Al final de la entrada va un texto de Carlos Fazio sobre la colombianización, publicado en La Jornada, que me recordó el titular que me golpeó hace unos días:
FELIPE CALDERÓN A JORGE ZEPEDA PATTERSON: "EL NARCO PASÓ DEL TRASIEGO AL CONTROL TERRITORIAL. SON ELLOS O NOSOTROS; NO HAY REGRESO. ES LA DELINCUENCIA LA QUE VIOLA LOS DERECHOS HUMANOS".
Aquí viene parte de una entrada que publiqué originalmente en mi blog personal (http://isabelarango.blogspot.com).
El trancazo me remitió hasta aquellos días aciagos que siguieron a las elecciones de 2006. Y recordé la conclusión amarga que ellas nos dejaron: Que como sociedad preferimos el autoritarismo que el desorden.
Quizá es una perogrullada para un país donde uno de los íconos de progreso más enarbolados es un dictador que mató a mineros, opositores y cuanto se interpusiera en su "orden y progreso" y al mismo tiempo dio rostro al país como lo conocemos: desde el tren hasta Bellas Artes y Paseo de la Reforma (Léase Porfirio Díaz).
Mi segundo pensamiento fue para el futuro: ¿llegaremos a vivir la parafernalia represiva que vislumbraron Welles y Jack London? O, más realista: ¿Qué sigue? ¿Volvernos como Estados Unidos un país donde el gobierno vive de aterrorizar a la población para justificar un mayor (e inútil) gasto en defensa, armamento, policía y milicia? ¿Colombianizarnos? Es decir, ¿vivir en un país donde la población civil vive indefesa entre dos fuegos: el del Estado y el del narcotráfico? Y al final, quizá despertar para darnos cuenta de que ambos fuegos no son tan distintos, sino más bien escalofriantemente parecidos.
Al final, mi pesimista habla: si hubiera que elegir entre el narcogobierno y los represores, me quedo con el narco. Al menos, tienen más agallas e imaginación. Hasta museos han construido, el templo de Malverde me atrae más que la Basílica y han pagado escuelas y vivienda donde nuestro gobierno no las paga. Gobierno y narco admnistran nuestro dinero, ¿ustedes por quién votan?
(Antes de que me acusen de apología del narco, diré que esto encierra un sofisma, porque el problema de entrada está mal planteado: el asunto de fondo es el consumo. ¿Cómo parar el consumo? Con educación y servicios de salud. Y aún así, no parará del todo, pero sí disminuiría la masacre narco-policial. Lo demás son respuestas fáciles.)
Quizá es una perogrullada para un país donde uno de los íconos de progreso más enarbolados es un dictador que mató a mineros, opositores y cuanto se interpusiera en su "orden y progreso" y al mismo tiempo dio rostro al país como lo conocemos: desde el tren hasta Bellas Artes y Paseo de la Reforma (Léase Porfirio Díaz).
Mi segundo pensamiento fue para el futuro: ¿llegaremos a vivir la parafernalia represiva que vislumbraron Welles y Jack London? O, más realista: ¿Qué sigue? ¿Volvernos como Estados Unidos un país donde el gobierno vive de aterrorizar a la población para justificar un mayor (e inútil) gasto en defensa, armamento, policía y milicia? ¿Colombianizarnos? Es decir, ¿vivir en un país donde la población civil vive indefesa entre dos fuegos: el del Estado y el del narcotráfico? Y al final, quizá despertar para darnos cuenta de que ambos fuegos no son tan distintos, sino más bien escalofriantemente parecidos.
Al final, mi pesimista habla: si hubiera que elegir entre el narcogobierno y los represores, me quedo con el narco. Al menos, tienen más agallas e imaginación. Hasta museos han construido, el templo de Malverde me atrae más que la Basílica y han pagado escuelas y vivienda donde nuestro gobierno no las paga. Gobierno y narco admnistran nuestro dinero, ¿ustedes por quién votan?
