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30 de septiembre de 2019

El lado (más) oscuro del capitalismo.

Por: George Scialabba (The Baffler) / CTXT.

Son tiempos oscuros para la república [estadounidense], concuerdan en decir todas las personas de derechas. Desafortunadamente, la mayoría de las personas de derechas no saben de la misa la media. Estamos comprensiblemente obsesionados con el hecho de que un cazurro vengativo y mezquino tenga un dedo en el botón nuclear y poder de veto sobre importantes esfuerzos para prevenir una catástrofe climática mundial. Eso es perturbador, lo reconozco, pero el elefante en la cacharrería y sus facilitadores republicanos son al menos un mal conocido. Sus expolios se llevan a cabo a plena luz del día, podemos cuantificar el daño que provocan y sabemos (en teoría) cómo frenarlos.

Mucho más insidiosos son los efectos sistémicos de un conjunto de nuevas prácticas (algunas legales, otras no) alejadas del escrutinio público. El equipo político de demolición que nos gobierna está desgarrando el tejido de nuestra economía y sociedad desde fuera. Estos nuevos depredadores, de los que se habla en tres recientes libros, están consumiéndolo desde dentro.

El libro que más te abre los ojos (hasta casi hacerlos salir de las órbitas) es Dark Commerce. How a New Illicit Economy Is Threatening Our Future [El comercio oscuro: cómo una nueva economía ilícita amenaza nuestro futuro], de Louise Shelley, una profesora de la Universidad George Mason y sin duda la decana de los estudios ilícitos, si tal disciplina existe. (Y si no, claramente debería existir). A los lectores que todavía no conozcan uno de los libros clásicos sobre este tema, como por ejemplo McMafia de Misha Glenny o Ilícito de Moisés Naím, o cualquiera de los anteriores libros de Shelley, podría resultarles sorprendente enterarse de lo profunda y extensa que es la ilegalidad económica contemporánea.

Las cantidades de las que hablamos son desorbitadas:
– El ingreso anual que se calcula que generan todos los tipos de delincuencia transnacional oscila entre 1,6 y 2,2 billones de dólares, más o menos el 7% del comercio mundial, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y la Delincuencia.
– El ingreso anual que se calcula que genera la venta de drogas ilegales: 320 mil millones de dólares.
– Las ventas anuales de productos falsificados o pirateados (por ejemplo, ventas online de fármacos ‘rebajados’): 461 mil millones de dólares.
– La tala y exportación ilegal de madera: entre 30 mil y 100 mil millones de dólares.
– El comercio ilegal de pescado, especies silvestres, minerales y residuos: entre 91 mil y 258 mil millones de dólares.
– Fármacos desviados y de baja calidad: 75 mil millones de dólares.
– Minería ilegal: entre 12 mil y 48 mil millones de dólares.
– Contrabando de tabaco: entre 8.700 y 11.800 millones de dólares.
Estas son las fuentes de ingresos más lucrativas, pero algunas otras actividades ilegales no son menos peligrosas o despreciables. La venta de armas de pequeño calibre y ligeras (1.700–3.500 millones de dólares) generan beneficios para grupos como las FARC, Los Zetas, ISIS, Al-Nusra y Al-Shabaab, que son tanto clientes como proveedores de este vasto mercado. Los componentes de las armas de destrucción masiva se venden en la dark web, una red informática inmensa y secreta a la que solo se puede acceder mediante un software especial que otorga anonimato. Los países menos desarrollados o asolados por los conflictos también sufren el saqueo de antigüedades por la bonita suma de unos 1.500 millones de dólares cada año.

Y luego está el tráfico de personas, que existe en diferentes formatos. Está el tráfico de órganos, por un valor aproximado de 1.000 millones al año. El tráfico de refugiados y de trabajadores forzosos o en condiciones de servidumbre produjo entre 4.700 y 5.700 millones de euros en Europa solo en 2015. Se trafica con mujeres tanto para la prostitución como para el matrimonio forzoso. Shelley no aporta un cálculo numérico para cuantificar el tráfico de mujeres, pero sí señala que la Organización Mundial del Trabajo calcula que 25 millones de personas sufren una u otra forma de trabajo forzoso.

Las cifras de facturación no son las únicas estadísticas sorprendentes de El comercio oscuro. La internet oscura, escribe Shelley, es “quinientas veces más grande que la internet superficial”. ¿Es eso cierto? Pues ahí no se queda la cosa. Cuatro de cada cinco visitas a la internet oscura “fueron hacia destinos online con material pedófilo”. ¡Caray! Si la internet oscura es quinientas veces más grande que la internet iluminada y si un 80% de los visitantes buscan pornografía infantil, ¿qué nos dice eso sobre la humanidad? Pues parece decirnos que somos una especie muy retorcida y que quizá deberíamos rendirnos ante el calentamiento global y esperar que lo que se salga del océano de aquí a varios millones de años tenga unos valores morales mejores que los nuestros.

El mundo no basta

Shelley es una experta en el comercio internacional de cuernos de rinoceronte, al que consagra un capítulo de su libro. Hace un siglo había un millón de rinocerontes negros en África, pero hoy en día quedan solo 5.000 (una disminución del 99,5 %). La extinción es probable, y esta es una calamidad que no se puede achacar al calentamiento global. Los millonarios chinos y vietnamitas constituyen el grueso de la demanda; valoran los cuernos de rinoceronte como símbolo de posición social, por sus supuestos efectos medicinales y, cada vez más, a medida que se avecina la extinción, como inversión. Una oferta reducida ha hecho que el precio ascienda hasta los 60.000 dólares el kilo. Por lo general, los clientes efectúan un pedido a los grupos criminales organizados de Asia, y estos contactan a sus homólogos en el sur de África. Se contrata a personas desempleadas, se las equipa y se las envía para que maten a los animales y les corten los cuernos. Luego, los cuernos se trasladan a Asia con la colaboración de aduanas, transportes, policías y agentes de seguridad, corruptos todos ellos, y en algunos casos, marchantes de arte y casas de subastas. Hacen falta muchas manos para acabar con una especie.

Echaremos de menos al rinoceronte, al menos durante un tiempo (somos una especie bastante desconsiderada y pronto tendremos otras preocupaciones existenciales). En cualquier caso, por muy valiosos que sean, ninguna especie puede competir en valor (ya sea biológico o económico) con las selvas tropicales del mundo, que estabilizan el clima del planeta y contienen una gran parte de la biodiversidad. Una de las selvas tropicales más ricas de la tierra (“puede que el ecosistema más rico del mundo”, según Shelley) solía estar en Sarawak (Malasia). Desde 1981 en adelante, el jefe del gobierno taló y vendió cuatro quintas partes del mismo, y se metió 15.000 millones de dólares en su bolsillo, en el de su familia y en el de sus compinches. Contó con la ayuda de un crédito de 800 millones de dólares de Goldman Sachs y con la de numerosas instituciones financieras adicionales, que no tuvieron problema en ayudarle a esconder las ganancias. (Igual que muchos otros delincuentes millonarios, también él se metió en el negocio inmobiliario. Compró un edificio en el centro de Seattle, en el que más tarde el FBI ubicó su cuartel general del noroeste de EE.UU. y del que rechazó mudarse cuando se le comunicó a quién pertenecía; otro fantástico ejemplo más de la destreza investigativa de la Oficina y de su integridad a prueba de bombas).

No contentos con destruir el medio ambiente, los criminales están saboteando los esfuerzos por salvarlo. La Comisión Europea tiene una política de “fijación previa de límites máximos” con respecto a los créditos de emisión de carbono, que las empresas con bajas emisiones de carbono pueden vender a las empresas contaminadoras.[1]  Los hackers irrumpieron en el registro de carbono de la CE para robar créditos, y luego los vendieron por valor de 6.500 millones de dólares, además de obtener rebajas del IVA por algo que ni siquiera habían pagado. Más aún, “Interpol cree que el mercado de carbono valorado en 176.000 millones de dólares es vulnerable a otros tipos de intrusión criminal, como por ejemplo el fraude de valores, la manipulación de precios entre empresas vinculadas y la venta de créditos de carbono inexistentes”.

Todo lo relacionado con la internet oscura da escalofríos. Aunque haya actividades legítimas que sucedan allí (si es que se desarrolla alguna), parece ser principalmente un supermercado de narcóticos, pornografía infantil, tráfico de personas, armas y programas maliciosos. La legendaria web oscura Silk Road [La ruta de la seda] procesa 600.000 mensajes al mes, lo que se traduce en un número desconocido de pedidos, y en sus dos años de funcionamiento facilitó la venta de 1.200 millones de dólares en drogas, armas y programas maliciosos, que se pagaron utilizando bitcoins. En particular, los programas maliciosos son un mercado en crecimiento. Cada año, se roba medio millón de registros y hace cinco años la increíble cantidad de uno de cada diez estadounidenses de más de 16 años había sido víctima del robo de identidad. Antes de ser desmantelada en 2016, se calculaba que la red de cibercrimen Avalanche estaba detrás de programas maliciosos que infectaban a medio millón de ordenadores cada día. Vienen a por ti y a por mí, de eso no cabe duda; si no lo han hecho ya, claro está.

