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31 de diciembre de 2006

LA OTRA CHILANGA :: la consulta ha terminado... falta lo que falta.


A las organizaciones, colectivos, grupos, familias y personas que siendo adherentes a la Sexta han estado o siguen estando o quieren estar en la Otra Campaña.

Compañeras, compañeros:

Reciban, antes que nada, un fraternal y sororal saludo de quienes tejemos
LA OTRA CHILANGA, espacio virtual de comunic@cción para la Otra Campaña en el zentro de la ciudad más grande del planeta.

Hemos concluido el análisis, la discusión, la reflexión y la definición nuestras en torno a los
6 Puntos, y tomado una posición que nos lleve a responder ya como La Otra, a las preguntas: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿cómo vemos el mundo?, ¿cómo vemos nuestro país?, ¿qué queremos hacer? y ¿cómo lo vamos a hacer?

Se trató, pues, de una invitación respetuosa que no olvidó que “cada quien su modo”; pero que no quería tampoco privarse de la palabra y el pensamiento de quienes siendo lo mejor de este país se acercaron y nutrieron con su historia, su sentir y su decir La Otra Campaña.

No importó el lugar donde nos encontráramos, el idioma que habláramos, nuestra edad, nuestra raza, nuestra preferencia sexual, nuestra escolaridad, ni si sabíamos hablar en público o no, ni etcétera; el único requisito era ser adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Entre septiembre y el 10 de diciembre recibimos la palabra de Beatriz Aguirre, Héctor Solís, Luisa Gaspar, Josué Cueto, Alfredo Álvarez, Aurora Lozano y Guillermo Palacios,
compañer@s adherentes de la Otra en Azcapotzalco; Oralba Castillo Nájera, adherente a título personal; la Coordinación de la Otra en Coyoacán y el Círculo de Reflexión Zapatista; compañer@s trabajadores de la educación secciones 9, 10 y 11; el Sector Mujeres y la Sexta DF-Edomex; Eugenia Gutiérrez, adherente a título personal; el Colectivo Axolote, de la UAM-Iztapalapa; Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer "Elisa Martínez" y la Red Mexicana de Trabajo Sexual del Distrito Federal y Guadalajara Jalisco; la Célula Almaye de Impulso a la Otra Campaña; Kevin Junck-Bran, adherente a título personal; el Colectivo Rincón Rupestre, y el Comité de Lucha por el Movimiento de Emancipación Nacional (Colmena); y ya antes, en el contexto de la Coordinadora Regional Zentro-DF de la Otra Campaña, habíamos recibido la palabra del Espacio de Coordinación Zapatista. Luego del día 10, a nuestras cuentas de correo-e por conducto de otras listas llegó la palabra de Jóvenes en Resistencia Alternativa, 5ta Brigada-Koyotl Yohuali, María Cristina Soriano Valdez, Chk García, Ké Huelga Radio, Kolectivo Kultural El Paliakate, Fabiola Méndez, Prángano (David), Colectivo Tres Piedras, Colectivo Palabra Biruz y Partido Popular Socialista de México. A tod@s ell@s, muchas gracias.

Si se quiere conocer sus posiciones y demás opiniones, recomendamos entonces darse un chapuzón virtual en los enlaces a las siguientes entradas o postes, donde igual encontrarán la palabra de quienes tejemos ésta bitácora electrónica (publicado también en el periódico electrónico Rebelión.Org); que les sea leve.


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Fraternal y sororalmente:

LA OTRA CHILANGA
[espacio virtual de comunic@cción para la Otra Campaña en el zentro de la ciudad + grande del planeta]

12 de diciembre de 2006

JRA :: sobre la estructura de la otra campaña en el df

En una de sus intervenciones, el EZLN planteó sobre la Sexta Declaración de la Selva Lacandona : “La Sexta invita a unión a los que comparten esta definición con un reto: otra forma de hacer política; un objetivo: construir un programa nacional de lucha de izquierda anticapitalista; y un destino: una nueva constitución que es otra forma de decir, un nuevo acuerdo para una nueva sociedad”(…) La Sexta propone un modo: escuchar y aprender. Y propone cómo hacer esa escucha y ese aprendizaje: con otra campaña. Y hasta ahí.”
Esos objetivos, y la adhesión a ellos, es lo que nos une a quienes estamos hoy en la otra campaña. Es ese llamado, esos objetivos, ese modo de hacer política y el poder de atracción de uno de los movimientos antisistémicos más importantes del planeta lo que une ahora a quienes pertenecemos a la otra campaña. No más, pero no menos. Para pensar la estructura organizativa del Distrito Federal debemos recordar lo que nos une y el objetivo al cual nos adherimos: hacer otra campaña, impulsar la creación de un programa nacional de lucha. Quienes sostienen que debemos partir de otras premisas, de otros objetivos, de otras discusiones, de otros planteamientos, se equivocan, porque olvidan lo que nos une y ponen por delante lo que nos divide: nuestras posiciones teóricas, nuestras posiciones ideológicas, nuestros procesos grupales, nuestros procesos de lucha, nuestras distintas formas organizativas, nuestras distintas percepciones y evaluaciones, nuestros distintos principios, nuestros distintos valores. La estructura organizativa debe respetar esas diferencias y el proceso de construcción organizativa no puede olvidar los objetivos a los que nos hemos sumado al adherirnos a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Quienes plantean como método primero homologar principios, valores, conceptos y hasta posiciones teóricas como prerrequisito para la acción y la organización utilizan un método fundacional y no procesual. Plantean un método entre iguales y no diversos. Plantean un método que homogeiniza y no que respeta las diferencias. Es el método para fundar una sola organización, con un solo marco conceptual, con mismos principios, con los mismos valores, con la misma posición teórica, con una sola estrategia. No es el método para construir un proceso de unión de luchas y resistencias múltiples. No es un método de convergencia y acercamiento paulatino sino un método que elimina las diferencias para hacer clara la operación única de una sola organización.
El método fundacional no es malo en sí mismo, la mayoría de nuestras organizaciones lo utilizamos para crear nuestras organizaciones, delimitar nuestra identidad, nuestros horizontes, nuestros objetivos.
Pero no estamos creando una organización única y nueva sino un proceso de unión de luchas y organizaciones que ya tienen procesos propios. NO estamos FUSIONANDO nuestras organizaciones y luchas, sino construyendo un proceso hacia el programa nacional de lucha. Hasta ahí llega la propuesta de la Sexta Declaración. Cuando hayamos construido el plan o programa, tendremos que luchar por él y entonces no sólo estaremos en una fase de escucha, aprendizaje, organización, convergencia y construcción. Pasaremos a una nueva etapa que necesitará muy probablemente otra forma organizativa para enfrentar más eficazmente al poder y por supuesto, al sistema en su conjunto.
¿quiere decir que mientras tanto no debe existir organización alguna en la otra campaña? En lo absoluto. Para construir la otra campaña y el recorrido debimos organizarnos en los últimos 8 meses. Para responder al ataque en Atenco esa organización mínima funcionó para comunicarnos, tomar decisiones y movilizarnos. Para proponer algún tipo de estructura, debemos hablar sobre cuál es la fase para la que estamos organizándonos y cuál es el balance y los límites que tenemos ahora para hacerlo:
Sobre la fase: Hasta ahora, seguimos encontrándonos y conociéndonos en el Distrito Federal y nos estamos preparando para la segunda etapa que plantea la Sexta Declaración , que es la construcción del Plan Nacional de Lucha. Pero, debido a los hechos de Atenco tuvimos que actuar frente a la coyuntura. Hechos tan poco comunes como la verdadera insurrección que sucede en Oaxaca nos obligan a actuar también ahora en las distintas coyunturas.
Sobre el balance: Somos, de todo el país, el estado con mayor número de organizaciones adherentes, pero también con la mayor diversidad de formas organizativas, posiciones ideológicas y proceso de lucha. (el número total de organizaciones en el DF es de alrededor de 275) La estructura creada para el recorrido ha servido a muchos para seguir trabajando. Para otros no. En esa estructura ha participado cerca de la mitad de las organizaciones de la otra campaña en el DF. La otra mitad no participa en ellos. (en la estructura, es decir, en los 5 regionales mas los espacios de niñ@s, mujeres, indígenas, trabajador@s sexuales, estudiantes, trabajadores, cultura, presos políticos, disidencia sexogenérica, más los espacios de trabajo como la otra salud, o el grupo de afinidad de las organizaciones que reivindican los principios zapatistas, participan entre 100 y 120 organizaciones adherentes). Es evidente que hay dispersión, descoordinació n e incomunicació n con el resto de los colectivos y organizaciones. Si no comenzamos a reunirnos y coordinarnos no nos podemos conocer. Si no nos agrupamos no escuchamos y aprendemos del otro. Si no nos conocemos hay desconfianza, prejuicios y conden as. Todo ello provoca que las decisiones sean tomadas sólo por quien se ha agrupado. Los que no lo han hecho por innumerables motivos acusan a los de la estructura de tomar todas las decisiones y excluir. Los que se han agrupado se defienden argumentado que si no van a los espacios o construyen los propios no hay forma de saber su opinión y defienden el trabajo coordinado (que es mucho) que se ha realizado. Es evidente que esta situación no puede continuar. De ahí la necesidad de definir una propuesta mínima de estructura.
Sobre los límites. La organización de la otra campaña en el DF es incipiente, débil e insuficiente. Pero lo poco que se ha construido es un paso porque ha logrado que varios grupos se encuentren y trabajen de forma conjunta o bien que encuentren sus diferencias y decidan que no hay afinidad para chambearle. La estructura en el DF fue un experimento que esta casi agotado, pero que tiene elementos para poder pasar a una siguiente etapa organizativa. Sin embargo, la falta de cohesión, conocimiento, confianza y también la enorme diversidad ideológica, teórica y organizativa de quienes participamos NO PERMITEN proponer una estructura rígida y homogénea. Sino más bien flexible y heterogénea. Una estructura que debe además ser cuidadosa de las autonomías no sólo como principio ético sino también como problema práctico: no todos tenemos las mismas posiciones ni ideas pero sí tenemos consensos por los cuales podemos impulsar juntos la otra campaña y el programa nacional de lucha; no todos queremos trabajar con todos porque hay historias y procesos previos o durante este último año que nos acercan a unos y nos alejan de otros, pero sí tenemos tareas concretas en las que tenemos que coordinarnos. Cada organización o espacio de coordinación es autónomo para decidir sobre sus acciones y prioridades, pero autonomía también significa decisión propia para poder coordinarse, articularse, sumarse, accionar con otros y otras diferentes. Por último, evidentemente debe ser una estructura horizontal. El problema no es decirlo sino hacerlo y construir los métodos para ello. Desde nuestra óptica la horizontalidad no sólo se construye en las decisiones (todos decidimos todo) sino en el trabajo (todos hacemos todo). Por ello las decisiones y la estructura deben también equilibrar las cargas de trabajo comunes entre todos, de forma rotativa o distribuyendo el peso de la acción y el trabajo en todos.
Bajo estas premisas reales y no abstractas es como debemos pensar e imaginar una forma organizativa para la otra campaña en el Distrito Federal. Por ello es equivocado plantear formas organizativas para formar consejos de representantes o cualquier mecanismo que esté basado en la representació n piramidal. No hay ni confianza, ni la misma posición sobre las representaciones en las organizaciones (hay posiciones ideológicas, teórico y prácticas muy distintas). No existe además la organización que asegure la representació n de todos y todas. Como no existen mecanismos de participación para los adherentes individuales no podemos proponer consejos, o asambleas de representantes, o cosa alguna ya que implicaría su exclusión. (por ejemplo la propuesta de una organización un voto). Plantear estas formas organizativas es proponer formas desde lo abstracto y no haciendo un balance ni un diagnóstico de quien integra hoy la otra campaña en el Distrito Federal. En va rios estados del país han tomado distintas formas organizativas. Nosotros necesitamos una forma especial por nuestra situación específica y no un formato universal utilizado en otras organizaciones o movimientos. También formas organizativas que se van construyendo al caminar preguntando, modificándose según las necesidades y los objetivos.
Pero también es equivocado decir entonces que no haya organización alguna. Es absurdo porque ya hemos dicho que ya existe una estructura y está funcionando. Decir que no haya organización significa seguir centralizando las decisiones. Significa que la estructura actual se debilite aún más. Significa continuar con problemas de comunicación, coordinación, falta de cooperación, ausencia de posiciones políticas, etc. O por otro lado, significaría el inmovilismo y el verdadero estancamiento de la otra campaña en la inacción. Algunos lo proponen porque no han asumido las enormes tareas que han significado estos siete meses de trabajo. Otros lo proponen por reivindicar la falta de estructura como mecanismo para la horizontalidad. Ya muchos han hablado sobre el autoritarismo que implica la ausencia de estructuras y mecanismos de coordinación, que permite que las más viejas formas de hacer política se impongan.
Por ello planteamos esta propuesta de forma organizativa en el Distrito Federal que parte de la experiencia concreta de trabajo y los problemas reales en la otra campaña DF:
  1. FORMAR UNIDADES DE TRABAJO AUTÓNOMAS POR AFINIDAD.
Unidades, porque conformaremos con ello una forma organizativa para toda la otra DF pero de manera abierta y flexible. Unidades porque acercan a los similares.
De Trabajo. Porque lo que une es el trabajo que realizan, o cómo lo realizan o cómo lo piensan.
Autónomas. Porque deciden de forma independiente su trabajo pero permite la coordinación con otras unidades y con el total de ellas.
Por afinidad. Porque acerca a los similares con objetivos, tareas, discusiones, ideologías o trabajos afines y que pueden tomar decisiones por consenso más fácilmente.
Esto es, cinco, ocho colectivos, o más, pueden formar una unidad de trabajo. Se pueden formar bajo el criterio más flexible que podamos tener para poder representar a la diversidad y la multiplicidad de visiones, formas organizativas, ideologías. El criterio sería abierto y no necesita disolver lo construido. Varios colectivos y organizaciones o ya trabajan territorialmente o han decidido comenzar el trabajo territorial. Una unidad de trabajo se puede formar entonces con criterio territorial. También con un criterio sectorial. Pueden ser la base los regionales o sectoriales existentes o formar otros, siempre y cuando sean espacios de convergencia y colectivos que agrupen a varias organizaciones. Pero también pueden formarse por temática de trabajo, medios libres por ejemplo. O bien por afinidad ideológica. (libertarios, zapatistas, otros, etc). Lo importante no es dónde tengo que estar y con quien tengo que coordinarme sino dónde y con quien decido trabajar. Todas las organizaciones deberemos conformar una unidad de trabajo con organizaciones cercanas, con quienes compartimos un objetivo de trabajo, con quienes nos identificamos ideológicamente, en fin, el criterio es abierto siempre y cuando sean afines. También los adherentes individuales pueden formar una unidad de trabajo, con 10, 15 personas o más y decidir dónde trabajar y cómo trabajar o bien participar en una de las unidades de trabajo ya formadas. La propuesta es agruparnos en unidades autónomas que faciliten las decisiones, las consultas, el trabajo, la comunicación, el intercambio. Es muy difícil hacerlo desde nuestras 275 organizaciones dispersas e incomunicadas por toda la Ciudad. Mucho trabajo se realiza de esta manera pero no es visible ni se ha integrado formalmente. Lo que proponemos es construir, conformar unidades de trabajo que nos permitan tener quizá 25 o 35 espacios de coordinación o convergencia formados cada uno de ellos por 5, 8 o 12 colectivos. Las unidades no representan al “sector” o a toda la región o a todos los que trabajan en el tema, ni a todos los de una ideología, sino solamente a los colectivos y personas que convergen en la unidad de trabajo. Sugerimos además que en espacios ya creados pero que tienen problemas para llegar a acuerdos, conformen unidades distintas que puedan hacerlo. Si una regional o sectorial se pelea constantemente pueden formar unidades distintas de trabajo. La consigna debe ser TODOS A FORMAR O PARTICIPAR EN UNA UNIDAD DE TRABAJO.
  1. FORMAR ENLACES EN CADA UNIDAD DE TRABAJO AUTONOMA; FORMAR UN ESPACIO DE COORDINACION y UNA ASAMBLEA CUATRIMESTRAL
Formaríamos un espacio de todos aquellos que deseen coordinarse. Los que no lo deseen no tienen que hacerlo. Pero la propuesta es que sí formen su unidad organizativa y un enlace. ¿con que objetivo?. La comunicación entre todos y todas. Un espacio de coordinación no representaría más que a los que llegaran a la reunión. Nadie podría hablar como la otra campaña DF, sino como espacios y organizaciones específicas de la otra campaña. Supongamos que la mitad de las unidades de trabajo tomaran una decisión en un espacio de coordinación. La decisión valdría sólo para los presentes, pero a través de los enlaces y unidades habría comunicación con el resto de las organizaciones y personas que de forma autónoma podrían decidirse sumarse o no a la decisión. En temas muy trascendentes podría haber periodos de consulta aunque no todos acudieran a un mismo espacio físico. En decisiones divididas podrían impulsarse varias tácticas o varias acciones de corte distinto. Para quienes no pudieron estar presentes en la decisión pero están de acuerdo con ella, tendrían la información para hacerlo. El número de unidades (más reducido) facilitaría la convocatoria inmediata en emergencias o la consulta urgente para pronunciamientos o cartas solidarias. Este tipo de convergencia nos permite tener mayor capacidad de diálogo, discusión, reflexión y posibilidad de consensos. Las unidades permitirían que TODAS las organizaciones e individuos pudieran contar con la información para tomar decisiones o ser consultados. Una vez formadas todas las unidades podríamos contar con herramientas de comunicación más accesibles que permitan de una manera más ordenada difundir las posiciones y las acciones de cada unidad. La otra campaña DF se movería más como una red de unidades autónomas que como una organización única que no es ni pretendemos que sea. Sería más –quizá temporalmente- una red de diversidades que un espacio único de decisiones. Así como no se debe homogeneizar las posiciones e identidades, tampoco todos tenemos que hacer lo mismo ni trabajar en lo mismo. Los trabajos pueden ser articulados desde las unidades, sin implicar que ciertas tareas o trabajos son más meritorios que otros. Es la estructura más flexible y abierta que se nos ocurre bajo la argumentación y diagnóstico que hemos descrito. Pero es también el mínimo que necesitamos para poder comunicarnos y terminar de agruparnos todos los adherentes en el Distrito Federal.
Por último, podemos convocar cada 4 meses una Asamblea similar a esta para poder reorientar, modificar el rumbo con un espacio no sólo de coordinación sino también de reflexión, intercambio y diálogo.
  1. Por último proponemos un método para tomar decisiones por consenso. Ahí sí, necesitamos una reflexión y propuestas metodológicas sobre qué es el consenso y como construirlo. Nosotros, nosotras en jóvenes en resistencia alternativa hemos enviado una propuesta metodológica en un archivo adjunto a todos en la lista del Distrito Federal. El método para tomar acuerdos por consenso es indispensable para evitar el voto, el mayoriteo, pero también el obstruccionismo de unos cuantos.
La otra DF necesita una estructura ahora. No para cuando caiga el capitalismo. La otra DF necesita comunicación para conocernos, respetarnos y encontrar posibilidades de convergencia y unión. La otra DF necesita una estructura para hacer otra política, horizontal, incluyente, abierta, diversa. La otra DF necesita de otros métodos, otras prácticas, otros modos. Esta es sólo una propuesta para intentar hacerlo.

