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8 de septiembre de 2019

Dení Prieto, la Compañera María Luisa, cumple 65 años; Gener@cción Z, 13.

La primera vez que vi a Dení su fotografía apareció publicada en algún ejemplar del semanario Proceso acompañando, creo, una entrevista que uno de los reporteros de la revista fundada por Julio Scherer le hiciera a su padre, el dramaturgo Carlos Prieto Argüelles. La segunda vez, su foto enmarcaba otra entrevista a Carlos Prieto en la que también participaba, me parece, Eve Stock, madre de Dení. La tercera, como si de un flechazo se tratará, la descubrí encima de una repisa junto a otras fotos en donde estaban también Carlos, Eve y Ayari, la hermana de Dení.

Lalo, Berta Alicia y yo habíamos llegado al bungalow de Eve y Carlos para presentarle a éste el montaje que Eduardo se había autodirigido de El perjuicio que causa el tabaco, de Chéjov; una especie de ensayo general que se convirtió en función privada entre cuyo público estábamos Carlos, Eve, Reynaldo Reyna (amigo de Carlos y actor de hace muchos años), Berta Alicia y yo.

Tras la funcioncita, Eve, Carlos y Reynaldo elogiaron el trabajo de Lalo porque, amén de la actuación, conservó la dirección que Humberto Proaño le hiciera antes de adelantársenos al Mictlán. Aquello se volvió una tertulia, de las impresiones sobre la obra pasamos casi sin darnos cuenta a las anécdotas surgidas de las tripas del cine nacional contadas por Carlos de cuando conoció a la Dolores del Río y al Pedro Armendáriz y aderezadas por Reynaldo, quien hablaba de cómo el Cantinflas al menos en las películas de Miguel M. Delgado nunca se dejó dirigir por éste. Entre tanto, Eve intervenía de vez en cuando para puntualizar algunos detalles de las historias que seguramente se sabía tan bien como ellos.

El otro tema inevitable fue, obvio, la política. Recuerdo que miré de reojo casi por instinto a Dení, como esperando lo que ella tuviera que decir al respecto. Ella nos miraba aparentemente seria, con ése brillo en sus ojos que supongo siempre le caracterizó y con una sonrisa apenas dibujada en los labios. Sus palabras flotaban en el aire con la voz de Carlos hablándonos de sus artículos en el Chicago Tribune; del narcotráfico, el petróleo y los inmigrantes como las principales fuentes de divisas extranjeras a México; del EZLN y la posibilidad, ahora sí, de que triunfaríamos… y llegó la hora de retirarnos.

Después de esa ocasión busqué un sin fin de pretextos para volver a encontrarme con Carlos y hacerle plática. Así, terminé por toparme con él a la hora en la que iba al puesto de periódicos de la glorieta de Zapata para comprar La Jornada; y, donde al cabo de un par de encuentros, no dudó en invitarme a acompañarlo de regreso a su casa. Dos o tres días más la escena camino de regreso a su casa se repitió, invitándome unas veces a pasar para escuchar sus artículos y otras veces despidiéndose de mí a la entrada del conjunto de bungaloes... hasta que una ocasión no salió más.

Unos días antes, tal vez semanas, la “comunidad teatral” morelense le había hecho un emotivo homenaje donde Eduardo cantó La poesía es un arma cargada de futuro, poema de Gabriel Celaya que para mí es como un himno para Carlos, y quizás también para Dení; pero por esos días sucedió que también falleció Reynaldo. Carlos no quiso siquiera acudir al entierro y, de algún modo, sin que nadie me nombrara tal, arrogándome un derecho que no me correspondía pero que asumí como una especie de homenaje íntimo y personal, me sentí como su embajador y, sin que nadie lo supiera, cuando todo mundo se retiró de la tumba recién hecha donde acababa de ser sembrado Reynaldo, no pude sino soltarme a llorar en silencio.

* * *

Sonó el teléfono. Del otro lado, la voz de Eve le pedía a Eduardo que les visitara: “quizás sus amigos –decía Eve- lo hagan por lo menos comer”. El médico llegó, día tras día; pero la tristeza pudo más y Carlos recibió la última de sus visitas. Era Dení, quien ataviada con su chaqueta oscura y sus enormes anteojos le tomó de la mano para echarse a andar. Cuando quise visitar a Eve ya era tarde. Ayari, quien había llegado desde Inglaterra para el sepelio de Carlos, la había convencido, supongo, cosa lógica, de irse con ella y nunca más volví a saber de las Prieto Stock.

Desde entonces guardo una copia de la fotografía de Dení, la misma de Proceso y La Jornada, la misma de la repisa en casa de Eve y Carlos, y le he platicado de lo que sucede por estas tierras: la autonomía de los MAREZ y las Juntas de Buen Gobierno, la Marcha del Color de la Tierra y lo que la Comandanta Esther dijera en el Congreso, La Sexta y la Otra Campaña, las compañeras que como Magdalena y Edith fueron secuestradas en los penales del Altiplano, Santiaguito y Molino de las Flores; la propuesta del EZLN al CNI de conformar un Concejo Indígena de Gobierno que tuviera por vocera una mujer indígena... propuesta que, al parecer, no les hizo mucha gracia a sus actuales compañeras y compañeros de la FLN... la más reciente ruptura del cerco zapatista con la creación de cuatro nuevos municipios autónomos, siete nuevos caracoles y la conversación de todos: municipios autónomos y caracoles, en Centros de Resistencia Autónoma y Rebeldía Zapatista (CRAREZ)... y muchos etcéteras más.

El 8 de septiembre de 2006, en una especie de acto ritual decidí que le hablaría de un modo donde ella misma fuera la protagonista; ése sería mi regalo para su cumpleaños número 52: su primer siglo mexika. Desempolvé la bitácora electrónica que había usado para guardar las minutas de la Coordinadora Regional Zentro del DF para la Otra Campaña, y que no actualizaba desde el 14 de mayo de ése mismo año; le hice unos cuantos arreglos que incluyeron el trabajo de actualización, y colgué su foto.

