7 de octubre de 2012

Las mujeres no pasan.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 5 de octubre de 2012.
Por José Ramón Enríquez.

César Antonio Sotelo titula su obra Van pasando mujeres como el poema de Alfonsina Storni, del cual un fragmento le sirve de epígrafe: “Cada día que pasa, más dueña de mí misma, / sobre mí misma cierro mi mirada interior; / en medio de los seres la soledad me abisma, / ya ni domino esclavos, ni tolero señor. / Ahora van pasando mujeres a mi lado / cuyos ojos trascienden la divina ilusión, / el fácil paso llevan de un cuerpo aligerado: / se ve que poco o nada les pesa el corazón...”
La Storni se suicidó en 1938. Casi tres cuartos de siglo de haberse entregado al mar sin conocer luchas feministas que, desde los 60, han abierto insospechados espacios. Pero soñó con ellos. Tal vez los entreveía como dijo en ese mismo poema: “Tengo sueño mujeres, tengo un sueño profundo”.
Es, pues, un acierto más de César Antonio Sotelo el haber escogido ese epígrafe y ese título que nos obligan a preguntarnos si las mujeres que van pasando llegaron ya a los espacios que, entre otras, empezaron a abrir poetas como Alfonsina Storni.
La respuesta se la canta su amigo Luis a Mónica, la capaz profesionista de Van pasando mujeres a quien acaban de negar un justo ascenso: “¿Y por qué crees tú que ninguna mujer es directora?... Porque ninguna cumple los requisitos... ¿Juegas golf?... ¿Eres buena para contar chistes colorados y anécdotas peladas?... ¿Te gustan los deportes?... ¿Eres buena para beber?... ¿Eres buena para conseguir diversión a ejecutivos o posibles clientes en caso de que sea necesario?... Fin de la entrevista. Gracias por su tiempo, es una lástima pero usted no es la persona que necesitamos... ¡Mónica, entiende! Este es un mundo de hombres. Está hecho por los hombres para que los hombres lo gobernemos... Te guste o no... Nunca dije que fuera justo sólo digo que así es...”
No exagera César Antonio Sotelo al poner esa conclusión en boca de Luis casi en el arranque de la obra. Hoy, cuando los machos inclusive se lamentan por tener que cumplir con cuotas de género que dicen superadas, los porcentajes son abrumadores: ni en sueldos ni en puestos directivos en cualquier área, las mujeres se acercan siquiera un poco a los hombres. Y no es por su falta de capacidades sino porque, simple y llanamente, las mujeres no pasan.
La obra de Sotelo, autor chihuahuense de importante trayectoria académica y desgraciadamente poco conocido en nuestro medio teatral, denuncia sabiamente la situación con el entretejido de historias de mujeres que, poco a poco, van aceptando que la vida no se entiende para ellas sin su hombre, sin su familia, sin todo eso que se puede dejar de lado para jugar a los triunfos profesionales pero a lo cual hay que volver como si lo dictara una tan desconocida cuanto exacta ley de la gravedad universal.
Van pasando mujeres es una obra muy bien escrita por un autor cuyo oído supera con creces esos obstáculos que abundan en nuestro teatro para hacer ágiles y verosímiles los diálogos. La estructura psicológica de los personajes es la justa, sin boberías ni tremendismos. Al fin, la lucha que el amor supone y que el macho ha hecho pasar como verdad absoluta, queda justamente desenmascarada sin más violencia que la decisión libre y profunda de otra mujer: Mónica la protagonista.
Estoy cierto de que muy pronto se podrá ver la obra, que me llega publicada por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y que ya ha tenido montajes universitarios en la capital de su estado, en Zacatecas e inclusive en Buenos Aires.

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