20 de septiembre de 2019

Día 7 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 7. Hoy reafirmamos la verdad.


Agente del MP: ¿Puede decirnos por qué fue llamada a esta sala de audiencia?

Araceli Osorio Martínez: Porque ninguna persona podrá hacer justicia por sí misma ni podrá ejercer violencia para reclamar su derecho, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Artículo 17.

Anoche llegó de Guatemala el doctor Nájera. Ha venido a buscar justicia para nuestra Lesvy como en muchas otras ocasiones lo hizo también para Mariana Lima Buendía, para Mariana Yáñez Reyes o para las compañeras que fueron víctimas del genocidio durante el conflicto interno armado en su país. El doctor Nájera es un hombre de ciencia y de buen corazón, tiene la mezcla que exige el verdadero saber de quienes, como él, han jurado ponerse al servicio de la humanidad.

Las y los especialistas están presentes en la sala. Son mujeres y hombres que tienen un saber muy especial entre las manos, que se ha ganado a través de la lucha histórica de nuestros pueblos por la defensa de la vida y de los derechos humanos. Ahí están las madres de Yang y de Abigail, dos compañeras que nos han sido arrebatadas.

Once y catorce horas del diecinueve de septiembre, estamos viajando. Hoy el doctor Nájera nos habló con la verdad, nos dijo lo que ya sabíamos, dijo que ¡no fue suicidio fue feminicidio!

La víctima de este crimen es Lesvy, su familia y la sociedad entera porque lo que aquí han hecho es un acto de extrema crueldad. Por eso han llegado peritas y peritos de muchos lados, ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos honestos, han llegado para rendir testimonio, para alzar la voz por Lesvy y por todas las mujeres que ya no pueden defenderse.

Hoy hay una bruma particular en esta ciudad que recuerda el sentimiento a dos años de aquel terremoto que transformó la vida de tantas. Recordamos a quienes perdimos y a quienes nos encontramos en medio de las ruinas. Hoy, como entonces, seguimos caminando, juntando los pedazos de las otras y de nosotras mismas.

Ara nos regala su testimonio.

La mamá de Lesvy está a punto de rendir testimonio en una sala llena de buena gente que la acompaña, de gente comprometida con la defensa de la vida, con su fragilidad y su belleza. El saber y la dignidad inundan la sala, aparece Ara y dice con voz firme:
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
3 de mayo de 2017, Ciudad Universitaria. Mi hija primero se encuentra en calidad de desaparecida. Lesvy no iba abrigada, no iba para quedarse toda la noche en CU.

Ara nos cuenta del momento en que cambia la vida para siempre, la confusión, las horas, los minutos, los segundos en que emprende una búsqueda para encontrar a Lesvy. A ella le dicen que no saben de su paradero, entonces se dirige a levantar una denuncia por su desaparición. Cuando le piden los datos de su hija espera que sea para su ficha de búsqueda. Nadie le dice nada. Ellos ya sabían, las autoridades, el imputado, ellos sabían quién era y dónde estaba Lesvy en ese momento en que su madre y padre la buscaban en la Procuraduría, cuando personal del Centro de Apoyo Sociojurídico a Víctimas de Delito Violento (ADEVI) le ofrecieron servicios funerarios.

Con la rabia y el dolor a cuestas, Ara contesta a las preguntas que le hace el MP con digna fuerza, narra los hechos como si hubiesen sido ayer. En un momento confuso para la audiencia, se detiene para decir que no alcanza a escuchar a los abogados, y voltea hacia la defensa que cuchicheaba, nerviosa, indolente e incómoda. La distraen. Pero ella les dice claramente con la mirada que no importa cuánto susurren mentiras, cuántas coartadas fabriquen, la verdad está ahí delante de todas y todos: Lesvy no se suicidó.

El antes y después. Parece que en el Tribunal solamente se juzgan los hechos mecánicamente, se adormecen los sentidos, se pierde la empatía y se anulan las posibilidades y los ideales que hubieran existido. Antes de que Lesvy fuera aislada por completo de su familia, le compartió a Ara sus planes en el corto plazo: en diciembre quería viajar a Japón para buscar una beca y así poder ir como traductora a las Olimpiadas, también quería aprender a tocar el violín y estudiar la Licenciatura en Letras Francesas, ya había ido a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM a preguntar por el plan de estudios y sus materias.

Ara no omite ningún detalle, lo recuerda todo con una nitidez impecable en medio de la densa bruma, y aunque se escuchen las burdas interrupciones disfrazadas de objeciones, ella todo lo nombra porque no se trata de un simple interrogatorio, es un acto político que reivindica la memoria, la verdad y el más profundo y sincero amor.

La despedida.

“Ahora sé que ella se encontraba en un estado de amenaza constante, él no se apartaba nunca de ella. El 4 de mayo yo iba a ver a mi hija, ella tenía algo qué decirme: que la sacara de ahí, y yo lo iba a hacer. Hubiéramos tomado sus maletas, pero él no la dejó, él la mató. Yo lo hubiera enfrentado, aunque en eso se me hubiera ido la vida”.

¡Fuerza, Ara! ¡Aquí estamos! Es lo que queremos decirte en ese momento, hacerte un gesto, alzar un puño, levantar la mirada. Algo de nuestra humanidad se está jugando en el acto político de tu palabra.
Hoy hemos conocido la verdad, hoy sabemos que nuestras hijas y nuestras nietas van a crecer en un lugar en el cual poder alzar bien alta la mirada y decir: –Sí, eso fue lo que sucedió en este país que era México. Por eso creemos que nuestro trabajo tiene que ir enfocado a hacer aparecer ese lugar y ese tiempo en el cual ellas podrán decir y contar lo que aquí no debió de haber sucedido jamás y, sin embargo, sucedió.

La vida insiste y lo hace de maneras inesperadas. Gracias Araceli Osorio Martínez porque tu eterna bondad fue el hilo que zurció los huecos insondables de ésta, nuestra historia.

Vamos viajando y creemos que ya sabemos hacia dónde nos dirigimos. Es un lugar de Oriente, en donde crecen los sueños, en donde nace el principio del final con el que queremos escribir nuestra historia.

Ara nos cuenta que llevó al funeral de Lesvy un librito de cuentos infantiles para que sus amigxs le leyeran mientras la despedían. Lesvy querida: en este viaje vas muy presente, iluminando nuestro camino.

“Como el Principito se dormía, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado llevando aquel frágil tesoro, y me parecía que nada más frágil había sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me decía: "lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible..." Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: "Lo que más me emociona de este Principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme..." Y lo sentí más frágil aún. Pensaba que a las lámparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas…
El Principito.

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