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25 de mayo de 2020

¿Para qué los militares?

Por: Raúl Romero / La Jornada.


El lunes 11 de mayo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo con el que se "dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública". El acuerdo, fechado el pasado 8 de mayo, es acompañado de las firmas de Andrés Manuel López Obrador y de los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad y Protección Ciudadana.


Al seguir la ruta marcada en marzo y mayo de 2019, cuando con la aprobación de todos los partidos políticos se modificó la constitución y se expidió la Ley de la Guardia Nacional, respectivamente, el acuerdo ahora publicado está en concordancia con la lógica militarista de la actual y anteriores administraciones, y da continuidad a una indirecta y directa militarización de la seguridad pública del país hasta 2024, es decir, durante todo el sexenio de AMLO.


Hay que recordar que, de acuerdo con el cable 06MEXICO505 de WikiLeaks, del 31 de enero de 2006, López Obrador hizo saber al embajador estadunidense, Tony Garza, que quería dar más poder y autoridad a los militares en la guerra antinarcóticos, y que para ello pretendía una enmienda constitucional que no dudaba en obtener.


Llama la atención el momento en que se publica dicho acuerdo: en plena entrada al pico más alto de los contagios de Covid-19, marcado por una fuerte disputa con una parte del sector empresarial y con medios de comunicación nacionales y foráneos; pero también cuando los dos megaproyectos emblemáticos de la actual administración, el Tren mal llamado Maya y el Corredor Interoceánico, han encontrado mayor oposición de los pueblos y sus organizaciones.


De igual forma, entre los nuevos escenarios posibles para México, como consecuencia de la crisis económica global que estaba en curso y que se agudizará con la pandemia, hay que contemplar el descontento de grandes sectores sociales que se verán afectados, así como el ascenso de la migración, y también el crecimiento y expansión de las empresas del crimen organizado, las cuales podrán nutrirse con grandes cantidades de personas que quedarán desempleadas.


El gran poder político, económico y social que la actual administración le ha entregado a las fuerzas armadas es innegable. Si bien con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto la Sedena se convirtió en una gran industria constructora, esto no ha cesado con López Obrador, pues la misma construirá y dará mantenimiento a carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, bancos, hospitales, infraestructura de telecomunicaciones y otras obras.


Según palabras del propio AMLO, los militares construyen ya, con un presupuesto de 10 mil millones de pesos, las primeras mil 300 sucursales del Banco de Bienestar de las 2 mil 700 planeadas. La Sedena también construye el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y se ha anunciado que le otorgarán la construcción de dos tramos del Tren Maya. En lo que respecta al programa Sembrando Vida, se utilizan los 12 Viveros Forestales Militares ubicados en siete estados del país, desde donde se opera la distribución y entrega de las plantas.


También se ha entregado a la Sedena, Marina y Guardia Nacional el control y seguridad de ductos de Petróleos Mexicanos, la distribución de medicamentos y, en días recientes, el control de algunos hospitales.


En lo que se refiere a la Guardia Nacional, en febrero pasado AMLO informó que se habían desplegado 70 mil elementos, pero que el plan implicaba tener 140 mil en todo el territorio nacional para finales de 2020.


Ni antes de la pandemia ni ahora, la ruta de la militarización era opción, sobre todo en nuestro país, donde las fuerzas militares han sido utilizadas sistemáticamente para reprimir y acallar el descontento, para perseguir y desaparecer las resistencias, y también para proteger o fortalecer los negocios de grupos criminales. Los nombres de Ernestina Ascencio y Ayotzinapa, por mencionar algunos, debieran resonar fuerte en la memoria colectiva en estos momentos.


Mientras las fuerzas armadas no sean llevadas ante la justicia por crímenes pasados y presentes, o por su participación en hechos de corrupción, el pacto de impunidad seguirá marcando su actuación. En tanto las fuerzas armadas no sean transformadas a profundidad para obedecer a los pueblos, sujetos de los que emana el poder público, son en realidad una amenaza.


El militarismo es un campo de acumulación de capital, nos advirtió Rosa Luxemburgo, tiene la función de "la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados". Aquí una posible respuesta para entender por qué tanto interés del actual gobierno en los militares: los necesitan para garantizar "el orden y la paz social", para garantizar sus proyectos de "desarrollo".

12 de mayo de 2020

Díptico Tren Romo (Maya).




11 de septiembre de 2019

Un presupuesto que nos pone en riesgo a todos.

Por: Eugenio Fernández Vázquez / Pie de Página.

Las prioridades reales no se ven en los discursos sino en las leyes y, sobre todo, en los presupuestos; por eso se había dicho que las prioridades reales del presidente Andrés Manuel López Obrador se verían en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2020 (PEF), el primero en ser plenamente elaborado por su administración. El proyecto de PEF se presentó por fin, y lo que muestra para el sector ambiental es que no sólo no es una prioridad, sino que está casi al fondo de la lista, y que la aplicación de la ley no es relevante para este gobierno. Si este rubro ya había sufrido un recorte del 20 por ciento en términos reales entre 2018 y 2019, para 2020 le espera un recorte adicional del cuatro por ciento. Hoy, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y las dependencias a su cargo tienen un presupuesto equivalente a la tercera parte del que tenían hace cinco años.

La gravedad de la situación puede verse con claridad al analizar el presupuesto de la Comisión Nacional Forestal, que tiene hoy menos presupuesto en términos reales que cuando fue establecida, en 2001. Lo mismo ocurre con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, que tiene hoy menos presupuesto que en 2005, a pesar de que la superficie a su cargo ha aumentado enormemente, y de que ya desde entonces era patente para todos que el dinero que le había sido asignado era francamente insuficiente para cumplir su mandato.

El proyecto de PEF presentado supone, además, un enorme riesgo para el medio ambiente y para la salud de todos los mexicanos. En un momento en que se están planteando proyectos energéticos de gran calado, la dependencia encargada de que ese sector cumpla la ley, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), verá su presupuesto recortado en un 18 por ciento. Por lo que se ve, aquello de que nadie estaría por encima de la ley no vale para las leyes ambientales.

Estos recortes se suman al hecho de que el sector ambiental sufrió especialmente con la decisión presidencial de eliminar las plazas eventuales, y abonan a la política neoliberal de debilitar la capacidad del Estado para operar. Hasta 2018, no se permitía que las dependencias del sector ambiental consolidaran una estructura operativa sólida, de forma que tuvieron que recurrir a la contratación de trabajadores eventuales para poder trabajar. Esa política no sólo se mantuvo en esta administración, sino que se agravó, pues no sólo no se han autorizado plazas de estructura, sino que también se ordenó prescindir de esos trabajadores precarios que se habían contratado. El resultado es que hay plazas contempladas en los reglamentos internos que no pueden llenarse, lo que hace inoperantes a las dependencias.

Por otra parte, el proyecto de PEF indica que la presencia de Víctor M. Toledo al frente de Semarnat no ha supuesto un cambio en la dirección del sector ni en la relación del Estado con el medio ambiente, ni siquiera en la superficie. Sin ir más lejos, apenas en julio el secretario Toledo dijo de uno de los pueblos que desaparecerán si se construye la presa El Zapotillo que “el acto más irracional que se podría registrar sería que este pueblo desapareciera”. Como para ponerlo en evidencia, el proyecto de PEF que se presentó incluye esa presa como un proyecto estratégico de la administración.

Ante esta situación se hace más urgente que nunca transformar la estructura interna de la Secretaría y de las dependencias a su cargo. El presupuesto con el que cuentan hoy, aunque muy precario, podría ser más o menos suficiente para sostener una estructura que reformara la regulación ambiental en su conjunto para hacerla más robusta y menos contradictoria y que la aplicara a cabalidad, aunque ello implicara renunciar a repartir subsidios que en muchas ocasiones han resultado contraproducentes. También alcanzaría para construir un aparato público de fomento a la producción y de construcción de capacidades para aprovechar los recursos naturales sin agotarlos y para hacer que cumplir la ley fuera más fácil y violarla más costoso. Para ello, haría falta construir un verdadero servicio profesional de carrera y comprometerse con el fortalecimiento del Estado.

Por desgracia, pareciera que la presente administración no está dispuesta a asumir ese compromiso. El riesgo para todos es enorme.

12 de agosto de 2019

Obertura: La realidad como enemiga.

Obertura:
La realidad como enemiga.

“Si nuestra época piensa así”, parece decirse a veces el mundo, “¿quién es nadie para llevarnos la contraria? ¿Quién los políticos, que han de obedecernos? ¿Quién los jueces, cuyos fallos están obligados a reflejarnos y complacernos? ¿Quién los periodistas y articulistas, cuyas opiniones deben amoldarse a las nuestras? ¿Quién los pensadores (…) que no nos son necesarios? ¿Quién los legisladores, que deben establecer las leyes según nuestros dictados?”
Javier Marías. “Cuando la sociedad es el tirano”.  En “El País Semanal”, mayo 13 del 2018. (*)

