Por: Hugo Martínez Abarca.
Hay dos argumentos que se están usando para no rechazar la persecución y condena a Garzón desde algunos ámbitos de la izquierda:
1.- La izquierda debería defender con uñas y dientes el derecho de defensa y para ello negarse a que se escuche al abogado en sus comunicaciones con su cliente. Reconozco que no he pensado mucho sobre si tal principio debe ser absoluto o si caben excepciones. El carácter absoluto de tal principio llenaría las facultades de derecho de delincuentes que buscaran blindarse. En las tramas económicas siempre existen abogados entre otras cosas para encontrar las fórmulas jurídicas que dificulten la detección y desarticulación del complejo delictivo: no sé si se escucharon las conversaciones del abogado Luis del Nido pero según su condena cuando hablaba con los otros corruptos no era un ejercicio del derecho de defensa sino parte de la actividad delictiva. Desconozco si en el caso Gürtel esto también es así. Pero no parece ni una aberración ni algo insólito en las investigaciones en España (ayer se recordaban las recientes escuchas a los abogados de Anonymous o incluso en el de Marta del Castillo -más cuestionable aún por no pensarse que el abogado fuera parte de trama alguna sino por intentar encontrar el cadáver de la víctima-). Puede que las escuchas no fueran adecuadas pero en ese caso como en tantísimos otros lo que procedía era anularlas, no dar el inédito salto a la condena por prevaricación del juez.
2.- Garzón, que tantas veces ha aplicado la teoría del entorno de la cosa entornada, que cerró periódicos y partidos y miró para otro lado ante algunas aberraciones que se seguían para condenar al enemigo, habría probado su propia medicina. Habría una suerte de justicia poética. Esta lógica es la misma que la de quienes deciden que la tortura no es tan mala si se aplica a criminales porque prueban su propia medicina. Es la lógica del derecho del enemigo, contra el que todo vale. Del mismo modo que esa lógica era inaceptable en aquellos casos, hay que rechazarla en éste: a cada uno le caerá Garzón bien, mal o regular (o incluso puede caernos horrorosamente por algunas de sus instrucciones y apreciar muchísimo otras en la hipótesis de que los humanos seamos poliédricos e incluso cambiantes ¡a veces para bien!) pero eso no tiene nada que ver con el caso. ¿Había que sentir admiración por Lasa y Zabala y considerarlos santos o héroes para repudiar sus torturas y asesinatos?
La justicia sólo es tal si es justicia para todos. Incluso en el caso de que consideremos adecuado que al juez que se pase en las escuchas haya que freírlo, el hecho de que sólo se haya hecho en este caso hace fácilmente interpretable la persecución. No sólo no se ha perseguido a quienes han practicado otras escuchas luego anuladas: tampoco al juez que en este mismo caso continuó con las escuchas, ni al fiscal ni policías que las avalaron o las pidieron. Incluso en la misma trayectoria de Garzón hay casos que levantan muchas más dudas (en el mejor de los casos): cuando Garzón cerró el diario Egin Aznar respondió “¿Alguien pensaba que no nos íbamos a atrever?” dando a entender que no se trataba de una decisión judicial sino política; unas semanas después el gobierno le dio una medalla que incluía compensación económica; unos años después los tribunales decretaron ilegal toda la operación aunque fuera demasiado tarde para resucitar un diario. Nadie investigó si aquello era legítimo o no, si la actuación del juez era errónea o injusta a sabiendas. Porque les era útil.
A Garzón no le condenan por saltarse o no la ley, algo que es completamente irrelevante en este país. Le condenan porque cuando empezó a meter sus narices en los crímenes contra la humanidad y la corrupción masiva dejó de ser útil al régimen. Por meter las narices donde no le llaman. La persecución a Garzón es un aviso a navegantes que ayer mismo tuvo su continuidad: el CGPJ investiga al juez Castro, tan implacable en el caso Palma Arena-Urdangarín que el principal instrumento de defensa de Matas y Manos Limpias (sic) está siendo intentar una y otra vez que el caso pase de sus manos a la Audiencia Nacional. Ya sucedió hace años cuando se apartó a los jueces de la Audiencia Nacional incómodos para el mayororejismo triunfante y uno se teme que pueda suceder a Pedraz si insiste en investigar el asesinato de José Couso aunque el régimen haya acordado con EEUU que nuestro compatriota asesinado no merece justicia alguna.