(Antes de que me acusen de apología del narco, diré que esto encierra un sofisma, porque el problema de entrada está mal planteado: el asunto de fondo es el consumo. ¿Cómo parar el consumo? Con educación y servicios de salud. Y aún así, no parará del todo, pero sí disminuiría la masacre narco-policial. Lo demás son respuestas fáciles.)
Los marines llegaron ya
Carlos Fazio
Finalmente, Estados Unidos tiene a México donde quería: en la fase de colombianización. Es decir, al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono. Pasaron 13 años desde que el entonces secretario de Defensa estadunidense William Perry dijera ante 10 mil soldados y cadetes y la plana mayor de las fuerzas armadas mexicanas, en el Campo Militar No. 1, que la seguridad nacional entre su país y México era el tercer vínculo sobre el que ambas naciones cimentarían una relación unida, ya, por lazos políticos y económicos. Desde entonces, la sana distancia que había prevalecido en las relaciones entre los ejércitos de Estados Unidos y México comenzó a acortarse, y los últimos residuos de nacionalismo castrense cedieron paso a una remozada doctrina contrainsurgente de cuño estadunidense, que tomó como el enemigo interno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Ejército Popular Revolucionario (EPR), y en años recientes a los ejidatarios de Atenco y La Parota y los pueblos de Oaxaca.
Con la coartada de la soberanía limitada y la seguridad democrática, valiéndose de eufemismos tales como la cooperación militar y las acciones mancomunadas de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios (que bajo la fachada de contratistas privados de seguridad serán los encargados del trabajo sucio en la guerra de Felipe Calderón contra los malos).
Todo eso ya existe, claro. Pero se intensificará con la ampliación de la llamada Iniciativa Mérida, que al final resultó que era el Plan México disfrazado, símil del fracasado Plan Colombia, según reveló sin aspavientos Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Y cosa curiosa: Mullen, el militar de más alto rango de la administración de Barack Obama, cuyo comando había identificado a México como un Estado fallido próximo a un colapso rápido y repentino, y por tanto sujeto de una intervención militar de Estados Unidos, no acaparó las primeras planas a su paso por México.
La razón es obvia: ya había hecho su tarea. La guerra de intoxicación mediática que arreció en vísperas y tras la asunción de Obama en la Casa Blanca en enero pasado, en la que participaron el presidente saliente, George W. Bush (México, primera línea de guerra), el jefe del Pentágono, Robert Gates, y los titulares de los principales organismos de seguridad e inteligencia de la administración demócrata (CIA, FBI, DEA, Seguridad Interna) lograron construir la noción de México como Estado fallido, para el aterrizaje suave, ahora, de la ayuda invasora (Javier Ibarrola dixit) que salvará a México de los malos.
Como en la ex Yugoslavia –balcanizada en siete pequeñas naciones por la alianza occidental comandada por Estados Unidos–, y después del 11 de septiembre de 2001 en Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros puntos calientes del orbe, Washington libra una guerra asimétrica contra México, con apoyo de sus alfiles locales. La guerra infinita de Bush contra el terrorismo –un enemigo sin fronteras– fue impuesta a Canadá y México por conducto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, 2005), y ante los fracasados intentos por fabricar una narcoguerrilla creíble, bajo el calderonismo adquirió la forma de una guerra a los cárteles de la droga, como elemento idóneo para la construcción social del caos y el miedo.
1 comentario:
Pues todo indica que el imperialismo y el fascismo están entrando a México con todo, desde la "guerra contra el narco" extendiendose por toda la república(y hasta no me sorprendería que todas las ejecuciónes estuvieran orquestadas desde los "altos"mandos del poder para legitimar la militarización), los asesinatos a luchadores sociales y ahora, gracias al maldito prd en la ciudad de México están deteniendo vehículos en retenes muy al estílo fascista, quitandonos nuestra libertad de libre tránsito y en total ilegalidad en contra de la Constitución....pero saben(mensaje a los fachos) el pueblo es bien kabrón y tod@s somos un@s Guerrer@s y el fascismo morrirá al querér entrar.
¡¡¡LIBERTAD!!!
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