(*) No sé si el citar a Javier Marías (cuyas novelas “Corazón Tan Blanco” y “Mañana en la batalla piensa en mí” aliviaron, a su modo, el desvelo del finado SupMarcos en las noches posteriores a la traición de febrero de 1995), me pone en el bando de la “mafia del poder”, de los conservadores y neoliberales.  Digo, porque Javier Marías ha colaborado en el diario español “El País” y en la revista mexicana “Letras Libres”, porque suele cuestionar con agudeza las evidencias que otros digieren sin un gesto siquiera, y porque es inteligente y no puede (ni creo que quiera) ocultarlo.  Además, claro, de que es monárquico porque es rey, Xavier I, del Reino de Redonda, y miembro de la Real Academia Española.  Todas éstas son razones suficientes para etiquetarlo de conservador- neoliberal -enemigo- del- pueblo -y- de -su- vanguardia- que- marcha- imperturbable- a – la – consumación – de – la – historia, por parte de los nuevos comisarios del pensamiento que acá se padecen.
Ya saben ustedes que a mí me importa mucho el “qué dirán” y tengo una reputación que mantener, así que lo pensé, con profundidad y detenimiento, durante una fracción de segundo.  Con velocidad vertiginosa, frente a mis hermosos ojos pasaron hashtags, trending topics, likes y dislikes, dedos medios, whatsapp´s, instagram´s, feisbucazos, conferencias mañaneras, columnas periodísticas, artículos de opinión, fritos y refritos de etiquetas y condenas.
Pensé alegar, en mi defensa, que a los libros de Javier Marías que el finado SupMarcos portaba en esos días aciagos, le hacían compañía los de Manuel Vázquez Montalbán, y el “Perito en Lunas” de Miguel Hernández.  Que Javier Marías le va (o le iba –la afición a un equipo de fútbol es como el amor: es eterna… hasta que se acaba-) al Real Madrid, Manuel Vázquez Montalbán al Barcelona, Benedetti al Nacional de Montevideo, Almudena Grandes al Atlético de Madrid, Juan Villoro al Necaxa y yo, con ese chovinismo provinciano tan de moda, le voy a Los Jaguares de Chiapas.
Ya ve usted: en lugar de usar como referente el beisbol, ahora deporte oficial y oficialista, opto por el fútbol.  Así que sume usted pecados a mi condena.
Imagino que, al cargar la mochila con tales “armas” –se rumora que incluía una edición bilingüe de los Sonetos de Shakespeare, los dos volúmenes de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” y un absurdo diccionario francés-español-francés-, el difunto ha de haber envidiado a Guy Montag por encontrar una librería con textos encuadernados en los cerebros de los proscritos de Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953).  Debió ser su sueño húmedo: en lugar de tropa, comandar una biblioteca humana (“¡Atención!, éste es el orden de batalla: Heráclito, Joyce y Becket siembran el desconcierto en las filas enemigas; Saramago, Neruda y Gelman flanquean por el lado izquierdo, Vargas Llosa, Paz y Solzhenitsyn por el derecho, García Lorca, Wilde, Sor Juana y Woolf voltean la posición.  Los demás, a echar montón.  Ya saben: si son muchos, corremos; si son pocos, nos escondemos; y si no hay nadie al frente, ¡adelante, que para morir nacimos!  ¿Dudas, preguntas, angustias, inconformidades, mentadas de menta y de las otras?  No, Dylan, tú a la pandereta.”)
Alguna vez le pregunté al finado si realmente leía todo eso que cargaba.  Me respondió que no, que era para que, si lo mataban, sus verdugos tuvieran algo en qué entretenerse mientras agonizaba.  Sí, lo sé, ese humor tétrico del difunto no era bien visto…, bueno, no sólo ese humor.
En fin, les decía que dudaba yo si citar o no a Javier Marías, en lugar de a Lenin, a los Marx (Karl y Groucho), a Malatesta, a Trotsky, a Mao, o, ya de perdida, al Manual de Materialismo Histórico (el Poliester).  Y sopesaba los pros y los contras de hacerlo.  Como no encontré ningún pro, y sí muchos contras, me decidí por citarlo para abonar así a mi popularidad entre los intelectuales de la IV T.  Debo aclarar que Javier Marías es inocente de este atentado contra lo políticamente correcto, porque no le consulté.  Espero que él, si se entera, sepa encontrar la bondad para, como dicen allá, “pasar de mí” con el mismo gesto con que se aleja un insecto inoportuno –que bien podría ser un escarabajo-.

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  Si la modernidad consiste en que, en lugar de apedrear lo que no se entiende (y, por tanto, es “diferente”), ahora se usan los tuits y los dislikes, el mundo avanza.  De la lapidación a la hoguera, de ahí al cadalso, luego al paredón seguido del exilio y los pogromos, después los campos de concentración, las aldeas estratégicas.  Más acá los muros, los agentes de migración, votre papiers, s´il vous plait.

  Las redes sociales no bastan para “depurar” la nueva raza aria entronizada: la ignorancia.  El sistema sigue necesitando la violencia de las instituciones estatales para “completar” las razzias.  Desconozco si la aversión a lo diferente estaba en el ADN del Big Bang fundacional del universo, pero la ignorancia siempre ha perseguido y atacado al conocimiento y a su posibilidad: la inteligencia.

  Si antes el oscurantismo se arrastraba a la velocidad de carretones y galeones, hoy navega en yottabytes (un yottabyte = un 1 seguido de 24 ceros de bytes), y a la velocidad de la luz.

  Pudiera decirse que las redes tienen los gobiernos que se merecen.  Pero aún ahí hay resistencia y rebeldía.  No falta quien no siga al flautista del trending topic y elija la reflexión, el análisis, la duda, el cuestionamiento.  Una minoría arrinconada y abrumada por influencers y otr@s cretin@s que descubren que la estupidez también conquista fama y reconocimiento social.  Pero el potencial de las redes sociales es también su límite: la fugacidad lleva de la nariz los focos de atención y detenerse no es posible si se quiere estar al día.  El peor enemigo del escándalo es el escándalo que le sigue casi inmediatamente.

  Los medios tradicionales de comunicación son arrastrados por la borrachera virtual.  Casi la totalidad de la prensa escrita no hace sino reciclar lo que es moda en las redes, pero por más que se esfuerce sigue estando a la zaga.  Sigue pendiente llenar el vacío de una prensa que investigue, provoque la reflexión, alimente la inteligencia y aliente el conocimiento.

  A su modo, y con poderosa tecnología, el sistema combate a la realidad de la mejor forma: creando una alterna y atrayendo a ella la atención y la energía de la gente-gente.  Se mira y califica, positiva o negativamente, a los gobiernos por su popularidad virtual, no por sus decisiones, ni por sus actos, ni por la manera en que afrontan los imprevistos.  Así, malos gobiernos triunfan en las “benditas redes”, aunque la realidad real se empecine en marchar hacia el abismo.  La realidad virtual cubre con pudor al rey desnudo, y el tirano se presenta como demócrata, el reaccionario como transformador, el imbécil como inteligente y el ignorante como sabio.

  Pero no sólo.  El sistema ha redescubierto que la cacería de diferentes tiene seguidores.  Y dichos y sentencias de personajes como Trump, Bolsonaro, Macri, Moreno, López Obrador, Ortega, Piñera, Putin, Macron, Merkel, Tsipras, Johnson y ____ (ponga el nombre de su elección), provocan alaridos de aprobación en las redes sociales.  Así se dictan sentencias y condenas que escandalizarían a alguien con un mínimo de decencia, y que no se quedan en declaraciones.  La migra, los minutemen norteamericanos y la guardia nacional mexicana cumplen la condena dictada contra los migrantes, y los “radicales de izquierda que, para mí, no son más que conservadores” (amlo dixit), son advertidos por los sicarios que balearon a Samir Flores Soberanes.  Y seguirá luego el lavado de manos: Trump condenará la masacre de El Paso, Texas, y López Obrador dirá, mientras departe con empresarios, que se investigará el asesinato de Samir.

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  No, no les vamos a ofender diciendo que se los dijimos (pero… se los dijimos).

  La serpiente, libre ya del cascarón, se despereza y regocija, se celebra y aplaude a sí misma.  Y, poco a mucho, inicia el abrazo constrictor del pensamiento único.  Que nadie se oponga al poderoso.  Que nadie desafíe su omnipotencia en medios, redes, la academia, su desprecio por las artes y las ciencias, su manejo mañoso de los dineros, sus bendiciones y maldiciones desde el púlpito levantado con la argamasa de la mentira, la simulación, las amenazas cumplidas, los ataques virtuales y reales de las camisas marrón-tirando-a-óxido.  Que nadie se atreva a reconocer la realidad como referente, -y no los enfadados y enfadosos sermones y diatribas de quien, solo y sólo en el templete se encuentra-.

  Oh, lo sabemos.  Confusión.  Allá arriba declaran que todo va bien, y acá abajo que todo va mal, y que se va a poner peor.  Aunque ahora todo pensamiento crítico, todo análisis científico, todo arte que revela y rebela, tiene enfrente no la realidad, sino la etiqueta de “derecha”, “conservador”, “reaccionario”, “fifí”, o la ocurrencia que llegue a los labios del inquisidor y capataz que, en la finca que padecemos, reparte culpas y condenas.

  Y tiene usted razón: las cómicas pataletas de un Calderón, un Fox, un PAN rancio, un PRI sobornando al forense para que retrase el acta de defunción, un PRD que de alguna forma tiene que demostrar que existe, y pensadores que les acompañan, más bien parecen ser fraguadas por el partido oficial, porque consiguen dos cosas:

  Una es que le dan material de fácil refutación a alguien que ni siquiera sabe dónde está parado.  La otra es que eso anula cualquier crítica, señalamiento, observación que tengan como sustento un análisis riguroso y documentado.  Además, claro, que toda crítica que venga ya no digamos desde la izquierda, sino de sectores progresistas y demócratas liberales, suene a una nota más en la falsa sinfonía del complot y el “golpe blando” (el cuento engañabobos de moda) detrás de la cual se refugia el supremo.

  Y usted esperaría un poco de serenidad, más análisis y menos consignas de uno y otro lado.  Pero no la hay y no la va a haber.  Las derechas que disputan ahora, y que han dejado como espectadores a la izquierda y al progresismo, están en guerra.  Unos por mantenerse en el Poder (o en lo que creen que es el Poder), y otros por volver al lugar privilegiado, al púlpito desde el que se reina.

  ¿A quién creerle?

  Tiene usted razón: a nadie.

  ¿Tampoco a la realidad?

  Mire usted, escuche, sienta, huela, hable, duela su realidad.

  Porque sí, lo sabemos, llueve en todas partes y sobre todos.  Al menos acá abajo.  Quizás alguno, alguna, algunoa, apenas empieza a sentir las gotas frías aguijoneándole el cuerpo; pero para otr@s, y no sólo para los pueblos originarios, llueve sobre mojado: despojos, robos, amenazas, persecución, cárcel, desaparición, violación, golpes, muerte… y, sí, a veces limosnas.


