21 de octubre de 2011

III REPÚBLICA :: La luz.

por Hugo Martínez Abarca.

Echa la persiana ETA y se hace la luz. Hasta hace poco era muy difícil prever que hubiera una fecha de defunción de ETA. Y la ha habido: el 20 de octubre de 2011 ETA anuncia que se acabó, que echa el cierre y que ya sólo le falta arreglar cómo saca los trastos del local, cómo gestionar los impagos y poco más. Lo envuelve de retórica, cómo no, todo el mundo lo hace y ETA más. Pero lo que anuncia son dos cosas: que no matará, ni amenazará, ni secuestrará nunca más y que solicita establecer un diálogo limitado a las consecuencias de tantos años matando, amenazando y secuestrando. Es decir, constata que no ha logrado nada más que generar sufrimiento ajeno y propio y que su única aspiración ahora es tratar de reducir esos dolores de acuerdo con España y Francia. No hay más, sino la constatación de que no valió la pena, que además de ilegítimo fue inútil. El paso es tan contundente (y está tan sólidamente cimentado por la izquierda abertzale desde que decidió ser humana y valiente) que sólo cabe dudar de su carácter definitivo por ignorancia o por mala fe. Nadie esperaba que ETA entregara arma alguna, entre otras cosas porque eso es perfectamente inútil en ausencia de un censo incuestionable de armas: las entregas de armas son un gesto simbólico. Puestos a pedir yo no querría que entreguen arma alguna sino que las destruyan: las armas no mejoran cuando cambian de manos sino cuando desaparecen. Tampoco tiene ninguna consistencia pedir la disolución: ni el IRA, ni el GRAPO, ni los GAL,… han anunciado su disolución sin que nadie dude de que, como tales, se acabaron hace años. Pese a los mezquinos de rigor que comenzaron ayer a negar la evidencia o incluso a lamentarla no existe ningún espacio para un escepticismo que no sería tal por no ser racional: nadie que haya seguido de cerca o de lejos el proceso que ha llevado hasta el comunicado de ayer duda de su carácter histórico e irreversible. La cima de la estupidez fue alcanzada ayer por el portavoz de UPyD en la Asamblea de Madrid, Luis de Velasco, afirmando que el comunicado en que ETA anuncia el fin de su violencia es “más de lo mismo“, demostrando que renunciar a un cerebro para convertirse en autómata puede conducir a un ridículo solemne. El paso no es la paz, sino la condición imprescindible para la paz. La paz empieza ahora. Quedan pasos reales y simbólicos que ahora no deberían ser demasiado difíciles. Queda desmantelar el miedo y la desconfianza, queda normalizar la política vasca aunque sea para cambiarla, como en todas partes. Queda también garantizar que todo el mundo pueda hacer política en Euskadi sin límites antidemocráticos: por supuesto, sin miedo ni amenazas unos (algo muy cercano tras el comunicado de ayer) pero también sin ilegalizaciones ni detenciones ni condenas políticas otros. Queda que los presos pasen a ser considerados delincuentes comunes y, por tanto, como cualquier otro asesino (los que lo son), puedan elegir en qué cárcel cumplen su pena y que ésta sea la misma que habrían tenido por su delito en concreto, sin castigo agravado por haber cometido esos crímenes como miembro de ETA. Algunos de esos pasos deberían ser inmediatos dado el fin de ETA. Son la legalización de Sortu y la puesta en libertad de los condenados por haberse reunido para lanzar el proceso que generó el comunicado de ayer: Arnaldo Otegi, Rafa Díaz, Miren Zabaleta… Mientras, la izquierda abertzale hará muy bien en seguir llevando las riendas con esta reciente valentía y dar pronto pasos de reconocimiento a las víctimas de todos estos años, buscar espacios de entendimiento con los distintos. Si quiere demostrarse como fuerza posiblemente hegemónica tendrá que seguir mostrando que sus pasos no son tácticos sino estratégicos, que aspira a la paz como proyecto para Euskadi no como mero instrumento organizativo. También en cuanto a las víctimas, los constitucionalistas tendrán que arrinconar ese maldito reproche de equiparar a todas las víctimas y pasar a equiparar a todas las víctimas sin ninguna duda. Sólo queda dar la enhorabuena y las gracias a quienes tanto han arriesgado por la paz, a quienes han sufrido insultos, mentiras y mezquindades por quienes no querían tener que escribir discursos nuevos, por quienes hoy siguen mostrando que son profesionales de la amargura. Paul Rios, Brian Currin y la gente de Lokarri simbolizan esas posiciones que siempre hubo en Euskadi y que gozaban de tanta incomprensión porque realmente buscaban una paz por la que casi nadie estaba dispuesto a renunciar a nada. Ahora que hay que seguir buscando la paz habrá también que reconocer a quienes más han ayudado a hacerla posible frente a tanto obstáculo. Enhorabuena, gracias y adelante.

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