión del dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, Ignacio del Valle, en mayo del 2006?
¿No es quien lanzó a su perro de presa y delincuente, Wilfrido Robledo Madrid, para atacar el poblado de San Salvador Atenco y ordenó a sus policías la agresión sexual contra mujeres? ¿No es el asesino intelectual de Javier Cortés y Alexis Benhumea? ¿No fue la Suprema Corte de Justicia de la Nación la que dictaminó que los 3 niveles de gobierno (ojo: gobierno federal: PAN; gobierno estatal: PRI; gobierno municipal: PRD) sí incurrieron en violaciones graves a las garantías individuales de la población?
¿No es quien hizo un trágico ridículo con el caso de la niña Paulette, más conocido como “el caso del colchón asesino”?
¿No es quien se jactó de la violencia policíaca en San Salvador Atenco y con su actitud soberbia, olvidando que estaba frente a jóvenes críticos y no en un set de televisión, desde su puesto de mando ubicado en el baño de la Ibero, ordenó calumniar a los inconformes y detonó así el movimiento juvenil-estudiantil después conocido como #yosoy132?
¿No es quien, como primer acto de gobierno, y ahora coludido con el gobierno perredista del DF, ordenó la represión contra las manifestaciones del 1 de diciembre de este año y que derivó en la detención, tortura y encarcelación de inocentes?
¿No es quien no ha leído bien ni el teleprompter que le acompaña aún antes del golpe de Estado mediático del 1 de julio del 2012?
¿No es quien ahora quiere esconderse detrás de las faldas de la supuesta parentela del reiterado difunto, como si de una telenovela chafa se tratara?
Oigan, y ya que estamos entrados en telenovelas, ¿cuál va a ser la moda sexenal? Digo, con Echeverría fueron las guayaberas; con López Portillo, las aguas frescas; con De la Madrid, el gris rata; con Salinas de Gortari, el prozac; con Zedillo, los chistes malos; con Fox, las ocurrencias; con Calderón, la sangre… ¿y con Peña Nieto? ¿”Amores verdaderos”? Voiiiiii… ya de plano.
Bueno, perdón, sigamos con nuestro desconocimiento:
Emilio Chuayffet Chemor. ¿No fue jefe de Enrique Peña Nieto y su “maestro”? ¿No fue Secretario de Gobernación con Ernesto Zedillo? ¿No es el borrachín que, en 1996, dijo a la Cocopa que el gobierno federal aceptaba su iniciativa de ley y en la cruda se retractó? ¿No fue uno de los responsables intelectuales de la masacre de Acteal en diciembre de 1997? ¿No fue el que quiso imponer la moda de los “copetitos coquetos” entre los priístas y el único que le secundó fue su entonces pupilo Enrique Peña Nieto?
Pedro Joaquín Coldwell. ¿No era comisionado gubernamental para la paz en Chiapas cuando ocurrió la masacre de Acteal y se quedó callado y siguió cobrando por no hacer nada?
Rosario Robles Berlanga. ¿No fue jefa de gobierno del DF por el PRD? ¿No se jactó de la represión que su policía emprendió varias veces contra los jóvenes estudiantes de la UNAM, en la huelga de 1999-2000? ¿No fue quien, presidiendo el PRD, vendió en todos los sentidos a su partido? ¿No es ahora la encargada de pelearle a l@s Bejarano el corporativismo en el DF y en toda la república?
Alfonso Navarrete Prida. ¿No fue quien encubrió primero el ajuste de cuentas del crimen organizado que derivó en el asesinato de Enrique Salinas de Gortari (psss, se llevan pesadito entre ustedes ¿eh?) y luego exoneró a Arturo “manos largas” Montiel?
Miguel Ángel Osorio Chong. ¿No fue acusado de desviar fondos gubernamentales al PRI? ¿No se le abrió en la PGR la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDORPIFAM/185/2010 por vínculos con la organización delictiva “Los Zetas”? (Ah, ¿cambio de estrategia en el combate al narcotráfico?)
(Ups, estoy viendo ahora que uno de los hermanos de la subsecretaria de Migración, Población y Asuntos Religiosos, de la Secretaría de Gobernación a cargo del señor Osorio Chong, no tiene una sino varias averiguaciones previas -varias de ellas con el sello de “cancelada por deceso del indiciado”, luego otro sello de “siempre no está muerto”, y luego otro de “pues resulta que sí está bien morido”, y así… mmh… 18 veces. El último sello de “tras que ahí anda el condenado” es del 21 de diciembre del 2012, y una nota escrita a mano que dice “pendiente activación, esperar indicaciones de CSG.”… mmh… ¿que querrán decir esas iniciales? ¿también le cambiaron el nombre a la PGR? En fin, avísenle al tampiqueño ¿no?).
Claro, me dirán ustedes que no estas personas mandan, que en realidad es Carlos Salinas de Gortari quien le dicta a Enrique Peña Nieto lo que debe de hacerse (¡ah!, ¿qué sería de este país si no se hubiera inventado el teleprompter?).