jovenes en resistencia alternativa
sueña, genera, desobedece, crea, baila, lucha, imagina, resiste, construye... otro mundo posible.

11 de diciembre de 2006

El año que vivimos sin permiso

Con este texto damos inicio a la publicación de opiniones que adherentes de la Sexta y la Otra nos hicieron llegar a través de seispuntos@laotrachilanga.org.mx, como parte del ejercicio que significó la Consulta Nacional de los Seis Puntos, que de un modo u otro servirá para definir el caminar, el rostro y la palabra de la Otra Campaña. Hemos elegido el texto de Eugenia porque, como ella misma lo dice, su especialidad son las dudas y, así, de manera enredada y suelta como también ella nos confía más que confesárnoslo, nos lleva de la mano como Dante a Virgilio por el infierno de sus pensamientos (bueno, algun@ sentirá que le guía Virgilio; quizás otr@ que es Aurora quien le conduce).

Aclaramos que aunque la consulta ha concluido seguimos recibiendo sus colabor@cciones hechas palabra o imagen para publicarlas en La Otra Chilanga.

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El año que vivimos sin permiso
Eugenia Gutiérrez.

A los delegados y las delegadas de la Comisión Sexta que nos convocaron a una consulta sobre los seis puntos (Subcomandante Marcos, comandantes Grabiela, Zebedeo, Miriam, Hortensia, David y Tacho, y compañera Gema) y a mis compañeras y compañeros de la Otra Campaña.
(Compas: No soy buena para responder preguntas. Mi especialidad son las dudas. Es por eso que me cuesta trabajo hacer planteamientos ordenados y concretos en la consulta que se está llevando a cabo entre los firmantes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. De cualquier manera quiero decir algunas cosas sobre lo que he observado y sentido a lo largo de un año. Presento estos comentarios a título individual porque hace ya diez meses que no soy parte del colectivo con el que firmé la Sexta –revista Rebeldía–, y porque aunque la sectorial con la que me coordino (Mujeres y la Sexta DF-Edomex) prepara un documento en colectivo sobre varios de los puntos, también quiero verter mi opinión personal de una manera más enredada y un poquito suelta. Van, pues, mis comentarios con la esperanza de hacer alguna aportación al proceso constructivo de la Otra Campaña.)

En 1982, el director australiano Peter Weir decidió llevar a la pantalla grande la interesante novela de C.J. Koch El año que vivimos en peligro. La historia que pasó al cine está ambientada en Yakarta, Indonesia, durante los meses más difíciles de 1965, previos al golpe que derrocó al “gobierno vitalicio” del presidente Sukarno. La frase que da nombre a novela y película está tomada del famoso discurso pronunciado el 17 de agosto de 1964 (día de la independencia) por el entonces presidente Sukarno. El discurso se llamó “el año en que vivir será un peligro” y hacía referencia al año siguiente: 1965. No se equivocó mucho Sukarno, pues a partir de su caída se dispararon batallas por el poder que dejaron casi un millón de indonesias e indonesios muertos.

Hoy hago referencia a esta película sólo para tomar algunas frases de uno de sus grandes personajes: Billy Kwan, un fotógrafo de bajísima estatura que nos acerca al mundo del teatro de sombras javanés. En ese mundo de sombras, tradicional de la isla de Java y que tanto seduce a Kwan, se presentan obras de teatro con marionetas muy bellas e iluminadas. Pero a pesar de estar en un primer plano, las llamativas marionetas deben ser ignoradas por los ojos del auditorio porque lo importante no es ver la fachada sino lo que está en el fondo: las sombras proyectadas en la pared. Para Billy Kwan (quien fue interpretado por una mujer que se hizo merecedora de un Óscar, Linda Hunt), lo fundamental para entender la esencia de lo humano es, en cualquier circunstancia, “mirar las sombras, no las marionetas” iluminadas y fascinantes. Con esa primera frase de Kwan comienzo mi reflexión sobre la Otra Campaña, a ver si puedo fijar mi concentración en lo que se proyecta, borroso, en el fondo, sin que me distraiga mucho de lo que relumbra en primer plano.

Libertad, diversidad, creatividad.
En agosto de 2005, cuando centenares de personas empezamos a coincidir en las reuniones preparatorias a las que nos convocó el EZLN en comunidades zapatistas de Chiapas, era difícil imaginar que tendríamos un año de tanto dolor. Y cuando digo “año” no me refiero a doce meses rigurosos sino al tiempo que ha pasado desde que leímos y firmamos la Sexta hasta que terminó el recorrido del Delegado Zero y arrancó esta consulta. Para mí, ese tiempo indefinido de heridas tan profundas bien puede considerarse un ciclo o un año porque nos ha permitido conocernos y encontrarnos, como siempre pasa en los momentos de conflicto. Desde el fallecimiento de nuestra compañera comandanta Ramona y otros compañeros hasta la reciente represión en Oaxaca, pasando por todos los agravios y crímenes que conocemos porque los hemos vivido en colectivo, quienes suscribimos la Sexta hemos tenido poco tiempo para sentarnos y discutir a fondo lo que nos importa y nos congrega. Sin embargo, pienso que ahora estamos mucho más preparad@s para dar esta discusión porque, después de todo, es en los momentos de dolor donde mejor se conoce a las personas. Además, precisamente porque las heridas son profundas es que estamos en condiciones de determinar si las cicatrices serán colectivas y nos forjarán una piel más resistente.