Hasta hace no mucho charlábamos casi todos los días y éramos varios, varias, quienes charlábamos con ella. Los temas no han sido muy variados: unas veces, platicamos del pragmatismo perredista que terminó por traicionar los valores y principios de izquierda que alguna vez enarbolara dicho partido político... pragmatismo que ha heredado al Morena; otras, de la digna rabia, vuelta lucha, resistencia, rebeldía, escuelita, etcétera, del EZLN y el titipuchal de organizaciones y colectivos que estamos están en La Sexta, donde destaca, por ejemplo, el CNI y, quienes protagonizan la enésima resistencia contra los megaproyectos capitalistas en tierras y territorios de pueblos originarios; otras más, de la militarización bajo la égida de Felipe Calderón Hinojosa y, después, de Enrique Peña Nieto y, ahora, de Andrés Manuel López Obrador, y los modos vendepatrias de la clase política; de los 43 muchachos estudiantes normalistas de Ayotzinapa y otros casos igualmente dolorosos, como el asesinato de Kuy (muy parecido a Alexis) y la desaparición forzada del Tío, y, últimamente, de las compas mujeres que nos dan un día sí y el otro también lecciones heroicas para acabar con el patriarcado y este machismo nuestro (de los vatos) de cada día, tan metido en la piel, en las palabras y en la memoria... y hasta de cine y teatro. 

* * *

Hoy, Dení cumple un año más de vida, y hoy también la recién bautizada Gener@cción Z (antes La Hija de La Otra Chilanga, La Sexta Nius, La Sexta Chilanga, La Otra Chilanga) cumple su año número 13 de caminar virtual. Desde aquí deseo agradecer a quienes a lo largo de estos años han formado parte de este diálogo a muchas voces con Dení. Nombrarles a todas y a todos sería una gran tarea, imposible de completar. Vaya, pues, este abrazo a todxs ustedes y sirva este pequeño chorema a modo de sencillo homenaje para nuestra segura subcomandanta; mujer libre y honesta, joven íntegra y consecuente: Compañera María Luisa... ¡Presente!

28 de octubre de 2016

La lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas.




Babel
La lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas
Javier Hernández Alpízar

Tendemos a olvidar el origen de las cosas, solamente vemos lo presente o el presente inmediato y lo vemos incompleto, con ese recorte, esa edición simplificada de lo que pasa, tendemos a juzgar, incluso a poner nuestros prejuicios por delante, sin cuestionarnos de dónde viene todo esto. En las reflexiones zapatistas del Seminario Anticapitalista, han subrayado la necesidad de hacer la genealogía de las cosas, buscar sus orígenes y raíces para comprenderlas y poder decidir no frente a la inmediatez sino frente a una reflexión cabal, integral.

Sin embargo no podemos regresar al infinito en nuestras reflexiones genealógicas, remontarnos al Big Bang o al inicio de nuestra narración favorita. Yo comenzaré esta reflexión desde 1994 para tratar de entender el momento presente, pero no quiere decir que esto no tenga raíces aún más antiguas. En 1994 la imagen de Salinas de Gortari era la de un priismo neoliberal moderno triunfador e irresistible para muchos (pueden ver algo de este clima en la película El Bulto). La izquierda que apenas en 1988 había ganado por primera vez en su historia la elección presidencial había sido derrotada con un fraude (Manuel Bartlett anunció por TV el triunfo “legítimo de Salinas”) y ante su pusilanimidad (apellidada Cárdenas), Salinas se “legitimó en el ejercicio del poder” con el apoyo del PAN (Fernández de Cevallos). Cooptó voluntades, se fabricó una imagen nacional e internacional de un prócer de la modernidad y cerraba su sexenio con la firma del TLACAN (en inglés Nafta). Un tratado de libre comercio con Canadá y USA, el principio de la nueva era de acumulación por desposesión, despojo, que padece México, hoy con 43 TLCs firmados. La izquierda se había achicado y achicopalado. En 1985 la había movilizado desde abajo la sociedad civil solidaria frente al temblor, en 1988 no se movilizó hasta la desobediencia civil por el fraude (eso quedaría como marca para próximos fraudes), en 1989 cayó el muro de Berlín y USA bombardeó e invadió Panamá.

Campeaban el desánimo y el sentimiento de derrota, los profetas agoreros anunciaban el fin de la historia, el fin de las ideologías, el fin de los alzamientos armados, la derecha en México y el mundo no parecía tener rival: en Centroamérica la contrainsurgencia reaganiana derrotó con su dinero, trasiego de drogas, armas, guerra y elecciones controladas a los frentes sandinista y Farabundo Martí. Algunos líderes de estos frentes eran amigos de Salinas de Gortari. El panorama le aseguraba a Salinas dejar un delfín a modo, los tecnócratas anunciaban que estarían en Los Pinos por varios sexenios. El tapado priista (próximo candidato) podía estar entre Colosio, Camacho Solís (que tenía a alguien muy cercano de apellido Ebrard), Ruiz Massieu, Aspe Armella, Zedillo y alguien que había sido muy cercano a Salinas: Joseph Marie Córdoba Montoya, militante del PRI desde antes de haberse nacionalizado mexicano. Además estaban muy fortalecidos los empresarios beneficiados por el salinismo, el mayor de todos, quien llegaría a ser el más rico del mundo, o eso parece, Carlos Slim Helú (a quien muchos consideraban, pero nadie lo ha podido probar, un mero prestanombres de Salinas).

En el mundo y en México, la derecha cosechaba triunfos y se aprestaba a disfrutar de una hegemonía indisputada en un mundo unipolar. Muchos académicos ex marxistas se aggiornaban leyendo a Nietzsche, a Ciorán, a Savater, a Vattimo, Lipovetsky, Heidegger, Sade, Baudrillard, Bobbio, Bovero, Sartori, Rawls, y algunos de plano abrazaban el (neo) liberalismo de los Hayek. Friedman, Popper y adláteres. Paz era ya una estrella de Televisa y se enfilaba para el Nóbel.