Las instituciones financieras desempeñan un papel muy importante en el comercio oscuro. Todo ese dinero sucio tiene que ser blanqueado y muchos bancos participan de la diversión; cuatro grandes bancos (Citibank, HSBC, Wachovia y Deutsche Bank) recibieron cuantiosas multas por este motivo. Western Union es una importante correa de transmisión del dinero de la droga entre México y Estados Unidos y de ganancias del tráfico sexual entre Europa Occidental y Europa del Este. Una investigación sobre 55 países en desarrollo descubrió que los flujos financieros ilícitos equivalían a casi un 4% de todo su PIB combinado en 2011. Los bienes raíces son un medio muy conocido: un estudio realizado en seis localidades de Estados Unidos concluyó que la gente que había estado bajo el escrutinio de la policía había tramitado, de manera directa o indirecta, un 30% de las compras inmobiliarias. El lavado de dinero mediante “operaciones comerciales” es habitual: mercancías (coches, lavadoras, etc.) se compran con dinero negro y se envían a otro país, allí se venden y los beneficios que se obtienen ya son dinero limpio. El cambio de divisas también tiene lugar en la internet oscura, y de las criptomonedas se dice a veces que son el futuro del lavado de dinero. Los libertarios que idearon las criptomonedas querían librarse de los gobiernos. Ahora parece que su mayor logro terminará siendo liberar a los criminales de los gobiernos.

De todos modos, seguro que se está llevando a cabo una campaña de seguridad pública inmensa y coordinada en nuestro nombre, ¿no? ¿Qué tal le está yendo? Pésimamente. “Ninguna de las categorías criminales ha dado muestras de un marcado descenso” en la economía oscura mundial, reconoce Shelley (aparte del comercio ilegal de clorofluorocarbonos). En parte, esto se debe a que hay mucho personal de seguridad pública que está en nómina o que ha sido intimidado, pero también a que la lucha contra la delincuencia requiere una gran cantidad de recursos y la fuente principal de ingresos para los gobiernos son los impuestos. En la actualidad, los ricos evaden el pago de impuestos a escala épica: los infractores corporativos estadounidenses tienen por sí solos 2,1 billones de dólares alojados en paraísos fiscales. Los millonarios de otros países son, sin duda, igual de reacios a pagar impuestos. Los conservadores, que siempre se muestran débiles a la hora de perseguir los delitos graves, aunque hagan mucho ruido a la hora de condenar los delitos menores, obviamente no van a darse cuenta de que las fuerzas de seguridad pública no tienen el dinero que necesitan para atrapar a los peces gordos, ni tampoco suscriben las otras propuestas de Shelley: “un Plan Marshall moderno… para garantizar que todo el mundo tiene oportunidades laborales legítimas en sus países de origen”, lo que serviría para disminuir el número de desesperados del que los criminales emprendedores habitualmente reclutan a sus soldados de a pie; y un mejor acceso a la asistencia sanitaria para frenar la demanda de fármacos ilegales de aquellos que no pueden permitirse los productos de las grandes empresas farmacéuticas. Dios nos libre de interferir de tal modo con el libre mercado.

Los sospechosos habituales

A pesar de su letalidad, casi todos los tipos de crimen económico conllevan al menos un intercambio de algún tipo y son por tanto fáciles de entender. Lo que pasa en Wall Street en la actualidad es una cosa completamente diferente. A lo largo de las dos últimas décadas, de acuerdo con el economista de Oxford Walter Mattli, los mercados de capital mundiales se han vuelto oscuros. Eso es malo hasta para aquellos de nosotros que tenemos poco o ningún capital.

En su libro Darkness by Design: The Hidden Power in Global Capital Markets [Oscuridad intencionada: el poder escondido en los mercados de capital mundiales], Mattli consigue la difícil tarea de hacer que hasta los que no son ricos echen de menos la antigua bolsa de Nueva York. Durante dos siglos, la bolsa de Nueva York fue la mejor opción de la ciudad y después del país. La estructura era bastante democrática: las empresas bursátiles eran relativamente pequeñas y tenían igualdad de votos en el órgano directivo de la bolsa. Tener una reputación íntegra era indispensable para una firma comercial pública y, además de eso, los antiguos miembros de la burguesía parecían contar con un abundante y caduco espíritu cívico. (Intenten imaginarse a Robert Rubin, Jamie Dimon, Lloyd Blankfein y el resto de los tiburones y comadrejas actuales con esa cualidad). Por eso invertían las ganancias de la Bolsa en una buena gestión pública, en recopilar datos y en monitorear las transacciones. El fraude era raro, por lo general se detectaba y se castigaba con severidad. En consecuencia, la bolsa cumplía su cometido con creces: recaudar capital para las nuevas empresas y disciplinar o recompensar a las empresas existentes.

En la década de 1960, la revolución informática comenzó a llegar a Wall Street. Primero se automatizaron las tareas administrativas y luego las operaciones bursátiles en sí. Los ordenadores, servidores, software y personal informático que hacían falta eran caros, y esto otorgaba una ventaja a los principales actores: los bancos de inversión y las corredurías bursátiles. Estas últimas iniciaron una fase de fusiones y adquisiciones compulsivas que dejaron al sector bursátil y a la Bolsa en manos de un reducido número de empresas gigantescas.

Estas empresas (Goldman Sachs, Citigroup, Morgan Stanley, UBS y otras) ya no dependían de la Bolsa para poner en contacto a compradores con vendedores, ni para proporcionar liquidez (una serie de fondos acumulados que permitían procesar los pedidos de manera fluida). El único obstáculo que había para las actividades más rentables (los mercados internos u “oscuros”, las operaciones bursátiles en grandes bloques y las operaciones bursátiles de alta velocidad) era la supervisión que llevaba a cabo la Bolsa de Nueva York. Por eso hicieron lo que siempre han hecho los amos del universo de Wall Street: cabildearon con éxito para que el gobierno tomara medidas en favor de sus intereses comerciales y lo presentaron como si fuera una obediencia inevitable a los imperativos de eficacia, progreso y modernización. En 2005, la Comisión de Valores y Bolsa (SEC por sus siglas en inglés) promulgó una serie de normas para reestructurar radicalmente la Bolsa de Nueva York según los términos que exigían las grandes empresas. Al año siguiente la antigua Bolsa de Nueva York pasó en la práctica a mejor vida.

¿Por qué debería importarnos esto? ¿Acaso no se trata de un ejemplo de gánsteres capitalistas tendiéndose una emboscada los unos a los otros? ¿De depredadores sucumbiendo ante superdepredarores? Sí y no. La Bolsa de Nueva York no está compuesta de Daniel Berrigans y Dorothy Days [activistas sociales vinculados a la Iglesia católica], eso es cierto; pero la mayoría de la actividad que tenía lugar allí estaba de alguna forma relacionada con el mundo real de la producción. Gracias a las extraordinarias velocidades que propiciaron los retransmisores de microondas (que en algunos casos alcanzan la velocidad de la luz) el volumen de operaciones bursátiles se ha multiplicado por mil y en su mayor parte son operaciones de arbitraje.

Las operaciones de arbitraje (transacciones trepidantes que aprovechan fluctuaciones minúsculas o temporales en el precio de las acciones) son socialmente inútiles. La defensa convencional de esta práctica sostiene que el arbitraje promueve una determinación eficaz del precio. Mentira y, además, las mismas grandes empresas que dicen que es verdad están también obstaculizando una herramienta verdaderamente útil para determinar el precio: el inversor informado. A menudo, los individuos o gerentes de fondos de pensiones y fondos comunes de inversión investigan en profundidad a las empresas y toman así sus decisiones de inversión. Los operadores de alta velocidad tienen acceso preferencial a información bursátil y cuando se enteran de órdenes institucionales de gran volumen pueden adelantarse (eso se llama “anticiparse a la orden”, que es la versión moderna de la ilegalizada práctica de “inversión ventajista”) y comprar o vender antes de que se emita la orden, lo que cambia el precio y les hace ganar (si esa es la palabra correcta) un pequeño beneficio. Cuando se realiza millones de veces, no solo roba mucho dinero de los fondos de pensiones y comunes (vamos, de ti y de mí), sino que también desincentiva la investigación en profundidad sobre las empresas, que es lo que de verdad mantiene la precisión en los precios de las acciones.