  ¿Una lista?  Es difícil, pero algo apresurado podría ser:

.- Familiares de pres@s, asesinad@s, desaparecid@s, en busca de verdad y justicia.  Y la pregunta que siempre estará sin respuesta es ¿por qué?  El gran absurdo del caos repartiendo ausencias porque sí, por estadística, por tómbola.  Si la muerte puede ser terrible, el no saber qué pasó y el por qué, está fuera de toda lógica humana.  Es de una crueldad que sólo podría ser maquinada por la mente humana.

.- Otroas, al fin en igualdad con mujeres de todas las edades, niños, ancianos, hombres, asesinad@s y desaparecid@s –la muerte y el limbo cruel de la desaparición, igualando al fin géneros, razas, colores-.

.- Mujeres, siempre mujeres, golpeadas, violadas, desaparecidas, asesinadas.

.- Pueblos invadidos por megaproyectos a cual más de estúpido, humillados por las limosnas que son las mismas de antes, aunque con otro nombre, y con idénticas demandas: baja la cabeza, obedece, híncate, humíllate, ríndete, desaparece.  Y el arma del sicario “progresista” asesinando a Samir Flores, pensando que así lo mataba y mataba su causa.

.- Periodistas censurados por la amenaza, el cohecho, el acoso virtual y real, la desaparición, la cárcel, el asesinato.

.- Trabajador@s del campo y de la ciudad, emplead@s con trabajo hasta ayer; y hoy, o cualquier día, sin empleo y con deudas.

.- Médicos y enfermer@s pidiéndole al enferm@ que traiga su gasa, su jeringa, su venda, su medicina, “porque no hay y yo sólo puedo decirle de qué va a morir, lo que, en estos tiempos, ya es una ventaja, viera usted.  Pero mire, aquí le doy una copia de las promesas gubernamentales.  Sí, yo le recomendaría que mejor se enferme el año que entra, tal vez entonces”.

.- Organizaciones, grupos, colectivos políticos y sociales de izquierda ante la disyuntiva: rendirse o persecución.

.- Gente, cualquiera, asaltada, extorsionada, secuestrada, desaparecida, asesinada, despojada de lo que ganó con su trabajo, de su libertad, de su vida.

.- Científic@s sin presupuesto; Artistas y creador@s sin lugar; Intelectuales pecando al pensar –no exagere mi buen, no es pecado pensar, sino expresarlo-.  Todo es neoliberal y fifí hasta que su afiliación al Poder esté debidamente acreditada.  Mañanera mata columna, análisis, reportaje, investigación, conocimiento, inteligencia.

.- Migrantes buscando sueños americanos y encontrando pesadillas mexicanas que, con el gafete de “Guardia Nacional”, busca la torpe legitimación de que la crueldad contra lo diferente también tiene ciudadanía con el sello del águila devorando una serpiente.

  Si usted no es ningún@ de esta lista, ni tiene familiares, amistades, conocid@s, que entrarían en cualquiera de los rubros de esa lista, entonces no entiendo qué hace leyendo esto… ¡Ah! ¿Llegó aquí por Google?  ¡Oh Google y Youtube!, “¡cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Romanos. Capítulo 11, versículo 33, -sí, lo googlée… perdón, no pude evitar la tentación y, además, hoy está de moda citar la Biblia al contentillo-).
(…)

  ¿Aún aquí?  Bueno, va en su cuenta.  Pero le advierto que tendrá que leer.

  Y leer, mi estimad@, es como hacer el amor: hay muchas posiciones y muchos modos, calendarios y geografías, técnicas y tecnologías.  Y, aún así, siempre hará falta un kamasutra de la lectura.

  ¿Está list@? ¿Un café? ¿Una soda? ¿Agua? ¿Tabaco? ¿Alguna sustancia permitida y no?

  Sale pues.

  Pero, antes, un poco de imaginación: un asomo a una realidad posible.  Después de todo, por las ciencias (hoy desplazadas por la frivolidad de las pseudociencias y el esoterismo “culto”, el new age y su cauda holística como memorándum – ¡mi laboratorio por una sala de yoga!-, el “like” como criterio de verdad), sabemos que la ficción no es sino una realidad viable.

  Ahora dígame: ¿Es dura la lluvia que caerá? ¿Ha visto caer la lluvia en un día soleado?
(Continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El SupGaleano.
Practicando su Ohmmmm para pedir una beca en Conacyt.

México, agosto del 2019.

Del cuaderno de apuntes del Gato-Perro:

.- El tirano aborrece la inteligencia.  No sólo porque le cuestiona y desafía, también y sobre todo porque carece de ella y, al serle inalcanzable, la proscribe y persigue.  Temed al Mandón hábil y taimado, pero temed dos veces al que es ignorante, porque la ignorancia deshumaniza por consenso y esclaviza.  Y no son pocas veces en las que la esperanza ingenua no es sino el ropaje amable de la ignorancia.

.- La ignorancia siempre tendrá más seguidores que la inteligencia y el conocimiento.  No sólo porque es más fácil, también porque la ignorancia nunca pasará de moda y siempre será popular y atractiva.

.- La ignorancia es más rentable que la inteligencia y el conocimiento, y más barata.

.- La ignorancia es la madre de la cobardía, de la traición y del olvido.

.- El tirano siembra y cultiva la ignorancia.  El ignorante siempre necesitará un pastor que le guíe.  El tirano, un rebaño que lo siga.

.- La inteligencia es fruto cuando se engrandece con el conocimiento.  Y nunca se sacia, aún cuando abreve en otras.

.- Con el conocimiento, la inteligencia descubre que el tirano no es sólo innecesario, también que es perecedero.  Su fecha de caducidad es la misma que la de la paciencia del esclavo.

.- La inteligencia no muere, no se rinde.  Si acaso se esconde y espera el momento de convertirse en escudo y arma.  En los pueblos zapatistas, en las montañas del sureste mexicano, a la inteligencia transformada en conocimiento le llaman también “dignidad”.

Doy fe.

El Gato-Perro indocumentado.

Guau-miau (¿o era al revés?)

México, agosto del 2019, empieza a llover.

16 de septiembre de 2018

Una consulta para legitimar la devastación.

Por: Aníbal Feymen / Notas sin pauta.


El domingo 26 de agosto Andrés Manuel López Obrador publicó en redes sociales un video donde emite la primera convocatoria para participar en la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. En dicha grabación el presidente electo refiere dos alternativas que se someterán a la decisión de los ciudadanos: por una parte continuar con la construcción del aeropuerto en la cuenca del Lago de Texcoco y, por la otra, cimentar una terminal y dos pistas en la Base Aérea de Santa Lucía.

Es de resaltar que en dicho video AMLO reconoce que de continuar con la construcción del aeropuerto en Texcoco se tiene que “destruir” el Lago Nabor Carrillo con la finalidad de evitar la migración de aves ya que, según especialistas, éstas son incompatibles con el tráfico aéreo. La importancia del Lago de Texcoco en el éxodo de diferentes tipos de pájaros es crucial pues diversas poblaciones de aves acuáticas pasan en la zona aproximadamente seis meses de su ciclo de vida. En otras palabras: destruir el santuario de las aves para que éstas ya no regresen y, desde luego, no interfieran con las trayectorias de los aviones.

Sin embargo, aunque el futuro gobernante reconoce este aspecto del daño ecológico, la realidad se  presenta mucho más devastadora –incluso más allá de la ya de por sí grave afectación a las aves migratorias– y de la que el presidente electo se rehúsa a hablar.

El sábado  25 de agosto –un día antes del mensaje de López Obrador– representantes de diversos pueblos asentados al norte de la cuenca del Lago de Texcoco se reunieron en el auditorio del Centro de Estudios Teotihuacanos para desarrollar el Tercer Diálogo sobre el Nuevo Aeropuerto y los Megaproyectos con la finalidad de exponer el desastre ambiental que padecen sus comunidades a manos del gobierno y de las compañías que se encargan de la construcción del nuevo aeropuerto; así como de discutir las acciones que deberán emprender para defender sus comunidades y recursos naturales de los que hoy son despojados.

En la imposición del aeropuerto está presente el paramilitarismo

Un joven poblador del pueblo de San Luis Tecuahutitlán, Municipio de Temascalapa, abrió las participaciones de los pueblos originarios allí reunidos. El joven denunció que en su comunidad han sido arrasados tres cerros completos para rellenar las pistas del aeropuerto; situación que ha permitido el surgimiento de socavones y la proliferación de lodos tóxicos que las mineras han utilizado para rellenar las zonas asoladas. También denunció un fenómeno represivo que se ha convertido en práctica ordinaria en los lugares donde se desarrollan megaproyectos: el paramilitarismo.

Ante la depredación ambiental que ha sufrido su comunidad, los habitantes de San Luis Tecuahutitlán se han organizado mediante asambleas para impulsar la resistencia contra los consorcios encargados de explotar el tezontle de la región. Esta organización los ha llevado a implementar plantones y bloqueos en los lugares donde opera la maquinaria de excavación como forma de salvaguardar sus espacios comunitarios y su entorno ecológico. La respuesta de las empresas, siempre arropadas por todo tipo de funcionarios de los distintos niveles de gobierno, ha sido operar con grupos de choque armados quienes agreden y buscan reventar los bloqueos de la comunidad. Desde luego que esta práctica ha dejado a pobladores lesionados ante la indolencia y el disimulo del gobierno.

Hostigada y criminalizada

Angélica María González es una mujer de edad madura quien ha decidido organizar a su comunidad para enfrentar la destrucción de sus cerros, su flora y su fauna. Habitante del pueblo de Ixtlahuaca, Municipio de San Martín de las Pirámides, ha sufrido en carne propia la persecución del gobierno y el hostigamiento de las empresas mineras, en particular de José Daniel Ramírez Moncayo, dueño de minas en la cuenca de Texcoco. Ha sido de tal tamaño la violencia que ha recibido Angélica María Ramírez que en diversas ocasiones su casa ha sido baleada por grupos paramilitares que asolan la región en defensa de los intereses económicos de los consorcios encargados de la construcción del aeropuerto. Hoy pesa una averiguación previa sobre ella basada en calumnias y acciones delictivas inventadas por el ministerio público que no es otra cosa que un ejemplo más de la criminalización a luchadores sociales.