En 1994, la voz crítica que dio nuevo aliento a esa izquierda con la cola entre las patas no fue Roger Waters (él había festejado la caída del muro haciendo una lectura unilateral de The Wall en un concierto con rockstars como Scorpions y Cyndi Lauper). En 1994, contra toda sensatez y cordura, contra todo pronóstico, se alzaron en armas los indígenas del EZLN.

La primera editorial de La Jornada distinguía entre indígenas de verdad y “profesionales de la violencia”. Luego la realidad los desmintió: era una auténtica rebelión indígena. Solamente lo entendió desde el principio  gente como Carlos Montemayor, que tenía los antecedentes por su estudio de los movimientos armados en México y de las lenguas indígenas, realidades negadas, escondidas, marginadas o minimizadas en un México racista. Pero la legitimidad de la rebelión se reveló incuestionable, la movilización social y el escándalo mundial obligaron a Salinas a ordenar un alto al fuego. Los zapatistas también entendieron que la vía armada no era aceptada y desde entonces sus iniciativas han sido civiles y pacíficas.

La izquierda mexicana y mundial recibió una bocanada de aire fresco. Muchos fueron a las montañas del sureste mexicano a tomarse la foto. Los zapatistas dialogaron con el representante del gobierno Camacho Solís. Pero lo que ambos proponían era diametralmente opuesto: los zapatistas pedían reconocimiento como sujeto social y el gobierno les ofrecía el trato indigenista de objeto de políticas públicas (leche Liconsa y ese tipo de dádivas).

Los zapatistas rechazaron las limosnas e iniciaron diálogos con la sociedad civil. La izquierda había tomado nuevo aliento electoral, el derribamiento de la efigie mediática salinista por el EZLN era una de las causas más importantes para ello. El gobierno priista, que se había negado a aceptar alternancias en el poder, abrió la puerta a ella con reformas electorales que permitieron al PAN y al PRD obtener gobiernos estatales y a la postre, al PAN ir a Los Pinos y al PRD gobernar la Ciudad de México (DF). (También en los setenta, una oleada de guerrillas urbanas y los guerrilleros de Lucio Cabañas en Guerrero abrieron camino a reformas electorales, se legalizó al PC antes clandestino e ilegal) Las reformas electorales en México han tenido un cariz ambiguo del que la contrainsurgencia no está del todo ausente. El EZLN no confiaba mucho en esa izquierda partidaria pero les dio el beneficio de la duda. Recibieron y criticaron a Cárdenas, entonces líder fetiche del PRD, recibieron a AMLO e hicieron un pacto de no agresión en 1997. Apenas en 1996 la contrainsurgencia priista había escalado hasta la masacre de Acteal.

Se firmaron los Acuerdos de San Andrés y se redactó la Ley Cocopa. Zedillo los boicoteó, porque “violaban derechos humanos” u otro argumento así de peregrino. Fox ganó las elecciones y un sector amplio de la población lo veía como un nuevo Miguel Hidalgo. La izquierda había agotado el gas con su apuesta a un solo candidato siempre (Cárdenas). Así como habían derrumbado la imagen de Salinas, los zapatistas derrumbaron la de Fox con la marcha del color de la tierra. La izquierda recuperaba aliento frente al aplastón de la derecha y su “voto útil”.

La comandanta Esther habló, junto con otros indígenas del CNI y el EZLN en el Congreso, los panistas se salieron para no presenciar tal blasfemia. Los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por los tres partidos PRI (Manuel Bartlett), PAN (Fernández de Cevallos), PRD (Jesús Ortega). Los zapatistas hicieron el fin de año en Chiapas una marcha nocturna con antorchas. Ante la decisión de no aprobar los Acuerdos de San Andrés se habían visto obligados, junto con otros pueblos indios como los del CNI a asumirlos por su cuenta y comenzar a construir sus autonomías. En el mitin de esa marcha con antorchas criticaron a todos los partidos políticos por sinvergüenzas y traidores. Se replegaron a construir su autonomía: municipios (que habían iniciado desde 1994), caracoles y juntas de buen gobierno.

Leyeron el mensaje: derecha e izquierda en el poder (que se habían beneficiado de una reforma electoral imposible sin el impacto de su alzamiento armado) habían decretado encerrarlos en el sureste y atacarlos con la continuidad de la contrainsurgencia. Los acuerdos de San Andrés eran los de una primera mesa de diálogo, faltaban varias más, la siguiente era una mesa política donde se proponían formas de asociación política que impidieran el monopolio de la cosa pública por una partidocracia: no solamente candidaturas independientes, sino la formación de todo tipo de asociaciones políticas. locales, regionales y nacionales, indígenas y ciudadanas. Los mismos acuerdos de San Andrés iban contra el monopolio de los poderes ya establecidos, alentaban una cada vez mejor organizada autonomía indígena sin romper con el pacto constitucional nacional, daban a los pueblos un instrumento para defender de sus territorios, ya en la mira de empresas de todo el mundo (incluso las de Slim) tras el TLC.

En 2003 las comunidades zapatistas denunciaron una agresión armada paramilitar contra una marcha pacífica que llevaba agua a unos compañeros suyos en Zinacantán: los paramilitares agresores eran del PRD. La izquierda paga al sistema su apertura con su apoyo contra el EZLN. Los proyectos contrainsurgentes en Chiapas eran aprobados en los Congresos y en el terreno los operaba gente como Dante Delgado, apoyado después dos veces por AMLO para intentar gobernar Veracruz.

Los zapatistas ya habían decidido romper con todos los partidos y la clase política. Tratarían de formar un polo de izquierda anticapitalista con otros y otras que padecían bajo gobiernos de izquierdas y derechas. La construcción de sus caracoles y juntas de buen gobierno los hicieron en silencio durante años. Para la sociedad civil mediatizada, habían desaparecido.