La fragmentación de las bolsas ha propiciado un cambio radical en el equilibrio de poder entre las grandes empresas y las bolsas que son, en teoría, las responsables de fijar las reglas según las cuales operan las primeras. En realidad, ahora las bolsas dependen completamente de las empresas, que han conseguido tantas concesiones y privilegios especiales que ya no existe ninguna pretensión de igualdad en el tratamiento que se da a los grandes y a los pequeños inversores. La oscuridad intencionada contiene numerosos ejemplos de ese tratamiento especial: suministro preferencial de datos, ‘colocar’ los servidores de clientes importantes en el parqué de operaciones, quote stuffing [una estrategia con la que se ralentiza intencionadamente el sistema inundandolo de un  gran número de órdenes y cancelaciones en cuestión de microsegundos, spoofing [la introducción una orden de compra o venta que no se pretende llevar a cabo para incitar a otros participantes a invertir] y cientos de Clases Especiales de Órdenes (SOTs por sus siglas en inglés), algunas de las cuales están diseñadas por las grandes empresas y todas ellas son, básicamente, fraudes. No llegué a entender completamente todas las descripciones que hace Mattli sobre cómo funciona este nuevo modelo de operaciones bursátiles, así que me consoló leer que “un regulador jubilado con un reconocido historial de 15 años al mando de dos importantes organizaciones de regulación financiera me confesó hace poco que ya no entendía cómo funcionaban en realidad estos complejos mercados de capital”.

La consecuencia última de la fragmentación son las “plataformas oscuras” (mercados privados que no ofrecen información previa a la negociación sobre precios ni volúmenes de las órdenes). Estas plataformas, cuya intención original era prevenir la inversión ventajista, han sido diseñadas, en cambio, para facilitarla, mediante la connivencia entre sus administradores y los operadores de alta frecuencia que participan en ellas.

Mattli ofrece sus recomendaciones utilizando el enérgico tono cargado de sentido común del profesor de Oxford: ¡Hágase la luz sobre los inversores! O, de forma más prosaica, hágase que el Congreso y la Comisión de Valores y Bolsa realicen sus trabajos. Desafortunadamente, como reconoce en ocasiones, ninguno de ellos quieren hacer su trabajo. El lobby bancario está muy organizado y (sobra decirlo) bien financiado; Mattli cita a un observador de Wall Street de la década de 1970: “Los bancos… ya tienen más poder que el Congreso”. A estas alturas, la contienda ya ni existe. Y la SEC está en un lado de la puerta giratoria, en cuyo otro extremo se encuentran los grandes bancos y las corredurías bursátiles (en las que, según se dice, alguien con la actitud correcta puede ganar muchísimo dinero). Lo mismo vale rezar para que llueva en el Sáhara que para que se haga la luz sobre Wall Street.

Tras una larga lista de terrores desconocidos, casi supone un alivio regresar a otros con los que estamos más familiarizados: los problemas y dilemas de nuestro futuro digital. Hoy en día, el presente digital ya da bastante miedo, como deja patente James Bridle en New Dark Age: Technology and the End of the Future [La nueva edad de las tinieblas: la tecnología y el fin del futuro]. El libro es un agudo e informativo paseo por diez temas (ligeramente) relacionados entre sí (todos los cuales, en una encantadora muestra de vanidad, comienzan por la letra c). No existe una tesis central en la obra de Bridle, pero hay gran cantidad de información y reflexión sobre los métodos informáticos que rigen la investigación farmacéutica y sobre la fusión nuclear; sobre la curva Keeling, una gráfica que muestra la siempre creciente concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, y su relación inversa con la capacidad cognitiva humana; sobre DeepDream, un programa que ceba imágenes a unas redes neuronales y genera unos resultados sorprendentes; y sobre otros temas. Bridle se muestra sucesivamente entretenido, sorprendido o indignado, que es la manera perfecta de abordar el fenómeno devora-futuros que describe.

La prosa de Bridle puede ser lírica y amenazante al mismo tiempo. Por ejemplo:
“En algún lugar entre los yihadistas y los estrategas militares, entre la guerra y la paz, entre el negro y el blanco, se encuentra la zona gris en la que habitamos la mayoría de nosotros hoy en día. La zona gris es el mejor descriptor para un entorno inundado de hechos imposibles de demostrar y falsedades demostrables que, sin embargo, nos acosan, como si fueran zombis, mediante conversaciones, engatusamientos y persuasiones. La zona gris es el terreno resbaladizo y casi inasible en el que nos encontramos ahora mismo como consecuencia de nuestras muy extendidas herramientas tecnológicas para generar conocimiento. Es un mundo de cognoscibilidad limitada y de dudas existenciales, que es igual de terrible tanto para el extremista como para los que creen en las teorías de la conspiración. En este mundo nos vemos obligados a reconocer el limitado alcance del cálculo empírico y el escaso beneficio que ofrecen los abrumadores flujos de información”.

Directo al vídeo

El gran logro de La nueva edad de las tinieblas es un capítulo, más inquietante que nada de lo que haya leído nunca, sobre la programación infantil de YouTube. Un inmenso archipiélago de vídeos, algunos elaborados por humanos y otros por bots informáticos, compiten por el número de visitas de los niños, lo que significa, en primer lugar, que hay que atraer la atención de los algoritmos de recomendación de YouTube. A menos que tenga la suerte de que una masa crítica de niños lo encuentre y lo recomiende, la forma más segura de atraer la atención de YouTube es incluir en el título de tu vídeo el nombre de un vídeo que ya sea popular.

Por ejemplo, algo como Cars 2 Silver Rayo McQueen Corredor Huevos Sorpresa Disney Pixar Zaini Racer Plateado de ToyCollector. Es “uno de los millones y millones de vídeos sobre huevos sorpresa que hay en YouTube”. Un huevo sorpresa de chocolate que contiene un juguete en su interior, y por extensión, cualquier cosa que contenga otra cosa dentro. Por lo que parece, a los niños les gustan estos y otros vídeos en lo que se abren cajas o se desenvuelven paquetes para desvelar una sorpresa. Uno de los realizadores de huevos sorpresa con juguete dentro se alió con Cars, una taquillera película de Disney para niños. Gracias a esta feliz sinergia, Cars 2 Silver Rayo, etc. ha conseguido alcanzar los 33 millones de visitas y ha dado pie a infinitas variaciones (“millones y millones” de ellas). Y “huevo sorpresa” es solo uno de los géneros audiovisuales. También está la Familia dedo (dedos bailando y cantando versos mediocres), Aprende los colores, Peppa Pig, Cabezas equivocadas, y sus infinitos imitadores, todos siguiendo la misma fórmula, y una proporción desconocida de ellos totalmente automatizados.

¿Por qué? ¿Para qué sirve esta producción incesante de basura profunda e irremediablemente inútil? Ingresos por publicidad, obviamente. Los vídeos vienen siempre precedidos, seguidos o interrumpidos por un anuncio destinado al segmento demográfico de niños entre uno y seis años. La comisión por el anuncio se comparte entre el realizador del vídeo y el propietario de YouTube, que es Google. Es un gran negocio: los realizadores más populares de la plataforma han ganado decenas de millones de dólares. Solo Dios (y puede que Hacienda) sabrá cuáles son las ganancias reales de Google.

¿Todo este balbuceo de bebé y sinsentido infantil es al menos inofensivo? Todo lo contrario, nos informa Bridle. No importa ya la contracción de la imaginación de millones de niños (los vídeos infantiles de YouTube son tan parecidos a los cuentos de hadas tradicionales y a las historias para niños como las dos dimensiones se parecen a las tres). Peor incluso, algunos de ellos son verdaderamente tóxicos.  Los personajes tienen características y formas  extrañas e incomprensibles; y no pocas veces, coprofagia, sadismo, violaciones y violencia: es imposible que estas cosas no surjan en las decenas de millones de vídeos que existen, muchos de los cuales han sido realizados en las mismas condiciones que predominan en los talleres miseria o por programas de ordenador. “No se trata de la intención”, concluye Bridle, “sino de un tipo de violencia intrínseca a la combinación de sistemas digitales e incentivos capitalistas”. Claramente, también se trata en parte de la intención: eso es lo que pasa cuando haces que los niños sean un centro de beneficios.

La iniciativa, parece poderse afirmar, reside en los malvados. La cantidad y calidad de energía e invención que se destina a las infames actividades que se describen en estos tres libros podrían con facilidad acabar con la pobreza, la desigualdad, los conflictos internacionales y la crisis climática. Seguro que los infractores piensan que es más divertido dirigir el mundo que hacer contrabando de cuernos de rinoceronte o implantar programas maliciosos, ¿no? Entonces, si no puedes combatirlos, haz que se unan a ti; puede que así consigas al menos despertar su imaginación.