Sobre las características de la Otra Campaña tengo algo que decir. Reviso la relatoría de la plenaria en La Garrucha y me encuentro con una gran cantidad de propuestas de lucha “anti” y “contra” algo, pero también con propuestas de definición de la Otra Campaña en términos más propositivos: que la Otra Campaña se defina “de izquierda”, “en defensa de la soberanía, la patria y por la democracia sindical”, así como “por la autonomía y la independencia política” o por la vida y la defensa de la naturaleza, entre otras. Mi propuesta para la discusión del primer punto es que, además de ratificar lo que plantea la Sexta, seamos congruentes y dejemos que cada quien trabaje en sus temas de mayor interés, sin obstaculizar ninguna aportación que tenga como objetivo central hacer más coherente nuestra lucha o mejorar las relaciones entre adherentes.

También sugiero responder con ánimo de construcción a todos los procesos destructivos que hemos vivido. Ya sé que suena difícil, pero estoy segura de que podemos. Para ello creo que es necesario hacer planteamientos básicos sobre lo que nos da identidad de lucha, sobre aquellos propósitos o despropósitos que nos impulsan a seguir y nos llevan para adelante. Podemos, por ejemplo, usar algunos términos que, a manera de ventanas, sirvan como herramienta para transparentar nuestra manera de ver el mundo, que engloben muchas de las inquietudes vertidas a lo largo de este año y que nos comprometan. Para empezar, pienso en términos como libertad, diversidad y creatividad, pero es obvio que pueden surgir muchos otros de una reflexión conjunta.

Si hablo de libertad es porque creo que la base que sostiene nuestra postura firme contra las imposiciones del sistema que nos oprime está construida a partir de un pensamiento libre. Y también porque he visto en estos meses que estamos dispuestas y dispuestos a pagar el precio de la libertad, precio que, en mi opinión, va desde la soledad hasta la cárcel y la muerte. Pienso que la Otra Campaña está constituida, mayoritariamente, por gente libre, desde quienes ahora están en prisión hasta muchísimos jóvenes de movimientos anarquistas, anarcopunks y libertarios que no se cuelgan etiquetas sino que tienen un compromiso de vida donde demuestran lo que son en los hechos. Aquí hay personas libres en sus ideas, en sus actos y en sus palabras; hombres y mujeres que no piden permiso para recorrer su propio camino, el que ha sido trazado por ellas y ellos mismos. Es decir, rebeldes.

Pienso que otro de nuestros rasgos característicos es la diversidad. Somos muy diferentes. Y claro que al ser tan heterogéneos tenemos problemas, desencuentros y roces que nos dejan quemaduras. Los terapeutas familiares lo llaman “incompatibilidad de caracteres”. Existen grandes diferencias en la manera de enfrentar la vida porque hay gente del campo, de la ciudad, de en medio; gente que vive en México y gente que no; gente que padece enfermedades y gente que tiene mucha salud; gente muy joven y con muchos proyectos y gente muy grande que ya tiene su cansancio; hay gente muy respetuosa, muy amable, pero también hay patanes y patanas. Hay gente muy discreta y gente muy extrovertida. En fin, que tenemos una variedad muy compleja de historias de vida. Pero eso, si encontramos los mecanismos básicos de coordinación, puede representar una ventaja para un esfuerzo como éste donde, a diferencia de otras luchas de la izquierda, no somos “masas” sino “personas”. Somos gente con gustos muy diversos para la música, el trabajo, el descanso, la comida, el sexo, la manera de vestir, de arreglarse (o desarreglarse) y las formas de lucha, en el mejor de los casos; o bien, que resiste los embates de la “modernidad” de manera distinta, a su ritmo, cada quien con su propia capacidad de sobrevivir luchando contra el dolor, el desempleo, la soledad, la angustia, el desamor, la enfermedad, la crueldad, el olvido y la pobreza. Pero eso no tiene por qué ser un impedimento para avanzar hacia un proyecto de lucha colectivo, siempre y cuando nos respetemos y podamos compartir objetivos. Hilos de un bordado, lo llamó Ramona.

En cuanto a la creatividad sólo quiero anotar que he podido percibir en la mayoría de integrantes de la Otra una tendencia a construir y no a destruir. Hay compañeras y compañeros imaginativos, con ideas y propuestas de construcción que siguen creyendo en la necesidad de no parecernos a aquéllos contra quienes luchamos, por difícil que parezca.

La buena memoria.
Pero no puedo limitar mi comentario a unas características tan generales y ambiguas que parecen el himno de “únete a los optimistas”. Tenemos que especificar más quiénes somos. No estoy desdeñando la importancia de los términos que utilizo, y entiendo que aunque estén desvirtuadas, palabras como libertad, diversidad y creatividad tienen muchas implicaciones políticas y filosóficas que podemos encontrar si vemos sus sombras proyectadas en la pared. Pero creo que si estamos en la Otra Campaña es porque, además, tenemos como rasgo común una inagotable capacidad de indignación, individual y colectiva que nos lleva a no permanecer indiferentes ni en silencio ante la violencia y la crueldad generadas por el capitalismo y otras luchas de poder, donde quiera que las encontremos. Es decir que actuamos en consecuencia. Y faltan otros aspectos que nos congregan y nos identifican. Uno es que suscribimos la convocatoria en el apartado seis de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona que nos hizo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y con él luchamos. Otro es que sabemos organizarnos de manera autónoma, con nuestros propios recursos y hasta en las condiciones más difíciles, sin estar esperando que alguien más haga las cosas que se tienen que hacer. Otro es que nos llamamos compañeras, compañeros y nos exigimos y procuramos respeto. Pero otro aspecto, uno de los más importantes, siento yo, es que tenemos buena memoria.

No quiero decir mucho sobre quiénes están convocad@s y quiénes no porque pienso que no se trata de quién está convocad@ sino de quién se siente convocad@. Y no tengo la gran propuesta. Además, no me inclino por los listados de personas y los derechos de admisión reservados, pero sé que es necesario decir algunas cosas. En la primera escena de la película que mencioné, el personaje en quien me estoy apoyando (Billy Kwan) le dice a Guy Hamilton (un periodista demasiado seguro de sí mismo interpretado por el antipático Mel Gibson): “no lo tomes como algo personal, pero no eres más que un símbolo de Occidente”. Bueno, pues yo propongo que la Otra Campaña no convoque a ningún símbolo de Occidente. Así de fácil. Y no lo digo sólo por alguien más antipático que Gibson, sino por mucha gente que ni trabaja ni siente parejo. Entonces, compas, hablando en positivo, mi opinión es que estén convocad@s tod@s l@s que quieran acercarse, en el entendido de que no se vale que nos subestimen y que, para empezar, aquí van a encontrar mucha gente libre, diversa, creativa e indignada ante los embates del capitalismo y otras luchas de poder, que se organiza y actúa en consecuencia desde su autonomía, que suscribió un documento elaborado por el EZLN y que con él lucha, que valora y exige el respeto entre compañeras y compañeros, pero que también tiene muy buena memoria, pues no olvida los daños ni deja atrás a quienes están presas o han muerto luchando por otras, por otros. Porque también nos une y nos define nuestra capacidad para recordar todo aquello que no debemos olvidar.

Algunas ventajas.
Billy Kwan no encuentra su lugar en el mundo. Está indignado por la miseria que hay en las calles de Yakarta pero admira al dictador Sukarno porque aún no lo conoce. Kwan es un mestizo de madre china y padre australiano que cubre como fotógrafo un conflicto armado en el país donde él nació: Indonesia. Por eso se llama a sí mismo un hombre “dividido” y “sin hogar” en todo el planeta. Por si fuera poco, no mide más de un metro de estatura. Sin embargo, es interesante la forma en que saca provecho de sus desventajas y las convierte en ventajas. Llega el momento en que Kwan abre sus ojos y mira de frente al dictador. Su mestizaje le ayuda a comunicarse con muchísima gente de nacionalidades diversas y su baja estatura lo lleva a pasar desapercibido. Su enorme capacidad para sentir el dolor de los demás lo incita a no vegetar sino a vivir. El hecho de medir apenas un metro provoca el desprecio y la falta de atención de los colonizadores pudientes. Eso le permite a Kwan colarse a todas las reuniones, escuchar todas las conversaciones o tenderle una manta de protesta a su otrora admirado Sukarno con la frase “Alimenta a tu pueblo”. Kwan sabe que es precisamente su carácter de invisible o indigno de ser notado el que le da plena movilidad. Y aunque en la película no le fue muy bien, menciono esto porque creo que cada persona en la Otra conoce sus desventajas y puede aprender a sacar provecho de ellas y porque, a diferencia de Kwan, no estamos luchando en soledad sino en grupo. Ya sé que no basta con invitar a la gente a mirar de frente a sus dictadores. El problema es que no tengo muchas ideas sobre cómo organizarnos mejor. Y nos falta definir también qué somos: ¿somos una organización, un frente, un movimiento, un colectivo, una suma de individuas e individuos, una red? ¿Qué implica bordar y entretejer hilos resistentes y de colores? Pero lo que sí me queda claro es que debemos y podemos articular nuestras luchas.

En la Otra Campaña yo veo muy difícil arribar a una estructura organizativa. O habría que ver qué entendemos por estructura. Después de lo que he observado este año no creo que podamos generar espacios más o menos sólidos donde haya trabajo no nada más entusiasta sino constante, ordenado y planificado, que es lo que yo entendería por estructura organizativa. Así no la vamos a hacer y nos vamos a desesperar. Aunque parezca que estoy jugando al doble sentido, necesitamos “la triple F”: algo flexible pero firme y funcional al mismo tiempo. Creo que, por el momento, más bien tendríamos que pensar en mecanismos de comunicación y funcionamiento para determinadas actividades por medio de comisiones rotativas, quizá regionales (¿contacto con pres@s polític@s? ¿enlace interno y enlace externo? ¿comunicación y difusión? ¿logística y finanzas?). Hay que conocernos, hay que mantener contacto permanente con nuestras compañeras y compañeros presos y seguir trabajando para liberarl@s, hay que compartir y revisar toda la información que han recopilado los medios alternativos en los viajes del Delegado Zero, hay que buscar una forma de entendernos.

Creo que podemos empezar por ahí, sacando ventaja de nuestras desventajas. No tenemos dinero ni grandes posibilidades de comunicación con tecnología avanzada, pero eso nos da tiempo para pensar bien y entre much@s antes de actuar. Necesitamos generar espacios para discutir, por ejemplo, qué significa vivir abajo y a la izquierda, y claro, el cómo y el para qué luchamos. Preguntaban hace tiempo unos jóvenes adherentes: ¿y qué significa ser de izquierda? ¿y por qué tenemos que usar esa y otras etiquetas? ¿y qué implica vivir contra el capitalismo? Sobre la primera pregunta, mi respuesta, resumidísima, es que al hablar de izquierda –entre nosotr@s— se buscan dos cosas. Por un lado, combatir políticas terriblemente violentas que promueven el pensamiento y el comportamiento únicos con un afán insaciable de lucro y, por otro lado, defender las libertades individuales, las posibilidades de construcción en colectivo y el respeto a la diversidad a fin de vivir como merecemos los seres humanos: en paz y con dignidad.
Y por supuesto, todo ello por medio de la acción y del trabajo. Pero mi respuesta es, otra vez, muy general y ni siquiera tengo una para las otras dos preguntas. Además, sabemos que al hablar de izquierda en otros lados, no entre nosotr@s, se buscan otras cosas. A mí me gustaría mucho conocer la opinión de cada un@ de ustedes, compas, sobre esas preguntas, aunque sé que es muy difícil. No encuentro la forma de saber lo que piensa un adherente que vive a miles de kilómetros de mi casa y no tiene luz ni computadora. Qué piensa en un momento específico sobre un tema específico. Eso no lo vamos a poder hacer. Ahorita estamos intercambiando opiniones sobre los puntos que planteó la Comisión Sexta, pero esto no podemos hacerlo cada quince días sobre todos los demás puntos que se nos ocurran. Y no creo que esa sea la idea porque nos iría peor que en Babel y nos paralizaríamos. Por eso, para la cotidianidad, sugiero crear nuestros núcleos de discusión y acción con la gente más cercana y apretar fuerte los nudos para que crezca la red, como de por sí ya saben hacerlo much@s adherentes.