“Nuestra cuenca está muriendo”

No hay duda de que el pueblo más devastado de la zona norte de la Cuenca de Texcoco es Tepetlaoxtoc de Hidalgo. Los habitantes de esta comunidad, perteneciente al municipio del mismo nombre, han logrado detectar más de 380 minas operando en la región. El gobierno reconoce que ha autorizado las actividades de 13 minas en 5 municipios, el resto opera de forma clandestina con la aquiescencia del Estado.

A la devastación de los cerros para el relleno del suelo de las pistas del nuevo aeropuerto se suma la escasez del agua pues, de acuerdo con los habitantes de Tepetlaoxtoc, “esta cuenca hidrográfica es la más sobre explotada, pues tenemos un déficit de 1,555 hectómetros cúbicos de agua”. Incluso, estudios elaborados por científicos y especialistas desde antes que se proyectara la construcción del aeropuerto indicaban que para el año 2025 la zona tendrá un déficit de agua de 1,900 hectómetros cúbicos. Evidentemente, con la implementación de la terminal aérea estas expectativas empeorarán, y más si observamos que en la región los cerros tienen una importancia esencial en la captación del recurso hídrico pues el bosque absorbe y filtra el 35% del agua de lluvia que sin cerros disminuirá de manera considerable. “Podemos afirmar que –dice lapidariamente el representante de Tepetlaoxtoc– nuestra cuenca está muriendo”.

En este sentido, el representante del pueblo de Santa Catarina Acolman también hizo referencia al problema del flujo del agua y denunció que la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) entregó de manera irregular a la empresa constructora Diarem la cantidad de 3 millones 865 mil metros cúbicos anuales de agua potable para las zonas habitacionales. Diarem vendé esa agua a la inmobiliaria Sadasi para que surta de agua sus proyectos residenciales en Tecámac. Esta situación se convierte en un golpe mortal a los pueblos originarios pues les despoja el agua de uso agrícola para entregarla al uso urbano. Todo esto sumado a la destrucción total del cerro Tlahuilco, espacio histórico de establecimiento de los pueblos originarios de Acolman, que tiene en profunda crisis ecológica a este municipio mexiquense.

Una consulta que no escucha a los pueblos originarios

Al analizar la consulta proyectada por el próximo gobierno para decidir sobre el futuro del nuevo aeropuerto, los representantes de los pueblos de la zona norte de la cuenca del Lago de Texcoco fueron contundentes: “tenemos que luchar contra la consulta”. Y es que desde su punto de vista, es necesario organizarse e impugnar al Estado y a su consulta que carece de fundamento jurídico.

Para los habitantes de Santa Catarina Acolman dicha consulta “tendría que basarse en el artículo segundo constitucional, en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales, así como en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que sustenta la obligación del Estado en consultar a los pueblos afectados dentro del estatus de pueblos indígenas; y entonces directamente tendría que interpelar en asambleas, de acuerdo a los tiempos y formas de los pueblos, para decidir sobre su vida comunitaria, territorial y cultural”.

Los pobladores de Tepetlaoxtoc expresan que su realidad y sus padecimientos actuales no son conocidos por la sociedad mexicana, ni mucho menos es difundida en los medios de comunicación o en los estudios que ha puesto a disposición del público el próximo gobierno encabezado por López Obrador: “no tenemos ni vamos a disponer de recursos para informar sobre lo que padecemos como pueblos. Finalmente, se va a hacer una consulta sin que el pueblo esté informado de lo que pasa en las comunidades en este momento porque, lamentablemente, a nosotros nadie nos quiere escuchar”.

Igualmente, la devastación del cerro Tecalco a manos de las minerasha logrado articular organizativamente a diversos pueblos originarios de la zona nororiente de la Cuenca de México entre los que se encuentran Santa Catarina Acolman, San Pablo Tecalco del Municipio de Tecámac y San Miguel Atepoxco del Municipio de Nopaltepec quienes se han constituido en un frente de lucha denominado Vecinos en Defensa del Cerro de Tecalco y que, igualmente, rechazan la consulta por considerarla “al margen de todo protocolo jurídico y por estar encaminada a legitimar la construcción del proyecto aeroportuario”.

* * *

Los pueblos originarios directamente afectados están padeciendo los más cruentos estragos de un proyecto que sólo es la punta de lanza de un modelo privatizador y rapaz que, hoy encabezado por un gobierno autonombrado progresista, busca dar continuidad a los proyectos que durante años han buscado los gobiernos de corte neoliberal en México.

Todo parece indicar que el proyecto político encabezado por la dupla López Obrador–Alfonso Romo tiene como tareas estratégicas dos objetivos generales muy definidos: primero, restaurar la legitimidad fisurada que experimenta el Estado después de casi treinta años de políticas monetaristas que sólo han traído a nuestro pueblo despojo, opresión y violencia. Si bien es cierto que AMLO ocupará la presidencia con un alto grado de legitimidad, hasta ahora no ha planteado ninguna medida estructural distinta a la de sus antecesores; por el contrario, de acuerdo a sus planteamientos económicos, el nuevo gobierno estaría profundizando las proyectos delineados por los cinco presidentes anteriores.

Segundo, el nuevo plan de AMLO–Romo considera desarrollar enclaves económicos totalmente ventajosos para los grandes corporativos internacionales que permitan crear un “paraíso para la inversión” que no significa otra cosa que abrir las puertas sin restricciones al imperialismo para que éste pueda saciar sus enormes demandas de energéticos y bienes naturales mediante el despojo de nuestros recursos a precios de remate.

El paraíso comercial del nuevo gobierno y sus megaproyectos –entre ellos el aeropuerto– anuncian la inevitable confrontación con las comunidades afectadas y los pueblos indígenas. Estos proyectos, sin duda, intentarán ser legitimados con consultas populares a modo, acompañadas del discurso de “por el bien de la nación” mediante las cuales se instrumentarán decisiones tomadas de antemano y que sólo traerán beneficios a los que siempre se han hartado de las riquezas de nuestro país. La primera prueba para los pueblos originarios está en marcha.

El Gobierno de reconciliación y el programa ilimitado del capital en México.

Por: José Luis Ríos Vera / Rebelión.

Desde la campaña presidencial, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convocó a la “Reconciliación Nacional”. Con la aplastante derrota electoral del bloque oligárquico, las clases y sectores dominantes se le han sumado a gran velocidad, bajo su consigna de “reconciliación por México” [1], como se aprecia de modo diáfano en el video “Yo creo en México” [2].

Conforme al curso que ha tomado el actual periodo de transición, el gobierno de “reconciliación nacional”, tiende a constituirse como una amalgama pluriclasista con predominio de la oligarquía dominante. En su proceso de desenvolvimiento, toca a la crítica social y al movimiento obrero-popular reflexionar y exhibir las contradicciones existentes dentro de este bloque pluriclasista (intereses y proyectos opuestos), observar los movimientos en el campo de la relación de fuerzas, así como prestar atención en los periodos de agudización de contradicciones y tensiones entre éstas y de sus episodios de crisis.

El nuevo pacto social enarbolado por el gobierno electo para el periodo 2018-2024, implica alianzas de clase que suponen significativas concesiones y compromisos con las clases dominantes, las cuales delimitan los alcances del bienestar y la justicia social que proclama el proyecto neodesarrollista. Para el nuevo gobierno, hasta hoy, “financiar el desarrollo” con justicia social está subordinado a la hegemonía neoliberal: estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal, predominio financiero [3], rechazo a la reforma hacendaria progresiva, “facilidades” a la inversión, TLCAN y la propia continuidad de la reforma energética, etc. Sobre esta base, no se perciben hasta hoy problemas de inestabilidad de la hegemonía política concentrada en el bloque en el poder. Como señaló AMLO en su Carta a los inversionistas [4], la inversión pública pretende estimular como “capital semilla” a la iniciativa privada (local-trasnacional) para que ésta asuma el papel de “motor de la economía”, haciendo de México un “paraíso de la inversión” (Alfonso Romo).

La lucha popular en la defensa de los derechos laborales, sociales y colectivos, exige gran organización y fortalecimiento frente a una clase dominante que no ha dudado en imprimir su sello en cualquier espacio o instancia que el nuevo gobierno mantiene o abre en aras de la “estabilidad económica” y la “conciliación de todas las clases sociales” (AMLO).

Los grandes capitales, amparados por una poderosa narrativa mediática, se han visto obligados –ante las nuevas condiciones– a saltar directamente a la escena política. Con el nuevo dominio partidista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las Cámaras, aunado a la conformación del equipo del gobierno electo, al tiempo del desmoronamiento significativo de la representación política que el bloque oligárquico concentraba bajo el otrora bloque de partidos PRI, PAN, PRD, –ahora más ocupados por su supervivencia–, la oligarquía dominante está obligada a aceptar la nueva composición de fuerzas al interior del régimen partidista, y sobre esa base, buscar por todos los medios imponer su agenda [5]. De ahí los juicios mediáticos contra distintos miembros que AMLO ha designado para ocupar posiciones clave del futuro gobierno (Hacienda, Pemex, CFE, Energía), o que próximamente designará.

Como se ha registrado en la “renegociación” del TLCAN 2.0, el programa económico de las clases dominantes del capital en México (locales-extranjeros), es la salvaguarda del globalismo, de la dependencia económica (inversiones, tecnología, mercados), de la integración subordinada al bloque “América del Norte”. A este programa se añade el mantenimiento de la hegemonía de la política económica neoliberal, ligada a un patrón de producción volcado a la exportación y constituido por grandes monopolios de propiedad trasnacional. Así también, en este programa sobresalen sus imperativos de impulso de infraestructura para acelerar la acumulación, el despojo de recursos (territorio, agua, energéticos, etc., [6]), la distribución regresiva de la riqueza, la disciplina corporativa del mundo del trabajo, la superexplotación y precarización de la fuerza de trabajo, el predominio financiero, en otros términos, la continuidad de esta agresiva modalidad de acumulación y reproducción del capital.

