7 de agosto de 2007

Manifiesto de los pueblos de Morelos [3].

El sueño de los pueblos.

Los pueblos en lucha de Morelos esperamos con el corazón un día volver a ver bello el lugar donde vivimos, así como poder reunirnos, los que ya se fueron al haber sido empujados a emigrar, con los que todavía no nacen. Aunque se trata de un sueño profundo, en realidad lo estamos soñamos despiertos. Cada vez en más lugares hemos comenzado a reunirnos para platicar comunitariamente cómo podría resultar posible librarnos de la maldición de la basura y otros contaminantes, cómo conservar limpio nuestro ambiente y los recursos naturales que todavía sobreviven, cómo podríamos rescatar nuestros ríos, manantiales, bosques y especies, o incluso, cómo podríamos remediar algunos de nuestros lugares más envenenados.

Los pueblos de Morelos queremos que el crecimiento demográfico de las ciudades del país y de nuestro estado ya no responda a la emigración campesina hacia las ciudades que deriva de permanentes políticas anti-campesinas, ni de los obligados procesos de reacomodo que ello ocasiona en la incontenible ciudad de México. Queremos, en cambio, que sólo se construyan casas y unidades habitacionales que verdaderamente respondan al crecimiento sensato de nuestra población y de nuestras fuentes de empleo, sin la presión adicional de la migración forzada y el asalto de las empresas extranjeras, a las que tiene sin cuidado la muerte de los pueblos. Por eso sólo queremos que se construyan las viviendas verdaderamente necesarias en los lugares que no destruyan los bienes ambientales comunes que son nuestros recursos naturales más preciados.

Queremos entonces que el campo ya no siga siendo asesinado por las políticas públicas federales y estatales y que nuestros jóvenes, en vez de ser excluidos y tener que emigrar, puedan trabajar y tomar gusto por el campo. Soñamos con que nuestros jóvenes no carguen encima con la permanente sospecha policíaca de ser delincuentes por ser pobres, ni que una parte de los mismos estén siendo empujados a la autodestrucción que les impone su enrolamiento dentro de las filas de la economía criminal.

Aunque nuestros pueblos no cuentan con el apoyo del Estado para obtener verdaderos servicios comunitarios, en realidad somos comunidades que tenemos recursos materiales y humanos que nos pueden permitir rescatar y atender los sistemas de agua, la basura local, una agricultura sin agroquímicos, así como la atención de nuestras enfermedades y nuestros sistemas de educación comunitaria. Frente a la marginación y el despojo ilimitado de los bienes estamos descubriendo que en el fondo de nosotros mismos está el poder inesperado de nuestros propios saberes locales, base para la construcción de nuestra autonomía territorial y muy variadas experiencias de autogestión.

Soñamos colectivamente con descontaminar nuestros ríos, barrancas y cascadas, retomando sencillas tecnologías apropiadas, que no son costosas y que, por ello, pueden quedar bajo la administración, vigilancia y el control comunitario, evitando las malas gestiones gubernamentales o aprovechando, cuando existen, nuestros propios fondos financieros provenientes de nuestras propias cajas de ahorro o de nuestras Uniones de Crédito, sin que entre nosotros prospere el abuso en los recursos o en la mano de obra, o el uso faccioso, ineficiente, dilapidador y corrupto de los recursos gubernamentales disponibles. Pero también soñamos con rescatar la gestión de nuestra propia salud, educación y cultura comunitarias; realizar reordenamientos urbanos comunitarios, siguiendo los ejemplos de nuestros hermanos de San Antón y Ocotepec; lograr la sustitución de las instalaciones sanitarias de las viviendas, en los pueblos y comunidades, con técnicas y gestiones colectivas apropiadas; lograr que los pueblos podamos llevar a cabo un manejo integral de las aguas residuales (con biofiltros o humedales artificiales) y lograr elaborar, comunitariamente, nuestros propios planes de ordenamiento ecológico territorial.

De ahí que tengamos la determinación de manejar nuestros propios recursos sin tener que dejarlos en manos de autoridades que ya no saben responder a las necesidades y deseos de los pueblos. Autocapacitación que, ya entendimos puede madurar si nos aliamos con investigadores y profesionistas que tengan una visión de simpatía, acompañamiento y respeto por los procesos de reorganización de los pueblos.