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George Scialabba es editor colaborador en The Baffler y el autor de los libros For the Republic y What Are Intellectuals Good For?

Este artículo se publicó en The Baffler.

Traducción de Álvaro San José.

Dark Commerce. How a New Illicit Economy Is Threatening Our Future, de Louise Shelley. Princeton University Press.
Darkness by Design: The Hidden Power in Global Capital Markets, de Walter Mattli. Princeton University Press.
New Dark Age: Technology and the End of the Future, de James Bridle. Verso.

7 de septiembre de 2018

Cruce de caminos: luchas indígenas y las Fuerzas de Liberación Nacional (1977-1983) en su trayecto por México.

Textos y fotos: La Casa de Todas y Todos.


24 de julio del 2018.
 
Cruce de caminos: luchas indígenas y las Fuerzas de Liberación Nacional (1977-1983), se presentó en las instalaciones del CESDER, (Centro de Estudios para el Desarrollo Rural), Puebla, en el marco del Curso de Verano 2018, El Arte De Organizar La Esperanza.

La presentación inició a las 21:30 hrs y terminó a las 22:3 hrs aproximadamente.

Asistieron alumnos, maestros, personas que asistieron al Curso de Verano que se desarrolló en el lugar, quienes tendrían una semana de actividades en esas instalaciones.

Hubo mucho interés de los participantes en la historia de la FLN, de sus ya casi 49 años de lucha. Algunos compañeros asistentes que provenían de Oaxaca nos propusieron un trueque de libros, mismo que se realizó sin inconveniente alguno.


9 de agosto del 2018.

El libro se presentó en la Casa de la Cultura de Nuevo León, en la mesa participó una compañera por la Casa de Todas y Todos y participaron 3 compañeros: el Lic. Sergio Chapa, antiguo militante que conoció a los compañeros fundadores; Wenceslao y Carlos, antiguos militantes de las FLN, quienes narraron su experiencia en el año 1974. Dos de ellos fueron detenidos y pasaron 2 años en la cárcel de Lecumberri por ayudar en los trabajos de aquellos años: apoyar a una organización revolucionaria, compraban artículos necesarios para los trabajos, alguna colaboración económica voluntaria, producto de su trabajo, nunca robada o tomada por engaño a ningún compañeros. Nunca robaron, nunca engañaron ni tomaron a la fuerza nada para entregarla a la organización y les costó poco más de 2 años de cárcel. Así fue la represión de los años 70’s. El compañero narró su experiencia y finalizó diciendo: “..sí apoyé a la organización…. y no me arrepiento de ello”.



Asistió el director de la Casa de Todas y Todos y contestó las preguntas de los asistentes. Al final, se proyectó el video de los 10 años de la organización que se presenta todos los días (excepto los lunes), en el Museo de la Memoria Indómita en la ciudad de México.



16 de agosto del 2018.

El libro se presentó en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), en la ciudad de Tehuacán, Puebla, en presencia de aproximadamente 200 estudiantes, profesores y activistas que luchan contra hidroeléctricas y mineras que amenazan la vida de las y los pobladores.



La mesa estuvo conformada con un presentador, como presentador/as, la Maestra representante de la BUAP, un sacerdote de la región y una representante de la casa. La maestra inició relatando el compromiso adquirido por las compañeras pertenecientes a las Fuerzas de Liberación Nacional, indicando el valor y ruptura de género que implica dedicarse profesionalmente a la lucha de liberación; dejar familia, bienes, hijos/as, etc.

El sacerdote, abarcó en su participación su propia experiencia al conocer y participar en la organización, el modo en que se acercó a ella, iniciado por un deber de justicia social, compartió los modos de seguridad adquiridos por las y los compañeros, los cuales resguardaban  a cada uno y una de los compañeros, tanto como militantes profesionales o colaboradores.

Por parte de la representante de la casa se hizo un recuento histórico de lo que representa la publicación de la serie Dignificar la Historia por parte de la Casa de todas y todos. Representa una apuesta por la verdad de la historia. Seguido de narrar los episodios crudos y de gran determinación a la que las y los militantes de las FLN tuvieron que someterse para continuar con la lucha por los pueblos y las ciudades, y poder un día conformar un ejército del pueblo que luchara contra los abusos y el sistema opresor que representa el capitalismo.



El presentador de la mesa hizo una aportación al finalizar en cuanto a lo valioso de dar a conocer la historia de las FLN a las nuevas generaciones y lo importante de la moral revolucionaria que distinguía a las y los militantes de las Fuerzas de Liberación.

Por último, la sesión de preguntas y respuestas fue con mucha participación por parte de los asistentes, las preguntas rondaban en cuando a ¿qué deben hacer los estudiantes para adquirir el compromiso que los y las compañeras adquirieron con las FLN?, ¿cómo fue el impacto del alzamiento del 1 de enero de 1994 en torno al TLC?, ¿cómo se relaciona el amor con la lucha de liberación? Y demás preguntas y opiniones que rondaban en cuanto a los acontecimientos políticos, agravios sociales que se suscitan en México.



31 de agosto del 2018.

La tarde del 31 de agosto en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, se presentó el libro un lugar llamado Mercadito del diseño. La mesa estuvo conformada por el Arquitecto Yáñez, el Sr. Gaspar Morquecho, Gerardo González Figueroa. Se inicia con el recinto con más de 60 asistente y sillas insuficientes.

El arquitecto Gaspar Morquecho, quien sumamente emocionado por presentar el libro, habla del conocimiento que tiene del tema y aporta datos que dan más claridad  y a reafirmar la verdad de lo expuesto en los libros.

El doctor Gerardo como tercer ponente, hace lectura de diferentes párrafos de los libros haciendo énfasis en las mentiras que han publicado en diversos libros y donde se pide que los supuestos historiadores tengan más ética al hacer sus investigaciones.

El último en tomar la palabra es el Arquitecto Yáñez quien da la explicación del por qué de los libros. El motivo de dar a conocer la historia organizativa de compañeras y compañeros que dieron la vida por ver a México libre de ataduras e injusticias.

Se presenta un video que se filmó por el décimo aniversario de las FLN y que da cuenta de actividades de los militantes de las FLN tanto en las ciudades como en la montaña, se presenta el video y la gente lo observa en el mayor de los silencios y con mucho respeto y admiración. Al finalizar el video se pide a la gente que si hay preguntas se hagan para ser contestadas por los ponentes o por el Arquitecto Yáñez .



La primera fue en el sentido de que si había revolucionarios buenos y revolucionarios malos, la respuesta que dio el Arquitecto fue clara y contundente y con ejemplos propios los cuales se basaron en las traiciones que sufrieron las FLN, así como con el trabajo y la participación abnegada de miles y miles de militantes que estuvieron dispuestos a dar su vida por cambiar las condiciones de opresión, represión y explotación del pueblo, empezando con todos los fundadores de las FLN: concretando por un lado están los traidores que entregaron la casa grande Nepantla, los traidores que asesinaron al compañero Ismael, el subcomandante Daniel quien traicionó la  lucha y después de robarse dinero de la organización se llevó los archivos donde había nombres direcciones.

Con más de las 10 hrs de la noche encima al poco rato se dio por terminado el acto con todos los libros vendidos y peticiones de llevar más a varios espacios para su venta.


25 de octubre de 2016

Editorial Hiru reemprende la campaña de suscripciones solidarias con "Apocalipsis o las noches del fin del mundo", de Alfonso Sastre.

Obra de teatro antropológico y de terror fantástico, Apocalipsis o las noches del fin del mundo es la historia de una especie de observatorio científico fantasma en el que penetrar puede ser, para sus lectores y sus espectadores, una gran aventura espiritual un tanto peligrosa.

Esta obra -hasta ahora inédita- de Alfonso Sastre, está a la altura de sus otras grandes obras (Escuadra hacia la muerte, Los hombres y sus sombras, La taberna fantástica y en general todas las obras que él mismo ha definido como "teatro complejo"), pues el autor muestra su vertiente más lúdica y, al mismo tiempo, compleja y existencial, envolviendo a los personajes y a nosotros mismos en una atmósfera de inquietante extrañeza.

Nº de páginas: 110
Isbn: 978-84-96584-62-4
PVP: 12 €

Puede adquirirlo en nuestra Tienda online: Apocalipsis
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Reemprendemos la campaña de suscripciones solidarias con Hiru
NECESITAMOS TU APOYO. 


Estimados amigos:

Empieza una nueva temporada, y con ella, el estreno de un nuevo sistema de envíos de nuestras comunicaciones para que a todos os lleguen bien y puntualmente.

