8 de septiembre de 2007

A propósito de la Cultura Peruana

Augusto Salazar Bondy, quizá el mas grande filósofo del Perú, recurría a las imágenes de Escila y Caribdis (monstruos mitológicos descritos por Homero en su famosa Odisea) para graficar su pesimismo sobre el rumbo de la cultura nacional. La imagen del Perú -según Salazar Bondy- es la de "... un país débil y pequeño, expuesto a navegar en la historia entre los Escila y Caribdis de la dominación y el abatimiento". Esta percepción, nada optimista, refleja una realidad evidente: la presencia ominosa de una cultura de dominación.

En efecto, la subordinación económica, política, cultural e ideológica que arrastramos desde el siglo XVI, hace que los patrones culturales en las que nos amparamos, siempre hayan sido ajenos. En una primer momento, los valores culturales del mundo europeo fueron nuestro paradigma: el humanismo, el positivismo, el romanticismo, la adopción de modelos jurídico-político vinieron de Europa. Luego, en la primera década del siglo pasado los EEUU se convierten en la nueva metrópolis mundial y desde allí empiezan a emitirse las señales del nuevo modelo cultural ideológico, respaldado por una creciente dependencia a dicho país en todo orden de cosas.

Pero, ¿Como se manifiesta estas relaciones de sujeción al interior de nuestras estructuras? Las repercusiones son de lo más variadas y diversas por cuanto somos un país compuesto por muchos grupos étnicos. Esto trae como consecuencia una estratificación y jerarquización de culturas con rasgos diferentes entre sí y la primacía de una sobre las otras. La cultura que avasalla a las demás es esa cultura que le sirve de sostén a nuestras élites dominantes y que por medio de diferentes mecanismos como los medios de comunicación social, la escuela, la industria del entretenimiento, etc. logra la masificación que requiere el capitalismo para su permanencia y perpetuidad. Esta "cultura de la dominación" -como el mismo Salazar Bondy señalaba- impone no solo la inautenticidad de actitudes y soluciones, la imitación, la repetición, la improvisación y la superficialidad sino que, principalmente, presenta como inobjetable e indiscutible el aparato ideológico que lo sustenta, creando una forma de etnocentrismo tácito. El etnocentrismo cultural es el fenómeno por el cual una cultura se atribuye el derecho de legitimidad y valor absoluto sobre otras culturas.

La cadena de dominación inter cultural no solo existe sino que trata de afirmarse cada vez más. Lo que se podría llamar "cultura urbano limeña" es tributaria del modelo europeo-estadounidense, pero al mismo tiempo, esta misma cultura urbana somete a las demás culturas étnico andinas y selváticas a un grado de ilegitimidad buscando su extinción o etnocidio. Sin embargo, estas culturas se resisten a perecer. Hay importantes vestigios de la cultura quechua y aymara que se mantienen vivos como una forma propia de auto protección. Es una forma particular de resistencia y realimentación. Este sistema no es un conjunto de hechos que a los ojos del occidental puedan ser relevantes por su funcionalidad. Aparentan mas bien ser un un sistema subterráneo, mágico mítico de respuesta ante la agresión y el sometimiento. Existe la creación y recreación permanente de una constante mítica que viene a constituir toda una elaboración ideológica, una interpretación socio política que hace el indio de su situación histórica. El fenómeno del "Taky Onqoy" y las miles de versiones del mito Inkarry lo ponen de manifiesto. Así pues, aunque sometida y dispersa, esta cultura indígena mantiene aun una respuesta ideológica en los tiempos actuales.

No obstante cabe preguntarse: ¿Podrán sobrevivir los elementos culturales andinos, los mismos que constituirían un aporte valioso para una verdadera identidad cultural en el Perú? Tal como van las cosas no somos muy optimistas. Creemos que cualquier acción social etnocentrista a través de todo el aparataje estatal (medios de "comunicación social", alfabetización, educación, políticas sociales-culturales, y otros) no hará sino mas corto el camino del etnocidio para convertir a nuestra sociedad en una masa de individuos "integrados", funcional e ideologicamente, a los valores egoístas del globalizado sistema capitalista neoliberal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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khan

Sebastián Liera dijo...

Esa es la amenaza, estimado Humberto, que se cierne, ya no digamos sobre Latinoamérica, sino sobre todo el planeta: el capitalismo aspira a igualarlo todo, hacerlo homogéneo para, como con la leche, vendernos la idea de un estadío puro, superior. Sin embargo, en la intención va la penitencia; la cultura es mucho más amplia que lo que los modos de producción suponen. Ni las dictaduras más férreas, ni las burocracias estalinistas, ni los gobiernos nacionalistas han podido detener a la cultura. Ahora bien, éste no poder detenerla no se da por sí solo; los pueblos, las y los creadores de cultura, se han mantenido firmes en la defensa de su quehacer cultural. Claro que ello no ha sido "limpio" y los modelos culturales se han venido entretejiendo; pero tampoco podemos aspirar a una pureza cultural. Con todo ello, la cultura es, sin lugar a dudas, una de las trincheras por excelencia en contra del despojo que representa el capitalismo: estoy de acuerdo.

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