5 de mayo de 2010

Entre "Vinagre y Rosas" o de ingenuos y borrachos.

Esta entrada estaba pensada inicialmente para comentar el disco Vinagre y Rosas del español Joaquín Sabina, "El Flaco", a quien sabemos claramente identificado con proyectos de izquierdas. Sin embargo, en vista de lo sucedido las últimas semanas, además de hablar del disco me haré ciertas preguntas; las más de ellas retóricas. Pero, como dijera Jack "El Destripador", vámonos por partes .

Tras cuatro años de "mutis" del cantautor, el 17 de noviembre de 2009 salió a la venta el disco Vinagre y Rosas, cuyo título, al igual que el de la canción que encabeza el disco, Tiramisú de limón, habla de dualidades, de combinaciones agridulces, de encuentros y desencuentros, de amor, desamor y de pedazos y retratos importantes de la vida del cantautor. Así lo vemos, por ejemplo, en la canción Ay! Carmela, dedicada a su hija.

En esos fragmentos importantes, reconocemos piezas musicales que quizás le signifiquen algo al "Flaco", como el final de Virgen de la Amargura, donde claramente se escuchan los acordes de Norwegian Wood, de The Beatles, o la Habanera de la ópera Carmen, utilizada en Blues del Alambique (un destilado aromático procedente de frutas fermentadas).

Asociado con su amigo el escritor Benjamín Prado, que venía de un desengaño amoroso, escriben diez letras que con todo y que están hechas a cuatro manos tienen sobre todo el estilo de Sabina. Una de las canciones la escribe Luis García Montero y otra el mismo Sabina sobre la base de la canción La carta, de Violeta Parra.

En este disco se vuelve a hacer acompañar de sus viejos compañeros y complices, los guitarristas Pancho Varona y Antonio García de Diego, y por allí vemos que Joan Manuel Serrat hace coros en Tiramisú de Limón. Esta canción, con el nombre de un delicioso y clásico postre italiano (que puede ser de diferentes ingredientes, como el chocolate o el limón), es fiel a la propuesta del disco: el amor es sabroso, pero siempre estará cerca del dolor. Comienza acústica y con un acordeón nostálgico en la interpretación de Cesar Pop y se transforma en un rock... lo que nos recuerda lo dual del disco: agrio y dulce.



Este disco parece un poco una degustación gourmet de vinos, salado, agrio, dulce, flores, donde Sabina es el anfitrión con su traje entre formal y desfachatado.

Es interesante saber que Viudita de Clicqout (título que hace un juego de palabras con el nombre de una deliciosa bebida, el champagne francés Veuve Clicquot), una balada rock bluseada es, podría decirse, una autobiografía donde Sabina quizá nos habla de sus andares por París y de su activismo político, al recordar el Mayo Francés.

Aquí entramos en el tema escabroso de éste choro: la carga política y aguerrida de algunas letras de Sabina, como Cristales de Bohemia, una canción con acordes sencillos pero justos donde no pude evitar pensar en, además de las decepciones amorosas, la Primavera de Praga, o la canción más politizada del disco: Violetas para Violeta, un homenaje a Violeta Parra, un recordatorio a la recientemente fallecida Mercedes Sosa y un "no olvidamos" respecto a los crímenes del régimen pinochetista.

Pero sucede que escuchando esta letra, recordando a Violeta Parra y trayendo a la memoria otras letras de Sabina, no puedo dejar de pensar en, por ejemplo, que el lunes 12 de abril Sabina considerara a Calderón un ingenuo por plantear una "batalla al narcotráfico" que, dijo, nadie puede ganar: "Todos los gobernantes del mundo y los centros de poder, saben que antes o después tendrán que hacer algo que se llama legalización", y que inclusive agradeciera a su viejo amigo “El Nano” Serrat que no hubiera venido esta vez, porque así no tendría que comer con el presidente; para, después: el lunes 19 de abril, en punto de las 2:30 de la tarde, comer y echarse unos tequilas con Calderón y Gómez Mont en Los Pinos, en compañía del mariachi de la Secretaría de Marina, y salir diciendo: "el ingenuo he sido yo".

¿Qué pasa con Sabina? ¿Por qué la contradicción? ¿No es esto un traicionarse en el discurso con el accionar? ¿Qué diría la misma Violeta Parra? Pienso en el poema de Nicanor Parra Defensa de Violeta, que cantara Mercedes Sosa:
Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente.

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis

Parece ser que a Sabina no sólo no le cierran las puertas los secretarios, sino que un presidente que oprime a su pueblo, que violenta los derechos humanos, espurio, de derechas, le abre hasta la puerta de Los Pinos para que Sabina salga de allí contento: "Cantamos de todo: Ella, Ojalá que te vaya bonito, Y nos dieron las 10…" Dicho en otras palabras, la pasó bien con los opresores, con los que permitieron las vejaciones y violaciones en Atenco, con quien dijo que Ernestina Ascención había muerto de gastritis, con quien permitió y propició que éste país se convirtiera en un campo de batalla y de violencia por su estúpida guerra contra el narco... se la pasó muy bien.



De poco sirve que dijera después: "Yo sigo opinando lo que opinaba y el presidente también"; al contrario, con ello hasta pinta el encuentro como una muestra de lo democrático que puede ser quien reside en Los Pinos al reunirse con quien piensa distinto a él. Pero las acciones hablan más que las palabras; palabras, las suyas, que habían suscitado controversia y que a Calderón no le convenían porque significaban que una persona con la convocatoria y la calidad moral de Sabina lo cuestionara públicamente. Había que callarlo y Calderón, como buen alumno del PRI, lo hizo de la mejor manera: demostrando que todo se puede corromper y que al calor de unos alcoholes un discurso y una creencia son fácilmente intercambiables.

Este 4 de mayo, cuarto aniversario del crimen de Estado que los tres niveles de gobierno detentados por los tres partidos mayoritarios en el país cometieron en San Salvador Atenco, Sabina dijo en el concierto que ofreció en Mérida: "a la mierda con la ley antiinmigrantes". A la luz de todo esto, no se necesita ser brujo para adivinar que bastará con que la gobernadora Jan Brewer le invite a refinarse con ella un licorcito de sahuaro en su casa o en el 1700 de West Washington, en Phoenix, para que el cantautor andaluz termine diciendo: "el que se va a la mierda soy yo".

1 comentario:

Sebastián Liera dijo...

Y muchos de nosotros, querida Mucha Lucha, le daríamos una manita para que llegara más pronto. Gracias por la nota; creo que, si alguien no opina lo contrario, podría definir la postura de La Otra Chilanga de cara a lo que hizo Sabina. Le abrazo.

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