5 de noviembre de 2012

COLUMNA INCÓMODA :: El Lazca y La "M".


Por Alexia Barrios G. (@alexiabarriosg) / Tomado de alexiaincomodainforma.
La crisis de credibilidad y confianza en las instituciones de seguridad, procuración y administración de justicia están más que evidenciadas con la versión sobre la presunta muerte y desaparición de Heriberto Lazcano, “El Lazca”. Aunque corran versiones fidedignas y muestren todas las pruebas que confirmen el deceso de uno de los capos más emblemáticos de la guerra del narco de Felipe Calderón, muy difícilmente alguien podrá creerles.
Más aún, cuando uno analiza quién se beneficia con la muerte o la versión de la muerte de “El Lazca”, nos despiertan más conjeturas y especulaciones:
¿Serán los gobernadores y procuradores que “El Lazca” tenía controlados, supeditados o asociados a su red mafiosa?
¿Será que alguien de los altos mandos ordenó su ejecución antes de concluir el presente sexenio para que calle sus secretos?
¿Será que “El Lazca” era el engranaje de una operación de inteligencia que va más allá de nuestras narices?
Tratando de explicarme esta situación me puse a revisar un texto de Patricia Carolina Rodríguez Herrera y Carla María Molina Montaño, investigadoras sobre la Mafia Rusa, quienes nos pueden dar algunas claves para explicar todo lo que ha estado sucediendo en estos años en nuestro país, particularmente, estos extraños vínculos de empresarios con gobernantes, de narcotraficantes con políticos locales, de la aparición cada vez más frecuente de aparentes hombres de negocios que en realidad resultan operadores profesionales del crimen organizado. Es decir, eso que fuera del país llaman “La M”, una versión actualizada y sofisticada de la otrora “Mafia Mexicana” que operaba en el sur los Estados Unidos. Ahora “La M” es otra cosa.
La Mafia es un “Termino de origen Siciliano, que asegura su poder y poderío por medios deshonestos recurriendo a la violencia e incluso al crimen.” Respecto a la Mafia Rusa”puede entenderse como una asociación de individuos o grupos combinados que surgieron en la ex-Unión Soviética con el propósito de obtener ganancias monetarias y comerciales mediante medios ilegales mientras protegen sus actividades mediante un patrón de corrupción en el sistema legal.”
De acuerdo con estas investigadoras, la Mafia Rusa nació a mediados de los años 70 del siglo pasado, prácticamente, desde el interior del sistema burocrático soviético del partido único, y tuvo su repunte justo cuando al gobierno de Mijail Gorvachov se le cayó el sistema. Sus primero líderes eran comerciantes informales, empresarios que trabajaban en la clandestinidad, e integrantes de la tristemente célebre agencia policiaca KGB y políticos desplazados del soviét supremo que poseían información privilegiada del viejo sistema.
La Mafia Rusa creció proporcionamente a la disgregación de la URSS en varias repúblicas. La ausencia del poder central, la inexperiencia para transitar a una democracia sólida, un mandatario –Boris Yeltisin— ungido con gran legitimidad pero carente de fuerza debido a sus problemas de alcoholismo, permitieron el ascenso de la corrupción en Rusia y, todavía más, en los nacientes Estados débiles. El caldo de cultivo no podía ser mejor para que el crimen organizado pudiera expander su poderío económico que poco a poco se transformó en poderío político.
En un principio las acciones de la Mafia Rusa era de narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de armas, la trada de mujeres, la prostitución infantil, el comercio ilegal e informal, el espionaje y la venta de información privilegiada, pero conforme se fue “abriendo su mercado”, en gobiernos inexpertos, sin rumbo y divididos, fueron incrementando sus actividades ilícitas. De hecho, cuando el régimen de Gorvachov legalizó el trabajo individual y la conformación de empresas, los primeros en apuntarse para legalizar sus actividades, fueron estas redes criminales que operaban desde la clandestinidad.
En las transiciones políticas de las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas, la Mafia Rusa basó su influencia en contactar a funcionarios corruptos de las mismas para ganar licitaciones y, sobre todo, las privatizaciones, y permitir que sus operaciones tradicionales tuvieran mayor auge.
La explicación es simple: el viejo sistema soviético dejó a miles de burócratas de alto nivel en el desempleo, a cientos de altos mandos del sistema de inteligencia política en libertad de actuar, a miles de científicos, profesionistas y técnicos altamente preparados sin un futuro cierto en la otrora segunda potencia mundial. Muchos de estos desempleados fueron reclutados por la Mafia Rusa y, algunos de ellos, han escalado los peldaños para ser líderes.
Un rasgo característico es que la Mafia Rusa no se ha presentado en forma evidente, como los clásicos capos occidentales y latinos. Su presencia no se ve, simplemente se siente. Por eso son mito y realidad. Sin duda, habrá quienes hagan el trabajo sucio, pero las cabezas, según el mito-realidad, son hombres de negocios, empresarios destacados, latifundistas, negociantes, inversionistas, propietarios de poderosos medios de comunicación o portales de internet. La Mafia Rusa expandió su radio de acción más allá de las ex repúblicas soviéticas, particularmente hacia países asiáticos y, según algunas investigaciones, estarían también en América Latina.
De alguna forma, la Mafia Rusa tejió fuertes compromisos económicos con la clase política en estos países al grado de tener incidencia en varios procesos electorales. Para ello, ponen a disposición de candidatos, partidos y gobiernos, su tecnología y, digamos, profesionalismo para incidir en las campañas.
Todo esto no quiere decir que la Mafia Rusa esté operando en México o que sea la que esté detrás de la ola de violencia, corrupción, narcotráfico y videoescándalos o espionaje que dominan el ambiente político nacional.
Simplemente se trata de un recordatorio y de lo que ha pasado en otros países con estos poderes fácticos durante sus procesos de transición. Y vale la pena recordar lo que pasó en la ex Unión Soviética para preguntarnos, aquí y ahora, de quién es la mano que mece la cuna en nuestro país. ¿Acaso estamos hablando de la conformación de una Mafia Mexicana similar a lo que fue la Mafia Rusa?
Es una simple hipótesis de trabajo que, al menos los políticos deben estar analizando más a profundidad para responder con eficacia el reto que día a día lanza el crimen organizado. Esperemos que no sea demasiado tarde para que den su respuesta.
La gran conclusión de las investigadoras, Patricia Carolina Rodríguez Herrera y Carla María Molina Montaño, autoras de “La Mafia Rusa”, es que “los Países vulnerables democráticamente presentan una rentabilidad para el crimen organizado ya que al tener poco control para procesar los conflictos positivamente, caen dentro de un perfil de países dentro de los cuales cualquier tipo de crimen organizado puede trabajar prácticamente impune”.

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