Hace unos años la Unión Europea amenazó a Austria con la expulsión si Jörg Haider, líder del Partido Liberal austriaco (de extrema derecha, como son últimamente los liberales), formaba parte del Gobierno. Su partido participó en el Gobierno, pero no su líder: la operación cosmética fue muy bien vista por la UE, que dejó de sentirse incómoda por la presencia ultraderechista en Austria.
Ahora, en otro país nuevo de la Unión Europea, Polonia, los gemelos Kaczynski presiden el país y su gobierno. Estos dos personajes no tienen nada que envidiar a Haider como ultraderechista y en los últimos días han emprendido medidas como mínimo sorprendentes sin que los gobiernos europeos hayan reaccionado.
Lo primero fue una agresión directa a la memoria democrática española al suprimir las pensiones de los polacos que participaran en las Brigadas Internacionales defendiendo la legalidad republicana frente a los países del Eje fascista. No ha habido reacción del Gobierno español, que debería, al menos, haber reprobado públicamente esa decisión y haberse comprometido a paliar sus efectos otorgando el Estado español las pensiones suprimidas.
Después se restauraron hábitos inquisitoriales (por los que un país tan católico debe de sentir fervor) y se anunció que 700.000 funcionarios públicos deben confesar si colaboraron con el régimen comunista, lanzando una ofensiva vengativa que nada tiene que ver con la defensa de la memoria histórica que hacemos muchos por estos lares. Esa decisión no sólo rompe cualquier principio de justicia democrática, sino que abre unas grietas por las que puede caer media sociedad (como caería en cualquier limpieza política de ese tipo en cualquier país).
Por último, estos días, se ha lanzado un ataque frontal contra los homosexuales, prohibiendo su expresión pública y discriminándolos en las escuelas por ley. Algo con lo que no parece que estén muy en desacuerdo los que aquí decían que no odiaban a los homosexuales, sino que no querían que se utilizara la palabra 'matrimonio' para sus matrimonios. Al fin y al cabo, los gemelos sólo están convirtiendo Polonia en una gran Cadena Cope.
Polonia es un mercado estupendo para la UE, proporciona mano de obra barata para sus oligarquías económicas y es un fidelísimo aliado de Estados Unidos y el Vaticano. En esas condiciones toda insinuación de sanciones por su camino ultra se convierte en señales de humo. En realidad lo único que tienen que hacer los dirigentes europeos es pensarse una nueva excusa para Turquía: si les siguen diciendo que la razón para impedirles la entrada no es que sea un Estado mayoritariamente musulmán, sino sus carencias democráticas (entre las que no parecen contar para la UE los derechos del pueblo kurdo), a los turcos les puede entrar la risa en cuanto miren hacia Polonia.
4 comentarios:
pues si que si...no si es que cada vez el mundo me resulta más estraño :)
Polonia debe dejar esos comportamientos algo "nazis" con ciertos grupos de personas, porque sino tendrá problema con la comunidad europea y con razón.
Saludos y mi apoyo
Igual a mi no me parece correcto que Turquia ingrese a la Union Europea, si pertenece a una cultura diferente
No estoy de acuerdo, Timur, en que Turquía pertenezca a una "cultura diferente", porque eso supondría que hay una "cultura europea": si hubiera una cultura europea sería la de la Ilustración y ésa es la del cosmopolitismo, la diversidad y la emancipación: entrarían antes algunos turcos que muchos españoles o que los gobernantes polacos.
Si Europa se hace por homogeneidad cultural, me bajo del barco
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