31 de enero de 2009

El día en que la tierra se detuvo.

Publicado en La Jornada Morelos, el 29 de enero de 2009.


I.

Había una vez uno de esos hombres que piden limosna pero también son predicadores que decía:

—Algún día, Dios va a estar tan harto, pero tan harto de la humanidad, que un día va a detener el tiempo y nada se va a mover. Primero va a haber un temblor muy leve: de un minuto; pero que si fuese más fuerte, será porque Dios va a estar realmente enojado. Luego, las luces van a hacer corto circuito y, por último, todo se va a detener. Pero hay una persona que nos puede salvar. Es un hombre de barbas largas, cabello largo, y alto. Hay que encontrarlo antes de que pase todo esto.

Sin embargo, alguien llamó a la policía pidiendo que se lo llevaran “al bote”, a la cárcel, pues; así que cuando llegó la policía y se lo estaban llevando, se fue diciendo que cuando pasara lo del temblor lo empezaran a buscar rápido o todos se iban a morir en la eternidad; ésa eternidad que según Shakespeare empezará cuando el mundo se quede completamente quieto.

Mientras tanto, no muy lejos de ahí, en un departamento todo derruido, vivía un señor de barbas largas, cabello largo, y alto. Estaba el hombre en su casa tomándose un café y comiéndose un pan cuando, de repente, se le cayó la taza. Todo se empezó a mover y comenzaron a escucharse los gritos de gente que corría. El hombre se resguardó bajo su cama sin saber qué hacer, hasta que todo estuvo en calma. Salió y se dio cuenta de que todos miraban hacia un lugar en especial, donde él también se asomó. Se veía mucho polvo; luego el polvo se fue quitando poco a poco. El hombre volteó a ver a las personas para cerciorarse que era allí donde él veía que ellas miraban; y, sí, al volverse se dio cuenta de que miraban hacia una inmensa torre, dizque para saber: si no se había caído es que el terremoto no había estado tan fuerte, como lo predijo el pordiosero, y no se había caído.

El hombre empezó bajó por las escaleras, abrió una puerta y salió del edificio. De pronto, las luces hicieron corto circuito y empezaron a saltar chispas por todas partes. Para esto, las personas ya se habían puesto a buscar al hombre que mencionó aquél pordiosero predicador. Cuando vieron que las luces empezaron a hacer corto circuito lo empezaron a buscar más rápido aún, hasta que alguien llegó a la calle donde vivía el hombre de barbas largas, cabello largo, y alto, y lo vio.

—¡Oye –gritó–, ¿tú eres el que nos va salvar? Nos lo dijo un hombre a mí y a mis vecinos!

—¿Qué? Perdón, no te escuche –respondió el hombre de barbas largas, cabello largo, y alto.

—¡Que tú nos vas a sal…

Todo se detuvo, menos él. Le pareció un poco raro y se sentía un poco raro. ¿Por qué los demás se quedaban quietos y él no? Toda la ciudad se sentía vaciiiiiiiaaaaa… ia… ia… ia.



II.

En la cárcel, un policía le decía al pordiosero:

—Maldito mentiroso, Dios no existe.

Y el pordiosero contestaba:

—Tal vez tú no lo veas, maldito ciego.

Fue cuando el policía se volvió con violencia y le dijo:

—¡Mira estú…

Todo se detuvo, menos el pordiosero, y se escapó.



III.

—¡Sálvanos por favor, sálvanos! –le dijo el pordiosero al hombre de barbas largas, cabello largo, y alto, tan pronto lo encontró. De repente, los dos vieron que se empezó a levantar un templo mexica, cruzado con tlaxcalteca, tecpaneca, acolhua y xochimilca.

Entonces, el pordiosero le dijo al hombre:

—Ven, vamos.

—Sí –dijo el hombre, sin saber porqué decía que “sí”.

Yendo hacia el templo, el pordiosero le dijo:

—¿Ves ése círculo de agua que está al fondo?

El hombre asintió por única respuesta.

—Vamos para allá. Ése es tu futuro.

Cuando se empezaron a acercar apareció de la nada un ángel negro, con plumas, cuernos, cola larga y venenosa, y alas. El ángel se paró enfrente del círculo y les empezó a lanzar fuego, por lo que los dos hombres intentaron alejarlo del sitio. Cuando lo consiguieron, se metieron al círculo los dos al mismo tiempo, para luego salir fusionados en uno solo. Pelearon con el ángel, que había vuelto, hasta que lo vencieron, y sólo entonces se desunieron. El templo se fue y todo regresó a la normalidad.

El hombre de largas barbas, cabello largo, y alto, miró luego al pordiosero y le preguntó:

—¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿Para qué viniste?

A lo que el pordiosero contestó:

—Yo soy tú, vengo del Cielo. Dios me mandó para salvarte a ti y al mundo; pero tenía que hacer que tú lo salvaras para que aprendieras que tú también puedes hacer cosas que ayuden a la gente.

—Oye –dijo entonces el hombre– hay una pregunta que…

—No, Dios no es como nos lo imaginamos –interrumpió el pordiosero– es muy diferente. Y, antes de que el hombre de barbas largas, caballo largo, y alto, pudiera siquiera intentar hacerle otra pregunta, desapareció.

4 comentarios:

Puroshuesos dijo...

¿Interesante el cuento, sabes quien es o la autor/a?

Alikhandra dijo...

excelente moraleja ...

todos podemos hacer algo para salvar a los demas , esta en nuestras manos ... ???

Se dejaran?

Saludos

Nieto del Averno dijo...

Puroshuesos, el autor soy yo.

Alikhandra, qué bueno que te gusto; espero que sí se dejen.

Gracias a ambos por leerme.

Alikhandra dijo...

gracias a ti por =) darnos este cuento

saludos

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...