23 de junio de 2008

PÁNICO E-SCÉNICO :: Vicente Leñero: de obras y cumpleaños.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 20 de junio del 2008.



José Ramón Enríquez.


Carlos Monsiváis gusta de la palabra en el teatro y, estoy seguro, de que le molesta ese tipo de “genialidad” que entierra precisamente la palabra. Tal vez por ello no se ha internado en el género dramático, fuera de ese pequeño texto cuya paternidad nunca ha reconocido, supuestamente escrito al alimón con Carlos Fuentes. Están los guiones de “El Cine y la Crítica” transmitidos por Radio UNAM, que semana a semana fascinaban y formaban a mi generación. Pero aunque yo dijera que aquello era teatro, estoy seguro de que él se aprestaría a negarlo.

Por eso no dediqué una columna a un Monsiváis hombre de teatro durante los festejos de sus 70 años en la ciudad y en el mundo (léase bien: urbi et orbi), una columna que correspondiera a la influencia que ha ejercido sobre mí, como crítico, como amigo, como compañero de luchas y como figura siempre admirada y envidiable.

Ahora lo saludo al felicitar a otro cumpleañero, también setentón, aunque un lustro mayor, y que sí ha dedicado cuatro décadas a la creación dramática, a su teorización y a su enseñanza. Me refiero, desde luego, a Vicente Leñero.

No sólo ha sido un maestro y un amigo para mí, sino para una gran cantidad corriente de dramaturgos que ha desfilado por sus talleres, por el que fuera su despacho en Proceso o simplemente por la sala de su casa.

Si el sentido de los homenajes fuera tan sólo manifestar la gratitud que se merece una vida entregada al arte de la palabra y al arte de la amistad, valdría con recordar la fecha y enviar abrazos a Leñero. Pero debe ser más. Debe ser un momento para reflexionar sobre su obra, sobre sus varias propuestas escénicas y literarias, y sobre su incuestionable validez.

Quizás, como anécdota, Pueblo rechazado resulta una obra lejana de los públicos jóvenes. Pero tanto su estructura cuanto su problemática eclesial siguen siendo vigentes. Es el relato de un testigo y es la historia de unos hombres que se enfrentaron hasta ser triturados por la más antigua maquinaria estatal de la historia: el Vaticano.

Tal vez la insistencia de Leñero, en algunas entrevistas, de que no tiene imaginación sea culpable de que las nuevas generaciones se lo crean. No es verdad. Vicente hace, al decirlo, un ejercicio de modestia. La imaginación, como su nombre indica, radica en la creación y construcción de imágenes, no en la creación de anécdotas. Por eso son válidas las historias del teatro isabelino, del Siglo de Oro y de la Ilustración. Por eso resulta tan importante el teatro documental y están con nosotros Brecht y Weiss y Hochhuth, por decir algunos.

Pero si aceptamos sin conceder que los nombres y los hechos de Pueblo rechazado están lejanos de las nuevas generaciones, no es el caso de Los albañiles. En su segunda obra imágenes y anécdota son obra exclusiva de Leñero y resultan perfectamente cercanas a nuevas, viejas y próximas generaciones. Si Los albañiles demuestra su imaginación en todos los órdenes, también prueba que siempre ha sido un gran estilista.

Como tuve la suerte de trabajar en esa construcción desde su estreno, también pude escuchar durante muchas noches, por ejemplo, el monólogo de Jacinto que lo puso a la altura de quienes eran entonces los grandes estilistas de nuestro teatro: Magaña, Carballido y Luisa Josefina Hernández.

El año próximo se cumplen 40 años del estreno de Los albañiles, con José Carlos Ruiz, Luis Aragón, Salvador Sánchez, Esther Guilmáin, Raúl Bóxer, Gabriel Retes, Guillermo Gil, Eugenio Cobo, Alberto Gavira, Mario García González, Aura Rivas y quien esto escribe. Para mí, esa noche del 27 de junio de 1969 está entre las más importantes de mi vida. Pero yo envejecí y estoy cierto de que Los albañiles, no.

He tocado apenas los dos primeros productos de la dramaturgia de Leñero. Me extenderé en otras columnas para analizarlos más y acercarme a muchos otros. Además, ya el Fondo de Cultura está editando su Teatro completos para que lo analicen jóvenes, con mayores elementos que yo. Por lo pronto, aquí, al tiempo del abrazo al cumpleañero, sólo he querido dejar constancia de mi seguridad en la vigencia de su obra.

panicoes@hotmail.com

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