Publicado en Milenio-Novedades, Yucatán, el 10 de julio de 2012.
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| "El Nuevo PRI", cartón de Hernández. |
Sin embargo (por mis genes hablará el priismo) no sólo la recordó sino que se declaró su heredero legítimo cuando, con similar retórica, se refirió, en la Ibero, a la represión de Atenco durante su gobierno: "Reitero, reitero, fue una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz."
¿Por qué dijo lo que dijo con tal enjundia? A los sociólogos o a los psiquiatras corresponderá definirlo con exactitud. Tal vez fue sólo por una tendencia suya, irrefrenable, a meter la pata que muy probablemente se repetirá durante su sexenio.
El hecho es que provocó una tonificante ola de movilización juvenil que este sábado pasado marchó, otra vez, por todos los rincones del país para manifestarle su repudio.
Si Alemán fue el "cachorro de la Revolución", Peña se asumió como el "nuevo cachorro de Atlacomulco" para desmentir a AMLO, quien insistió en ver el salinato como origen del mal (¡y muchos salinistas hoy son sus camaradas!).
El origen está en el mismo partido fundado por Calles, sin importar ideologías, sobre el corporativismo y el reparto del botín entre caciques. Contra eso debe organizarse la ola juvenil nacida como "Yo Soy 132" y no a favor de candidato alguno.
Claro que la elección debería anularse (lo gritó en las urnas el millón 200 mil que anuló su voto y superó los votos de Quadri), claro que las televisoras son aparatos ideológicos (no habrá nunca objetividad: es preciso ganar la hegemonía de la clase trabajadora) y claro que es inmoral la compra de votos.
Pero la partidocracia hizo las leyes y cuidó sus privilegios. Todos los partidos con la anuencia de todos sus candidatos. Se multarán los unos a los otros, pero cuidarán sus chanchullos.
Contra eso debe luchar la movilización que se ha vuelto esperanza.

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