Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 20 de agosto del 2004.
Pánico escénico
José Ramón Enríquez
José Ramón Enríquez
Por esta certeza siempre he cuidado cada encuentro, pero mucho más desde la caída de todas las certezas compartidas.
Terminó el Segundo Milenio y yo, entre muchos otros, lo despedí como al milenio cruel: en mi segunda mitad de siglo XX se lanzó la bomba atómica (hace 59 años mientras esto escribo) y la guerra dejó de ser solamente brutal para volverse helada, irreprochable y, en el peor sentido de la palabra, sádica. Se abrió el siglo XXI del Tercer Milenio y muchos pensamos que ya no era posible superar aquello, pero la caída de las Torres Gemelas vino a enloquecernos con mayor violencia.
Y me encuentro con un diálogo que parece escrito hoy: “Al principio parecía que iba a ser suficiente con un centenar de muertos; pero luego se vio que ni siquiera con millones sería suficiente y hoy ya no podemos ni contarlos: tantos hay por aquí, por allá, por todas partes..”
Es un diálogo de Marat que escribe en su tina (“¿Y qué es una tina llena de sangre en comparación con toda la que tiene que correr aún?”). Es Marat protagonizado por un paranoico en la puesta en escena del Marques de Sade de su asesinato a manos de Charlotte Corday (biznieta de Corneille, comme il faut) en el manicomio de Charenton. Un diálogo del invencible texto de Peter Weiss (Marat/Sade) escrito hace hoy cuarenta años.
Y ante la sugerencia de una obra estudiantil reviso Marat/Sade, como suelo encontrarme con los vivos y los muertos, para oírlos hablar en mi propio aquí y en mi propio ahora. Marat-Sade me increpa y nos increpa a todos inclusive más que hace cuarenta años porque Weiss fue un profeta.
Veo en las noticias cómo se reproducen nuevos actos de terrorismo islámico y vuelvo la mirada al diálogo de Marat: “Lo que sucede aquí nadie puede pararlo. Estos hombres han sufrido demasiado antes de esta venganza. Ustedes sólo ven esta venganza sin pensar que ustedes mismos los han llevado a ella. Ustedes lloran hoy, con un sobresalto de justicia, la sangre derramada.” Y pienso también en la violencia de nuestra capital tercermundista de la cual soy un tránsfuga.
Llega entonces el Marqués de Sade a definir, desde cuarenta años antes, lo que hoy es mi 2004: “Aquello era una fiesta que hace palidecer a todas las fiestas actuales. Condenamos sin ninguna pasión. Ya no hay bellas muertes individuales ofrecidas en espectáculo. Sólo queda una rutina mortal, anónima, por la que pueden ser pasados pueblos enteros con un cálculo frío, hasta el día, por fin, en que toda la vida sea asesinada. La compasión, Marat, es patrimonio de los privilegiados.”
Participo en el diálogo y me niego a aceptar. No estoy de acuerdo con el divino Marqués ni con Peter Weiss: no hay compasión en Bush, ni en Sharon, ni siquiera en Bin Laden, ni en la estupidez que nos gobierna sea del PRI, del PAN o el PRD, y ellos son los privilegiados. La compasión no es un privilegio, es un dolor que nos hace falta en la boca del estómago. Compartir el pathos del otro, sea quien sea. Revivir en la propia carne su agonía.
Esa compasión nos hace falta a todos: la perdimos hace 59 años (mi edad) en Hiroshima y llegamos sin ella a la vuelta del milenio.
Voz, teatralmente desdoblada en otras voces, Peter Weiss, quien murió en 1982, vino desde su texto de 1984 a enfrentarme con la lívida frialdad ante la muerte del Marqués de Sade, en un extremo, y con la justificación de la violencia revolucionaria de Marat, en el otro. Las condiciones de este encuentro de voces con la mía es mucho más cercanas hoy que hace cuarenta años, cuanto se venía gestando la explosión del 68 que me estructuró moralmente junto a muchos otros de mi generación.
Si en aquel entonces lloré y aposté por Jean-Paul Marat, el revolucionario radical, el Cristo desangrado en su bañera, hoy me estremezco como Charlotte Corday porque me encuentro equidistante de formulaciones de aristócratas cínicos y fríos o de ultras que recuperan violencias totalitarias. Como Charlotte Corday, con el puñal en mis manos, metáfora de las propias e insalvables culpabilidades de los testigos-cómplices, hago mío este texto de Weiss: “¿Qué ciudad es ésta? ¿Qué calles son éstas? ¿Quién ha imaginado todo esto para enriquecerse con ello? He visto a comerciantes por todas las esquinas vendiendo guillotinitas de cuchillas cortantes, chiquititas, y muñecas llenas de un líquido muy rojo que les brota del cuello cuando las decapitan. ¿Qué niños son esos que juegan a esos juegos? ¿Y que niño pronuncia las sentencias?”
15 comentarios:
El que no debe pronunciar sentencias es siempre el que las pronuncia. ¡Pobres niños grandes!
Hola por hoy mi apoyo, saludos y votos
Que lástima que no tengas cam, pero igual me puedes mandar una foto dejandola en mi libro de visitas si quieres.
Un saludo de tu amigo Conejín y mi apoyo en el concurso ·<;0)
Hola Chilanga, hoy madrugo. Te dejo mi voto y un saludo.
Hubo alguien, no me acuerdo quien la verdad ,que decia que le gustaria que hubiera un arma tan terrible que nadie se atreviera a usarla y fuera el fin de las guerras, parecia que esa arma eran las nucleraes pero la verdad no existe, no hay un limite para la carniceria humana, ninguna muestra de odio es suficiente para que los humanos se averguenzen y se detengan las guerras
no tenía ni idea de la existencia de esos "juguetes", pero me parece muy fuerte. Supongo que no solo está en manos de una persona... porque alguna fábrica las tnedrá que hacer en masa supongo,... la culpa es de varios entonces... mentes retorcidas ¿no?
Mi voto y pido a todas las energías del mundo que Adriana Barraza sea la ganadora del Oscar como secundaria, no he visto nada, pero nada tan bueno como su actuación en este año.
Saludos
Hay que cuidar mucho los encuentros, la casualidad es un animal fatal para el destino, pero hoy, tengo que confesarlo, me he encontrado muy inculta leyéndote. Me medio perdí, pero bueno, cosas que pasan, no?
Saludos
siento no poder votarte hoym, mi cuenta en 20 blogs no funciona :(
al fin e podido cumplir :)
Bueno, hoy te dejo mi primer voto.
Por fin lo consegui...click
www.espacioblog.com/petitlapin
por favor que brutalidad , pero te dire algo que leí hoy , quieren quitar los ositos y las flores de las ropas de los niñ@s y poner en ver dibujos de carabelas no se me parece mas dulce los ositos no?? nada que los niños cada vez antes dejan de ser niños unos porque quieren y otros por obligación
saludos ;)
A reserva de que me vaya familiarizando con esto de los blogs y que pueda responderles de manera personal, les envío besos y apapachos para todos.
Charlotte Corday: la indignidad está en el crimen, no en el cadalso......¿Qué pensará de estas palabras De Juana Chaos?
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