14 de octubre de 2019

Día 11 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 11: Resiste corazón, resiste que estamos caminando.

Once de octubre del año dos mil diecinueve. Sí, creemos que estamos en el dos mil diecinueve, aunque hay lugares en donde el tiempo se dobla, en donde el pasado se mezcla con el futuro y la injuria no va más. Y cuando el tiempo se dobla las miradas de las compañeras protegen nuestra humanidad, ahí las mentiras no tienen lugar. Hoy llegó el tiempo de juzgar.

Desde hace poco más de un mes tomamos la misma ruta. De camino a la campamenta hacemos el análisis político del día, hablamos de nuestros anhelos y preocupaciones, echamos una risa, cantamos una canción. Al llegar al Reclusorio Oriente hay que montar el techito de la casita-campamenta, colgar los retratos de nuestras compañeras en aquellas paredes hechas del alambre que divide a quienes procuran la justicia desde el Estado y a las que hacemos la justicia desde el amor, entonces todo es disponerse, reunirse y conversar; leer poesía, bordar, escuchar música, en dos palabras, organizarse y habitar.

Hoy la campamenta se ha llenado de gente buena dispuesta a acompañar, compañeros circenses que nos acompañan desde tempranito, música andina para abrir el corazón, la danza que Dení tan amorosamente preparó para Lesvy y para todas las que habitamos esta campamenta, ¡ahí vienen nuestras amigas las Musas Sonideras! Llegan personas sororas con camisetas moradas impresas con el bordado en el que todas colaboramos y en el que también se lee: ¡Justicia para Lesvy! ¡Justicia para todas!

Ocupamos el lugar, un espacio que hacemos nuestro debajo de este toldo gris, un pedacito que da cuenta de que nosotras podemos florecer frente a toda la violencia. Nuestra querida Vero nos trae taquitos para todas, no sabemos si nos espera una jornada larga y ella siempre nos cuida la panza y el corazón. Todo está un poco borroso, la prensa espera a nuestra familia, nosotras les esperamos también, algunas vamos a entrar, las demás resguardan la campamenta.

Da inicio la audiencia, primero se escuchan las conclusiones del Ministerio Público que ha actuado en coadyuvancia con nuestras queridas abogadas. Dirigiéndose a los jueces, el agente del MP dice que “la víctima es Lesvy, el victimario es Jorge Luis y eso debido a un arsenal probatorio que se vertió ante ustedes”.

Durante poco más de un mes la defensa del acusado reconstruyó y ejerció en esta sala el agotamiento y las maniobras de estrangulamiento decididas a ocultar la verdad, pero gracias al trabajo de muchas personas comprometidas con la memoria y con la verdad se abrió una ventanita a través de la que vimos lo sucedido aquella madrugada del 3 de mayo del 2017 en Ciudad Universitaria.

Por esa ventanita seguimos los pasos del culpable, le vimos tender su coartada, vimos aparecer a sus cómplices y su modo de actuar. De modo que aquí ha quedado acreditado que Lesvy no se suicidó, argumentan nuestras compañeras abogadas, por lo que se solicita la pena máxima de sesenta años de prisión, ¡y pocos son!

La voz cambia cuando ésta dice mentiras, entonces se escucha una torpe vocecilla que tropieza entre burdas contradicciones. Es la vocecilla de lxs abogados del acusado que declaran sin pudor sentir desprecio por la vida de las mujeres. Pero la vocecilla aún no se ha dado cuenta que toda mentira también revela una verdad, “mi representado no estaba en condiciones de simular un suicidio, estaba intoxicado”, de lo que se concluye que alguien le ayudó.

La vocecilla lo dice claramente entre líneas, ¡fue el Estado! Fue silencio cómplice de los trabajadores y funcionarios de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue la negligencia y el actuar doloso de la Procuraduría General de Justicia y de lxs responsables de procurar mecanismos de prevención y sanción efectivos en contra de la violencia feminicida, porque como dice el agente del Ministerio Público, todas y todos somos personas en este territorio humano y por tanto no puede haber discriminación alguna.

