Por: Raúl Romero / La Jornada.
El lunes 11 de mayo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo con el que se "dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública". El acuerdo, fechado el pasado 8 de mayo, es acompañado de las firmas de Andrés Manuel López Obrador y de los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad y Protección Ciudadana.
Al seguir la ruta marcada en marzo y mayo de 2019, cuando con la aprobación de todos los partidos políticos se modificó la constitución y se expidió la Ley de la Guardia Nacional, respectivamente, el acuerdo ahora publicado está en concordancia con la lógica militarista de la actual y anteriores administraciones, y da continuidad a una indirecta y directa militarización de la seguridad pública del país hasta 2024, es decir, durante todo el sexenio de AMLO.
Hay que recordar que, de acuerdo con el cable 06MEXICO505 de WikiLeaks, del 31 de enero de 2006, López Obrador hizo saber al embajador estadunidense, Tony Garza, que quería dar más poder y autoridad a los militares en la guerra antinarcóticos, y que para ello pretendía una enmienda constitucional que no dudaba en obtener.
Llama la atención el momento en que se publica dicho acuerdo: en plena entrada al pico más alto de los contagios de Covid-19, marcado por una fuerte disputa con una parte del sector empresarial y con medios de comunicación nacionales y foráneos; pero también cuando los dos megaproyectos emblemáticos de la actual administración, el Tren mal llamado Maya y el Corredor Interoceánico, han encontrado mayor oposición de los pueblos y sus organizaciones.
De igual forma, entre los nuevos escenarios posibles para México, como consecuencia de la crisis económica global que estaba en curso y que se agudizará con la pandemia, hay que contemplar el descontento de grandes sectores sociales que se verán afectados, así como el ascenso de la migración, y también el crecimiento y expansión de las empresas del crimen organizado, las cuales podrán nutrirse con grandes cantidades de personas que quedarán desempleadas.
El gran poder político, económico y social que la actual administración le ha entregado a las fuerzas armadas es innegable. Si bien con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto la Sedena se convirtió en una gran industria constructora, esto no ha cesado con López Obrador, pues la misma construirá y dará mantenimiento a carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, bancos, hospitales, infraestructura de telecomunicaciones y otras obras.
Según palabras del propio AMLO, los militares construyen ya, con un presupuesto de 10 mil millones de pesos, las primeras mil 300 sucursales del Banco de Bienestar de las 2 mil 700 planeadas. La Sedena también construye el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y se ha anunciado que le otorgarán la construcción de dos tramos del Tren Maya. En lo que respecta al programa Sembrando Vida, se utilizan los 12 Viveros Forestales Militares ubicados en siete estados del país, desde donde se opera la distribución y entrega de las plantas.
También se ha entregado a la Sedena, Marina y Guardia Nacional el control y seguridad de ductos de Petróleos Mexicanos, la distribución de medicamentos y, en días recientes, el control de algunos hospitales.
En lo que se refiere a la Guardia Nacional, en febrero pasado AMLO informó que se habían desplegado 70 mil elementos, pero que el plan implicaba tener 140 mil en todo el territorio nacional para finales de 2020.
Ni antes de la pandemia ni ahora, la ruta de la militarización era opción, sobre todo en nuestro país, donde las fuerzas militares han sido utilizadas sistemáticamente para reprimir y acallar el descontento, para perseguir y desaparecer las resistencias, y también para proteger o fortalecer los negocios de grupos criminales. Los nombres de Ernestina Ascencio y Ayotzinapa, por mencionar algunos, debieran resonar fuerte en la memoria colectiva en estos momentos.
Mientras las fuerzas armadas no sean llevadas ante la justicia por crímenes pasados y presentes, o por su participación en hechos de corrupción, el pacto de impunidad seguirá marcando su actuación. En tanto las fuerzas armadas no sean transformadas a profundidad para obedecer a los pueblos, sujetos de los que emana el poder público, son en realidad una amenaza.
El militarismo es un campo de acumulación de capital, nos advirtió Rosa Luxemburgo, tiene la función de "la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados". Aquí una posible respuesta para entender por qué tanto interés del actual gobierno en los militares: los necesitan para garantizar "el orden y la paz social", para garantizar sus proyectos de "desarrollo".
Nodo-caracol-bitácora virtual de cambalache chorero y otros chunches, abajo y a la izquierda.
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25 de mayo de 2020
BABEL :: Por explicaciones no conspirativas.
Por: Javier Hernández Alpízar / Zapateando.
Frantz Fanon escribió, en Los condenados de la Tierra, que las personas que fueron víctimas de violencia extrema durante la guerra de descolonización en África solían no soportar el absurdo. No podían tolerar la idea de que habían sido víctimas en un mundo absurdo, caótico, violento y todo ello sin un por qué. Era intolerable el absurdo. Para llenar el vacío de sentido del absurdo se inventaban un orden: en el mundo prevalecían los más fuertes y ellos habían sido víctimas por ser débiles, era su “culpa”. Preferían esa explicación que el absurdo.
Parece que nuestras mentes no toleran el sinsentido, no toleran las cadenas causales aleatorias, azarosas, caóticas porque nos parecen absurdas. Tendemos a pensar en una inteligencia que ordena los sucesos de acuerdo a fines y medios. Quizás porque nosotros procedemos así, nos proponemos algo y hacemos lo que es necesario para alcanzar ese propósito.
Tenemos un modelo antropomórfico y teleológico para explicarnos los sucesos del mundo: una mente que pensó, deliberó, planeó e hizo tal o cual cosa. Sin embargo, la ciencia moderna va a contracorriente de esa manera de pensar: la ha descartado por su sentido teológico. Y sobre todo porque no necesita hipótesis finalistas para entender y explicar mejor los fenómenos.
La ciencia piensa en causas y efectos impersonales, que pueden ser caóticos, azarosos, o más ordenados e inteligibles, pero que no obedecen a designios ni tienen finalidades buscadas: la vida surgió como resultado de la entropía, por puros procesos físicos, luego químicos, luego bioquímicos, pero no era un fin buscado ni un propósito. Y la evolución de los seres vivos ocurre sin un designio, sin un plan.
Solamente las pseudociencias, como la economía neoliberal, siguen usando de manera disfrazada el modelo de una providencia, de una “mano invisible” que cumple designios de orden “racional”. Según esa pseudociencias no es necesario planificar la economía porque obedece a un plan “espontáneo”: el capitalismo naturalizado. Metafísica de la peor.
Por eso la ciencia ya no satisface el ansia de sentido de los seres humano de carne y hueso en la escala del mundo de la vida ordinaria: eso que trataban de hacer la magia, los mitos, las religiones y las filosofías precientíficas: decir al ser humano qué propósito y sentido tiene su existencia, su vida, su mundo.
El lugar vacío del sentido narrativo de las vidas y los fenómenos que afectan a los seres humanos no lo llena la ciencia, abstracta, fría, desconocida, ininteligible para la gran mayoría. Ese lugar lo llenan los sustitutos más o menos secularizados de las religiones, las ideologías, con su sentido moral (mejor o peor disimulada su vertiente religiosa). Pero siempre buscamos un sentido narrativo y la presencia de fines buscados por una inteligencia, buena o mala, y en las narrativas más excitantes e impactantes suele predominar la intención mala, parece más “realista”.
De ahí que ante fenómenos complejos de origen combinado social y ambiental, como la actual pandemia del coronavirus Sarscov2 que provoca el padecimiento Covid19, o como los desastres socioambientales asociados con el cambio climático, sean muchísimo más popularmente aceptadas las teorías de la conspiración que las explicaciones de la ciencia.
Las teorías de la conspiración satisfacen el deseo de una narración esencialmente teleológica: una mente o un equipo de mentes perversas conspiran, piensan, deliberan, se complotan y actúan además en secreto, con misterio, con suspenso, con todo el atractivo narrativo al cual nos acostumbraron las literaturas y el cine.
Frente a una historia de una mente malvada y poderosa, las explicaciones de matemáticas, física, química, biología, son extrañas, incomprensibles, inverosímiles para el “sentido común” paranoico.
Además, la paranoia satisface a nuestro narcisismo: nos hace personajes importantes, atacados, perseguidos por seres siniestros y no meramente seres naturales, animales, sometidos a inhumanas y ciegas leyes de causas y azares naturales sin propósito alguno, ininteligibles para el consumidor de narraciones.
Para las mentalidades populares, Scherezada gana la partida a cualquier científico a la hora de “explicar” lo que emerge y nos afecta y, por tanto, nos da temor, angustia y nos provoca rechazo.
Por eso es más fácil para muchos creer en médicos malvados que asesinan pacientes “para extraerles el líquido de las rodillas, que vale más que el oro o el platino”, que creer en una ciencia que habla de virus, microscópicos, invisibles, que evolucionaron naturalmente (sin propósito ni finalidad) y que nos emparentan con los demás seres naturales, especialmente con los animales. ¿No se dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza y por ende somos barro de otro barro?
El único problema es que las narraciones emocionantes de conspiraciones pueden entretener nuestro ego infatuado pero no solucionar los problemas. Para solucionar problemas y tener medicamentos, vacunas, terapias, curaciones, medidas de prevención que sí funciones y sí ayuden a la salud humana y salven vidas, para todo eso, sirven las ciencias y no las teorías de la conspiración.
Por el contrario, las teorías de la conspiración derivan en agresiones irracionales a personal de salud, en incumplimiento de las medidas de prevención, en actitudes y acciones que afectan a la salud y a la vida de muchas personas: ya nos han constado muchas vidas y en el futuro seguirán costando más.
Es la hora de romper el cordón umbilical narcisista que nos ata a las narraciones de hadas y hechiceros y hacernos adultos, con la ciencia como forma de conocimiento del mundo que nos permita enfrentar un planeta que el capitalismo contribuyó a transformar: de una naturaleza hóspita a un planeta lleno de peligros y riesgos.
En el mundo humano sí hay y debe haber fines, metas, utopías, éticas y planes (incluso planificar la economía), políticas, precisamente porque tales propósitos no están ya en la naturaleza ni en ningún orden espontáneo. Pero no nos ayuda extrapolar ese sentido teleológico tratando de moralizar y hacer conspirativa a la naturaleza.
El virus no es un complot, la pandemia no ha sido creada ni esparcida deliberadamente: lo verdaderamente antiético es que los sistemas de salud de casi todos los países hayan sido destruidos por el capitalismo neoliberal, junto con nuestros demás derechos humanos sociales, pero eso no es cosa de la naturaleza, eso sí es una cuestión política, responde a una lucha y correlación de fuerzas social y humana. Ahí sí debemos conspirar, deliberar, organizarnos y alcanzar metas humanas deseables.
Frantz Fanon escribió, en Los condenados de la Tierra, que las personas que fueron víctimas de violencia extrema durante la guerra de descolonización en África solían no soportar el absurdo. No podían tolerar la idea de que habían sido víctimas en un mundo absurdo, caótico, violento y todo ello sin un por qué. Era intolerable el absurdo. Para llenar el vacío de sentido del absurdo se inventaban un orden: en el mundo prevalecían los más fuertes y ellos habían sido víctimas por ser débiles, era su “culpa”. Preferían esa explicación que el absurdo.
Parece que nuestras mentes no toleran el sinsentido, no toleran las cadenas causales aleatorias, azarosas, caóticas porque nos parecen absurdas. Tendemos a pensar en una inteligencia que ordena los sucesos de acuerdo a fines y medios. Quizás porque nosotros procedemos así, nos proponemos algo y hacemos lo que es necesario para alcanzar ese propósito.
Tenemos un modelo antropomórfico y teleológico para explicarnos los sucesos del mundo: una mente que pensó, deliberó, planeó e hizo tal o cual cosa. Sin embargo, la ciencia moderna va a contracorriente de esa manera de pensar: la ha descartado por su sentido teológico. Y sobre todo porque no necesita hipótesis finalistas para entender y explicar mejor los fenómenos.
La ciencia piensa en causas y efectos impersonales, que pueden ser caóticos, azarosos, o más ordenados e inteligibles, pero que no obedecen a designios ni tienen finalidades buscadas: la vida surgió como resultado de la entropía, por puros procesos físicos, luego químicos, luego bioquímicos, pero no era un fin buscado ni un propósito. Y la evolución de los seres vivos ocurre sin un designio, sin un plan.
Solamente las pseudociencias, como la economía neoliberal, siguen usando de manera disfrazada el modelo de una providencia, de una “mano invisible” que cumple designios de orden “racional”. Según esa pseudociencias no es necesario planificar la economía porque obedece a un plan “espontáneo”: el capitalismo naturalizado. Metafísica de la peor.
Por eso la ciencia ya no satisface el ansia de sentido de los seres humano de carne y hueso en la escala del mundo de la vida ordinaria: eso que trataban de hacer la magia, los mitos, las religiones y las filosofías precientíficas: decir al ser humano qué propósito y sentido tiene su existencia, su vida, su mundo.
El lugar vacío del sentido narrativo de las vidas y los fenómenos que afectan a los seres humanos no lo llena la ciencia, abstracta, fría, desconocida, ininteligible para la gran mayoría. Ese lugar lo llenan los sustitutos más o menos secularizados de las religiones, las ideologías, con su sentido moral (mejor o peor disimulada su vertiente religiosa). Pero siempre buscamos un sentido narrativo y la presencia de fines buscados por una inteligencia, buena o mala, y en las narrativas más excitantes e impactantes suele predominar la intención mala, parece más “realista”.
De ahí que ante fenómenos complejos de origen combinado social y ambiental, como la actual pandemia del coronavirus Sarscov2 que provoca el padecimiento Covid19, o como los desastres socioambientales asociados con el cambio climático, sean muchísimo más popularmente aceptadas las teorías de la conspiración que las explicaciones de la ciencia.
Las teorías de la conspiración satisfacen el deseo de una narración esencialmente teleológica: una mente o un equipo de mentes perversas conspiran, piensan, deliberan, se complotan y actúan además en secreto, con misterio, con suspenso, con todo el atractivo narrativo al cual nos acostumbraron las literaturas y el cine.
Frente a una historia de una mente malvada y poderosa, las explicaciones de matemáticas, física, química, biología, son extrañas, incomprensibles, inverosímiles para el “sentido común” paranoico.
Además, la paranoia satisface a nuestro narcisismo: nos hace personajes importantes, atacados, perseguidos por seres siniestros y no meramente seres naturales, animales, sometidos a inhumanas y ciegas leyes de causas y azares naturales sin propósito alguno, ininteligibles para el consumidor de narraciones.
Para las mentalidades populares, Scherezada gana la partida a cualquier científico a la hora de “explicar” lo que emerge y nos afecta y, por tanto, nos da temor, angustia y nos provoca rechazo.
Por eso es más fácil para muchos creer en médicos malvados que asesinan pacientes “para extraerles el líquido de las rodillas, que vale más que el oro o el platino”, que creer en una ciencia que habla de virus, microscópicos, invisibles, que evolucionaron naturalmente (sin propósito ni finalidad) y que nos emparentan con los demás seres naturales, especialmente con los animales. ¿No se dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza y por ende somos barro de otro barro?
El único problema es que las narraciones emocionantes de conspiraciones pueden entretener nuestro ego infatuado pero no solucionar los problemas. Para solucionar problemas y tener medicamentos, vacunas, terapias, curaciones, medidas de prevención que sí funciones y sí ayuden a la salud humana y salven vidas, para todo eso, sirven las ciencias y no las teorías de la conspiración.
Por el contrario, las teorías de la conspiración derivan en agresiones irracionales a personal de salud, en incumplimiento de las medidas de prevención, en actitudes y acciones que afectan a la salud y a la vida de muchas personas: ya nos han constado muchas vidas y en el futuro seguirán costando más.
Es la hora de romper el cordón umbilical narcisista que nos ata a las narraciones de hadas y hechiceros y hacernos adultos, con la ciencia como forma de conocimiento del mundo que nos permita enfrentar un planeta que el capitalismo contribuyó a transformar: de una naturaleza hóspita a un planeta lleno de peligros y riesgos.
En el mundo humano sí hay y debe haber fines, metas, utopías, éticas y planes (incluso planificar la economía), políticas, precisamente porque tales propósitos no están ya en la naturaleza ni en ningún orden espontáneo. Pero no nos ayuda extrapolar ese sentido teleológico tratando de moralizar y hacer conspirativa a la naturaleza.
El virus no es un complot, la pandemia no ha sido creada ni esparcida deliberadamente: lo verdaderamente antiético es que los sistemas de salud de casi todos los países hayan sido destruidos por el capitalismo neoliberal, junto con nuestros demás derechos humanos sociales, pero eso no es cosa de la naturaleza, eso sí es una cuestión política, responde a una lucha y correlación de fuerzas social y humana. Ahí sí debemos conspirar, deliberar, organizarnos y alcanzar metas humanas deseables.
Ideas sobre el contra amor.
Por: luna_zapatista_poliamorosa alias Diana / Las aventuras de una bruja filósofa.
La propuesta contra amorosa no es un mandato para dejar de amar o estar per sé en contra del amor, sino una convidada para reflexionar sobre los modos, acciones y caminos en que has llevado el discurso amoroso en la vida. En la incoherencia, por ejemplo, de decir amar a los gatos y reírte de muchos memes de perros mientras comes pollo y presumes tu foto de un bebe asesinado llamándole ternera. Tomar un “delicioso” licuado con leche de vaca mientras te preparas para ir a la marcha y gritar “va a caer”.
La propuesta contra amorosa, solo es un puente sencillo que sabe que de forma sentí pensada, cientos de afectos nos inundan siempre, que la solidaridad, la compañía, la amistad, el tejido cotidiano de hacer vida por ejemplo, también son fundamentales para el andar y no necesariamente se encierran en un concepto metafísico, sino en una tarea constante de saberse como humano en movimiento que a veces triste, a veces alegre, a veces fastidiado camina e intenta no jerarquizar, no entrarle a la dinámica de la competencia y no le juega a la institución en donde tanto hoy se ha colocado a la “narrativa amorosa”. La propuesta contra amorosa habla de afectos y buen trato, de la erotización de la vida política donde se reconocen las relaciones de poder, pero también se trabaja por las resistencias y las transgresiones, por una búsqueda de un modo constante, de estar no en la entrega irredenta, pero sí en la complicidad de construir acuerdos y cimentar horizontalidad. El contra amor te propone que el amor se escriba en letras chiquitas, nunca más se excluya, diferencie o asesine en su nombre, vivirlo en plural, quitarle la ominipotencia. No quiero llorar por amor, quiero afectaciones como actos de libertad, de alegría, de reflexión por el compartir. Ternura radical y autodefensa feminista.