Fuera de los ámbitos grupales, sectoriales o territoriales muy concretos, no le hemos entrado de lleno a discutir qué significa o qué implica vivir contra todo lo que hemos propuesto –capitalismo, opresión, autoritarismo, discriminación, patriarcado, racismo— ni hemos abordado a profundidad el tema del poder. Porque no me queda claro si en la Otra Campaña estamos contra el poder o a favor de un poder popular, por ejemplo. He visto que hay discusiones muy interesantes sobre nuestra postura ante el sistema capitalista. Pero yo no estoy hablando del sistema sino del poder, así de abstracto pero así de concreto, y siento que no lo hemos discutido. Leí el otro día en un periódico que un movimiento que no lucha por el poder “es un movimiento débil”. ¿Qué piensa la Otra Campaña de eso? ¿Es una de esas definiciones que no puede ser colectiva o, por el contrario, es importante que lo sea? ¿Estamos contra el poder o por un poder distinto, por un poder popular? ¿Y puede existir un ejercicio distinto del poder? ¿Deveras puede existir? ¿No tendríamos que hablar, más bien, de gobierno? En mi opinión, no es lo mismo “poder” que “gobierno”. Además, ¿qué significa ser “débil”? ¿Acaso un movimiento “fuerte” no puede ser muy frágil? ¿Y qué queremos ser nosotr@s? ¿Hemos de despedirnos en cada reunión deseándonos “que la fuerza te acompañe”?

También nos falta mucha discusión sobre la violencia. No digo que no sepamos lo que es la violencia o cómo nos afecta. Digo que no conozco la opinión de much@s compañer@s sobre ese tema y sobre lo que significa construir un movimiento civil y pacífico donde perder la paciencia no implica dejar de actuar con sensibilidad e inteligencia, donde no se desvanece la confianza a pesar de los agravios, y no por ello se desvanece la dignidad, y donde se opta por agotar todos los recursos civiles que haya al alcance. Eso, paradójicamente, nos lo ha enseñado el EZLN, un grupo armado. La pregunta es si estamos dispuestas, si estamos preparados para construir con entusiasmo esa opción civil y pacífica. En este año de tanta violencia institucional hemos vivido un coctel de emociones personales y colectivas que no se ven pero que son importantes. No estoy hablando de acciones sino de emociones. Y cada quien sabe lo que ha decidido sentir. Yo propongo que no olvidemos quiénes somos y con qué diversidad estamos constituid@s, y que deveras nos comprometamos con lo que hemos firmado en la Sexta.

También tengo la duda de hacia dónde vamos, de cuáles son nuestros objetivos comunes, nuestros planes, nuestras pesadillas, nuestros sueños en común. ¿Buscamos otra forma de hacer política o buscamos hacer otra política? Y si fuera otra política, ¿con respecto a cuál? O bien, ¿qué entendemos por hacer política? ¿Es lo mismo apuntar a una concepción nueva de lo que es la política que llegar a lo mismo de siempre por caminos distintos? ¿Eso no sería también otra forma de hacer política? ¿Podemos ser más específicos? Yo pienso que sí. Por lo que dice la Sexta, por lo que dijo el Comandante Tacho el 1 de enero de 2003 en San Cristóbal de las Casas y por lo que he visto a lo largo de este año, estamos generando otra cosa; estamos no sólo buscando sino encontrando formas novedosas de organizarnos para irrumpir en los espacios que nos estaban vedados. Me refiero a esos espacios donde se plantan los invisibles para hacerse visibles y donde hacen ruido los callados. Los espacios a los que nos prohíbe la entrada un sistema de relaciones que se rige por la ley del mínimo esfuerzo y la máxima ganancia y que nunca va a entender, por ejemplo, qué es un medio de comunicación alternativo y por qué no le interesa hacerse millonario. A este sistema y a quienes lo diseñan y manejan, les resultamos absurdos, jodidas, fracasados. “Perdedores”, se acostumbra decir en inglés (loosers). Pero también les resultamos incómod@s. Eso, creo yo, nos define. El placer de serles incómod@s y la decisión de seguirlo siendo. Aquí no están los virtuosos ni las más destacadas en la ciencia, la comunicación, el humanismo, la tecnología y el arte. En la Otra Campaña estamos las sin premios, los sin fortuna, las sin medallas. No tenemos la rodilla firme en la danza ni la nota exacta cuando cantamos. Pero estamos aprendiendo a escuchar como lo hace el zapatismo para conectar nuestras rebeldías porque merecemos vivir de otra manera. Y por lo que he visto este año estamos aprendiendo a no vivir en un frenesí de búsqueda sino a matizar nuestros ímpetus para encontrarnos. Porque, de vez en cuando, compañeras, compañeros, buscar ya no es suficiente y hay que darnos tiempo para encontrar. Por eso me parece fundamental esa característica que nos une y nos define: el hecho de tener buena memoria. Esa es una aparente desventaja que nos lastima y abruma. Pero en realidad se trata de la mayor ventaja que tenemos porque agiganta nuestros horizontes. Para responder la pregunta de hacia dónde vamos hay que saber de dónde venimos. Siento que no podemos transformar lo que viene si no aprendemos de lo que hemos vivido, si no rescatamos los aciertos y corregimos los errores. Porque, en mi opinión, sin pasado no hay futuro.

“¿Y qué debemos hacer entonces?”
Tener un gusto especial por el teatro de sombras no es fácil y Billy Kwan lo sabe. Al recorrer las calles de Yakarta y presenciar la miseria que todo lo inunda, su corazón de fotógrafo retrata el dolor de su pueblo e intuye la violencia que se avecina. Y el ecuánime y sarcástico Kwan se resquebraja cuando ve morir de pobreza al hijo de una mujer amiga. Surge entonces un Billy Kwan que busca desesperado una respuesta a la pregunta que ha planteado a lo largo de toda la película. Es la misma pregunta que se han hecho millones de personas a lo largo de la historia: “¿y qué debemos hacer entonces?” Es la misma pregunta que, seguramente, nos estamos haciendo tod@s l@s firmantes de la Otra después de este año tan violento. Si Kwan recorriera las calles de cualquier rincón de este planeta, se haría la misma pregunta. Y si recorriera cualquier rincón de México seguramente quedaría impactado por todo aquello que vería en primer plano, es decir, arriba: un gobierno legítimo y uno ilegítimo listos para exprimirnos, un gobernador Baby Face violador que quiere y puede ser el próximo presidente, un PRI que ahora se reivindica como “de izquierda” en boca de Jackson, un clamor generalizado de estabilidad y continuidad en los medios masivos de comunicación, una guerra desmedida entre narcotraficantes, una batalla feroz por ver quién encabeza las instituciones, un síndrome de Estocolmo que lleva a millones de personas a encariñarse con sus captores, una clase empresarial cada vez más fortalecida. Pero si Kwan mirara hacia abajo también podría percibir todas las sombras proyectadas en la pared, sombras que se resumen en lo que han dicho nuestr@s compañer@s de la Otra en reuniones preparatorias, plenarias o del recorrido que hizo el EZLN desde enero hasta noviembre. Y seguramente se plantearía esa misma pregunta que hoy nos planteamos: ¿Qué debemos hacer entonces, compañeras y compañeros de la Otra? ¿Cómo responder a los malos tratos de quienes nos desprecian? ¿Cómo impedir los crímenes no sólo de Estrada Cajigal o Eduardo Bours, conocidos gobernadores, sino de los no tan conocidos Marco Antonio Llano, Francisco Zaragoza, Samuel Rodríguez, Rafael Anguiano, la empresa Sig Armolite y todos esos nombres que les quiebran la garganta a nuestros compas de la Otra por todo el país? ¿Qué hacer cuando nos disparan en el desierto fronterizo como a patitos de feria? ¿Cómo luchar no sólo contra el muro que nos ha levantado Estados Unidos o contra el que levantan los turisteros en Quintana Roo sino contra el que nosotros le levantaremos un día a Guatemala o contra los que nos levantamos hoy entre nosotr@s? ¿Qué decir cuando hay familias mexicanas esclavizadas en Sonora? ¿Qué sentir cuando nuestras compañeras y compañeros del pueblo kiliwa firman un pacto de muerte por puritita dignidad? ¿Cómo conciliar el sueño si nuestras compañeras violadas duermen en la cárcel mientras los violadores descansan libres y en su cama? ¿Qué pensar cuando el ácido nítrico mata despacito a l@s trabajador@s en Baja California mientras otras sustancias matan despacito a los trabajadores de todos los estados? ¿Cómo debemos actuar en el paraíso de los pederastas, los homofóbicos, los feminicidas, los racistas, los secuestradores y los narcotraficantes? ¿Y qué debemos hacer ante el dolor en el mundo? ¿Cómo no enfurecerse ante misiles, coches bomba, pruebas nucleares, hambrunas y sida? ¿Qué debemos hacer entonces, compañeras y compañeros de la Otra?

Yo opino que debe haber una manera de luchar sin parecernos a aquellos contra los que luchamos. ¿Pero cuál? Quizá alguna en la que, por lo menos, estemos conscientes de las implicaciones que tiene la violencia. Se dice que el término paz está desgastado y en desuso. Yo no lo creo. Se dice que el fin justifica los medios. Yo pienso que ocurre lo contrario. Que son precisamente los medios utilizados los que van dando forma al fin que se persigue y que éste depende totalmente del camino que uses para alcanzarlo. Una meta se desvanece, se desmorona si no hay congruencia en el camino. Por eso yo creo que en la Otra Campaña no sólo debemos darle importancia a qué es lo que queremos sino a cómo tenemos pensado obtenerlo. Para ello, siento que valdría la pena abrir otro nivel de análisis de lo que es el neoliberalismo y lo que hace con las personas. En la Sexta Declaración de la Selva Lacandona nuestras compañeras y compañeros del EZLN señalaron que el neoliberalismo nos explota, nos despoja, nos desprecia y nos reprime. Pero, en mi opinión, también nos gobierna, nos seduce y nos transforma. Es decir: nos domina. La presión que recibimos desde el momento de nacer hasta el día en que morimos es gigantesca. La invitación a cumplir todas las normas y a aplastar a quien podamos en aras de sobrevivir no es precisamente una invitación. Muchas veces nos vemos obligados, nos sentimos forzadas a hacerlo. El neoliberalismo nos gobierna. Otras veces resulta lo más fácil y lo menos doloroso el atenerse a todas esas normas y nos dejamos llevar por un mundo de luces de neón, de aguas aparentemente tranquilas y de comodidades, sin importar lo que suceda alrededor. El neoliberalismo nos seduce. Pero muchas otras veces nos gusta aplastar a los demás y participamos del gusto de explotar, despojar, despreciar y reprimir. El neoliberalismo nos transforma. Y cuando permitimos que un grupo de insaciables dicten las normas que nos gobiernan, nos seducen y nos transforman, entonces somos dominadas, somos dominados. También tenemos que luchar contra eso.