El principal interés de las clases dominantes para el próximo periodo de gobierno consiste en salvaguardar esta modalidad de acumulación predominante en el capitalismo dependiente mexicano, esto es, el “modelo económico de desarrollo” hasta hoy vigente. La oligarquía se contrapone a aquellas modificaciones que puedan trastocar los principales ciclos, estructuras y políticas económicas que establecen y dinamizan esta modalidad de acumulación. Al mismo tiempo, el capital despliega y busca imponer sus ilimitados intereses.

¿Hasta qué punto el gobierno de reconciliación nacional, podrá modificar la forma de reproducción del capital predominante desde hace más de tres décadas? ¿Cómo podrá construir fuerzas políticas para inclinar la balanza de poder hacia la construcción de una nueva modalidad de acumulación del capital, según el discurso del nuevo gobierno, “incluyente”, de “bienestar general”, con “justicia social”, “democrática”?

La convocatoria de AMLO hacia el establecimiento de una “nueva forma de régimen político” –más allá de la reorganización del aparato burocrático de Estado y de su “nuevo estilo de gobernar”–, en esencia, estaría vinculado indisolublemente a la construcción de un nuevo patrón de reproducción del capitalismo mexicano y sus inescindibles relaciones políticas que lo conforman. En sentido estricto, difícilmente podrá emanar una “nueva forma de régimen político” si el proceso de reproducción del capital en el que se sustentan las relaciones de poder clasistas no experimenta sustantivas transformaciones.

¿Un gobierno de raigambre pluriclasista puede construir la capacidad de transformar el patrón de reproducción del capital vigente? Si atendemos a la reciente experiencia de los gobiernos progresistas de América Latina, la respuesta es bastante pesimista. Las clases dominantes, la lumpenburguesía según la ingeniosa noción acuñada por Günder Frank es apátrida, profundamente dependiente, no tiene proyecto de país, y por lo mismo, carece de conciencia nacional. Si en un primer momento estos gobiernos progresistas lograron construir amplias alianzas de clase, lo hicieron bajo el predominio neoliberal, lo que frenó el viraje estructural a favor de las clases explotadas. Y cuando se presentaron tiempos decisivos –a partir de la crisis mundial de 2008 y sus impactos en las economías latinoamericanas– la oligarquía no dudó en la contraofensiva autoritaria y en el desmantelamiento de los avances “progresistas” en la política social y de bienestar. El papel de los recientes golpes de Estado en América Latina vinculados a la nueva panoplia de recursos de excepción de las oligarquías (judiciales, mediáticos, de desestabilización económica, etc.,), es un espejo en el que podría reconocerse el nuevo gobierno si este optara por cambiar la balanza de poder en contra de la oligarquía en México. [7]

Conocidos o no estos escenarios (de excepción), lo cierto es que el nuevo gobierno mexicano se ha inclinado por la “estabilidad económica”, la “reconciliación nacional” y “un gobierno para todos”, lo que supone que su objetivo de la “cuarta transformación histórica de México” no contempla grandes cuestionamientos al capital, sino que, como señaló Alfonso Romo, ésta se construirá “de la mano con la inversión privada” [8].

Si bien es cierto que el futuro presidente de México nunca ha proclamado como horizonte un gobierno de los trabajadores, sino uno que represente “a pobres y a ricos” (AMLO), no causa sorpresa la prematura alianza de clase con empresarios –“matrimonio” le llama Alfonso Romo, futuro Jefe de Oficina de la Presidencia–. Sin embargo, sí es de hacer notar que esta alianza implica –como ya viene ocurriendo– que el gobierno de “unidad nacional” otorgará sustantivas concesiones a las fracciones dominantes.

El problema que aparece es que justamente fueron los intereses de las clases dominantes, establecidos bajo la hegemonía neoliberal, la causa principal de la hecatombe electoral y de su representación política en el bloque partidista PRI-PAN-PRD, en la pasada elección. Así, si las relaciones del nuevo gobierno con las clases propietarias son “muy cercanas”, y las concesiones muy significativas, la pregunta es: ¿cómo, dónde y con qué solidez el nuevo gobierno establecerá la alianza con las clases trabajadoras y populares, más allá de una mera fuente de legitimidad? ¿Cómo va a incorporar los conjuntos de intereses de las clases populares en su llamado gobierno de unidad? ¿El nuevo gobierno mexicano podrá encausar un viraje estructural, es decir, un cambio en el patrón de acumulación del capital mucho más favorable a las clases populares al tiempo que hace prevalecer la hegemonía neoliberal? Es ésta una de las contradicciones principales que estará atravesando a este gobierno.

Tomando en consideración el apetito voraz del capital, y a sólo dos meses antes de la toma de posesión de la investidura presidencial, se registra ya el programa ilimitado del capital dirigido a preservar la hegemonía neoliberal del actual bloque en el poder y orientado a subordinar, tutelar y minimizar el carácter “social” (educación y salud) y “nacional” que también contempla –hasta ahora pálidamente– el proyecto Morenista.

En este sentido, las voces de la oligarquía imperante en México, tales como Consejo Mexicano de Negocios (CMN), Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Coparmex, Grupo Monterrey, empresarios particulares, empresas principales (locales y extranjeras), representantes del sector privado, consultores, bancos, fondos de inversión internacionales, calificadoras, empujan con fuerza sus intereses, demandas y declaraciones influyentes, difundidas a diario por la prensa, tales como: “México no se puede reinventar cada seis años”; “se requiere un balance entre continuidad y cambio”; “La nueva administración debe cuidar la Reforma Energética”; “Sin TLCAN bajará la calificación de deuda de México”; El Nuevo Aeropuerto “es la cabeza de la logística de los futuros 50 años”; etc., etc.

A continuación señalamos una serie irrefrenable de demandas e intereses que el capital defiende e impulsa, muchas veces creando “espacios de diálogo” en distintos encuentros, “foros”, “mesas de análisis” abiertas (y a puertas cerradas también) con el gobierno electo–, y ello, dentro de estos primeros dos meses posteriores a la elección presidencial.
–Continuidad de reformas estructurales (energética, educativa, telecomunicaciones…)
–Política energética pro-mercado (asociación con capitales trasnacionales, continuación de subastas y licitaciones petroleras y eléctricas, respeto a la inversión extranjera, rechazo a la modernización y construcción de nuevas refinerías, eliminación de estímulos fiscales al precio de gasolina, liberalización de precios e importación de gasolinas, vigilancia de la política energética, control de finanzas de Pemex, etc.)
–Estabilidad Macroeconómica y finanzas públicas “sanas”: equilibrio fiscal, continuidad de política monetaria, autonomía de Banxico, cambio flexible, disminución de la deuda, austeridad y reducción del gasto público, conservación de nota crediticia, cancelación de programas sociales o en su caso revaloración sobre la “viabilidad técnica” de las propuestas de campaña de AMLO;
–Sistema financiero sólido y con libre competencia [9];
–Crecimiento económico;
–Influencia en políticas públicas (salud, educación, alimentación, cultura, infraestructura [10]);
–Certeza jurídica a las inversiones;
–Comisión Fiscal de Vigilancia “sobre los Programas asistenciales de AMLO”;
–Revisión de líneas de crédito con el FMI;
–Defensa del Libre comercio, protección del TLCAN: fortalecimiento de núcleos manufactureros exportadores (fomento de la “política industrial”) centrados en los encadenamientos de valor de “América del Norte”; impulso a las exportaciones, fomento a las empresas; aumento de contenido nacional en las exportaciones “sin romper con tratados comerciales”;
–Política comercial centrada en Estados Unidos, y diversificación comercial “complementaria”;
–Sostenimiento de la “integración laboral de América del Norte”: rechazo a las demandas de EU y Canadá (de Democracia y Justicia laboral, y mejores condiciones salariales y de contratación en México)
–Desarrollo y Promoción del Turismo (Ecoturismo, pueblos mágicos, turismo de salud);
–Políticas de fomento a obras de infraestructura: Continuidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM); respeto a las “inversiones irreversibles” de constructoras en el NAIM; modernización de red ferroviaria, puertos, aeropuertos, carreteras; Tren Maya (“con recursos distintos” de los que se destinan a la promoción turística); canal ferroviario del Istmo de Tehuantepec [11]; Participación e impulso de construcción de gasoductos, oleoductos, hidroeléctricas y desarrollo de Megaproyectos;
–Crecimiento del “mercado de energías limpias”;
–Profundización de la Reforma Laboral (Ley Secundaria)
–Flexibilización laboral, liberalización de la subcontratación y tercerización; defensa de sindicatos de protección;
–Incremento de la productividad laboral;
–Política salarial “suficiente” y “responsable”;
–Estímulo a la formación de “capital humano especializado”;
–Reforma fiscal: deducibilidad del 100% de prestaciones laborales; reducción de impuestos a la nómina, IVA en alimentos y medicinas; disminución del ISR;
–Reforma del sistema de pensiones;
–Rechazo a una reforma fiscal recaudatoria, redistributiva y progresiva;
–Combate a la economía informal;
–Desarrollo de Zonas Económicas Especiales (ZEE [12]);
–Educación: establecimiento de cuotas en universidades públicas, impulso a las universidades particulares, crecimiento de modelos de autonomía y autogestión escolar en la educación básica (privatización); mayor integración de los modelos de enseñanza y “calidad” del aprendizaje y de los contenidos de planes de estudio con las necesidades del mundo corporativo; Aprovechamiento de la capacidad de las universidades existentes y rechazo a creación de nuevas Universidades;
–Empleo y Contratación de Jóvenes “con subsidio del gobierno”;
–Subvenciones e impulso del agronegocio, de los transgénicos [13];
–Crecimiento de la Megaminería;
–Representación (directa-indirecta) del empresariado en posiciones clave del gobierno (Banxico, Hacienda, Pemex, CNBV, etc.);
–Respeto al “orden institucional” y Estado de Derecho;
–Contrapesos al poder ejecutivo y al Congreso “para reducir incertidumbre”;
–Combate a la inseguridad y pacificación social;
Como se advierte, el capital se juega la reproducción de sus condiciones materiales de existencia. Y para ello concentra igualmente una amplia gama de intereses políticos, por medio de los cuales pueda preservar la hegemonía política.