La propuesta contra amorosa no es un mandato para dejar de amar o estar per sé en contra del amor, sino una convidada para reflexionar sobre los modos, acciones y caminos en que has llevado el discurso amoroso en la vida. En la incoherencia, por ejemplo, de decir amar a los gatos y reírte de muchos memes de perros mientras comes pollo y presumes tu foto de un bebe asesinado llamándole ternera. Tomar un “delicioso” licuado con leche de vaca mientras te preparas para ir a la marcha y gritar “va a caer”.
La propuesta contra amorosa, solo es un puente sencillo que sabe que de forma sentí pensada, cientos de afectos nos inundan siempre, que la solidaridad, la compañía, la amistad, el tejido cotidiano de hacer vida por ejemplo, también son fundamentales para el andar y no necesariamente se encierran en un concepto metafísico, sino en una tarea constante de saberse como humano en movimiento que a veces triste, a veces alegre, a veces fastidiado camina e intenta no jerarquizar, no entrarle a la dinámica de la competencia y no le juega a la institución en donde tanto hoy se ha colocado a la “narrativa amorosa”. La propuesta contra amorosa habla de afectos y buen trato, de la erotización de la vida política donde se reconocen las relaciones de poder, pero también se trabaja por las resistencias y las transgresiones, por una búsqueda de un modo constante, de estar no en la entrega irredenta, pero sí en la complicidad de construir acuerdos y cimentar horizontalidad. El contra amor te propone que el amor se escriba en letras chiquitas, nunca más se excluya, diferencie o asesine en su nombre, vivirlo en plural, quitarle la ominipotencia. No quiero llorar por amor, quiero afectaciones como actos de libertad, de alegría, de reflexión por el compartir. Ternura radical y autodefensa feminista.
12 de mayo de 2020
Capitalismo y coronavirus, combinación letal.
Por: Javier Hernández Alpízar / Zapateando.
En la Facultad de Derecho, Ciudad Universitaria casi vacía, un diálogo entre el cliente y quien le bolea los zapatos: – Aquí en derecho es donde más boleros debe haber. – De hecho, es el único lugar en donde hay. – ¿En serio?, ¿será por qué somos abogados?
Lo que se sabe de los virus es que son información: información genética capaz de engañar a la información genética de las células de seres vivos para hacerlas reproducir el virus en lugar de reproducir su propia vida, lo cual harían las células vivas sanas.
Comenzamos deliberadamente usando términos científicos como “virus”, “información genética” y “células” no porque seamos científicos, somos activistas que defienden la vida y aspiran a lograr para los seres humanos libertad, democracia y justicia, pero sin información y conocimientos científicos no podríamos entender ni comunicar nada claro y veraz sobre lo que está pasando con la pandemia del coronavirus o Covid 19 en el mundo y en México.
Un divulgador científico latinoamericano, Marcelino Cereijido, ha escrito el libro La ciencia como calamidad. Citando a Jean Piaget, un biólogo y estudioso del modo como aprendemos los seres humanos, dice que: “Las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden”. Esto quiere decir que cuando no entendemos algo simplemente no podemos verlo, nos pasa desapercibido. El lenguaje de la ciencia actual es ajeno a la mayoría de los seres humanos en el planeta, incluso en el llamado “primer mundo”. Por eso tenemos incluso presidentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro que niegan fenómenos patentes ante la vista de cualquier persona medianamente informada como el llamado “cambio climático” o la crisis climática: calentamiento del planeta, derretimiento de los hielos polares, de los glaciares, elevación del nivel del mar, así como la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales: de acuerdo con la ONU, en los próximos 30 años se extinguirán un millón de especies, poniendo en riesgo de extinción a la especie humana misma. Incluso la ONU ha estimado que el cambio climático será muchísimo más mortífero que el coronavirus. Y ya está generando miseria, hambre, desplazamientos forzados de población y muertes.
El analfabetismo científico masivo hace que la mayoría de los seres humanos en el planeta sean, respecto a las ciencias, no ciudadanos sino súbditos, no pueden participar en las decisiones no solamente por la falta de democracia, sino porque no pueden entender y así tampoco ver los problemas más graves: cambio climático, extinción masiva de especies, crisis energética. Es decir, vemos las consecuencias, y eso a medias, como pasa con las migraciones masivas de africanos a Europa o de latinoamericanos a Estados Unidos, pero no entendemos lo que está detrás: el agotamiento de recursos para la vida, la miseria, el hambre, el desempleo y la violencia que dejaron siglos de colonialismo capitalista en nuestros países, etcétera. Gobiernos de derecha aprovechan esa ignorancia, así como los miedos y fobias asociados a ellos, para azuzar la fobia a los extranjeros, el racismo y la xenofobia, incluso el fascismo.
Los contactos humanos siempre han promovido la expansión de epidemias. La llegada a América de los conquistadores y colonizadores europeos casi logró extinguir (en algunos lugares, sin el “casi”, como en el Caribe) a las poblaciones indígenas, al menos las redujo dramática y brutalmente. El uso de armas bacteriológicas del siglo XX tiene su antecedente en esa “espontánea” expansión de epidemias como la viruela y el sarampión (que hoy regresa después de creer que lo habíamos erradicado).
La introducción de especies domésticas y otras especies aparejadas a la presencia humana (ratas, moscas, cucarachas y chinches, por ejemplo) en hábitats ajenos, pero sobre todo la explotación de territorios y recursos materiales y energéticos ha ocasionado una pérdida de diversidad en todo el planeta, sacrificada en aras de la ganancia capitalista.
La convivencia de seres humanos en todo el mundo, los viajes y el hacinamiento en grandes ciudades, han propiciado que muchos gérmenes, entre ellos los virus, salgan de los seres vivos que antes parasitaban y lleguen a otros, muchas veces, enfermándolos. El coronavirus es un caso, el más reciente, pero no el único. La humanidad comienza a enfrentar las consecuencias de la globalización, de la presencia planetaria de seres humanos sujetos a un sistema capitalista depredador del medio ambiente y explotador de los seres humanos.
El despojo de sus territorios y recursos de los pueblos indígenas (en México, despojo en marcha con el tren maya, el corredor interoceánico transístmico en Tehuantepec, el Proyecto Integral Morelos, el aeropuerto de Santa Lucía, la nueva refinería en Dos Bocas, el proyecto de las empresas de Alfonso Romo “Sembrando Vida”, los parques eólicos, la megaminería, la entrega del agua a empresas privadas como Constellation Brands en Mexicali, etcétera) no solamente los pagan los pueblos y comunidades con miseria y muerte: el planeta nos pasa la factura con la crisis climática, la crisis energética, la extinción de especies, las grandes migraciones humanas y animales.
Ciencia, detente. Este presidente es inmune al conocimiento.
Para masas enteras despojadas, pauperizadas, militarizadas, arrinconadas detrás de muros físicos y militares (como la Guardia Nacional, patrulla fronteriza extraterritorial de Donald Trump en la frontera sur de México), despojadas de sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, entre ellos el derecho a una educación científica y laica, para estas grandes masas, científicamente analfabetas, no es extraño que estas grandes desgracias aparezcan como signos apocalípticos debidos a fantasmales o demoniacas fuerzas desconocidas. En lugar de identificar al capitalismo como causante de sus dolores y desgracias, identifican al capitalismo como Rey Midas que da riqueza y consumo. En cambio, los males los hacen pensar en falsas causas como el pecado, los extranjeros, las conspiraciones de otros, ajenos y extraños. Incluso en cierta “izquierda” que asume una ideología anticapitalista, pero no un análisis científico de los fenómenos, todo es un complot: si se movilizan los jóvenes contra el cambio climático y la indolencia de los gobiernos, es un “complot del capitalismo verde”; si se movilizan las mujeres contra la violencia patriarcal feminicida, es un “complot para desestabilizar al gobierno”; si hay una pandemia de coronavirus, es un “complot del capitalismo” para ¿subir sus ventas de papel higiénico?
Esta carencia de pensamiento científico, crítico y reflexivo promueve el negacionismo: las amenazas no son reales. El cambio climático es una mentira inventada para detener el avance del desarrollo capitalista; las noticias críticas de AMLO son un “complot de la CIA”; la teoría de la evolución de Darwin es un complot para volver ateos a los jóvenes y así: hay incluso fanáticos que promueven la idea de que la tierra es plana.
A esta era de confusión, mentiras, promoción de la ignorancia y el oscurantismo, de la cual se hacen cómplices, sea por su propia ignorancia o por manipular creencias religiosas de la gente, gobernantes como Bolsonaro, Obrador y Trump, algunos la han llamado la “posverdad”. Pero no es que la verdad haya dejado de existir, lo que pasa es que la ignorancia masiva sobre ciencia actual no deja ver a las personas lo que no entienden.
En el caso de Obrador, su muy estudiado gesto de mostrar amuletos mágicos y religiosos es (como ha señalado A Libre Murrieta en Facebook) un deliberado show mediático para engañar a quienes de por sí van a quedar expuestos al contagio porque no podrán quedarse en casa, ya que viven al día. Es un gesto maquiavélico y criminal de manipulación psicológica de masas.
El anticapitalismo es un claro ejemplo: no cualquier persona entiende el análisis marxista del capital, la mercancía, el dinero, el mercado y la empresa capitalista. El anticapitalismo se antoja imposible, porque vivimos inmersos en un mundo ideologizado en donde el sentido común es que el dinero y las mercancías valen y, por el contrario, los seres humanos y los seres vivos somos desechables.
Sin embargo, el coronavirus es una pandemia real, de verdad ha asolado con enfermedad y muerte en China, en Italia, en España, en Estados Unidos y hoy amenaza a México y a toda América Latina. La principal arma contra el coronavirus o Covid 19 (información genética que se expande perniciosamente) es la información científica, verdadera, no para generar alarmismo sino prevención, cuidado.
Científicos de la UNAM han estado diciendo, a quien quiera escuchar, que el coronavirus es una pandemia porque se contagia ampliamente, aunque solamente un 5% de los contagiados mueren, aproximadamente, pero si por descuido, irresponsabilidad, como ocurrió en China, Italia y Estados Unidos, se contagian más personas, el número de muertes aumenta. Italia ya ha tenido más muertos que China. Corea tomó medidas pronto y ha tenido menos daños que Europa.
Han fallado esos gobiernos por no informar con oportunidad sobre el virus y no tomar medidas sanitarias eficaces. Al final han impuesto medidas extremas, como la militarización en Italia para hacer frente a la pandemia cuando ya estaba muy avanzada. Además han ocultado información: China inició con casos el 1 de diciembre de 2019 y no lo informó a la OMS hasta fines de ese mes y año. Italia pidió ayuda a otros países europeos, y estos países, negando sus pactos como Unión Europea, no la ayudaron. Hoy Trump quiere aprovechar la pandemia y la psicosis social para impulsar su agenda racista y xenófoba contra los migrantes.
Sin embargo, los zapatistas de Chiapas (quienes han tenido desde hace años un acercamiento al pensamiento científico actual, promoviendo que los científicos se acerquen a las comunidades a explicar cómo es y qué es la ciencia y cómo explica los fenómenos naturales y sociales) están aplicando el principio precautorio: si el riesgo puede ser grave, se toman medidas. Han criticado la falta de información veraz, honesta y cabal de parte de los malos gobiernos (y tienen razón, ya vimos cómo esa actitud irresponsable causó tantas desgracias en China, Italia, España y Estados Unidos), pero no asumen una actitud negacionista, sino que cierran sus caracoles y adoptan medidas de higiene como prevención para proteger la salud y la vida de las mujeres, hombres, ancianos, ancianas, niñas y niños de sus comunidades indígenas zapatistas. Además exhortan a los demás a hacer lo propio. Queremos cambiar el mundo, pero para ello lo primero es seguir vivos. Como el lema de las mujeres en lucha: “Vivas nos queremos”.
La cuarentena, a la cual el gobierno de México no se ha atrevido ni siquiera a llamar por su nombre, implica muchos retos. Quedan más desprotegidos los más pobres, los más desnutridos, los que ya tienen padecimientos previos (crónicos, respiratorios, cardiacos, diabetes, VIH, etc.). Se arriesgan más los trabajadores que ganan cada día para comer: los trabajadores precarizados, mal llamados “informales”, muchos de ellos menores de edad y mujeres o ancianos y ancianas.
El coronavirus se ceba sobre las víctimas del sistema capitalista explotador y depredador, quizá por eso les parece a algunos una medida de limpieza social fascista. Parece un macabro darwinismo social. Quedan expuestos los niños más pobres, para quienes el desayuno escolar es parte de su diaria nutrición y ahora se quedan sin él. O las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia en el hogar y ahora encerrados con su agresor. O las niñas y niños que ante el cierre de las escuelas acompañarán a la calles a sus padres y madres al autoempleo precario de sobrevivencia.
El capitalismo se verá afectado por la ausencia laboral de miles de trabajadores, pues jamás ha logrado, ni con toda su tecnología, dejar de depender del trabajo humano. Sin embargo, el capitalismo siempre externaliza costos: recibirá exenciones de impuestos, despedirá a miles de trabajadores, pedirá apoyos y rescates a los gobiernos, meterá de nuevo las manos en el dinero de todos para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas y las desgracias.
Una pandemia como la que está en curso hace evidente que la salud no puede ser una mercancía, sino que debe ser un derecho humano universal, garantizado por el Estado. En países europeos se están viendo forzados a estatizar o nacionalizar temporalmente los hospitales privados para poder atender la emergencia. En México, los hospitales privados han llegado a cobrar hasta miles de pesos por una prueba de laboratorio para el Covid 19. Incluso 3500 o 5000 pesos es demasiado.
¿Quién hará frente a la pandemia: el doctor Simi, que cotidianamente atiende a mucha de la gente más pobre y sin seguro? ¿Un sistema de salud rebasado, desabastecido de medicamentos y hasta de jabón, gasas o papel para hacer carnets? El sistema de salud en México es víctima de más de treinta años de neoliberalismo (que sigue vigente, pese a la demagogia presidencial) y de la ineptitud del actual gobierno, que ha sido incapaz de sanearlo sin dejar desprotegidos a los mexicanos.
Como ante las desgracias ha ocurrido siempre, como en los sismos por ejemplo, la respuesta está en manos de la sociedad. El egoísmo neoliberal, individualista y burgués, nos aísla y nos vuelve vulnerables a todos, pero la solidaridad, la crítica y la lucha organizada nos fortalecen.
El mal gobierno está aprovechando la coyuntura para imponer medidas en favor de las empresas, por ejemplo: otra consulta amañada, esta vez en Mexicali, para imponer la privatización del agua y el despojo en favor de Constellation Brands, así como la cesión a los militares ya no solo del nuevo aeropuerto en Santa Lucía sino incluso el llamado tren “maya”.
Les importan menos las vidas humanas que los negocios de Alfonso Romo, cacique del agua en la zona maya, de Carlos Slim, de Salinas Pliego y de los capitales internacionales.
Por eso concordamos con los zapatistas en que debemos seguir comunicados y en lucha, de nuevos modos o de viejos modos, como podamos: no todos tiene red en casa, trata de marcar el teléfono, de platicar de ventana a ventana y de edificio a edificio. Si tienes internet, mantén enterada a tu red más cercana con información veraz y crítica.
Como los zapatistas, tenemos que tratar de aprender ciencia, de comprender nuestro mundo críticamente, porque como dice Jean Piaget; las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden.
Que los grandes males son resultado del capitalismo lo verán más personas cuando puedan entenderlo. No necesitamos menos sino más y mejor ciencia. Y también conciencia y organización, lucha y alegre rebeldía.
El coronavirus no es una conspiración capitalista, pero sí es muy peligroso porque el capitalismo ha empobrecido y desprotegido a miles de personas en el mundo
En la Facultad de Derecho, Ciudad Universitaria casi vacía, un diálogo entre el cliente y quien le bolea los zapatos: – Aquí en derecho es donde más boleros debe haber. – De hecho, es el único lugar en donde hay. – ¿En serio?, ¿será por qué somos abogados?
Lo que se sabe de los virus es que son información: información genética capaz de engañar a la información genética de las células de seres vivos para hacerlas reproducir el virus en lugar de reproducir su propia vida, lo cual harían las células vivas sanas.
Comenzamos deliberadamente usando términos científicos como “virus”, “información genética” y “células” no porque seamos científicos, somos activistas que defienden la vida y aspiran a lograr para los seres humanos libertad, democracia y justicia, pero sin información y conocimientos científicos no podríamos entender ni comunicar nada claro y veraz sobre lo que está pasando con la pandemia del coronavirus o Covid 19 en el mundo y en México.
Un divulgador científico latinoamericano, Marcelino Cereijido, ha escrito el libro La ciencia como calamidad. Citando a Jean Piaget, un biólogo y estudioso del modo como aprendemos los seres humanos, dice que: “Las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden”. Esto quiere decir que cuando no entendemos algo simplemente no podemos verlo, nos pasa desapercibido. El lenguaje de la ciencia actual es ajeno a la mayoría de los seres humanos en el planeta, incluso en el llamado “primer mundo”. Por eso tenemos incluso presidentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro que niegan fenómenos patentes ante la vista de cualquier persona medianamente informada como el llamado “cambio climático” o la crisis climática: calentamiento del planeta, derretimiento de los hielos polares, de los glaciares, elevación del nivel del mar, así como la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales: de acuerdo con la ONU, en los próximos 30 años se extinguirán un millón de especies, poniendo en riesgo de extinción a la especie humana misma. Incluso la ONU ha estimado que el cambio climático será muchísimo más mortífero que el coronavirus. Y ya está generando miseria, hambre, desplazamientos forzados de población y muertes.