Por otro lado, he leído en varios textos a compañeros y compañeras que opinan que en la Otra Campaña se ha juntado lo mejor de la lucha anticapitalista. Yo me abstengo de calificarnos a nosotr@s mism@s como lo mejor porque, empezando por mí misma, estoy consciente de que tenemos muchos defectos y nos falta bastante trabajo para conocernos y entendernos. Además, yo defiendo y ejerzo mi derecho a equivocarme. Sé que a muchas personas les parecerá que esto no es trascendente, pero para mí sí lo es. Una, porque si ser de lo mejor se vuelve un requisito para estar en la Otra yo quedo fuera en automático, y otra porque los trazos que definen nuestros objetivos tienen un color y un grosor distintos cuando se dibujan con una crayola que sabe que no tod@s somos personas ejemplares. Y siento que de ahí tendremos que partir cuando definamos las formas de trabajo y de lucha. Si alguien me preguntara qué acercamiento teórico podríamos usar para entender este esfuerzo nacional yo diría que la caótica, esa nueva visión que se está aplicando en las ciencias naturales y que ha detectado leyes en el caos y en su relación con la incertidumbre. Creo que así somos en la Otra. Pero todavía nadie aplica esos estudios a las ciencias sociales y por eso tendemos a desesperarnos. Propongo que no lo hagamos. Y propongo, también, no perder energía descalificándonos entre nosotr@s por lo que no es importante y sí darnos cuenta de la magnitud y la crueldad del sistema político-económico al que nos estamos enfrentando. Necesitamos darnos tiempo para hablar, escuchar y prepararnos mejor, cada quien como pueda, aunque procurando que hablen no los de siempre sino los de nunca. Quizá convenga darnos un nombre, quizá no. Lo que sí necesitamos es trazar objetivos a corto, mediano y largo plazo, objetivos que sólo podrán surgir de grupos afines y que cada quien tendrá que comprometerse a alcanzar. La Otra puede ser un espacio sin lugar, pero no debe ser un tiempo sin momentos definidos.

Quiero decir, por último, compañeras y compañeros de la Otra, que para mí es un honor trabajar con ustedes, vivir a contracorriente y diseñar en colectivo el programa de lucha que surgirá de todas las propuestas que recopile esta consulta. Señalé hace un rato que Billy Kwan se desespera cuando ve morir al hijo de una amiga y mencioné que en la película no le fue nada bien. Pienso que él no tuvo la oportunidad que estamos construyendo ahora, desde que el EZLN nos invitó a firma la Sexta. No tenemos por qué vivir dominad@s y lo sabemos. Por eso se han manifestado resistencias y rebeldías en muchas partes durante este tiempo que he llamado año. Creo que a pesar de todo lo que nos ha dolido junt@s este año, debemos reconocer que pudimos mantener con vida nuestra esperanza de lograr una transformación profunda del escenario que llamamos mundo, no en sus primeros planos hermosos y deslumbrantes, sino en esas sombras que proyectamos en su pared. Y por lo que he observado, sigue viva nuestra capacidad de sonreír no a pesar de nuestr@s muert@s sino precisamente por ell@s. Creo que, hasta en eso, somos rebeldes. Después de todo, no buscamos y no había lugar para nosotr@s en el concierto de la democracia. Este año no teníamos permiso para vivir. Y sin embargo, vivimos.

Domingo 10 de diciembre de 2006.

10 de diciembre de 2006

FORO PARA LA CONSULTA EN EL ENLACE ZAPATISTA

Foro para la Consulta Nacional sobre las definiciones básicas de la Otra Campaña (los 6 puntos)

Del 4 al 10 de diciembre

Para todas y todos los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y La Otra Campaña

¡Reúnete, dialoga, escucha, entérate, participa!

Este Foro es exclusivamente un espacio para la difusión, la discusión y la reflexión colectiva sobre la Consulta Nacional sobre las definiciones básicas de la Otra Campaña (los 6 puntos). NO ES de ninguna manera, una página donde ya se estén dando resultados de la Consulta, ni posiciones terminadas, ni la página oficial de la Consulta.

Recuerden lo que se decía cuando la Comisión Sexta del EZLN propuso la realización de esta consulta:

7.- Que la realización de esta consulta la asuman las distintas unidades organizativas de trabajo que existen o se creen para esto. Que aunque alguien no pueda asistir a una asamblea o reunión por la causa que fuese, alguien de La Otra vaya al lugar donde trabaja, estudia, vive, y le pregunte y tome nota de su opinión sobre cada uno de los puntos, no importa si es un@ o much@s personas.

8.- Que se respeten los “modos” de cada quien para manifestarse y dar a conocer su opinión: sea por pronunciamiento individual, familiar, de grupo, de colectivo, de organización o de pueblo indio.

9.- Que cada unidad organizativa de trabajo decida la forma y contenido de la realización de la consulta en el ámbito donde la llevará a cabo.

10- Para quienes así lo decidan, la Comisión Sexta del EZLN se ofrece a recibir y ver que se tome en cuenta su opinión (aunque no coincida con la nuestra o sea contraria a la que sostendremos como zapatistas) en la consulta interna de La Otra.

Envío de propuestas directamente a la Comisión Sexta del EZLN

Si alguna organización política, pueblo indio, organización social, colectivo, ong, familia, individuo, adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y a la Otra Campaña, quieren enviar y entregar su propuesta directamente a la Comisión Sexta del EZLN, lo puede hacer de la siguiente forma:

1) Escribiendo al correo electrónico: consulta@ezln.org.mx

(quienes anteriormente hayan enviado sus propuestas al correo de la otra o del delegadozero, no es necesario que las vuelvan a enviar)

2) En el DF, llevándolo directamente al local de la Comisión Sexta, ubicado en la calle de Zapotecos 7, Colonia Obrera, entre las calles de Isabel La Católica y Bolivar.

Teléfono y fax: 57614236.

Horarios de recepción: de 10 de la mañana a 9 de la noche.

Click aquí para entrar al Foro


Reglas para la participación en el Foro

1) Solamente podrán participar en el Foro todas y todos los adherentes registrad@s a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y La Otra Campaña.

2) Para participar entre al enlace del Foro, encontrará seis temas sobre cada uno de los puntos de la consulta.

3) Entre a cada uno de ellos y escriba su participación dando click al botón “NewTopic” (NuevoTema).

4) Puede entrar a leer cada Tema escrito por otros adherentes y escribir también algo sobre lo que leyó ahí.

5) Puede crear también un subtema con algo específico de lo que quiera dialogar con los demás, haciendo click en “NewTopic” (NuevoTema).

7 de diciembre de 2006

LOS SEIS PUNTOS + 1: chicome

7.- De otros etcéteras.

CONSULTA SEIS PUNTOS :: Plantear una postura clara sobre lo antipatriarcal

Para nosotras y nosotros el patriarcado es sinónimo de violencia hacia las mujeres y niñas donde la tradición debería ser el respeto. Un ejemplo de violencia hacia las mujeres es condicionar apoyos gubernamentales como el del programa federal “Oportunidades” al uso del dispositivo intrauterino (DIU) para que no se embaracen. Otro ejemplo de violencia hacia las mujeres es “aplicarles encuestas centinelas” sin su consentimiento para investigaciones epidemiológicas de las que nada o casi nada obtienen los pueblos indígenas y las comunidades campesinas.

Para nosotras es suficiente y necesario que los adherentes asuman como suya la “Ley Revolucionaria Indígena de las Mujeres” del EZLN; así como abrir espacios comunitarios para talleres sobre la forma en la que nos relacionamos los hombres y las mujeres.

Una propuesta concreta es abrir espacios para que las mujeres indígenas y campesinas adherentes de la sexta declaración, puedan participar en “La otra campaña de salud sexual y reproductiva para la resistencia indígena y campesina en México”, tomando el taller básico o capacitándose para ofrecer servicios de atención primaria a la salud sexual y reproductiva de las mujeres de sus comunidades con el objeto de establecer o fortalecer espacios de salud comunitaria autónomos de los tres niveles de gobierno, el federal, el estatal y el municipal para no dejar la salud de las mujeres y niñas en manos del mal gobierno o de la iniciativa privada.

Más allá de las discusiones retóricas sobre el patriarcado, deberíamos promover tres cosas: Primero, el asunto de las llamadas cuotas de participación de las mujeres, la cantidad mínima de mujeres que participen en las actividades y coordinaciones estatales, regionales o nacionales. Segundo, facilitar condiciones propicias para que las mujeres puedan participar (apoyo de pasajes cuando tengan que viajar a algún lado, facilidades en la familia y la comunidad para realizar las actividades en las que participa). Tercero, poder participar en escuelas de liderazgo, como lo han hecho las compas de la Red Mexicana de Trabajo Sexual. Todo esto, respetando los modos y formas de cada quién en la otra campaña.

Es aconsejable que la otra campaña establezca un plan de trabajo que pueda ser monitoreado donde se faciliten condiciones para la construcción de la autonomía de las mujeres. El otro asunto es el que generalmente se nos encomiendan actividades secundarias y las que realizamos en la comunidad son calificadas muchas veces como no politizadas.

Y no se nos olvide que las mujeres somos utilizadas como consortes de los dirigentes y dirigentas, con independencia de que estos tengan o no pareja estable y no como iguales en la lucha contra el capital y sus aliados. Y bueno, eso es diferente del derecho a ejercer libremente la sexualidad.

Aquí nos referimos a que la participación de las mujeres se reduce muchas veces a ser utilizadas como objetos sexuales por “los cuadros de las organizaciones” y que eso además de reducir el papel de las mujeres “a objetos de culto sexual”, genera rupturas y broncas al interior de muchos colectivos. Como quien dice que se prostituye a las compañeras y ni siquiera les pagan una lana…

El otro asunto es que las demandas de las mujeres así como las propuestas de otros amores, de las personas que viven con VIH/SIDA y de nosotras las trabajadoras-es sexuales son consideradas como añadidos, como temas que pueden esperar al triunfo de la revolución.

Retomando el tema del patriarcado, uno de los planteamientos de algunas feministas que plantean el derrocamiento del patriarcado y consideran al sexo comercial, exclusivamente como un producto de la discriminación de las mujeres, es el abolicionismo de la prostitución.

Nosotras y nosotros, trabajadoras sexuales, trabajadores sexuales y acompañantes solidarios, adherentes, activistas, colaboradoras y simpatizantes de la Otra Campaña convocada en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, no buscamos la abolición de la prostitución como lo plantean Carlos Marx en “El Manifiesto del Partido Comunista”, cuando el comunismo sea alcanzado por las revoluciones proletarias. Tampoco buscamos la abolición de la prostitución como lo señala Bakunin en “Ética Anarquista”, cuando los trabajadores organizados en federaciones de unidades productivas logren llegar al socialismo. Tampoco buscamos la abolición de la prostitución como lo señala un sector importante del “feminismo antipatriarcal” cuando las bases sociales sobre las que se sostiene el patriarcado, sean derribadas por la lucha de las mujeres. Tampoco buscamos la abolición de la prostitución como lo señalan moralistas de buena voluntad de todas las religiones e ideologías que aspiran a que esto ocurra cuando imperen las llamadas buenas costumbres. Tampoco buscamos la abolición de la prostitución como lo señalan teóricos de “la revolución sexual”, cuando el control de la sexualidad desaparezca y las personas podamos ejercer libremente nuestra sexualidad, sin prejuicios ni ataduras.

Nos parece que el derecho a ejercer el sexo comercial prevalecerá, aunque la explotación sobre el producto del trabajo sexual y el patriarcado, desaparezcan.

Por ello, la RMTS exige que los compas de la otra campaña tomen en serio eso de que las trabajadoras sexuales somos un sector de la clase trabajadora y no la fracción de clase lumpen-proletariado que pretenden los marxistas que es como nos clasifican casi todos los activistas de la izquierda que nos consideran algo así como la basura de la sociedad. Algunos intelectuales “progresistas” han considerado a la prostitución, como una industria de servicios, específicamente la industria sexual dentro del área de servicios del sector informal de la economía; sin embargo la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la considera el “sector sexual de la economía” por el aporte que hace al Producto Interno Bruto (PIB), que puede oscilar entre el 0.5% y el 1.5% anual[1].

No somos prostitutas, ya que no denigramos a nadie con nuestro oficio y en cambio dicha palabra nos señala a nosotras como si nos dedicáramos al sexo comercial por gusto propio y no intervinieran otros actores en la cadena productiva, como son los empresarios del sexo y los clientes. Tampoco somos sexoservidoras, ya que el modo de producción basado en la servidumbre, terminó hace mucho tiempo con la revolución de independencia.