Ok, ok, ok. Carlos Salinas de Gortari. ¿No es quien saqueó como ningún otro las riquezas nacionales durante su mandato? (sí, ya sé que todos son unos ladrones, pero digamos que hay amateurs y profesionales). ¿No es quien devastó el campo mexicano con sus reformas al artículo 27 constitucional? ¿No es a quien le amargamos el brindis de año nuevo en la madrugada de 1994? ¿No es quien vio destrozados sus sueños dictatoriales por unos rifles de madera? ¿No es quien mandó asesinar a Luis Donaldo Colosio Murrieta? ¿No es quien hizo el ridículo con su huelga de hambre en 1995? ¿No es quien, el pasado 21 de diciembre, preguntaba frenético por el teléfono rojo: “¿qué dicen?, ¿qué dicen?” y quien sintió un escalofrío en su espalda cuando le respondieron: “nada, están en absoluto silencio”?
Tod@s ustedes, ¿no son quienes siempre han optado por la violencia por encima del diálogo?
¿No quienes siempre recurren a la fuerza cuando no tienen la razón?
¿No quienes han hecho escuela de corrupción y ruindad en todos los partidos políticos?
¿No son quienes se han negado a cumplir los Acuerdos de San Andrés que significarían el reconocimiento constitucional de los derechos y la cultura indígenas, y acabarían con los despojos disfrazados de mineras, acueductos, presas, balnearios, carreteras, fraccionamientos?
¿No son ustedes quienes, junto con sus compañer@s de la clase política, se parecen a esos asesores de seguridad que, en lo grandes edificios, tratan de convencer a los inquilinos de los pisos medios, altos y el penthouse, de que no corren peligro mientras dinamitan los pisos de abajo, la planta baja y el sótano? Por cierto, ¿hay quien les cree?
Ustedes, que tantas veces me han matado, declarado muerto, extinto, difunto, finado, cadáver, desaparecido, derrotado, vencido, rendido, comprado, aniquilado, ¿piensan que alguien les va a creer cuando sea verdad que, como en el amor, en cuerpo y alma me entregue a la muerte y sea sólo un poco más de tierra en la tierra?
Si han respondido “no” a cualquiera de las preguntas, entonces tienen razón: no los conocemos.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Diciembre del 2012.
P.D. QUE REITERA.- Ya sé que ya lo saben, pero conviene que lo recuerden: no les tenemos miedo. Ah, y no somos los únicos.
P.D. QUE, GENEROSA, OFRECE A LOS MALOS GOBIERNOS UN MANUAL DE 10 PASOS (ojo: de fácil lectura, no espantarse), PARA IDENTIFICAR A UN ZAPATISTA Y SABER SI PUEDE DECIR O NO QUE “SE TIENEN CONTACTOS CON EL EZLN”:
1.- Si pide dinero o proyectos a cualquiera de los 3 niveles de gobierno, NO ES ZAPATISTA.
2.- Si establece un canal de comunicación directo sin anunciarlo antes públicamente, NO ES ZAPATISTA.
3.- Si pide hablar o habla directamente con cualquiera de los 3 niveles de gobierno sin anunciarlo antes públicamente, NO ES ZAPATISTA.
4.- Si quiere un cargo, nombramiento, homenajes, premios, etc., NO ES ZAPATISTA.
5.- Si tiene miedo, NO ES ZAPATISTA.
6.- Si se vende, rinde o claudica, NO ES ZAPATISTA.
7.- Si se toma muy en serio a sí mismo, NO ES ZAPATISTA.
8.- Si no provoca escalofríos al verlo, NO ES ZAPATISTA,
9.- Si no da la sensación de que dice más con lo que calla, NO ES ZAPATISTA.
10.- Si es un fantasma de los que se desvanecen, NO ES ZAPATISTA.
P.D. QUE SE DISCULPA.- Oh, yo sé que esperaban algo más serio y formal. Pero, ¿no es el estilo y tono de esta misiva mejor “prueba de vida” que una foto o un video, incluso que la firma?
LA P.D. LE ENTREGA UN HAIKU DE MARIO BENDETTI AL SUPMARCOS: “no quiero verte / por el resto del año / o sea hasta el martes”.

8 de noviembre de 2012

El derecho a decidir.


Publicado en Milenio-Novedades, de Yucatán, el 6 de noviembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.

Este martes, además de la presidencia, se juega en los Estados Unidos algo que para mí ya supone un triunfo cultural: tres estados irán a referéndum para legalizar la marihuana. No se trata de alegar finalidades terapéuticas, como en otros estados, sino de fines puramente recreativos.
No estoy seguro de los resultados aunque, dada la historia del puritanismo fundacional norteamericano, es muy posible que gane el No. Sin embargo, el solo hecho de que la pregunta se plantee en Oregon, Washington y Colorado, supone un avance en el pensamiento de los norteamericanos respecto a un derecho que ha sido visto desde una perspectiva de moralidad pública y que, hasta hoy, ha perdido todas las batallas.
Antes de continuar quiero dejar bien claro que plantear la legalización de la marihuana como el triunfo de un derecho no significa que promueva su consumo.
Hace 40 años que no bebo una gota de alcohol, luego de conocer en mi juventud el horror, el auténtico infierno al que puede llegarse por esta adicción, sin distinción de edades ni de sexos. Sin embargo, jamás pediría que se negase a los demás el derecho a beber. Inclusive, la terapia contra el alcoholismo parte de que haya la voluntad de no beber en el enfermo, no de que se imponga una ley prohibicionista.
