- Elizabeth/Libertari@s

Acerca de lo de “no olvidar los objetivos básicos de la lucha, y olvidarnos de protagonismos y de lucro” [...] en la Otra puede suceder, no hay movimientos antisistémicos perfectos, me refería en particular a diversos eventos que han acontecido, no me gusta tirar piedras, sólo lo digo como una autocrítica. Eventos donde cobran 80 $ para recaudar el dinero para proyectos autogestivos. A mí esto se me hace una contradicción, porque se supone que los proyectos se autosustentan. Y nos cobran a nosotras, a la misma banda, para poder entrar a escuchar una conferencia sobre Policías Comunitarias y Música al final. Pues la economía de una estudiante está por los suelos y pues no pudimos entrar al evento.
Pero sí, uno de nuestros objetivos básicos es tratar de crecer la organización, y para esto se requiere entre otras cosas informarles de la realidad al pueblo.
Pero si hacemos obras de teatro en un espacio cerrado con un costo de 100$ la entrada, no les va a llegar la información y el mensaje a quien también tiene el derecho a saberlo, a la banda sin varo. NO digo que no se haga en teatros, NO!!!! eso esta chido, es una parte de la lucha. Pero la misma obra también representarla en espacios libres y gratuitos, y botear, así hasta sale más baro, pero se cumple con uno de los objetivos básicos: informar al pueblo.A ver si este ejemplo hipotético sirve para explicarme mejor... imaginemos un concierto de La Maldita Vecindad en el Zócalo, con una serie de "conferencias para abrir el telón", entrada libre , y organización por células de brigadistas adherentes para rolar panfletos y recaudar $ para "x", "y" o "z"... Creo yo, así se solucionan varios puntos y no se excluye a nadie para accesar a la cultura.
Gracias por este espacio, ,muy interesantes todos los artículos y la música está perfecta, menos una que otra.... jeje.
Suerte y Ventura!!!
1 comentario:
En La Otra y en cualquier movimiento, sea antisistémico o no, inclusive si no es un movimiento todavía. Lo que cuentas del evento creo que es bastante discutible: habrá quien argumente a favor y en contra y nunca podríamos darle la razón a ninguno.
Retomemos la reflexión sobre el teatro y, ahora, sobre la realidad. La realidad es una sola, dicen, pero es inabarcable, cada quien tiene su propia mirada a la realidad y entonces la realidad se fragmenta y de ser una sola se vuelve tantas como personas la miran: a cada quien su realidad. Ésto que digo no es gratuito: ¿qué realidad le vamos a informar al pueblo? ¿la de quienes entienden la autogestión cobrándole 80 pesos a estudihambres y pobresores o la de quienes la entienden como boteo en el masivo?
Por otra parte, porque he vuelto a desviarme, si hacemos obras de teatro en un espacio cerrado con un costo de 100 pesos la entrada y la gente va y paga dicha entrada sí va a llegar la información, suponiendo que el objetivo de la puesta fuera informar algo, o el mensaje, suponiendo que..., a quien tenga derecho a saberlo; porque el derecho es de todas, de todos; no sólo de "la banda sin varo". Eso por un lado, por otro, el derecho a la información no es el único que hay que defender, querida Elizabeth; hay otros derechos como ganar lo justo por tu trabajo, y los discursos capitalistas que protegen los intereses del patrón bajo choros como los de la "nueva cultura laboral", así como el discurso humanista, lo que Lacan llama el discurso del amo, de todo gratis porque "nosotros los pobres", atentan contra tal derecho.
Es verdad, en parte, que "la misma obra" pueda ser representada en espacios libres y gratuitos; en parte, por que no será la misma obra. Para ello habrá que construir otra práctica, aquella que Salinas de Gortari manoseará al bautizar con su nombre su principal programa electoral: la solidaridad, sea por fraternidad, sea por sororidad. En ello estoy de acuerdo; pero la solidaridad va de ida y de vuelta y eso a veces se nos olvida: permíteme contarte que durante años, antes de enero del 94, muchos grupos de teatro trabajábamos gratis para las organizaciones de izquierdas que tenían vínculos con partidos políticos que luego terminaron por absorberlas en su estructura partidaria; lo hacíamos por solidaridad con sus luchas, porque las sabíamos también nuestras. Esos partidos políticos se transformaron y terminaron llamándose Partido de la Revolución Democrática, por citar sólo un ejemplo; poco a poco, aquellos con quienes nos habíamos solidarizado fueron ocupando puestos en la función de gobiernos municipales y cuando vino el momento, no de cobrar el favor, porque la solidaridad no se cobra, sino de entender que podía haber correspondencia, los hombrecitos y las mujercitas de izquierdas contraron a aquellos grupos que siempre les despreciaron. Hoy, esos mismos han terminado por privatizar el zócalo de la Ciudad de México para que el CIE y Fundación Telmex hagan sus masivos y extiendan sus ALAS, mientras los grupos de teatro que antes se solidarizaron con ellos tienen que formarse y pelearse entre ellos para recibir las migajas de programas clientelares de cultura y poder medio sobrevivir.
Estoy yendo al extremo, lo sé; La Otra no es ni será, esperemos, como el PRD; pero ¿qué pasa cuando los estudihambres o los pobresores piden "oigan no me cobren, no tengo varo" a sus compañeros de lucha y van y se gastan los 80, los 100, los 200 pesos, en la chela finsemanera, el churro de rigor o la tacha correspondiente? ¿no es lo mismo? No digo que no lo hagan, son libres de escoger, como consumidores, por qué pagan y por qué no; pero pierden el derecho de exigir "solidaridad" en los precios: la gente paga por lo que le interesa, qué te interesa más: ¿la chela o la conferencia? paga por ello y que sea eso lo que te lleves.
Ahora bien, el teatro no tiene que estar en las calles para ser gratis; hay un titipuchal de programas gubernamentales migajeros que si bien no alcanzan para pagar la renta o los servicios básicos o la despensa, sí ponen a disposición del público puestas en escena que no les costará más que los 2 pesos del metro, los 2.50 del microbús, o lo que cuesten el metrobús y las cosas que se les vayan ocurriendo, y el público prefiere quedarse en casa y pagar 200 pesos en chelas, cacahuates y sabritones para ver el futbol.
Repito lo dicho en otra entrada: gracias a ti, porque tus reflexiones pueden provocarnos a pensar; gracias también por las flores de la música, buena por una que otra rola... jaja.
Suerte y ventura de retache.
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