Sé que debido al sistema anterior a muchos no os llegaba nuestra información, pues nuestros mails eran considerados como spam. Hecho que he ido detectando y que espero haber solventado.

No son tiempos fáciles, y para Hiru empieza una etapa de grandes retos. Otra más. Al ninguneo mediático general y a la casi imposibilidad de que nuestros libros estén visibles en las librerías, se ha ido sumando la existencia de ediciones piratas de alguno de nuestros autores (como Alfonso Sastre), así como algunas dificultades externas para que nuestros clientes adquieran alguno de nuestros títulos debido a su carácter político (como es el caso de Paypal, que se negó a transaccionar nuestro último libro, “Cuba ¡Palabra a la defensa!”, por el hecho de aparecer la palabra Cuba en el título).

A pesar de todos estos inconvenientes, Hiru sigue.

Pero ahora, más que nunca, necesitamos el apoyo de nuestros amigos y lectores. Por eso reemprendo la campaña para hacer suscriptores de la editorial. Suscriptores que, a cambio de una cantidad al mes (mediante pago domiciliado o el pago de una cantidad mediante tarjeta o paypal desde la propia Tienda online), podrán adquirir nuestros libros al 50% de descuento.

Y por ahora eso es todo, amigos. Esperamos que nuestra llamada tenga algún eco, y en cualquier caso, agradeceríamos que difundieras este mensaje entre las personas a quienes creas que pueda interesarles.

Un abrazo a todos

Eva Sastre Forest
Editorial Hiru.

1 de septiembre de 2013

Para una novela del movimiento social. Crónica oaxaqueña.

Por: Daniel Noemí / El Desconcierto.
Para la Vero, porque sí.
Entre la exuberante vegetación de Oaxaca y el olor a mar de Zipolite, con sus turistas calatos y fumados, las ganas de comer un pescado fresco y unos camarones a la diabla inigualables, me encontré leyendo la última novela de Tryno Maldonado. Así, sin esperarlo, se me ocurrieron algunas ideas que son como de crítica literaria pero que tienen más sueño y más viaje. Lo que sigue son mis notas sobre la novela Teoría de las catástrofes del Tryno y por qué, creo, nos pueden ayudar a pensar sobre un tipo de narrativa y de novela que reflexiona sobre los movimientos sociales y, además, se constituye en parte de ellos.
Todos tenemos nuestras obsesiones. Algunos no podemos vivir sin avisar en Facebook que fuimos al baño o twittear que acabo de ver a fulana con zutano; otros se preocupan de la cantidad exacta de lípidos y calorías que consumen; y hay quienes luchan—esto ya se parece a Brecht— incesantemente por una causa, a tal punto que esta deja de tener sentido en sí y se convierte en otra cosa (en una metáfora dirán algunos). Yo estoy obsesionado con las crónicas. Tryno Maldonado está obsesionado con leones. Y esa es una buena obsesión, al menos en su caso. Porque los leones son un modo de escribir otra obsesión que late todo el tiempo en su escritura: la de la posibilidad de una revolución estética y política (y, digamos desde ya, que ninguna de las dos puede tener éxito total; solo logros parciales y esporádicos).
La primera novela de Maldonado fue un intento por acercarse a y reírse de los escritores del Crack. ¿Qué ellos escriben esas novelas no latinoamericanas situadas en el corazón de Europa en tiempos duros? Viena roja lo hacía liviana (que no es lo mismo que light) y entretenidamente. Como un partido de fútbol que se juega con gracia y con un par de habilidosas jugadas; aunque sin tener en la cancha a Messi o a la selección española.
Temporada de caza para el león negro fue otra cosa. Fue el escritor que de pronto se dio cuenta que su literatura sí era posible y que había un sentido (que es siempre una búsqueda) en ella. Un sentido en la forma, en romperla, en revolucionarla aún sabiendo demasiado bien que no había nada de original en ello, pues se parte de la certeza  que todo ya ha sido hecho. Así y todo, con su boutade neo-vanguardista, su exceso coprolálico y velocidad postmo, Temporada fue un fresco de frescura en y de la realidad literatura latinoamericana.
Pero estábamos hablando de las obsesiones de Maldonado. Los leones. Teoría de las catástrofes está asediado por leones: los de origami de Davendra, el niño con Asperger, un genio; los leones que luchan en el movimiento social oaxaqueño, los leones internos de Anselmo y Mariana; y los más terribles de todos los leones, los que pertenecen a los militares—el personaje del Comandante está a la altura (o a la bajeza debiéramos decir) de otros grande (o bajos) de la literatura: el Marlow de la selva, el abogado a cargo de Lisbeth Salander… Sí, la novela ruge de varios modos; a ratos flaquea y pareciera que se va a quebrar, pero no, como Charly, aguanta.
Teoría  de las catástrofes se inserta en una incipiente corriente de narrativa que no es solo mexicana o latinoamericana, sino que es auténticamente global—lo cual no hace ni más ni menos de ella, pero da cuenta de una realidad de procesos económicos y culturales y sociales de los últimos años. Teoría es una novela de movimiento social. Prefiero el uso del singular, a pesar que la categoría no se refiera a un movimiento en particular (aunque evidentemente la novela, cada novela, suela hacerlo); pues el carácter abstracto nos permite lograr un mayor alcance, una mayor apertura.. Así como en la historia latinoamericana se ha hablado de la novela de la Revolución (mexicana); de la novela del Dictador (latinoamericano con algunas concesiones españolas); nos corresponde ahora declarar y describir esta imaginación que está adquiriendo literal (y virtual) textualidad de Oaxaca a Freirina, de Algeciras a Estambul, y de Cochabamba a Donde-el-diablo-perdió el poncho; la novela de movimiento social no se afilia (ni afila) a una posición política determinada ni profesa una línea estética única (aunque sus armas suelen tender al realismo). No es, para nada, apologética de este (repito: cuando digo uno quiero decir múltiples); pero, quizás sin pretenderlo, pasa a conformar parte del mismo; con todas sus contradicciones y aporías contribuye a él.  No me corresponde aquí trazar una genealogía de la novela de movimiento social o intentar una caracterización  más detallada o advertir qué novelas ya forman parte de esta velocidad de nuestros tiempos). Teoría de las catástrofes es la historia de un levantamiento de maestros en la ciudad de Oaxaca quienes apoyados por diversos sectores sociales y grupos de variadas posturas políticas, pone por un momento en jaque el funcionamiento normal del Estado. Como graffitean unos de los personajes: Aquí comienza la revolución. Es la narración de ese momento, de sus triunfos parciales y sus derrotas momentáneas. Toda relación y correspondencia con la realidad no es una casualidad; la novela está dedicada a quienes lo vivieron. Y es también la historia de Anselmo y Mariana; profesores no sindicalizados, de su paulatino (en un caso), involuntario (en el otro) involucramiento con el movimiento. Y de los personajes que los rodean.  Guerrilleros que han devenido cocineros pero siguen cocinando con el revólver; chicos fresas que reniegan de sus familias y pagan el precio que toda apuesta radical conlleva… Sí, es verdad que hay algo de estereotipos en estos personajes. El pasaje en que Anselmo se convierte en un Casanova de ocasión, es risible y poco verosímil. El narrador, como jugador bueno para la pelota, se engolosina en las escenas de acción. Demasiada acción mata la acción.  Pero hay mucho que contrarresta esas faltas. Como dicho el Comandante resulta sobrecogedor y aterrador: breve mínimo, preciso, sus movimientos y palabras parecen dirigirse al mismo lugar pero en realidad están yendo en direcciones opuestas, apuntando a universos distintos. Y los leones. Devendra construye obsesivamente leones de origami y se rodea de todo lo que tenga que ver con leones. ¿Metáfora de la revolución fracasando? ¿De la incapacidad de comunicarse? ¿de la fuerza solo aparente del movimiento, que parece león pero que en realidad no es más que papel…? ¿O más bien una reflexión sobre los literales dobleces y quiebres que tiene la palabra para hablar del presente y contribuir a construir, así, el futuro?
La lucha, escribe Maldonado sin escribirlo, continúa. Los leones están ahí, los leones somos nosotros.
Miro el mar de Oaxaca. Miro las olas. Sí, se escucha clarito: rugen.