El analfabetismo científico masivo hace que la mayoría de los seres humanos en el planeta sean, respecto a las ciencias, no ciudadanos sino súbditos, no pueden participar en las decisiones no solamente por la falta de democracia, sino porque no pueden entender y así tampoco ver los problemas más graves: cambio climático, extinción masiva de especies, crisis energética. Es decir, vemos las consecuencias, y eso a medias, como pasa con las migraciones masivas de africanos a Europa o de latinoamericanos a Estados Unidos, pero no entendemos lo que está detrás: el agotamiento de recursos para la vida, la miseria, el hambre, el desempleo y la violencia que dejaron siglos de colonialismo capitalista en nuestros países, etcétera. Gobiernos de derecha aprovechan esa ignorancia, así como los miedos y fobias asociados a ellos, para azuzar la fobia a los extranjeros, el racismo y la xenofobia, incluso el fascismo.
Los contactos humanos siempre han promovido la expansión de epidemias. La llegada a América de los conquistadores y colonizadores europeos casi logró extinguir (en algunos lugares, sin el “casi”, como en el Caribe) a las poblaciones indígenas, al menos las redujo dramática y brutalmente. El uso de armas bacteriológicas del siglo XX tiene su antecedente en esa “espontánea” expansión de epidemias como la viruela y el sarampión (que hoy regresa después de creer que lo habíamos erradicado).
La introducción de especies domésticas y otras especies aparejadas a la presencia humana (ratas, moscas, cucarachas y chinches, por ejemplo) en hábitats ajenos, pero sobre todo la explotación de territorios y recursos materiales y energéticos ha ocasionado una pérdida de diversidad en todo el planeta, sacrificada en aras de la ganancia capitalista.
La convivencia de seres humanos en todo el mundo, los viajes y el hacinamiento en grandes ciudades, han propiciado que muchos gérmenes, entre ellos los virus, salgan de los seres vivos que antes parasitaban y lleguen a otros, muchas veces, enfermándolos. El coronavirus es un caso, el más reciente, pero no el único. La humanidad comienza a enfrentar las consecuencias de la globalización, de la presencia planetaria de seres humanos sujetos a un sistema capitalista depredador del medio ambiente y explotador de los seres humanos.
El despojo de sus territorios y recursos de los pueblos indígenas (en México, despojo en marcha con el tren maya, el corredor interoceánico transístmico en Tehuantepec, el Proyecto Integral Morelos, el aeropuerto de Santa Lucía, la nueva refinería en Dos Bocas, el proyecto de las empresas de Alfonso Romo “Sembrando Vida”, los parques eólicos, la megaminería, la entrega del agua a empresas privadas como Constellation Brands en Mexicali, etcétera) no solamente los pagan los pueblos y comunidades con miseria y muerte: el planeta nos pasa la factura con la crisis climática, la crisis energética, la extinción de especies, las grandes migraciones humanas y animales.
Ciencia, detente. Este presidente es inmune al conocimiento.
Para masas enteras despojadas, pauperizadas, militarizadas, arrinconadas detrás de muros físicos y militares (como la Guardia Nacional, patrulla fronteriza extraterritorial de Donald Trump en la frontera sur de México), despojadas de sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, entre ellos el derecho a una educación científica y laica, para estas grandes masas, científicamente analfabetas, no es extraño que estas grandes desgracias aparezcan como signos apocalípticos debidos a fantasmales o demoniacas fuerzas desconocidas. En lugar de identificar al capitalismo como causante de sus dolores y desgracias, identifican al capitalismo como Rey Midas que da riqueza y consumo. En cambio, los males los hacen pensar en falsas causas como el pecado, los extranjeros, las conspiraciones de otros, ajenos y extraños. Incluso en cierta “izquierda” que asume una ideología anticapitalista, pero no un análisis científico de los fenómenos, todo es un complot: si se movilizan los jóvenes contra el cambio climático y la indolencia de los gobiernos, es un “complot del capitalismo verde”; si se movilizan las mujeres contra la violencia patriarcal feminicida, es un “complot para desestabilizar al gobierno”; si hay una pandemia de coronavirus, es un “complot del capitalismo” para ¿subir sus ventas de papel higiénico?
Esta carencia de pensamiento científico, crítico y reflexivo promueve el negacionismo: las amenazas no son reales. El cambio climático es una mentira inventada para detener el avance del desarrollo capitalista; las noticias críticas de AMLO son un “complot de la CIA”; la teoría de la evolución de Darwin es un complot para volver ateos a los jóvenes y así: hay incluso fanáticos que promueven la idea de que la tierra es plana.
A esta era de confusión, mentiras, promoción de la ignorancia y el oscurantismo, de la cual se hacen cómplices, sea por su propia ignorancia o por manipular creencias religiosas de la gente, gobernantes como Bolsonaro, Obrador y Trump, algunos la han llamado la “posverdad”. Pero no es que la verdad haya dejado de existir, lo que pasa es que la ignorancia masiva sobre ciencia actual no deja ver a las personas lo que no entienden.
En el caso de Obrador, su muy estudiado gesto de mostrar amuletos mágicos y religiosos es (como ha señalado A Libre Murrieta en Facebook) un deliberado show mediático para engañar a quienes de por sí van a quedar expuestos al contagio porque no podrán quedarse en casa, ya que viven al día. Es un gesto maquiavélico y criminal de manipulación psicológica de masas.
El anticapitalismo es un claro ejemplo: no cualquier persona entiende el análisis marxista del capital, la mercancía, el dinero, el mercado y la empresa capitalista. El anticapitalismo se antoja imposible, porque vivimos inmersos en un mundo ideologizado en donde el sentido común es que el dinero y las mercancías valen y, por el contrario, los seres humanos y los seres vivos somos desechables.
Sin embargo, el coronavirus es una pandemia real, de verdad ha asolado con enfermedad y muerte en China, en Italia, en España, en Estados Unidos y hoy amenaza a México y a toda América Latina. La principal arma contra el coronavirus o Covid 19 (información genética que se expande perniciosamente) es la información científica, verdadera, no para generar alarmismo sino prevención, cuidado.
Científicos de la UNAM han estado diciendo, a quien quiera escuchar, que el coronavirus es una pandemia porque se contagia ampliamente, aunque solamente un 5% de los contagiados mueren, aproximadamente, pero si por descuido, irresponsabilidad, como ocurrió en China, Italia y Estados Unidos, se contagian más personas, el número de muertes aumenta. Italia ya ha tenido más muertos que China. Corea tomó medidas pronto y ha tenido menos daños que Europa.
Han fallado esos gobiernos por no informar con oportunidad sobre el virus y no tomar medidas sanitarias eficaces. Al final han impuesto medidas extremas, como la militarización en Italia para hacer frente a la pandemia cuando ya estaba muy avanzada. Además han ocultado información: China inició con casos el 1 de diciembre de 2019 y no lo informó a la OMS hasta fines de ese mes y año. Italia pidió ayuda a otros países europeos, y estos países, negando sus pactos como Unión Europea, no la ayudaron. Hoy Trump quiere aprovechar la pandemia y la psicosis social para impulsar su agenda racista y xenófoba contra los migrantes.
Sin embargo, los zapatistas de Chiapas (quienes han tenido desde hace años un acercamiento al pensamiento científico actual, promoviendo que los científicos se acerquen a las comunidades a explicar cómo es y qué es la ciencia y cómo explica los fenómenos naturales y sociales) están aplicando el principio precautorio: si el riesgo puede ser grave, se toman medidas. Han criticado la falta de información veraz, honesta y cabal de parte de los malos gobiernos (y tienen razón, ya vimos cómo esa actitud irresponsable causó tantas desgracias en China, Italia, España y Estados Unidos), pero no asumen una actitud negacionista, sino que cierran sus caracoles y adoptan medidas de higiene como prevención para proteger la salud y la vida de las mujeres, hombres, ancianos, ancianas, niñas y niños de sus comunidades indígenas zapatistas. Además exhortan a los demás a hacer lo propio. Queremos cambiar el mundo, pero para ello lo primero es seguir vivos. Como el lema de las mujeres en lucha: “Vivas nos queremos”.
La cuarentena, a la cual el gobierno de México no se ha atrevido ni siquiera a llamar por su nombre, implica muchos retos. Quedan más desprotegidos los más pobres, los más desnutridos, los que ya tienen padecimientos previos (crónicos, respiratorios, cardiacos, diabetes, VIH, etc.). Se arriesgan más los trabajadores que ganan cada día para comer: los trabajadores precarizados, mal llamados “informales”, muchos de ellos menores de edad y mujeres o ancianos y ancianas.
El coronavirus se ceba sobre las víctimas del sistema capitalista explotador y depredador, quizá por eso les parece a algunos una medida de limpieza social fascista. Parece un macabro darwinismo social. Quedan expuestos los niños más pobres, para quienes el desayuno escolar es parte de su diaria nutrición y ahora se quedan sin él. O las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia en el hogar y ahora encerrados con su agresor. O las niñas y niños que ante el cierre de las escuelas acompañarán a la calles a sus padres y madres al autoempleo precario de sobrevivencia.
El capitalismo se verá afectado por la ausencia laboral de miles de trabajadores, pues jamás ha logrado, ni con toda su tecnología, dejar de depender del trabajo humano. Sin embargo, el capitalismo siempre externaliza costos: recibirá exenciones de impuestos, despedirá a miles de trabajadores, pedirá apoyos y rescates a los gobiernos, meterá de nuevo las manos en el dinero de todos para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas y las desgracias.
Una pandemia como la que está en curso hace evidente que la salud no puede ser una mercancía, sino que debe ser un derecho humano universal, garantizado por el Estado. En países europeos se están viendo forzados a estatizar o nacionalizar temporalmente los hospitales privados para poder atender la emergencia. En México, los hospitales privados han llegado a cobrar hasta miles de pesos por una prueba de laboratorio para el Covid 19. Incluso 3500 o 5000 pesos es demasiado.
¿Quién hará frente a la pandemia: el doctor Simi, que cotidianamente atiende a mucha de la gente más pobre y sin seguro? ¿Un sistema de salud rebasado, desabastecido de medicamentos y hasta de jabón, gasas o papel para hacer carnets? El sistema de salud en México es víctima de más de treinta años de neoliberalismo (que sigue vigente, pese a la demagogia presidencial) y de la ineptitud del actual gobierno, que ha sido incapaz de sanearlo sin dejar desprotegidos a los mexicanos.
Como ante las desgracias ha ocurrido siempre, como en los sismos por ejemplo, la respuesta está en manos de la sociedad. El egoísmo neoliberal, individualista y burgués, nos aísla y nos vuelve vulnerables a todos, pero la solidaridad, la crítica y la lucha organizada nos fortalecen.
El mal gobierno está aprovechando la coyuntura para imponer medidas en favor de las empresas, por ejemplo: otra consulta amañada, esta vez en Mexicali, para imponer la privatización del agua y el despojo en favor de Constellation Brands, así como la cesión a los militares ya no solo del nuevo aeropuerto en Santa Lucía sino incluso el llamado tren “maya”.
Les importan menos las vidas humanas que los negocios de Alfonso Romo, cacique del agua en la zona maya, de Carlos Slim, de Salinas Pliego y de los capitales internacionales.
Por eso concordamos con los zapatistas en que debemos seguir comunicados y en lucha, de nuevos modos o de viejos modos, como podamos: no todos tiene red en casa, trata de marcar el teléfono, de platicar de ventana a ventana y de edificio a edificio. Si tienes internet, mantén enterada a tu red más cercana con información veraz y crítica.
Como los zapatistas, tenemos que tratar de aprender ciencia, de comprender nuestro mundo críticamente, porque como dice Jean Piaget; las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden.
Que los grandes males son resultado del capitalismo lo verán más personas cuando puedan entenderlo. No necesitamos menos sino más y mejor ciencia. Y también conciencia y organización, lucha y alegre rebeldía.
Lazos de marginalidad en el fin del mundo.
Por: Edwin Sarabia / Soma Arte Cultura.
Una tela blanca cubre por completo el escenario. De repente un sonido estrepitoso resuena. Ruido de artefactos colisionando, con golpe secos, contra el pavimento. Todos callamos. El lienzo blanco cae con violencia develando una pequeña habitación en cuyo centro hay un sillón rojo elevado en un ángulo de cuarenta y cinco grados, evidentemente descolocado. Una penumbra bordea el ambiente que se hace más espeso por el humo que cae en cascada desde lo alto.
En el piso distinguimos cúmulos de envases de plástico regados que, además, delimitan el espacio de representación. Del techo cuelgan, en posiciones anárquicas, un racimo de botellas de PET que, pacientes, esperan a sus víctimas como espada de Damocles. En el fondo de la escena, y exactamente detrás del sillón rojo pende una pantalla transparente que contiene desechos sanitarios no biodegradables. Un universo simbólico que sugiere que la debacle planetaria derivará de la insostenible crisis ecológica y ambiental en la que nos encontramos. Un laberinto minotaúrico sin salida. Tiempo de una vorágine exacerbada, de preguntas fuertes y respuestas débiles.
¡Uy el apocalipsis y yo con estos pelos! es una obra original de José Ramón Enríquez, la cual se presentó el sábado 15 de marzo a las ocho de la noche bajo la dirección de Pablo Herrero de la compañía Teatro Hacia el Margen. Se tuvo a Jenny Ávila como asistente de dirección; así como a Jesús Molina y Jonatan Ku como encargados del planteamiento escenográfico.
La anécdota es sencilla -que no simple-, pero desoladoramente contemporánea, más en boga de lo que quisiéramos. El encuentro entre una joven transexual, conocida como “La Gasolina”, interpretado por Teo Flores y una longeva mujer conocida como La Doñita, encarnada por Eglé Mendiburu, donde recapitulan sobre sus vidas y anécdotas en el contexto de un cataclismo que ha extinguido a la humanidad. Asistimos a los últimos instantes de dos personas que han quedado atrapadas en una habitación, luego del apocalipsis mundial y que pueden sincerarse ante un fin inevitable: todo terminará en el momento en que el oxígeno se consuma en la habitación/burbuja donde se encuentran.
El montaje se sostiene, en gran parte, gracias a una dramaturgia contundente, de ritmo interno vertiginoso, que dialoga en diversas dimensiones temáticas y escalas de lo humano. Así, se permite reflexionar sobre la crisis civilizatoria, el calentamiento global, el sistema económico desigual, la barbarie de la acumulación y la ferocidad de la globalización. Pero igual encuentra refugio para hablarnos sobre un recetario de anécdotas dolorosas: violencia machista, abuso sexual, discriminación de género y brutalidad doméstica. Ambos personajes se comparten y nos hacen partícipes de sus universos íntimos y condición marginal por ser mujeres.
Un acierto de la dramaturgia consiste en que, pese a que los personajes comparten historias salvajes y dolorosas, éstos nunca son revictimizados. Más bien logran reivindicarse desde su condición vulnerable, como aquella frase que asevera: “hay que tener buen olfato y muchos webos para sobrevivir a la putería”. Lo anterior es posible porque la pieza es planteada como una tragicomedia, con picos elevados en clave de farsa, logrando que el público suelte carcajadas ante acontecimientos que duelen hasta la médula.
Es destacable el trabajo actoral que resulta de una manufactura impecable. Eglé Mendiburu que interpreta a la “Doñita” es un monstruo de la escena y Teo Flores no desmerece, ni se tambalea ante su contraparte en el escenario. Al contrario. Son como dos bestias felinas en cadencia acompasada y complicidad empática. Sus texturas vocales y su comunión arriba de la tabla generan que los espectadores ingresemos al pacto ficcional sin cuestionarnos la verosimilitud de la situación. El montaje cae, por momentos, en periodos de ritmo aletargado derivado de un trazo escénico escaso y excesivamente reiterado. Muestra de ello es que los ejecutantes se encuentran casi todo el tiempo sentados en posición frontal y tres cuartos. Hay muy poca variedad en cuanto a la exploración física de los actores, resultando en posturas corporales monótonas y repetitivas.
También lo que en un principio se muestra como un dispositivo escenográfico poderoso, cargado de simbolismo, se disuelve conforme avanza el trabajo puesto que éste no dialoga casi en ningún momento con lo que sucede en la trama. Termina siendo un aparato ornamental o decorativo. Esta carencia de interacción genera que el trabajo no logre redondearse con eficacia. Un desliz que suele ocurrir con frecuencia en nuestra ínsula teatral: planteamientos escenográficos que apelan a lo efectista, pero terminan siendo como un telón de fondo del cual se puede prescindir.
Asimismo, el uso de efectos especiales que irrumpen en episodios concretos para reiterar el cataclismo resulta tautológico e innecesario. Desde el principio sabemos el contexto en el que ocurre la anécdota. Entonces hacer uso de sonidos estruendosos en off y luces destellantes como en película mexicana de luchadores termina siendo un recurso innecesario. El final de la obra tiene un cierre extremadamente abrupto y no logra la emotividad propia de una situación como la planteada. Esto último en parte porque el actor Teo Flores no logra transitar de la farsa al drama y los susurros finales causan gracia en vez de angustia.
Finalmente, la obra nos plantea reflexiones sobre nuestro contexto apocalíptico en un mundo donde la constante es el desencanto de los sueños; en contraparte, tenemos la inmediatez, el consumismo, la individualidad y el éxito económico solitario, que han traído hasta nosotros una sensación de hartazgo y cansancio. Nos permite imaginar un escenario posible donde la esperanza ha sido desterrada y donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Todo lo anterior en el marco de una emergencia sanitaria provocada por una pandemia mundial que aqueja a toda la humanidad.
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| Foto: Diana Heredia / Soma Arte Cultura. |
En el piso distinguimos cúmulos de envases de plástico regados que, además, delimitan el espacio de representación. Del techo cuelgan, en posiciones anárquicas, un racimo de botellas de PET que, pacientes, esperan a sus víctimas como espada de Damocles. En el fondo de la escena, y exactamente detrás del sillón rojo pende una pantalla transparente que contiene desechos sanitarios no biodegradables. Un universo simbólico que sugiere que la debacle planetaria derivará de la insostenible crisis ecológica y ambiental en la que nos encontramos. Un laberinto minotaúrico sin salida. Tiempo de una vorágine exacerbada, de preguntas fuertes y respuestas débiles.