Como vemos, es un desafío la construcción y el impulso de la organización política de los trabajadores y desposeídos. Y es que, una vez que la “rebelión ciudadana” se manifestase en las urnas como lo hizo, pareciera que ésta se ha perdido de la escena política a la espera del cumplimiento de las promesas de “trasformación nacional” encabezadas por AMLO. Como se aprecia en este programa ilimitado del capital y las relaciones “sumamente cercanas” [14] que mantiene con el nuevo gobierno, no habrá transformación histórica que se presente por sí misma. Resta a las clases trabajadoras y populares fortalecer sus organizaciones y fuerzas políticas en la lucha por la defensa de sus intereses y necesidades en el plano de todas las relaciones sociales, las que incluyen evidentemente sus relaciones con la naturaleza y el territorio.

Notas:

[1] No solamente se adhirió la clase empresarial a la “reconciliación” enarbolada por el próximo gobierno. Los otros candidatos presidenciales, representantes políticos de todas las fuerzas partidistas, expresidentes del país, entre los que destaca Carlos Salinas de Gortari, intelectuales conservadores, medios de comunicación, el clero, y muchos otros sectores dominantes, hicieron suyas las palabras “reconciliación por México”. [2] El reparto que da vida al breve video (2 minutos) se conforma por un pequeño grupo de la oligarquía mexicana saludando la “democracia” y al nuevo gobierno: Blanca Treviño (Softtek), M. Aramburuzabala (Tresalia), D. Servitje (Bimbo), Antonio del Valle (Grupo Kaluz), C. Danel (Gentera), José Antonio Fernández (Femsa), Claudio X. González (Mexicanos Primero), E. Tricio (Lala) y Alejandro Ramírez (Cinépolis).
[3] Como señala Guillermo Almeyra: la burguesía, Morena y el nuevo presidente “comparten no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional”. Ver, “¿Dónde estamos actualmente?” Rebelión.org, 20/07/2018, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244353
[4] EL FINANCIERO, 4/04/2018. http://www.elfinanciero.com.mx/economia/amlo-pide-a-inversionistas-confiar-en-el
[5] Según uno de los empresarios más influyentes de México, Claudio X. González Laporte, aunque Morena dominará el Congreso, no será como en los tiempos del “partido hegemónico” con el PRI, “porque ahora hay organismos internacionales, firmas calificadoras e instituciones que observan que se cuide y preserve la estabilidad macroeconómica”. El Universal, 20/8/2018, http://www.eluniversal.com.mx/cartera/amlo-no-podra-serenar-al-pais-de-un-dia-otro-claudio-x-gonzalez
[6] Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU) existen en la actualidad “4 mil concesiones en las que se han entregado los territorios de los pueblos originarios para la explotación de sus recursos por grandes empresas”. La Jornada, 28/08/2018, p. 20. https://www.jornada.com.mx/2018/08/28/politica/020n2pol
[7] A este respecto, Alfonso Romo señaló: “López Obrador sabe que mercados pueden afectar su agenda”, El Financiero, 06/07/2018, http://www.elfinanciero.com.mx/economia/no-se-preven-cambios-en-reforma-energetica-asegura-romo  
[8] En este mismo sentido se refiere el presidente del “banco de casa” (Banorte), Carlos Hank González, cuando señala que “Banorte construye puentes que acercan a los empresarios de todas las regiones del país con el equipo de transición del próximo gobierno, para pensar juntos en la transformación que queremos para México”. La Jornada (en línea), 20/8/2018, http://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/08/20/banorte-convoca-a-dialogo-entre-empresarios-y-proximo-gobierno-7727.html .
[9] Ver el “decálogo” de la Asociación de Bancos de México para el próximo gobierno, El Economista, 4/04/2018, https://www.eleconomista.com.mx/sectorfinanciero/ABM-emite-decalogo-para-el-desarrollo-economico-de-Mexico--20180404-0052.html
[10] Ver la Agenda México 2030 del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), organismo que aglutina a 50 empresas multinacionales con presencia en México, donde están expuestas más de 100 propuestas de política pública, con énfasis en fomento de infraestructura ligado al objetivo de convertir a México en “el quinto país exportador a nivel mundial para 2030”. http://ceeg.mx/new/wp-content/uploads/2016/12/Agenda_CEEG_2017-con-carta.pdf
[11] Estos dos últimos proyectos, junto con la plantación de un millón de árboles en el sureste del país, programas prioritarios del gobierno electo, obedecen a “viejos” proyectos de corte empresarial de los gobiernos de Fox y Calderón en la primera década del presente siglo. Ver www.sputnik.org: “Las zonas económicas especiales no sacarán adelante a México", 17/07/2018, https://mundo.sputniknews.com/politica/201807171080471232-mexico-amlo-eeuu-desafios-tlc/
[12] Llama la atención que el proyecto de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) impulsado por el gobierno próximo, se inscribe sobre las propias bases del proyecto en curso de las ZEE del actual gobierno de Enrique Peña Nieto, empujado por el ex secretario de Hacienda –hoy canciller– Luis Videgaray, y coordinado por el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial. Si bien el “objetivo” de las ZEE es el “impulso del desarrollo” de regiones marginadas, la realidad es que se trata del impulso de nuevas geografías para la explotación de recursos humanos y naturales por los capitales locales y trasnacionales, sin más resultado que la reproducción del subdesarrollo.
[13] Víctor Villalobos Arámbula, el próximo titular del gobierno de AMLO en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es “uno de los principales promotores de transgénicos y defensor de los intereses de las trasnacionales de los agronegocios en México”, ver Silvia Ribeiro, “Nuevo proyecto para terminar el campesinado”. Desinformemonos.org, 17/07/2018. https://desinformemonos.org/nuevo-proyecto-terminar-campesinado/
[14] Así lo refieren las 50 empresas multinacionales constituidas en el Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), cuando declara que el CEEG trabaja “en forma sumamente cercana con el equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador para aterrizar nuestras propuestas…”. La Jornada (en línea), 7/09/2018, http://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/09/07/empresarios-trabajan-de-201ccerca201d-con-amlo-ceeg-3285.html

13 de septiembre de 2018

El Tren Maya: ¿está AMLO contra los pueblos indígenas?

Por: Fernando Barajas / Plumas Atómicas.

Uno de los proyectos insignia que López Obrador ha sostenido en este periodo de transición es el Tren Maya. No es presidente todavía, claro está, no es responsable aún del gobierno; pero eso no lo hace inmune a las críticas; sobre todo cuando no se toma la molestia de explicar bien sus proyectos. En el afán de mantenerse popular y ocupado, el presidente electo anuncia cada semana una propuesta “excitante” para el futuro de México; pero nos deja siempre con más preguntas que respuestas. No hay más que declaraciones optimistas que descartan los problemas, como si ya estuvieron resueltos.


Ciertamente, el responsable del gobierno sigue siendo Enrique Peña Nieto, no podemos olvidarlo a pesar de que él mismo parece no tener consciencia de ello. AMLO todavía no llega, pero llegará; y necesita hacerse cargo de sus palabras desde ahora. Con sus millones de electores, tiene un cheque en blanco de esperanza puesta en él; y, hasta el momento, se lo ha gastado en promesas que no puede cumplir (porque todavía no se ha sentado en La Silla) y en proyectos opacos que levantan sospechas incluso en los que votamos por él.

El tren de los sueños no mata árboles

La idea del Tren Maya no es nueva, Peña Nieto ya la había puesto sobre la mesa; fue uno de los trenes que se le cayeron del sexenio por culpa de la Casa Blanca y la insuficiencia presupuestal. Ahora López Obrador recupera la idea y la extiende a toda la península, confiado en que la co-inversión pública y privada sorteará los problemas de corrupción y presupuesto. Así que nos propone un tren que abarca toda la península, 1,500 kilómetros que conectarán Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Tabasco; con un costo de entre 6 y 8 mil millones de dólares.


Dice que el impacto ambiental será mínimos y las comunidades no serán afectadas. ¿Cómo puede estar seguro de ello? Por el lado ambiental, el impacto es inevitablemente alto, no puede ser de otra manera si se pretende cruzar la selva y la montaña sobre rieles, así como dejar atrás ríos, lagos y barrancas. El reto es hacerlo un proyecto sustentable desde un punto de vista amplio, lo cual no significa sólo plantar árboles, sino también cuidar el equilibro de los ecosistemas, calcular las divisiones que los rieles pueden imponer a la flora y la fauna y considerar a los pueblos que serán afectados. Sustentabilidad no sólo es cuidar plantas, es considerar el sistema complejo de vida que se desarrolla en la península, y que incluye una enorme biodiversidad, pero también muy distintas culturas.

Y esto nos lleva al punto más importante: ¿qué proyectos se consultan y cuáles no?, ¿a quiénes se pregunta y cómo para garantizar que las comunidades indígenas expresen su voz en igualdad de circunstancia respecto a las grandes corporaciones? La Constitución Mexicana y el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales establecen que este tipo de proyectos tienen que ser consultados de buena fe y con información suficiente a los pueblos indígenas.

El futuro titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons aseguró que el tren será sometido a consulta. Hay mucho qué decir al respecto. No es buena señal para los que no se dedican al turismo que Fonatur lleve la consulta. Además, es fundamental conocer el tipo de consulta, que no sea desinformante ni manipuladora, y a quiénes, principalmente a los pueblos de la región. No importa que yo, chilango, y mis amigos  decidamos, sino aquellos cuyas vidas serán directamente afectadas. Además de que no se trata sólo de “sí” y “no”; sino que hay que escuchar las condiciones y propuestas de campesinos e indígenas tanto como las de hoteleros y empresarios.

AMLO dice que la licitación para la inversión privada saldrá desde que tome posesión, ¿no suena eso a que la consulta está truqueada? ¿Está bien consultar el aeropuerto, pero el trato del tren ya está cerrado? Llevar a cabo un proyecto así implica sacrificios para quienes viven en la península, en términos de territorio y autonomía; ¿los beneficios para los pueblos justifican los sacrificios?, ¿o realmente a quién benefician?