En ese lapso, AMLO pasó de gobernar el DF a ser el líder que desplazó a Cárdenas como el candidato natural del PRD. Tenía apoyo no sólo del PRD, chuchos y no chuchos (Jesús Ortega sería coordinador de su campaña en 2006), y de Carlos Slim, enfrentado con el bloque empresarial que le disputa la hegemonía en medios (Televisa, TV Azteca), Los zapatistas pensaron que si se movilizaban en medio de la división entre izquierdas y derechas por las elecciones, podrían recorrer el país y juntar a las organizaciones, colectivos pequeños e individuos que querían hacer otra izquierda. Su movilización unió a derechas e izquierdas contra ellos.

Con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona dieron la convocatoria hacia esa movilización. Cruzaron el país bajo el silencio de los medios nacionales y la guerra sucia de los medios locales por dondequiera que pasaban, por no formarse en la fila detrás del nuevo líder fetiche del PRD, recibieron una campaña de calumnias que los ponían como “maniobra de la derecha”. En Atenco, la derecha de Atlacomulco le tendió a la Otra Campaña una celada mortal. Asesinaron a un joven, Alexis Benhumea, violaron mujeres, torturaron e invadieron a un pueblo y dieron caza a sus acompañantes de la Otra Campaña. Columnistas y caricaturistas del staff de AMLO culparon a “Marcos” de la represión y callaron sobre el silencio de AMLO y la complicidad del PRD mexiquense con Peña Nieto… Al atacar a las víctimas, se estaban poniendo del lado del represor: Peña Nieto. Carmen Aristegui pidió retirar su firma de una carta a La Jornada apoyando a las mujeres denunciantes de violación en Atenco.

Tras una suspensión en la que la Otra Campaña se movilizó bajo la represión del gobierno de Ebrard para liberar a sus presos, salieron poco a poco casi todos, excepto los tres rehenes que se habían llevado a Almoloya, uno de ellos, Ignacio del Valle, los tres salieron años después. La Otra Campaña finalizó sus recorridos por el país y descubrió a un México ignorado e invisibilizado, que no se ha sentido representado por los partidos y cuyas luchas son desconocidas, ignoradas, solamente aparecen a veces cuando son víctimas de la represión, y aun entonces aparecen demonizados. Y si se movilizan pero no se subordinan a AMLO son criticados y puestos bajo la sospecha de complot como el Movimiento por la Paz y los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa.

En 2006 y 2012, AMLO ha ganado dos veces las elecciones presidenciales, tras las primeras realizó un golpe de teatro nombrando un gobierno legítimo con un gabinete y dio con ello continuidad a la formación de un bloque que lo apoyara en 2012. En 2012, los zapatistas decidieron no decir nada. Su palabra había sido totalmente tergiversada en 2006, incluso por La Jornada. Maximizaron sus críticas a la izquierda electoral y prácticamente desaparecieron sus críticas a la derecha. Se construyeron una caricatura fácilmente refutable. La inmensa mayoría nunca dialogó con los argumentos del EZLN ni de las demás organizaciones de la Otra Campaña, se hicieron la ficción de un rival fácil de refutar, una caricatura dibujada por El Fisgón, Helguera, Hernández (¿alguien les ha visto criticar a Slim?). En 2012 ganó, al parecer, AMLO. Pero esta vez la protesta no fue frontal y la descalificación de Peña por “espurio” brilló por su ausencia, AMLO construía su candidatura para 2018, esperaba la aprobación del registro de su nuevo partido, y no hacía olas, en lugar de fraude, hablaba de imposición.

Los jóvenes de la Ibero iniciaron las movilizaciones del YoSoy132 contra Peña, pero quienes llegaron al final, a intentar impedir la toma de posesión de EPN, fueron personas de organizaciones pequeñas o aun “no organizadas". El último día de gobierno de Ebrard (delfín de AMLO) y  primero de Mancera (delfín de Ebrard) la policía reprimió a esas personas matando e hiriendo a algunos. Kuykendall, teatrista, de la Otra Campaña, fue herido, quedó en coma para morir tiempo después.

Para estas alturas del partido, un buen sector de las población ya creció con las difamaciones al zapatismo que la derecha difundió desde 1995 hasta los años del foxismo, ha crecido con las difamaciones que caricaturistas y columnistas del staff de AMLO han difundido desde 2005 hasta la fecha. No tienen acceso, ni la suelen consultar, a la palabra directa de los zapatistas. Las denuncias de las comunidades zapatistas y de otros pueblos indios son invisibilizadas por los mismos que los acusan de aparecer solamente cada sexenio.

Para la izquierda electoral la irrupción zapatista les abrió el camino al poder, a la alternancia, les aseguró el gobierno del DF y otros, pues antes del alzamiento no le reconocía el sistema el triunfo a la oposición a veces ni a nivel de un municipio. Para los zapatistas la colusión de derecha e izquierda en el poder significó contrainsurgencia, muertes, paramilitarización, asedio constante y una campaña de difamaciones por derechas e izquierda.

Aun así hay los Armando Bartras y las Sanjuanas Martínez que suponen que toda la izquierda debería apoyar a AMLO, y que los zapatistas al no hacerlo le hacen el juego a la derecha. A esa derecha con la que ellos han cogobernado y a la que le dieron valiosos instrumentos de contrainsurgencia y represión como Juan Sabines, Gabino Cue, Aguirre Rivero, Marcelo Ebrard y Mancera.

Es fácil patear a la caricatura que la izquierda y la derecha electorales han hecho del EZLN y sus aliados. Sin que el EZLN haya llamado a no votar ni boicoteado elecciones ningunas, han repetido como propaganda negra la mentira de que los boicotearon. Jamás aceptaron un debate serio y se limitaron a la calumnia. Sin embargo, cuando se les responde con una caricatura gráfica o escrita se indignan y se rasgan las vestiduras. Se han formado una moral doble, como Las Poquianchis de la película de Cazals: ellos son honestidad valiente, nada los liga a los represores y asesinos que llevaron al poder con los votos que el arrastre electoral de AMLO les consiguió. En cambio, para justificar su aceptación tácita de dos fraudes electorales (y algunos, de tres contando desde 1988) le echan la culpa a otros. Incluso AMLO lo ha hecho personalmente esta vez.