Puedo decir lo mismo, tras haber fumado durante muchas décadas tres cajetillas diarias. Se deja de fumar porque se escoge, no porque esté prohibido. En terapias de este tipo la prohibición es contraproducente.
Aparte de los males que la prohibición conlleva, y están a la vista en toda la sangre derramada por la “guerra contra el narco”, hay una falta de respeto fundamental en el prohibicionismo: se nos considera menores de edad y se nos “cuida”. No estamos “maduros” para tomar decisiones. No estamos maduros para la democracia y el Big Brother debe decidir por nosotros.
Cada vez más voces de presidentes latinoamericanos y figuras indiscutibles del pensamiento contemporáneo están por la legalización.
Que simplemente se planteen las cosas en estos términos en Estados Unidos es ya una victoria, como lo fue en California, aun cuando se haya perdido. Ya sólo es cuestión de tiempo para permear las conciencias.

5 de noviembre de 2012

COLUMNA INCÓMODA :: El Lazca y La "M".


Por Alexia Barrios G. (@alexiabarriosg) / Tomado de alexiaincomodainforma.
La crisis de credibilidad y confianza en las instituciones de seguridad, procuración y administración de justicia están más que evidenciadas con la versión sobre la presunta muerte y desaparición de Heriberto Lazcano, “El Lazca”. Aunque corran versiones fidedignas y muestren todas las pruebas que confirmen el deceso de uno de los capos más emblemáticos de la guerra del narco de Felipe Calderón, muy difícilmente alguien podrá creerles.
Más aún, cuando uno analiza quién se beneficia con la muerte o la versión de la muerte de “El Lazca”, nos despiertan más conjeturas y especulaciones:
¿Serán los gobernadores y procuradores que “El Lazca” tenía controlados, supeditados o asociados a su red mafiosa?
¿Será que alguien de los altos mandos ordenó su ejecución antes de concluir el presente sexenio para que calle sus secretos?
¿Será que “El Lazca” era el engranaje de una operación de inteligencia que va más allá de nuestras narices?
Tratando de explicarme esta situación me puse a revisar un texto de Patricia Carolina Rodríguez Herrera y Carla María Molina Montaño, investigadoras sobre la Mafia Rusa, quienes nos pueden dar algunas claves para explicar todo lo que ha estado sucediendo en estos años en nuestro país, particularmente, estos extraños vínculos de empresarios con gobernantes, de narcotraficantes con políticos locales, de la aparición cada vez más frecuente de aparentes hombres de negocios que en realidad resultan operadores profesionales del crimen organizado. Es decir, eso que fuera del país llaman “La M”, una versión actualizada y sofisticada de la otrora “Mafia Mexicana” que operaba en el sur los Estados Unidos. Ahora “La M” es otra cosa.
La Mafia es un “Termino de origen Siciliano, que asegura su poder y poderío por medios deshonestos recurriendo a la violencia e incluso al crimen.” Respecto a la Mafia Rusa”puede entenderse como una asociación de individuos o grupos combinados que surgieron en la ex-Unión Soviética con el propósito de obtener ganancias monetarias y comerciales mediante medios ilegales mientras protegen sus actividades mediante un patrón de corrupción en el sistema legal.”
De acuerdo con estas investigadoras, la Mafia Rusa nació a mediados de los años 70 del siglo pasado, prácticamente, desde el interior del sistema burocrático soviético del partido único, y tuvo su repunte justo cuando al gobierno de Mijail Gorvachov se le cayó el sistema. Sus primero líderes eran comerciantes informales, empresarios que trabajaban en la clandestinidad, e integrantes de la tristemente célebre agencia policiaca KGB y políticos desplazados del soviét supremo que poseían información privilegiada del viejo sistema.
La Mafia Rusa creció proporcionamente a la disgregación de la URSS en varias repúblicas. La ausencia del poder central, la inexperiencia para transitar a una democracia sólida, un mandatario –Boris Yeltisin— ungido con gran legitimidad pero carente de fuerza debido a sus problemas de alcoholismo, permitieron el ascenso de la corrupción en Rusia y, todavía más, en los nacientes Estados débiles. El caldo de cultivo no podía ser mejor para que el crimen organizado pudiera expander su poderío económico que poco a poco se transformó en poderío político.
En un principio las acciones de la Mafia Rusa era de narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de armas, la trada de mujeres, la prostitución infantil, el comercio ilegal e informal, el espionaje y la venta de información privilegiada, pero conforme se fue “abriendo su mercado”, en gobiernos inexpertos, sin rumbo y divididos, fueron incrementando sus actividades ilícitas. De hecho, cuando el régimen de Gorvachov legalizó el trabajo individual y la conformación de empresas, los primeros en apuntarse para legalizar sus actividades, fueron estas redes criminales que operaban desde la clandestinidad.
En las transiciones políticas de las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas, la Mafia Rusa basó su influencia en contactar a funcionarios corruptos de las mismas para ganar licitaciones y, sobre todo, las privatizaciones, y permitir que sus operaciones tradicionales tuvieran mayor auge.
