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26 de septiembre de 2013

La necesidad de evaluar a los evaluadores.

Por: Juan Manuel Velázquez Ramírez / La Jornada Michoacán.

Mientras que miles de maestros protestaban en las calles de diferentes ciudades del país, el Senado de la República aprobó la Ley General del Servicio Profesional Docente. Peña Nieto se apunta, así, un triunfo político en su estrategia de implementación de reformas estructurales. Solamente 22 votos en contra recibió esta iniciativa. Con esta ley se pretende regular la evaluación, promoción y permanencia de los docentes frente a grupo. Los funcionarios de gobierno ponen acento en la evaluación. Dicen que con ella se evitará la venta y herencia de plazas en las escuelas. Pero, ¿qué limitaciones tiene esta medida de evaluación del magisterio?
Un gobierno que realmente está preocupado por mejorar la educación no sólo se interesa en evaluar a los maestros. También se preocupa en generar las propuestas teórico-pedagógicas que ayuden a diseñar y poner en práctica nuevos modelos curriculares que permitan realmente colocar a los alumnos en el centro del proceso educativo y a los docentes como facilitadores de los aprendizajes de saberes teóricos, prácticos y valorales reflexivos y críticos. Todos ellos contextualizados en los entornos actuales de globalización, lógica de mercado, multiculturalidad, y sociedad de red y conocimiento. Bajo esta lógica, una evaluación a los maestros no traerá ninguna mejora en la formación de los niños si no se cambia el modelo educativo dominante, que se caracteriza por su verticalismo, autoritarismo e instrumentalismo que prevalece. En este modelo lo que interesa es que los niños repitan, memoricen, obedezcan y se disciplinen. Se trata de preparar a los pequeños bajo la óptica de una educación para el hacer en el trabajo. Lo que interesa en esta visión educativa es que los niños aprendan el saber-hacer, y no el saber-saber para saber-hacer, y así mejorar el saber-saber. Lo que no se toma en cuenta es que en una sociedad del conocimiento lo que se requiere son niños que desde la primaria vayan aprendiendo a producir conocimiento y no solamente utilizarlo para generar artefactos.
Esta evaluación no traerá avances de la educación si, al mismo tiempo, no se destina presupuesto para reforzar la formación de los maestros evaluados. Esta política de evaluación magisterial debe acompañarse de mejoras en las modelos curriculares, que están en la base de la formación de los normalistas en tanto futuros maestros. Debe ser respaldada con recursos económicos y materiales que mejoren los escenarios educativos de aprendizaje de los normalistas. Esta evaluación recién aprobada, se justificaría si las condiciones de formación de los maestros fueran realmente favorables. Que un maestro apruebe o repruebe una evaluación no es un asunto personal, también es político y social. El gobierno busca personalizar en cada maestro la responsabilidad de su formación y los resultados de su evaluación. No todo tiene que ver con el maestro. También interviene la política educativa delineada que ha mostrado su ineficacia.
Esta evaluación a los docentes debería considerar la diversidad de escenarios y condiciones en las que estos se desenvuelven. No es lo mismo dar clases en una escuela que cuenta con las condiciones de ubicación, salón de clases, mobiliario, cantidad de alumnos por grupo y material didáctico de apoyo, que dar clases en una escuela donde el maestro debe hacer un largo recorrido, tener aulas improvisadas, con bancas rotas, grupos de hasta 45 niños, y donde él tiene que llevar sus propios gises y borrador.
El gobierno está haciendo de la evaluación un fin en sí mismo. Ésta no se puede entender y atender más que considerándola como parte de un proceso de enseñanza-aprendizaje global. La evaluación es sólo un momento del conjunto del proceso educativo. Una real evaluación debe partir de definir qué es lo que se quería lograr educativamente en el proceso de enseñanza aprendizaje para, de esta forma, evaluar la dimensión en que esto se ha conseguido. En este caso ¿cómo se puede evaluar si ni siquiera se tiene claro como materia de evaluación? A esto se puede agregar que la evaluación de los maestros debe estar antecedida de otros exámenes que median en los resultados de la valoración que ellos obtengan. Por ejemplo, antes que a los maestros, se debería evaluar al gobierno y sus políticas educativas y a los directivos normalistas y su gestión institucional.
Por otro lado, si se va a evaluar a los maestros, se les debería dejar claro desde ahora sobre qué aspectos se va a hacer esto, además de dotarles de las condiciones materiales y educativas para favorecer su aprobación, no su reprobación. La verdadera evaluación de los maestros debe tener indicadores claros. Estos deben definirse desde un marco curricular y una política educativa lo suficientemente nítida. Así, esta evaluación no debe resultar de creencias ni juicios propios de funcionarios. Para que los docentes puedan confiar en la evaluación deben creer en sus evaluadores.  Esto no sucede así en las actuales circunstancias. Para que estas evaluaciones a los docentes sean creíbles, deben ser transparentes. Habría que ver si el gobierno estaría en condiciones de contar con la legitimidad suficiente para hacer creíbles los resultados de las evaluaciones que realice. La evaluación docente que el gobierno pretende realizar no puede ser completamente objetiva, como no lo es ninguna evaluación, educativa. Aunque lo que sí debería garantizar es que resulte de juicios especializados y fundamentados, no contaminados política ni sindicalmente. Además de que los criterios de evaluación deben ser claros, fundamentados y de dominio público. Se requiere una evaluación donde no se parta del principio de sospecha de la incapacidad de un maestro, sino de la confianza en su capacidad. Décadas de alianza entre gobierno y sindicato oficial de maestros, de alimentación de una burocracia sindical enorme, y de presencia de corrupción en todos los ámbitos de la esfera institucional educativa, no va a resolverse con una evaluación de maestros. Se necesita una política de limpieza en todos los ámbitos de gobierno: los evaluadores también deberían ser evaluados.

25 de septiembre de 2013

La CNTE, una lucha con resultados.