Hacer una genealogía crítica de esta izquierda que se jacta de honesta y valiente nos llevaría a encontrar una maquinaria electoral al servicio de una clase política priista metapartidaria: del PRI se desprenden las cúpulas dirigentes. Sin embargo, cualquiera que no se les subordina es acusado de ser una maniobra del PRI para cerrar el paso al poder de los expriistas.

Como en Rashomon, las historias tienen más de una versión, pero la hegemónica es la que cuentan los que tienen dinero del INE y espacios en medios, incluso medios propios o casi, como La Jornada. Sin embargo, desde que el CNI y el EZLN anunciaron que están analizando y consultando en sus pueblos la propuesta de lanzar una candidata que represente un Concejo Nacional Indígena para contender en 2018 para la presidencia, han vuelto a silenciar la palabra indígena y se han dedicado a criticar a una caricatura de su propia autoría. Han sido incapaces de ver a las otras izquierdas. Para qué verlos si tienen su propio tótem de honestidad valiente, candidato por siempre.

7 de julio de 2015

De la solidaridad con el zapatismo, el ataque de los bots de Peña y otras cosas.



 
Babel
De la solidaridad con el zapatismo, el ataque de los bots de Peña y otras cosas
Javier Hernández Alpízar

Hoy, 7 de julio, se realizó frente a las oficinas de Partido Verde en la ciudad de México una jornada de protesta contra las agresiones paramilitares a las bases de apoyo zapatistas (BAEZ) en La Garrucha y en el municipio autónomo Francisco Villa, en Chiapas. La convocatoria fue lanzada por la Coordinadora de la Sexta en el Valle de México, en respuesta a la política contrainsurgente paramilitar del gobierno federal priista y el estatal de la coalición Partido Verde-PRI, continuación de la contrainsurgencia del gobierno de la coalición lópezobradorista PRD- PT- Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) y los gobiernos estatales anteriores: alianza PRD –PAN y gobiernos priistas. La experiencia de la continuidad de la contrainsurgencia bajo gobiernos de todo el espectro político, derechas e izquierdas, en Chiapas, es una de las razones por las que los zapatistas han roto con toda la clase gobernante, todos los partidos políticos electorales y toda la clase política y en el poder. Donde por clase política no sólo entienden a los políticos, sino también a los empresarios, líderes de opinión (sintomática la apología hecha por AMLO, Noroña, Braulio Peralta y Pedro Miguel, del vocero del PRI más represivo de los 60, 70 y 80, Zabludovsky), alto clero y ejército, líderes de ONG (tipo Miranda Wallace) y demás empoderados sujetos con influencia por el dinero o por el poder.

Además de las agresiones a las comunidades, que van desde asesinatos como el perpetrado por paramilitares de la CIOAC H contra el votán Galeano, a los desplazamientos forzados de población indígena, las agresiones (asesinato por paramilitares de un integrante de Las Abejas, agresiones reactivadas después de que la SCJN liberó a paramilitares participantes de la masacre de Acteal que estaban presos, paramilitares que fueron defendidos mediáticamente por Aguilar Camín) y los reiterados intentos de arrebatar a las bases zapatistas sus tierras, estos graves hechos ocurren en un contexto de agresiones a todas las resistencias, especialmente aquellas que defienden tierra y territorio por todo el país, pero sobre todo en las zonas donde resisten comunidades indígenas y campesinas. En estos momentos son atacados por granaderos pobladores de Xochicuautla que resisten a la autopista Toluca- Naucalpan. Además de las desapariciones, como la de los 43 normalistas en Iguala, Guerrero, y detenciones arbitrarias como las ocurridas ayer en la ciudad de México, donde se criminaliza la solidaridad con los presos políticos mantenidos en reclusión por el GDF-PRD. Ya liberaron a los cuatro detenidos ayer, pero para ello los extorsionaron con altas fianzas. Alguno de ellos es integrante de Radio Zapote, un medio libre, pero los medios de masas solamente visibilizan las agresiones de los trabajadores de sus empresas, y a veces ni eso. Los y las jóvenes son objeto de brutalidad parapolicial como en Xalapa, detenciones y tortura como en Puebla y el DF y criminalización y persecución por todas partes.

Asimismo, desde hace días, bots del gobierno federal probaron a saturar los hashtags en Twitter #EZLN, #Zapatistas, con falsos posteos en japonés hechos desde cuentas cuya imágenes son de mangas japonesas. Precisamente hoy que fue el mitin en protesta contra los paramilitares del Partido Verde (casi todos los partidos han tenido sus paramilitares PFCRN, PRI, PRD, luego parte de las redes de AMLO, y ahora el Verde, además de organizaciones cooptadas como la CIOAC) el ataque a esos hashtags funcionó nuevamente.

Las agresiones a los pueblos zapatistas ocurren después de que fueron anfitriones de una reunión de debate sobre el futuro del país: el seminario de pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, y mientras el zapatismo mantiene su posición de resistencia y autonomía anticapitalistas, e iniciativas como la Escuelita Zapatista y la Sexta, que precisamente por estas fecha cumple 10 años (pues fue publicada en 2005).