¡Uy el apocalipsis y yo con estos pelos! es una obra original de José Ramón Enríquez, la cual se presentó el sábado 15 de marzo a las ocho de la noche bajo la dirección de Pablo Herrero de la compañía Teatro Hacia el Margen. Se tuvo a Jenny Ávila como asistente de dirección; así como a Jesús Molina y Jonatan Ku como encargados del planteamiento escenográfico.
La anécdota es sencilla -que no simple-, pero desoladoramente contemporánea, más en boga de lo que quisiéramos. El encuentro entre una joven transexual, conocida como “La Gasolina”, interpretado por Teo Flores y una longeva mujer conocida como La Doñita, encarnada por Eglé Mendiburu, donde recapitulan sobre sus vidas y anécdotas en el contexto de un cataclismo que ha extinguido a la humanidad. Asistimos a los últimos instantes de dos personas que han quedado atrapadas en una habitación, luego del apocalipsis mundial y que pueden sincerarse ante un fin inevitable: todo terminará en el momento en que el oxígeno se consuma en la habitación/burbuja donde se encuentran.
El montaje se sostiene, en gran parte, gracias a una dramaturgia contundente, de ritmo interno vertiginoso, que dialoga en diversas dimensiones temáticas y escalas de lo humano. Así, se permite reflexionar sobre la crisis civilizatoria, el calentamiento global, el sistema económico desigual, la barbarie de la acumulación y la ferocidad de la globalización. Pero igual encuentra refugio para hablarnos sobre un recetario de anécdotas dolorosas: violencia machista, abuso sexual, discriminación de género y brutalidad doméstica. Ambos personajes se comparten y nos hacen partícipes de sus universos íntimos y condición marginal por ser mujeres.
Un acierto de la dramaturgia consiste en que, pese a que los personajes comparten historias salvajes y dolorosas, éstos nunca son revictimizados. Más bien logran reivindicarse desde su condición vulnerable, como aquella frase que asevera: “hay que tener buen olfato y muchos webos para sobrevivir a la putería”. Lo anterior es posible porque la pieza es planteada como una tragicomedia, con picos elevados en clave de farsa, logrando que el público suelte carcajadas ante acontecimientos que duelen hasta la médula.
Es destacable el trabajo actoral que resulta de una manufactura impecable. Eglé Mendiburu que interpreta a la “Doñita” es un monstruo de la escena y Teo Flores no desmerece, ni se tambalea ante su contraparte en el escenario. Al contrario. Son como dos bestias felinas en cadencia acompasada y complicidad empática. Sus texturas vocales y su comunión arriba de la tabla generan que los espectadores ingresemos al pacto ficcional sin cuestionarnos la verosimilitud de la situación. El montaje cae, por momentos, en periodos de ritmo aletargado derivado de un trazo escénico escaso y excesivamente reiterado. Muestra de ello es que los ejecutantes se encuentran casi todo el tiempo sentados en posición frontal y tres cuartos. Hay muy poca variedad en cuanto a la exploración física de los actores, resultando en posturas corporales monótonas y repetitivas.
También lo que en un principio se muestra como un dispositivo escenográfico poderoso, cargado de simbolismo, se disuelve conforme avanza el trabajo puesto que éste no dialoga casi en ningún momento con lo que sucede en la trama. Termina siendo un aparato ornamental o decorativo. Esta carencia de interacción genera que el trabajo no logre redondearse con eficacia. Un desliz que suele ocurrir con frecuencia en nuestra ínsula teatral: planteamientos escenográficos que apelan a lo efectista, pero terminan siendo como un telón de fondo del cual se puede prescindir.
Asimismo, el uso de efectos especiales que irrumpen en episodios concretos para reiterar el cataclismo resulta tautológico e innecesario. Desde el principio sabemos el contexto en el que ocurre la anécdota. Entonces hacer uso de sonidos estruendosos en off y luces destellantes como en película mexicana de luchadores termina siendo un recurso innecesario. El final de la obra tiene un cierre extremadamente abrupto y no logra la emotividad propia de una situación como la planteada. Esto último en parte porque el actor Teo Flores no logra transitar de la farsa al drama y los susurros finales causan gracia en vez de angustia.
Finalmente, la obra nos plantea reflexiones sobre nuestro contexto apocalíptico en un mundo donde la constante es el desencanto de los sueños; en contraparte, tenemos la inmediatez, el consumismo, la individualidad y el éxito económico solitario, que han traído hasta nosotros una sensación de hartazgo y cansancio. Nos permite imaginar un escenario posible donde la esperanza ha sido desterrada y donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Todo lo anterior en el marco de una emergencia sanitaria provocada por una pandemia mundial que aqueja a toda la humanidad.
11 de mayo de 2020
Sin agua, ni casa: trabajadores migrantes, capitalismo y esclavitud en tiempos de coronavirus.
Por: Cecilia Zamudio / Pensamiento crítico.
Los trabajadores más esclavizados, mujeres y hombres migrantes que trabajan en el agroindustrial para una patronal esclavista, esos seres humanos que trabajan para alimentarnos, no tienen ni casas, ni agua. Y el supuesto "plan" gubernamental para los sectores más precarios en época de pandemia, consiste únicamente en enviar militares a las chabolas improvisadas, a ordenarles que se "queden en casa". Los trabajadores les dicen que no tienen agua y que temen por su salud, pero la respuesta es únicamente la coerción: lo que empeora la situación, ya que se complica incluso la gestión de residuos en lugares sin sistema de saneamiento[1]. «Hay mujeres y niños en los asentamientos... A las personas que viven en chabolas les resulta muy difícil quedarse en “casa” sin comida. No pueden quedarse sin trabajar, han sido multados camino del trabajo. Reclamamos agua. Seguimos como siempre, siendo los invisibles, los que a nadie le importan mas allá de lo que es el trabajo, es decir, gente que va a trabajar y luego como si no existiera»[2]. [Leer el apunte completo].
Los trabajadores más esclavizados, mujeres y hombres migrantes que trabajan en el agroindustrial para una patronal esclavista, esos seres humanos que trabajan para alimentarnos, no tienen ni casas, ni agua. Y el supuesto "plan" gubernamental para los sectores más precarios en época de pandemia, consiste únicamente en enviar militares a las chabolas improvisadas, a ordenarles que se "queden en casa". Los trabajadores les dicen que no tienen agua y que temen por su salud, pero la respuesta es únicamente la coerción: lo que empeora la situación, ya que se complica incluso la gestión de residuos en lugares sin sistema de saneamiento[1]. «Hay mujeres y niños en los asentamientos... A las personas que viven en chabolas les resulta muy difícil quedarse en “casa” sin comida. No pueden quedarse sin trabajar, han sido multados camino del trabajo. Reclamamos agua. Seguimos como siempre, siendo los invisibles, los que a nadie le importan mas allá de lo que es el trabajo, es decir, gente que va a trabajar y luego como si no existiera»[2]. [Leer el apunte completo].
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El virus, el nuevo gendarme del encarcelamiento y de la desmovilización social global.
Por: Jairo Restrepo Rivera / Centro de Medios Libres.
La tierra posee una memoria viva la cual constantemente se renueva, ella tiene la capacidad de recordar y almacenar los impactos de muchos acontecimientos, eventos y experiencias de su pasado geológico; los cuales es capaz de retomar cuando sea necesario. Tiene hemisferios interconectados e inseparables en la forma de espirales, donde no hay ni izquierdo ni derecho, su cerebro es único y matriz de todo cuanto podamos imaginar.
Por otro lado, la microbiología es la expresión inteligente que va acorde con la memoria de la tierra, ambas se constituyen en elementos básicos para resolver problemas de forma natural y lógica. Los humanos no somos los únicos que tenemos la capacidad de almacenar y recordar los eventos que han sucedido en la vida y su instalación en este planeta; hasta porque somos seres totalmente inmaduros, si lo relacionamos con la escala geológica del tiempo por los cuales la tierra ha tenido que pasar para permitir nuestro surgimiento o darnos la posibilidad de brotar como sus hijos.
La naturaleza inteligentemente a través de la microbiología nos envía constantemente mensajes para comunicarnos como van las cosas en el entorno, entonces el ambiente lo impregna con sustancias vivas a través de los olores, sabores, colores y de otros sucesos no imaginables, para los cuales no tenemos la mínima sensibilidad natural para detectarlos.
Si no somos capaces de llevar a través de una alimentación saludable una vida saludable, a partir de una alimentación producida de forma saludable en un suelo y ambiente sano, nuestras socias: memoria/inteligencia, no tendrán las condiciones mínimas para que nuestro cerebro tenga un buen funcionamiento y continuemos en ese accidente cerebrovascular en que nos han convertido a partir de la comida chatarra que nos llena, pero que al mismo tiempo nos desnutre. Los impactos de la manipulación de la calidad de lo que comemos o le embutimos a los intestinos sin energía vital y sabor natural son un hecho con destaque, los transgénicos.
Es aquí donde, cualquier microorganismos o virus, encuentra espacio fértil (humanos desnutridos) para instalarse y hacer de las suyas. La programación para que esto suceda es maquinada de forma intencional por los grandes complejos agro-farmacéuticos, los cuales actualmente no solamente se creen los dueños del globo, sino que todo lo quieren manipular desde la imposición imperial de la macro, micro y nano bio-molécula; incluyendo en esa manipulación el “dios todo poderoso” del banco mundial. El cual actúa de la misma forma que los laboratorios, desde la lógica de su campo económico, donde su pan comido diario es manipular lo macro, micro y (e)nanos administradores públicos mal llamados de gobernantes, los cuales deben someterse y obedecer a sus nuevas directrices de la economía macro viral.
Si no nos reorganizamos y re inventamos nuestras diferentes formas de reaccionar de forma inmediata, tanto a nivel local como global, entonces el encarcelamiento, inmovilización y desmovilización social será una realidad legitimada para continuar con el estado de servidumbre que nos imponen. Olvidaba comentar, a pesar de usted “estar” en el encarcelamiento, tendrá la opción y la comodidad de adquirir o escoger; si continúa comiendo comida chatarra, enlatada o no, comida fresca recién bañada con venenos y transgénicos, o comida de “buena calidad” llena de sellos ilusos que la certifican como eco y más eco; lógico tendrá que pagar más caro por el mandado de la certificación.
Por lo tanto; la comida se eleva a la categoría de elitista y fascista, porque será más cara y no cualquiera la podrá consumir, la más valía del sello alguien la tiene que pagar. No olvide, el diablo tiene dos manos, en la otra tiene la popular oferta de “comida” a bajo costo y pésima calidad a base de transgénicos, en los cuales predomina su reina, la soya o soja transgénica.
Cuidado, ahora que tiene tiempito por causa del virus, lea las etiquetas de cuanta porquería compra y come; se dará cuenta que en cualquier oferta de harinas procesadas que compra, allí le están empujando soja transgénica; sin mencionarle para nada, los graves riesgos que corre su salud. (¿será que los transgénicos con sus efectos iatrogénicos o colaterales no están aliados con el camino y los impactos en mayor o menor grado con el virus?). Con certeza, una persona tendrá mayor o menor capacidad de responder a un ataque de un virus o cualquier otra enfermedad, si ella posee mejores condiciones de armonía nutricional. (Alimentos nutracéuticos).
“Aunque tenga más de un sello de certificación orgánica lo que compra, no necesariamente es producido de forma sana, honesta y de acuerdo a los comportamientos más próximos de la naturaleza”.
Finalmente, surgirán muchas preguntas, alaridos y dudas con esta pequeña reflexión, pero muchas respuestas solamente las podemos comenzar a tener en la medida en que intentemos socialmente reorganizarnos, salir de nuestra zona de confort y dar respuestas con hechos, para enfrentar el invento o no de la pandemia del virus, como algo con el cual nuevamente nos intentan distraer, para que paguemos las cuentas del colapso de un orden mundial impositivo, económicamente en crisis.
En una próxima reflexión, estaré retro alimentando o ampliando el tema de la producción de alimentos orgánicos: ¿para quién, a que costo y en manos de quién?
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| Foto: J. Cabezas / Reuters. |
La tierra posee una memoria viva la cual constantemente se renueva, ella tiene la capacidad de recordar y almacenar los impactos de muchos acontecimientos, eventos y experiencias de su pasado geológico; los cuales es capaz de retomar cuando sea necesario. Tiene hemisferios interconectados e inseparables en la forma de espirales, donde no hay ni izquierdo ni derecho, su cerebro es único y matriz de todo cuanto podamos imaginar.
Por otro lado, la microbiología es la expresión inteligente que va acorde con la memoria de la tierra, ambas se constituyen en elementos básicos para resolver problemas de forma natural y lógica. Los humanos no somos los únicos que tenemos la capacidad de almacenar y recordar los eventos que han sucedido en la vida y su instalación en este planeta; hasta porque somos seres totalmente inmaduros, si lo relacionamos con la escala geológica del tiempo por los cuales la tierra ha tenido que pasar para permitir nuestro surgimiento o darnos la posibilidad de brotar como sus hijos.
La naturaleza inteligentemente a través de la microbiología nos envía constantemente mensajes para comunicarnos como van las cosas en el entorno, entonces el ambiente lo impregna con sustancias vivas a través de los olores, sabores, colores y de otros sucesos no imaginables, para los cuales no tenemos la mínima sensibilidad natural para detectarlos.
Si no somos capaces de llevar a través de una alimentación saludable una vida saludable, a partir de una alimentación producida de forma saludable en un suelo y ambiente sano, nuestras socias: memoria/inteligencia, no tendrán las condiciones mínimas para que nuestro cerebro tenga un buen funcionamiento y continuemos en ese accidente cerebrovascular en que nos han convertido a partir de la comida chatarra que nos llena, pero que al mismo tiempo nos desnutre. Los impactos de la manipulación de la calidad de lo que comemos o le embutimos a los intestinos sin energía vital y sabor natural son un hecho con destaque, los transgénicos.
Es aquí donde, cualquier microorganismos o virus, encuentra espacio fértil (humanos desnutridos) para instalarse y hacer de las suyas. La programación para que esto suceda es maquinada de forma intencional por los grandes complejos agro-farmacéuticos, los cuales actualmente no solamente se creen los dueños del globo, sino que todo lo quieren manipular desde la imposición imperial de la macro, micro y nano bio-molécula; incluyendo en esa manipulación el “dios todo poderoso” del banco mundial. El cual actúa de la misma forma que los laboratorios, desde la lógica de su campo económico, donde su pan comido diario es manipular lo macro, micro y (e)nanos administradores públicos mal llamados de gobernantes, los cuales deben someterse y obedecer a sus nuevas directrices de la economía macro viral.
Si no nos reorganizamos y re inventamos nuestras diferentes formas de reaccionar de forma inmediata, tanto a nivel local como global, entonces el encarcelamiento, inmovilización y desmovilización social será una realidad legitimada para continuar con el estado de servidumbre que nos imponen. Olvidaba comentar, a pesar de usted “estar” en el encarcelamiento, tendrá la opción y la comodidad de adquirir o escoger; si continúa comiendo comida chatarra, enlatada o no, comida fresca recién bañada con venenos y transgénicos, o comida de “buena calidad” llena de sellos ilusos que la certifican como eco y más eco; lógico tendrá que pagar más caro por el mandado de la certificación.
Por lo tanto; la comida se eleva a la categoría de elitista y fascista, porque será más cara y no cualquiera la podrá consumir, la más valía del sello alguien la tiene que pagar. No olvide, el diablo tiene dos manos, en la otra tiene la popular oferta de “comida” a bajo costo y pésima calidad a base de transgénicos, en los cuales predomina su reina, la soya o soja transgénica.
Cuidado, ahora que tiene tiempito por causa del virus, lea las etiquetas de cuanta porquería compra y come; se dará cuenta que en cualquier oferta de harinas procesadas que compra, allí le están empujando soja transgénica; sin mencionarle para nada, los graves riesgos que corre su salud. (¿será que los transgénicos con sus efectos iatrogénicos o colaterales no están aliados con el camino y los impactos en mayor o menor grado con el virus?). Con certeza, una persona tendrá mayor o menor capacidad de responder a un ataque de un virus o cualquier otra enfermedad, si ella posee mejores condiciones de armonía nutricional. (Alimentos nutracéuticos).
“Aunque tenga más de un sello de certificación orgánica lo que compra, no necesariamente es producido de forma sana, honesta y de acuerdo a los comportamientos más próximos de la naturaleza”.
Finalmente, surgirán muchas preguntas, alaridos y dudas con esta pequeña reflexión, pero muchas respuestas solamente las podemos comenzar a tener en la medida en que intentemos socialmente reorganizarnos, salir de nuestra zona de confort y dar respuestas con hechos, para enfrentar el invento o no de la pandemia del virus, como algo con el cual nuevamente nos intentan distraer, para que paguemos las cuentas del colapso de un orden mundial impositivo, económicamente en crisis.
En una próxima reflexión, estaré retro alimentando o ampliando el tema de la producción de alimentos orgánicos: ¿para quién, a que costo y en manos de quién?
28 de octubre de 2019
Haití y la necesidad de otro mundo.
Por: Cristóbal León Campos / Por Esto!
Se inicia la séptima semana de protestas en Haití, cuyo ejemplo es el extremo de las consecuencias suscitadas por las políticas neoliberales aplicadas en América Latina; su condena arrastrada por siglos, lo sumerge en una constante crisis de gobierno y social. Durante todo el año de 2019, una cadena de manifestaciones itinerantes se han registrado, teniendo la común característica con los recientes acontecimientos en otros países latinoamericanos en el rechazo tajante a las medidas económicas implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el imperialismo estadounidense; pero en Haití, los causes se desbordan porque a diferencia de otros países, éste no ha tenido en décadas un periodo intermedio de estabilidad, aunque sea cierto también, que en muchos países (como Chile) ese periodo de estabilidad resultó ser más farsa que verdad, porque la pobreza extrema, la desigualdad, la violencia estructural, la sobre-explotación y el racismo son elementos que definen casi por norma la realidad de la nación caribeña, que además, carga sobre su espalda, una permanente campaña de ocultamiento por los grandes medios de comunicación, pues de las crisis, protestas y reclamos sociales en Haití no se habla, ni siquiera para descalificarlos y tergiversarlos; el silencio es tal que, verdaderamente, pone en entredicho la integridad humana. Haití es la evocación continua de la necesidad de construir otro mundo.