13 de marzo de 2013

Ovejas negras




Presentación del libro “Ovejas Negras. Rebeldes de la iglesia mexicana del siglo XXI”
de Emiliano Ruiz Parra (Océano, México DF, 2012)

Christopher Sykes, en su libro “Black Sheeps” (Viking Press, 1983) señala que en Inglaterra, durante los siglos XVIII y XIX, las ovejas color negro eran consideradas como ovejas marcadas por el diablo. Lo cierto es que la oveja negra, que ocasionalmente nacía en un hato de ovejas blancas por predominio de los llamados genes recesivos, tenía el problema de que su cotización en el mercado era mucho más baja que aquella de las ovejas blancas. La denominación “ovejas negras”, pues, tiene ya desde su origen una cierta connotación negativa. Es a partir de este origen que se ha derivado el modismo que califica con este nombre a miembros de un grupo que se caracterizan por su singularidad o diferencia con el resto. Esta diferencia suele ser vista con recelo, como bien afirma la Wikipedia: “(El término) deriva de la presencia indeseable y poco común de individuos de lana negra en rebaños de ovejas blancas, lo cual no era bueno para el criador ya que la lana de dichas ovejas no era cotizada en el mercado”. Cuando el término se aplica a grupos humanos, regularmente, como es el caso de la obra que ahora comentamos, el modismo “ovejas negras” tiene connotaciones de disidencia, de rebeldía.

Emiliano Ruiz Parra optó por este término para titular el libro en el que nos comparte las semblanzas de algunos de los varones católicos más emblemáticos de nuestros tiempos, sea por su posición disidente frente al tratamiento que la iglesia jerárquica da a algunos temas, sea por el riesgo, para su prestigio y para su vida, que ha conllevado dicha posición disidente.

A mí me gusta la disidencia. Me parece un signo de buena salud. Una de las discusiones más candentes entre las personas que aspiran a construir sociedades más democráticas, es la discusión acerca del pensamiento único o, como es llamado en otras partes, pensamiento fuerte. James Scott define el pensamiento único y su contraparte, la insubordinación o disidencia, cuando afirma: “Las instituciones cuya identidad depende de una doctrina necesitan que la unanimidad se exprese públicamente, aunque la sinceridad de estas expresiones les preocupa poco. La duda personal o el cinismo introvertido son importantes, pero representan algo muy distinto de la duda pública y el rechazo abierto a una institución. La negativa abierta a cumplir con una puesta en escena hegemónica es, por tanto, una forma especialmente peligrosa de insubordinación... y un acto único de insubordinación pública exitosa perfora la superficie uniforme del aparente consenso...”

De ahí que el rescate de las figuras de estos disidentes que pueblan el libro de Emiliano sea tan importante. Se trata, ni más ni menos, de mostrar con estos testimonios que la iglesia católica es una casa muy amplia, donde caben pensamientos muy diversos, y que mal haríamos con identificar a la pluralidad de la iglesia con el modelo de pensamiento único propugnado por algunas de sus autoridades. Se trata de disidentes públicos, de esos que, al decir de James Scott, “perforan la superficie uniforme del aparente consenso”.

La disidencia en la iglesia tiene mucho de amor y de resistencia. Brota, sí, de la constatación cada vez más palpable de un modelo de organización que ha terminado por alejarse de su origen. Jesús de Nazaret, el rabino itinerante de pies descalzos que, en la Palestina del siglo I apareció anunciando la irrupción del Reino de Dios y que construyó un movimiento alternativo que se distinguió por la igualdad y la fraternidad horizontal entre todos sus miembros y miembras, no parece tener gran cosa que ver con una iglesia en la que su autoridad máxima es un Jefe de Estado, los asuntos vitales para todos son decididos por una gerontocracia masculina y célibe y las mujeres son ciudadanas de tercera clase.

Pero la disidencia no se autoexcluye. Se siente parte de una familia de siglos que la sobrepasa. La disidencia de hoy es pariente de aquella del siglo XIII con Francisco de Asís, de la disidencia del siglo XVI con Giordano Bruno, o aquella, por femenina aún más audaz, de Teresa de Jesús. Por eso la disidencia católica se asemeja mucho a una fotografía que, en tiempo de las pasadas elecciones, circuló profusamente por la red: se trata de la foto de una casa de clase media que tiene en su fachada una lona grande de propaganda del PRI. La lona reza: “En esta familia, todos somos del PRI y estamos con Peña Nieto”. Junto a la lona, en una cartulina hecha a mano, aparece la leyenda del disidente de la familia. La cartulina contiene la frase simple, pero revolucionaria: “No todos”. Hay en la frase disidente un reconocimiento implícito: efectivamente, yo también soy parte de esta familia, pero no por ello tengo que pensar todo como lo piensa el resto. Siempre he sostenido que una de las mayores victorias de la civilización puede palparse cuando un ciudadano o ciudadana de a pie, común y corriente, sin pretender representar a ‘las mayorías’ y sin ostentar más autoridad que la de su propia palabra, se levanta y dice la frase clave: ‘no estoy de acuerdo’ y argumenta su disenso.

Son cuatro los capítulos en que Emiliano Ruiz Parra presenta a sus ovejas negras: Los Precursores, que incluye a Don Sergio y a J-Tatic Samuel; Los Dolientes, donde se enlista a Javier Sicilia, el Padre Solalinde y Pedro Pantoja; Los Defensores, capítulo en el que se presenta al obispo Raúl Vera y al cura obrero Carlos Rodríguez, y, finalmente, Los Disidentes Sexuales, que presenta al tenaz Dr. José Barba y una somera recolección de personas y posiciones titulada “Sacerdotes Casados y Mujeres en el Púlpito”, la sección más floja del libro, puesta, me parece, más bajo la presión de no soslayar esta temática en el libro, pero que resulta poco representativa de las discusiones y testimonios que se dan actualmente en la iglesia en este conflictivo ámbito y que tendría que haber contemplado a personajes como James Alison, el teólogo dominico, Roberto Coogan, el capellán de la pastoral de la diversidad sexual saltillense o a las siempre combativas Católicas por el Derecho a Decidir.

El libro me ha gustado. Me ha gustado su incorrección política. En un tiempo en que lo que vende es la descarnada exhibición de las bajezas cometidas por algunos ministros ordenados, un libro que rescata para la memoria colectiva las apasionantes vidas de cristianos y cristianas comprometidos con causas concordantes con el evangelio de Jesús no puede menos que agradecerse. Por muchas razones este libro es una buena noticia. Lo es, sí, por el prisma plural desde el cual se retrata la disidencia (tres obispos, tres presbíteros y dos laicos, de distintas procedencias y ámbitos diversos de testimonio e influencia), pero lo es también porque los personajes retratados aparecen todos como fascinados por la figura de Jesús de Nazaret. Si uno se pregunta si, en el marco de esta iglesia absolutista, desigual y patriarcal en la que vivimos, persiste como realidad viviente la utopía del evangelio, este libro le dará una respuesta positiva. El impacto de Jesús y de su testimonio, dos milenios después, sigue fascinando personas, alimentando vidas e impulsando proyectos de humanización. Y sobrevive a despecho de una institución que, más preocupada por sí misma y por sus privilegios que por el anuncio del Reino de Dios y la consecuente transformación del mundo, se ha convertido para muchos en un obstáculo para la aceptación del evangelio. Es quizá esta oscuridad generalizada la que hace que estos testimonios luminosos brillen de especial manera.

No se piense, sin embargo, que el libro de Ruiz Parra pertenece al género de las hagiografías. No se trata de una edición actualizada de aquella literatura que llenó nuestra infancia y que llevaba el nombre de “Vidas Ejemplares”. Las Ovejas Negras de Emiliano Ruiz Parra no son objeto de culto ni pretende el autor, como sí se hiciera de manera vergonzosa con el pederasta fundador de la Legión de Cristo, proponerlos como “colmados de los dones del Espíritu Santo” o “guías eficaces de la juventud”. No. Los personajes del libro son de carne y hueso, cruzados por un sinnúmero de contradicciones, sumergidos en esta vorágine de acontecimientos que llamamos historia, tan plena de ambigüedades. Las personas retratadas en este ensayo son, desde mi perspectiva, discípulos de Jesús. Hacen honor a una de las relaciones dialécticas que el autor esboza en su introducción: “entre el pasado (la interpretación de los evangelios) y el presente (la militancia por la justicia social y la libertad) de los protagonistas de este libro: el evangelio se lee a la luz de las urgencias políticas y morales de nuestra hora y con las herramientas científicas de nuestro tiempo; la narrativa revisada de ese pasado, a su vez, se convierte en inspiración de la acción militante en el presente concreto”. Es eso lo que los hace religiosa y políticamente peligrosos. Discípulos de Jesús: nada más, pero nada menos.