Después de que en 2005 y 2006 fuera tan polémica la ruptura del EZLN con la izquierda parlamentaria, por haber traicionado lo Acuerdos de San Andrés y formado filas en la contrainsurgencia antizapatista desde sus espacios de poder como escaños en el Congreso de la Unión y gobiernos estatales y municipales en Chiapas y otros estados, el tiempo ha ido dando la razón a los zapatistas: el PRD se ha ido desprestigiando cada vez más por subordinarse y aun hacerse cargo del trabajo sucio para gobiernos de la derecha priista (sobre todo los más recientes de Ebrard y Mancera, que reprimieron a quienes protestaban por la toma de posesión de Peña, violencia de Estado que trajo como consecuencia la muerte de Kuykendall, un teatrista, militante de la Sexta). La izquierda se ha dividido entre varios partidos que antes unía la ambición de poder y ahora fragmenta la misma ambición, el PT (fundado por maoístas salinistas) está a punto de perder el registro y Morena, la franquicia electoral de AMLO, se dedica a competirle votos a sus otrora compañeros de partido en el PRD (y ahora sí los critican, tanto como antes atacaban la crítica a ese partido y sus corruptos líderes). Movimiento Ciudadano sigue su vocación de priismo fuera del PRI. La izquierda electoral sigue postulando principalmente a personas de trayectoria priista como Ricardo Monreal y Layda Sansores. El GDF ha empollado el huevo de la serpiente que los zapatistas señalaban desde 2005 y hoy el fascismo hecho gobierno perredista criminaliza a las víctimas y a los solidarios. La violencia en el país no da respiro a la población, sobre todo a quienes luchan por sus derechos, y no hay excepción en los gobiernos, derechas e izquierdas están involucrados en distintos grados y formas de represión: la derecha priista desaparece y asesina (como lo hizo por dos sexenios la panista), la izquierda nada más deja impunes a los represores y hace una represión de “baja intensidad”: prisión política, tortura, tentativas de desaparición, espionaje de anarquistas, criminalización de la protesta desde sus voceros y medios como Carmen Aristegui (desencapuchadora de “agresores” de la policía) y La Jornada, donde ha publicado como articulista EPN y cuya línea editorial hoy se divide entre el lópezobradorismo que la domina hace sexenios y los nuevos embutes priistas.

La decrepitud de la izquierda electoral, cuyas fotos de su líder fetiche con caciques corruptos hechos candidatos en Chiapas, Guerrero, DF, Tabasco, etcétera son apenas el síntoma, contrastan con la resistencia zapatista que sigue proponiendo alternativas de organización, de vida y de lucha y dando la mano a los padres de de los normalistas de Ayotzinapa y no a Aguirre y Abarca, como hizo en su momento el líder fetiche de la nueva franquicia electoral.

Con la complicidad de esa izquierda parlamentaria que se opone en detalles pero no cuestiona el sistema capitalista y ni siquiera el modelo neoliberal, reduciéndolo todo a una cuestión de moral de los gobernantes (honestidad y austeridad), por la que no se distinguen tampoco sus dirigentes, la derecha priista y panista gobierna un sexenio tras otro, destrozando el país, aterrorizando y diezmando a la población, y usa a la izquierda para el control de daños y la contención de la protesta dentro de los cauces tolerables (no romper ni un cristal), además de servirle para contrastarla con la izquierda de abajo, esa sí mal portada, “ultra” y perfectamente reprimible.

Los análisis de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona muestran todavía vigencia y los zapatistas alientan a seguir el debate: ahora publicarán en libros las ponencias del seminario anticapitalista. En contraste, el gobierno federal priista cree que con bots e Twitter puede bloquear el aliento de la lucha zapatista, el mito de la “guerrilla de internet” engaña a sus creadores y a los detractores del zapatismo desde la izquierda electorera que han repetido las mentiras de la derecha y ahora reciben sus embutes en su principal órgano informativo.

8 de noviembre de 2014

¿Fue el Estado?

Por: Sebastián Liera.

 “¡Muy señoras y muy señores míos!... Habiendo sido invitado a dar una conferencia […] sobre un tema popular..., he de decirles que, por lo que a mí respecta, el asunto de ésta me es indiferente...” Con estas palabras, escritas por Anton Chejov para dar voz a Niujin, su personaje de Sobre el daño que hace el tabaco, comienza un chorema mío que disfrazado de ponencia leí (sólo algunas partes) a una semana de que se cumpliera el primer mes de haber sucedido la tragedia que hoy nos tiene aquí convocados… corrijo: la tragedia que nos tiene aquí convocadas, convocados, no había sucedido casi un mes antes, viene sucediendo de mucho tiempo atrás.

Hace unos días, el último de ese mes que, dicen, tiene la luna más hermosa, traía a colación en esta misma plaza un artículo en el que José Woldenberg dice que “el país transita por una situación crítica y no ayuda a la comprensión de lo que estamos viviendo hacer referencia en bloque a una entidad tan abarcadora y compleja como lo es el Estado”; sí: el Estado, esa “constelación de instituciones” que el ex consejero del otrora IFE reconoce “jerárquicas, especializadas y –apunta- con diferentes grados de responsabilidad”.

Y, resulta, que hoy estamos aquí en esta plaza abrigando un mismo lema como bandera: “¡Fue el Estado!”; ese, dijera Woldenberg, “laberinto institucional complicado y rebuscado” en el que, nos dicta el autor, debemos “detectar con claridad –no de manera especulativa o retórica o a través de derivaciones ‘lógicas’- a los responsables directos e indirectos, a los culpables por acción y por omisión de los cruentos e incalificables sucesos que han sacudido a la nación” o, de lo contrario, caeríamos en reduccionismos y simplezas.

Sin embargo, la cátedra de cultura política no termina allí y, después de insistir en que el Estado “ya no es lo que era o lo que imaginábamos que era: una entidad todopoderosa capaz de imponer el orden en el momento en que lo quisiera”, exculpa: “No se trata de entidades que pueden y no quieren, sino que quieren y no pueden” y, para rematar, adoctrina: “debemos tener claro que la única justicia hoy por hoy es la que las propias instituciones del Estado, diseñadas para ello, pueden ofrecer”. ¿Quién es quien cae en reducciones y simplezas?

¿Por qué quienes hoy hemos sumado nuestras voces y nuestros pasos a esta jornada de acción global por Ayotzinapa convocada por las escuelas superiores, universidades y tecnológicos del país insistimos en la “simpleza” de decir: “¡Fue el Estado!”? ¿Tenemos acaso plena noción de lo que ese concepto político significa, definido por Marx no como “el reino de la razón, sino de la fuerza”, no como “el reino del bien común, sino del interés parcial [que] no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder”? Quizás no; pero, tampoco, estamos dispuestos a que los profesionales de la política nos vengan a decir que nuestras voces o son simplezas o son, como dice Juan Villoro citando a su tocayo Rulfo, “rencor vivo”.