La explicación es simple: el viejo sistema soviético dejó a miles de burócratas de alto nivel en el desempleo, a cientos de altos mandos del sistema de inteligencia política en libertad de actuar, a miles de científicos, profesionistas y técnicos altamente preparados sin un futuro cierto en la otrora segunda potencia mundial. Muchos de estos desempleados fueron reclutados por la Mafia Rusa y, algunos de ellos, han escalado los peldaños para ser líderes.
Un rasgo característico es que la Mafia Rusa no se ha presentado en forma evidente, como los clásicos capos occidentales y latinos. Su presencia no se ve, simplemente se siente. Por eso son mito y realidad. Sin duda, habrá quienes hagan el trabajo sucio, pero las cabezas, según el mito-realidad, son hombres de negocios, empresarios destacados, latifundistas, negociantes, inversionistas, propietarios de poderosos medios de comunicación o portales de internet. La Mafia Rusa expandió su radio de acción más allá de las ex repúblicas soviéticas, particularmente hacia países asiáticos y, según algunas investigaciones, estarían también en América Latina.
De alguna forma, la Mafia Rusa tejió fuertes compromisos económicos con la clase política en estos países al grado de tener incidencia en varios procesos electorales. Para ello, ponen a disposición de candidatos, partidos y gobiernos, su tecnología y, digamos, profesionalismo para incidir en las campañas.
Todo esto no quiere decir que la Mafia Rusa esté operando en México o que sea la que esté detrás de la ola de violencia, corrupción, narcotráfico y videoescándalos o espionaje que dominan el ambiente político nacional.
Simplemente se trata de un recordatorio y de lo que ha pasado en otros países con estos poderes fácticos durante sus procesos de transición. Y vale la pena recordar lo que pasó en la ex Unión Soviética para preguntarnos, aquí y ahora, de quién es la mano que mece la cuna en nuestro país. ¿Acaso estamos hablando de la conformación de una Mafia Mexicana similar a lo que fue la Mafia Rusa?
Es una simple hipótesis de trabajo que, al menos los políticos deben estar analizando más a profundidad para responder con eficacia el reto que día a día lanza el crimen organizado. Esperemos que no sea demasiado tarde para que den su respuesta.
La gran conclusión de las investigadoras, Patricia Carolina Rodríguez Herrera y Carla María Molina Montaño, autoras de “La Mafia Rusa”, es que “los Países vulnerables democráticamente presentan una rentabilidad para el crimen organizado ya que al tener poco control para procesar los conflictos positivamente, caen dentro de un perfil de países dentro de los cuales cualquier tipo de crimen organizado puede trabajar prácticamente impune”.

COLUMNA INCÓMODA :: Indignarse y los muertos que vienen.


Por Alexia Barrios G. (@alexiabarriosg) / Tomado de alexiaincomodainforma.
El domingo 19 de marzo de 2006, la revista El País Semanal, publicó un artículo del escritor Javier Marías intitulado “El Peligroso Placer de Indignarse”, el cual arrancó de la siguiente manera:
“Una buena parte del mundo parece vivir no ya en indignación permanente, sino lo que es más inexplicable y grave— en perpetuo estado de indignibilidad, si la expresión se me permite. Sin duda hay siempre motivos para enfadarse y descorazonarse, no digamos para irritarse. Pero, si se piensa en lo que lleva visto el mundo, sobre todo en el siglo XX que ni siquiera ha acabado del todo, se hace difícil que hoy haya tantísima gente dispuesta a saltar, hecha una fiera, por causas comparativamente menores. Hasta cierto punto es como si hubieran invertido los términos: se da enorme importancia a lo que apenas lo tiene, y a lo que sí no se le da apenas. Y como por fortuna la gran mayoría de las cosas que ocurren en la cotidianidad son de poca monta, el resultado es que andamos encolerizados todo el día.”
En México esta situación se vive todos los día en la calle, en la casa y ahora, profusamente en las redes sociales, donde cualquier tipo de mierda puede circular para autocomplacer a los indignados de atole. Son demasiados los que viven en contínua alerta y los que no, buscan un tema, una nota o un referente para enojarse, para indignarse.
Para Javier Marías, esta situación le hace concluir que “indignarse proporciona placer, sobre todo si no hay una verdadera causa, si es un poco de mentira. Da vidilla, quizá ayuda a sentirse apasionado, vehemente, estimulado, partícipe de la cosa pública y menos solo.”
Y eso es precisamente lo que pasó en las campañas políticas de 2006 y 2012, tan denigrantes, tan ruines y tan lesivas. Los candidatos se indignan y hacen que sus fanáticos seguidores lo hagan y hasta se violenten por cualquier cosa superficial: que si por que uno no va al debate, si porque el otro le llamó chachalaca, que uno se vomita sobre el contrario, que si el otro es más gallo, que dos quieren comer pejelagarto… en fin, una serie de calificativos propios de una clasificación zoológica y no de políticos que buscan el poder nacional.
La indignación llega a todos los niveles. Las dos empresas televisoras que controlan los contenidos mediáticos de este país, Televisa y TV Azteca, no aguantan las críticas de diversos actores ni la indignación de sectores sociales para que de inmediato saquen a sus vociferantes conductores a amenazar a todos y a ponerse cuales víctimas de la libertad de expresión.