Dentro del Programa Nacional de Lucha de la otra campaña, se debe reconocer plenamente que una de nuestras principales demandas es poder disfrutar de las ventajas que el Derecho Laboral le ofrece al resto de los trabajadores ocupados en diferentes quehaceres. Así mismo, que se reconozca el carácter de trabajadoras no asalariadas a quienes laboramos por cuenta propia y no tenemos un patrón. Ahora en el caso de las niñas y niños nuestra postura es erradicar las causas que generan el sexo comercial para que la explotación sexual comercial infantil (ESCI) deje de lacerar a nuestra infancia; así como la explotación económica de quienes siendo adultas tuvimos que recurrir a este trabajo.

Así como las y los compas del Congreso Nacional Indígena (CNI) condenan las intenciones de varios gobiernos estatales de establecer “resguardos indígenas” a la usanza de estados Unidos y Canadá, nosotras las trabajadoras sexuales no deseamos ser “reducidas” a zonas de tolerancia (resguardos para putas); así mismo condenamos que se realicen controles sanitarios sobre nuestros cuerpos con la aplicación de la prueba obligatoria de detección de VIH/SIDA. La opción es la promoción del uso del condón, garantizando su disponibilidad, acceso y aceptación entre los grupos sociales con prácticas de riesgo para su transmisión.

Al igual que las y los trabajadores de la otra campaña, aspiramos a que los lugares donde trabajamos y las cosas que necesitamos para ofrecer nuestros servicios, sean expropiados a los industriales del sexo y pasen a ser propiedad cooperativa de quienes nos dedicamos a este oficio. Por eso promovemos la formación de cooperativas de trabajadoras sexuales para no seguir enriqueciendo a ningún lenón, patrote o madrota.

“Contra el SIDA, el silencio y la discriminación:

Organización, movilización

Y resistencia ciudadana.”

Contacto:

Centro de Atención de La Merced de Brigada Callejera:

Calle Corregidora 115, Despacho 204, Colonia Centro, Delegación Venustiano Carranza, C.P. 15100, D.F.

Teléfono: (0155) 5542.7835, Teléfono y fax: (0155) 5542.4096

Página De internet: www.brigadacallejera.org

Correos electrónicos: brigadaac@laneta.apc.org, noti-calle@brigadacallejera.org, redmexicanadetrabajosexual@gmail.com



[1] Ver Lin Lean Lim “Informe del Sector Sexual de la Economía” de la OIT.

6 de diciembre de 2006

OPINION :: la identidad colectiva de la otra campaña y los seis puntos

En el siguiente texto, publicado en Rebelión.Org, Carlos Antonio Aguirre Rojas, director de la revista Contrahistorias, la otra mirada de Clío, aborda lo que para él pueden ser los rasgos principales de la identidad colectiva de La Otra Campaña como punto de partida para responder los Seis Puntos que buscarán aclarar el rostro, la palabra y el caminar de ésta. Se trata, sin duda, de una aportación más entre muchas que abajo y a la izquierda se están generando en lo individual, familiar, grupal, colectivo, organizacional o popular por quienes a partir de junio de 2005 nos hemos ido adhiriendo a una Sexta Declaración de la Selva Lacandona que pronto dará paso a una Primera Declaración de La Otra Campaña, respondiendo ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿cómo vemos el mundo?, ¿cómo vemos nuestra suave matria que es México?, ¿qué queremos hacer? y ¿cómo lo vamos a hacer? Sin embargo, creemos que pone en la mesa algunas piezas que nos parecen fundamentales para la construcción de ese tejido, esa red de redes que esperamos sea La Otra Campaña. Así, pues, sin el ánimo de "tirar línea" ni de suplantar a nadie, mucho menos de establecer dictamen alguno sobre lo que puede y no puede ser La Otra, aquí lo tienen; esperamos que pueda ser de utilidad.
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La identidad colectiva de la Otra Campaña y las seis preguntas
Carlos Antonio Aguirre Rojas
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INTRODUCCIÓN
“El que La Otra arranque con un oído es una de sus definiciones más novedosas, creativas, imaginativas y subversivas, aún dentro de la misma tradición de la izquierda mundial”.
Subcomandante Insurgente Marcos, en la “Mesa Redonda en la UAM-Xochimilco”.
28 de junio de 2006.

Para definir los rasgos principales de su identidad colectiva, La Otra Campaña nos convoca a todos sus miembros adherentes a la respuesta de seis preguntas fundamentales. Seis preguntas importantes que, como simple punto de partida para reflexionar en torno de los rasgos esenciales de esta identidad específica de La Otra Campaña, nos convocan a todos para tratar de decidir el rumbo particular que debemos proseguir en los próximos meses y años inmediatos por venir.
Entonces, ¿desde dónde, y a partir de qué elementos, podemos responder a estas seis preguntas? En nuestra opinión, y siguiendo en este punto las lecciones principales tanto de la historiografía crítica, como de las ciencias sociales críticas de los últimos ciento cincuenta años, pensamos que debemos responder a estas seis preguntas, tanto a partir de un diagnóstico crítico del presente, como de las más importantes tradiciones y herencias del pasado, pero al mismo tiempo, vinculando ambos hacia el horizonte de los posibles futuros que, como Otra Campaña, deseamos colectivamente construir. Con lo cual, seremos fieles no sólo a estas tradiciones del pensamiento social crítico ya referidas, sino también a las lecciones del propio movimiento neozapatista, que insertándose claramente de modo fundamental, e interviniendo de manera explícita, en nuestro más actual presente, han reivindicado siempre también la importancia de la memoria, de la tradición y del pasado, dentro de sus propias luchas actuales, al mismo tiempo en que afirman la importancia del horizonte y de la perspectiva de la construcción del mañana, como un elemento de aliento y de fermento de estos mismos combates contemporáneos.
Entonces, y para seguir este canon ya clásico, de tratar de responder a estas preguntas desde el presente, desde el pasado y desde el futuro, consideramos que es importante entender, en primer lugar, nuestro más actual presente, es decir, la caracterización fundamental y más general que define a la coyuntura actual mexicana, latinoamericana y planetaria, coyuntura esencial en la que hemos estado viviendo durante los últimos treinta o treinta y cinco años. Una coyuntura que, como lo ha explicado reiteradamente Immanuel Wallerstein, se caracteriza por ser la de la etapa de la crisis terminal del capitalismo mundial. Porque si no entendemos que la etapa que estamos atravesando ahora es la de la fase final de la existencia o vida histórica de este sistema mundial capitalista, que comenzó hace aproximadamente cinco siglos, no entenderemos adecuadamente, ni el carácter que presentan ahora los movimientos sociales anticapitalistas o antisistémicos contemporáneos –entre los cuales destaca, sin duda, el importante movimiento mexicano de La Otra Campaña—, ni tampoco las tareas urgentes que esta misma coyuntura de crisis terminal del capitalismo plantea e implica para todos los que hoy peleamos por un otro mundo todavía posible.
Porque asumir que estamos viviendo ahora la crisis terminal del capitalismo, no significa para nada derivar la conclusión tranquilizadora y absurda de que deberíamos sentarnos con paciencia a ver pasar el cadáver de nuestro enemigo capitalista, sino muy por el contrario, implica asumir el hecho de que el caos social que se vive en México, en América Latina, y en el mundo entero, es un caos cada vez mayor y cada vez más agudo, que seguirá creciendo y complicándose con cada día que pase, y que en sus diversas manifestaciones destructivas cada vez más apabullantes y peligrosas, conlleva el riesgo de arrastrarnos a todos los seres humanos, a la humanidad entera, en un hundimiento colosal y catastrófico de grandes dimensiones.
Porque es claro que esta crisis terminal de la civilización capitalista, se manifiesta lo mismo en el evidente colapso de toda una serie de referentes y de estructuras que hasta hace apenas unos pocos lustros nos parecían sólidas y estables, que en una violencia desatada que el cuerpo social exuda por todos sus poros, pero también, en la caducidad de muchos paradigmas, valores y patrones de conducta, que hace apenas unas cuantas décadas nos parecían todavía legítimos e incuestionables, lo mismo que en la desestructuración de todo tipo de relaciones y de vínculos sociales específicos.
Pues es esta crisis terminal del capitalismo la que se encuentra en la base de la absoluta crisis global de las estructuras de la política y de lo político modernos, de esta clara “muerte de la política” que ahora mismo presenciamos frente a nosotros. Pero también en la base de la crisis de las estructuras nacionales, o de otra parte, de la puesta en cuestión de todas las estructuras de los saberes hoy dominantes, de la crisis de todo tipo de valores y del renacimiento de un individualismo feroz y desenfrenado, junto a la crisis económica y el florecimiento exuberante de todo tipo de economías paralelas, subterráneas o informales, de la crisis ecológica y ambiental cada vez más grave que ahora presenciamos, del proceso en el cual se hacen y deshacen las naciones y los mapas nacionales a un ritmo acelerado, de la intensa y cada vez más desenfrenada movilidad social de los individuos, que difumina las fronteras de las clases sociales y de los grupos sociales de todo orden, así como de la crisis cultural que ahora vivimos, en todas sus distintas manifestaciones.
Pero entender entonces todo este cúmulo de manifestaciones de esta crisis terminal del capitalismo, no implica para nada asumir una actitud de pasividad o de consuelo, en el sentido de que el capitalismo habrá de derrumbarse de cualquier manera, sino precisamente la conclusión contraria, la de la urgente necesidad de empezar a reconstruir, aquí y ahora, una alternativa inteligente y concreta a este caos cada vez mayor que expresa dicha crisis terminal del capitalismo. Es decir, asumir en primer lugar que el futuro no está para nada asegurado, y que por ende el resultado de este colapso terminal del capitalismo bien podría ser una sociedad todavía peor que la actual sociedad capitalista, si es que esto puede ser imaginado. Pero en segundo lugar, la idea también de que si nosotros no empezamos, aquí y ahora, a construir las alternativas concretas y particulares de solución frente a esta galopante crisis terminal del capitalismo, dicho colapso de un sistema social histórico, podría ser no sólo el fin del capitalismo, sino también el fin mismo del género humano. O en otra vertiente posible, el fin del capitalismo, y la entrada en una nueva barbarie apoyada en términos materiales en un cierto conjunto de sofisticadas tecnologías, pero que en términos sociales podría ser una sociedad y una civilización todavía más atrasada y más regresiva que algunas de las que la humanidad pudo haber conocido en sus etapas anteriores de desarrollo histórico.
Considerar entonces que esta crisis terminal del capitalismo es el hilo articulador de todos los procesos sociales esenciales que ahora presenciamos, implica entonces, en primer lugar, trabajar arduamente para que dicha crisis terminal se acelere y termine lo más pronto posible, terminando a su vez con el sistema social capitalista. Y ello, con el menor costo posible en términos de destrucción de vidas humanas y de ciertas estructuras y realidades sociales creadas por los mismos hombres. Y en segundo lugar, que esta muerte del capitalismo tenga la salida más feliz posible, es decir, la de la reconstrucción de una nueva sociedad y un nuevo mundo, en donde no existan ya la explotación, el despotismo, la desigualdad, el despojo, y la discriminación en todas sus múltiples formas.
De otra parte, es necesario responder también a estas seis preguntas a partir del pasado, es decir, de la experiencia acumulada por los movimientos sociales y por sus distintas luchas desplegadas a lo largo de décadas e incluso de siglos. Y aquí, tomando muy en cuenta la importantísima cesura que significa la revolución cultural mundial de 1968, la que marca precisamente un parteaguas fundamental en la historia de estos movimientos sociales, y en el itinerario general de las distintas luchas anticapitalistas a nivel planetario. Una cesura o ruptura fundamental, que modifica no solamente el papel que pueden jugar las distintas clases y grupos subalternos dentro de los actuales procesos de transformación social, sino también la configuración misma de ciertos actores sociales, el carácter de los nuevos movimientos sociales, las perspectivas de las distintas izquierdas, así como el espectro y el carácter de los nuevos grupos y actores políticos.
Porque es muy claro que después de 1968 el sujeto revolucionario se pluraliza, dejando de estar constituido solamente por una clase social, la clase obrera, y eventualmente por algunas otras clases o sectores que funcionan como aliados subordinados de ese sujeto central obrero, para convertirse en un vasto abanico en el que confluyen ahora, en condiciones de igualdad, toda una serie de nuevos actores, sujetos, grupos, sectores y clases sociales del más diverso orden.
Ya que es claro que después de 1968 surgen nuevos actores sociales antisistémicos, los que durante los últimos seis o siete lustros transcurridos, se han ido convirtiendo en otros tantos elementos constitutivos de ese nuevo sujeto revolucionario ahora enormemente plural, incorporando, junto a la clase obrera y a su eventual ‘aliada’ que era la clase de los campesinos pobres, también a los nuevos sectores que conforman la base de los movimientos estudiantiles, o de las mujeres, o de los indígenas, o urbano-populares, o ecologistas, o pacifistas, o de los homosexuales, o de los presos políticos, o de toda una larga lista de los nuevos grupos y los nuevos actores sociales que irrumpen en el escenario del combate anticapitalista, después de esa fecha emblemática e importante de 1968.
Y a tono con estos cambios, también es claro que las demandas y los distintos frentes de lucha van a multiplicarse extraordinariamente después de 1968, incorporando, otra vez junto a las viejas demandas que eran fundamentalmente de orden económico, o en otro caso de orden político, nuevas demandas que serán ahora de orden mucho más social y diverso, o de orden cultural, o que tienen que ver con la identidad de ciertos grupos, o con los derechos específicos de un sector, lo mismo que demandas novedosas que justamente cuestionan la exclusión de ciertos sectores o grupos subalternos, dentro de un vasto abanico de también nuevas luchas y reclamos que ahora cubren y abarcan a todos los niveles de la economía, de la sociedad, de la política y de la cultura de las sociedades capitalistas actuales.
También, y en un tercer nivel, hace falta tratar de responder estas seis preguntas fundamentales desde nuestros principales horizontes de los posibles futuros que deseamos construir, y que necesariamente se vinculan a los distintos objetivos, generales e inmediatos, que se plantea el digno movimiento de La Otra Campaña, y con ella, muchos otros movimientos antisistémicos y anticapitalistas a todo lo largo y ancho del planeta. Por ejemplo, el objetivo general de ayudar a crear otro mundo posible, es decir, de acabar de destruir al capitalismo mundial en todas sus expresiones, y comenzar a gestar otro mundo igualitario, democrático, libre, justo, sin explotación, ni discriminación, ni desigualdad, ni despotismo o despojo de ningún tipo, es decir, desde ese horizonte de esperanza específico que ha alimentado, a lo largo de los últimos dos siglos y hasta el presente, a todo ese conjunto de luchas anticapitalistas que recorre la historia de la humanidad después de la Revolución Francesa y hasta el día de hoy.
Así, responder a estas seis preguntas implica, en nuestra opinión, mirar muy amplio en el espacio y muy largo dentro de la historia, asumiendo este diagnóstico específico de la etapa presente que vive el capitalismo mundial, al mismo tiempo que recuperamos las tradiciones fundamentales que el pasado cercano, pero también los pasados medianos y lejanos nos heredan, y todo esto dentro del horizonte particular de los futuros concretos hacia los que queremos avanzar, con este vasto y digno movimiento, en primera instancia nacional y después planetario, que es hoy el importante movimiento de La Otra Campaña.
LAS SEIS PREGUNTAS
¿Cómo respondemos entonces a las seis preguntas, desde este triple eje recién enunciado? Revisemos la posible respuesta que, desde estos horizontes de la visión global de los problemas, aunada a la perspectiva de la larga duración histórica, y combinada con el punto de vista genuinamente crítico, es posible avanzar respecto de cada una de ellas.

