28 de septiembre de 2019

Día 9 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 9. La dignidad está en las calles, nuestro veredicto también.


Entrar y poder volver a salir a la calle, a la vida. Llegamos por justicia y nos vamos con una hermosa familia.

La piel se nos adelgazó y el corazón nos quedó al descubierto, esa fue una posición o elección política, porque poder ver y ser vistas al corazón se convirtió en un salvaje acto de amor que insiste entre nosotras y en el nombre de nuestra amistad. Sabemos que lo que hacemos hará que este sea un lugar más seguro para todas. Por nosotras y por las que vienen.

Hoy caminamos por los 43 compañeros detenidos desaparecidos y lxs 6 ejecutadxs del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. La dignidad se volvió a encontrar en las calles. Ahí estaban nuestrxs amigxs, ahí estaban las familias de Ayotzi, las familias de lxs desaparecidxs que nos faltan en este país, las personas que nos encontramos hace cinco años y seguimos aquí. Saliendo de la audiencia corrimos a alcanzarles.

Dian siempre nos cuida, ella camina pensando que un día nos hemos de reunir con nuestras hermanas y hermanos, y que ese día, dice el sonido de sus pasos, hemos de rendir cuentas de nuestro andar.

Hemos llorado, hemos marchado, hemos gritado, hemos ido a sus tribunales, aprendimos sus reglas, nos fundieron con su métrica del tiempo, hoy les decimos que nuestra justicia y nuestro tiempo llegó, ahora nos toca escribir a nosotras la historia. Porque si es verdad que la historia la escriben los de arriba, también es verdad que se las dictamos las de abajo.

Veníamos a la última audiencia antes del fallo y nos encontramos con la sorpresa de que ¡no había entrada al público! No nos dejarían entrar pero nos plantamos en la puerta: ¡Nos están negando un derecho! A lo que ellos dirían: –“No es nuestra culpa, entiéndanos, nosotros sólo nos encargamos de la seguridad, cambiaron la audiencia a una sala muy pequeña y ya no caben”.

Se blindaron, ya no cabía nadie, somos muy pocas adentro. La audiencia pasó de la sala más grande del juzgado a una sala muy reducida donde solo podían acceder nuestra familia, nuestras abogadas, el imputado, su defensa y algunas compañeras de la prensa. Insistimos. Tienen que dejarnos escuchar, no sólo a nosotras, a todas nuestras compañeras que están ahí afuera y deberían estar aquí.

Gracias a la insistencia de dos de nuestras compañeras, a pocas de nosotras nos dejaron atestiguar la audiencia desde una oficina y a través de un monitor. Pudimos ver y escuchar los testimonios de este día, a pesar de que se empecinaron en dejarnos fuera y en impedirnos conocer este relato, hubimos quienes pudimos presenciar para contarle a nuestras compañeras lo que alcanzamos a ver.

Una perito en criminalística (que no es perito, pues no se validó como tal), presenta una “ilustración de hechos” que nos lastima nuevamente. Quieren que permanezca sellado, quieren que sus mentiras no se repitan fuera de esa sala. La audiencia se vuelve privada y se vuelve a sellar. Hoy vienen a defender a Jorge, su padre, su madre, su ex pareja, la madre de su ex pareja y un policía de investigación. La defensa del acusado se desistió del testimonio de otro policía de investigación y un perito.

¿Quién es Jorge Luis González Hernández? Hoy escuchamos su versión.

“Es él”, así lo han reconocido y señalado en repetidas ocasiones desde el estrado nuestras compañeras que nos regalan su testimonio. Es él. Un joven que trabajaba como auxiliar de intendencia en la UNAM, donde operó en distintos lugares como la Facultad de Ingeniería, Facultad de Química, Ciencias, Arquitectura y Prepa 6. Su familia dice no recordar las seis ocasiones en que estuvo anexado o dicen no saber si consumía algún tipo de estupefaciente. Quienes compartieron la vida con él hoy vienen a defenderlo por algo que no les consta. “No tomaba en frente de mí”, “conmigo no era así”, “no lo podía estar cuidando todo el tiempo”, y otras tantas frases donde se encubre el abuso y la violencia se comparten en esta limitada audiencia. Su papá trabaja en la oficina de la Dirección General de Personal de la UNAM y su mamá es jubilada también de la UNAM. Toda su familia es parte de la comunidad universitaria.

Es importante hablar de la historia de Jorge y de Lesvy, reconocer su pertenencia a dicha comunidad y la “domesticidad”, como lo nombró la perito en antropología Liliana López López, que implicaba Ciudad Universitaria en sus vidas, cómo es que se relacionaban con ese sitio y las implicaciones del lugar. Conocemos las formas que han utilizado las autoridades universitarias para criminalizar a su estudiantado, incluso alegando que no forman parte de dicha institución, los hemos escuchado decir que la violencia viene de afuera y que adentro hay un clima de seguridad y paz, pero sabemos del actuar de la universidad en el encubrimiento de pruebas, o en el mal resguardo del lugar de los hechos y de evidencias para lograr el esclarecimiento de la verdad. Nosotras sabemos que la colaboración de la universidad muchas veces ha sido una simulación, que sus fronteras no son sólidas ni impermeables a la violencia que se vive en el país y que vale más, para ellxs, el orgullo universitario que la vida de su comunidad. ¿Cómo pensamos a la universidad si no es también a través de la impunidad de lxs actores y sujetos que ahí, y en complicidad con otras dependencias, nos niegan una vida libre de violencia? La maquinaria se despliega y opera gracias a su intervención, ellos son el Estado.

