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1 de agosto de 2012

Las FARC tampoco entienden la autonomía indígena.


Quema de armas incautadas a las FARC.
Foto: Tejido de Comunicación Nasa-ACIN.
Miércoles 01 de agosto de 2012 La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) lucha contra el racismo y la ambición del establecimiento y contra la incomprensión e intolerancia guerrillera. La respuesta del comandante del Estado Mayor de las FARC deja en evidencia que el derecho a la autonomía indígena no es respetado por las partes en conflicto.
En medio de un gran patio colocaron un pequeño horno de fundición, de los que utilizan los herreros, y comenzaron el rito de destrucción delas amas incautadas a cuatro guerrilleros  de las FARC. Esa tarde en las montañas de Toribio, ante la mirada silenciosa de centenares de jóvenes indígenas y de sus mayores, los fusiles y tatucos de la guerrilla lloraron mientras se derretían. En el  gran salónestaban los gobernadores de 19 cabildos terminado el juicio a esos guerrilleros que se habían ubicado en una casa cerca al pueblo llevando elementos de guerra ya conocidos por su poder destructivo.
Fueron sancionados con el símbolo tradicional del “fuetazo” y entregados a sus familiares presentes. Después de seis horas de deliberaciones, la asamblea en pleno levantó la mano para respaldar la decisión de las autoridades en contra de las amenazas de la guerra y la presencia de destacamentos armados en sus casas, huertas y predios colectivos.
El mensaje de los Cabildos, en ese acto de destrucción de armas fue contundente: para vivir en paz es urgente desterrar las armas, desarmar la violencia armada. Ellos hablan por su pueblo y lo exigen de inmediato en sus resguardos y territorios ancestrales, pero al mismo tiempo están aportando una invitación a   actuar desde la población desarmada para fundir las armas de guerra con una oposición radical  a toda violencia armada.
Casi al mismo tiempo que se realizaba ese ritual de no violencia, el  21 de Julio se conoció la respuesta de Timolén Jiménez, comandante de las FARC,  a la carta enviada por la Asociación de Cabildos Indígenas del Cauca en mayo de 2012. Esa respuesta deja más preguntas e inquietudes de las que había en 2011 cuando la ACIN cuestionó los métodos y argumentos de las FARC lesivos a la autonomía y a las normas del DIH. 
Ahora Timochenko, contra elementales criterios de distinción de combatientes, define a la guerrilla como población civil víctima del conflicto, justifica la lucha armada como una obligación o necesidad impuesta al pueblo por el sistema político y de acumulación, y aclara que las FARC seguirán acogiendo indígenas en sus filas y dejaran la actividad armada en el Cauca y en territorios étnicos cuando las Fuerzas Armadas y los paramilitares se retiren de todo el departamento. Timochenko acepta hacer lo que vienen haciendo por fuerza de las circunstancias: evitar la ubicación de sus campamentos en medio de los poblados. Sobre los demás temas de la carta enviada por la ACIN o profundiza los desacuerdos o sencillamente no los trata.
Entre los temas que elude Timochenko están las exigencia de aclaración sobre la descalificación a dirigentes indígenas y las amenazas que han obligado a medidas especiales de protección. De manera oblicua el comandante de las FARC se refiere a la historia de “caciques” que sucumbieron a los halagos y a la corrupción, que ahora se repite por las malas amistades de las organizaciones indígenas; así elude prohibir a sus subalternos el señalamiento a los lideres y por el contrario extiende la sospecha a organizaciones que colaboran con los Cabildos en diversas actividades. Tampoco se refiere al uso de armas de efecto indiscriminado, que ya han probado su capacidad de daño destruyendo casas y asesinado a personas inermes. Y menos  se comprometen al no reclutamiento de infantes, menores de edad, como los que llevaron al campamento de Gargantillas y que fueron masacrados en un bombardeo de las fuerzas estatales.
El texto de Timochenko se refiere a la autonomía de los indígenas solo para ponerla en entredicho con el argumento de que muchos actores la interfieren. La argumentación se dirige a igualar a estas comunidades  con el resto de la población en tanto afectadas por la guerra del sistema y de paso omite reconocer los derechos territoriales y los que se desprenden de la particularidad como étnias y pueblos que defienden no solo un espacio sino su cultura, identidad y sus  derechos como autoridades en los resguardos. Contra estos derechos, consagrados universalmente, el comandante Timochenko levanta la acusación de que los indígenas quieren ser una isla, aparte de los campesinos y el resto de la población o que quieren la paz en su pedazo sin pensar en la paz de todos. 
Esta respuesta de las FARC a las demandas indígenas deja más inquietudes que las que existían por sus acciones y pronunciamientos cuando la chiva bomba del 10 de Julio de 2011. Las posiciones de no violencia esgrimidas por los indígenas del Cauca son irreconciliables con la idea de las FARC de que son el pueblo en armas, obligadas por un destino que no controlan a hacer la guerra en donde les parezca necesario. La ACIN en cambio les ha dicho que los indígenas del  Cauca no están en guerra contra nadie y que han escogido la “minga”, la movilización inerme y con la fuerza de la palabra como la vía eficaz para defender su causa. Es evidente que entre todos los mensajes que incomodan al comandante de las FARC, el que más le incomoda es la afirmación de los indígenas de que la lucha armada es hoy en  Colombia una opción equivocada y contraria a las luchas populares. Nadie antes, con tanta autoridad les había dicho que no hay una guerra impuesta sino decisiones políticas que llevan a escoger continuar en armas. En otras palabras le han dicho con cartas o derritiendo los fusiles que están en una guerra ilegitima, convertida en obstáculo para la defensa de las reivindiciones de democracia o buen vivir. A esta convicción profunda de rechazo a la violencia armada, venga de donde venga, difícilmente le responderán los que esperan lograr poder desde la guerra, así sea con la idea de llegar fuertes a hablar de paz con el adversario.
Al ver esa ceremonia de destrucción de las armas o a la guardia indígena retirando trincheras de las fuerzas armadas, no se puede evitar sentir que vientos nuevos recorren las montañas, como un llamado al pacifismo extremo de los desarmados, en contra de toda violencia armada.