PRIMERA PREGUNTA. Las características fundamentales de La Otra (su identidad colectiva).

En nuestra opinión La Otra Campaña debe ser concebida, sobre todo, como una red plural de sujetos sociales de abajo, anticapitalistas, de izquierda y revolucionarios. Expliquemos lo que implica cada uno de los elementos de esta definición sumaria.
La Otra Campaña es, en primer lugar, una red plural de sujetos sociales diversos. Es decir, que no se trata del movimiento de una sola clase (por ejemplo, la clase obrera) o de un solo grupo social (por ejemplo, los estudiantes), o de un sector social particular (por ejemplo, las mujeres), o de un actor social específico (por ejemplo, los indígenas), sino más bien de un movimiento amplio, diverso y plural, de múltiples sujetos sociales coordinados y unidos en torno de la lucha en contra de un enemigo común (el capitalismo), y en pos de un objetivo general también compartido por todos (crear un mundo no capitalista, en donde quepan muchos mundos).
Se trata, además, de una red plural de sujetos sociales de abajo, es decir, de todas las clases, grupos, sectores y actores subalternos, los que por su condición de subalternidad, de estar por debajo de otro en condición de inferioridad y a partir de una relación de jerarquía social cualquiera, sufren distintas formas de explotación (obreros, campesinos), avasallamiento (ciudadanos de a pie), desigualdad (mujeres, jóvenes), o discriminación (indígenas, ancianos, homosexuales). La Otra Campaña lucha en contra de todas estas formas de opresión, dominación, explotación, despojo y discriminación, y por un mundo nuevo donde no tengan cabida ninguna de ellas.
Además, La Otra es también una red plural de los de abajo que se afirma claramente como anticapitalista, como radicalmente antisistémica, al haber ya identificado al sistema social capitalista, como la causa central generadora de todos los males principales que hoy padece la humanidad entera. Y sigue siendo muy claro que el sistema capitalista tiene su corazón en el modo de producción capitalista, y por ende en la explotación económica del trabajo asalariado en todas sus formas, razón por la cual las luchas obreras y campesinas siguen siendo fundamentales y vitales para La Otra Campaña. Pero también es claro que el sistema capitalista no es sólo un sistema económico, sino también una sociedad burguesa global, presente igualmente en el plano de lo político, que de lo social y de lo cultural, una sociedad que oprime políticamente, a la vez que reproduce múltiples formas de desigualdad social, y que discrimina culturalmente a múltiples grupos, clases y sectores sociales.
Pero incluso también el capitalismo es, además de esa sociedad burguesa global, todo un proyecto de civilización capitalista, que depreda a la naturaleza y reordena los territorios del planeta bajo el absurdo esquema artificial de los “mapas nacionales”, reconfigurado los espacios rurales y de las ciudades en función de su lógica de acumulación y explotación, a la vez que refuncionaliza en su beneficio estructuras previas a su existencia, como las de la familia, el machismo, el patriarcalismo, el racismo, la asignación del rol social de los jóvenes, los niños o los ancianos, lo mismo que los cánones de aquello que es considerado como normal o como patológico, como sano o como enfermo, como correcto o como condenable, como tolerable o inaceptable, y todo esto siempre en función de esa lógica global implacable de la mayor obtención de ganancia y de la mercantilización generalizada de todos los bienes que es la lógica de la reproducción general de esa civilización capitalista.
Frente a esto La Otra Campaña, al declararse anticapitalista y antisistémica, asume entonces el combate necesariamente múltiple y diversificado en todos estos frentes de lucha, económicos, sociales, políticos y culturales, pero también ecológicos, territoriales, familiares, sociales y civilizatorios en su sentido más amplio posible.
Y si La Otra es una red plural de los subalternos, y anticapitalista, ella es también de izquierda y revolucionaria. Lo que quiere decir que una vez identificado el enemigo (la civilización y el sistema social capitalistas), la actitud hacia él no es sólo de oposición y de denuncia, de mera resistencia frente a sus efectos destructores y devastadores, sino también de construcción de una alternativa general al mismo, alternativa que debe comenzar a edificarse aquí y ahora.
Porque junto a la lucha en contra de la explotación capitalista, debe venir la reivindicación práctica, aquí y ahora, de una lógica no mercantil ni de lucro en las relaciones humanas. Y frente a la lógica social de reproducción y hasta enaltecimiento de las desigualdades, la defensa también, aquí y ahora, de relaciones igualitarias, fraternas, y no jerárquicas. Y frente a la vieja política, elitista, corrupta y cada día más degradada, la alternativa práctica de “Otra Política”, basada en la moral de la lealtad a los principios y en la simple satisfacción del deber cumplido. Y frente al uso de la cultura como privilegio social discriminante, y como mecanismo de discriminación, la revaloración de las culturas subalternas y de los saberes populares de todo tipo, como culturas y saberes que en su esencia profunda constituyen los fundamentos ineludibles de toda posible construcción cultural.
Y todo esto, encaminado siempre a potenciar la subversión del orden existente, en una genuina postura de izquierda y revolucionaria, que sea capaz de ir afirmando siempre el sentido emancipatorio de las luchas y de las prácticas de oposición, al mismo tiempo que va construyendo, desde hoy y en todo tiempo y espacio posible, los gérmenes de otro mundo no capitalista, de un mundo nuevo y diferente al actual, en ‘donde quepan muchos mundos’.

SEGUNDA PREGUNTA. La estructura de La Otra Campaña (cómo nos relacionamos entre nosotros).

La forma de organización de La Otra Campaña debe ser, en nuestra opinión, la de una red, o tal vez una red de redes general, que vincule, coordine, reciba y devuelva permanentemente, y a todos sus miembros, la información, los debates, las consultas, las posiciones, las decisiones y los acuerdos y desacuerdos generados en cualquiera de los puntos de su vasto tejido.
Porque una lección de todos los movimientos sociales posteriores a la emblemática fecha de 1968, ha sido la de superar la vieja verticalidad de las organizaciones de izquierda, con su jerarquía rígida, su piramidalidad, su sustituísmo recurrente, y su concentración del poder, la decisión, el mando y la reflexión en las cúpulas de la organización, o en los líderes de la misma. Ya que lentamente pero de un modo sostenido, las nuevas organizaciones políticas de izquierda que comenzaron a desarrollarse después de la revolución cultural mundial de 1968, fueron superando todos estos rasgos recién enunciados, para constituirse como organizaciones caracterizadas por relaciones más horizontales, menos jerárquicas, más flexibles y más móviles, en donde el sentido fundamental es el de devolver a las bases de la organización el protagonismo fundamental directo, y ello lo mismo en lo que se refiere al acceso a todo tipo de información, como también en cuanto a la reflexión, el debate, y sobre todo la decisión y la asunción directa de los destinos de todo el movimiento.
Una red, muy horizontal, flexible, laxa y abierta, que promueva todo el tiempo la multiplicación de iniciativas nacidas desde las bases, de los de abajo, y que haga residir la responsabilidad esencial del propio movimiento, siempre en el vasto conjunto de todos sus miembros. E incluso y más allá, que tienda a disolver hasta donde sea posible esa vieja relación piramidal entre ‘líderes’ y ‘bases’. Pero que, sin embargo, no impida la unidad de acción cuando esta se requiera, ni la marcha por un solo camino común, ni tampoco la coordinación efectiva de iniciativas, esfuerzos y prácticas diversas. Es decir, el oxymoron de una organización muy horizontal y muy flexible, pero al mismo tiempo muy unida y acompasada, siempre que las circunstancias lo requieran.
En esta lógica, el mecanismo principal de toma de decisiones de La Otra Campaña, pensamos que deberá de ser el de la consulta universal a todos sus miembros. Basada esa consulta, en un previo y muy serio proceso de difusión lo más amplio posible de toda la información disponible, lo mismo que de discusiones, de búsqueda de consensos, y de expresión totalmente irrestricta y abierta de todas las posiciones. Es decir, el mecanismo que hasta ahora se utiliza en las comunidades neozapatistas, y que ha demostrado muchas veces que puede dar muy buenos resultados.
Agregando, tal vez, la lección del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil: si una posición goza de un amplio consenso, de una abrumadora mayoría, es asumida por todo el movimiento. Pero si una decisión importante resulta estar muy dividida en cuanto a los grupos que la apoyan, y no logra fácilmente un claro consenso, quizá es mejor, si es que las circunstancias lo permiten, retrasar su definición, dejando decantar las posturas diferentes, y dando más tiempo a la maduración de los distintos puntos de vista y a la reflexión, el análisis y la propia toma de decisión.
Además y en cualquier caso, La Otra Campaña debe tener siempre muy en cuenta las opiniones de las minorías. Pues si su modo de decidir debe ser siempre dialógico, basado en la discusión y en la interlocución con todos los múltiples otros, el oído siempre alerta a los puntos de vista de las diferentes minorías, podrá siempre ser una nueva fuente de alimentación y de enriquecimiento de los puntos de vista definidos como consensuales, o en otro caso como mayoritarios.