Por: Manuel Pérez Rocha / La Jornada.
La lucha sigue. Los maestros de la CNTE valoran sus logros, han reafirmado el sentido de sus empeños de más de 30 años, y tienen claro que no han sido inútiles ni les falta justificación ¿Quién puede negar hoy que sus batallas han sido y son necesarias y valerosas respuestas a la antidemocracia y corrupción impuesta en el SNTE por los gobiernos de PRI y PAN? Entre sus logros no está la defenestración de Gordillo, ésta obedeció a la pugna interna de la mafia que controla a este país por encargo de la plutocracia que lo explota. Pero ¿cómo ignorar las valiosas lecciones que nos dan los maestros de la CNTE, ilustradas tan sabiamente por Bernardo Bátiz en estas páginas el pasado sábado 14? ¿Cómo ignorar el despertar de la conciencia de miles de maestros en todo el país que reclaman una verdadera reforma educativa y el respeto a sus derechos laborales básicos?
Entre los logros de la férrea resistencia de la CNTE deberá reconocerse también la cancelación de algunas de las aberraciones pedagógicas y políticas de los gobiernos recientes, entre ellas el Acuerdo por la Calidad Educativa firmado por Gordillo y el gobierno panista, la prueba Enlace, la evaluación universal de los maestros y la Carrera Magisterial, todas ellas hoy reprobadas incluso por el nuevo gobierno, que a los maestros les significaron despidos y otros castigos, y han generado un perjuicio incalculable a la educación de los niños y jóvenes mexicanos (¡tan defendidos por Televisa!); y también está entre sus logros la eliminación de algunas de las absurdas pretensiones draconianas iniciales de las actuales reformas legales. De todos estos estropicios, los gobernantes y los medios a su servicio nada dicen, en cambio satanizan a quienes los han denunciado y combatido.
La lucha sigue porque hay cuestiones con las cuales no se puede transigir, no es asunto de negociar (que es a lo que los políticos corruptos están acostumbrados), no se está pidiendo una prebenda o un beneficio personal o de grupo. Se demanda la derogación de las atropelladas reformas a la Constitución, porque son la base para cancelar derechos laborales básicos de los que dependen la sobrevivencia de cientos de miles de familias y la educación de generaciones enteras. La Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), declarada como el corazón de la reforma educativa por el propio gobierno, es una nueva aberración. Lejos de conformar la base de la profesionalización de los maestros, consolida a éstos como empleados (doblegados, según la etimología de esta palabra) de un monstruoso aparato burocrático que desconfía de ellos y los mantiene en permanente y amenazadora vigilancia a través de directores, jefes, inspectores y supervisores, a los cuales ahora se sumarán tutores y evaluadores.
Simplismo, descuido e incoherencia son otros graves defectos que caracterizan a la solución que los actuales gobernantes, asesorados por la OCDE e instigados por Televisa, quieren dar al grave y complejo problema educativo de esta era; hace ya 35 años, Philip Coombs (desde la Unesco, institución cultural ahora eclipsada por la OCDE, cuyo interés son los negocios) advirtió la crisis mundial de la educación. Ejemplo de incoherencia: quienes elaboraron la recién aprobada LGSPD oyeron la insistente demanda de que los maestros trabajen de forma colegiada y que la escuela se constituya en una comunidad de aprendizaje; bien, pues incluyeron en esa ley una declaración al respecto, faltaba más. Pero toda la ley la contradice e impone una fórmula organizacional y administrativa vertical que incluso en el mundo empresarialavanzado ha sido superada hace muchos años.
El maestro Armando Peraza, de la Universidad Pedagógica Nacional, lo expresa en estos términos: La evaluación de los maestros no es la solución, ni siquiera se acerca a ella. Desde la visión de las ciencias de la organización, la calidad pasa por el trabajo en equipo. Estas ciencias destacan la necesidad de impulsar sinergias mediante la creación de condiciones que propicien la consolidación de equipos autogestivos en las escuelas que periódicamente se recompongan para obtener un mejor rendimiento y productividad, generándole amplios beneficios a la organización. El problema educativo requiere una reforma organizacional, no una reforma punitiva como la planteada, que sólo ataca el síntoma y no la enfermedad.
Si los reformadores de nuestro sistema educativo quisieran informarse de lo que están hablando, podrían asomarse, por ejemplo, a los proyectos de comunidades de aprendizaje que en la propia SEP ha elaborado e impulsado, con gran éxito, Gabriel Cámara, doctor en educación por la Universidad de Harvard y asesor de dicha secretaría. Hace unas semanas, en una entrevista que le hizo La Jornada, el doctor Cámara se refirió así respecto de la actual reforma educativa: “Su pobreza se ve en que se centra en la evaluación. Es una reforma superficial. En el terreno laboral se busca tener más control. Se podrán quitar algunos excesos del sistema, como la venta de plazas, pero centrar el cambio en la evaluación está mal. Estados Unidos, de donde copiamos estos modelos, está abandonando la evaluación estandarizada y los modelos de privatización de la educación, como la escuela chárter. Se comprobó que no son mejores que las públicas, pero nosotros vamos con retraso, aún lo queremos imitar. Ese es el riesgo”.
Los propios maestros de la CNTE han elaborado e impulsado varios proyectos pedagógicos en Oaxaca, en Michoacán, en Guerrero, a los que me he referido en este espacio, con resultados valiosos, que logran a la vez enriquecer la educación y propiciar el desarrollo profesional del magisterio. Estos esfuerzos han sido ignorados por los autores e impulsores de las reformas actuales. ¿Cómo es posible que en vez de discutir estas cuestiones, el gobierno acuda a los robocops y sus toletes? Es claro que, en vez de escuchar a los maestros, obedece al belicoso presidente de Mexicanos Primero (Televisa), quien con actitud provocadora advirtió: Si no hay turbulencias quiere decir que no estamos haciendo lo suficiente.
La lucha de la CNTE sigue, sus demandas son legítimas, son necesarias, sus resultados son efectivos.