Fueron ellos, los profesionales de la política, y las damas que en el danzón de la corrupción y la impunidad les acompañan, quienes hicieron de lo que debería ser el arte de ponernos de acuerdo cuando pensamos diferente en bien de la cosa pública un circo de prebendas y traiciones de principios donde los saltimbanquis de siglas y colores han hecho su agosto. Si la política es, como dice Villoro, “campo de la opinión airada, la falta de sentido de las obligaciones, la intolerancia, la búsqueda de fines sin reparar en los medios”, es porque sus profesionales y sus coreutas la han reducido a eso.

José Ramón Enríquez escribe que desde la perspectiva de un Estado cuyos órdenes están plagados de narcopolíticos sí ve lo de Ayotzinapa como un crimen de Estado. Se apura a aclarar, que el terrorismo de este Estado no es el de López Mateos contra Genaro Vázquez o el de Echeverría contra Lucio Cabañas y pone la mira en la venta de drogas, el lavado de dinero, la corrupción misma del Estado y, sobre todo, la ampliación de los mercados de armas; en otras palabras, en los negocios del crimen organizado.

Es aquí donde radica la razón de que hoy digamos sin titubeos: “¡Fue el Estado!” En su tratarnos como niños chiquitos, quienes detentan el poder en eso que llamamos el Estado se resisten a regular el consumo, la venta y la producción de estupefacientes; esa falta de regulación hace que el negocio del narcotráfico produzca ganancias exorbitantes de las cuales, a diferencia del erario público, nadie tiene porqué dar cuentas. No es el narcotráfico, que es sólo uno de los muchos negocios del crimen organizado, el que ha infiltrado a la clase política y sus partidos; es la clase política, son sus partidos, los que han entrado a los negocios de sangre y muerte, no sólo al narcotráfico, insisto, del crimen organizado. Y, hoy por hoy, esas instituciones de las que Woldenberg quiere que esperemos justicia no son sino agencias del crimen organizado.

“¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron vernos la cara y dirigieron los reflectores de sus televisoras y medios de (des)información a una pareja que hoy llaman “imperial”, en el modus operandi de lo que el infame personaje de la también infame película de Luis Estrada, La dictadura perfecta, llama “la caja china”. “¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron reducir las responsabilidades de lo ocurrido en Ayotzinapa en un cártel con nombre de programa electorero del PRI cuyo supuesto líder se dizque suicidó en Morelos. “¡Fue el Estado!”, decimos hoy, tras el montaje de la captura del ex alcalde de Iguala y su esposa incómoda; porque hoy, decir crimen organizado y decir Estado, es decir lo mismo.

Estamos en medio de lo que la nariz tras el pasamontañas llamaba desde 1997 la IV Guerra Mundial, una guerra que se realiza entre “los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante […] La ‘mundialización’ de la guerra [que] no es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros” han hecho del Estado y sus gobernantes, otrora rectores de la economía, en “regidos, más bien, teledirigidos, por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial”. Así, “el capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional” y las empresas y los estados se han venido derrumbando en minutos. Eso representa Ayotzinapa: la descomposición más atroz del Estado, y, de paso, de “todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad”.

En mayo de 2011, Javier Sicilia pasaba revista a una serie de casos que ponían en evidencia que en todos los partidos políticos “hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación”, de suerte que las y los ciudadanos terminaremos preguntándonos: “¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar?” No hay duda, como dijera Sayak Valencia, sobrevivimos en medio de un capitalismo gore, basado “en la violencia, el (narco) tráfico y el necropoder” que muestra “algunas de las distopías de la globalización y su imposición”… por el mismo Estado… pero, como dijera Chejov por la voz de Niujin, “el tiempo fijado para esta conferencia ha expirado ya”.

Habiendo dicho todo lo anterior, quisiera traer por un segundo el pixan, el alma de Ignacio Ramírez “El Nigromante” y decir, no obstante, que no, no FUE el Estado: ¡ES el Estado! Ayotzinapa no pasó sólo el 26 de septiembre; Ayotzinapa es la Guardería de ABC, Atenco y el #1Dmx que terminaría costándole la vida a Juan Francisco Kuykendall y desapareciendo a Teodulfo Torres Soriano; es el feminicidio vuelto deporte nacional; es la persecución, encarcelamiento y/o asesinato de defensores de derechos humanos y ambientales; es la criminalización de la protesta y es la tibieza pusilánime que dice que no tomar partido es ser radical. ¡No fue el Estado! ¡Es el Estado reducido a guardia privada de la plaza comercial tipo mall en que el capitalismo ha convertido al planeta! Ayotzinapa no fue, Ayotzinapa es, y, si no hacemos nada, Ayotzinapa será.

27 de marzo de 2014

Este no es un #FelizDíadelTeatro.


La mañana del 1 de diciembre de 2012, el #1Dmx, Juan Francisco Kuykendall, hombre de teatro y militante político adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, fue herido con una granada de gas lacrimógeno disparada por uno de los agentes de la Policía Federal parapetados detrás de las vallas metálicas que como un acto de provocación, por órdenes de sus jefes en los gobiernos federal y de la ciudad México, montó el ex comisionado nacional de seguridad Manuel Mondragón y Kalb en las inmediaciones del Congreso de la Unión.

Director de la Agrupación Teatral Mitote, Kuykendall iba acompañado ésa mañana por uno de sus actores y amigos, el también adherente de La Sexta Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como "El Tío", quien al ir grabando lo que ocurría registró el momento del disparo. Teodulfo Torres Soriano se convertía así en el testigo estrella del caso de agresión en contra de su maestro y compañero, a quién el impacto del proyectil le provocó una fractura craneoencefálica con exposición de masa cerebral que lo postraría 421 días en una lucha personal y de sus familiares y amigos por su vida, hasta fallecer el 25 de enero de 2014.

