Entre los comentarios a la entrada del 11 de agosto, Víctor M.G., mejor conocido como Vickeman a través de su güeblog Homo Hominis Lupus, nos compartió lo que para algunos de nosotros viene a ser una triste noticia: el fallecimiento del maestro Luis González Souza, al que tal vez algun@s recuerden como coordinador de una APN (asociación política nacional) de esas que reciben financiamiento del IFE, llamada Causa Ciudadana (a la que en algún momento él mismo se refirió a su vez como muerta).
González Souza fue también miembro de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos y de la Red de Profesores e Investigadores de Derechos Humanos de México y, entre muchas otras cosas más, articulista del diario La Jornada; donde le conocimos.Quizás much@s ya no lo sepan; pero hace algunos años, cuando el zapatismo gozaba de la aceptación de artistas e intelectuales de las izquierdas nacional y mundial, muchas plumas jornaleras corrompían el blanco del papel con sus tintas (Antonio Alviárez, dixit) hablando de la importancia de entender y apoyar el zapatismo; con el paso del tiempo muchas de esas plumas se vistieron de amnesia enmascarándola de crítica “constructiva” y terminaron haciendo justamente aquello de lo que acusaron al zapatismo en las recientes elecciones federales de México: le hicieron el juego a la derecha; don Luis no fue de esos.Desde este rincón virtual saludamos, más que despedirlo, a don Luis y, como escribiera el poeta, rompemos nuestro violín y nos callamos para dar paso a su palabra, publicada en La Jornada exactamente cuatro años antes de su partida-llegada.
Caracoles
Luis González Souza
Cayó el Muro de Berlín. Se desintegró la Unión Soviética. La utopía socialista murió, pero nació la utopía zapatista, y aquí cerquita, en las montañas del sureste mexicano. No hay, pues, por qué llorar. Es hora de levantarse y correr a la velocidad de un caracol. Para eso son los caracoles.
Una vez más, nuestros hermanos indígenas zapatistas -sí, hermanos- nos han inyectado de esperanzas y nos han puesto a caminar. Son ya casi 10 años de la primera insurrección zapatista, y todavía no todos valoramos cabalmente lo que ello significó. Es hora de platicar, o de reflexionar en equipo, en conjunto. ¿Por qué de Aguascalientes a Caracoles? No lo sabemos, solamente lo respetamos, como respetamos la voz de aquellos amigos desde hace casi 10 años. Lo único que sabemos, o intuimos, es que una vez más nos invitan a transitar del presente al mañana. Y sin duda es un mañana muy bonito, porque el México que todos queremos (Causa Ciudadana, RIP) incluye los municipios autónomos de los hermanos chiapanecos. Es más, el México del mañana se construye ya desde abajo y paso a paso, municipio autónomo por municipio autónomo. Esa es la principal enseñanza que nos han heredado desde hace casi una década.
Juntas de Buen Gobierno. ¿Qué parte de buen gobierno no entendiste, Fox? Sí, buen gobierno. Tan sencillo como eso: buen gobierno. ¿Es muy complicado? Basta asomarse a los municipios ya autónomos. Verás que por cuenta propia gobernar bien es más fácil de lo que parece. Ya son cerca de 40 municipios autónomos. Ya es materia suficiente para comenzar a aprender. Por lo menos a la velocidad de un caracol. No seamos pues babosos como los del "gabinetazo". Caracoles sí, pero babosos no. Vivan los Caracoles. Si ya no hay Aguascalientes no hay problema, lo que pervive es la esperanza. Y esa nadie nos la va a quitar. Que se junten los paramilitares, que vergonzosamente todavía existen, con todo y "gobierno del cambio", para ver si así agarran el valor suficiente para vencernos. Lo único que sabemos es que la esperanza vive. Y si el gobierno de Pablo Salazar se hace el occiso, muy su problema. Nosotros seguimos adelante, aunque sea a la velocidad del caracol. Más vale despacio pero firme.
Sí, tomamos la autocrítica: los Caracoles son también para las no tan sacrosantas sociedades civiles. Sí, lo reconocemos: no hemos estado a la altura de los desafíos que nos ha planteado, desde un inicio, la insurrección zapatista. Para ser honestos, no fuimos ni siquiera capaces de sitiar al Congreso hasta que vomitaran una buena ley indígena. Sí, vomitaran, porque no sé qué otra cosa pueden hacer los seudorrepresentantes de la sociedad mexicana. Por cierto, por eso, por el tamaño tan enano de nuestro Conghueso actual, ni siquiera consideramos la posibilidad de aceptar una candidatura, no del PRD por cierto, para ocupar un escaño tan destacado. Con ese Conghueso ni a la esquina, ni siquiera para perseguir un hueso.
Volviendo a lo que nos ocupa, es decir, a los babosos, o sea a los caracoles, quiero aprovechar este espacio para dar una vez más las gracias a los hermanos zapatistas. Gracias a ellos hay mañana. Gracias a ellos hay esperanza. Gracias a ellos hay dignidad para todos y no nada más para unos cuantos. ¡Que vivan los Caracoles! ¡Que viva el amor! ¡Que viva la gracia de aquel caracol!
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