Las protestas reiniciaron por la escasez de combustible y el aumento de su precio, la falta de comida, medicamentos, gas, agua potable y por la devaluación de la moneda; esto agudizó la crisis económica que se vive en el país más pobre de Latinoamérica, donde la mayoría de la población sobrevive con dos dólares al día, o mucho menos. El pueblo ha tomado las calles para enfrentar al neoliberalismo, trabajadores y trabajadoras resisten la represión brutal que ha dejado muchos asesinados y encarcelados, mantienen la fuerza para continuar, varios sindicatos y el movimiento feminista junto a diversos partidos políticos se van agregando, la organización de base permite otorgarse solidaridad entre los desposeídos (algo que el poder burgués jamás comprenderá), el magisterio y los estudiantes se han sumado al paro general, el pueblo se agrupa bajo el nombre de Foro Patriótico que ha propuesto ante el deseo de renuncia del presidente, “un gobierno de transición por un período de tres años para atajar los problemas de hambre, miseria y desempleo que afecta a más del 80% de la población, y la reforma de las instituciones estatales según las necesidades de la población”. La lucha haitiana siempre tiene un toque más elevado en su densidad, pues no sólo se lucha por frenar medidas anti-populares, sino por sobrevivir como pueblo, nación y seres humanos.
Frente a las movilizaciones populares, el presidente haitiano, Jovenel Moïse, ha declarado que “no se encuentra aferrado al poder sino a las reformas que pretende implementar”, pero no dice que las reformas pretendidas son modificaciones constitucionales, modificaciones a la ley aduanera y del sector energético, todo, para seguir beneficiando a los saqueadores y explotadores; el presidente Moïse es acusado de corrupción y se ha exigido su renuncia, por lo que justifica su aferrado amor al poder diciendo que es necesario “ver cómo podemos sacar provecho de esta crisis, cómo hacer de esta crisis una oportunidad”, la realidad no es más que el cinismo de quien oprime, la oportunidad planteada es la permanencia de un estado de indefensión agudizado por la injerencia imperialista y neocolonial.
Haití es la muestra de la soberbia y la venganza, la primera colonia liberada de América es hoy el país más lastimado por todas esas viejas potencias nostálgicas de su hegemonía, la muestra es el botón de oro: Haití vive una ocupación desde principios del siglo XXI, con el pretexto del envío de “ayuda humanitaria”, una coalición de naciones la mantiene asediada, el aval de la ONU a esta condición es otra de las muchas incongruencias en el seno del organismo internacional, el pasado 17 de octubre la ONU dio a conocer la continuación de su política intervencionista con el programa BITUH, que dará continuación del MINUJUSTH que precedió a los Cascos Azules, quienes cometieron múltiples vejaciones contra el pueblo haitiano.
Una de las grandes movilizaciones que se han registrado en estas nuevas jornadas de resistencia, fue justamente dirigida a ese intervencionismo, los manifestante se dirigieron al cuartel general de la ONU, cerca del Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe, donde expresaron su repudio al apoyo del Grupo Central al gobierno de Jovenel Moïse, este grupo lo conforman nada menos y nada más que un representante especial de la Secretaría General de la ONU, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos y los representantes de España, la OEA y la UE, todos estos países y estas organizaciones guardan un silencio culposo sobre la real situación que se vive en Haití, donde todos, desde luego, son cómplices de la opresión de larga duración que ha padecido, todos se benefician y extraen grandes riquezas, el neocolonialismo es real, tan real como la bota imperialista en el mundo. Haití libra una larga batalla contra todo el sistema mundial y es olvidado por la gran mayoría de las naciones. Ya es tiempo de dar luz a la verdad en Haití y extremar las manifestaciones de apoyo, la liberación haitiana es también la emancipación de los pueblos latinoamericanos.
Ninguna solución favorable al pueblo haitiano vendrá de las políticas neoliberales impuestas por el FMI, el imperialismo y neocolonialismo. Haití, como toda Nuestra América, enfrenta el reto y la necesidad de construir un nuevo orden mundial, esta región del mundo está llamada a ser vanguardia en esta impostergable urgencia, la resistencia contra el neoliberalismo ha de conducir a los pueblos a la abierta crítica de todo el sistema capitalista y a la formulación de un proyecto emancipador global. El socialismo tiene que levantar la mano para dar cauce a las demandas sociales, reformularse para concretar el anhelo de un mundo realmente justo, libre y humano.
Se inicia la séptima semana de protestas en Haití, cuyo ejemplo es el extremo de las consecuencias suscitadas por las políticas neoliberales aplicadas en América Latina; su condena arrastrada por siglos, lo sumerge en una constante crisis de gobierno y social. Durante todo el año de 2019, una cadena de manifestaciones itinerantes se han registrado, teniendo la común característica con los recientes acontecimientos en otros países latinoamericanos en el rechazo tajante a las medidas económicas implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el imperialismo estadounidense; pero en Haití, los causes se desbordan porque a diferencia de otros países, éste no ha tenido en décadas un periodo intermedio de estabilidad, aunque sea cierto también, que en muchos países (como Chile) ese periodo de estabilidad resultó ser más farsa que verdad, porque la pobreza extrema, la desigualdad, la violencia estructural, la sobre-explotación y el racismo son elementos que definen casi por norma la realidad de la nación caribeña, que además, carga sobre su espalda, una permanente campaña de ocultamiento por los grandes medios de comunicación, pues de las crisis, protestas y reclamos sociales en Haití no se habla, ni siquiera para descalificarlos y tergiversarlos; el silencio es tal que, verdaderamente, pone en entredicho la integridad humana. Haití es la evocación continua de la necesidad de construir otro mundo.
Las protestas reiniciaron por la escasez de combustible y el aumento de su precio, la falta de comida, medicamentos, gas, agua potable y por la devaluación de la moneda; esto agudizó la crisis económica que se vive en el país más pobre de Latinoamérica, donde la mayoría de la población sobrevive con dos dólares al día, o mucho menos. El pueblo ha tomado las calles para enfrentar al neoliberalismo, trabajadores y trabajadoras resisten la represión brutal que ha dejado muchos asesinados y encarcelados, mantienen la fuerza para continuar, varios sindicatos y el movimiento feminista junto a diversos partidos políticos se van agregando, la organización de base permite otorgarse solidaridad entre los desposeídos (algo que el poder burgués jamás comprenderá), el magisterio y los estudiantes se han sumado al paro general, el pueblo se agrupa bajo el nombre de Foro Patriótico que ha propuesto ante el deseo de renuncia del presidente, “un gobierno de transición por un período de tres años para atajar los problemas de hambre, miseria y desempleo que afecta a más del 80% de la población, y la reforma de las instituciones estatales según las necesidades de la población”. La lucha haitiana siempre tiene un toque más elevado en su densidad, pues no sólo se lucha por frenar medidas anti-populares, sino por sobrevivir como pueblo, nación y seres humanos.
Frente a las movilizaciones populares, el presidente haitiano, Jovenel Moïse, ha declarado que “no se encuentra aferrado al poder sino a las reformas que pretende implementar”, pero no dice que las reformas pretendidas son modificaciones constitucionales, modificaciones a la ley aduanera y del sector energético, todo, para seguir beneficiando a los saqueadores y explotadores; el presidente Moïse es acusado de corrupción y se ha exigido su renuncia, por lo que justifica su aferrado amor al poder diciendo que es necesario “ver cómo podemos sacar provecho de esta crisis, cómo hacer de esta crisis una oportunidad”, la realidad no es más que el cinismo de quien oprime, la oportunidad planteada es la permanencia de un estado de indefensión agudizado por la injerencia imperialista y neocolonial.
Haití es la muestra de la soberbia y la venganza, la primera colonia liberada de América es hoy el país más lastimado por todas esas viejas potencias nostálgicas de su hegemonía, la muestra es el botón de oro: Haití vive una ocupación desde principios del siglo XXI, con el pretexto del envío de “ayuda humanitaria”, una coalición de naciones la mantiene asediada, el aval de la ONU a esta condición es otra de las muchas incongruencias en el seno del organismo internacional, el pasado 17 de octubre la ONU dio a conocer la continuación de su política intervencionista con el programa BITUH, que dará continuación del MINUJUSTH que precedió a los Cascos Azules, quienes cometieron múltiples vejaciones contra el pueblo haitiano.
Una de las grandes movilizaciones que se han registrado en estas nuevas jornadas de resistencia, fue justamente dirigida a ese intervencionismo, los manifestante se dirigieron al cuartel general de la ONU, cerca del Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe, donde expresaron su repudio al apoyo del Grupo Central al gobierno de Jovenel Moïse, este grupo lo conforman nada menos y nada más que un representante especial de la Secretaría General de la ONU, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos y los representantes de España, la OEA y la UE, todos estos países y estas organizaciones guardan un silencio culposo sobre la real situación que se vive en Haití, donde todos, desde luego, son cómplices de la opresión de larga duración que ha padecido, todos se benefician y extraen grandes riquezas, el neocolonialismo es real, tan real como la bota imperialista en el mundo. Haití libra una larga batalla contra todo el sistema mundial y es olvidado por la gran mayoría de las naciones. Ya es tiempo de dar luz a la verdad en Haití y extremar las manifestaciones de apoyo, la liberación haitiana es también la emancipación de los pueblos latinoamericanos.
Ninguna solución favorable al pueblo haitiano vendrá de las políticas neoliberales impuestas por el FMI, el imperialismo y neocolonialismo. Haití, como toda Nuestra América, enfrenta el reto y la necesidad de construir un nuevo orden mundial, esta región del mundo está llamada a ser vanguardia en esta impostergable urgencia, la resistencia contra el neoliberalismo ha de conducir a los pueblos a la abierta crítica de todo el sistema capitalista y a la formulación de un proyecto emancipador global. El socialismo tiene que levantar la mano para dar cauce a las demandas sociales, reformularse para concretar el anhelo de un mundo realmente justo, libre y humano.
23 de octubre de 2019
Sobre la violencia.
Por: Hibai Arbide / El Crític.
Traducción: VientoSur.
Este artículo no es un alegato a favor de la violencia. Repito, por si no queda claro: no pretendo animar a nadie a que utilice medios violentos para lograr sus reivindicaciones políticas. Solamente es una arenga a favor del rigor y en contra del alarmismo.
Si no tienes ganas de leerlo entero te lo resumo en una frase (larga): el estallido de rabia que estos días vive Catalunya no es único, ni imprevisible, ni especialmente intenso si lo comparamos con movilizaciones recientes en países de nuestro entorno y la sobreactuación de políticos, tertulianos y policías sólo es fruto de intereses obscenos.
Me veo tentado a repetir en cada párrafo que este texto no tiene por objetivo justificar nada. Sólo mostrar lo que pasa en otros países europeos para relativizar unos hechos que los medios españoles presentan sin contexto, sin mesura y sin rigor.
La violencia es mala. La violencia es un fracaso colectivo. Pero no es excepcional en la historia de los movimientos políticos. De casi todos los movimientos, en un momento u otro. Es absurdo gesticular como si nunca antes hubiera habido barricadas ardiendo, en Barcelona y en todas las ciudades europeas.
La violencia es, también, un gran tabú. Los debates públicos sobre la misma son hipócritas por varias razones. No hay debate posible si no se puede defender abiertamente el uso de la violencia como herramienta política sin miedo a las consecuencias penales. Además, en la práctica resulta imposible definir qué es violencia.
La legitimidad de la acción de un movimiento social varía en función de muchos factores: el consenso interno que genera, el enemigo contra el que lucha, la percepción de si es útil o contraproducente, la represión que provoca, lo que dice la ley, etc. Hay múltiples variables que determinan si el repertorio de acción empleado se percibe como “violencia” o como legítimo.
No hay una regla universal que defina qué es violencia en una movilización. Violencia es siempre lo de los otros. Hace dos días, los pensionistas en Madrid rompieron a empujones un cordón policial, pero nadie lo considera violencia porque el grado de fuerza utilizado se percibe como proporcional frente a la gran legitimidad de luchar por el futuro de las jubilaciones. En Hong Kong hace meses que el movimiento lanza cócteles molotov, bloquea aeropuertos, da patadas voladoras a los antidisturbios y utiliza catapultas en las barricadas, pero sigue siendo multitudinario y ampliamente percibido como democrático por la mayoría de los medios europeos. Sólo los muy fachas consideran hoy que parar un desahucio es violencia, aunque en ocasiones los activistas emplean empujones contra los policías. Los mineros de Asturies lanzan cohetes a la Guardia Civil. En 2009 trabajadores de la fábrica de tractores Caterpillar, en Francia, mantuvieron como rehenes a cuatro de sus jefes en protesta por el recorte de empleos y, a pesar de eso, los diarios publicaron que “no se ha informado de hechos de violencia”. Los ejemplos son infinitos.
En una entrevista al colectivo anarquista Rouvikonas de la que ya hablé en CRÍTIC anteriormente, les pregunté si aceptan la acusación de ser violentos que les lanza la prensa conservadora. No eludieron la pregunta y creo que plantearon una respuesta llena de matices y aspectos interesantes:
En 2018, las movilizaciones en Hamburgo (Alemania) contra el G8 fueron muchísimo más duras que las manifestaciones de estos días en Barcelona. No se acabó el mundo.La idílica Dinamarca vivió varias noches seguidas de disturbios en 2007 tras el desalojo de Ungdomshuset. Entre el 6 y el 10 de agosto de 2011, en Londres se quemaron mucho más que papeleras; decenas de edificios ardieron tras el asesinato policial de Mark Duggan. Los daños materiales se cifraron en 240 millones de euros y hubo 3.100 detenidos. Durante las últimas dos décadas ha habido tantos disturbios en Italia que no he sabido cuál seleccionar para poner de ejemplo. En Val di Susa se resiste al TAV desde los años 90 con toda clase de métodos. A pesar de los intentos de criminalización, que incluyen encarcelamientos con cargos de terrorismo, el apoyo popular sigue siendo multitudinario. ¿Hacen falta más ejemplos?
Un movimiento no gana, ni pierde, “por ser violento”. Gana y pierde en función del consenso que consigue suscitar y la violencia es sólo uno de los muchos factores que operan al respecto. Provoca sonrojo escuchar la repetición machacona de que lo de Barcelona está perfectamente planificado. Cualquiera que haya presenciado disturbios organizados de verdad percibe las diferencias a simple vista. Me gustaría que el mosso Toni Castejón pasara una noche de disturbios en Estambul, París o Atenas para que pudiera comparar. Tal vez se le quitaría la tendencia a la hipérbole que demuestra cada vez que va a la tele.
Piensa en un chaval de 20 años que lleva media vida escuchando que no hay que usar la violencia “porque es lo que ellos quieren”, que aguantó estoicamente el 1 de octubre y que ve que pacifistas recalcitrantes como Jordi Cuixart son condenados a 9 años de prisión por convocar movilizaciones pacíficas. Explícale que por desórdenes públicos la pena máxima son 3 años. Piensa en este chaval cuando el gobierno autonómico de Torra envía a los Mossos para hostiarle porque sólo está preocupado de mantener el cargo y controlar un movimiento que se ha independizado del ‘processisme’.
Traducción: VientoSur.
Inventar-te lleis pa que te quadren és VIOLÈNCIA
--Orxata Soud System.
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| Foto: Xavi Herrero. |
Este artículo no es un alegato a favor de la violencia. Repito, por si no queda claro: no pretendo animar a nadie a que utilice medios violentos para lograr sus reivindicaciones políticas. Solamente es una arenga a favor del rigor y en contra del alarmismo.
Si no tienes ganas de leerlo entero te lo resumo en una frase (larga): el estallido de rabia que estos días vive Catalunya no es único, ni imprevisible, ni especialmente intenso si lo comparamos con movilizaciones recientes en países de nuestro entorno y la sobreactuación de políticos, tertulianos y policías sólo es fruto de intereses obscenos.
Me veo tentado a repetir en cada párrafo que este texto no tiene por objetivo justificar nada. Sólo mostrar lo que pasa en otros países europeos para relativizar unos hechos que los medios españoles presentan sin contexto, sin mesura y sin rigor.
La violencia es mala. La violencia es un fracaso colectivo. Pero no es excepcional en la historia de los movimientos políticos. De casi todos los movimientos, en un momento u otro. Es absurdo gesticular como si nunca antes hubiera habido barricadas ardiendo, en Barcelona y en todas las ciudades europeas.
La violencia es, también, un gran tabú. Los debates públicos sobre la misma son hipócritas por varias razones. No hay debate posible si no se puede defender abiertamente el uso de la violencia como herramienta política sin miedo a las consecuencias penales. Además, en la práctica resulta imposible definir qué es violencia.
La legitimidad de la acción de un movimiento social varía en función de muchos factores: el consenso interno que genera, el enemigo contra el que lucha, la percepción de si es útil o contraproducente, la represión que provoca, lo que dice la ley, etc. Hay múltiples variables que determinan si el repertorio de acción empleado se percibe como “violencia” o como legítimo.
No hay una regla universal que defina qué es violencia en una movilización. Violencia es siempre lo de los otros. Hace dos días, los pensionistas en Madrid rompieron a empujones un cordón policial, pero nadie lo considera violencia porque el grado de fuerza utilizado se percibe como proporcional frente a la gran legitimidad de luchar por el futuro de las jubilaciones. En Hong Kong hace meses que el movimiento lanza cócteles molotov, bloquea aeropuertos, da patadas voladoras a los antidisturbios y utiliza catapultas en las barricadas, pero sigue siendo multitudinario y ampliamente percibido como democrático por la mayoría de los medios europeos. Sólo los muy fachas consideran hoy que parar un desahucio es violencia, aunque en ocasiones los activistas emplean empujones contra los policías. Los mineros de Asturies lanzan cohetes a la Guardia Civil. En 2009 trabajadores de la fábrica de tractores Caterpillar, en Francia, mantuvieron como rehenes a cuatro de sus jefes en protesta por el recorte de empleos y, a pesar de eso, los diarios publicaron que “no se ha informado de hechos de violencia”. Los ejemplos son infinitos.