"El Tío" fue el primero en auxiliar a Kuykendall, con ayuda de jóvenes solidarios que después han sido estigmatizados como parte de una práctica de criminalización protagonizada por el Estado mexicano; él fue quien presentó la queja 2/2012/10338/Q ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que sería remitida a la Procuraduría General de la República e integrada a la averiguación previa AP/PGR/DF/SPE/XVIII/6780/12-12; su testimonio, como escribe Gisela Martínez (@giseleando), desmentía la versión oficial de que no se usaron balas de goma contra las y los manifestantes por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto el #1Dmx.

El 23 de marzo de 2013, 112 días después del #1Dmx y, por supuesto, antes de ser llamado a declarar por el caso Kuykendall, "El Tío" sería desaparecido. Las circunstancias que envuelven su caso apuntan a que estamos frente a una desaparición forzada. Dicho en otras palabras, en Juan Francisco Kuykendall y Teodulfo Torres Soriano, tenemos los primeros casos de asesinato y desaparición forzada por razones políticas de la administración de Enrique Peña Nieto y quién siguió a pie juntillas sus órdenes de represión renunciaría a su puesto envuelto en un halo de total impunidad.

Hoy, en distintos rincones de este desgastado e hiperexplotado planeta se celebra el Día del Teatro; hace tres años, estas celebraciones se empañaron en México con el asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, y sus amigos. Hoy, pienso en Juan Francisco Kuykendall, un actor de la escena teatral a quien la intuición y la indignación lo acercaron a la escena política y social, y en Teodulfo Torres Soriano, un actor de la escena social y política a quien la indignación y la intuición lo llevaron de la mano a la escena teatral.

21 de marzo de 2014

A un año de la desaparición de Teodulfo Torres, El Tío


Teodulfo Torres, «El Tío», –adherente a La otra campaña y participante de un proyecto de agricultura urbana en la Ciudad de México– se encuentra desaparecido desde el 26 de marzo de 2013. Desde entonces, familiares y amig@s se han dado a la tarea de buscarlo, con la sospecha de que ha sido víctima de una desaparición forzada, debido a que es el principal testigo legal en el caso del asesinato de Juan Francisco Kuy Kendall. Así lo comentan sus compañeras:

—Él iba con el compañero Kuy Kendall cuando cayó el primero de diciembre, él grabó de dónde salió el proyectil que lastimó al compañero Kuy. Y no sólo eso sino que estando en la Cruz Roja, él hizo varias declaraciones acusando al Estado…
—Estaba llamado a declarar, a ser testigo, para las demandas que habían metido la hija de Kuy Kendall y su esposa Eva. Y pues desaparece por esos días.

Es por eso que se está convocando a la Campaña nacional por el esclarecimiento del Paradero de Teodulfo Torres Soriano, El Tío, entre el 21 y el 28 de marzo del año en curso. Entre sus objetivos destaca: exigir a la Procuraduría General de la República (PGR) que acelere los mecanismos de búsqueda, investigación y presentación del Tío; visibilizar el caso y apelar a la solidaridad de la sociedad civil para dar con su paradero. Desde la página de facebook Por ti Tío se ha difundido el calendario de la campaña, que reproducimos a continuación:
  • Viernes 21 de marzo // 12:00 horas: mitin político-cultural frente a la PGR, en Reforma 219, col. Cuauhtemoc.
  • Del 21 al 28 de marzo: jornadas nacionales e internacionales de entrega de postales, con la fotografía y datos sobre el caso. Estas tienen la intención de agilizar la búsqueda en centros de reclusión, psiquiátricos, hospitales, albergues, y cualquier lugar que se considere. Las postales estarán a disposición de los interesados en la página para ser descargadas.
  • Lunes 24 de marzo: conferencia de prensa con información del caso a un año de su desaparición.
Amigos y compañeros de Teodulfo, han manifestado su desconfianza hacia la PGR y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), instituciones que a pesar de haber recibido oportunamente las denuncias y quejas por la desaparición del Tío, han mostrado un interés nulo por el caso. También se han presentado ciertas irregularidades en la investigación: desde la PGR, fieles a la costumbre de voltear el dedo acusador hacia la víctima, inmediatamente se investigó y señaló a amigos y compañeros del Tío, como personas problemáticas a las que convenía mantener alejadas de cualquier tema relativo al caso. Asimismo, se pidió a la familia que no hablaran sobre el caso con ningún medio de comunicación. Incluso, de forma velada, han intentado señalar al propio Teodulfo y su estilo de vida, como una de las probables causas de su desaparición.

Con la certeza de conocerlo realmente, amigos y compañeros afirman que, en efecto, su estilo de vida y sus actividades cotidianas —que distan mucho de los señalamientos de la PGR— forman parte de las causas de su desaparición. Recordemos que el Tío, es un activista adherente a la Sexta Declaración de la selva Lacandona, que durante algunos años se ha mantenido activo en varios proyectos y lucha a lo largo y ancho del país, y que es el único testigo legal en el caso del profesor de teatro, también activista y adherente a la Sexta, Juan Francisco Kuy Kendall, quien fue agredido por las fuerzas federales el 1ro de diciembre del 2012, en el marco de las protestas en contra de la imposición de Peña Nieto, y quien falleció el pasado 25 de enero de 2014 a causa de la agresión por parte del Estado. Algunos compañeros de Teodulfo Torres consideran que éste es el principal motivo de su desaparición:

—Cuando estaba con el compañero Kuy, él recogió dos artefactos del piso donde había caído el compañero, si no son bien los artefactos que le pegaron al compañero, sí prueban que la policía estaba utilizando ese tipo de arma.
—Nosotr@s lo que insistimos es que se fortalezca como línea de investigación la desaparición forzada.

Uno de los últimos espacios en los que el Tío se involucró, es un pequeño proyecto de agricultura urbana al sur de la Ciudad de México. Aquí nos dieron su testimonio algunas personas que compartieron con él trabajo, compromiso, tiempo y esfuerzo. También nos manifestaron toda una serie de cualidades que hacían del Tío un compañero entrañable. En este espacio de comunidad y colectividad, además de ser recordado con mucho cariño, la exigencia por su presentación se ha vuelto una causa más, una lucha incansable.

 Por Regina López y Gustavo Ruíz Lizárraga.




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