En este reencuentro con nosotros mismos vemos a Morelos como un lugar donde puede prosperar la agricultura de alimentos, flores y viveros que no sobreexploten, desnutran y envenenen las tierras y aguas, ni enfermen o deformen genéticamente a nuestros hijos, sino que con cada nueva cosecha se pueda enriquecer la fertilidad de los suelos. Igualmente imaginamos una explotación racional de nuestros bosques y una producción agrícola altamente productiva y diversificada

Queremos que las empresas inmobiliarias dejen de "sembrar" varillas y planchas de pavimento en vez de maíz, que las grandes empresas dejen de introducir en nuestros campos semillas transgéncias, que dejen de introducir toneladas de plásticos y otras basuras perniciosas en la vida de nuestras ciudades, que dejen de presionar a nuestras tierras para producir biocombustibles que sólo estarán al servicio de los automóviles y sus mega ciudades.

También esperamos que las autoridades gubernamentales nos obedezcan y defiendan nuestras actividades agrícolas, porque ya entendimos que sólo sobre esta base resultará posible el desarrollo de actividades turísticas que no redunden en mayor destrucción ambiental. Pues sólo así, el manejo de nuestros balnearios, nuestros centros de ecoturismo y el reconocimiento de nuestros servicios ambientales, podrían quedar en las manos colectivas de los pueblos. Por eso, aspiramos a que la reconstrucción y el cuidado de nuestros recursos nos brinden la oportunidad de reconstruir nuestras propias relaciones comerciales y la oportunidad de alcanzar el pleno empleo.

Como soñamos en lo anterior, nos atrevemos también a soñar con cerros que podrán llenarse de casas populares verdaderamente hermosas, no miserables como en los barrios marginales de las grandes ciudades, ni homogéneas y de mala calidad, tal y como proliferan las nuevas unidades habitacionales en todas las áreas conurbadas de Morelos.

Aunque los pueblos de Morelos no nos oponemos al progreso, los procesos de globalización y el bienestar de todos, tenemos la capacidad de distinguir, sencilla y claramente, entre lo que es tratar y manejar amablemente a la naturaleza, de lo que es alterarla destructivamente. También por esto, sabemos distinguir entre los procesos de globalización destructiva (el arribo de empresas trasnacionales que destruyen el pequeño y el mediano comercio, que elevan el desempleo, que generan basura nociva y difícilmente destruible, que destruyen la identidad y la memoria de los pueblos) y otros procesos de globalización que podrían enriquecernos (trayéndonos conocimientos y prácticas diversos, que fortalezcan el cuidado del ambiente y la salud de los pueblos). Por eso no comulgamos con la idea de que el único "progreso" posible es el que nos proponen actualmente los empresarios transnacionales o los políticos corruptos empeñados en despojarnos de nuestras tierras, bosques y aguas.

Soñamos con algún día poder volver enseñar a nuestros hijos el proverbio que nuestros padres alguna vez nos transmitieron: "un vaso de agua no se le niega nadie". Igualmente, con la misma osada ambición, esperamos que un día no muy lejano, se prohíba a los supermercados nos entreguen todas sus mercancías dentro de bolsas, paquetes, moldes y botellas de plástico que van a tardar miles de años en disolverse en nuestras tierras o que al quemarse van a llenar de cáncer nuestros cuerpos. Tampoco pensamos que es el precio obligado del progreso, sólo disponer de aparatos que se alimentan con infinitas baterías eléctricas que envenenan nuestras aguas, o tener que desechar absurdamente miles y miles de llantas de todo tipo de vehículos automotores, que trágicamente paran como material de incineración en los hornos de la industria mexicana del cemento.

Soñamos con que nuestros políticos, dedicados a imaginar la solución a los problemas de la basura, pierdan su adicción a las soluciones técnicas de gran escala, sin lograr alcanzar verdaderas soluciones en el largo plazo. De ahí que soñemos con programas educativos en todos los medios de comunicación que expliquen a toda la población la estructura irracional global que ha adoptado el ciclo de los desechos de nuestra sociedad depredadora y la necesidad de corregir el problema, no sólo reciclando productos irremediablemente nocivos, como los plásticos o los desechos hospitalarios.

