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10 de marzo de 2017

La impericia y la obsolescencia de los jueces.


Por: Tlachinollan.

Tlapa de Comonfort, a  8 de marzo de 2017.-  Guerrero es una de las entidades más afectadas por la violencia de género que ha sido minimizada  por las autoridades del estado. Los episodios de la violencia intrafamiliar son parte de la normalidad que impera en nuestra sociedad. La indolencia de las autoridades permite que la barbarie feminicida se tolere y se aliente en los medios amarillistas como un espectáculo circense.

En los últimos tres años el Estado se ha mantenido en los primeros lugares en cuanto al índice de feminicidios perpetrados en las diferentes regiones de la entidad. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y  la ONU-MUJERES[1], ubican a Guerrero en el tercer lugar.

Ante este incremento escandaloso de la violencia letal hacía las mujeres, el año pasado la asociación guerrerense contra la violencia hacia las mujeres, solicitó que se declarara una alerta de género en el Estado. Las autoridades por su parte evadieron este planteamiento y propusieron acciones que no van al fondo del problema. No obstante la discriminación, la recriminación y criminalización del sistema de justicia hacía las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia sigue vigente, sobre todo en quienes tienen la responsabilidad de combatirla.

Nuestro estado es un referente nacional de la violencia institucional castrense por los casos emblemáticos de Valentina Rosendo e Inés Fernández que tuvieron como resultado dos sentencias contra el estado mexicano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Son resoluciones paradigmáticas y obligatorias  que todas las autoridades tienen que atender y dar cumplimiento. A siete años de la emisión de las dos sentencias, en Guerrero los jueces y juezas, no solo carecen de sensibilidad para tratar adecuadamente los casos de violencia contra las mujeres, sino que arrastran graves rezagos en cuanto al conocimiento y manejo de los estándares más altos a nivel internacional para brindar protección a los derechos de las mujeres. Estas conquistas logradas a pulso por las mismas mujeres indígenas siguen siendo letra muerta en su práctica jurídica, porque a la hora de juzgar estos casos de violencia las atacan, las denigran, las revictimizan y lo que es peor se colocan del lado de los agresores.

Juana Ramírez Marcos y Elvia Méndez Castillo, dos mujeres indígenas nauas, víctimas de violencia psicológica, física, económica, patrimonial y sexual por parte de sus  parejas, enfrentan procesos legales en su contra por actos de legítima defensa. No solo enfrentaron a sus agresores que tuvieron la intención de causarles graves daños, sino que tuvieron que enfrentar un proceso penal viciado que las colocó como responsables de lesiones agravadas que supuestamente padecieron sus parejas. Fuera de toda proporción y sin considerar el contexto de violencia y discriminación que enfrentan como mujeres pertenecientes a un pueblo indígena, la Jueza Segunda de Primera Instancia en Materia Penal del Distrito Judicial de Morelos las condenó a más de un año de prisión y a la reparación del daño. Desde el mes de diciembre de 2016 Juana y Elvia padecen el calvario de la justicia misógina que en lugar de protegerlas las confina a pagar a un alto costo un delito que no cometieron y a vivir con el estigma de mujeres violentas como las calificó la misma jueza.

Estos casos demuestran cómo varios jueces y juezas siguen resolviendo de manera rudimentaria y sin perspectiva de género casos de violencia contra las mujeres, independientemente que haya avances en las leyes y existan protocolos para la adecuada atención de la violencia de género. Por acciones espectaculares no paramos, en marzo de 2015, el presidente de la republica Enrique Peña Nieto, inauguró en Tlapa de Comonfort la primera Ciudad Mujer en el país con el objetivo de brindar una atención integral, rápida y eficiente a las mujeres de la Montaña, respetando sus derechos humanos y su cultura. Lamentablemente para Juana y Elvia esta instancia protectora desconoce su situación como víctimas de la violencia y no encontraron ese apoyo rápido y eficiente.

En plena víspera del día Internacional de la mujer, no podemos permanecer impasibles ante tanta impunidad contra los perpetradores, ni dejar que las autoridades sigan siendo cómplices e indolentes ante este clima adverso que alienta el odio y la violencia contra las mujeres. En este día de memoria y combatividad, se enluta nuevamente la Montaña con el asesinato de Isabel Roque Cortés, madre de familia de 35 años de edad  de la comunidad me’ phaa de la Taberna, anexo de Tapayoltepec, municipio de Malinaltepec, quien fue asesinada por su pareja Juminiano Galindo el día de ayer.
  • Como Centro de derechos humanos de la Montaña exigimos a las autoridades de los tres niveles:
  • Que pare la violencia institucionalizada hacía las mujeres y el pleno respeto a sus derechos en total igualdad.
  • Se atiendan los tratados y recomendaciones internacionales a fin de erradicar la violencia de género y las fallas estructurales que la generan.
  • El cese de la recriminación y criminalización en casos de legítima defensa hacía una situación de violencia que no han sabido atender las instancias gubernamentales.
  • Que ante el grave incremento de feminicidios en el Estado,  se declare de manera inmediata la alerta de género.
[1] Cfr: Estadísticas a Propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/violencia0.pdf.
La Violencia Feminicida en México, Aproximaciones y Tendencias 1985-2014, publicación realizada por la Secretaria de Gobernación, Instituto Nacional de las Mujeres y Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU-MUJERES). Disponible en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/84740/La_Vilencia_Feminicida_en_M_xico__aproximaciones_y_tendencias_1985_-2014.pdf

24 de octubre de 2012

Acabar con la tortura y la impunidad.