Alguna vez, el subcomandante Marcos, mientras peregrinaba por la geografía nacional, dijo lo siguiente con su peculiar prosa: “Hay de iglesias a iglesias… Hay, es cierto, la Iglesia que heredó la soberbia, la estupidez y la crueldad del conquistador hispano. El alto clero que elige estar del lado del poderoso y encima de los que abajo son el color de la tierra, sin importar el tiempo que marque el calendario. El Onésimo Cepeda que se reproduce en todo el territorio mexicano, con otros nombres, repartiendo bendiciones en los campos de golf, en los restaurantes de lujo, en las soberbias mesas en las que todo abunda, menos la dignidad y la vergüenza… La Iglesia de la opresión y la soberbia. La que, hereje, adora a los dioses del poder y del dinero. La que ora porque la conquista continúe y no se detenga hasta eliminar a los habitantes más primeros de estos cielos. La que es indulgente con el crimen hecho gobierno y empresa, y condena al fuego infernal y terrestre la rebeldía de quienes piden justicia y paz.
Pero también hay, es cierto, otra Iglesia. La que heredó la humildad, la honestidad y la nobleza. El bajo clero que está en la opción por los pobres. La Iglesia que elige estar del lado de los marginados sin importar la festividad religiosa. Los párrocos, monjas, seglares y creyentes que no imponen ni se imponen, que trabajan abajo, hombro con hombro, con quienes hacen parir la tierra, andar las máquinas, caminar los productos. Esta otra Iglesia la forman los equivocados. Porque donde dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ellos leen “amarás a tu prójimo más que a ti mismo”. Y donde dice “bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, ellos leen “bienaventurados los que se acercan a los pobres, porque con ellos será el reino de justicia en la tierra”. Y donde dice “no robarás”, ellos leen eso: “no robarás”. Y donde dice “no mentirás”, ellos leen “no predicarás la resignación y el conformismo”. En Puebla, y en toda la República Mexicana, esta otra Iglesia camina de la mano de los pueblos indios y con ellos resiste y lucha”.

Esa es la iglesia que queda retratada en Ovejas Negras. Con un talante utópico de tal envergadura, no es extraño que los movimientos de resistencia estén plagados de este tipo de discípulos y discípulas. No serán la mayoría ni ocuparán puestos de relumbre o escaños relevantes en la geografía de las jerarquías de arriba. No pidamos peras al olmo. Tampoco se suele encontrar auténticos revolucionarios en las curules de los diputados y senadores. ¿Cuántos cristianos y cristianas, en cambio, encontramos en trabajos que tienen que ver con el respeto a los derechos humanos de diversos grupos sociales en nuestro país? Miles. Sólo en la Red Nacional de Organismos Civiles “Todos los Derechos para Todas y Todos”, que cuenta con cerca de ochenta organizaciones en el territorio nacional, cerca del 70% son organizaciones con raíces cristianas.

Una cosa nada más tendría que reclamarle al autor: la casi total ausencia de mujeres. Puede comprenderse que en la institución occidental más empapada del espíritu patriarcal no sobresalgan per se mujeres. Pero Cristina Auerbach, Jackie Campbell y Janet Collin-Smith, mencionadas en el libro, hubieran merecido cada una su propio capítulo. Si me preguntaran ahora si en Yucatán existen personas que habrían dignamente ocupado las páginas de este libro, como testimonio de resistencia y rebeldía al interior de la iglesia católica, mi boca y mi corazón se llenarían de nombres de mujeres. Ellas lo saben, porque varias de ellas están aquí presentes. Pero nadie sabe si Ruiz Parra nos entregará, en algún futuro posible, algún libro sobre la presencia rebelde de las mujeres católicas en la iglesia mexicana.

Hay algo de lucha contra el olvido en este libro, porque rescata para la historia el testimonio de personas que, de otra manera, sería difícil que conociéramos. Aunque, hay que reconocerlo, la historia parece a veces no ser otra cosa sino el registro de las mayores disidencias. Quizá una de las pocas alegrías de los estudiosos de las disidencias sea precisamente esa: todo mundo sabe quién fue Giordano Bruno. Muy pocos recuerdan quién era el inquisidor que se le acercó al pie de la hoguera para reconvenirlo y llamarlo al arrepentimiento. A los que ejercen de inquisidores la historia los trata como lo que son, marionetas del poder, sucumbidos al olvido, conocidos únicamente gracias a sus víctimas.

A propósito de Giordano Bruno: Cuentan que el anónimo inquisidor le dijo a Giordano, antes de encender la hoguera: ¿reniegas de las proposiciones heréticas que has sostenido? A lo que Bruno respondió: No. Entonces, le dijo el inquisidor, quedas expulsado de la iglesia militante y de la iglesia triunfante. Giordano Bruno lo enfrentó diciéndole: “¡Espera! De la iglesia militante puedes expulsarme, pero no de la triunfante. No tienes en ello competencia”. Como una vez me dijera María Sarquiz, una mujer íntegra, luchadora contra los prejuicios que circundan al VIH/SIDA: “Yo, con Dios, no tengo ningún problema. Mis problemas son con el personal de tierra”.

Quede pues la invitación a la lectura de Ovejas Negras. Un libro que se disfruta. Lean ustedes el testimonio de estos disidentes. Les aseguro que documentarán su esperanza y fortalecerán su espíritu de resistencia.

6 de noviembre de 2012

Trilogía bajo el agua.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 2 de noviembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.
Editada por el Instituto Sonorense de Cultura, Trilogía bajo el agua de Sergio Galindo, recoge tres obras referidas al ahogamiento de Batuc, Tepupa y Suaqui, allá en la Sierra de Sonora. No fue la naturaleza la que encabritó las aguas del río Moctezuma para desaparecer esos tres pueblos mártires, fue una decisión burocrática la que los anegó para construir la Presa Plutarco Elías Calles hace apenas 40 años.
Cuando aquello ocurría, Sergio Galindo, autor de las tres obras teatrales que conforman la Trilogía era un “adolescente, casi niño, acuclillado en aquella esquina conocida como el mentidero de don Manuel Cruz”, y, en sus propias palabras, recibió la noticia como “un golpe seco a la ingenuidad de mi infancia. En soledad, callado, tuve una revelación. El pesar y la impotencia de no poder expresar mi indignación... empezaron a incubar el primero de los textos que muy pronto se convertirían en una trilogía”.
Desde luego, la justificación para la desaparición de aquellos tres pueblos estaba cimentada en la palabra mágica “progreso”. Y, como siempre que se enarbola esta bandera frente a los pueblos que se consideran primitivos, el progreso llegó como orden despótica envuelta en un lenguaje de “civilizadores” que, por principio, debe resultar un galimatías para las víctimas.
Así llegaron los conquistadores a anunciar en lengua incomprensible, primero, que los pueblos conquistados quedaban como súbditos de la corona española y, en segundo término, que esa nueva servidumbre les traería una nueva religión que habrían de comprender como quisiera Dios.
Siglos después hacemos lo mismo: anunciar el progreso sin tomar en cuenta ni la inteligencia ni la voluntad de quienes deben, encima, agradecer la violencia que sobre ellos se ejerce. Los resultados han sido desastrosos: el campo mexicano es una ruina y la fuga hacia el norte de nuestros campesinos es una productora de divisas para nuestra orgullosa macroeconomía. Somos exportadores de esclavos e importadores de maíz con una sonrisa de satisfacción en nuestros labios.
El niño “acuclillado en el mentidero” fue llamado por el teatro para hablar con su tiempo y para traer a los de hoy las voces ahogadas de los de entonces. Así escribió, montó, y en algún caso actúo, las tres obras que forman su Trilogía: Agua pasa por mi casa, Más encima... el cielo y El último vaquero.
Las tres han sido un éxito sobre todo en el noroeste, pero no sólo allí. La idea de que hay obras “regionales” que sólo pueden verse en su ámbito ha frenado el teatro mexicano. Ni hay obras “regionales” vedadas para lo universal, ni hay obras “cultas” vedadas para los incultos, ni hay obras “universales” que aburren a los contemporáneos.
Todas estas vedas y definiciones de los gustos y las inteligencias de los pueblos son una cursilería paternalista que debemos erradicar. Hay buen teatro y mal teatro. Y, así, Lorca llevó, con La Barraca y por los pueblos, nada menos que El gran teatro del mundo de Calderón, Orson Welles montó Macbeth en 1948 con actores negros en pleno racismo norteamericano o Susan Sontag montó Esperando a Godot en plena guerra en Sarajevo. El genio trasciende las limitaciones de quienes dictan “los gustos” desde las capillas, capillitas y catedrales culturales.
Y la aparición, como libro, de esta Trilogía la pone al alcance de quien quiera leerla y hacer su puesta en el propio imaginario o llevarla a escena en cualquier rincón de nuestra geografía.

5 de noviembre de 2012

"Qué hacemos", libros de respuesta a la crisis capitalista y sus miserias.


Ante la crisis, reflexión y propuestas. Qué hacemos nace con la aspiración de contribuir de forma colectiva a la elaboración de alternativas frente a la crisis. Para ello, busca crear redes y espacios de encuentro con organizaciones sociales y personas que comparten la inquietud por el momento que vivimos y la búsqueda de un futuro mejor. 

