30 de julio de 2008

De lo que no importa.

Mientras escribo estas líneas, cientos de hombres y mujeres de México y otras partes del mundo están arribando al Caracol de La Garrucha, en Chiapas, para llevar al cabo la Caravana Nacional e Internacional en Solidaridad con las Comunidades Zapatistas, de cara a la creciente militarización que amenaza la dignidad que camina en las tierras que vieron nacer a Belisario Domínguez.

Pero eso, no importa.

En la ciudad de México, el coordinador de la consulta popular y ciudadana sobre la reforma energética, Manuel Camacho Solís, se presenta como garante de la misma y nos dice que se trató de un ejercicio limpio. Puede que lo haya sido, pero que lo asegure el principal operador político del salinismo en la capital del país deja lugar a que cualquiera tenga sus dudas.

Pero eso, no importa.

Hace casi diez años, cerca de tres millones de personas participaron de una consulta de nombre kilométrico sobre derechos y cultura de los pueblos indígenas y contra la guerra de exterminio, convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y organizada por la Fundación Arturo Rosenblueth. La respuesta ciudadana fue tan numerosa como cuando el Partido de la Revolución Democrática realizara la consulta aquella sobre el Fobaproa, y muy clara respecto a su mandato: que las tropas federales regresaran a sus cuarteles y que se cumplieran los Acuerdos de San Andrés.

Antes de la que sería la segunda consulta nacional zapatista, el PRD, a través de su entonces dirigente nacional, el señor Andrés Manuel López Obrador, empeñó su palabra en la defensa de la iniciativa de ley que a partir de aquestos elaborara la Comisión de Concordia y Pacificación. Después, la ciudadanía votó por un cambio en la forma de gobernar y el entonces recién estrenado mandatario, el señor Vicente Fox Quesada, se comprometió a retirar al Ejército federal bajo su mando de siete posiciones estratégicas, a la liberación de las y los zapatistas presos y al envió de la mal llamada Ley Cocopa.

Los Acuerdos de San Andrés habían sido resultado, no de meros, aunque importantes, foros en alguna sede legislativa; sino de un diálogo, ése sí sin precedente, entre un gobierno que se aprestaba a mudarse el color (no así las mañas) y lo más representativo del movimiento indígena nacional. Sin embargo, a pesar de su discurso nacionalista, el PRD traicionó la palabra empeñada, se sumó a la muy pragmática estrategia de legislar en contrario a los pueblos indios y cual cereza en el pastel se apuntó para financiar sus propios grupos paramilitares en Chiapas. Por su parte, el señor Fox y su partido, Acción Nacional, se burlaron de lo prometido, continuaron con las prácticas guerreristas y represivas del anterior (sic) régimen y han hecho de sus mandatos, el legítimo y el de facto, un mal chiste.

Pero eso, tampoco importa.

Amén de la insulsa e insultante danza de números que ahora me haría preguntar dónde quedaron los tres millones de personas que el 20 de noviembre de 2006 votaron a mano alzada por uno su dizque gobierno legítimo y que el 18 de marzo de 2008 acordaron defender el petróleo de la nación, no puedo dejar de pensar, por más que las comparaciones sean odiosas, en la consulta zapatista del 27 de marzo de 1999 y ésta del 27 de julio pasado sobre reforma energética y dejar de comparar el desprecio de los perredistas en 2002 con el desprecio del prianismo ahora, ni evitar descubrir cuán paradójico es que un ejército rebelde, por definición antidemocrático, nos pregunte por el rumbo de su accionar y actúe en consecuencia mientras que un gobierno (sic) emanado de procesos supuestamente democráticos avalados por instituciones igualmente democráticas se burla siquiera de la posibilidad de que sus gobernados (sic) sean consultados.

Así como tampoco puedo dejar de pensar cómo es posible que un supuesto movimiento por la defensa del patrimonio nacional tenga por expresiones más acabadas un frente partidista plagado de políticos mentirosos y rateros, un gobierno legítimo atestado de salinistas, una actriz que piensa que la consulta del 27 de julio es el primer paso hacia “la posibilidad de que efectivamente exista democracia en México”, una intelectual que como observadora de una consulta que ella misma llama popular hace su labor de observación en las muy populares colonias de Las Lomas y El Pedregal, un conjunto de moneros que publica entrevistas a Manuel Espino al tiempo que abriga burdas críticas a la Otra Campaña sin permitir el derecho a réplica, un cineasta que miente cuando señala las mentiras de otros para desvelar fraudes electorales y una Convención que se dice Nacional y se llama Democrática y que le da la espalda a los pueblos originarios de éstas tierras, algunos de los cuales están siendo a amenazados por perredistas, panistas y priístas precisamente por defender mediante procesos autonómicos ése mismo patrimonio que políticos, artistas, intelectuales y gente de a pie dice defender.

Pero eso tampoco importa.

2 comentarios:

Puroshuesos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Otra Chilanga dijo...

Algo de lo que se arrepintió, seguramente.

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