Un breve repaso alrededor
En Grecia, donde vivo, la percepción de lo que es violencia o “fuerza legítima” es muy diferente a la que se tiene en el Estado Español. Aquí nadie se escandaliza porque las manifestaciones se auto-protejan con varias líneas de activistas pertrechados con cascos y bastones. Lo hacen desde los anarquistas hasta el Partido Comunista, pasando por los sindicatos o el movimiento estudiantil. No se percibe como un gesto violento. A menudo, sindicalistas se enfrentan cuerpo a cuerpo a policías. El uso de ‘molotovs’ es tan habitual que cuando “sólo son unos pocos ‘molotov’ como cualquier sábado” ni siquiera es noticia. En 2013, monjes ortodoxos del Monte Athos respondieron lanzando ‘molotovs’ al intento de desalojo de su monasterio en un conflicto eclesiástico interno. En 2008, tras el asesinato de un adolescente a manos de un policía, se quemaron todos los bancos de Atenas y hubo disturbios ininterrumpidos durante un mes. Vuelvo a repetir: ¿estoy diciendo que porque en Grecia se tiren ‘molotovs’ está bien lanzarlos? No; lo que digo es que en cada lugar y cada momento varía lo que se percibe como violencia o autodefensa.En una entrevista al colectivo anarquista Rouvikonas de la que ya hablé en CRÍTIC anteriormente, les pregunté si aceptan la acusación de ser violentos que les lanza la prensa conservadora. No eludieron la pregunta y creo que plantearon una respuesta llena de matices y aspectos interesantes:
“Antes que nada, quiero decir que la violencia es algo malo. Nadie que está en su sano juicio quiere resolver sus conflictos con violencia. Por otro lado, la violencia es parte de la política desde que existe la violencia. Es parte de la sociedad, es una arma de doble filo. Lo diré de otra forma, por un lado está la violencia del poder, la violencia del Estado y el capital, y la más directa represión del ejército, así como la indirecta que se ejerce a través de la explotación, y por el otro lado está la violencia de los oprimidos, la lucha de clases y la violencia desde la base. Hasta dónde llega cada una de estas violencias en cada uno de los lados tiene que ver con la relación de fuerzas, dentro del poder y en contra del poder. En lo que respecta a Grecia y al grupo Rouvikonas, hemos elegido el nivel de violencia, hasta qué punto llegamos, en base a diferentes razones. Una razón es nuestra seguridad, otra es cuánto somos capaces y un tercera variante es cuánto puede asumir la gente de nuestra base social. Nosotros somos un movimiento con base social, y así actuamos. Usamos un cierto nivel de violencia y no pasamos de ahí. Y esto es una decisión política a largo plazo, siempre coherente con las circunstancias. Las acciones de Rouvikonas, en estas circunstancias, van desde lo simbólico, cuando tiramos octavillas irrumpiendo en un edificio público, hasta romper algunos cristales con un determinado objetivo. Hasta aquí hemos llegado por el momento. Así que sí, aceptamos la violencia como instrumento político y creemos que todos los espacios políticos aceptan violencia, institucional o no, como instrumento político y actúan como si no lo hicieran. Nosotros decidimos qué nivel de violencia usamos”.Los Chalecos Amarillos llevan más de 50 fines de semana movilizados en Francia. Hemos visto imágenes de ‘molotovs’, pirotecnia y adoquines lanzados a la policía, que en muchas ocasiones se ha visto obligada a retroceder ante la dureza de los manifestantes. Es un movimiento multitudinario y complejo. Sus portavoces nacionales tienen cuatro temas sobre los que tienen prohibido pronunciarse; uno de ellos es la violencia. Han acordado no contestar preguntas sobre ella porque en el movimiento no hay consenso y no quieren hacer ni apología ni condena.
En 2018, las movilizaciones en Hamburgo (Alemania) contra el G8 fueron muchísimo más duras que las manifestaciones de estos días en Barcelona. No se acabó el mundo.La idílica Dinamarca vivió varias noches seguidas de disturbios en 2007 tras el desalojo de Ungdomshuset. Entre el 6 y el 10 de agosto de 2011, en Londres se quemaron mucho más que papeleras; decenas de edificios ardieron tras el asesinato policial de Mark Duggan. Los daños materiales se cifraron en 240 millones de euros y hubo 3.100 detenidos. Durante las últimas dos décadas ha habido tantos disturbios en Italia que no he sabido cuál seleccionar para poner de ejemplo. En Val di Susa se resiste al TAV desde los años 90 con toda clase de métodos. A pesar de los intentos de criminalización, que incluyen encarcelamientos con cargos de terrorismo, el apoyo popular sigue siendo multitudinario. ¿Hacen falta más ejemplos?
¿Violencia organizada?
¿De verdad alguien se cree que cada noche “grupos perfectamente organizados y entrenados” se dan cita para arrasar Barcelona como soldaditos enviados por Torra? Ese tipo de mensajes produce una distancia insalvable entre quien se arroga la exclusividad de dictar qué es legítimo y quien enciende papeleras. El tertuliano está tan aislado como “los violentos” (sic); a los chavales que se hacen selfies en las barricadas se la suda lo que digan en la tele. Su rabia no tiene por objetivo convencer a quien nunca les preguntó ni les quiso escuchar.Un movimiento no gana, ni pierde, “por ser violento”. Gana y pierde en función del consenso que consigue suscitar y la violencia es sólo uno de los muchos factores que operan al respecto. Provoca sonrojo escuchar la repetición machacona de que lo de Barcelona está perfectamente planificado. Cualquiera que haya presenciado disturbios organizados de verdad percibe las diferencias a simple vista. Me gustaría que el mosso Toni Castejón pasara una noche de disturbios en Estambul, París o Atenas para que pudiera comparar. Tal vez se le quitaría la tendencia a la hipérbole que demuestra cada vez que va a la tele.
Piensa en un chaval de 20 años que lleva media vida escuchando que no hay que usar la violencia “porque es lo que ellos quieren”, que aguantó estoicamente el 1 de octubre y que ve que pacifistas recalcitrantes como Jordi Cuixart son condenados a 9 años de prisión por convocar movilizaciones pacíficas. Explícale que por desórdenes públicos la pena máxima son 3 años. Piensa en este chaval cuando el gobierno autonómico de Torra envía a los Mossos para hostiarle porque sólo está preocupado de mantener el cargo y controlar un movimiento que se ha independizado del ‘processisme’.
16 de octubre de 2019
En defensa de Greta Thunberg.
Por: Daniel Tanuro / VientoSur.
Traducción: VientoSur.
La joven sueca Greta Thunberg se enfrenta a una avalancha de odio que se traduce en los más viles ataques machistas, las más sórdidas insinuaciones 1 sobre su salud mental, rastreras calumnias sobre su autonomía y amenazas de muerte apenas disimuladas. No hay que ir muy lejos para encontrar el origen de esos raudales de odio que no cesan de crecer. Este origen está en la extrema derecha nacional-populista, negacionista, sexista, racista y antisemita. Se expande como un cáncer, sobre todo, desde que Trump fue elegido, el Brexit, los éxitos de la AfD alemana, del FN/RN francés y de la Liga Italiana. Los montajes de photoshop que muestran a Greta a lado del financiero Georges Soros o de un combatiente del Estado Islámico expresan a las claras las intenciones antisemitas o islamofóbicas de estos medios.
Los vínculos de esta extrema derecha con las empresas de los combustibles fósiles están confirmados, especialmente a través del Instituto Europeo para el Clima y la Energía (EIKE). En realidad, el EIKE colabora con el Heartland Institute, un think tank estadounidense negacionista del cambio climático financiado por el sector petrolero y por el grupo Koch (la empresa privada más poderosa de Estados Unidos, del sector de la energía fósil y del químico, y totalmente negacionista). Rascando un poco, encontramos en la campaña contra Greta Thunberg una nebulosa de colaboradores y colaboradoras de los think tank reaccionarios y otros institutos negacionistas financiados por Exxon y Chevron. Especialmente, el Competitive Enterprise Institue (CEI) del que salió Myron Ebell, un miembro del equipo de transición de Trump a la cabeza de la EPA, Breitbar New, etc.
Los principales temas en los ataques a Greta Thunberg son los mismos a un lado y a otro del Atlántico: que vuelva a la escuela para aprender lo que no sabe; es una marioneta en manos de Al Gore y del capitalismo verde; quienes mueven los hilos utilizan a niños y niñas con minusvalías para imponer una dictadura de la emoción; llamar a la huelga porque el mundo está acabado, es totalitarismo; esta pobre chica es una iluminada, una enferma, etc2. La mayoría de estas calificaciones ya estaban en el comentario de Jordan Bardella (FN/RN) durante la visita de Greta a la Asamblea Nacional francesa.
Pero se ve que el negacionismo no lo explica todo, lejos de ello. El odio contra Greta Thunberg es más exacerbado porque la presa es una mujer, una mujer joven. Una chica que no teme asumirse tal como es, con su personalidad diferente, como ella misma lo explica3. Una chica valiente, decidida, inteligente, sensible, que sabe de qué habla. Una chica que se expresa con claridad, en nombre de la juventud, en nombre del futuro y no duda en enfrentarse a los poderosos con una insolencia feliz. En una palabra: una bruja.
Cuando se trata de atacar a una mujer, lo que algunos llaman “la tradición del libertinaje” se convierte (en Francia a menudo por desgracia), en un emanación de hedores pestilentes. Los de Bernard Pivot superan todo lo imaginable4. Vistas las distinciones académicas del personaje, es el momento de recordar esta frase histórica: “Señor, usted solo es una mierda pinchada en un palo” (. Frase de Napoleón dirigida a Tayllerant, NdT ). Aplicado a este caso concreto: el sexismo y el machismo siempre tienden un puente hacia la extrema derecha.
Al principio, los capitalistas han apostado por la asimilación de Greta Thunberg y, a través de ella, por la neutralización de la juventud. De ahí, la invitación a Davos, al Parlamento europeo, a la Asamblea Nacional y a muchos otros sitios oficiales. Puesto que, en nombre de la ciencia, llamaba a la unidad de toda la gente contra la amenaza, los políticos se creyeron que se la meterían en el bolsillo mostrándole que hacían lo máximo, etc. Pero Greta Thunberg no se ha dejado engañar. En el Parlamento europeo, después de que Juncker le hiciera la reverencia (¡!), declaró: “¿los políticos no quieren hablarnos? Nosotras y nosotros tampoco”.
Hay que decir la verdad y toda la verdad; en este caso, una parte no desdeñable de la izquierda y de los medios ecologistas aullaron con los lobos. Bajo las excusas más variopintas: “Greta no es anticapitalista”, “Greta no está contra el crecimiento”, “Greta es una vedette”, “No es por casualidad que se la invita aquí”, “Greta hace el juego al capitalismo verde”, etc. Sin contar las valoraciones psiquiátricas de chirigota... Todo eso, en el fondo, por una única e inconfesable razón: la rabia de verse superados por una chica de quince años, salida de ninguna parte, que ha hecho en un año más para cambiar el clima (sin juego de palabras) que muchas estructuras militantes en treinta años...
Hoy no hay lugar para la menor duda: después de la presentación de Greta en la ONU, la gente poderosa va a cambiar de táctica. Les ha puesto en la picota sin dudar (“¿Cómo os atrevéis?” “Solo habláis de dinero”) y su mensaje ha tenido el máximo impacto a nivel mundial. Frente al fracaso de la cumbre, llama a la huelga una vez más. De repente, se acabaron los intentos de asimilación: no es broma.
El giro es muy visible en Francia: Macron reprocha a Greta Tunberg “dividir a nuestras sociedades” y recomienda a la juventud hacer acciones “ciudadanas” antes que hacer huelga o de ir a manifestarse en Polonia contra el negacionista Duda. En cuanto al director general del grupo de artículos de lujo LVMH, Bernard Arnault, se coloca en primera línea para amonestar a la joven sueca de “desmoralizar a la juventud” (el mismo argumento que Bardella) frente a las radiantes perspectivas del capitalismo verde. “How do yo dare?” (¿Cómo te atreves?) ¿Este individuo piensa que la fortuna que ha amasado en la industria del lujo para ricos le permite opinar sobre cualquier cosa?
Por muy increíble que pueda parecer visto el contexto, las personas poderosas están preocupadas, es decir, inquietas. Temen una ruptura abisal entre la juventud y el viejo mundo. Su mundo. El de la política al servicio de los ricos, de la competencia entre naciones, del capitalismo que destruye la naturaleza y la vida. Temen el movimiento mundial de la juventud, esperando que se extienda a otras sectores. El campesinado, la gente explotada, los pueblos indígenas cuyos bosques están siendo saqueados, las personas oprimidas en general. ¿Imposible? ¿Quién sabe? El llamamiento de la generación de Greta resuena en lo más profundo, pues al 99% no le gusta la idea de que el mundo de nuestras hijas e hijos sea peor que el nuestro... salvo al 1% que es responsable del desastre.
Puesto que rechaza entrar en vereda, cualquier medio es válido contra el símbolo de ese movimiento, Greta Thunberg. Los media que la han llevado a la cúspide van a arrastrarla hasta el barro, los políticos que han intentado utilizarla van a condenarla a la hoguera por brujería y la extrema derecha se ofrecerá para hacer el trabajo.
El odio contra esta joven es la expresión de la lucha de los poderosos por su dominio. La lucha contra la juventud y las mujeres sin duda. Pero también contra la gente asalariada, campesina, racializada, los pueblos indígenas, las personas diferentes y los seres vivos en general. La lucha de clases en la era del Antropoceno.
Sean los que sean los límites de Greta Thunberg, nuestro sitio es estar a su lado, en el combate que no ha dejado de favorecer y que ahora se trata de organizar democráticamente. Es el sitio de toda la izquierda incluso de todo ecologista digno de ese nombre. ¡Quiten sus sucias manos de Greta Thunberg!
Notas: 1/ “Es en agosto cuando se dan los accidentes de los cruceros”: así comentó el hombre de negocios británico, aliado de Trump y socio capitalista de Farage, Arron Banks, el que Greta Thumberg haya atravesado el Atlántico a vela para participar en la Cumbre contra el cambio climático de la Naciones Unidas.
2/ Para el abanico de insultos escuchados en los medias franceses leer el artículo de Samuel Gontier, “Haro sur Greta Thumberg, la demoniaque vestale hitlero-maoïste”.
3/ Recordemos que el psiquiatra austriaco Asperger, que dio nombre al síndrome, era un nazi. Responsable de asesinato de criaturas con minusvalía, Asperger actualizó un test para determinar a quienes perdonar porque sus capacidades, según él, podían ser útiles...
4/ Es el autor de este tweet: “En mi generación, los muchachos buscaban jovencitas suecas que tenían fama de ser menos estrechas que las francesas. Me imagino nuestro asombro, nuestro canguelo si nos hubiéramos acercado a Greta Thumberg".
http://www.contretemps.eu/defense-greta-thunberg/
Traducción: VientoSur.
La joven sueca Greta Thunberg se enfrenta a una avalancha de odio que se traduce en los más viles ataques machistas, las más sórdidas insinuaciones 1 sobre su salud mental, rastreras calumnias sobre su autonomía y amenazas de muerte apenas disimuladas. No hay que ir muy lejos para encontrar el origen de esos raudales de odio que no cesan de crecer. Este origen está en la extrema derecha nacional-populista, negacionista, sexista, racista y antisemita. Se expande como un cáncer, sobre todo, desde que Trump fue elegido, el Brexit, los éxitos de la AfD alemana, del FN/RN francés y de la Liga Italiana. Los montajes de photoshop que muestran a Greta a lado del financiero Georges Soros o de un combatiente del Estado Islámico expresan a las claras las intenciones antisemitas o islamofóbicas de estos medios.
Los vínculos de esta extrema derecha con las empresas de los combustibles fósiles están confirmados, especialmente a través del Instituto Europeo para el Clima y la Energía (EIKE). En realidad, el EIKE colabora con el Heartland Institute, un think tank estadounidense negacionista del cambio climático financiado por el sector petrolero y por el grupo Koch (la empresa privada más poderosa de Estados Unidos, del sector de la energía fósil y del químico, y totalmente negacionista). Rascando un poco, encontramos en la campaña contra Greta Thunberg una nebulosa de colaboradores y colaboradoras de los think tank reaccionarios y otros institutos negacionistas financiados por Exxon y Chevron. Especialmente, el Competitive Enterprise Institue (CEI) del que salió Myron Ebell, un miembro del equipo de transición de Trump a la cabeza de la EPA, Breitbar New, etc.
Los principales temas en los ataques a Greta Thunberg son los mismos a un lado y a otro del Atlántico: que vuelva a la escuela para aprender lo que no sabe; es una marioneta en manos de Al Gore y del capitalismo verde; quienes mueven los hilos utilizan a niños y niñas con minusvalías para imponer una dictadura de la emoción; llamar a la huelga porque el mundo está acabado, es totalitarismo; esta pobre chica es una iluminada, una enferma, etc2. La mayoría de estas calificaciones ya estaban en el comentario de Jordan Bardella (FN/RN) durante la visita de Greta a la Asamblea Nacional francesa.
Pero se ve que el negacionismo no lo explica todo, lejos de ello. El odio contra Greta Thunberg es más exacerbado porque la presa es una mujer, una mujer joven. Una chica que no teme asumirse tal como es, con su personalidad diferente, como ella misma lo explica3. Una chica valiente, decidida, inteligente, sensible, que sabe de qué habla. Una chica que se expresa con claridad, en nombre de la juventud, en nombre del futuro y no duda en enfrentarse a los poderosos con una insolencia feliz. En una palabra: una bruja.
Cuando se trata de atacar a una mujer, lo que algunos llaman “la tradición del libertinaje” se convierte (en Francia a menudo por desgracia), en un emanación de hedores pestilentes. Los de Bernard Pivot superan todo lo imaginable4. Vistas las distinciones académicas del personaje, es el momento de recordar esta frase histórica: “Señor, usted solo es una mierda pinchada en un palo” (. Frase de Napoleón dirigida a Tayllerant, NdT ). Aplicado a este caso concreto: el sexismo y el machismo siempre tienden un puente hacia la extrema derecha.