Acompañar la impostura de una estructura judicial que se pone exquisita por una vez ante unas escuchas o ante unas filtraciones es hacer el juego a quienes lanzan un recado evidente: caben todas las tropelías que se decidan si se es útil, pero si se husmea lo que no se debe siempre habrá una excusa para ser arrastrado por el fango.¿Es Garzón el mayor luchador contra la libertad que ha conocido nuestra tierra? No, pero desde los años 60 elaboramos la categoría de víctima cuya principal característica es que si a alguien le hacen una tropelía esa persona se convierte en buena y admiráble, en un héroe. Garzón es un personaje peculiar algunas de cuyas instrucciones nos pueden resultar infames pero que ha hecho otras (las más recientes, por cierto) que han intentado suponer saltos históricos para la humanidad en la búsqueda de la justicia universal. Y le persiguen por esto último.
La persecución a Garzón cuando éste ha sido incómodo para el régimen es un síntoma más, de esos que llegan cada día, de colapso de la Transición, de fin de régimen. El régimen se defiende mostrando sus fragilidades.
1.- La izquierda debería defender con uñas y dientes el derecho de defensa y para ello negarse a que se escuche al abogado en sus comunicaciones con su cliente. Reconozco que no he pensado mucho sobre si tal principio debe ser absoluto o si caben excepciones. El carácter absoluto de tal principio llenaría las facultades de derecho de delincuentes que buscaran blindarse. En las tramas económicas siempre existen abogados entre otras cosas para encontrar las fórmulas jurídicas que dificulten la detección y desarticulación del complejo delictivo: no sé si se escucharon las conversaciones del abogado Luis del Nido pero según su condena cuando hablaba con los otros corruptos no era un ejercicio del derecho de defensa sino parte de la actividad delictiva. Desconozco si en el caso Gürtel esto también es así. Pero no parece ni una aberración ni algo insólito en las investigaciones en España (ayer se recordaban las recientes escuchas a los abogados de Anonymous o incluso en el de Marta del Castillo -más cuestionable aún por no pensarse que el abogado fuera parte de trama alguna sino por intentar encontrar el cadáver de la víctima-). Puede que las escuchas no fueran adecuadas pero en ese caso como en tantísimos otros lo que procedía era anularlas, no dar el inédito salto a la condena por prevaricación del juez.
2.- Garzón, que tantas veces ha aplicado la teoría del entorno de la cosa entornada, que cerró periódicos y partidos y miró para otro lado ante algunas aberraciones que se seguían para condenar al enemigo, habría probado su propia medicina. Habría una suerte de justicia poética. Esta lógica es la misma que la de quienes deciden que la tortura no es tan mala si se aplica a criminales porque prueban su propia medicina. Es la lógica del derecho del enemigo, contra el que todo vale. Del mismo modo que esa lógica era inaceptable en aquellos casos, hay que rechazarla en éste: a cada uno le caerá Garzón bien, mal o regular (o incluso puede caernos horrorosamente por algunas de sus instrucciones y apreciar muchísimo otras en la hipótesis de que los humanos seamos poliédricos e incluso cambiantes ¡a veces para bien!) pero eso no tiene nada que ver con el caso. ¿Había que sentir admiración por Lasa y Zabala y considerarlos santos o héroes para repudiar sus torturas y asesinatos?
La justicia sólo es tal si es justicia para todos. Incluso en el caso de que consideremos adecuado que al juez que se pase en las escuchas haya que freírlo, el hecho de que sólo se haya hecho en este caso hace fácilmente interpretable la persecución. No sólo no se ha perseguido a quienes han practicado otras escuchas luego anuladas: tampoco al juez que en este mismo caso continuó con las escuchas, ni al fiscal ni policías que las avalaron o las pidieron. Incluso en la misma trayectoria de Garzón hay casos que levantan muchas más dudas (en el mejor de los casos): cuando Garzón cerró el diario Egin Aznar respondió “¿Alguien pensaba que no nos íbamos a atrever?” dando a entender que no se trataba de una decisión judicial sino política; unas semanas después el gobierno le dio una medalla que incluía compensación económica; unos años después los tribunales decretaron ilegal toda la operación aunque fuera demasiado tarde para resucitar un diario. Nadie investigó si aquello era legítimo o no, si la actuación del juez era errónea o injusta a sabiendas. Porque les era útil.