Un tren para atraerlos a todos y atarlos a las tinieblas

Dicen que el Tren Maya traerá desarrollo para toda la región, ¿pero a quién incluye? Según sugirió el antropólogo maya Ezer May May, fueron los empresarios yucatecos quienes presionaron al presidente virtual para construir y extender el tren y enlazar destinos turísticos. El epicentro, por supuesto, sería Cancún, y de ahí llevarán a los turistas a toda la península para que tuvieran a su alcance toda la riqueza de la región. Ganar-ganar para todos, ¿cierto? Los hoteleros y dueños de las playas de Cancún tendrían más que ofrecer y el gobierno habrá fomentado que se generaran millones de pesos para la península.

Pero no todos ganan. No basta la afirmación optimista de López Obrador sobre que las comunidades no serán afectadas, y que habrá desarrollo económico para ellas; importa también cómo se lleva a cabo ese desarrollo y para qué sirve. Por un lado, se procura homenajear a la cultura maya construyendo un tren en su nombre, pero para lograrlo requiere absorber las culturas herederas de los maya, implica que su forma de ver el mundo desaparezca, se diluya. A esto se le llama “etnofagia”, una forma de desaparecer la diversas de identidades de los pueblos indígenas, que reconoce nominalmente “su cultura”, pero trabaja activamente para desaparecerla, para que deje de ser considerada importante, y para que quede subsumida al intercambio comercial. En este caso, en la forma de “turismo”.

Si compartiéramos el entusiasmo del próximo presidente, pensaríamos que el tren traerá prosperidad económica, muchos consumidores para lo que sea que se venda. Pero toda esta magia se volverá realidad sacrificando los derechos políticos y de autonomía de los pueblos indígenas; su derecho a decidir sobre cómo quieren vivir su vida, su destino y sus tierras. Por supuesto, desde la perspectiva presidencial, habrá muchos empleos para mucha gente, que además viven en una de las zonas más marginadas del país.


Procuremos verlo, sin embargo, desde la perspectiva de las comunidades indígenas y campesinas; quienes pasarán de ser dueñas de sus tierras y de tener capacidad de decisión sobre lo que les ocurre, a estar subordinadas a cuidar la ruta ferroviaria. ¿Qué tipo de empleos surgirán para la gente cuyas comunidades quedarán en el camino del tren? ¿Cómo podemos imaginar que eso es un beneficio para las culturas, si para acceder a él les exigen que sacrifiquen su identidad cultural? Es decir, “llevaremos el desarrollo a tu casa, siempre y cuando abandones todas tus creencias culturales, todos tus valores y todo lo que siempre has apreciado”.

El proyecto aún no se ha iniciado, y es fundamental que lo discutamos como todas las propuestas que hasta ahora ha presentado López Obrador. No esperamos que lo resuelva todo, pero sí que escuche e integre las críticas. En este caso, es fundamental que escuche y respete la palabra de los habitantes de la península, y no únicamente de los empresarios turísticos. No hay turismo que justifique la desaparición de una cultura, ni condenar a un pueblo a no poder decidir más sobre su destino.

7 de septiembre de 2018

El 1918 “Brumario” de Andrés Manuel Bonaparte.

Por: Javier Hernández Alpízar | Babel | Zapateando.

“Es opinión muy extendida en algunos ambientes (y esta difusión es un signo de la estatura política y cultural de dichos ambientes) que en el arte político es esencial mentir, saber ocultar astutamente las propias opiniones, los verdaderos fines a que se tiende, saber hacer creer lo contrario de lo que se requiere realmente, etcétera. La opinión está tan arraigada y extendida que nadie cree que se diga la verdad. […] En política se podrá hablar de reserva, no de mentira en el sentido mezquino que muchos piensan, en la política de masas decir la verdad es una necesidad política precisamente.”
Antonio Gramsci.


Parece que en México todo se conjunta para hacer vigente la idea de Karl Marx de que la historia se repite pero en clave de farsa. El poder en México se formó de manera autoritaria, monárquica, en el virreinato de la Nueva España, y caudillista, en el siglo XIX y principios del XX hasta construir el presidencialismo priista: esta estructura ha sido descrita por Rhina Roux como “El príncipe mexicano”, apoyada en la lectura de Adolfo Gilly, Antonio Gramsci, Karl Marx y Maquiavelo. El príncipe, que el florentino trataba de invocar para unificar a Italia, es leído por Antonio Gramsci como colectivo: el partido como príncipe moderno; pero en el caso mexicano, por su pasado colonial y las características de su fragmentación y la enconada guerra intestina de sus elites criollas y mestizas (decantadas en liberales y conservadores), división que ocasionó guerras e incluso la debilidad ante invasiones extranjeras, la pérdida de territorio ante los Estados Unidos, esta fragmentación y casi balcanización se resolvió con un Estado –príncipe que unificó a las elites, y en buena medida las generó, con iniciativas como la Reforma (destinadas a generar un burguesía mexicana), bajo el mando de un solo hombre: el presidente (y su partido), en un proceso largo que inicia con Juárez y se consolida hasta Lázaro Cárdenas, dando origen a una especie de “monarquía sexenal” no hereditaria pero sí transferible entre los elegibles de un único partido. (Sintomático que dos de los líderes carismáticos que desafiaron esa sucesión hayan salido del mismo partido: PRI).

En el siglo XX y lo que va del siglo XXI, el embate del neoliberalismo (ese oscuro y variopinto proceso que va de Hayek y Friedman a Pinochet, las dictaduras militares del Cono Sur y a Reagan y Tatcher) que obligó a cambios como las reformas estructurales, el TLCAN (hoy mero TLC), la autonomía del Banco de México y las libertades al capital financiero, llevó al poder a los tecnócratas priistas: Salinas, Colosio, Zedillo, Ruiz Massieu, Pedro Aspe, Camacho Solís y Marcelo Ebrard… ese desmantelamiento del estado de bienestar a la mexicana desestabilizó al Príncipe en sus bases (acuerdos de equilibrio como la no reelección, el ejido, el petróleo nacionalizado, separación Iglesia-Estado), se necesitaba un relevo y lo dieron desde arriba con dos sexenios panistas, el de Vicente Fox, llevado al poder por el voto masivo y equivocado de un electorado que lo confundió con el cambio democrático, y el impuesto, incluso mediante la militarización, de Felipe Calderón. Parecía que el PRI se recuperaba con Peña Nieto, pero su legitimidad fue nula desde su llegada al poder. Y el regreso del PRI fue en clave de farsa: no se cumplió la expectativa (de algunos) de pacificación y ni siquiera una caricatura del “estado de bienestar”.

Tras dos sexenios de terror de Estado represivo, con más de 37 mil desaparecidos, según cifra oficial, más las dos o tres centenas de miles de asesinados y las centenas de miles de víctimas más que son sus deudos o quienes buscan a sus desaparecidos, los partidos que operaron las reformas y el terror de Estado estaban totalmente inutilizados para gobernar: las fallidas candidaturas de la Calderona, Anaya, Meade y el Bronco no fueron sino el reflejo del desgaste.

El México de abajo, que ha padecido la represión siempre, pero que particularmente estos sexenios de terror puso los muertos, los desaparecidos, los presos, los desplazados, las mujeres víctimas de feminicidio, no tenía ni la organización (propia, autónoma, de clase, con proyecto no neoliberal). Así que, con más de 30 millones de votos, apostó al voto de castigo contra sus verdugos y, en un sector, a la esperanza de un respiro.

Había un empate negativo entre la burguesía, que había vaciado sus recursos políticos en la contrarrevolución de dos sexenios (o más si se cuentan desde 1982) y un proletariado y un México de abajo desarticulados por la represión y la carencia de un proyecto de clase.

El proyecto de AMLO parece una parodia o caricatura del estado de bienestar, a pesar de usar a Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas como promesa de regreso a las “glorias pasadas”, no puede ofrecer derechos y garantías sociales como el estado de bienestar sino dádivas y becas o “apoyos” a los “vulnerables”; no impulsará tanto el laicismo como la consulta popular sobre los derechos de las mujeres (interrupción legal de embarazo, entre ellos); no ha llamado a deponer al régimen, sino que le ofrece una salida conciliada e impune, no re-expropiará ni el petróleo ni ningún otro bien ni echará abajo las reformas estructurales económicas, solamente revisará contratos para “evitar corrupción”: la caricatura de las transformaciones impulsada por un gobierno restaurador (del paraíso de las inversiones, según el jefe de… gabinete, Alfonso Romo). La historia se repite, pero en clave de farsa.

En circunstancias como éstas, descritas y narradas por Karl Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde explica cómo una situación semejante: burguesía dividida e impotente para ejercer el poder político, proletariado en reflujo por represiones y derrotas pasadas, elecciones con un líder carismático (sobrino de Napoleón Bonaparte, quien abandera las esperanzas de revivir “glorias pasadas”) llevan al encumbramiento de Luis Bonaparte primero por un golpe de estado “legítimo” (los legisladores acababan de abolir el sufragio universal, para evitar la reelección de Luis Napoleón, que había llegado al poder por los sufragios) y luego refrendado por el arrastre del líder carismático en un plebiscito, para llegar a ser el líder, hombre providencial, a cuyos brazos terminó arrojándose la burguesía (que originalmente no lo quería). Luis Bonaparte terminó siendo un gobierno de restauración, despótico, represivo, protector de los intereses de la burguesía y el capital.

Engels resumió el concepto que sintetiza la explicación de Marx con el término “bonapartismo” y otros autores, como el mismo Engels, Lenin y Trotsky, lo usaron para explicar eventos históricos análogos en Alemania y Rusia (Bismarck y Kerensky). En nuestro contexto, algunos autores lo han usado para explicar fenómenos latinoamericanos.

El equilibrio entre burguesía y clases subalternas no es positivo, no es que ambas tengan gran fuerza y empaten, sino negativo: ni una ni otra puede gobernar, ese vacío lo llena un líder carismático (o un grupo, pero normalmente con la presencia de un líder carismático).

