Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 4 de julio del 2008.
José Ramón Enríquez
panicoes@hotmail.com
Conocí al maestro Retes justo durante el montaje de sus Hombres del cielo, la tragedia sobre la conquista “espiritual” de Chiapas, sobre Bartolomé de las Casas y el profundo enfrentamiento en
Retes era simple y sencillamente ateo. Yo estudiaba aún con los jesuitas y acababa de salir de
Mi ascenso profesional al escenario fue de la mano de Retes, con un Brecht que me significaba exactamente la misma triada, Galileo Galilei. Y, según Vivir del teatro, precisamente por este montaje Vicente Leñero se decidió a llevar Pueblo rechazado, su primera obra de teatro, al maestro Retes.
No me extraña, pues, de ninguna manera que, a diferencia de otros literatos y directores, Retes se entusiasmara con la obra. Era el tratamiento documental del conflicto dialéctico entre el monasterio benedictino de Cuernavaca, encabezado por su prior Gegorio Lemercier, y el Santo Oficio de la jerarquía católica, tribunal presidido por el cardenal Ottaviani, que hoy nadie recuerda pero que fue el enemigo principal del papa bueno Juan XXIII (su Lex Luthor, para usar metáforas cercanas a los más jóvenes).
Yo no estuve en el montaje pero igualmente me conmovió. Tocaba mis resortes más profundos. Y ahí escuché, en voz de Carlos Bracho, una de las frases inolvidables de don Sergio Méndez Arceo (obispo magno, para quienes no lo recuerden, de la estirpe de don Samuel): “el espíritu sopla donde quiere”.
Tal era el tema de la obra: la jerarquía es parte de
Pero tanto el nivel político de la lucha, cuanto su tratamiento documental hacían de Pueblo rechazado una obra pionera en el teatro mexicano. Eso lo entendió perfectamente Retes y lo cuidó hasta el último detalle.
Por ello, tampoco me resulta extraño que un dramaturgo de la inteligencia y sensibilidad de Max Aub (obviamente no cristiano) haya saludado a Pueblo rechazado como “el mayor acontecimiento del teatro mexicano desde el estreno de El gesticulador en
Hoy en
La adaptación cinematográfica (que nada me gustó) la tituló El monasterio de los buitres, cuando se trataba de un monasterio destruido por los buitres. Y los buitres siguen ahí aunque Emaús se haya diluido.
La enfermedad no estaba en el monasterio ni en sus equivalentes actuales. La enfermedad está en
Superado el rechazo del freudismo en
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