24 de septiembre de 2013

Desinformémonos #111


Reportajes México

JAIME GARCÍA LEYVA, EDITH NA SAVI
JAIME GARCÍA LEYVA
EDITH NA SAVI

ADAZAHIRA CHÁVEZ

ADAZAHIRA CHÁVEZ
FOTO: JAMIE FORDE

ISAAC SÁNCHEZ
FOTO: ALBERTO PUENTE / LA JORNADA

SANTIAGO NAVARRO

OTRAS VOCES, OTRA HISTORIA, Y DESINFORMÉMONOS


Reportajes Internacionales
CAROLINA BEDOYA MONSALVE

MARÍA LANDI
FOTOS: KEREN MANOR/ ACTIVESILLS Y M. LANDI

IVONNE YÁNEZ, ACCIÓN ECOLÓGICA

NICK ESPINOSA
TRADUCCIÓN: CLAYTON CONN

CARLOS EDUARDO MARTINS
TRADUCCIÓN: BRISA ARAUJO


Imagina en Resistencia
ROAR COLLECTIVE
TRADUCCIÓN: ADAZAHIRA CHÁVEZ

Fotoreportaje
FOTOS: TRABAJADORES UNIDOS
MÚSICA: “AIN’T GONNA LET NOBODAY TURN ME ’ROUND” – SWEET HONEY IN THE ROCK
TEXTO Y PRODUCCIÓN: DESINFORMÉMONOS

Video
DESINFORMÉMONOS
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skype: desinformemonos
________________________________________________________
"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti.

10 de septiembre de 2013

La Lucha por la Educación Pública, Gratuita y Digna.

En días recientes fue aprobada por el Congreso de la Unión la Reforma Educativa compuesta por tres leyes secundarias: la del Instituto Nacional de Evaluación, la General de Educación y la General del Servicio Profesional Docente. La aprobación se hizo a pesar de las intensas movilizaciones que aún realizan en todo el país los maestros organizados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, cuyas propuestas fueron ignoradas por los legisladores luego de algunos simulacros de diálogo de la parte oficial.
Desde que fue presentada la Iniciativa de Reforma Educativa, los maestros democráticos organizaron la resistencia que se recrudeció al iniciar el ciclo escolar 2013­-2014 a través de manifestaciones masivas, paros laborales, marchas, volanteo, caravanas, toma de carreteras, bloqueo a la Cámara de Diputados, bloqueo al Aeropuerto de la Ciudad de México y un plantón en el Zócalo.
Los trabajadores de la educación no sólo han resistido las incomodidades de una lucha desigual frente al poderío del Estado, sino que también han enfrentado una intensa campaña discriminatoria y de linchamiento en los medios de comunicación, que los califica de vándalos, flojos, mugrosos, gorilas y otras etiquetas que buscan desprestigiar y desacreditar el movimiento ante los ojos de la ciudadanía.
Como lo han mencionado los propios maestros, la Reforma Educativa en realidad es una reforma laboral que elimina derechos conquistados por los trabajadores de la educación a lo largo de muchos años de lucha. La reforma fue diseñada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico para su aplicación en México y es parte del menú hecho para agradar a las grandes empresas que buscan invertir en el jugoso negocio de la educación en cuanto se haga realidad el desmantelamiento total de la escuela pública.
Dicha reforma convierte a la educación en una mercancía sometida a las leyes del mercado, donde el maestro pasa a ser un empleado sin derechos, en peligro permanente de despido y condicionado a evaluaciones constantes a cargo de personas ajenas a los problemas diarios de la escuela y a las condiciones de pobreza en que viven los alumnos y sus familias.
En lo esencial la reforma establece evaluación obligatoria para los maestros, concursos de oposición, sanciones y despido masivo de profesores para renovar la planta eliminando los derechos laborales, sin posibilidad alguna de defensa legal para los afectados. Es decir, se trata de una evaluación que castiga a los trabajadores de la educación con el fin de eliminar a la escuela pública para ponerla en manos de la iniciativa privada.
Desde el inicio de su gestión, el gobierno de Peña Nieto no vaciló en darle continuidad a la política neoliberal de los gobiernos anteriores, con la sola diferencia de que ésta vez ha pisado el acelerador hasta el fondo, sin miramientos de ningún tipo, impulsando la aprobación “fast track” de reformas estructurales.
A la Reforma Educativa, elaborada, presentada ante el Congreso de la Unión y aprobada en un tiempo récord aprovechando el periodo vacacional decembrino de los maestros, le han seguido en cascada otras reformas que buscan entregar las riquezas naturales del país a los grandes capitalistas nacionales y extranjeros.
Como antecedente a estas iniciativas siempre observamos el despliegue de grandes campañas en los medios de comunicación, que buscan convencer a las población de la “necesidad” de las reformas como forma de “mover a México”, sacarlo de su inercia y elevarlo al nivel de las grandes potencias mundiales mediante el impulso de la competitividad y la productividad.
Con el supuesto de que México no tiene otra opción que integrarse a la economía global, el capitalismo salvaje y depredador busca salvar su crisis aumentando el saqueo de los países pobres, obligando a los gobiernos títeres de todo el mundo a promover reformas para eliminar los derechos sociales y abrir las puertas a la inversión extranjera. En menos de un año, éstas medidas le han ganado a Peña Nieto el repudio generalizado de la población, al grado de que las páginas oficiales de la Presidencia de la República que se anuncian en internet se ven inundadas de comentarios que reflejan el hartazgo de la sociedad por los altos niveles de inseguridad, carestía, desempleo y deterioro en los niveles de vida de la población trabajadora. Con la reforma energética se abren las puertas a la inversión de las empresas extranjeras y al saqueo de país, gracias al Estado servil representado por Enrique Peña Nieto.
Sabiendo que éstas medidas aumentan la irritación social, el Estado prepara medidas de contención y represión, fortaleciendo su aparato policiaco y militar, aplicando estrategias utilizadas en otros países que cuentan con más experiencia en disolver grandes protestas sociales. Por ejemplo, se anuncia la organización de la Gendarmería Nacional (copia de Francia) y el establecimiento del mando único de las policías para concentrar datos a nivel nacional mediante el intercambio de información entre los servicios de inteligencia.
La organización del aparato represivo se convierte en una tarea de máxima importancia para el Estado que contener y controlar las protestas masivas que se anticipan como resultado de las reformas estructurales para beneficio de las empresas trasnacionales que buscan saquear las riquezas naturales del país, especialmente el petróleo y la energía eléctrica. Como parte de la estrategia del Estado, vemos como se exhibe en los medios de comunicación el despliegue del aparato represivo en los momentos de mayor irritación social, con el fin de transmitir miedo e impotencia.
Hoy mediante la campaña mediática previa a la aprobación de toda reforma, nos vuelven a bombardear con las “bondades” de una reforma energética que permitirá bajar las tarifas en el consumo de energía eléctrica y los costos del gas natural. Sabemos que esas son patrañas, como lo han sido las promesas anteriormente difundidas por los grandes medios de comunicación controlados por el Estado.
Con la Reforma Energética viene la Reforma Hacendaria, mediante la cual se busca cargar sobre la población trabajadora el costo de la venta del petróleo al extranjero, aplicando impuestos a los alimentos y medicinas y justificando la cacería contra miles de personas que encuentran en el comercio informal la única manera de sobrevivir ante la carencia de empleos.
Más irritación social y más represión, pero también más necesidad de organizar el repudio de la sociedad para detener la barbarie del capitalismo tardío que busca someter al país con toda su fuerza y con todos los medios a su alcance.
VIVIR POR LA PATRIA O MORIR POR LA LIBERTAD