A raíz del dicho del victimario fue como se construyó una “verdad histórica” dice Ara, y esa “verdad histórica” no se sostiene, ¡que se tome en cuenta lo que dice el cuerpo de Lesvy!, argumenta Araceli, que se priorice la verdad sobre la mentira y la calumnia porque cuando se ama no se lastima, no se tortura, no se asesina, y con eso termina. A lo que Lesvy papá añade: Jorge Luis siempre nos mintió, desde un principio, nos mintió, nos mintió, nos mintió.

Ahora tiene la palabra el juez relator que comienza haciendo mención del contexto de violencia feminicida que vive nuestro país. Así que “dispuestos a hacer un equilibrio entre otros tribunales del este país”, el juez habla de la importancia de tratar a todas las personas por igual, nos dice que han juzgando el material probatorio resolviendo de manera respetuosa y con apego a los Derechos Humanos.

El juez cita las veces en las que México ha sido llevado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Son las veces en las que el caminar de las madres y de las hermanas se ha alzado para defender la dignidad que avanza para construir un estado democrático de derecho. Entonces el juez nombra el Artículo Primero Constitucional junto con los Tratados Internacionales, la Convención de las Naciones Unidas Sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación en Contra de la Mujer y la obligación de los Estados miembro de establecer las condiciones de igualdad para las mujeres, además menciona las sentencias del Tribunal Superior de Justicia, habla de la valoración de las pruebas y del decir de las y los testigos para emplear su dicho ante la evidente imposibilidad de que Lesvy se expresara ante el Tribunal.

Por lo tanto ha quedado comprobado un delito de feminicidio agravado por las heridas infamantes, dice el juez, la existencia de una relación sentimental y la exposición del cuerpo de Lesvy en un lugar público, patrimonio de la humanidad. Aclara que este delito tiene un origen en el cúmulo de violencia que nuestra Lesvy vivió durante la relación de pareja que mantuvo con Jorge Luis, recuerda los gritos, los golpes, las amenazas, el control, el asedio, los celos, la asfixia y del asesinato cometido en contra de nuestra compañera.

El juez relator prosigue y cita las palabras de Jorge Luis González Hernández: “yo nunca he sido la víctima, siempre he sido el victimario” y menciona el nombre de lxs funcionarixs más oscuros de la Universidad Nacional Autónoma de México y nos habla de la superioridad física del victimario. Finalmente, el juez habla del amor, dice que hay cosas que simplemente no pueden realizarse en nombre del amor, como asesinar.

Toda la sala escucha y se pone muy triste, hay algo en la voz del relator que ha dado paso a un principio de realidad al que se le suele llamar justicia. Los cuentos infantiles de Lesvy están en la mesa en donde se sientan Ara y Lesvy papá, la justicia llegó y débilmente se escucha el tic-tac del reloj, las lágrimas asoman, nuestra compañera no está. Son las tres y veinte de la tarde, “por unanimidad se emite el fallo condenatorio al acreditarse que Jorge Luis cometió un delito de feminicidio agravado”.

Salimos del juzgado y las compañeras aparecen. Ellas ya bailaron y comieron, leyeron los hermosos y profundos poemas que Amalia nos compartió y nos esperaron afuera entre los nervios y la angustia, pero también entre risas y compartición. Les damos la noticia y nos abrazamos entre lágrimas. El momento que hemos exigido desde aquella horrible mañana del 3 de mayo de 2017 ha llegado para dar cuenta de la insoportable realidad feminicida de este país, de la aquiescencia de las instituciones educativas y de procuración de justicia, pero también del trabajo colectivo que nuestra familia, nuestras abogadas y todas las que acompañamos logramos juntas durante este tiempo. Gracias, nos decimos unas a las otras, nos mandamos mensajes, llamamos, gracias, gracias a todas. ¡Gracias porque juntas hicimos justicia y justicia!

Ya estamos reunidas todas otra vez, después de casi dos años y medio hoy se hizo justicia: Vuela alto querida Lesvy, descansa en paz. Ahora toca seguir caminando contigo en el corazón para dignificar la vida, caminar por ellas, por nosotras, sortear los golpes, enjuagar las lágrimas, volver a tejer la cadencia del tiempo, amar de otras maneras, mandar sobre la angustia, andar y no parar.

Vivir es hacer política, dice Carmencita, ¡con ellas en la memoria, con el puño en alto seguiremos juntas, luchando por todas las que no están porque Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas!

¡No estamos todas, nos faltan ellas!

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