Queremos que en nuestros pueblos las autoridades tomen en cuenta a las personas adultas, al tiempo que existan oportunidades educativas para los jóvenes, u oportunidades laborales y de higiene para todos. Necesitamos la oportunidad de seguir luchando por nuestros hijos. Necesitamos que haya apoyo para que en nuestros pueblos, verdes, retornen la tranquilidad, para que nuestros hijos puedan crecer en paz, con escuelas y parques donde correr y gritar, sin que se acerquen a las drogas. Por eso queremos espacios comunitarios como podrían ser los kioscos, a donde regrese la música colectiva. Sin videojuegos, ni pantallas gigantes. En realidad, lo que en el fondo quisiéramos, es la reconstrucción de espacios para reuniones, fiestas o bailes donde la gente se pueda encontrar para pensar, reír, divertir y volverse a poner a soñar colectivamente.

Queremos que no se pierdan en el olvido nuestras raíces. Que se rescaten, desde nuestras casas y pueblos, las tradiciones que todavía muchos practican o recuerdan. Que las difundamos para que podamos volver a entender su sentido profundo. Como mujeres de los pueblos queremos rescatar lo que aprendimos de nuestras madres y abuelas. De manera que en nuestros pueblos podamos seguir transmitiendo la sabiduría efectiva de nuestros antepasados. Frente al crecimiento de un consumo cada vez más manipulado, necesitamos reconstruir la producción de alimentos domésticos, sanos, que no nos esclavicen a las tiendas de autoservicio, ni a enfermedades degenerativas como la diabetes, los problemas del corazón o el cáncer.

Así, aunque creemos en la necesidad del desarrollo humano, no comulgamos con la expansión de las actuales mega unidades habitacionales, las estaciones de gasolina, las megatiendas comerciales o las tiendas de conveniencia (como las tiendas Oxxo), las torres de telefonía celular, los sistemas operadores y las plantas de tratamiento de agua potable privatizadas, etcétera. En suma, no les creemos a los especuladores inmobiliarios, a los que tiene sin cuidado alguno la sobreproducción de vivienda y todo tipo de inmuebles. Menos le creemos a su manera eufórica de invertir, que alientan su negocio sin pensar un ápice en el futuro de las personas que van a ser confinadas dentro de conjuntos urbanos infames. Los pueblos de Morelos tampoco creemos que el progreso sea la construcción de nuevas carreteras fraudulentas como la Autopista del Sol, o proyectos ejecutivos de prestanombres dedicados a facilitar transas de políticos y empresarios ávidos del dinero fácil, o bien de narcotraficantes y otro tipo de delincuentes dedicados a lavar dinero.

Nuestro sueño es integral, porque en él, nos imaginamos arraigados en el territorio y tejiendo juntos formas nuevas de organización con las tradicionales para ser capaces de acordar, entre todos, que los pueblos podamos tener hoy, agua, bosques, suelos fértiles y salud, y reservas para las próximas generaciones; para recuperar, como comunidades, nuestra convivencia armónica; para reconstruir nuestros lazos y construir la autonomía de cada pueblo, desde la que podamos crear nuestras propias leyes y reglas sobre manejo de agua, suelos y basura, respetando la consulta y los derechos de todos, con el fin de lograr la justicia que la legalidad de los poderosos nos ha negado hasta ahora.

Soñamos con poder determinar libremente nuestros propósitos, nuestros propios planes para el uso y el disfrute de nuestros territorios y recursos, nuestras formas de organización, la delimitación de los distritos electorales y la elección de nuestras autoridades, a partir del conocimiento que tenemos de nosotros mismos y con plena conciencia de la responsabilidad que eso implica: la gestión permanente de la vigilancia popular de la calidad del agua, la tierra y el aire; la planificación colectiva del desarrollo urbano de las comunidades y la solución integral de los problemas sociales y ambientales.

Nuestra aspiración, como la de muchos otros pueblos del mundo, es lograr que, en Morelos, ningún proyecto de desarrollo se pueda construir o implantar sin la consulta y aprobación de los pueblos, porque sabemos que es nuestro derecho decidir sobre nuestros recursos y territorios. En resumen, nuestro sueño es que Morelos se convierta en un estado modelo en el cuidado y conservación del territorio, de los pueblos y de la justicia.

Manifiesto de los Pueblos de Morelos [1].

Manifiesto de los Pueblos de Morelos [2].

Manifiesto de los Pueblos de Morelos [4].

No hay comentarios.:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...