31 de julio de 2012

Desinformémonos #51



Reportajes

Entrevista de Adazahira Chávez

Arthur Lorot
Fotos: Encarni Pintado y Arthur Lorot

Jaime Quintana Guerrero

Adazahira Chávez

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Entrevista a Tato Iglesias: El campo de lo popular y los gobiernos “progresistas”

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Violencia policiaca y hambre de justicia en el reino de Disneylandia

Traducción: Amaranta Cornejo Hernández y Sergio Adrián Castro Bibriesca

Frei Betto
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La ciudadanía vasca es la garantía de que el nuestro sea también un proceso desde abajo y hacia la izquierda: Mikel Korta

Desinformémonos

Victoria popular contra el pesticida de la fresa en Estados Unidos

David Bacon
Traducción: Ricardo Montejano

Imagina en Resistencia

Geovanni Zamudio
Foto: Julio Blanco
Fotoreportaje

Fotos: Iván Castaneira
Texto: Desinformémonos
Música: “Virgen de la Candelaria” de Chuchumbé
Producción: Desinformémonos

Video

Realización: Lluis María Güell

Audio

Santiago Navarro F. y Clayton Conn
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skype: desinformemonos
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"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti.

Un David frente a dos Goliat.

Por José Aristizábal/Observatorio ADPI.

Foto: El Universal.com.co
La humanidad ha visto muchas veces el levantamiento de un pueblo ante un ejército imperial o nacional, pero muy pocas veces el de un pueblo frente a dos ejércitos poderosos. Lo que ocurre por estos días en el departamento del Cauca es eso: un pueblo machacado y diezmado durante centenares de años se está enfrentando a dos ejércitos al mismo tiempo. Las Fuerzas Militares de Colombia son un poderoso aparato bélico entrenado, asesorado y dirigido por el Pentágono y el Comando Sur de los Estados Unidos con una experiencia de más de seis décadas de combate contrainsurgente. Mientras que las FARC son, allí en el Norte del Cauca, un ejército guerrillero con fuerza, experiencia y adaptación al territorio al que dicho aparato no ha podido doblegar ni desplazar.

Pero la asimetría que enfrentan los indígenas respecto a sus dos rivales es más escandalosa aún: el Ejército del Estado es uno de los principales actores que definen y ejecutan la política económica y social en la región a través del Plan de Consolidación del Territorio, heredero del Plan Colombia; esto significa que los recursos estatales para los municipios son administrados y entregados directamente por los militares desde sus batallones; es decir, que la política allí está al servicio de la guerra y no se distingue de ésta, lo cual les da otra ventaja adicional. Las FARC, por su parte, se presentan como representantes y depositarias de las luchas populares con lo que pretenden deslegitimar las luchas indígenas y suplantar sus organizaciones, sus autoridades propias, lo cual es un agregado del que extraen otras ventajas. Y frente a ellos, el Nasa es un pueblo que ha sido declarado en estado de extinción física y cultural, tal como la mayoría de los pueblos originarios de Colombia.