La clase política se indigna por simpleces y olvida los problemas más urgentes del país, a pesar de que los tienen enfrente. Ahí están las demostraciones de fuerza social que tienen los migrantes mexicanos en los Estados Unidos, los cuales exigen en otro país los derechos que aquí también se le negaron. Hoy, el tema de las elecciones en Estados Unidos pasa por la oferta de una ley para migrantes y nadie le toma importancia.
¿Por qué no indignarse que más del 60 por ciento de nuestros jóvenes desea emigrar a otro país? ¿Por qué no indignarse que la necesidad de empleos bien remunerados ha obligado a varios miles de mexicanos, año con año, a buscar empleo en otro país?
¿Por qué no indignarse de los sueldos que perciben los inexpertos funcionarios de los gobiernos panistas que son los nuevos ricos de Las Lomas, Interlomas, Chiluca y Bosques? ¿Por qué no indignarse de los nuevos ricos del DF, arropados en el PRD que abandonaron su ideología y sus banderas por las migajas del poder que recibieron? ¿Por qué no indiginarse de la lista de legisladores del PRI, PANAL y PVEM?
¿Por qué no indignarse por las generaciones de jóvenes mexicanos que no tienen futuro en nuestro país? ¿Por qué no indignarse de los gastos onerosos de las campañas políticas, que debían sevir para promover ideas y debate cívico y las cuales se han convertido en rociaderos de aguas puercas?
Es claro que nunca habrá indignación por estos temas; por ahora sólo vale la pena ser visceral y no racional.
APOSTILLAS: Moreira y nosotros.
Hoy por hoy, algunos ignorantes –que no ingenuos- celebran la muerte violenta del hijo de un ex gobernador y ex líder nacional del PRI, acusado de haber endeudado millonariamente a Coahuila. Con ello pretenden manifestar su “indignación” por el triunfo del PRI en las pasadas elecciones presidenciales.
Pero se equivocan si creen que el golpe es aislado y “ajuste de cuentas”.
Se trata de un hecho más amplio, de un mensaje directo a TODA LA CLASE POLÍTICA.
Está pasando en Teloloapán, Guerrero, donde el munícipe y el mandatario estatal son emanados del PRD. ¿Y a poco creen que Morelos, el DF y próximamente Tabasco estarán exentos de la violenta que desatarán los cárteles para medir y probar a las nuevas autoridades?
Está ocurriendo en Tamaulipas, Michoacán, Chiapas, San Luis, Querétaro, Nuevo León, Estado de México y Jalisco, donde no hay día que no aparezca un mensaje directo de sangre a los gobernantes en turno y a los que están por llegar.
Demasiada ingenuidad y estupidez quienes celebran o pretenden ironizar con esta muerte, porque no saben qué tan cerca están de padecer y con creces los mismos males. Allá ellos.

1 de noviembre de 2012

Esclavos del narco: Migrantes, la presa de caza.


Una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco hace que personas con distintos perfiles, desde niños hasta adultos, y profesionales, trabajen para ellos a la fuerza.
Paris Martínez (@paris_martinez)


Es julio e Irwin acaba de cumplir 20 años hace unos días. Lo celebró cruzando de Guatemala a México. Irwin es hondureño, taekwondoín desde la adolescencia y cursó los primeros meses de la carrera de administración, hasta que la imposibilidad de hallar un empleo lo orilló a dejar los estudios; decidió entonces partir hacia Estados Unidos.
Irwin camina hacia la central camionera de Tenosique, Tabasco, que es, junto con Chiapas, la puerta de entrada de los centroamericanos indocumentados a la geografía mexicana. Explora la posibilidad de burlar los retenes de Migración, tomando rutas de transporte local, pero lo persuade la presencia de un puesto de la Migra a unos metros de la salida carretera. Observa de lejos la línea de asfalto y enciende un cigarro.
Ésta es la segunda ocasión que toma el camino, luego de que fue deportado de Estados Unidos a finales de 2011, tras permanecer poco más de un año en Nueva Orleans. Como aquella primera vez, Irwin viene con las bolsas vacías, pero ahora le preocupa reunir dinero y estar, así, en condiciones de pagar su “cruce” a los grupos criminales que controlan la frontera norte y de los que ya fue víctima en su primer intento.
“Cuando uno no tiene para pagar –advierte–, vienen los de los cárteles, Los Zetas o El Golfo, o cualquier otro, y le dicen a uno: ‘Ah, ¿no tienes dinero para que te dejemos pasar? Entonces tienes que llevar 20 kilos de mota, o 10 de coca, desde la frontera hasta Huston’ o a la ciudad de Estados Unidos que ellos digan…”
Irwin fue usado como morralero, “así le dicen cuando te obligan a cruzar la droga por la frontera.”
–¿Y si te niegas?
Irwin suelta una carcajada.
–¡Pues te secuestran o te matan! –responde– Y yo lo que hice fue aceptar, si no, ¿pa’ dónde se hace uno? Si no aceptas, igual te va a ir mal. Y entonces uno se va a Estados Unidos arriesgándose a que lo agarren con la droga, y que lo manden a uno preso cinco, diez años, pero uno se arriesga… El que no arriesga no gana… –remata, sin triunfalismos– Entregué la droga donde me dijeron y me les fui a la chingada, me les escapé…
Irwin aplasta la colilla contra el asfalto de la carretera. En diez días ha cruzado de Honduras a Guatemala y, estando ya en territorio mexicano, es consciente de que lo peor del camino apenas empieza. Sabe que caer presa de “La Maña”, como él y otros nombran al conjunto de mafias que operan en el país, implica no ser más dueño de ti, de tu destino.
