5 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cuatro.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Llegamos a la cuarta entrega de nuestra investigación sobre normalismo rural, como marco histórico para mirar dos de los acontecimientos que la actriz y maestra de teatro Jessica Cortés bordea en su puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el 26 y 27 de septiembre de 2014, y el asesinato de Samir Flores Soberanes el 20 de febrero de 2019. Toca hablar, justamente, de la génesis del normalismo rural en México.

Luego de que las fuerzas de la burguesía se aliaran contra el villismo y el zapatismo, traicionando el espíritu y el mandato de la Convención de Aguascalientes y haciéndola abortar, retomaron las pugnas por el poder que les había llevado a iniciar la guerra civil que algunas y algunos llaman “Revolución Mexicana”. Abajo, el primer obstáculo para ello: Zapata, lo resolverían asesinándolo en Chinameca el 10 de abril de 1919; el segundo: Villa, sería arrinconado tras la derrota de las fuerzas de la Convención. Arriba, Obregón, Calles y De la Huerta, otrora aliados de Carranza, orquestaron el asesinato del autonombrado “Primer Jefe, Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación” amparándose en el llamado Plan de Agua Prieta.

Tras cercar política y militarmente a Carranza y asesinarlo, los sonorenses impusieron a Adolfo De la Huerta como presidente interino y éste nombró a Vasconcelos (quien llevaba cinco años en el exilio después de huir de las fuerzas convencionistas) encargado del Departamento Universitario y de Bellas Artes; ello incluía ser rector de la Universidad Nacional. De esta época proviene la frase vasconcelista aquella de: «Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo»; ése mismo pueblo que ensayó ser gobierno vía la Convención de Aguascalientes y que lo hubiera sido de no ser por la traición de personajes como Vasconcelos.

Al término del interinato de De la Huerta, el nuevo presidente: Álvaro Obregón, invitó a Vasconcelos para ocupar el Ministerio de Instrucción Pública bajo otro nombre: Secretaría de Educación Pública. Fue desde esa posición que el llamado “Apóstol de la Educación” emprendió la puesta en marcha de las Misiones Culturales concebidas por Roberto Medellín, la edición de clásicos de la literatura universal y su divulgación, la creación de escuelas de artes y oficios, la promoción de los artistas plásticos que protagonizarían el muralismo mexicano bajo el abrigo oficial, la instalación de «embajadas culturales» en otros países de América Latina, como Argentina y Brasil, y, propio del contradictorio y controvertido Vasconcelos, la alianza con sectores de la derecha que desde el periódico Excélsior promovieron la creación del Día de las Madres para contrarrestar las ideas progresistas en materia de derechos políticos y sociales de las mujeres en Yucatán, apoyadas en parte por el gobierno estatal de Felipe Carrillo Puerto, pues, su hermana: Elvia Carrillo Puerto, era de sus principales promotoras.

La obregonista Secretaría de Educación Pública vasconcelista había comenzado a trazar la creación de escuela normales regionales, convirtiéndose las primeras de éstas también en las primeras escuelas normales rurales, algunas de ellas fundadas o, después de mucho mudarse (como las de Ayotzinapa y El Mexe), asentadas en antiguas haciendas, lo que para no pocos historiadores llegó a ser un acto de justicia poética. La primera normal rural fundada por Vasconcelos, apenas un año después de creada la Secretaría de Educación Pública, fue la Escuela Normal Mixta Regional para Maestros Rurales de Tacámbaro, Michoacán, el 22 de mayo de 1922. Le seguirían la de Molango, Hidalgo; la de Acámbaro, Guanajuato, y la de Izúcar de Matamoros, en Puebla.

En 1923, año en que es asesinado Villa, el gobierno de Obregón firma con Estados Unidos el Tratado de Bucareli que De la Huerta, entonces secretario de Hacienda obregonista, consideró lesivo para la soberanía nacional. El desencuentro entre Obregón y De la Huerta llevó a éste último a renunciar a su cargo y, más tarde, a contender por la presidencia de la República como candidato del Partido Nacional Cooperativista contra el candidato de Obregón: el general y otrora maestro Plutarco Elías Calles. Así se iniciaría la rebelión delahuertista que en enero de 1924 costaría la vida a Felipe Carrillo Puerto y a sus hermanos Wilfrido, Edesio y Benjamín, del bando obregonista, y al senador Francisco Field Jurado, del bando delahuertista; entre muchos otros. Un par de meses después, el 11 de marzo, De la Huerta abandonaría el país debilitando la rebelión que había encabezado para terminar de darle la puntilla de muerte. Sin embargo, De la Huerta no sería el único en irse al exilio: después de renunciar a su puesto al frente de la Secretaría de Educación Pública debido al asesinato de Field Jurado (nótese que el asesinato de Villa o de Carrillo Puerto no le significó la misma indignación), Vasconcelos se postuló como candidato a la gubernatura de su natal Oaxaca y, al no ganar la elección, se mudaría al extranjero para radicar en Europa y Estados Unidos, desde donde publicará diversos artículos en oposición a Calles.

