
Hay otros aspectos que quizás el espectador que desconozca la obra no reconocerá. Por ejemplo, la que para mí es una de las decisiones más inteligentes de una dirección escénica que también se sabe guía pedagógica, el tratamiento del monólogo que Liera pone en labios de La Siete Veces Digna Gladys de Villafoncourt (Suryday Ugalde).
En lugar de dejarle todo el peso a la actriz corriendo con el riesgo de que ése momento se volviera una escena tediosa para el público y, por ende, desgastante para ella, Óscar Ulises Cancino reparte juego al resto de la compañía con tan buen tino que aquello se reviste de la importancia que de suyo tiene la escena; coronada por una imagen de postal en la que la generosidad de la actriz nos habita la mirada con su cuerpo desnudo apenas cubierto con la larga tela roja de su sangre.
Cada obra de teatro es como un solo cuerpo cuyas piernas son, la una como ya hemos dicho, la comprensión del texto partiendo de un análisis dramático acertado y, la otra, su respiración colectiva; Camino rojo a Sabaiba no es la excepción. Más aún, la respiración colectiva aquí viene a ser fundamental y si ello no se entiende la obra simplemente se cae o, por lo menos, cojea.
En este sentido el reparto nos vuelve a sorprender gratamente, pues no nada más tenemos unas actuaciones equilibradas desde la dirección de escena, sino también un caminar de la mano a lo largo de las poco más de dos horas que dura la representación por parte de todas y todos ellos, dándose el tiempo justo, no más, no menos, para dejar que la palabra caiga por su propio peso y dé sus frutos.
Sin embargo hay cosas en las que creo pueden poner más cuidado. Algunas de ellas tienen que ver con su poca experiencia y las herramientas no adquiridas en la carrera; otras con el trabajo que cada quien tendrá que hacer en el sentido de entender que la carrera no termina con éste montaje, sino que aquí empieza.
La principal es el trabajo vocal, en especial el prácticamente nulo trabajo vocal. Esto no es privativo de esta compañía, lamentablemente la inmensa mayoría de los actores y actrices mexicanos no tenemos ya no digamos un adecuado entrenamiento vocal: no tenemos entrenamiento alguno; pero ello no es motivo para justificar posteriores descuidos, producto sólo de la desidia. En particular, diciendo el pecado pero no el pecador, las fallas más evidentes están en algunas voces “atoradas” que no facilitan la dicción y en una dosificación del aire que no alcanza para que el espectador escuche los finales de todas las frases.
* * *
Para terminar, quiero agradecer a tod@s y cada un@ de l@s integrantes de la compañía por la generosidad en su trabajo, pues de lo contrario Camino rojo a Sabaiba hubiera sido un sendero con llegada a ningún lado. Podría mencionar algunas cosas en lo particular del trabajo de cada quien; pero eso sería demasiada presunción de mi parte y no sería justo para ninguno de los actores y de las actrices, quienes por igual han puesto lo mejor de sí para que podamos, como espectadores, disfrutar de un buen producto teatral.
Sin embargo, además del abrazo especial que desde este rincón virtual le envío a Héctor Ruiz Palma por recordarme a mí mismo hace poco más de tres años permitiendo que por mi boca hablara la voz de Fabián Romero Castro, quiero agradecerle a Óscar Ulises Cancino por darnos a las y los espectadores la oportunidad de disfrutar una vez más muchas veces, en relación directamente proporcional al número de funciones de la temporada, dijera Perogrullo, este andar teatral por el Camino rojo a Sabaiba, de Óscar Liera, del modo en que lo hace: dignamente.
En lugar de dejarle todo el peso a la actriz corriendo con el riesgo de que ése momento se volviera una escena tediosa para el público y, por ende, desgastante para ella, Óscar Ulises Cancino reparte juego al resto de la compañía con tan buen tino que aquello se reviste de la importancia que de suyo tiene la escena; coronada por una imagen de postal en la que la generosidad de la actriz nos habita la mirada con su cuerpo desnudo apenas cubierto con la larga tela roja de su sangre.
Cada obra de teatro es como un solo cuerpo cuyas piernas son, la una como ya hemos dicho, la comprensión del texto partiendo de un análisis dramático acertado y, la otra, su respiración colectiva; Camino rojo a Sabaiba no es la excepción. Más aún, la respiración colectiva aquí viene a ser fundamental y si ello no se entiende la obra simplemente se cae o, por lo menos, cojea.
En este sentido el reparto nos vuelve a sorprender gratamente, pues no nada más tenemos unas actuaciones equilibradas desde la dirección de escena, sino también un caminar de la mano a lo largo de las poco más de dos horas que dura la representación por parte de todas y todos ellos, dándose el tiempo justo, no más, no menos, para dejar que la palabra caiga por su propio peso y dé sus frutos.
Sin embargo hay cosas en las que creo pueden poner más cuidado. Algunas de ellas tienen que ver con su poca experiencia y las herramientas no adquiridas en la carrera; otras con el trabajo que cada quien tendrá que hacer en el sentido de entender que la carrera no termina con éste montaje, sino que aquí empieza.
La principal es el trabajo vocal, en especial el prácticamente nulo trabajo vocal. Esto no es privativo de esta compañía, lamentablemente la inmensa mayoría de los actores y actrices mexicanos no tenemos ya no digamos un adecuado entrenamiento vocal: no tenemos entrenamiento alguno; pero ello no es motivo para justificar posteriores descuidos, producto sólo de la desidia. En particular, diciendo el pecado pero no el pecador, las fallas más evidentes están en algunas voces “atoradas” que no facilitan la dicción y en una dosificación del aire que no alcanza para que el espectador escuche los finales de todas las frases.
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Sin embargo, además del abrazo especial que desde este rincón virtual le envío a Héctor Ruiz Palma por recordarme a mí mismo hace poco más de tres años permitiendo que por mi boca hablara la voz de Fabián Romero Castro, quiero agradecerle a Óscar Ulises Cancino por darnos a las y los espectadores la oportunidad de disfrutar una vez más muchas veces, en relación directamente proporcional al número de funciones de la temporada, dijera Perogrullo, este andar teatral por el Camino rojo a Sabaiba, de Óscar Liera, del modo en que lo hace: dignamente.
Camino rojo a Sabaiba, de Óscar Liera.
Dirección: Óscar Ulises Cancino.
Museo Taller Luis Nishizawa
Bravo Nte. 305, Col. Centro.
Toluca, Estado de México.
Sábados y Domingos, 18 horas.
Hasta el 4 de Noviembre de 2007.
Dirección: Óscar Ulises Cancino.
Museo Taller Luis Nishizawa
Bravo Nte. 305, Col. Centro.
Toluca, Estado de México.
Sábados y Domingos, 18 horas.
Hasta el 4 de Noviembre de 2007.
2 comentarios:
¡Menuda crítica! ¡A esto le llamo yo una crítica exhaustiva! Hablas hasta de la dosificación del aire de los actores... Eso es atender a la obra y lodemás son cuentos. Me ha gustado y ahora tengo una ganas terribles de ver la obra :-) Salud :-)
Muchas gracias. Y, bueno, de eso se trata; de aprovechar para ir a verla antes de que termine la temporada.
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