Más que secuestros
“La esclavitud ya no es como en el siglo XVIII”, explica la hermana Leticia Gutiérrez, directora de la Pastoral de la Movilidad Humana, la más amplia red de atención a migrantes en México, compuesta por 54 albergues y comedores que la Iglesia católica tiene repartidos a lo largo del país, y que intentan brindar, en la medida de sus capacidades, atención humanitaria a los 150 mil centroamericanos que cada año se internan en territorio nacional, con miras a llegar a Estados Unidos.
Se trata de una mujer joven y sonriente, en cuyo pecho pende una pequeña cruz cóncava, bella por la sencillez con la que fue tallada sobre un trozo de madera.
“Me parece –abunda– que la realidad mexicana y el contexto social mundial dan mucha tela de dónde cortar para hablar en este momento de esclavitud. Por ejemplo, en el caso de los migrantes secuestrados por el crimen organizado (entre 30 y 60 mil en los últimos tres años, según cálculos de grupos civiles), hay un control agresivo, violento, psicológico, físico y territorial en contra de la víctima. Y ese sometimiento va más allá de mantenerlos retenidos o ponerles grilletes mientras pagan por ellos.”
Además de ser privados de la libertad y torturados, destaca la religiosa, “una de las denuncias que encontramos recurrentemente, al hablar con migrantes que han sido raptados por las mafias, y sobrevivido, es que durante su cautiverio se les da un uso. Por ejemplo, los llevan a casas en donde hay entre 200 y 400 personas cautivas; fincas, quintas, haciendas, espacios grandes donde los ponen a trabajar para construir o reconstruir la casa, a realizar labores de albañilería o remodelación, siempre vigilados; además, a las mujeres las obligan preparar la comida para el grupo, así como a acostarse con los captores.”
Y en otros casos, añade, los migrantes cautivos son empleados directamente en la comisión de delitos. “Algunos son obligados a cruzar droga a Estados Unidos, o a involucrarse en otras actividades criminales mediante amenaza, mediante coacción.”
Estas prácticas, concluye, no deben verse como secuestros típicos, ya que “estos son abusos que conforman otras violencias dentro del delito de secuestro, que luego de una ardua lucha y denuncia han logrado, incluso, tipificarse penalmente, como ocurre con el trabajo forzado y la trata de personas con fines de explotación, que son términos que deben citarse explícitamente, y que nos hablan de esclavitud”.
Sicarios
El involucramiento por coacción en el trasiego fronterizo de drogas, señala Alfredo Díaz Barrera, cónsul general de El Salvador en México, es una práctica común a la que se ven sometidos los migrantes y, como muestra, narra el caso más reciente que ha llegado hasta su oficina. “Me llegó el testimonio de una persona salvadoreña, que fue capturada junto con un grupo mayor de centroamericanos poco antes de llegar a la frontera norte. A ellos se les acercaron los delincuentes y les dijeron: ‘Nosotros les ofrecemos trabajo, y va a consistir en cargar durante cierto tramo algo que les vamos a dar; el que no quiera sólo tiene que dar un paso al frente’. Dos personas –continúa el cónsul– dan el paso al frente y en ese instante las ejecutan, para luego preguntar al resto: ‘¿Alguien más no quiere trabajar para nosotros?”.
Y esto es así, expone, porque las rutas de los migrantes centroamericanos están sobrepuestas a las del narcotráfico y el contrabando, y es ahí, subraya, “donde se han desarrollado las formas más abyectas de esclavitud, las formas más bestiales de servidumbre y explotación, laboral y sexual, cometidas contra personas cuya vulnerabilidad es casi absoluta y llevadas a cabo con una impunidad increíble”.
Lamentablemente, señala el diplomático, es imposible cuantificar con precisión el número de víctimas, ya que la mayor parte de los casos no son denunciados, por el temor de los afectados a que las autoridades mexicanas terminen deportándolos.
Pero el trabajo de morraleros no es el único destino para aquellos migrantes cooptados por el hampa, explica, por su parte, el padre Pedro Pantoja, asesor episcopal en materia de migración y pionero en la defensa de los centroamericanos indocumentados en México, asentado actualmente en Coahuila, punto donde la vía que viene del sur se trifurca hacia los estados fronterizos de Tamaulipas, Nuevo León y Chihuahua, y en el que fundó la Posada del Migrante Belén.
Pantoja es un hombre alto, de gesto duro y voz suave, en cuyas arrugas faciales bien encajan lo mismo la alegría que la ira. Habla sin perder la cordialidad, aunque tampoco oculta la desesperación. “Son muchas las formas que emplean los delincuentes para trabajar la carne, la mercancía del migrante… aquí, en Coahuila, hemos visto que una de las formas en que los aprovechan, por ejemplo, es promoviéndolos como sicarios… tenemos testimonios de migrantes jóvenes que han sido forzados a trabajar como sicarios.”