Despojo laboral docente.

Por: Manuel Fuentes Muñiz* / La Jornada.
La apresurada aprobación de la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) en medio de vallas y cercos policiacos pretende consumar una de las mayores atrocidades en contra de los trabajadores de nuestro país: convertir los derechos laborales magisteriales en un despojo.
Borrar en esa ley conceptos como: trabajador, sindicato, condiciones generales de trabajo, estabilidad en el empleo, bilateralidad y dignidad es la muestra de que en este gobierno se aborrecen los derechos laborales. La sola mención en esa legislación de los tribunales y las leyes del trabajo no basta; es sólo un engaño para justificar la anulación de los derechos sociales para en su lugar imponer el autoritarismo.
En temas como el ingreso, promoción y reconocimiento en el servicio, los docentes ya no tendrán injerencia alguna; serán simples sujetos administrativos, algo así como objetos inertes sin derecho a opinar: calla, obedece y acata será la norma a seguir.
La estabilidad en el empleo ha sido anulada. En la nueva ley cuando la autoridad decida el cese éste se aplicará de inmediato; ya no habrá juicio previo ni resolución de las autoridades laborales para autorizar la separación. Primero se mandará a la calle al docente y luego se investigará por el tribunal laboral si el despido fue correcto. La autoridad patrón dirá:
–Te corro y luego investigamos.
Ya no existirán las actas administrativas con presencia sindical donde la autoridad en su carácter de patrón esté obligada a demostrar cara a cara, con testigos y documentos a la vista, la causal del cese.
En su lugar existirá un procedimiento sumario y privado. En un escrito se le notificarán al afectado las presuntas irregularidades cometidas para que las responda en no más de 10 días y en un plazo igual la autoridad dé a conocer su resolución definitiva. Si a criterio de ésta procede la separación, el docente al instante de la notificación estará impedido de ingresar al centro de trabajo.
El profesor afectado deberá someterse sin remedio, ya en la calle, a la insufrible burocracia de los tribunales laborales durante siete y hasta diez años.
¿De qué servirá a los maestros acudir a los tribunales laborales si antes les fueron cancelados sus derechos básicos de estabilidad en el empleo? Esas instancias de la llamada justicia laboral están carcomidas intencionalmente al no suministrarles el Estado ni recursos económicos ni personal suficiente.
En estos tiempos y con este tipo de legislaciones se pretenden desaparecer los derechos laborales por decreto simple. Que los libros y estudios de derecho laboral sean cosa del pasado. Que en las universidades ya no se enseñe derecho del trabajo, como en la Universidad Autónoma Metropolitana, donde se pretende desaparecer la especialidad laboral porque no es de utilidad.
En la LGSPD impera la razón de un solo hombre. El secretario de educación pública federal podrá a través de lineamientos imponer criterios hasta a los gobiernos de los estados. Podrá autorizar parámetros e indicadores en el ingreso, promoción, reconocimiento y hasta para la permanencia en el empleo (artículo 7 VII).
Es un engaño de los legisladores mencionar que en la iniciativa se rescató el nombramiento definitivo cuando la permanencia en el empleo de los docentes será menos definitiva que nunca.
La separación de los profesores será discrecional en todo momento. La autoridad determinará las causas, los procedimientos, validará las pruebas acusatorias en contra de un docente y hasta podrá interpretar unilateralmente la LGSPD para estar por encima de cualquier instancia.
Será un jurado de una persona: el mismo patrón acusará y condenará. Ella misma se dirá a sí misma: –yo tengo la razón y yo soy la justicia.
En las 12 causales de separación, previstas en la nueva ley, se otorgan facultades ilimitadas a la autoridad para dar por terminados los efectos del nombramiento siempre sin su responsabilidad. Que haga lo que le plazca, que no tenga contrapesos porque los derechos laborales le estorban.
Debe saberse que los derechos laborales no son concesión de ninguna autoridad; son derechos históricos reconocidos en la Constitución y en los tratados internacionales. Por más que los conspicuos legisladores traten de borrar esos derechos no podrán desaparecer.
El derecho laboral como un derecho social fue creado para lograr salarios decorosos, empleos estables, condiciones de trabajo dignas con respeto a la vida e integridad física y moral. Cuando se llevan acciones legislativas y de gobierno para derogar derechos humanos de cualquier manera es la prueba que vivimos en el autoritarismo.
* Doctor en derecho, miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos
Twitter: @Manuel_FuentesM

5 de septiembre de 2013

¿Y la reforma educativa cuándo?