Cuando Calles llevaba dos años como presidente, se enfrascó en la llamada Guerra Cristera tras haber impulsado la modificación al Código Penal en 1926 para dotar de instrumentos legales al artículo 130º de la Constitución, que consignaba la sujeción de la Iglesia al Estado y regulaba la limitación o supresión de la participación de ésta en la vida pública. Durante el gobierno de Calles, mientras las iglesias eran clausuradas, los practicantes de los cultos eran arrestados y la rebelión cristera iba en aumento, se crearon escuelas centrales agrícolas que serían también escuelas normales rurales, recogiendo la estafeta de Vasconcelos Moisés Sáenz, subsecretario y, más tarde, secretario de Educación Pública callista, y el maestro normalista Rafael Ramírez, encargado de las Misiones Culturales.

Por esas fechas, 1926, Maria Soteras i Maurí, después de abandonar la carrera de Filosofía y Letras, se graduaba de la carrera de Derecho, en la Universidad de Barcelona, siendo la primera mujer en lograrlo, y, un año después, se convertiría también en la primera mujer en ingresar al Colegio de Abogados de Barcelona; más tarde, sería la primera mujer doctorada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1927 Maria montaría su propio despacho junto con el también abogado Antoni Vilalta i Vidal, egresado igual en 1926 de la Universidad de Barcelona. Unos años más tarde, en 1931, Vilalta participaría en la Conferencia de Izquierdas Catalanas y formaría parte del núcleo fundador de Izquierda Republicana de Cataluña, partido en el que también militará Soteras.

Mientras tanto, en México, al arrancar el año de 1928, la Constitución federal ha sido modificada para permitir la reelección presidencial, lo que permitió a Calles impulsar una segunda administración de Obregón desde la Silla del Águila. Sobra decir que esto devino en la siguiente crisis electoral de los gobiernos “posrevolucionarios”, y si De la Huerta pudo retirarse a la vida privada en Estados Unidos después de oponerse a los planes políticos de sus coterráneos, los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano, amigo el uno y compadre el otro de Obregón, no tuvieron la misma suerte y terminaron asesinados. Sin embargo, a Obregón no le duraría demasiado el gusto del triunfo electoral allanado a sangre y fuego: el 17 de julio de ése mismo año, sería asesinado por José de León Toral, un fanático religioso miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa.

Tras el asesinato de Obregón, Calles promovió a Emilio Portes Gil para ocupar el sitial que el magnicidio contra “El Manco de Celaya” dejó vacante, inaugurando así el período conocido como Maximato; pero, Portes Gil estaría en la presidencia poco más de un año solamente, para dar la alternativa a un mediocre Pascual Ortiz Rubio. Sí, acertaron: ésa fue la siguiente crisis electoral que protagonizó “El Jefe Máximo”. Esta vez, muerto Obregón, el contrincante a vencer fue nada más y nada menos que un retornado José Vasconcelos, cuya campaña como candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista fue ferozmente reprimida. La maquinaría del recién creado Partido Nacional Revolucionario, además de la abierta persecución y asesinato de los opositores vasconcelistas, selló el modus operandi que lo distinguiría a lo largo de toda su historia en cada una de sus mudanzas nominales: del PNR al PRM, y del PRM al PRI, con un escandaloso fraude electoral el día de las votaciones en favor de Ortiz Rubio. Y, como la historia de México suele lindar entre el déjà vu y el cinismo, la frase que escogería el nuevo régimen como rúbrica de su descaro sería la misma que Vasconcelos usara contra el viejo Díaz; aquella que el joven Díaz usó contra el viejo Juárez: «Sufragio efectivo, No reelección».

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