Es la historia de C.M., quien aguarda al borde de los rieles, en la estación Lechería, a un costado de la Ciudad de México, punto nodal de la ruta ferroviaria donde se cruzan las vías que vienen de los cuatro puntos cardinales del país. Es un nicaragüense sonriente, cuyo brazo derecho apenas se recupera del tirón sufrido al intentar asirse de un vagón en movimiento.
C.M. ha sido deportado cinco veces de Estados Unidos, ésta será, “con suerte”, la sexta y última vez que llegue, “y ojalá que no me vuelvan a sacar”. En su primer viaje, fue raptado en la estación Orizaba, de Veracruz y, al no tener dinero ni familiares que pudieran pagar su rescate, narra, “fui reclutado”.
“Estuve como un mes y 15 días en un lugar grande, cerrado –narra, en la veloz dicción de los nicaragüenses–, al día me daban de comer tres tortillas, una cucharada de arroz, o de frijoles, o de huevo, y un vasito de agua, nada más, era sólo como para que no nos muriéramos de hambre.”
En ese lugar, recuerda, permaneció cautivo con 38 jóvenes más. “Había dos o tres mexicanos, pero la mayoría eran centroamericanos, como secuestrados… Así estuve, recibiendo cátedras, para aprender a desarmar un rifle EG-3, un R-15, un cuerno de chivo.”
Y en ese mes y medio, reconoce C.M., su único compañero fue el miedo. “Yo era el nuevo, y los otros (secuestrados) ya se tenían confianza, así que conmigo jodían, me molestaban, decían que me iba a escapar, ‘tú eres un contra’, me decían, un contrario, así siempre era conmigo, pero siempre estábamos todos con un temor: que llegara El Coma, el Comandante, y nos matara a todos… siempre con un temor, pero llegó el día en que pude salir de ahí, y me fui sin saber nunca para quién trabajaba, no supe en realidad el grupo ni a quién chingados servía eso”.
Las esclavas
En el caso particular de las mujeres migrantes que son raptadas en su camino al norte, señala la titular de la Pastoral de la Movilidad Humana en México, éstas son obligadas a preparar la comida para el grupo de cautivos, así como a ser esclavas sexuales de los delincuentes que las retienen, “y ésos son abusos que las víctimas describen de manera reiterada, que conforman otras violencias dentro del delito de secuestro, y que luego de una ardua lucha y denuncia han logrado ser tipificadas penalmente, como ocurre con el trabajo forzado y la trata de personas con fines de explotación”.
Esa es la experiencia sufrida por Ilse, hondureña de 23 años que se internó en México en mayo pasado, acompañada por dos primos. Junto a ellos, Ilse creía estar segura, sin embargo, cuando en Tabasco fue atacado el tren en que viajaban de polizones, sus dos familiares varones salieron huyendo despavoridos y abandonaron a su suerte a esta joven de piel morena, enormes pestañas recargadas de rímel y párpados manchados de azul.
“Vinieron unos muchachos e hicieron disparos al aire –narra, con voz enronquecida, una semana después de su liberación–; todos los que veníamos en el tren nos bajamos y ellos nos agarraron. Eran seis muchachos que nos llevaron a un rancho, en el poblado de Independencia; eran cinco mexicanos y un hondureño… me pusieron la pistola en la cabeza y me dijeron que si no les daba un número de teléfono (para exigir el rescate) me iban a matar.”
Ésta se trata de la segunda vez que Ilse es raptada por una banda del crimen organizado en su intento por reunirse con su familia en Estados Unidos y, en su primer cautiverio, fue agredida sexualmente por sus captores, revela el pasante de abogado que realiza sus prácticas profesionales en la Casa-Refugio para Migrantes La 72, de Tabasco, quien registró su testimonio.
En esta segunda ocasión, abunda el pasante, Ilse fue insultada, amenazada, pateada, golpeada con la cacha de una pistola y obligada a beber agua de un charco, además de que su familia debió enviar a los plagiarios 10 mil dólares, a cambio de su vida.
Al ser cuestionada si, además de golpes, durante este segundo secuestro hubo otro tipo de abusos que quisiera denunciar, Ilse mira fijamente a su interlocutor, con frialdad, medita una respuesta por unos segundos y, cuando está a punto de iniciar, desiste. “No –murmura, con desconfianza–, así está bien…”.
Y a las labores domésticas y el sometimiento sexual, abunda la hermana Leticia Gutiérrez, se suma la participación en delitos. “Hay víctimas varones que fueron enganchados por mujeres que los abordaron en centrales de autobuses, y que con engaños los llevaron a casas de seguridad, donde fueron retenidos… y los mismos secuestrados dicen que para ellas no había opción, porque tenían amenazadas a sus familias, los delincuentes sabían cuáles eran los pueblos de origen de estas mujeres y, dado que estas redes criminales son trasnacionales y mantienen un diálogo entre sus distintas plazas, ellas saben bien que una amenaza formulada en Tijuana puede ser cumplida en El Salvador al día siguiente”.