Al principio, los capitalistas han apostado por la asimilación de Greta Thunberg y, a través de ella, por la neutralización de la juventud. De ahí, la invitación a Davos, al Parlamento europeo, a la Asamblea Nacional y a muchos otros sitios oficiales. Puesto que, en nombre de la ciencia, llamaba a la unidad de toda la gente contra la amenaza, los políticos se creyeron que se la meterían en el bolsillo mostrándole que hacían lo máximo, etc. Pero Greta Thunberg no se ha dejado engañar. En el Parlamento europeo, después de que Juncker le hiciera la reverencia (¡!), declaró: “¿los políticos no quieren hablarnos? Nosotras y nosotros tampoco”.
Hay que decir la verdad y toda la verdad; en este caso, una parte no desdeñable de la izquierda y de los medios ecologistas aullaron con los lobos. Bajo las excusas más variopintas: “Greta no es anticapitalista”, “Greta no está contra el crecimiento”, “Greta es una vedette”, “No es por casualidad que se la invita aquí”, “Greta hace el juego al capitalismo verde”, etc. Sin contar las valoraciones psiquiátricas de chirigota... Todo eso, en el fondo, por una única e inconfesable razón: la rabia de verse superados por una chica de quince años, salida de ninguna parte, que ha hecho en un año más para cambiar el clima (sin juego de palabras) que muchas estructuras militantes en treinta años...
Hoy no hay lugar para la menor duda: después de la presentación de Greta en la ONU, la gente poderosa va a cambiar de táctica. Les ha puesto en la picota sin dudar (“¿Cómo os atrevéis?” “Solo habláis de dinero”) y su mensaje ha tenido el máximo impacto a nivel mundial. Frente al fracaso de la cumbre, llama a la huelga una vez más. De repente, se acabaron los intentos de asimilación: no es broma.
El giro es muy visible en Francia: Macron reprocha a Greta Tunberg “dividir a nuestras sociedades” y recomienda a la juventud hacer acciones “ciudadanas” antes que hacer huelga o de ir a manifestarse en Polonia contra el negacionista Duda. En cuanto al director general del grupo de artículos de lujo LVMH, Bernard Arnault, se coloca en primera línea para amonestar a la joven sueca de “desmoralizar a la juventud” (el mismo argumento que Bardella) frente a las radiantes perspectivas del capitalismo verde. “How do yo dare?” (¿Cómo te atreves?) ¿Este individuo piensa que la fortuna que ha amasado en la industria del lujo para ricos le permite opinar sobre cualquier cosa?
Por muy increíble que pueda parecer visto el contexto, las personas poderosas están preocupadas, es decir, inquietas. Temen una ruptura abisal entre la juventud y el viejo mundo. Su mundo. El de la política al servicio de los ricos, de la competencia entre naciones, del capitalismo que destruye la naturaleza y la vida. Temen el movimiento mundial de la juventud, esperando que se extienda a otras sectores. El campesinado, la gente explotada, los pueblos indígenas cuyos bosques están siendo saqueados, las personas oprimidas en general. ¿Imposible? ¿Quién sabe? El llamamiento de la generación de Greta resuena en lo más profundo, pues al 99% no le gusta la idea de que el mundo de nuestras hijas e hijos sea peor que el nuestro... salvo al 1% que es responsable del desastre.
Puesto que rechaza entrar en vereda, cualquier medio es válido contra el símbolo de ese movimiento, Greta Thunberg. Los media que la han llevado a la cúspide van a arrastrarla hasta el barro, los políticos que han intentado utilizarla van a condenarla a la hoguera por brujería y la extrema derecha se ofrecerá para hacer el trabajo.
El odio contra esta joven es la expresión de la lucha de los poderosos por su dominio. La lucha contra la juventud y las mujeres sin duda. Pero también contra la gente asalariada, campesina, racializada, los pueblos indígenas, las personas diferentes y los seres vivos en general. La lucha de clases en la era del Antropoceno.
Sean los que sean los límites de Greta Thunberg, nuestro sitio es estar a su lado, en el combate que no ha dejado de favorecer y que ahora se trata de organizar democráticamente. Es el sitio de toda la izquierda incluso de todo ecologista digno de ese nombre. ¡Quiten sus sucias manos de Greta Thunberg!
Notas: 1/ “Es en agosto cuando se dan los accidentes de los cruceros”: así comentó el hombre de negocios británico, aliado de Trump y socio capitalista de Farage, Arron Banks, el que Greta Thumberg haya atravesado el Atlántico a vela para participar en la Cumbre contra el cambio climático de la Naciones Unidas.
2/ Para el abanico de insultos escuchados en los medias franceses leer el artículo de Samuel Gontier, “Haro sur Greta Thumberg, la demoniaque vestale hitlero-maoïste”.
3/ Recordemos que el psiquiatra austriaco Asperger, que dio nombre al síndrome, era un nazi. Responsable de asesinato de criaturas con minusvalía, Asperger actualizó un test para determinar a quienes perdonar porque sus capacidades, según él, podían ser útiles...
4/ Es el autor de este tweet: “En mi generación, los muchachos buscaban jovencitas suecas que tenían fama de ser menos estrechas que las francesas. Me imagino nuestro asombro, nuestro canguelo si nos hubiéramos acercado a Greta Thumberg".
http://www.contretemps.eu/defense-greta-thunberg/
15 de octubre de 2019
El invierno turco sobre Kurdistán.
Por: Mumia Abu-Jamal / Amig@s de Mumia México.
Traducción: Amig@s de Mumia México.
Durante la Guerra contra Irak, cuando Bush II desató una campaña de shock y pavor sobre el país encabezado por Sadam Hussein, supuestamente en búsqueda de armas de destrucción masiva, el territorio norteño de los Kurdos, ahora un área autónoma llamada Kurdistan, fue el único lugar donde los estadounidenses pudieron caminar en paz relativa.
La invasión de Irak, ahora considerada la estupidez más garrafal de la política externa en la historia de Estados Unidos, provocó olas de desastre, descontento y desorden en todo el Medio Oriente, al básicamente establecer un régimen chiita, bien recibido por su vecino chiita, Irán.
Los Kurdos aprovecharon el desastre para consolidar su poder en el Norte de Irak. Las y los Kurdos que vivían en otras regiones, como Siria y Turquía, buscaron emular sus parientes iraquíes con esfuerzos para establecer regiones autónomas en el Noreste de Siria y el Este de Turquía.
Pero Turquía, un país ferozmente nacionalista, rechazó estos esfuerzos automáticamente. Ha prohibido por ley los idiomas kurdos y detenido a personas por usar ropa netamente kurda. Califica a los Kurdos de “terroristas”, especialmente las y los integrantes y simpatizantes del autónomo Partido Obrero Kurdo (PKK).
Ahora el régimen de Trump, al retirar las tropas estadounidenses de Siria, ha dejado a los Kurdos vulnerables a la furia turca por atreverse a buscar su libertad y autonomía. Tachados de “amigos” del diablo estadounidense, [por pelear con mucho éxito contra su enemigo común, ISIS] ellas y ellos enfrentan el poder de las fuerzas armadas de Turquía, y posiblemente una matanza.
Los imperios no tienen amigos, tampoco aliados en realidad. Tienen usanzas, tienen sirvientes. Utilizaron a los Kurdos hasta dejar de necesitarlos. Ahora los Kurdos enfrentan un desastre y están solos en el mundo.
Desde la nación encarcelada soy Mumia Abu-Jamal.
—(c)’19maj
13 de octubre de 2019
Audio grabado por Noelle Hanrahan, www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México
https://amigosdemumiamx.blog/2019/10/15/el-invierno-turco-sobre-kurdistan/
Traducción: Amig@s de Mumia México.
Durante la Guerra contra Irak, cuando Bush II desató una campaña de shock y pavor sobre el país encabezado por Sadam Hussein, supuestamente en búsqueda de armas de destrucción masiva, el territorio norteño de los Kurdos, ahora un área autónoma llamada Kurdistan, fue el único lugar donde los estadounidenses pudieron caminar en paz relativa.
La invasión de Irak, ahora considerada la estupidez más garrafal de la política externa en la historia de Estados Unidos, provocó olas de desastre, descontento y desorden en todo el Medio Oriente, al básicamente establecer un régimen chiita, bien recibido por su vecino chiita, Irán.
Los Kurdos aprovecharon el desastre para consolidar su poder en el Norte de Irak. Las y los Kurdos que vivían en otras regiones, como Siria y Turquía, buscaron emular sus parientes iraquíes con esfuerzos para establecer regiones autónomas en el Noreste de Siria y el Este de Turquía.
Pero Turquía, un país ferozmente nacionalista, rechazó estos esfuerzos automáticamente. Ha prohibido por ley los idiomas kurdos y detenido a personas por usar ropa netamente kurda. Califica a los Kurdos de “terroristas”, especialmente las y los integrantes y simpatizantes del autónomo Partido Obrero Kurdo (PKK).
Ahora el régimen de Trump, al retirar las tropas estadounidenses de Siria, ha dejado a los Kurdos vulnerables a la furia turca por atreverse a buscar su libertad y autonomía. Tachados de “amigos” del diablo estadounidense, [por pelear con mucho éxito contra su enemigo común, ISIS] ellas y ellos enfrentan el poder de las fuerzas armadas de Turquía, y posiblemente una matanza.
Los imperios no tienen amigos, tampoco aliados en realidad. Tienen usanzas, tienen sirvientes. Utilizaron a los Kurdos hasta dejar de necesitarlos. Ahora los Kurdos enfrentan un desastre y están solos en el mundo.
Desde la nación encarcelada soy Mumia Abu-Jamal.
—(c)’19maj
13 de octubre de 2019
Audio grabado por Noelle Hanrahan, www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México
https://amigosdemumiamx.blog/2019/10/15/el-invierno-turco-sobre-kurdistan/
MIRADA ANTROPOLÓGICA | La defensa de las tierras.
Por: Rodrigo Llanes Salazar / Diario de Yucatán.
Junto al despojo de tierras ejidales de los pueblos Yucatán ha surgido también un proceso de defensa de las tierras, el territorio y los recursos naturales de la región.
El pasado sábado 12 de octubre se celebró en la comunidad de Ixil el “Foro por la defensa, recuperación y conservación del territorio maya”. En el documento de invitación al evento se plantea que “las comunidades de la Península de Yucatán estamos siendo arrasadas por megaproyectos inmobiliarios, fotovoltaicos, eólicos, turísticos, de granjas porcícolas y de soya transgénica”.
Asimismo, en la invitación se relata que el ejido de Ixil “estuvo a punto de desaparecer como consecuencia de actos fraudulentos llevados al cabo por especuladores de tierras coludidos con funcionarios públicos, que estuvieron a punto de transformar nuestras tierras ejidales en propiedad privada para entregarlas a los megaproyectos”, particularmente para la construcción de dos parques eólicos.
Gracias al acompañamiento de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch Xíinbal, la Red de Resistencia y Rebeldía Jo’, Yansa y la Articulación Yucatán, el ejido de Ixil logró recuperar sus tierras. Sin embargo, como reconocen ejidatarios y pobladores de Ixil, el territorio de su pueblo sigue sufriendo amenazas de despojo, particularmente el sitio conocido como “Las Trincheras”, que se ubica al norte del ejido. Legalmente reconocidas como tierras nacionales, Las Trincheras están siendo invadidas por personas externas a la comunidad.
Por estas razones, el ejido de Ixil y las organizaciones que lo acompañan han comenzado a discutir la posibilidad de cambiar su régimen legal de ejido a bienes comunales o comunidad agraria.
Como se explica en el folleto “El régimen de Bienes comunales: una herramienta para la recuperación, defensa y conservación del territorio ancestral de Ixil y otras comunidades mayas”, distribuido en el foro, los Bienes comunales “son los núcleos agrarios que conservaron sus tierras desde épocas coloniales cuyas tierras fueron restituidas, reconocidas o confirmadas por la legislación agraria”.
En teoría, los ejidos fueron creados por medio de la dotación de tierras a un grupo de campesinos por el Estado, mientras que los bienes comunales o comunidades agrarias son aquellas comunidades que lograron demostrar por medio de algún título de propiedad —como los títulos virreinales— que han poseído las tierras desde tiempo atrás, o bien, que fueron desposeídas de sus tierras y que, por tanto, éstas deben ser restituidas.
El folleto antes citado, elaborado por Sergio Oceransky, de Yansa, con aportes de la antropóloga Gabriela Torres-Mazuera y la abogada Claudia Gómez, explica que en el caso de Yucatán, las comunidades mayas no recibieron títulos colectivos de propiedad en la época de la Corona Española, por lo que, después de la Revolución Mexicana y la promulgación de la Constitución 1917, las comunidades mayas no pudieron demostrar que habían sido despojadas de sus tierras. Entonces, fueron reconocidas legalmente como ejidos (con dos excepciones, en Progreso y Ticul).
Sin embargo, como han documentado varios estudios, actualmente la figura legal del ejido es insuficiente para proteger las tierras de las comunidades indígenas. Gracias a los cambios a la Ley Agraria, muchas personas externas a los ejidos pueden ser reconocidas como ejidatarios y comprar legal o ilegalmente tierras ejidales que han sido parceladas. A diferencia de las tierras ejidales, las tierras de las comunidades agrarias no pueden ser vendidas.
La Ley Agraria dispone en su Artículo 103 que los ejidos pueden decidir adoptar el régimen de comunidad agraria.
De acuerdo con ejidatarios de Ixil y las organizaciones que los acompañan, el reconocimiento de Ixil como bienes comunales o comunidad agraria permitiría detener el despojo de sus tierras y protegerlas para las generaciones futuras, pero también demandar al gobierno la restitución del territorio donde están Las Trincheras y dar, ahora sí, certidumbre jurídica a los campesinos.
El reconocimiento como comunidad agraria “les blindaría mucho más de posibles despojos futuros”, me comenta Oceransky. Los ejidatarios de Ixil tienen “una base legal sólida para solicitar la restitución de sus tierras. La comunidad lleva años cuidando las tierras, hacen un uso de baja intensidad, sustentable, y hay una identificación con Las Trincheras”, señala.
Cuando ejidatarios de Ixil y las organizaciones comenzaron a discutir la posibilidad del cambio al régimen de bienes comunales, decidieron organizar el foro del 12 de octubre, al que invitaron a varias autoridades federales y estatales, entre ellas al titular de la Procuraduría Agraria, Luis Hernández Palacios, y al titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano del gobierno federal, Román Meyer.
Es importante destacar que algunos medios de comunicación han informado de manera errónea que el foro fue organizado por el gobierno, cuando en realidad fue convocado y organizado por el comisariado ejidal de Ixil, como consta en las cartas de invitación que el comisariado ejidal envió a las distintas autoridades federales.
De acuerdo con Oceransky, cuando los empresarios interesados en las tierras de Ixil se enteraron del foro, comenzaron a ejercer más presión sobre los ejidatarios de Ixil.
De acuerdo con dos panelistas que participaron en el foro, al evento asistieron varios ejidatarios de Chocholá, Chablekal, Tecoh, Seyé, entre otros, que recibieron 200 pesos de empresarios para que fueran a denunciar de corrupción al Procurador Agrario.
Fue un intento de boicot, me comenta Oceransky, en el que los empresarios emplearon las tácticas de manipulación de siempre, tratando a los ejidatarios como ganado. Sin embargo, me comenta, cuando los ejidatarios que recibieron pagos para reventar el evento escucharon los mensajes del foro, los recibieron con aplausos.
Lamentablemente, la mayoría de los medios de comunicación que cubrieron el evento solo informaron —con errores— sobre esta parte del evento. En la segunda parte del foro se realizaron mesas de trabajo con las autoridades federales, en las que ejidatarios pudieron exponer los problemas de despojo que han sufrido de empresarios y visitadores agrarios. De acuerdo con participantes del Foro, el evento tuvo dos logros importantes.
El primero es que en el Foro participaron representantes de más de 50 ejidos y de tres frentes organizativos en defensa de las tierras de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. El segundo es que Luis Hernández, el Procurador Agrario, hizo tres compromisos importantes: 1) que todas las asambleas ejidales en las que se realicen cambios en el destino de tierras requerirán su visto bueno (de modo que se vigilaría que no se lleven al cabo compra-ventas ilegales de tierras); 2) que en 15 días enviaría un equipo jurídico para dar seguimiento a los conflictos por tierras ejidales en Yucatán, y 3) que las denuncias en concreto contra funcionarios de la Procuraduría Agraria se integrarán en expedientes frente al órgano interno de control.
México es parte de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial. Las disposiciones de esta Convención son obligatorias para el Estado Mexicano.
Recientemente, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, el órgano que se encarga de monitorear el cumplimiento de la Convención, dio a conocer sus observaciones finales sobre los informes que presentó México sobre el cumplimiento de la Convención. Entre estas observaciones se señala que “el Estado no cuenta con mecanismos adecuados para la protección, preservación, reclamación y restitución de las tierras, territorios y recursos tradicionalmente ocupados por pueblos indígenas”. Por tanto, el Comité recomienda al Estado mexicano “establecer un mecanismo adecuado y eficaz, en coordinación con las autoridades judiciales, agrarias y otras instituciones relevantes, que permita la reclamación y restitución de tierras y territorios ancestrales, asegurando que cuente con los recursos humanos, técnicos y financieros adecuados”.
El Estado mexicano tiene que cumplir con la recomendación internacional anterior. Pero la historia nos enseña que las presiones desde afuera no son suficientes si no hay presión al interior de los Estados.
Y, por lo menos en Yucatán, las comunidades y ejidos ya se están organizando para hacer efectiva la protección de sus tierras, territorios y recursos.
(Agradezco a Gabriela Torres-Mazuera, Claudia Gómez, Ivet Reyes y Sergio Oceransky sus aportaciones para este artículo).
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| Foto: Rodrigo Díaz Guzmán / La Jornada Maya. |
Junto al despojo de tierras ejidales de los pueblos Yucatán ha surgido también un proceso de defensa de las tierras, el territorio y los recursos naturales de la región.