Qué hacemos es el sello y la pregunta que los especialistas en distintas materias se proponen contestar para promover debates y soluciones. ¿Qué hacemos cuando todo parece en peligro: los derechos sociales, el Estado social, la democracia, el futuro? ¿Qué hacemos cuando en unos meses liquidan conquistas sociales de décadas; cuando el miedo, la resignación, la rabia, nos paralizan? “La expresión “Qué hacemos” resume bien lo que muchos sentimos estos días”, dice el escritor y columnista Isaac Rosa, uno de los promotores del proyecto. “Y qué hacemos, en afirmativo, para compartir lo que ya estamos haciendo, intercambiar propuestas y pensar otras nuevas”, añade.

Por ahora Qué hacemos ha tomado esa forma de colección de libros cortos (menos de 70 páginas) que comparten varias características: cada volumen se dedica a un tema social, económico, político…; plantea propuestas a partir del lema común qué hacemos; es de elaboración colectiva, con cuatro autores de diverso origen (colectivos sociales, universidad, activistas, periodistas…) que no escriben cada uno una parte, sino que ponen en común sus propuestas y elaboran un texto, facilitando así la discusión previa entre personas y colectivos. Y serán sencillos y accesibles a todo tipo de lector, aunque sin renunciar al análisis en profundidad.

El colectivo editorial y de reflexión está formado por el editor Ramón Akal, la socióloga, editora y trabajadora de Fuhem-Econsocial Olga Abasolo; el periodista y director de eldiario.esIgnacio Escolar; el activista social José Manuel López; el profesor de instituto y veterano sindicalista Agustín Moreno; el profesor de sociología de la Universidad Complutense Ariel Jerez; la periodista especializada en Oriente Medio y autora de varios libros Olga Rodríguez; el escritor y columnista Isaac Rosa, y el fundador y presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva. Varios fundadores y autores colaboran asiduamente en cuartopoder.es

Los primeros volúmenes, Qué hacemos con la política económica, de Alejandro Inurrieta, Eduardo Gutiérrez, Alberto Montero (economistas), y la periodista Amparo Estrada, y Qué hacemos por la Educación, de Agustín Moreno, José Luis Pazos (CEAPA), Miguel Recio (director de Instituto) y el pedagogo Enrique Díez, saldrán a la venta el 3 de noviembre en librerías y kioskos [aquí puedes encontrar las primeras páginas de 'Qué hacemos con la política económica' y 'Qué hacemos con la educación']. Le seguirán Qué hacemos con el euro, Qué hacemos ante la crisis ecológica, Qué hacemos por una muerte digna, Qué hacemos tras el rescate, Qué hacemos con la vivienda, Qué hacemos con el trabajo, Qué hacemos por la laicidad y con otros temas como la deuda, las fronteras, las autonomías, los derechos civiles, la corrupción, la memoria histórica o el periodismo. Los libros serán editados por Akal, con una licencia Creative Commons (4,95 en papel, 1,95 en electrónico, y descarga gratuita pasados unos meses de su publicación).

Además de los autores mencionados, numerosos especialistas como Josep Fontana, Vicenç Navarro, José Manuel Naredo, Luis Montes, Jorge Riechmann y otros, así como varios colectivos: Ecologistas en Acción, Plataforma contra los Desahucios, Marea Verde, Grupo de Economía de Sol 15-M, Women’s Link, y CEAR, entre otros, se hallan comprometidos con el proyecto editorial para promover el debate y la alternativa. Sus promotores comenzarán a difundir este lunes la iniciativa en las redes sociales (Cuenta en Twitter @_quehacemos) y en web www.quehacemos.org.

La intención de los promotores es que el impulso editorial no se agote en sí mismo, sino que se prolongue y enlace con otras iniciativas. 


13 de octubre de 2012

Presentación de, BRASIL POTENCIA de Raúl Zibechi, la nueva publicación de Bajo Tierra Ediciones.


https://lh6.googleusercontent.com/-FNrOpqQuV54/UHYd_H-LHNI/AAAAAAAAAxg/9GT-oS0gj6s/s512/nueva%2520publicacion%2520jra%2520Bajo%2520Tierra%2520Ediciones%2520-%2520jovenes%2520en%2520resistencia%2520alternativa%2520-%2520Brasil%2520Potencia%2520-%2520Raul%2520Zibechi.jpg
La presentación de BRASIL POTENCIA, la mas reciente publicación de Bajo tierra ediciones, el proyecto editorial de jóvenes en resistencia alternativa, será el próximo jueves 25 de octubre, a las 4 pm en la Facultad de Ciencias Políticas, UNAM.

Con la participación de:

  • El autor, Raúl Zibechi

  • Los editores.

  • Comentan, Luis Hernández Navarro, Ana Esther Ceceña, Massimo Modonesi, Lucio Oliver Costilla.

Para saber mas acerca de este trabajo, entra a; http://jra.espora.org/index.php/bajo-tierra-ediciones/382--brasil-potencia-de-raul-zibechi-la-nueva-publicacion-de-bajo-tierra-ediciones.html

7 de octubre de 2012

Las mujeres no pasan.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 5 de octubre de 2012.
Por José Ramón Enríquez.

César Antonio Sotelo titula su obra Van pasando mujeres como el poema de Alfonsina Storni, del cual un fragmento le sirve de epígrafe: “Cada día que pasa, más dueña de mí misma, / sobre mí misma cierro mi mirada interior; / en medio de los seres la soledad me abisma, / ya ni domino esclavos, ni tolero señor. / Ahora van pasando mujeres a mi lado / cuyos ojos trascienden la divina ilusión, / el fácil paso llevan de un cuerpo aligerado: / se ve que poco o nada les pesa el corazón...”
La Storni se suicidó en 1938. Casi tres cuartos de siglo de haberse entregado al mar sin conocer luchas feministas que, desde los 60, han abierto insospechados espacios. Pero soñó con ellos. Tal vez los entreveía como dijo en ese mismo poema: “Tengo sueño mujeres, tengo un sueño profundo”.
Es, pues, un acierto más de César Antonio Sotelo el haber escogido ese epígrafe y ese título que nos obligan a preguntarnos si las mujeres que van pasando llegaron ya a los espacios que, entre otras, empezaron a abrir poetas como Alfonsina Storni.
La respuesta se la canta su amigo Luis a Mónica, la capaz profesionista de Van pasando mujeres a quien acaban de negar un justo ascenso: “¿Y por qué crees tú que ninguna mujer es directora?... Porque ninguna cumple los requisitos... ¿Juegas golf?... ¿Eres buena para contar chistes colorados y anécdotas peladas?... ¿Te gustan los deportes?... ¿Eres buena para beber?... ¿Eres buena para conseguir diversión a ejecutivos o posibles clientes en caso de que sea necesario?... Fin de la entrevista. Gracias por su tiempo, es una lástima pero usted no es la persona que necesitamos... ¡Mónica, entiende! Este es un mundo de hombres. Está hecho por los hombres para que los hombres lo gobernemos... Te guste o no... Nunca dije que fuera justo sólo digo que así es...”
No exagera César Antonio Sotelo al poner esa conclusión en boca de Luis casi en el arranque de la obra. Hoy, cuando los machos inclusive se lamentan por tener que cumplir con cuotas de género que dicen superadas, los porcentajes son abrumadores: ni en sueldos ni en puestos directivos en cualquier área, las mujeres se acercan siquiera un poco a los hombres. Y no es por su falta de capacidades sino porque, simple y llanamente, las mujeres no pasan.
La obra de Sotelo, autor chihuahuense de importante trayectoria académica y desgraciadamente poco conocido en nuestro medio teatral, denuncia sabiamente la situación con el entretejido de historias de mujeres que, poco a poco, van aceptando que la vida no se entiende para ellas sin su hombre, sin su familia, sin todo eso que se puede dejar de lado para jugar a los triunfos profesionales pero a lo cual hay que volver como si lo dictara una tan desconocida cuanto exacta ley de la gravedad universal.
Van pasando mujeres es una obra muy bien escrita por un autor cuyo oído supera con creces esos obstáculos que abundan en nuestro teatro para hacer ágiles y verosímiles los diálogos. La estructura psicológica de los personajes es la justa, sin boberías ni tremendismos. Al fin, la lucha que el amor supone y que el macho ha hecho pasar como verdad absoluta, queda justamente desenmascarada sin más violencia que la decisión libre y profunda de otra mujer: Mónica la protagonista.
Estoy cierto de que muy pronto se podrá ver la obra, que me llega publicada por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y que ya ha tenido montajes universitarios en la capital de su estado, en Zacatecas e inclusive en Buenos Aires.
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