Por: Manuel Pérez Rocha / La Jornada.
El contenido y la forma se corresponden perfectamente: las sesiones de las cámaras de Diputados y Senadores fueron una farsa, el interés del gobierno por escuchar a los maestros fue otra farsa, y la llamada reforma educativa es otra. En esas sesiones de las cámaras quedó claro que lo que nos gobierna no es una democracia imperfecta, sino la falsificación cínica de cualquier idea de democracia. La llamada reforma educativa no es sino una contrarreforma laboral que anula el derecho a la contratación colectiva y persigue varios fines políticos: a) someter a los maestros disidentes que han combatido durante 30 años a la corrupta mafia priísta que controla al SNTE (también coludida con el PAN), b) asumir el control del SNTE mediante la estructura de Gordillo sin Gordillo, c) lograr pronta legitimidad del gobierno de Peña ante la plutocracia que manda en este país, ante los organismos internacionales que han exigido estas contrarreformas (OCDE y Banco Mundial) y ante una opinión pública fanatizada por los medios.
Sin duda los legisladores no pueden ser expertos en todo, pero, si en verdad quisieran mejorar la educación buscarían la asesoría de los propios maestros y de quienes sí han estudiado los problemas educativos (investigadores, universidades, agrupaciones profesionales) y no cometerían las barbaridades que estamos viendo. Por ejemplo, contamos con un activísimo Consejo Mexicano de Investigación Educativa que agrupa a varios cientos de académicos de todo el país, especialistas en esta materia; hay ahora un grupo de cinco expertos en educación, reconocidos como tales por el Senado de la República que dirigen al INEE. ¿Por qué no se les consultó? ¿O se les consultó en lo oscurito? Pues en tal caso fue inútil, en las reuniones de diálogo entre los representantes de la CNTE y los legisladores se exhibió claramente que éstos (hubo dos o tres excepciones) no tenían idea de lo que se estaba hablando, ¡pero hablaban!
Cabe reiterar que la educación es uno de los asuntos más complejos en la vida de las personas y de las sociedades. Pero en espacios tan importantes como la SEP y el Congreso de la Unión (y otros como la televisión), la educación es vista como algo simple: consiste en que los maestros den clases y que los estudiantes aprueben exámenes. Las clases son vistas como la esencia misma de la educación. Que los estudiantes pierdan clases es considerado como la peor tragedia; si los resultados en matemáticas son insatisfactorios, pues a aumentar el número de horas de clases de matemáticas; si en general los resultados de la educación básica no satisfacen, pues a aumentar el número de horas de clases de lo que sea (las escuelas de tiempo completo). Peña Nieto en su no informe hizo alarde de que la mayor parte de los maestros están dando clases. Incluso, de acuerdo con las nuevas leyes, si los docentes no aprueban las evaluaciones, pues hay que darles cursos, clases.
La concepción simplista del maestro como impartidor de clases evidencia la total ignorancia acerca de la complejidad de los retos actuales de la educación. La prevalencia de este obsoleto método, la clase, consistente, en general, en la transmisión oral de información de un profesor a un grupo de estudiantes (también llamado la clase) es uno de los factores intraescolares determinantes de los resultados insatisfactorios del sistema educativo formal. Este es, junto con planes, programas y otros, un elemento central del modelo educativo del que sin saber hablan los legisladores, que la reforma educativa no toca, y cuya revisión se dejó para después (¡!).
Cambiar ese modelo implica atender varios aspectos. Por ejemplo, el trabajo de los maestros, y el de los estudiantes, y sus resultados, dependen en gran medida de las herramientas disponibles. Un locutor de televisión exigía a los maestros que dejen las calles y retomen el gis y el pizarrón, sin darse cuenta de lo que decía, de lo deplorable que resulta que ésas sean las únicas herramientas para la mayor parte de los maestros mexicanos. Cerca de la mitad de las escuelas del país no cuentan con biblioteca, más de 90 por ciento no tienen laboratorios, la Enciclomedia fue un costosísimo fracaso, hay una gran cantidad de telesecundarias ¡que no tienen televisión!
En su no informe, Peña Nieto anunció la compra de otras ¡240 mil computadoras! para estudiantes de primaria. Medida disparatada sin otro fin que el relumbrón y el negocio.
Las computadoras e Internet son herramientas útiles para quienes tienen ya un mínimo de intereses intelectuales y culturales, y un mínimo de herramientas conceptuales que se adquieren mediante un trabajo en el que los libros, la escritura, la discusión y el diálogo son esenciales. De otra forma las computadoras e Internet se convierten en un entretenimiento que distrae a los estudiantes y los aleja del desarrollo intelectual. Antes que nada debe dotarse de libros suficientes a todas las escuelas y reorganizar el sistema educativo para que se usen.
Los fanáticos de la tecnología deberían dar por lo menos una revisada al otro extremo, por ejemplo el conocido Colegio Waldorf de la Península de Sillicon Valley, California. En un reportaje titulado Los gurús del Sillicon Valley eligen para sus hijos la enseñanza escolar sin computadoras se señala que las principales herramientas de enseñanza del colegio son todo menos alta tecnología: lápices y papel, agujas de coser y, ocasionalmente, barro. Ni un ordenador a la vista. Absolutamente ninguna pantalla.
No se propone que nuestros gobernantes copien ese modelo. Precisamente, la copia dócil de las políticas educativas del gobierno estadunidense es lo que origina la nefasta reforma educativa actual. Es necesario que las reformas, urgentes, de nuestro modelo educativo (que se menciona en un transitorio de la nueva ley para atender tardíamente una exigencia de la CNTE), y que deberían anteceder a las medidas de carácter administrativo y laboral ya impuestas, se sustenten en la experiencia de nuestros maestros, y en la investigación y los conocimientos generados en nuestras instituciones académicas.
Al concluir este artículo leo la declaración del secretario Chuayffet de que en 12 años van a renovar al 60 por ciento de la planta docente. Esto implica despedir 75 mil maestros al año y contratar otros tantos. ¿Qué es esta declaración? ¿Una provocación perversa?

