29 de marzo de 2007

CINEMEX & PARAMOUNT :: maltrato especial oro.


Me considero un hombre de teatro (que alguna vez quisiera alcanzar tal ciudadanía) y un cinéfilo de mediana categoría. La noche del 27 de marzo de 2007, día mundial del teatro, decidí ir, no al teatro sino al cine para ver La vida de los otros, filme alemán cuyos méritos son todos mayores a su obtención del Oscar como "mejor película extranjera"; pero Dionisios castigó mi blasfemia.

Llegué junto con mi pareja al complejo Cinemex Plaza Insurgentes, ubicado en la planta alta de la plaza comercial del mismo nombre en la colonia Roma de la Ciudad de México a eso de las 20:10, doce minutos después teníamos ya nuestros boletos y aunque la función estaba programada para las 20:15 no nos preocupamos mucho por la demora; al menos nos libraríamos de los 15 inconcebibles minutos de cortos comerciales previos al inicio de la película.

Pero no todo resulta como se espera y la Ley de Murphy que dicta que si algo puede salir mal de seguro saldrá mal se aplicó: en la entrada del pasillo que conduce a las salas, junto al módulo donde personal de Cinemex corta los boletos para permitir el acceso, unos hombrecitos y mujercitas vestidos en ropa formal color negro y con las manos cubiertas de esos guantes blancos de escolta militar nos revisaron retardando nuestro ingreso a la sala.

El motivo de la revisión era la proyección de una premier en la Sala 4 y la distribuidora, a saber Paramount Pictures, quería evitar el paso con cámaras digitales, incluyendo las de los teléfonos móviles. Por ello, sin atribuciones de ninguna índole en la legislación vigente y en flagrante violación a nuestro derecho de libre tránsito, nos esculcaron ropas y bolsos y nos retuvieron un teléfono móvil con cámara integrada.

Entendimos sus motivos, el negocio de la piratería está significando considerables pérdidas a las empresas disqueras y cinematográficas, así que, aunque por motivos ideológicos no compartimos éste tipo de políticas de supuesta seguridad financiera (que dicho sea de paso resultan ridículas), accedimos bajo protesta a dejar el teléfono móvil en cuestión contra recibo de una contraseña numérica, pues nos interesaba más alcanzar el inicio de la película. Al salir de la función, que desafortunadamente no vimos desde un principio, resultó que el personal de la distribuidora que trabajaba con autorización de Cinemex se había retirado, y lo había hecho con nuestro teléfono móvil.

Obviamente, el momento resultó por demás desagradable. Un guardia, de quien sabemos sólo su apellido (Salazar), nos atendió muy amablemente y nos condujo con el gerente de Cinemex Plaza Insurgentes, el señor Rolando Alemán Paz; quien, también amablemente, lo único que nos pudo dar por respuesta es que no sabía quienes eran las personas que nos habían revisado (salvo que era personal de la distribuidora) , que seguramente se había tratado de una confusión porque la instrucción era revisar solamente a quienes entraran a la Sala 4 y que haría todo lo posible por recuperar en menos de 24 horas nuestro teléfono. No nos quedó otra que regresar a media noche (la discusión se puso divertida) a nuestra casa sin teléfono y sin ninguna otra garantía que la palabra del gerente; un sabor a impotencia quedaba en nuestras bocas.

Creo que es entendible el enojo y la indignación por un trato como éste; en especial cuando somos clientes de Cinemex desde hace más de tres años y lo somos de modo tan asiduo que desde entonces soy dizque “Invitado Especial” y desde hace dos años “Invitado Especial Oro” y, bueno, éste es el trato "tan especial" y "tan dorado" que merezco por significarles una entrada mensual de a lo menos 150 devaluados pesos, que en un año puede rebasar los 2 mil, sin contar el consumo de dulcería; cantidad que entiendo a sus dueños (
The Carlyle Group, Bain Capital y Spectrum Equitity) seguramente les parece una nada, pero a mí, que ni siquiera el INBA me paga las funciones que damos para el Programa de Teatro escolar, es un gasto considerable que sólo se justifica por mi cinefilia.

Al día siguiente, 28 de marzo, después de un nuevo momento desagradable nos fue devuelto el teléfono; el gerente se disculpó nuevamente con mi pareja y conmigo por el desaguisado e inclusive nos ofreció una entrada libre en nuestra siguiente visita para resarcir el daño. Sin embargo, otro personaje del que lamentablemente en medio del enojo olvidé preguntarle su nombre nos pidió firmar una declaración de conformidad en la que librábamos a Cinemex de todo compromiso, pues su redacción estaba en términos de que “habíamos olvidado” el teléfono, no de que ellos nos lo habían retenido por sus imprácticas e inútiles políticas “antipiratas”, y de que éste nos había sido devuelto tal y como “lo olvidamos”; algo así como un “nos disculpamos para la culpa fue suya”, es decir: nuestra. Naturalmente nos negamos a suscribir tal declaración y redactamos una propia en forma manuscrita que ellos se negaron a firmar dado que no estaba en los términos que los deseaban.

En fin, y resumiendo, nuestra denuncia es por el maltrato de que fuimos sujetos mi pareja y yo por Cinemex, propiedad de la empresa para la que trabaja el ex secretario de Energía de Zedillo y actual secretario de Comunicaciones y Transporte de Felipe Calderón y socia de Carlos Slim en materia de energéticos
, al permitir que personal de Paramount Pictures estuviera esculcando las pertenencias de sus clientes (a quienes Cinemex llama irónicamente “invitados”) como parte de una práctica comercial “antipirata” inútil, que de principio, insisto, violenta nuestro derecho de libre tránsito (violación a la que ya se han sumado infinidad de empresas bajo el argumento de que es “por nuestra seguridad”), y por no tener el mínimo cuidado de que dichas supervisiones se realicen sin menoscabo de la tranquilidad de sus clientes: ¿ahora cada que vaya al cine tendré que esperar a ser tratado así? Afortunadamente, personas como el guardia Salazar y el señor Rolando Alemán Paz, gerente del complejo, supieron resolver medianamente la situación; pero ¿será siempre igual?

En lo personal, quisiera pensar que se puede hacer algo para ponerles un alto claro y firme a estos empresarios que creen poder pasar encima de nosotros en nombre de su propia seguridad financiera (porque es la única seguridad que en realidad les importa); pero lo dudo mucho. Aún así, prefiero decir lo que me ha pasado para poner en alerta a otras personas sobre esta clase de maltrato, en lugar de guardar silencio y quedarme de brazos cruzados.

4 comentarios:

An dijo...

Saludos

Anónimo dijo...

Mala experiencia, hay gente que se cree con muchos derechos, cuando eras tu quien proporcionabas dinero a él con tu entrada, da un poco de asco.

Saludos y mi apoyo para compensar el mal rato.

Anónimo dijo...

Según uno va al cine a relajarse y a pasarla bien (1), con esas medidas no van a detener la pirateria (2), con o sin pirateria la gente seguira yendo al cine a relajarse y a pasarla bien (1) (3)... ¿Entonces?

Lamento lo que haya pasado y espero que eso se acabe pronto. Al menos con esto de los blogs hay formas de denunciar más libres que con otros medios.

Un saludo desde este lado del charco.

E-milio dijo...

Desagradable experiencia. Que la palabra le reste impunidad, que no quede en silencio. Habria que añadir las terribles politicas del mismo cinemex, cinepolis y todas las empresas que proyectan, para con los cineastas mexicanos, quienes son robados y saboteados asi nomas... como si no bastasen los gastos de produccion y de distribucion.
Saludos!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...