La espiral de violencia en que las víctimas capturadas por el crimen organizado se ven envueltas, se prolonga a extremos inhumanos, añade el padre Pantoja. “Tenemos testimonios de mujeres jóvenes que han sido forzadas a trabajar hasta como verdugos –explica el religioso–; es común que las mujeres que sobreviven al cautiverio narren cómo fueron otras mujeres, también centroamericanas, las que las golpeaban para que dieran información, y que al preguntarles ellas por qué lo hacían, la respuesta era: ‘si no lo hago, me matan a mí’…”
La negación
Cuando se captura a una persona y se dispone de su destino, para que de ella sea lo que el sojuzgador guste, como convertirla en sirviente, someterla a trabajos forzosos, e incluso venderla, cederla, desecharla, maltratarla o matarla, se configura un caso de esclavitud, según la definición vigente de la ONU, a la que México se adhirió desde 1934.
Con esta definición como base, explica Alberto Xicoténcatl, director de la asociación civil Frontera con Justicia, la captura, sistemática y continuada, de miles de centroamericanos en trayecto a Estados Unidos, es el primer rasgo que permite reconocer a ésta como una situación de “esclavismo”.
“El crimen organizado –explica el defensor de derechos humanos– ha asumido a esta población como presas de caza; para ellos, los migrantes se convierten en una mercancía por la que obtendrán una ganancia”, independientemente de las formas de explotación física de las que son sujetos, y el valor en el que tasan la vida de cada uno, afirma, “actualmente es de 3 mil dólares, por lo menos”, logrando así, al cabo de un trienio, ganancias superiores a los 50 millones de dólares.
“El secuestro de migrantes por parte del crimen organizado adquirió ya proporciones de tragedia humanitaria –subraya–, se trata de una práctica delictiva sistemática y continuada, que las autoridades no quisieron reconocer sino hasta que la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas (agosto de 2010), volvió imposible que continuaran negando la existencia de este problema.”
El reconocimiento de esta práctica generalizada, sin embargo, va de más a menos: mientras las agrupaciones civiles dedicadas a la atención de migrantes han registrado alrededor de 60 mil secuestros en el último trienio, la Comisión Nacional de Derechos Humanos logró documentar 21 mil casos. El gobierno mexicano, por su parte, niega la veracidad de tales datos y afirma que entre enero de 2008 y abril de 2010 sólo hubo 393 migrantes víctimas de secuestro.
No obstante, el mismo informe, sin embargo, presenta datos que se contradicen, pues asegura que en los últimos cuatro meses del periodo analizado, el Ejército liberó a 515 centroamericanos privados de la libertad por el crimen organizado, es decir, 122 más de las que el gobierno presentó como cifra total de víctimas.
Complicidad oficial
Poco después de la masacre de migrantes raptados en San Fernando, fray Tomás González llegó a Tenosique, Tabasco, donde además de encabezar las labores pastorales, fundó el Hogar-Refugio La 72, nombrado así en homenaje a las víctimas de aquella matanza.
“Nosotros no hemos tenido mucho tiempo para analizar la evolución de las estrategias de crimen –platica el franciscano, teniendo de fondo un óleo que muestra a Jesús, con características fisonómicas mayas, clavado a una cruz de grecas–, nosotros teníamos un río de sangre al cual era urgente poner un dique, llegaban los migrantes a denunciar secuestros, asaltos, violaciones sexuales, y también extorsiones de los distintos cuerpos de seguridad, desde la Policía Municipal, hasta el Ejército Mexicano, pasando por la Policía Federal, la Procuraduría General de la República y el Instituto Nacional de Migración (INM)…. Y ese dique era la denuncia pública y ante las autoridades, aún estando infiltradas”.
–¿Cuál es el grado de complicidad entre funcionarios y crimen organizado, en materia migratoria? –se le pregunta.
–Es tanta que, por ejemplo, el año pasado nosotros detectamos una red de trata de mujeres centroamericanas, que era dirigida ni más ni menos que por el entonces delegado regional de Migración, Jorge Luis Mendoza Cruz, quien sometía a explotación sexual a jovencitas que enganchaba con la promesa de expedirles permisos de internamiento en el país.
Actualmente, este ex funcionario enfrenta proceso en prisión por la violación de una hondureña de 14 años, a la que sus cómplices extrajeron del mismo refugio de Fray Tomás y, destaca el fraile, antes de que el Mendoza Cruz fuera aprehendido, “en el Instituto Nacional de Migración hicieron de todo para encubrirlo, incluso lo movieron de Tenosique y lo pusieron al frente del órgano de control en Tabasco, para que él fuera su propio juez… hoy está preso”.
Por ello, admite, con frialdad: “No somos ingenuos, esto no hay quien lo pare. Parece una maldición el ser centroamericano, una maldición ser pobre, pues te conviertes en la mejor mercancía para el crimen organizado.”
Sin embargo, destaca este hombre moreno, vigoroso, así como ha florecido la estrategia de la delincuencia en contra de los migrantes, también han florecido en todo el país los refugios para protegerlos; y son albergues donde no sólo reciben agua, comida y hospedaje, sino donde se defienden sus derechos humanos, donde se pelea por una migración sin violencia.
“Nosotros no queremos que deje de haber migrantes –concluye–, nuestra meta final no es detener el flujo migratorio; de hecho, nuestra meta final es que deje de haber refugios para ellos, que desaparezcan todos los refugios, en el entendido de que vamos a llegar a una migración libre, no forzada, en donde las personas que van en el camino nos sean presa de nadie… sé que esto es una utopía, más en las circunstancias en las que está México, pero esa es la apuesta”.
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