Por José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca/La Jornada Morelos.

Erradicar la tortura no es una tarea imposible. Sí, es necesario superar esa ideología dominante de “vigilar y castigar”, que justifica las peores atrocidades. Cuando la tortura se generaliza como método de investigación o de castigo socialmente aceptado, estamos llegando al límite de la barbarie. ¿Por qué la gente acepta explicaciones fáciles y justifica que se torture a una persona? Más allá de una psicología de masas, que nos explicó lúcidamente Wilhelm Reich analizando el genocidio fascista, debemos actualizar un pensamiento crítico ante la descomposición social que implica aceptar la tortura generalizada en medio de una crisis social, económica y política del capitalismo actual.

Ejemplos hay varios: 1) Alrededor de 176 estudiantes de la Vasco de Quiroga fueron golpeados salvajemente y detenidos, 27 mujeres fueron amenazadas de ser violadas en Atenco. 2)Valentina Rosendo lleva más de 10 años esperando que se castigue a los militares que la golpearon y violaron frente a su hija, que entonces tenía dos meses de nacida. Dice que cada vez que ve a un uniformado de verde, en su mente se repiten las escenas de lo sucedido el 16 de febrero de 2002. Vale –como le llaman de cariño–, tenía 17 años cuando un grupo de ocho militares se acercaron para interrogarla sobre unos “encapuchados” mientras lavaba ropa en un río. Le enseñaron una foto y le leyeron una lista con 11 nombres que ella no había escuchado hasta ese día. Ni siquiera entendía bien el español. Luego, la golpearon y abusaron de ella sexualmente. 3) En Morelos, sorprendió el hallazgo de tres mujeres torturadas, encontradas el sábado 19 de agosto de 2012 a pocos metros de la glorieta de la Paloma de la Paz. 4) En la carretera Cuernavaca-Cuautla, dos hombres aparecieron atados de pies y manos, así como con una venda en el rostro, los cuales fueron torturados y asesinados con disparos. Ambos tenían marcada en la espalda una letra, la cual plasmaron con una navaja. 5) En Morelos vemos con estupor como la tortura se aplica de manera cotidiana, no sólo como método de investigación, sino también aplicado por grupos criminales que permanecen en la impunidad. Jethro Ramsés fue torturado en las instalaciones de la 24 Zona Militar. La narración que hacen los militares en su declaración ministerial es pavorosa: tratan de justificar que lo intentaban reanimar con unos cables de luz, tortura que lo llevó a la muerte y a la desaparición del cuerpo.

Recientemente Amnistía Internacional ha presentado un amplio informe sobre la tortura en México. Recoge testimonios como el siguiente:
“Escuché muchos gritos de una persona de sexo masculino, a lo cual le preguntaban ‘donde están las armas y donde está la droga’, rato después se escucha ‘llévatelo y tráeme al que sigue’, escucho que abren la puerta... me pusieron un trapo mojado en la cara, cuando respiré, sentía la mojada que estaba, se me complicaba respirar, después sentía un chorro de agua sobre mi nariz, trato de incorporarme, pero no podía levantarme porque me sujetaban de los hombros, piernas y ... alguien oprimía mi estomago, eso lo hicieron en repetidas ocasiones, mientras me preguntaban lo mismo”. (Miriam Isaura López, detenida por militares en febrero de 2011).
La tortura y otros malos tratos en México han aumentado considerablemente en el sexenio de Calderón. Llevamos años denunciando tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes cometidos por personal militar o por la policía a escala federal, estatal y municipal. Las denuncias son generalizadas, y los responsables disfrutan de casi total impunidad. El gobierno ha reiterado con frecuencia su compromiso de garantizar que el enfoque militarizado que aplica a la lucha contra los cárteles de la droga respeta plenamente los derechos humanos. Sin embargo, se ha documentado un acusado aumento de las violaciones graves de derechos humanos, incluidos homicidios ilegítimos, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y tortura, cometidas por funcionarios públicos federales, estatales y municipales. El despliegue de 50 mil efectivos del ejército y la marina para desempeñar funciones policiales ha contribuido a este acusado aumento de los informes de tortura y otros malos tratos a manos de militares.

En Morelos, el nombramiento de un general como subsecretario de Seguridad Publica, para acotar el mando de la primera mujer al frente de esta Secretaría, mantiene este esquema fallido de militarizar la seguridad pública. El gobierno federal sostiene que no hay indicios de la implicación directa de funcionarios del estado en graves violaciones de derechos humanos, como tortura, y que las violaciones de derechos humanos que se cometen, aunque condenables, son hechos aislados y se investigan siempre. El gobierno ha manifestado que, puesto que tales violaciones no son sistemáticas ni forman parte de una política oficial, no se le puede responsabilizar de ellas. Sin embargo, esta postura es insostenible y contraria a las obligaciones internacionales contraídas por México en materia de derechos humanos, entre las que figura la aplicación plena y genuina de medidas eficaces para impedir y castigar la tortura y otros malos tratos. Las y los ciudadanos en Morelos no merecen ser tratados de manera infamante por quienes aplican la tortura de diversas maneras. Si se puede erradicar esta nefasta práctica. Hay que redoblar la lucha por el respeto pleno a los derechos humanos de todas y todos.

cidhmorelos@gmail.com
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