En marzo de 2015, La Casa de Todas y Todos publicó en su sitio electrónico un modesto pero significativo texto sobre la Compañera Lucha; lo hacía con motivo de su cumpleaños, 15 años después de su fallecimiento en el año 2000. En diciembre de ése año, el portal Enlace Zapatista publicaría un comunicado del otrora Subcomandante Insurgente Marcos: México 2000: ventanas abiertas, puertas por abrir, que lleva por epígrafe las siguientes líneas:
A la insurgente Lucha,
quien el 9 de septiembre,
al morir, nos legó lo único
que tenía: su ejemplo.
El texto que el equipo editorial de La Casa de Todas y Todos publicó dice así:
Esta es la historia de una compañera que vivió por la patria. Vamos a contarla sin apasionamientos, aunque sea difícil hacerlo. Es la vida de una compañera de vocación pacifista que se ve obligada a defenderse; “soldados por conciencia”, así nos calificó el Compañero Pedro.
Nacida en un pueblo de nuestra pictórica provincia mexicana, nació y creció junto a sus hermanas. Siendo niña aún, sus padres se separaron y su madre, para sostener a sus hijas, emigró sola a la gran ciudad para emplearse como cocinera de una casa de ricos. Entregó a diversos parientes a sus hijas, para que las cuidaran mientras volvían a reunirse.Desde ese momento, el único afán de nuestra compañera era el volver a reunirse con su madre y hermanas. Para lograrlo, al concluir su primaria, ingresó a una academia de contabilidad y taquimecanografía. Aprobó con sobresaliente los cursos, que el director de la escuela la contrató como maestra de los nuevos alumnos. Así como joven maestra, y sin tener aún 15 años de vida, ese fue su primer empleo. Reunió fondos y partió a la capital para junto con su mamá alquilar un cuarto, en una vecindad del viejo barrio de Tacubaya y ahí ya reunida la familia, buscar empleo. Pronto la contrataron y junto a sus compañeros de trabajo fundaron un club de excursionistas que salían a escalar los volcanes más altos de México.Sin embargo, las penurias no faltaban. Para obtener un mejor salario, decidió ir a los Estados Unidos para aprender inglés y graduarse como secretaria bilingüe como tantos otros de nuestros paisanos que buscan una mejoría económica. Allá también sufrió el abuso, la explotación y el desprecio de sus patrones imperialistas. Durante varios años aprendió el idioma y cumplió su meta de graduarse. Por fin pudo regresar a su patria. Obtuvo un mejor empleo y junto a sus hermanas se inscribieron en la secundaria nocturna para trabajadores. Aprobó con excelencia los cursos e ingresó a la preparatoria nocturna, la cual acreditó sin problemas. El interés por la historia de su pueblo, hizo que decidiera inscribirse en el curso de Historia en la UNAM. Ahí cursaba sus estudios, cuando en 1968 el movimiento estudiantil cimbró la conciencia de la sociedad. En la toma de Ciudad Universitaria por el ejército, fue hecha prisionera y enviada a la cárcel de mujeres, donde permaneció recluida varios meses y después fue liberada por falta de méritos.La cárcel no la doblegó. Dedicó su tiempo a ayudar a la liberación de sus compañeros estudiantes injustamente presos. Al no existir más caminos que el de la rebelión social, fue invitada a participar en las nacientes FLN, nuestra querida organización.Con la matanza nuevamente de estudiantes el 10 de junio de 1971, a invitación de nuestro compañero Pedro, Primer Responsable Nacional, aceptó ir a vivir a una casa de seguridad. Fue así, la primera compañera que se incorporó a las filas de los militantes profesionales en el año de 1971. Fueron tiempos difíciles que le tocó vivir en la clandestinidad. Ya descubierta nuestra existencia, el enemigo proimperialista, destinaba sus recursos a encontrar y eliminar a los luchadores sociales, torturándolos y desapareciéndolos. Ella, además de poner a nuestro servicio su capacidad como mecanógrafa y traductora, se encargó de la crianza de animales y preparar alimentos, que previamente elaborados y deshidratados, eran enviados al núcleo guerrillero que crecía poco a poco.Recordemos, que las FLN no recurren a métodos violentos para obtener recursos económicos y que el objetivo políticomilitar era formar un ejército del pueblo que pudiera oponerse a los planes imperialistas, que invadía y bombardeaba sin piedad a quien osara oponérsele. Era la época de la llamada “guerra fría” que se volvía “caliente” para los pueblos rebeldes. México pagó también su cuota de sangre. En el año de 1974, descubierta una casa de seguridad, sufrimos las primeras bajas en combates desiguales con el ejército opresor. Ella lloró sus vidas pero no se amilanó, como sí ocurrió con otros militantes poco firmes en sus principios. Nuestro compañero responsable Alfredo, la seleccionó para que lo acompañara en la búsqueda de los compañeros del núcleo. Cumplió con su presencia en la selva y el nuevo núcleo fue creciendo, se solucionaron los problemas de abastecimiento y el reconocimiento de terreno de lo que vendría a ser la futura zona de operaciones militares. Esto costaba mucho esfuerzo y privaciones sin límite. La falta del desarrollo de servicios médicos hizo que nuestro compañero responsable falleciera, y algunos compañeros no firmes en su conciencia aprovecharon el hecho para invocar que no existía garantía de éxito y defeccionaron en masa e invitaban a los que seguían firmes a abandonar la lucha por una más sencilla, diciendo que ellos eran “muchos” y nosotros “muy pocos”.La compañera Lucha no tomó en cuenta esa lógica, ya que el compañero Pedro nos ordenó continuar la lucha antiimperialista aunque quedara uno sólo con vida y sin importar cuanto tiempo tomase lograrlo. Esa orden tan sencilla pero a la vez tan visionaria, nos lleva, aun hoy, a buscar la labor de todos los imperialismos en los sufrimientos de los pueblos, y la Cra. Lucha, con los pocos que quedaron, siguió preparando con la experiencia adquirida en la selva a futuros combatientes. Así transcurrieron los años.Con el tiempo los reclutamientos de jóvenes campesinos indígenas de la región llegó Y los abastecimientos quedaron en manos de los pueblos que se sumaban a la lucha. Entonces, a la Compañera Lucha se le asignó el trabajo de vivir con ellos en casas especiales donde aprendieron los conocimientos militares, de sanidad, intendencia, telecomunicaciones, abastecimientos logísticos, armeros, etc. Ahí su compañerismo y paciencia aprendida 20 años antes, se puso en práctica una vez más. Las compañeras y compañeros de esa época la recuerdan con cariño.
