14 de junio de 2008

EL TEATRO UNA AVENTURA CREATIVA, NO UNA MERCANCÍA / 4.

Moctezuma II, de Sergio Magaña.
Dir. José Ramón Enríquez.
[2003].



Un guiño genealógico.

OCH.- El programa, sin embargo, cuenta además de los pasos con tres momentos musicales, dos de ellos con canciones de Les Luthiers; ¿cómo se integra esto en la idea del teatro de Siglo de Oro español?

S.- De muchas maneras. En principio, se trataba de jugar un poco con la estructura convencional de las puestas en escena, de loa o introducción, primera jornada, entremés o paso, segunda jornada, entremés o paso, tercera jornada y mojiganga; marcada así sobre todo desde El arte nuevo de hacer comedias, de Lope de Vega; pero en un formato pequeño: reduciendo las jornadas de tres a dos, sustituyéndolas por pasos, montando un lazzi en lugar de la loa, otro de entremeses y un último por la mojiganga. En segundo lugar, los momentos musicales quisieron ser una especie de guiño genealógico a ése otro teatro del que también somos herederos en tanto latinos: la commedia dell’arte; de allí que no les llamemos introducción, intermedio y final musicales, sino lazzi, que no era sino la pequeña obra, a modo de lo que hoy llamamos sketch, que daba forma a los espectáculos de la commedia dell’arte que, insisto, era contemporánea del Siglo de Oro español, pero que no sería llamada como tal sino hasta el Siglo XVIII, ya casi cuando estaba por acabarse.

OCH.- Eso explica el uso de las máscaras; pero, ¿por qué no todos usaron máscaras cuando estaban en el lazzi?

S.- Porque no las hicieron, los marranos, o porque no las tuvieron a tiempo. Las máscaras fueron ideadas, diseñadas, modeladas y fabricadas por los mismos alumnos como parte del proceso del seminario; pero hubo quienes siempre tuvieron un pretexto para no hacer lo que les tocaba, durándoles hasta el último momento o hasta cuando ya el trabajo de revisión corporal del manejo de la máscara significaría un obstáculo para el montaje en su totalidad. Llegamos, inclusive, al grado de cuestionarnos si incluíamos los lazzi (ignoro como se diga en plural) o si los sacábamos aunque ya estuvieran montados; fue necesario remontar el lazzi de los anticomerciales sólo con los actores y la actriz que sí tenían su máscara y que sí llegaban a los ensayos. En fin, como proceso académico fue muy rico; cada una, cada uno, fue confrontado por sus propias decisiones; como yo mismo lo estoy ahora tras haberme alejado de los escenarios como actor.

OCH.- Ése es un buen punto, pero ahorita regresamos a él; antes, siguiendo con los lazzi y la commedia dell’arte: ¿eso también fue decisión de la maestra?

S.- Eso sí fue propuesta nuestra; pero claro, tuvo que ser aceptado por ella.

OCH.- Y ella misma llevó la dirección escénica de los lazzi.

S.- No, eso fue tarea mía. Ella comenzó a trazar el primer lazzi con Una canción regia, porque uno de los alumnos externos, el curso tuvo dos, no participó del seminario y él estuvo en el lazzi. El segundo y el tercero sí me los llevé yo.

OCH.- Dos de Les Luthiers y uno de ¿Los Tepichines? ¿Quiénes son esos?

S.- ¡Uyy, qué finolis nos salió la chilanga! De veras que es muy otra. Los Tepichines son, o fueron, un par de comediantes de esos con su espectáculo para chou-bar, que cuando se portaban como gente decente eran odontólogos, creo, y cuando se portaban como dios manda eran un par de irreverentes que, entre otras gracias, le cambiaban la letra a las canciones de los comerciales de moda; así como hacía Judith Reyes cuando el movimiento estudiantil del 68, o como hacen Los Nakos con Óscar Chávez en la canción ésa del “papá-papá-qué-es-un-granadero” y luego el otro contesta: “un granadero es un hombre analfabestia”. Escogimos los anticomerciales justamente porque se trataba de un intermedio, un paso entre uno y otro paso: barroco puro; pero, pensando en que los pasos tenían éxito porque hablaban de las cosas que la gente reconocía como propias, los anticomerciales nos parecieron que ni mandados a hacer para burlarnos de cosas con las que la gente de ahora se reconocería.


El teatro una aventura creativa, no una mercancía [1].

El teatro una aventura creativa, no una mercancía [2].

El teatro una aventura creativa, no una mercancía [3].

El teatro una aventura creativa, no una mercancía [5].

El teatro una aventura creativa, no una mercancía [6].

El teatro una aventura creativa, no una mercancía [7].

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