Magisterio y reforma educativa: las plazas y la plaza.

Por: Luis Hernández Navarro (@lhan55) / La Jornada.

"Si no se recuperan las plazas, no se recupera la plaza", advirtió el 10 de septiembre de 2012 Claudio X. González, secretario de Educación sin cartera, al entonces presidente electo Enrique Peña Nieto. Su recomendación sintetiza el objetivo central de la ley del servicio profesional (LSPD) recientemente aprobada: quitarle a los maestros sus plazas.

La nueva norma pretende cambiar el modelo de control del magisterio nacional, de uno basado en dirigentes sindicales corruptos estilo Esther Esther Gordillo a otro sustentado en la inseguridad y la precariedad laboral y el fin de la bilateralidad. Donde antes había corporativismo gremial, ahora habrá una combinación de fuerzas del mercado, desregulación laboral y autoritarismo de funcionarios educativos.
Esta modificación no busca prescindir de los liderazgos sindicales corruptos. Menos aún, permitir la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Pretende que los líderes gremiales tengan menos poder, sean más serviles a la autoridad y que los maestros le teman a ésta.
El nuevo modelo de control tiene como objetivo facilitar y permitir la discrecionalidad en la contratación y el despido de los maestros; reducir al mínimo la estabilidad laboral y sus conquistas gremiales; limitar su autonomía en el proceso de enseñanza; imponerle responsabilidades desmedidas; desalentar su organización y resistencia; acabar con el normalismo, y abrirle paso a las escuelas chárter o de concertación (instituciones escolares administradas por la iniciativa privada con dinero público).
La nueva legislación hace retroceder más de 50 años la rueda de los derechos laborales en el país. A partir de ahora, según el transitorio segundo de la LSPD, los maestros deben olvidarse de sus conquistas gremiales. Sin el menor respeto al artículo 14 constitucional, que señala que ninguna ley es retroactiva en perjuicio de persona alguna, barre de un plumazo con los derechos adquiridos en más de cinco décadas de luchas.
A esta operación de despojo de sus derechos se le ha disfrazado de acción en su defensa. Las relaciones de trabajo del magisterio –se dice en el texto– se regirán por la legislación laboral aplicable, salvo en lo dispuesto en esta ley. ¿Y qué dispone la ley?: derogar los derechos adquiridos que se le oponen.
Los problemas que la ley tiene son muchos. Por principio de cuentas, las autoridades educativas encargadas de evaluar la calidad de los maestros carecen de la calidad para hacerlo. Esas autoridades no son especialistas educativos ni pedagogos ni maestros. Son, en la mayoría de los casos, funcionarios ligados a la burocracia federal que administra la Secretaría de Educación Pública y a los gobernadores en los estados. Ellos no son evaluados; rinden cuentas a sus jefes. ¿Podrán garantizar que la educación mejore? Evidentemente no.
La nueva ley pone sobre los hombros de los maestros de banquillo obligaciones desmedidas en la enseñanza que no son, en realidad, competencia suya. Los define como el profesional responsable del proceso de enseñanza aprendizaje, promotor, coordinador, facilitador, investigador y agente directo del proceso educativo. Con ello, los hace responsables de las deficiencias educativas y los sujeta a ser evaluados en áreas en las que no se desempeñan, con la amenaza de ser sancionados.
La nueva normatividad manipula tres conceptos centrales del derecho para precarizar las condiciones de estabilidad en el empleo, una conquista legal que implica asegurar y proteger la permanencia y continuidad del vínculo laboral. Estos conceptos son: permanencia en el servicio, inamovilidad y causales de despido.
Si en su acepción original permanencia quiere decir continuidad no interrumpida de las relaciones laborales, la LSPD amplía el significado del término hasta desvirtuarlo, estableciendo que se trata, tan sólo, del tiempo que el docente dura en su empleo.
Este engaño lingüístico implica la práctica desaparición de la inamovilidad laboral, es decir, que un maestro va a poder ser despedido por razones distintas a las que la ley burocrática establece como causa justificada. De manera tramposa, la nueva norma garantiza la permanencia definitiva en el servicio público siempre y cuando el maestro se sujete a los procesos de evaluación y a programas de capacitación. Reconoce un nombramiento definitivo pero permanentemente condicionado.
Adicionalmente, amplía los motivos para despedir a los maestros, y crea causas genéricas para justificarlo, contrarias a las establecidas en la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado. Establece un procedimiento autoritario que permite la separación del docente sin derecho a audiencia previa.
El principio de bilateralidad, esto es, de la negociación conjunta de las condiciones de trabajo entre la autoridad, los maestros y su organización gremial, se desvanece. Ahora es la autoridad la que, de manera unilateral, fija las reglas del juego, sin que los maestros y su sindicato puedan defenderse.
A contracorriente de la tendencia mundial a la descentralización administrativa y de la federalización educativa en nuestro país, la LSPD nos regresa al centralismo más retrógrado. La nueva legislación autoriza al Ejecutivo a pasar por encima de la soberanía de los estados para imponer lineamientos en el terreno de la enseñanza.
A pesar de que fue votada en nombre de la calidad de la educación, la nueva norma tendrá graves repercusiones en ella. Inevitablemente la deteriorará. Para mejorar el sistema educativo se requiere, entre otras medidas, de profesionalizar al magisterio. Y esto se logra dándole certidumbre, seguridad en el empleo, no reduciendo su estabilidad laboral, facilitando el despido y evaluándolo punitivamente.
El gobierno de Enrique Peña Nieto y los empresarios tienen su ley. A cambio van a perder la tranquilidad. Al aprobarla burlándose de los profesores abrieron una caja de Pandora. Es cierto, despojaron a los maestros de sus plazas, pero no podrán ganar la plaza.