La madre de Jorge cuenta que él le llamó el día 3 de mayo y le dijo que “Lesvy había fallecido”. Si Jorge afirmó en un inicio que Lesvy estaba desaparecida, ¿por qué su madre dice saber de su muerte el día 3 de mayo?

La defensa del imputado dice no haber podido contactar a una testigo que aún falta por declarar, piden auxilio al Tribunal para poder localizarla y dicen que necesitan tiempo. Van a llamar a Teresa Incháustegui, ex titular de una institución que ya no existe, el Inmujeres. La audiencia se aplaza nuevamente hasta el próximo viernes 4 de octubre a las 9 de la mañana. Ese día conoceremos el fallo del Tribunal.

Afuera, en nuestra casa/campamenta, escribimos una carta colectiva a Lesvy para acompañar la entrega del bordado en el que hemos tejido su historia, de la mujer que nos junta a todas en estas calles del Oriente citadino. Cada una escribe en un pequeño papel lo que le queremos decir desde acá. “Querida Lesvy” escriben en el pavimento con gises de colores nuestras compañeras de la colectiva Las SiempreVivas y las demás hacemos un círculo pequeño y nos compartimos lo que las otras han escrito. Se derraman lágrimas de dolor, de toda esa rabia que nos encontró desde hace más de dos años y hasta ahora; sin embargo, también son lágrimas de alegría de habernos encontrado con Araceli y con Lesvy papá, con nuestras compañeras abogadas que nos defienden a todas, con todxs quienes nos han compartido alguna muestra de solidaridad en este tiempo y con cada una de las que conformamos esta familia.

Antes de que la audiencia termine compartimos la comida quienes estamos afuera, han sido semanas largas en las que hemos resignificado los cuidados que como mujeres hemos hecho históricamente, decidimos ofrendar la comida, los abrazos y el tejido, como un fueguito que se expande en nuestros corazones, hoy sabemos que cuidarnos y cuidar de las otras es también un acto político de amor y rebeldía.

La audiencia llega a su fin, y poco a poco van saliendo las nuestras, entre el bullicio de los medios de comunicación, le hacemos entrega a Araceli, Lesvy papá, Sayuri y Ana Yeli de nuestra cartita y el bordado colectivo que ahora es de todas, nos sabemos juntas para siempre, para lo que venga, para seguir contando la historia de la ciudadana del mundo que nos cambió la vida. Lo hemos sabido desde siempre: ¡Lesvy no ha muerto! ¡Lesvy somos todas!

Entre prisas y risas logramos llegar a Reforma con nuestras voces y pasos a acompañar a las familias de nuestros 43 compañeros normalistas de Ayotzinapa. Con las familias a la batuta gritamos que vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Les acompañamos cargando la foto de Lesvy, les acompañamos desde nuestros corazones, no les dejaremos desistir, la lucha por encontrar a sus hijos es nuestra lucha también. Así como sostenemos el nombre de Lesvy en nuestras gargantas también ahí retumban 43 nombres, 43 vidas, 43 historias y 43 familias.

En el Zócalo madres y padres se paran frente a todes quienes les acompañamos en la calle. Llevan esa dignidad con ellxs que tras 5 años lucha por memoria y justicia no la han soltado a pesar del Estado, a pesar de la ignominia, a pesar de todos los que han querido optar por el olvido y la injusticia.

Este 26 de septiembre de 2019 se respiró desde el Oriente hasta el Centro de la ciudad eso que en algún lugar del Sureste mexicano le llaman digna rabia. Y aquella dignidad llena de rabia devuelve esperanza, cuando las madres y padres luchan por sus hijas e hijos están también luchando por las hijas e hijos de todxs, no podemos dejarles solxs.

Mandamos un saludo lleno de admiración a los compañeros normalistas de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos quienes han sostenido a las familias de los 43 durante estos 5 años, ¡vivan las normales rurales de todo el país! A las madres y padres les mandamos nuestra fuerza, no están solxs, nunca lo estarán. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Gracias a quienes ofrecieron sus testimonios, su voz, su trabajo y su tiempo para recrear esta historia que algunos han querido contar en fragmentos y que seguiremos reconstruyendo, nos daremos el tiempo para escribir nuestra propia historia. Gracias también a quienes se han sumado a este viaje, a quienes han caminado en este andar por verdad y justicia, una que no cabe en sus lugares, una que se construye en una apuesta por la reconstrucción de la vida y por el acompañamiento alegre que politizamos desde nuestros espacios de escucha mutua y vida cotidiana. A quienes compartieron delicioso café y pan por las mañanas, la rica comida por la tarde, los tamales, ¡gracias!

¡Nuestro agradecimiento a las amigas! Por su voz, su palabra fuerte y tierna, por defender y salvar nuestras vidas.

Para nosotras el veredicto está listo. Lo sabemos, siempre lo hemos dicho. ¡No fue suicidio, fue feminicidio! Ahí están las pruebas, véanlo ustedxs mismxs.

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