22 de septiembre de 2008

Carta de Nacho del Valle: "¿Por qué tenemos que gritar independencia?".

Ignacio del Valle.
Foto: D.R. 2005 Greg Berger





A todos un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos de bienestar y sobre todo a las familias de nuestros compañeros que se encuentran privados de su libertad y a todos los ausentes que aún en el exilio forzoso; su resistir nos convoca a no declinar y sobre todo a los que se han adelantado a su descanso eterno.

Nuestro más amplio reconocimiento y el más honroso homenaje como verdaderos hijos de la patria.

Quienes con su ejemplo digno, ¡nos mantienen de pie y forjando nuestras conciencias de esperanza!

Se que ha sido desgastante y lleno de incertidumbres al grado de la desesperación!

Pues han criminalizado y lleno de toda suciedad, tratando de desprestigiar y ponernos como ejemplo de lo que no se debe hacer! y de lo que puede pasar a quienes se atrevan a alzar su voz en pro de justicia.

Tratando a toda costa de llenarnos de temor y acallar la rabia y el dolor que nos causa su actuar de represión y muerte.

Escarmiento que ha sido para los que decimos “Ya basta” y que hoy pareciera que no ha cambiado mucho o acaso ¡no tenemos razón alguna! para seguir luchando?! ¡Cuando a diario, se entrega cada parte de nuestra patria, y ¿Por qué tenemos que gritar independencia? cuando en realidad somos dependientes! y nuestros gobiernos vendepatrias (ah) ¿o ya se nos olvidó? y si ya se nos olvidó, el costo que significa defender nuestros derechos!

Y desde luego que tenemos que rendir honores a nuestros héroes, aquellos hombres y mujeres, ancianos y niños que durante siglos han forjado y teñido con su sangre cada rincón de nuestra patria que ha sido el pueblo los pobres invariablemente!

A todos los pueblos, a todos nuestros hermanos que se mantienen en lucha permanente y nos siguen convidando de su ejemplo de resistir luchando, nuestro más amplio reconocimiento.
A los maestros, a los estudiantes de las escuelas rurales, a los obreros, campesinos, a los colonos, estudiantes de la ciudad, a nuestros hermanos indígenas, a los mineros, a los de la montaña, a los de la selva, a los del valle y como dijera el maestro José Molina y a los de toda herramienta. ¡Sólo nos queda un camino! Agarrar el 30-30 (pero antes tenemos que unir nuestras manos, unir nuestra voz, unir nuestros pasos. Y unir nuestros corazones!

Porque juntos aprendimos: ¡Que la sangre de los abuelos, no se vende! Que la libertad existe en nuestra conciencia y en quienes aprisionan en su corazón amor por los demás! ¡Que antes que correr, la vergüenza de no pelear!

¡La esperanza se forja, como espada de guerrero y en el brillo de su filo se comprueba su deber!
Porque somos el sueño de nuestros abuelos; que despertará en nuestros nietos, en auroras de luz de un nuevo amanecer!

¡No importa la distancia, ni el lugar en donde nos encontremos; hacer trinchera es nuestra obligación! ¡Desde el fondo de un pozo; la luz de las estrellas es más luminosa! Y como dijera en su canto el cantor Cayo; sean felices por favor!

¡Quien los quiere por siempre!

Y jamás se rendirá!

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