3 de septiembre de 2013

La fiesta brava de una contrarreforma educativa aprobada de panzazo.

Por: Sebastián Liera.

Hacia finales del siglo pasado, en mitad de una charla con las y los integrantes del grupo de teatro Ser Undocumented de la Universidad de California (UCLA), quienes habían visitado el estado de Morelos para tener una residencia artística con quienes entonces éramos parte del Grupo Cultural Zero dirigido por Eduardo López Martínez, salió a colación que ambos colectivos habíamos llevado a cabo sendas prácticas escénicas con un detalle en común: el uso de la corrida de toros como metáfora de la relación de dominación entre las clases dominantes y dominadas. En la performance de Ser Undocumented, el torero era la Estatua de la Libertad y el toro un migrante; en nuestro sketch de carpa callejera, el torero era un patrón y el toro un trabajador.

Quince años después, no puedo evitar pensar en la misma metáfora después del linchamiento mediático de que han sido diana las y los maestros que se manifiestan en contra de las llamadas “reformas estructurales”, especialmente las que significan una contrarreforma en términos educativos y laborales, y, sobre todo, después de la represión orquestada entre los desgobiernos federal y de la ciudad de México el pasado 1 de septiembre: el #1Smx. Sin embargo, lejos de suponer que el toro son las y los profes que una vez más salen a la calle para, como ellas y ellos dicen, dar lección de dignidad, el toro es la así llamada sociedad civil o, en su defecto, la ciudadanía.

En cuanto a la así nombrada fiesta brava, soy oriundo de Villamelón; no obstante, creo entender que cuando el torero cita al toro para que éste lo embista se dice que echa mano del engaño; el engaño, según entiendo, suele ser el capote o, posteriormente, la muleta y con éste se consigue que el astado entre a la jurisdicción del diestro las más de las veces humillado. A principios de 2012, Mexicanos Primero, cofundada y presidida por uno de los también cofundadores de Fundación Televisa, Claudio X. González Guajardo, citó a la sociedad civil para que ésta entrara en su jurisdicción y como engaño empleó un largometraje documental dirigido por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola: ¡De panzazo!

La película, con guión del mismo Loret de Mola, se erigía paladín a favor de una educación de excelencia y, por ende, lanzaba luz sobre una verdad incuestionable: la deficiencia de nuestro modelo educativo; solo que enfocaba sus baterías aparentemente críticas y supuestamente objetivas en contra de las y los maestros y se cuidaba de no decir absolutamente nada del papel de alienación y sujeción que Televisa, empresa de la que González Guajardo fue vicepresidente  corporativo, ha jugado a favor de ésa misma deficiencia desde que “El Tigre” Azcárraga Milmo reconoció ser “un soldado del PRI”.

Para que ¡De panzazo! calara hondo en el ánimo ciudadano aprovechó el caldo de cultivo que prevalecía por la justa indignación tras la proyección, tres años atrás, de Presunto culpable, segundo documental del abogado Roberto Hernández con producción suya y de su esposa, la también abogada Layda Negrete, desvelando para quienes no suelen ver las uñas sucias de la miseria (Benedetti dixit) la podredumbre del aparato de justicia en México. Hoy por hoy, el linchamiento que iniciara con ¡De panzazo! el virtual secretario de educación de facto peñanietista, mientras el titular de jure debe estar echándose unos chincholes como cuando la firma de los Acuerdos de San Andrés, ya rindió sus frutos.

Para decirlo con Gramsci, esto se llama hegemonía cultural de la clase dominante: cuando “los propios intereses corporativos (…) superan los límites de la corporación de un grupo puramente económico y [se convierten] en los intereses de otros grupos subordinados”, se alcanza la fase más estrictamente política de la hegemonía; hegemonía que “no puede dejar de ser también económica [pues] no puede no tener su fundamento en la función decisiva que el grupo dirigente ejerce en el núcleo decisivo de la actividad económica”.

¡De panzazo! fue para Mexicanos Primero el capote con el cual la clase dominante de este país metió a la informe sociedad civil, vuelta toro, al engaño de los intereses corporativos de sus productores, los mismos que desde los medios de “información” capitalista se aliaron con lo peor de la clase política para ocupar la Presidencia de la República, hasta hacer que su hipócrita discurso por una calidad educativa, bajo las directrices neoliberales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sirviera de ariete en la descalificación a ultranza de las y los trabajadores de la educación articulados en la CNTE y se volviera hegemónico.

La faena continúa y las y los cómplices de González Guajardo en el poder Legislativo hacen lo propio cual obediente y leal cuadrilla, aprobando las “reformas estructurales” en materia laboral y de educación que, abrigado por las Fuerzas Armadas, su cómplice (acaso su títere) en el Ejecutivo defendió de nuevo el pasado 1 de septiembre; claro que, como se dice desde unas escuelitas muy otras, zapatistas para mayor muina de algunos González y no pocos Guajardo, falta lo que falta.

Claudio X. González y la política.

