En la práctica esto ha venido ocurriendo; por ejemplo, entre la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca y el PRD impulsaron candidaturas conjuntas de cara a los comicios estatales recientes; pero ello provocó división al interior de la APPO, tanto por el hecho de entrarle al rejuego electoral, como por la actitud de desprecio que la dirigencia local perredista demostró para con sus aliados temporales.
Sin embargo, la cuestión más espinosa está en el tema PRD o lopezobradorismo (que algunos insisten en decir que no son lo mismo) y zapatismo u Otra Campaña (que muchos aseguramos que no son lo mismo). En nombre de esta pugna entre dos expresiones políticas que creemos son significativas para buena parte de quienes se dicen de izquierdas en este país --reconociendo de antemano que no son las únicas-- se ha vertido mucha tinta a lo largo de los casi 14 años que el neozapatismo, como llama Carlos Aguirre Rojas a la irrupción histórica del EZLN, apareció en la escena nacional e internacional.
No haremos aquí el recuento de los encuentros y desencuentros entre el perredismo y el zapatismo en la última década; solamente nos remitiremos a los últimos dos años, marcados por el calendario electoral federal del cual el zapatismo pretendió deslindarse y en el cual el perredismo jugó, por obvias razones, un papel más que importante.
¿Por qué? Porque a partir de hoy comenzaremos una nueva sección en La otra chilanga titulada ¿QUIÉN LE HACE EL JUEGO A LA DERECHA? Fragmentos de la izquierda partidista, en la que daremos cuenta del quehacer político del perredismo y el lopezobradorismo que nos hicieron como Otra Campaña tomar la decisión de no caminar con ellos en las pasadas elecciones para elegir al gerente de México, S.A. que algunos llaman Presidente de la República.
El material fuente nos viene de un largo ejercicio de investigación hemerográfica, Leonel en el espejo, fragmentos partidarios de la A a la Z, realizado por Enrique Pineda, egresado de la carrera de Sociología de la UNAM, integrante del colectivo Jóvenes en Resistencia Alternativa y adherente de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona emitida por el EZLN, de la cual surgen las inicitivas de la Otra Campaña y la Zezta Internacional.
En un momento regresamos al texto de Enrique; por ahora retrocedamos un poco en el calendario y ubiquémenos en el mes de febrero de 2005. El EZLN llama en un comunicado a manifestarse “en su tiempo, lugar y modo, en contra de esa injusticia” que fue el desafuero contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, porque aquél, el desafuero, no significó sino una fase de la larga intentona por parte de la derecha mexicana para evitar, primero, que fuera candidato a la presidencia de la República y, segundo, presidente electo. En aquél comunicado el Subcomandante Marcos adelantaría lo que en junio de 2005 sería conocido como la Sexta Declaración de la Selva Lacandona:
"Cuando se ve a la izquierda no hay que dirigir la mirada hacia arriba, sino hacia abajo. Lo de arriba es sólo una claudicación con curules y gobiernos, disfrazada de moderna sensatez. La geografía de la izquierda (ojo: hablo del México de principios del siglo XXI) se extiende abajo y suele estar lejos del frenesí de arriba. Y hablo entonces de la izquierda de abajo, la marginada por esa ‘izquierda’ de arriba que tanto agrada a la derecha."
Meses después, como prefacio a la Sexta, el vocero zapatista haría pública la opinión del EZLN respecto a las elecciones; pero no sólo, la nariz tras el pasamontañas hablaría, sobre todo, de los tres partidos políticos que teniendo registro legal contaban con más posibilidades de que su candidato fuera declarado electo a la presidencia de la República en una suerte de “geometría imposible del poder”: el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolcuionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolcuión Democrática (PRD).
El texto, como escribimos en la Wikipedia, sería considerado por lo menos como "demasiado fuerte" por parte de no pocos politólogos y analistas; en particular para con el ya abanderado perredista, el mismo Andrés Manuel López Obrador, para quien el jefe militar zapatista dedicó calificativos que iban desde que era "espejo de Carlos Salinas de Gortari", "operador del reordenamiento neoliberal" o "el huevo de la serpiente que anida en el gobierno de la Ciudad de México".
Aunque a los demás partidos y sus entonces candidatos, el EZLN también dedicó una buena caterva de epítetos que los desacreditaban, la mayoría de estos estaban dedicados al PRD, según Marcos, el "partido de los errores tácticos"; a modo de un deslinde contundente "porque, en el gatopardismo de arriba, una definición no clara se convierte en un apoyo explícito".
Al PRI, por ejemplo, le llamaría el partido del "desarrollo estabilizador": el de la represión a los médicos, los ferrocarrileros, los electricistas; el de la matanza del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971; el de la guerra sucia en los setentas y ochentas; el de las devaluaciones; el de los fraudes electorales; el del robo, el despojo, el fraude, el asesinato a obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados; el del solitario Aburto y el aún más solitario Colosio; el del inicio de la pesadilla en Ciudad Juárez; el de "firmo un acuerdo y no lo cumplo"; el de la imposición de las políticas neoliberales que han destruido los cimientos de México; el del voto por el desafuero; el del crimen organizado en partido político. A Roberto Madrazo, su candidato a la presidencia, lo trataría de "un gángster sin escrúpulos que ha pasado de planear la eliminación de sus contrincantes a planear su seguridad para que no lo asesinen a él [pues] el PRI no tiene ligas con el crimen organizado: él forma parte de la dirección de los cárteles del narcotráfico, del secuestro, de la prostitución, del tráfico de personas".