Años después, su salud se vio minada por una enfermedad traicionera y mortal. En 1993 fue operada y por cinco años no manifestó problemas. En 1998 la temida enfermedad se hizo evidente. Había regresado, tras recibir tratamientos médicos y siempre rodeada de sus compañeros de las FLN que la cuidaban. Escribió su último pensamiento de aliento a sus compañeros de armas. Les manifestó el orgullo que sentía de ser su compañera y expiró una triste madrugada del año 2000. 29 años habían transcurridos desde su incorporación. Años antes, en los 80’s, había escrito un artículo para nuestra publicación interna Nepantla que intituló El matrimonio en la lucha de liberación. En él daba a saber a los compañeros de reciente ingreso que hay que romper con el régimen que nos oprime en todas las relaciones sociales, en toda la línea de dominación política, militar, económica e ideológica, y que toca a nuestros pueblos hacerlo ya…
En otra publicación, intitulada Hacia una organización de compañeros y militantes de nuevo tipo, La Casa de Todas y Todos comparte el fragmento de un artículo escrito por la misma Compañera Lucha para la revista Nepantla:
“ (…) Por ello no es de revolucionarios el utilizar la negación como método,
es decir, nosotros no utilizamos el NO TIRE, NO HAGA, NO SE PERMITE, etc.
Sí en cambio, debemos fomentar el análisis paciente de las situaciones,
poner como trabajo el resolver la conveniencia o inconveniencia de
determinadas órdenes, preguntar sobre cualquier duda que se tenga sobre
ellas. Así se evitará el automatismo y aunque la responsabilidad sea de
quien las da, el mejor cumplimiento de las mismas corresponde a ambos.
Racionalizar al dar una orden y racionalizar al cumplirla es lo que nos
fortalece. Recuérdese que éstas siempre se dan porque hubo un proceso de
raciocinio previo y a ese mismo deben llegar nuestros compañeros, el pensar
nuestros trabajos siempre nos fortalece.
ACTITUD ANTE EL TRABAJO
Debemos realizarlo con entusiasmo y esmero, ser creativos planificarlo
en tiempo y medios, sujetándonos a la realidad objetiva, coordinándolo al
resto de los planes que se tengan en el lugar en donde los realizamos y si
fuera posible el resto de los planes de la organización.
ACTITUD ANTE EL COMPAÑERISMO
Manifestar respeto, paciencia modestia y fraternidad hacia nuestros
compañeros de lucha y una mente abierta a la crítica cuando se nos haga y
objetividad al hacerla. No confundir al enemigo, éste existe y nos busca
para destruirnos. Los compañeros que nos rodean son quienes están
dispuestos a luchar contra él; debemos buscar todo lo que nos una en
fraternal y revolucionaria comunicación. La autocrítica de los errores
cometidos sin que nadie nos presione es una de las actitudes más valiosas
que deben fomentarse con el ejemplo, para formar así al hombre nuevo de que
hablaba el Ché de América.
ACTITUD ANTE EL ESTUDIO
El estudio es un arma indispensable del revolucionario por medio de él
conocemos nuestra realidad interna, nuestra realidad nacional y la realidad
internacional, el estudio como práctica para no repetir errores nos es
fundamental. Aquí lo que está en juego es la vida del revolucionario y el
futuro del proceso en su conjunto: “sin teoría revolucionaria no puede
haber práctica revolucionaria”, decía Lenin y para nosotros la teoría se
inicia con el estudio. Estudiar planificadamente textos marxistas,
históricos, militares; analizar nuestra realidad a su luz y el surgimiento
de la teoría revolucionaria es todo uno. Recordemos siempre que ésta es una
guerra del pueblo y a nuestro pueblo, por conveniencia de sus explotadores
lo mantienen sumergido en la ignorancia. Con nuestros compañeros que no han
tenido acceso a la educación debemos ser más compañeros, más pacientes,
poner a su alcance nuestros mejores recursos para que pronto estén
preparados para dirigir a sus pueblos , sus sindicatos, sus colonias, sus
fábricas, su estudio, su país, su revolución.
ACTITUD ANTE LOS PRINCIPIOS
Ser revolucionario es mantener una conducta moral, el respeto a
nuestro pueblo es un principio que no podemos olvidar, el utilizar la
verdad como principio político debe regir cada uno de nuestros actos, no
cejar en nuestra lucha hasta ver instalada en nuestra patria una sociedad
socialista dando la vida para conseguirlo, recordando siempre a nuestros
compañeros caídos, es otro principio, el considerar al proletariado del
mundo como hermano de lucha acudiendo en su auxilio es también un principio
que debemos practicar. Olvidarnos de cualquier principio es dejar de
cumplir con nuestro deber…. ”
En éste aniversario, a ella decimos..
Compañera Lucha… ¡Presente!

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