A Garzón no le condenan por saltarse o no la ley, algo que es completamente irrelevante en este país. Le condenan porque cuando empezó a meter sus narices en los crímenes contra la humanidad y la corrupción masiva dejó de ser útil al régimen. Por meter las narices donde no le llaman. La persecución a Garzón es un aviso a navegantes que ayer mismo tuvo su continuidad: el CGPJ investiga al juez Castro, tan implacable en el caso Palma Arena-Urdangarín que el principal instrumento de defensa de Matas y Manos Limpias (sic) está siendo intentar una y otra vez que el caso pase de sus manos a la Audiencia Nacional. Ya sucedió hace años cuando se apartó a los jueces de la Audiencia Nacional incómodos para el mayororejismo triunfante y uno se teme que pueda suceder a Pedraz si insiste en investigar el asesinato de José Couso aunque el régimen haya acordado con EEUU que nuestro compatriota asesinado no merece justicia alguna.
Acompañar la impostura de una estructura judicial que se pone exquisita por una vez ante unas escuchas o ante unas filtraciones es hacer el juego a quienes lanzan un recado evidente: caben todas las tropelías que se decidan si se es útil, pero si se husmea lo que no se debe siempre habrá una excusa para ser arrastrado por el fango.¿Es Garzón el mayor luchador contra la libertad que ha conocido nuestra tierra? No, pero desde los años 60 elaboramos la categoría de víctima cuya principal característica es que si a alguien le hacen una tropelía esa persona se convierte en buena y admiráble, en un héroe. Garzón es un personaje peculiar algunas de cuyas instrucciones nos pueden resultar infames pero que ha hecho otras (las más recientes, por cierto) que han intentado suponer saltos históricos para la humanidad en la búsqueda de la justicia universal. Y le persiguen por esto último.
La persecución a Garzón cuando éste ha sido incómodo para el régimen es un síntoma más, de esos que llegan cada día, de colapso de la Transición, de fin de régimen. El régimen se defiende mostrando sus fragilidades.
2 comentarios:
Alucinante, ahora resulta que cualquier vasco merece ser torturado, asesinado y enterrado en cal viva solo por que Madrid nos ha convencido que contra los vascos todo se puede. Pues fíjate que hay quienes consideramos a Lasa y Zabala víctimas del terrorismo de estado español, su caso equiparable al de lo sucedido en Acteal. Por cierto, leer esto en un sitio de La Otra Campaña después de lo que Garzón dijo del Sub Marcos por enviar un saludo al pueblo de Euskal Herria es ciertamente preocupante.
Aleksu, en La Otra Chilanga estamos perfectamente bien enterad@s del desaguisado entre Garzón y el Subcomandante Insurgente Marcos; una situación que nuestro propio compañero, el mismo Sup, reconoció que no supo manejar de la mejor manera. Por otra parte, La Otra Chilanga no es un sitio de fans del Subcomandante Marcos, es un espacio para darle, como el mismo EZLN quiso, una oportunidad a la palabra. En ese mismo sentido, pensamos que la situación jurídica que enfrenta el juez Garzón, si bien podría ser, como dices en otra entrada, sopa de su propio chocolate, responde a decisiones políticas por parte de la más recalcitrante y autoritaria de las derechas que la vieja Europa pariera.
Garzón debe ser llevado a juicio por lo que algunos consideramos su participación en el terrorismo de Estado que emprendieron los gobiernos de Felipe González y Aznar en el marco de la llamada lucha antiterrorista con ETA; pero no porque las derechas españolas se sientan perseguidas por la labor jurídica en favor de las víctimas del franquismo.
Finalmente, La Otra Chilanga quiere ser un espacio de reflexión y discusión para construir ése mundo nuevo y mejor donde quepan muchos mundos del que habla el zapatismo; probablemente, de manera personal, no todas, no todos, estemos de acuerdo con todas las posiciones políticas de las plumas que aquí colaboran, y eso: debatir, en lugar de censurar; convencer, en lugar de vencer, es precisamente lo que debe enorgullecernos, no preocuparnos.
La invitación está abierta; está escrita en la barra lateral del güeblog, cito: "Si eres adherente de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona te invitamos a ser coautora o coautor de La Otra Chilanga; no importa dónde vivas, sólo tienes que enviarnos un correo-e y nosotr@s nos ponemos en contacto contigo. Si no eres adherente de La Sexta y quieres que publiquemos tu palabra, envíanos tu material; casi seguro lo publicamos: otrachilanga[arroba]gmail.com"
Mándanos tu apunte, nota o artículo con tu opinión a favor de que Garzón sea enjuiciado por el franquismo en aras de su persecusión al nacionalismo vasco. Puedes asegurar que lo publicaremos.
Un abrazo.
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