
Hace años, siendo muy pequeño, en alguno de los canales de la empresa de televisión cuyo dueño –el de entonces- se ostentaba como “soldado del PRI, soldado del Presidente”, se presentaban obras de teatro adaptadas a guiones televisivos para, creo, acercar al “pueblo” a las artes escénicas.
Pero como lo suyo era, palabras más, palabras menos, divertir y no educar, el entretenimiento como limosna de lo cultural, los programas aquellos tuvieron un relativo éxito; mucho menor, claro está, que el obtenido por los talk y reality show, o los ya clásicos de Chabelo y Siempre en Domingo.
Pues bien, con ayuda de su dizque enemiga comercial pero, más que aliada, concubina política, la empresa que callara ante la masacre del 2 de octubre de 1968 en
No es casual que el protagonista, un hombrecito con aspiraciones a dictador, y su comparsa, una cauda de mercenarios del voto que tienen por telón de fondo una “normalidad democrática” herencia del zedillismo, hayan escogido el segundo de estos días para cerrar con broche de oro su esperpéntico numerito, ya que cada año desde 1926 ése día se conmemora la primera edición de la novela Tirano Banderas.
Sin embargo, como a mí me gusta ver teatro de verdad y no meros remedos y no me cae en gracia la versión baja en calorías del personaje de don Ramón María del Valle-Inclán que el ex vicepresidente de
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Dirigidos por Óscar Ulises Cancino, hombre de teatro apasionado por el estilo barroco que heredamos de los siglos de oro de la literatura española, las alumnas y alumnos del último año de
Para un espectador poco familiarizado con la dramaturgia del Liera de la llamada “gesta sinaloense”, quizás sea útil imaginarse una especie de Pedro Páramo sobre las tablas donde los recursos de mote rulfianos parecen poblar el que para muchos es uno de los textos más mágicos y poéticos de la literatura dramática mexicana. Sin embargo, tamizado por la preocupación social que hiciera de su autor un retratista del desengaño, Camino rojo a Sabaiba pone sobre la mesa la baraja de personajes que lo mismo se pueden ver pululando por los pasillos del poder que por los caminos polvorientos que la miseria humana satura con sus máscaras todas.
Cuando en marzo de 2004 pusimos en el CUT Camino rojo a Sabaiba, con la dirección de Sergio Galindo, Eduardo Contreras Soto, maestro de Literatura Dramática egresado de
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