El pasado sábado 12 de octubre se celebró en la comunidad de Ixil el “Foro por la defensa, recuperación y conservación del territorio maya”. En el documento de invitación al evento se plantea que “las comunidades de la Península de Yucatán estamos siendo arrasadas por megaproyectos inmobiliarios, fotovoltaicos, eólicos, turísticos, de granjas porcícolas y de soya transgénica”.
Asimismo, en la invitación se relata que el ejido de Ixil “estuvo a punto de desaparecer como consecuencia de actos fraudulentos llevados al cabo por especuladores de tierras coludidos con funcionarios públicos, que estuvieron a punto de transformar nuestras tierras ejidales en propiedad privada para entregarlas a los megaproyectos”, particularmente para la construcción de dos parques eólicos.
Gracias al acompañamiento de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch Xíinbal, la Red de Resistencia y Rebeldía Jo’, Yansa y la Articulación Yucatán, el ejido de Ixil logró recuperar sus tierras. Sin embargo, como reconocen ejidatarios y pobladores de Ixil, el territorio de su pueblo sigue sufriendo amenazas de despojo, particularmente el sitio conocido como “Las Trincheras”, que se ubica al norte del ejido. Legalmente reconocidas como tierras nacionales, Las Trincheras están siendo invadidas por personas externas a la comunidad.
Por estas razones, el ejido de Ixil y las organizaciones que lo acompañan han comenzado a discutir la posibilidad de cambiar su régimen legal de ejido a bienes comunales o comunidad agraria.
Como se explica en el folleto “El régimen de Bienes comunales: una herramienta para la recuperación, defensa y conservación del territorio ancestral de Ixil y otras comunidades mayas”, distribuido en el foro, los Bienes comunales “son los núcleos agrarios que conservaron sus tierras desde épocas coloniales cuyas tierras fueron restituidas, reconocidas o confirmadas por la legislación agraria”.
En teoría, los ejidos fueron creados por medio de la dotación de tierras a un grupo de campesinos por el Estado, mientras que los bienes comunales o comunidades agrarias son aquellas comunidades que lograron demostrar por medio de algún título de propiedad —como los títulos virreinales— que han poseído las tierras desde tiempo atrás, o bien, que fueron desposeídas de sus tierras y que, por tanto, éstas deben ser restituidas.
El folleto antes citado, elaborado por Sergio Oceransky, de Yansa, con aportes de la antropóloga Gabriela Torres-Mazuera y la abogada Claudia Gómez, explica que en el caso de Yucatán, las comunidades mayas no recibieron títulos colectivos de propiedad en la época de la Corona Española, por lo que, después de la Revolución Mexicana y la promulgación de la Constitución 1917, las comunidades mayas no pudieron demostrar que habían sido despojadas de sus tierras. Entonces, fueron reconocidas legalmente como ejidos (con dos excepciones, en Progreso y Ticul).
Sin embargo, como han documentado varios estudios, actualmente la figura legal del ejido es insuficiente para proteger las tierras de las comunidades indígenas. Gracias a los cambios a la Ley Agraria, muchas personas externas a los ejidos pueden ser reconocidas como ejidatarios y comprar legal o ilegalmente tierras ejidales que han sido parceladas. A diferencia de las tierras ejidales, las tierras de las comunidades agrarias no pueden ser vendidas.
La Ley Agraria dispone en su Artículo 103 que los ejidos pueden decidir adoptar el régimen de comunidad agraria.
De acuerdo con ejidatarios de Ixil y las organizaciones que los acompañan, el reconocimiento de Ixil como bienes comunales o comunidad agraria permitiría detener el despojo de sus tierras y protegerlas para las generaciones futuras, pero también demandar al gobierno la restitución del territorio donde están Las Trincheras y dar, ahora sí, certidumbre jurídica a los campesinos.
El reconocimiento como comunidad agraria “les blindaría mucho más de posibles despojos futuros”, me comenta Oceransky. Los ejidatarios de Ixil tienen “una base legal sólida para solicitar la restitución de sus tierras. La comunidad lleva años cuidando las tierras, hacen un uso de baja intensidad, sustentable, y hay una identificación con Las Trincheras”, señala.
Cuando ejidatarios de Ixil y las organizaciones comenzaron a discutir la posibilidad del cambio al régimen de bienes comunales, decidieron organizar el foro del 12 de octubre, al que invitaron a varias autoridades federales y estatales, entre ellas al titular de la Procuraduría Agraria, Luis Hernández Palacios, y al titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano del gobierno federal, Román Meyer.
Es importante destacar que algunos medios de comunicación han informado de manera errónea que el foro fue organizado por el gobierno, cuando en realidad fue convocado y organizado por el comisariado ejidal de Ixil, como consta en las cartas de invitación que el comisariado ejidal envió a las distintas autoridades federales.
De acuerdo con Oceransky, cuando los empresarios interesados en las tierras de Ixil se enteraron del foro, comenzaron a ejercer más presión sobre los ejidatarios de Ixil.
De acuerdo con dos panelistas que participaron en el foro, al evento asistieron varios ejidatarios de Chocholá, Chablekal, Tecoh, Seyé, entre otros, que recibieron 200 pesos de empresarios para que fueran a denunciar de corrupción al Procurador Agrario.
Fue un intento de boicot, me comenta Oceransky, en el que los empresarios emplearon las tácticas de manipulación de siempre, tratando a los ejidatarios como ganado. Sin embargo, me comenta, cuando los ejidatarios que recibieron pagos para reventar el evento escucharon los mensajes del foro, los recibieron con aplausos.
Lamentablemente, la mayoría de los medios de comunicación que cubrieron el evento solo informaron —con errores— sobre esta parte del evento. En la segunda parte del foro se realizaron mesas de trabajo con las autoridades federales, en las que ejidatarios pudieron exponer los problemas de despojo que han sufrido de empresarios y visitadores agrarios. De acuerdo con participantes del Foro, el evento tuvo dos logros importantes.
El primero es que en el Foro participaron representantes de más de 50 ejidos y de tres frentes organizativos en defensa de las tierras de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. El segundo es que Luis Hernández, el Procurador Agrario, hizo tres compromisos importantes: 1) que todas las asambleas ejidales en las que se realicen cambios en el destino de tierras requerirán su visto bueno (de modo que se vigilaría que no se lleven al cabo compra-ventas ilegales de tierras); 2) que en 15 días enviaría un equipo jurídico para dar seguimiento a los conflictos por tierras ejidales en Yucatán, y 3) que las denuncias en concreto contra funcionarios de la Procuraduría Agraria se integrarán en expedientes frente al órgano interno de control.
México es parte de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial. Las disposiciones de esta Convención son obligatorias para el Estado Mexicano.
Recientemente, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, el órgano que se encarga de monitorear el cumplimiento de la Convención, dio a conocer sus observaciones finales sobre los informes que presentó México sobre el cumplimiento de la Convención. Entre estas observaciones se señala que “el Estado no cuenta con mecanismos adecuados para la protección, preservación, reclamación y restitución de las tierras, territorios y recursos tradicionalmente ocupados por pueblos indígenas”. Por tanto, el Comité recomienda al Estado mexicano “establecer un mecanismo adecuado y eficaz, en coordinación con las autoridades judiciales, agrarias y otras instituciones relevantes, que permita la reclamación y restitución de tierras y territorios ancestrales, asegurando que cuente con los recursos humanos, técnicos y financieros adecuados”.
El Estado mexicano tiene que cumplir con la recomendación internacional anterior. Pero la historia nos enseña que las presiones desde afuera no son suficientes si no hay presión al interior de los Estados.
Y, por lo menos en Yucatán, las comunidades y ejidos ya se están organizando para hacer efectiva la protección de sus tierras, territorios y recursos.
(Agradezco a Gabriela Torres-Mazuera, Claudia Gómez, Ivet Reyes y Sergio Oceransky sus aportaciones para este artículo).
Nada que celebrar, mucho para reflexionar.
Por: María Teresa Jardí / Por Esto!
Como alerta Raúl Zibechi: “…No es posible seguir mejorando la situación de los sectores populares sin tocar la riqueza y los gobiernos que se reclamen progresistas no harán otra cosa que profundizar el extractivismo y el despojo de los pueblos: Andrés Manuel López Obrador y el posible gobierno de Alberto Fernández, son parte de esta realidad. El panorama de los próximos años será una sucesión de gobiernos progresistas y conservadores, con un telón de fondo de vastas movilizaciones populares. Se trata del fin de la estabilidad, de cualquier color…”.
Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Que la Tierra se está convirtiendo en páramo se ve incluso desde otros planetas en los que si hubiera vida, lejos de querer colonizarnos, las criaturas que también existieran huirían de los humanos como de la peste.
Nada que celebrar el 12 de octubre. Un día de luto para los pueblos originarios. Nada que celebrar desde el día del mal llamado descubrimiento de un continente que ya existía, poblado por habitantes con avances culturales muy por encima de los que evidenciaron tener los enviados a someter “evangelizando”, mientras otorgaban el permiso para que otros se alzaran como los conquistadores, que nunca se fueron del todo porque el mestizaje en México no se convirtió en orgullo y a la traición se la consideró virtud por los que ni siquiera pueden asumirse del todo criollos ni menos aún españoles o gringos, al costo de haber renunciado a sentir el orgullo de ser que no han perdido los mayas ni los otros pueblos originarios, a pesar de las adversas condiciones de vida prolongadas desde hace ya tantos siglos.
Obligada Jornada Global por la vida y los territorios de los pueblos originarios la convocada por el CNI este 12 de octubre. Jornada de denuncia de la detención ilegal de compañeros ambientalistas. De denuncia de crímenes cometidos en contra de quienes se oponen al despojo.
En recuerdo de lucha de Samir Flores, ejecutado impunemente en tiempos de la 4T, por oponerse a la Temoeléctrica que se quiere seguir construyendo en Morelos, a pesar de haberse ofrecido, para llegar, por parte de AMLO, lo contrario.
Jornada Global por el encarcelamiento impune del compañero mazahua Miguel Peralta, a quien el caciquismo que en MORENA prevalece lo mantiene, presionando al juez, en la cárcel. Compañero en huelga de hambre que puede costarle la vida.
Jornada Global por el envenenamiento de los cenotes que llegan al mar con la siembra permitida de granjas de cerdos maltratados, pero muy bien exportados por sus dueños, invasores del territorio.
El capitalismo lo quiere todo en manos de unos cuantos depredadores que son los dueños de los grandes capitales que hoy, en la Península de Yucatán, lo mismo siembran granjas productoras de cerdos que fotovoltaicas y eólicas, devastando la selva y amenazando a la naturaleza con la construcción del Tren Maya y su siembra de cemento alrededor del mismo, que dará empleo de servidumbre a los que ya solamente les restan pequeños territorios de los muchos que les pertenecían como pueblos originarios, y a los que desechados por similares razones de sus lugares de origen vayan llegando a este campo de concentración para inmigrantes, que como filtro de los yanquis se va convirtiendo a México.
Nada que celebrar. Todo por escribirse de nuevo. Y no sólo aquí. En Ecuador los pueblos originarios que están diciendo no a las condiciones impuestas y aceptadas por otro esbirro del FMI, Lenin Moreno, enfrentan una brutal represión y lo mismo puede decirse del pueblo kurdo destinado a ser desaparecido porque la rebeldía y el no sometimiento se llama hoy “terrorismo”, como antes se llamaba “comunismo” y antes “herejía”.
El terrorismo de Estado en manos de los terroristas encabezados por Trump al servicio de los grandes capitales globales que acaban con el planeta. El enemigo a combatir es el capitalismo. Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Como alerta Raúl Zibechi: “…No es posible seguir mejorando la situación de los sectores populares sin tocar la riqueza y los gobiernos que se reclamen progresistas no harán otra cosa que profundizar el extractivismo y el despojo de los pueblos: Andrés Manuel López Obrador y el posible gobierno de Alberto Fernández, son parte de esta realidad. El panorama de los próximos años será una sucesión de gobiernos progresistas y conservadores, con un telón de fondo de vastas movilizaciones populares. Se trata del fin de la estabilidad, de cualquier color…”.
Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Que la Tierra se está convirtiendo en páramo se ve incluso desde otros planetas en los que si hubiera vida, lejos de querer colonizarnos, las criaturas que también existieran huirían de los humanos como de la peste.
Nada que celebrar el 12 de octubre. Un día de luto para los pueblos originarios. Nada que celebrar desde el día del mal llamado descubrimiento de un continente que ya existía, poblado por habitantes con avances culturales muy por encima de los que evidenciaron tener los enviados a someter “evangelizando”, mientras otorgaban el permiso para que otros se alzaran como los conquistadores, que nunca se fueron del todo porque el mestizaje en México no se convirtió en orgullo y a la traición se la consideró virtud por los que ni siquiera pueden asumirse del todo criollos ni menos aún españoles o gringos, al costo de haber renunciado a sentir el orgullo de ser que no han perdido los mayas ni los otros pueblos originarios, a pesar de las adversas condiciones de vida prolongadas desde hace ya tantos siglos.
Obligada Jornada Global por la vida y los territorios de los pueblos originarios la convocada por el CNI este 12 de octubre. Jornada de denuncia de la detención ilegal de compañeros ambientalistas. De denuncia de crímenes cometidos en contra de quienes se oponen al despojo.
En recuerdo de lucha de Samir Flores, ejecutado impunemente en tiempos de la 4T, por oponerse a la Temoeléctrica que se quiere seguir construyendo en Morelos, a pesar de haberse ofrecido, para llegar, por parte de AMLO, lo contrario.
Jornada Global por el encarcelamiento impune del compañero mazahua Miguel Peralta, a quien el caciquismo que en MORENA prevalece lo mantiene, presionando al juez, en la cárcel. Compañero en huelga de hambre que puede costarle la vida.
Jornada Global por el envenenamiento de los cenotes que llegan al mar con la siembra permitida de granjas de cerdos maltratados, pero muy bien exportados por sus dueños, invasores del territorio.
El capitalismo lo quiere todo en manos de unos cuantos depredadores que son los dueños de los grandes capitales que hoy, en la Península de Yucatán, lo mismo siembran granjas productoras de cerdos que fotovoltaicas y eólicas, devastando la selva y amenazando a la naturaleza con la construcción del Tren Maya y su siembra de cemento alrededor del mismo, que dará empleo de servidumbre a los que ya solamente les restan pequeños territorios de los muchos que les pertenecían como pueblos originarios, y a los que desechados por similares razones de sus lugares de origen vayan llegando a este campo de concentración para inmigrantes, que como filtro de los yanquis se va convirtiendo a México.
Nada que celebrar. Todo por escribirse de nuevo. Y no sólo aquí. En Ecuador los pueblos originarios que están diciendo no a las condiciones impuestas y aceptadas por otro esbirro del FMI, Lenin Moreno, enfrentan una brutal represión y lo mismo puede decirse del pueblo kurdo destinado a ser desaparecido porque la rebeldía y el no sometimiento se llama hoy “terrorismo”, como antes se llamaba “comunismo” y antes “herejía”.
El terrorismo de Estado en manos de los terroristas encabezados por Trump al servicio de los grandes capitales globales que acaban con el planeta. El enemigo a combatir es el capitalismo. Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Pobres defendiendo a los pobres... EMPRESARIOS.
Por: Eliseo Ek / Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch' Xíinbal.
"Por
unas migajas".
La resistencia de los pueblos indígenas, en contra del
robo, despojo, saqueo e invasión de su territorio, no inició hace unos
meses, semanas o años, esta resistencia contra el exterminio inició hace
527, cuando el hombre blanco con ansias de poder y una ambición
desmedida por acumular riquezas puso los pies por primera vez en lo que
hoy es llamado "América", cuando el gran Nachi Cocom disparó por
primera vez sus flechas contra el invasor...
Lamentablemente hoy como
entonces, han existido traidores que han vendido a su pueblo, sus
hermanos por una miseria, clara muestra de que esto persiste y con más
fuerza que ayer, fue lo sucedido en el marco de la celebración de la
resistencia maya, 50 ejidos, organizaciones por la defensa del
territorio se dieron cita en la comunidad de Ixil Yucatan, para pugnar
por la vuelta al régimen comunal de la tenencia de la tierra y así
frenar los despojos de tierras, invasión y saqueo impulsado por los
empresarios y el gran capitalismo, y muchas veces con la complicidad y
complacencia de autoridades estatales, municipales y ejidales...
En ese
entonces, el hombre blanco proclamaba una "falsa independencia",
comprando a los indígenas y sus gobernantes con espejos haciéndoles
creer que era más valioso que el oro, hoy día; le hacen creer que "vender sus tierras a las empresas capitalistas para después asalariarse
con ellos por un sueldo de hambre es lo mejor y bajo esta premisa,
grupos de indígenas mayas tomados a sueldo por los "coyotes" (conocidos
especuladores de tierras financiado por empresarios) intentaron
boicotear el evento, en el cual los campesinos indígenas exigían a las
autoridades presentes el respeto a la autonomía y libre determinación
consagrados en la carta Magna y que las tierras ejidales vuelvan a ser
de propiedad comunal, imprescriptible e inalienable, evidenciando así,
la forma de actuar del EMPRESARIADO que a fin de lograr el acaparamiento
de tierras no repara en gastos para la compra de dignidades y
conciencia.
Es
lamentable ver y constatar una vez más que, el hambre creado e
impulsado por la política capitalista neoliberal, es y se ha convertido
en su mejor aliado para la manipulación de masas que defiendan a los
"POBRES EMPRESARIOS", de los indígenas que solamente luchan por
conservar su territorio. Algo que no sucederá seguramente NUNCA porque
el objetivo precisamente es arrebatarle a los indígenas su territorio
rico en recursos naturales y minerales (agua, sol, aire, cobre, petróleo
etc...). Ante lo cual los pueblos indígenas hacen un llamado a las
Naciones hermanas a continuar con la resistencia...
HASTA
LA VICTORIA SIEMPRE, Y UNA VEZ MÁS ENVIAMOS EL SIGUIENTE MENSAJE A LAS
AUTORIDADES Y CÚPULA EMPRESARIAL "PORQUE LA TIERRA NO SE RENTA NI SE
VENDE"
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