Por: Luis Hernández Navarro / La Jornada.
A Claudio X. González Guajardo, presidente de Mexicanos Primero, le gusta presentarse como un empresario y activista social que lucha por elevar el nivel educativo de los mexicanos. Su lema es ¡más educación, menos política!; sin embargo, su actividad central es la política.
No es esa su única contradicción. Se asume como representante de la sociedad civil, pero aboga en favor del mundo empresarial. Pontifica desde el púlpito de una supuesta superioridad moral ciudadana sobre políticos, maestros y sindicalistas, pero impulsa una agenda claramente patronal. Presume ser garante de lo público, pero invariablemente defiende intereses privados.
El empresario asegura que ninguna reforma es más importante como la reforma estructural educativa que requiere imperiosamente México. Pero, en nombre de ella, se dedica a hacer grilla en favor de intereses ajenos a la enseñanza.
Su caso es emblemático de cómo hacer de la filantropía un buen negocio y de la educación una plataforma política. Un solo ejemplo: en julio de 2004, el diputado Omar Ortega Álvarez denunció en tribuna la donación irregular de 44.7 millones de pesos que la Lotería Nacional hizo a la Unión de Empresarios para la Tecnología en la Educación (Unete), una de las organizaciones que González Guajardo preside.
El 10 de septiembre de 2012, el presidente de Mexicanos Primero demandó a Enrique Peña Nieto realizar cuatro cambios en el terreno de la enseñanza.
El primero consiste en recuperar la rectoría de la educación por parte del Estado. “Con el arreglo político-corporativo actual –expresó–, no es posible abordar las transformaciones necesarias.” Para lograrlo sugirió establecer la condición de empleados de confianza a directores y supervisores. Si no se recuperan las plazas, no se recupera la plaza, dijo.
La segunda condición que exigió fue la profesionalización docente, con base en que todas las plazas, y no únicamente las de nueva creación, se concursen; asimismo, pidió instaurar la obligatoriedad legal de la evaluación universal de maestros y desprender de ella consecuencias en la permanencia en el empleo.
El tercer requisito fue dotar de mayor autonomía a las escuelas y mucha mayor participación de los padres. Finalmente, pidió que en el siguiente Presupuesto de Egresos no se contemplen recursos para cubrir las plazas sindicales.
Escasos tres meses después, el Presidente propuso al Congreso una contrarreforma educativa en la que incorporó muchos de los requerimientos hechos por el empresario.
González es un crítico feroz de la educación pública en México. Curiosamente recibe todo tipo de honores de las instituciones escolares privadas auspiciadas por los legionarios de Cristo, la orden fundada por el sacerdote mexicano Marcial Maciel, acusado de cometer abusos sexuales contra menores, plagiar obras y engendrar varios hijos, a pesar de sus votos de castidad. En 2006 le dieron la Medalla Anáhuac en Educación, y seis años después el premio Impulsa al Emprendedor Social de 2012.
Es consejero de diversas asociaciones educativas de claro corte conservador, como la Fundación Carolina, formada por el Partido Popular español, dedicada a formar a las élites de la derecha de América Latina.
Apenas hace unos días, González Guajardo, ex presidente de la Fundación Televisa, sumó Mexicanos Primero a las voces que critican la nueva ley de amparo, reclamo promovido por Televisa y el Consejo Coordinador Empresarial. Qué tiene que ver la ley de amparo con la educación es un enigma. Lo que sí es claro es que la reforma legal afecta intereses de Televisa, empresa de la que fue vicepresidente corporativo.
Hijo de Claudio X. González Laporte, uno de los más prominentes magnates del salinismo, Claudio X. González júnior se ha desenvuelto profesionalmente en el mundo de la política y los negocios de la caridad. Coordinador de asesores de Luis Téllez durante la campaña presidencial de Ernesto Zedillo, en 1994, fue el jefe de unidad de prospectiva y proyectos especiales de la Presidencia. Junto a Fernando Landeros fundó organizaciones filantrópicas como Teletón, Lazos, México Unido y Únete.
Una entrevista que le hizo la revista Expansión en octubre de 2007 introdujo la vocación por las cuestiones educativas del ex presidente de la Fundación Televisa diciendo: “Los niños y jóvenes de escuelas públicas cada vez salen peor preparados que los de la generación anterior... No saben leer, no saben multiplicar, no recuerdan a los héroes patrios. Van mal en matemáticas, español, ciencias y computación. Saben mucho de Chespirito pero nada de inglés... ¿Quién va a contratar a estos mexicanos pasivos que nunca aprendieron el valor de pensar, discutir o investigar?”
El empresario es un cruzado que mezcla en su guerra santa contra los maestros los llamados de la fe y los negocios. En sus discursos clama, insistentemente, para que se prendan hogueras purificadoras en contra del magisterio nacional. En junio de 2011 llamó a cerrar las escuelas normales, porque hay muchas muy mediocres y unas que son un hervidero de política y de grilla... ¿Cuándo nos vamos a atrever a cerrar y a meter la lana a las que van a preparar a los maestros del futuro de nuestro país? Y advirtió: Se va a requerir de mucha voluntad y de mucho valor y de que nos aguantemos la turbulencia, porque sin turbulencia no hay cambio.
Esos llamados al valor rindieron frutos. El 12 de diciembre de 2011 fueron asesinados por la policía, en Chilpancingo, Guerrero, los jóvenes normalistas rurales Gabriel Echeverría y Jorge Alexis Herrera, cuando defendían su escuela. El 15 de octubre de 2012, en Michoacán, policías estatales y federales golpearon salvajemente y detuvieron a 176 normalistas rurales, y prendieron fuego al estado.
No contento con los frutos trágicos de sus proclamas, González Guajardo estuvo a comienzos de febrero pasado en Michoacán para exigir mano dura contra el magisterio de la entidad. Fausto Vallejo, gobernador del estado, tuvo que frenarlo.Michoacán no puede aceptar calificativos, sólo razones y cifras, señaló el mandatario.
Pero a Claudio X. González le tiene sin cuidado que el país arda. Lo suyo es hacer política en nombre de la enseñanza. Él sigue adelante con su prédica denigratoria contra el magisterio y la educación pública. Sólo que, ahora, los maestros se están hartando.

Desinformémonos #108


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