TERCERA PREGUNTA. La política de alianzas de La Otra Campaña (a quién apoyamos y con quién nos unimos).

La Otra, como red de los de abajo, anticapitalista, de izquierda y revolucionaria, tiene como uno de sus objetivos de corto y de mediano plazo, el de movilizar a la mayoría de las clases, grupos y sectores subalternos de México y luego del mundo, movilización que se estructura a partir del acompañamiento dentro de sus propias luchas, y en la confluencia explícitamente construida hacia los objetivos inmediatos y mediatos antes descritos.
Por lo tanto, La Otra Campaña en México, deberá de apoyar a todo movimiento social que se oriente, claramente, hacia la subversión del orden existente en un sentido anticapitalista y de izquierda. Porque no todas las movilizaciones populares o los movimientos sociales de los subalternos tienen un sentido anticapitalista, de izquierda y revolucionario. Algunos sólo buscan protestar contra una injusticia flagrante (por ejemplo, un enorme fraude electoral) o defender un derecho o una conquista antes adquirida (como el derecho a la pensión y a la jubilación, o la propiedad estatal de la industria, por ejemplo, eléctrica). Entonces, si La Otra Campaña decide apoyar estas luchas, debería hacerlo para mostrarles a ellas el horizonte anticapitalista al que ellas podrían y deberían apuntar, y la orientación de izquierda que podrían eventualmente llegar a tener, junto al sentido emancipatorio y radical que podrían también adquirir.
En cambio, existen otras luchas o movimientos que se orientan claramente y desde el principio en un sentido de izquierda y anticapitalista, al promover, por ejemplo, la autorganización del pueblo y la reconquista radical de su protagonismo histórico (como en el caso actual de la APPO), o al negarse radicalmente a aceptar la lógica capitalista de uso, depredación y venta de la tierra, y reivindicar frente a ella la lógica social y comunitaria profunda de los pueblos (como el FPDT de Atenco).
La Otra debe entonces, en México, apoyar a todos los movimientos sociales de los subalternos que sean de izquierda y anticapitalistas. Y podría, según las circunstancias concretas y cambiantes, acercarse o vincularse a otros movimientos populares, precisamente para tratar de mostrarles el horizonte anticapitalista del que ellos carecen, o al que aún no han llegado, y al que en otras condiciones o en otro momento podrían eventualmente dirigirse.
Y lo mismo en el plano latinoamericano e internacional. Pues La Otra Campaña, que mira siempre abajo y a la izquierda, debe estar con el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil y con los sectores más radicales de los piqueteros argentinos, lo mismo que con los grupos más avanzados de la CONAIE, y con las comunidades indígenas bolivianas más de izquierda. Y puede entonces mirar con simpatía y apoyar a los grupos y a las clases subalternas venezolanas en muchas de sus actuales iniciativas populares, y también a ciertos procesos de la llamada revolución bolivariana, sin dejar de criticar los evidentes límites e inconsecuencias de Hugo Chávez, apoyando también a las clases subalternas de Bolivia, mientras mantiene, no obstante, una clara distancia crítica respecto de la tibia y oscilante actuación de Evo Morales.
Es decir que La Otra Campaña debe apoyar a los de abajo que están a la izquierda y que son anticapitalistas, mucho más que a los líderes políticos o a los presidentes, o a ciertos dirigentes que pretenden representar y acaudillar a esos subalternos latinoamericanos.
Y a nivel mundial, La Otra Campaña podría quizá apoyar la iniciativa global de los Foros Sociales Mundiales, pero siendo siempre consciente de que allí confluyen actores y grupos anticapitalistas y de izquierda, con otros que son claramente procapitalistas y sólo moderadamente progresistas. Así, impulsando a los primeros, La Otra Campaña podría proponer muchas salidas nuevas, inteligentes y creativas, al claro impasse que desde hace ya varios años vive ese Foro Social Mundial, y a su evidente parálisis práctica, propositiva y en el plano de las acciones concretas.

CUARTA PREGUNTA. El lugar de las diferencias (dónde estamos).

La Otra Campaña debería ser, en nuestra opinión y tal como hemos ido desarrollando, esa red plural de sujetos subalternos, anticapitalistas, revolucionarios y de izquierda. Entonces y dada la pluralidad de su composición, es lógico que haya diferencias internas en su seno. Pero el límite de esas diferencias, que distingue a los que son parte de La Otra Campaña de los que no lo son, y que hace distinta a una diferencia fraterna entre compañeros de una disputa de posturas entre los que pertenecen a La Otra y los que no, es justamente esa condición de defender ambos, o de no defender, un punto de vista de los de abajo, y anticapitalista, y revolucionario y de izquierda.
Porque son muchas las luchas particulares y diversas que confluyen en la Otra, tantas como actores y sujetos subalternos existen hoy en el capitalismo. Y así, hay luchas feministas, y estudiantiles, y urbano-populares, como hay también demandas indígenas, obreras o de los jóvenes, junto a combates campesinos y de los homosexuales, y de los presos políticos, entre muchos otros.
Pero es claro que cualquiera de estas luchas particulares puede ser cooptada y anulada por el sistema capitalista. Pero también, cualquiera puede potenciarse y radicalizarse para adquirir un sentido genuinamente antisistémico, y radicalmente transformador de la situación social hoy imperante.
Por ello, La Otra Campaña debe cuidar entonces dos cosas: primero, que ninguna lucha quiera promoverse sobre las otras y marginarlas a segundo plano, pues todas tienen su importancia específica y todas son igualmente vigentes y cruciales en estas circunstancias inmediatas. Y segundo, la Otra debe siempre remarcar el sentido radical y emancipatorio de cada lucha particular, orientándola hacia la confrontación en contra del sistema capitalista, y en pos de un nuevo mundo que ya ha comenzado a existir aquí y ahora.
Y este es, desde nuestro punto de vista, el límite que distingue a una diferencia fraterna de una clara posición divergente. Quien quiera defender el feminismo en abstracto o la autonomía indígena en sí misma, no es igual a aquella que quiere darle un contenido genuina y radicalmente anticapitalista a la lucha de las mujeres, o a aquél que desea promover dicha autonomía indígena en el sentido del autogobierno popular indígena y de la reconstrucción de otro orden social en donde la cultura, la identidad y la cosmovisión indígenas pueden dialogar y convivir libremente con otras culturas, identidades y cosmovisiones, dentro de un mundo realmente libre en donde caben muchos mundos, sin exclusiones, jerarquías, opresiones, explotaciones o discriminaciones de ningún tipo.
De manera muy clara, La Otra Campaña incluye a los segundos casos mencionados pero no a los primeros.

QUINTA PREGUNTA. Quiénes están convocados y quiénes no. (Quién es compañero y quién no).

Como red de los de abajo antisistémicos, La Otra Campaña convoca en principio a todos los sujetos subalternos que están en contra, y que quieren luchar en contra, del sistema social y del proyecto civilizatorio del capitalismo, en todas sus múltiples expresiones. Por lo tanto, están convocados los obreros, los campesinos, las mujeres, los jóvenes, niños y ancianos, los indígenas, los presos políticos, los homosexuales, los estudiantes, los pobres, los discriminados, los humillados, los ofendidos, los olvidados y los marginados de todo tipo.
En cambio, no están convocados y no son compañeros nuestros los ricos, los dueños del dinero y de las fábricas y empresas, los políticos, los poderosos, los patriarcales y machistas, los que discriminan a viejos, a niños y a jóvenes, los homofóbicos, los explotadores, los racistas, los autoritarios, los intelectuales al servicio del poder, los intelectuales mercenarios, los conservadores, los reaccionarios, y todos los que se beneficien injustamente del trabajo y del esfuerzo de los otros.
O sea que las líneas de quien está convocado y quien no, y quien puede ser nuestro compañero y quien no puede serlo, pasan otra vez por las líneas que dividen a los hegemónicos de los subalternos, a los procapitalistas de los antisistémicos, a la derecha de la verdadera izquierda radical, a los reformistas de los revolucionarios. Pero también a los ricos de los pobres, a los políticos de los ciudadanos comunes y corrientes, a los autoritarios de los libertarios, y a los defensores del statu quo frente a los subversivos de todo tipo, entre otros.

SEXTA PREGUNTA. Las tareas comunes a todos los adherentes (además de las que cada quien tiene según su lucha).

En nuestra opinión, las tareas inmediatas que La Otra Campaña debe de abordar ahora son fundamentalmente tres:
1) Hacer un balance crítico del recorrido de la Comisión Sexta durante el año de 2006. Es decir que en cada lugar, y en cada espacio de la Otra debe hacerse un balance de lo que significó la visita y el paso de la Comisión Sexta por su localidad, comunidad y Estado. ¿Qué problemas afloraron como los principales en las reuniones de los adherentes de La Otra Campaña? ¿A qué fuerzas sociales, qué movimientos, qué individuos y qué sectores convocó esa Comisión Sexta en ese lugar? ¿Y qué impacto tuvo la visita del Delegado Zero y la Comisión Sexta en ese ámbito local, y luego regional, y también estatal? Y por lo tanto, ¿con qué fuerzas, apoyos y estructuras se cuenta hacia el futuro cercano, para las inmediatas acciones por venir? ¿Y cuál es el grado de desarrollo de los problemas y también de las contradicciones principales en ese espacio, en esa localidad, en esa comunidad y en ese Estado específicos?
De estos balances locales, regionales, estatales, unidos al balance global que deberá elaborar la propia Comisión Sexta, deberá salir un balance general o radiografía más concreta de cómo, dónde y cuánto ha podido implantarse y desarrollarse ya La Otra Campaña a todo lo largo y ancho del país. Es decir, con qué fuerzas contamos por el momento, y cuál es el grado de desarrollo de los problemas y de las contradicciones principales en nuestra patria.
2) Prolongando y completando esos balances múltiples, sería también de desear que se elaboraran diagnósticos críticos de cada localidad, región y Estado, en donde se identifiquen los problemas sociales principales que no hayan aflorado en las anteriores reuniones de los adherentes y con la Comisión Sexta. Y también tratar de especificar los grupos, sectores, actores y clases sociales que existen en esa localidad, Estado o región, y cuáles son sus diversas posturas hacia esos problemas fundamentales, cuál es el grado y las formas de la protesta social y de las luchas y movimientos que, en el pasado lejano, pero también y sobre todo en el pasado reciente y en la actualidad, han suscitado esos problemas. Y por último, cuáles son los vínculos entre todos esos problemas y esas protestas, esas luchas, y esos movimientos sociales. Lo que significa tratar de completar el balance de lo que ya ha sido reconocido como problemas centrales del país, con una suerte de fotografía más actualizada y mucho más precisa y completa de esos problemas cruciales, y también de las diversas reacciones de cada una de las clases y grupos, tanto subalternos como hegemónicos, frente a dichos problemas. Con lo cual, tal vez debemos tratar de avanzar hacia lo que en algún momento del pasado se llamaba el “análisis de la realidad nacional”, pero ahora centrándolo y recortándolo en torno de la ‘agenda de los grandes problemas’, nacionales, estatales, regionales y locales, y en torno de las experiencias de lucha y de transformación de los distintos sujetos subalternos, respecto de esos problemas de dicha agenda.
3) Apoyados en esos balances y en estos diagnósticos, deberemos entonces comenzar a establecer, entre todos, el Programa Nacional de Lucha, que definirá los grandes ejes comunes en los que coinciden todos los movimientos y todas las luchas locales, regionales y estatales, a la vez que las grandes demandas colectivas de esa red plural de los de abajo, anticapitalista, de izquierda y revolucionaria que es La Otra Campaña, es decir, la dignidad rebelde de México, el corazón cada vez más vivo e insurrecto de nuestra querida patria.
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