A esos dos Goliat, la comunidad Nasa les ha dicho : “váyanse de mi casa”. “No más guerra, no más grupos y ejércitos armados sea quien sea, no más atropellos, no más violaciones, no más invasiones a nuestros territorios.” Y enseguida, en multitud y en medio de bombardeos, ataques y enfrentamientos en los cuales ellos son las víctimas han comenzado a desmantelar las trincheras de la Policía y el Ejército, a desmontar campamentos de la guerrilla, a exigirles cara a cara a cada uno que se retiren de las posiciones que están ocupando en sus territorios. La fotografía de los indígenas levantando de las piernas y los brazos a un sargento armado para retirarlo ha dado la vuelta al mundo. Otras fotografías han mostrado la Guardia Indígena rodeando y expulsando de su posición a grupos de soldados o deteniendo a guerrilleros ¿Puede verse un ejemplo más contundente de valor civil y de coraje? ¿Un caso más aleccionador de independencia y autonomía?

La paradoja de los Nasa, la de un pequeño inerme aparentemente débil que se enfrenta a semejantes aparatos de violencia, sólo es posible por dos condiciones. La una es que ellos encarnan otro proyecto de vida y de sociedad que todos los días se esfuerzan por materializar. Ellos defienden una cosmovisión milenaria de unidad con la Madre Tierra, de reciprocidad y armonía con la naturaleza y con los demás seres humanos, una autonomía cultural y territorial y un autogobierno. Y muchas de sus ideas, que durante siglos fueron excluidas y sepultadas por el colonialismo, ahora vuelven a mostrar su valor ante las crisis que viven la modernidad y la civilización occidental. Paradójicamente, ellos representan el futuro, el camino de las transformaciones sociales y políticas hacia las cuales marcha la humanidad; los otros, el pasado, el colonialismo, el estatismo, el autoritarismo y esto es lo que suscita la creciente solidaridad internacional con su causa.

La otra condición es que sus acciones muestran el camino hacia la paz: que son los movimientos sociales y la sociedad civil quienes deben tomar en sus propias manos el trabajo por la paz. Si el conflicto armado se continua degradando, si sus víctimas son las poblaciones civiles, si al Estado y las empresas extractivas transnacionales les es funcional la guerra para su depredación de los recursos naturales, si el país está hastiado de la guerra, si la guerrilla no tiene la audacia de hacer otras cosas distintas a la reiterada confrontación armada, y si la vía militar ha demostrado que es incapaz de resolver el conflicto, entonces es apenas lógico pensar que sólo una gran movilización nacional, tejida desde abajo, es lo que puede remover los grandes poderes que están detrás de la guerra y presionar su final. Es lo que ellos se han puesto a hacer de manera consecuente y esto los conecta con el clamor soterrado que existe en Colombia por la paz; con esa necesidad que se expresa en las asambleas municipales y regionales constituyentes de paz, en las diversas iniciativas y propuestas de diálogos y acuerdos humanitarios, en las infinidad de actividades comunitarias y ciudadanas que todos los días trabajan por la paz.

Dados los poderosísimos intereses nacionales e internacionales de quienes se lucran de la guerra, es posible que los indígenas del Cauca no logren por ahora liberar a sus territorios de la “enfermedad del militarismo” de sus adversarios. Pero esas dos condiciones o factores de donde brotan su atrevimiento y su osadía se continuarán moviendo a su favor. Hasta ahora, su levantamiento ha despertado al país, ha puesto sobre el tapete la urgencia de la paz, ha movilizado una parte de la opinión pública en su favor y ha logrado que se autoconvoque un encuentro nacional para avanzar en “una ruta social común” hacia un Congreso por la paz.

Si a partir de esto se desata una cascada de acciones y movilizaciones por la paz, si los ciudadanos y ciudadanas de manera individual y colectiva toman mayor conciencia de que la paz está en sus propias manos, si florecen aún más las iniciativas y asambleas constituyentes de paz, y si, producto de todo ello, la solución del conflicto armado se convierte en una causa nacional irreversible que fuerce al Gobierno y a la guerrilla a dar pasos concretos en esa dirección, entonces el impensable pulso del pueblo indígena contra sus victimarios habrá sido un triunfo. Los tiempos de los indígenas son diferentes a los nuestros: otras Mingas, otras intifadas, otros levantamientos, otras movilizaciones, otras solidaridades vendrán no sólo en Colombia sino en todo el planeta.
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