
Hugo Martínez Abarca.*
Si hubiera sabido que la denuncia contra Luis Pío Moa iba a caer en manos de Grande-Marlaska, habría planteado al resto de los firmantes que la retirásemos. Ya en su momento escribí que no deseaba la cárcel para Moa, sino acaso trabajos para la comunidad que fomentasen una mínima sensibilidad democrática para compensar su voluntad de forrarse firmando panfletos plagados de mentiras ultras. Pero en manos de Grande-Marlaska Luis Pío lo tenía fatal: un juez que ha acusado de injurias graves a cuatro gallegos por quemar una foto de un político, un juez que exigió que se identificase a quienes en un acto de protesta habían quemado la foto de ese mismo político, el juez que abrió juicio oral contra los caricaturistas de ‘El Jueves‘ y contra los humoristas de Deia y Gara… no es un juez que pudiera firmar sin sonrojarse frases como que "es de la máxima importancia no desmotivar a los miembros del público, por miedo a sanciones penales o de otro tipo, de expresar sus opiniones sobre cuestiones de interés público".
Si uno pensara que la justicia es ciega, al conocer que Grande-Marlaska se hacía cargo de la instrucción, habría temido por una sanción demasiado severa para un mero mercenario de la injuria como Pío Moa. Porque recordemos que Moa no estaba riéndose de un político, sino identificando con criminales a quienes apoyaran la ley de la Memoria Histórica y justificando asesinatos como el de las Trece Rosas y Lluís Companys: recordemos que Franco no ejecutó a los rojos, sino que los escarmentó. De una justicia ciega, uno esperaría que fuese al menos igual de severa con quien homenajea al asesino más feroz de la Historia de España y con quien homenajeó a un etarra que fue víctima del terrorismo.
Pero uno no piensa que la justicia sea ciega; y dentro de la Justicia lo es menos la Audiencia Nacional; y dentro de la Audiencia Nacional hay jueces que lo son mucho menos. Y entre ellos destaca Grande-Marlaska, tan garantista cuando los posibles delincuentes son Trillo o Moa y con tanta manga ancha para perseguir a caricaturistas; tan reacio a perseguir a quienes insultan a los asesinados por un genocida y con tanta capacidad para "desmotivar a los miembros del público (¿se referirá a los ciudadanos?), por miedo a sanciones penales" de hacer caricaturas de los más altos cargos políticos que viven a nuestra costa.
Por hacer una valoración concreta del auto que llegó el miércoles a mi casa y a la espera de la avalancha de trolls ultras, quiero dejar claras algunas cosas. Sigo pensando que las afirmaciones de Pío Moa hubieran sido duramente castigadas si en vez de referirse a víctimas del terror franquista se refirieran a víctimas de otros terrores. Esa diferente mirada deja claro que en España hay muchas instituciones dispuestas a avalar el genocidio franquista si no como un periodo de extraordinaria placidez, sí al menos como algo que tampoco fue para tanto. Queda clara la necesidad de un impulso real y sin cobardías de una memoria democrática. En un país en el que el entorno del entorno de la cosa entornada es la cosa misma, cabría decir que quien es tan flexible con el genocidio franquista adquiere una complicidad con el mismo: yo no me creo la dinámica de los entornos, pero Marlaska y Moa sí, así que ellos mismos.
También quiero dejar claro que el objeto de la denuncia no fueron las opiniones generales de Moa, que aunque son repugnantes son legítimas (algo que aplico a todas las ideas que considero repugnantes, por cierto). El objeto de la denuncia eran unas afirmaciones concretas que consideramos que incurren en delito. A diferencia de Moa y Marlaska defiendo el más amplio sentido de la libertad de expresión, como sabéis de sobra los habituales de este blog (que sospecho que hoy seréis minoría). Que Moa mienta, copie y firme las fascistadas que le vengan en gana, pero que no llame criminales a los que defendemos una memoria democrática ni a quienes fueron asesinados por defender la legalidad republicana y democrática frente a la alianza de los fascistas europeos.
Por último, quiero recordar y agradecer el ejercicio colectivo que llevó esta denuncia a los tribunales. Pese a que fui yo quien adquirió cierto protagonismo, la estupenda denuncia fue redactada por Gerardo, firmada por catorce personas (más otras muchas que no pudieron firmarla por no vivir en Madrid) y apoyada por cien personas más que se pusieron en contacto conmigo para sacarla adelante, por más de 2700 personas que firmaron un manifiesto de apoyo a la denuncia, por la gente estupenda de Tercera Información que hizo un trabajo extraordinario. También supusieron un apoyo las noticias en medios como Público y El Plural (y algunos otros más que hicieron referencia honesta a la denuncia) que informaron sin inventarse nada y llamándome para contrastar la información… Ha habido muchísimos apoyos sin los cuales no hubiera sido posible encontrar fuerzas para sacar adelante el ejercicio de dignidad colectiva que supuso esta denuncia.
El auto de Marlaska no es una derrota, sino un espejo que retrata algunas mentalidades que quedaron bastante bien atadas.
* Hugo Martínez Abarca es colabor@ctor de La Otra Chilanga; por obvias razones no ha podido publicar este apunte, que ya subió a su blog, al rincón virtual nuestro; pero nos ha enviado el texto y aquí lo tienen. Cabe mencionar que La Otra Chilanga y algunos de sus integrantes somos abajofirmantes del Manifiesto del que habla Hugo y hubiéramos sido codemandantes aunque Garzón hubiera tenido que venir a por nosotros.
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