Al PAN lo señalaría como el partido de "la nostalgia": la nostalgia por el Opus Dei, el MURO, la ACJM y Canoa; la nostalgia por Maximiliano, Carlota, Elton John y el tiempo en que fuimos Imperio; la nostalgia por la aspirina dominical administrada desde el púlpito del pederasta; la nostalgia por la quema de las boletas de la elección de 1988 y el cogobierno con el PRI. Y a Santiago Creel, el precandidato que perdería la elección interna de su partido frente a un Felipe Calderón que cuando era presidente de su partido se alió con el PRI para aprobar que los pasivos del Fobaproa se convirtieran en deuda pública endosada al pueblo mexicano, le llamó el gris "croupier" que encabeza "la constelación de mediocres" que conformaban la lista de candidatos presidenciales panistas.
Pero al PRD, creado tras el fraude de 1988 que le arrebatara a su candidato, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el triunfo electoral ante el entonces candidato priísta, Carlos Salinas de Gortari; y que desde entonces se autocalificara como un partido de izquierda y, por ende, antineoliberal (lo que le ganaría el asesinato de más de 500 militantes durante los siguientes dos sexenios) le echaría en cara sus "errores tácticos" en cuanto a: aliarse al PAN en algunos estados y al PRI en otros, la contrarreforma indígena y los paramilitares de Zinacantán, Rosario Robles y los video escándalos, el hostigamiento y la represión al movimiento estudiantil de la UNAM en 1999, aprobar la "ley Ebrard" y la "ley Monsanto" o ceder el Zócalo de la Ciudad de México a los monopolios de espectáculos.
Los "errores tácticos", expresión que el líder zapatista retomaría de las declaraciones de los mismos dirigentes perredistas en el Congreso de la Unión luego de que su bancada en el Senado aprobara en abril de 2001 la ley foxista en materia de derechos y cultura indígenas, incluirían también la importación de la llamada "tolerancia cero" neoyorquina en la Ciudad de México y su consecuente persecución a jóvenes, homosexuales y lesbianas por el "delito" de ser diferentes; la traición a la memoria de sus muertos, hacer candidatos a sus asesinos y reciclar a los desaforados de las candidaturas priístas; la manipulación de las muertes de Digna Ochoa y Pável González para halagar a la derecha; así como el cortejo vergonzante para con los sectores más reaccionarios del clero; la alianza con el narcotráfico en el Distrito Federal y hacer equipo con los salinistas.
La respuesta, tanto de priístas, panistas y perredistas como de quienes en distintas ocasiones se habían manifestado como simpatizantes del zapatismo, no se hizo esperar. Los priístas y panistas optaron por burlarse de lo dicho por los zapatistas y reciclaron incluso viejas demandas como su persecución y encarcelamiento; los perredistas apostaron, o bien por el enfrentamiento de opiniones, o por el silencio y la evasiva totales a discutir con el EZLN, y sus propios simpatizantes se dividieron entre reclamarle "lo duro" de su crítica a la única opción, para muchos real, de que la izquierda llegara a ser gobierno nacional, y entre el llamado a entender en su justa dimensión lo puesto en la mesa por el zapatismo: si "arriba", independientemente de los partidos y sus colores, "reinan la indecencia, la desfachatez, el cinismo, la desvergüenza"; "abajo [era ya] hora de empezar a luchar para que todos esos que allá arriba desprecian la historia y nos desprecian, rindan cuentas, para que paguen".
En medio de tanto encono, el EZLN decretaría una alerta roja general que consistiría en cerrar los Caracoles zapatistas y las oficinas de las Juntas de Buen Gobierno, así como la evacuación de sus miembros y de las autoridades de los Municipios Autónomos en Rebeldía Zapatistas; la suspensión por tiempo indefinido de las transmisiones de Radio Insurgente; el exhorto a la sociedad civil nacional e internacional a abandonar territorio rebelde, con carácter de obligatorio en el caso de menores de edad, y el cierre del Centro de Información Zapatista, el cual venía funcionando desde cinco años atrás. Así también, el EZLN declararía que desde mediados de 2002 había entrado en un proceso de reestructuración de su composición político-militar y que dicha reorganización había terminado; y, además, que la alerta roja tenía como motivo iniciar una consulta a sus bases para dar un nuevo paso en su lucha, "un paso que implica, entre otras cosas, arriesgarse a perder lo mucho o poco que se ha logrado, y a que se agudicen la persecución y el hostigamiento en contra de las comunidades zapatistas". Dicha consulta se terminaría, según anuncio del mismo EZLN, seis días más tarde; con ello se levantaría la alerta roja, reabriendo los Caracoles y reanudando sus actividades las JBG, lo mismo que los concejos de los MAREZ.
El sexto mes de 2005 no terminaría sin que se hiciera pública la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Esta vez el EZLN no convocaría, por razones obvias, a los Poderes de la Unión ni al líder moral de partido político alguno; tampoco a una sociedad civil cuya participación no ha ido, salvo importantes aunque contadas ocasiones, más allá de la mera simpatía. Por primera vez, de manera abierta, llamaría a conformar un movimiento con base en el zapatismo, declaradamente de izquierda, anticapitalista y antineoliberal; que no sólo lucharía por los derechos colectivos de los pueblos indígenas, sino por un nuevo pacto social que incluya a explotados y desposeídos, trabajadoras y trabajadores del campo y la ciudad, incluyendo migrantes en Estados Unidos.
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