Así describe Antonio Gramsci el bonapartismo: «Demagogia» quiere decir muchas cosas: en sentido peyorativo significa utilizar a las masas populares, sus pasiones sabiamente excitadas y alimentadas, para los propios fines particulares, para las pequeñas ambiciones propias (el parlamentarismo y el eleccionismo ofrecen terreno propicio para esta forma particular de demagogia, que culmina en el cesarismo y el bonapartismo con sus regímenes plebiscitarios). […] El «demagogo» en sentido peyorativo se presenta como insustituible, crea el desierto a su alrededor, destruye y elimina sistemáticamente los posibles concurrentes, quiere entrar en relación con las masas directamente (plebiscito, etc.), gran oratoria, efectos teatrales, aparato coreográfico fantasmagórico, se trata de lo que Michels ha llamado el «jefe carismático».)” (Gramsci, La política y el Estado moderno).

Me parece que a la idea de un equilibrio negativo de fuerzas entre una burguesía o elite opresora dividida y desgastada y deslegitimada y un pueblo que ha padecido la represión y está desarticulado para actuar como clase, hay que añadir la capacidad del capital (tanto “nacional” como internacional) de homeostasis: su habilidad para asimilar al demagogo y volverlo inocuo para todo cambio que afecte al sistema, recuperando el equilibrio favorable al capital (explotación, despojo, represión) y permitiéndole al hombre providencial desplantes demagógicos cosméticos (humildad teatral, “combate a la corrupción”). El vacío de la clase política tradicional es llenado por un elemento que se presenta como “externo”. En México hubo un primer intento fallido con Fox. Me parece que hoy enfrentamos un intento más exitoso y resistente al desgaste que el de Fox, el de López Obrador. Incluso, probablemente, hay un caso similar en Estados Unidos con Donald Trump. La burguesía prefiere soportar incluso a un tirano que enfrentar la ira popular directamente. Además, Trump surge ante el desgaste de la clase tradicional que llegó al extremo con la desilusión provocada por Barak Obama.

En el caso mexicano, hay más elementos quizá para entender como bonapartismo el ascenso espectacular del líder carismático. En todo caso, no parece tratarse de un bonapartismo progresivo: la continuidad del modelo económico neoliberal y aun su profundización con megaproyectos que ya eran parte de los planes de los anteriores gobiernos del PRI y el PAN, le dan un carácter regresivo y restaurador.

Es semejante al rápido cambio de manos descrito así por Antonio Gramsci: “En el mundo moderno, sólo una acción histórico política inmediata e inminente, caracterizada por la necesidad de un procedimiento rápido y fulminante, puede encarnarse en un individuo concreto; la rapidez sólo puede llegar a ser necesaria ante un gran peligro inminente, un gran peligro que caldea de modo fulminante las pasiones y el fanatismo, aniquilando el sentido crítico y la corrosividad irónica que pueden llegar a destruir el carácter «carismático» del condottiero (…). Pero una acción inmediata de este tipo, por su misma naturaleza, no puede tener un vasto alcance y un carácter orgánico, será casi siempre del tipo de la restauración y de la reorganización y no del tipo de la fundación de nuevos estados y de nuevas estructuras nacionales y sociales (…)”.

El peligro que temía el electorado era la continuidad del régimen del terror; el peligro para la burguesía era ver fracasar la continuidad de su proyecto neoliberal ante un pueblo airado y una clase política deslegitimada: el líder carismático ofreció a ambos una salida inmediata no cruenta, pero también sin compromisos de cambios de fondo.

Además de Gramsci (La política y el Estado Moderno), es pertinente leer desde luego directamente e Karl Marx en su 18 Brumario de Luis Bonaparte. Igualmente puede verse el texto de David Torres Mejía, Notas sobre el bonapartismo, disponible en pdf gratuito. Para entender cómo se pueden usar los mecanismos de la república para un gobierno autoritario (en un espectro que puede ir de Echeverría a Franco) es muy atinente la lectura del Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Y desde luego, de Rhina Roux, El príncipe mexicano.

19 de agosto de 2018

López Obrador: el espejismo se resquebraja.

Por: Zósimo Camacho / Contralínea.

La declaración de guerra a las comunidades indígenas fue abierta, a los cuatro vientos y sin matices. Andrés Manuel López Obrador dejó en claro que apoyará al sector empresarial en los negocios que éste busca hacer desde hace décadas en los territorios de los pueblos, tribus y naciones del país. Lo que el gran empresariado no logró con Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, hoy lo puede hacer realidad el candidato de la “izquierda”.


Conforme pasan los días y López Obrador se apresta a asumir la Presidencia de la República, las advertencias de los pueblos del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se hacen realidad. Nunca confiaron en la llamada “izquierda” electoral: ni en 2006, 2012 ni en 2018. Desde hace 13 años realizaron un claro y vigente análisis del obradorismo. Desde entonces dijeron que ese proyecto no era de izquierda y rechazaron sumarse a una plataforma político-electoral contrapuesta a sus convicciones.

Fueron vilipendiados por no apoyar al candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD, 2006 y 2012) y del Movimiento Regeneración Nacional (Morena, 2018). Desde esa “izquierda” electoral, se les dijo que le “hacían el juego a la derecha”. En realidad, los zapatistas nunca llamaron a votar por alguno de los candidatos ni tampoco llamaron a no votar. Sólo dejaron en claro que no apoyaban a partido político alguno. El llamado del EZLN, el CNI y las organizaciones de izquierda con las que confluyen fue, en las últimas tres elecciones presidenciales: “Votes o no votes, organízate”.

Parecían decir, “organízate, porque el que llegue, sea quien sea, no va a frenar el despojo; lo va a profundizar”.

Que si el obradorismo combatirá la corrupción, recortará los obscenos sueldos de los funcionarios y aplicará mejores programas asistencialistas… está bien. Incluso es lo que el propio sistema demanda para reproducirse eficazmente. Es lo que llaman un “ambiente de negocios competitivo”.

El asunto es que el modelo económico quedará intacto. Vamos, ni siquiera se le critica que no sea anticapitalista, sino que sigue siendo neoliberal, el tipo de capitalismo más depredador. López Obrador sentenció que no habrá reformas a la Constitución: el Artículo 27 se quedará tal y como lo dejaron Salinas y Peña (los ejidos y las comunidades agrarias seguirán desintegrándose, y a las trasnacionales petroleras, mineras y eléctricas se les mantendrá la puerta abierta). Tampoco se reformará la Ley de Aguas Nacionales, que ya contempla una privatización de los recursos hídricos por la vía de “concesiones” para que los empresarios puedan “suministrar” a terceros…

No sólo se trata de que el obradorismo no plantea revertir esas contrarreformas implantadas en sexenios pasados. Lo peor es que venga a profundizarlas.

En los “25 proyectos prioritarios” enlistados por López Obrador se incluye la creación de 100 universidades, la cobertura de internet para todo el país, la construcción de viviendas para los afectados por los sismos, el aumento de la pensión para los adultos mayores, las becas para estudiantes, la entrega de medicamentos de manera gratuita, asegurar una canasta básica a bajo costo y el acceso al derecho a la salud para toda la población. Difícilmente alguien podría oponerse a estas propuestas (de las cuales no se ha informado cómo se financiarán).

Pero, entreveradas, van otras “prioridades” que tienen extasiados a los grandes empresarios: la construcción del aeropuerto (con un barniz de legitimidad por medio de una “consulta” en la que los pueblos de Atenco estarán en desventaja); el “desarrollo” del Istmo de Tehuantepec (el nuevo nombre del Plan Puebla Panamá, con la instauración de las Zonas Económicas Especiales del peñismo y que fungirá como la segunda frontera para detener a los migrantes); el Tren Maya, que recorrerá 1 mil 500 kilómetros de Quintana Roo, Campeche, Chiapas, Yucatán y Tabasco; la explotación de bosques madereros y la siembra de árboles frutales; la creación de una zona franca en de libre comercio y libre de impuestos 30 kilómetros antes de la Frontera Norte (la tercera gran barrera para detener a los migrantes); y, entre otras, el proyecto minero para renegociar (no erradicar) los nuevos proyectos de las trasnacionales en el país.

“La prueba de amor que está dando el señor López al gran capital, al finquero, son los territorios de los pueblos originarios”, dijo el subcomandante Galeano del EZLN, el pasado 5 de agosto en el Caracol de Morelia, Chiapas, durante la Clausura del Encuentro de Redes de Apoyo al Consejo Indígena de Gobierno y su Vocera.

“Ustedes saben que todo el esfuerzo de Morena y de López Obrador desde el primero de julio es por congraciarse con la clase dominante y con el gran capital; no hay ningún indicio, o sea nadie se puede llamar a engaño, no hay ningún indicio que diga que es un gobierno progresista, ninguno. Sus principales proyectos van a destruir los territorios de los pueblos originarios”, señaló en su análisis.

Ante tal emergencia, la propuesta del EZLN –ignorada por casi todos los medios, ocupados éstos en congraciarse o en aplaudir, atacar o defender al obradorismo– es que el Concejo Indígena de Gobierno deje de ser sólo indígena y nacional. La resistencia a la que convoca el zapatismo, y que plantea al CNI, es “abrir ya el corazón a las rebeldías y resistencias que emergen y perseveran en donde cada quien se mueve, en el campo y la ciudad, sin importar las fronteras”.

Se trata de una convocatoria a los anticapitalistas a enfrentar juntos el embate. El análisis finaliza: “Nuestro llamado, pues, no es sólo a los originarios: es a todos y a todas, quienes se rebelen y resisten en todos los rincones del mundo”.

Las disertaciones de los subcomandantes Mosiés y Galeano, así como de concejales y concejalas de comunidades indígenas del país pueden leerse y escucharse en: https://zapateando.wordpress.com/.

El reto de López Obrador no son los empresarios. Con ellos se llevará muy bien. Pelearán por criterios distintos en el desarrollo de proyectos, el reparto de concesiones y los dividendos resultantes de los negocios. Al fin, el modelo económico permanecerá intacto. Los conflictos con la alta burocracia serán por los recortes a sus insultantes privilegios y por la restructuración de la administración pública. El problema de fondo será con la izquierda, con los movimientos sociales, los campesinos, los indígenas, los trabajadores. Cree que puede anularlos con sus “30 millones de votos”. La resistencia ya se aglutina.
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