Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
Para Fray Tomás, con cariño y admiración
Desde
cualquiera de sus ángulos, una de las mayores tragedias de estos tiempos es la
situación de las personas que deciden emigrar a los Estados Unidos con la idea
de que mejorarán sus ingresos y, por ende, sus vidas, sea los millones de
mexicanos y latinoamericanos que ya se encuentran en territorio norteamericano,
sea los cientos de miles, en su mayoría centroamericanos, que atraviesan México
para tratar de llegar a la frontera norte.
Varias
decenas de organizaciones que trabajan por los derechos de las personas
migrantes han publicado recientemente una comunicado en el que plantean algunas
exigencias dirigidas a los gobiernos de Estados Unidos y México. Recuerdan en
la carta los firmantes que se han cumplido ya 44 años del asesinato de Martin
Luther King y que la deplorable situación de los afroamericanos en los tiempos
del activista se repite, pero ahora, en más de once millones de migrantes sin
documentos.
Justo
el día de la toma de protesta de Barack Obama en su segundo período
presidencial, miles de norteamericanos que votaron por él realizaron una
manifestación en Chicago, lugar de nacimiento del presidente, para exigir una
moratoria inmediata a las deportaciones de migrantes indocumentados y la
consecuente separación de sus familias. Y es que, paradójicamente, Obama llegó
al poder en buena parte por el peso del voto latino y prometiendo una reforma
migratoria de fondo y comienza ahora su segundo mandato mientras los
indocumentados se ven acosados por una ola de redadas en los centros de
trabajo, detenciones y deportaciones. En los cuatro años de su primera
administración más de 1.5 millones de migrantes indocumentados fueron
deportados.
Ante
esta situación, las organizaciones firmantes recalcan la urgencia de una
moratoria a las deportaciones y las consecuentes separaciones de las familias,
en lo que avanza el proceso legislativo de la reforma migratoria. Quizá de esa
manera pueda frenarse la cauda de leyes antiinmigrantes en las que se
criminaliza ser extranjero o verse diferente y el activismo racista de
organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle que, ante el fenómeno
migratorio sugieren la militarización de las fronteras, con la misma estulticia
con la que sostienen la militarización de las escuelas ante las recientes
matanzas escolares.
Si
a esta situación de los migrantes indocumentados dentro de los Estados Unidos,
añadimos la tragedia de los miles de centroamericanos que, al atravesar México
en busca de la frontera norte, se ven atrapados en medio de la violencia de la
delincuencia organizada y de los abusos y la corrupción de las autoridades
migratorias mexicanas, sufriendo secuestros, hostigamiento, robo, persecución y
muerte.
Un ingrediente reciente,
que viene a complicar aún más la situación de las personas migrantes y de los
defensores de derechos humanos que los apoyan, es el enfrentamiento con poderes que les cobran cuotas de paso a propios y extraños, con la
omisión o complicidad de instituciones y funcionarios corruptos. Las
organizaciones firmantes saben de lo que hablan: llevan el registro detallado
de lo que ocurre en la llamada “Ruta Migrante” y han reunido documentación que
prueba la concesión que algunas autoridades corruptas han hecho a los grupos criminales:
carteles y pandillas y maras se distribuyen, zonas, rutas, fronteras, garitas,
y cárceles para operar el lucrativo negocio de la trata de personas, los
secuestros colectivos, las extorsiones comunes, a más de las violaciones
sexuales de personas migrantes de ambos sexos, y las constantes lesiones y
homicidios son mensajes intimidatorios a personas y comunidades. Todo ello ante
los ojos de las autoridades locales y federales, y gozando de total impunidad.
Miremos
lo que plantea la carta: “El ejemplo extremo que resulta de la falta de una
política de estado sobre las migraciones, es la vergüenza de no dejar más
opciones a los transmigrantes que subir al lomo de La Bestia. El personal del
Albergue para personas migrantes “La 72”, ha puesto el dedo en el renglón de
los peligros que ello representa y del desprestigio que implica el mostrarle al
mundo entero lo que en México sucede, y los grupos del crimen autorizado han
iniciado el cobro de cuotas de 100 a 300 dólares a quienes quieran subir al
tren, con la advertencia que, de no pagar, los arrojaran del tren en movimiento”.
Cuatro son las
exigencias que plantean al gobierno de los Estados Unidos:
- Que pare la
exportación de armas y el intervencionismo militar a México, que cobra millares
de víctimas de nacionales y migrantes en tránsito.
- Que emita una orden
ejecutiva que otorgue una moratoria a las deportaciones y la separación de
familias en tanto no se emita una reformada ley de migración.
-
Que se legisle la
promesa incumplida y retrasada de una Reforma Migratoria, enfocada a
regularizar la residencia e incluir a los más de 11 millones de migrantes y sus
familiares.
-
Que en este nuevo
periodo presidencial se entable una relación con México que no se defina por el
tema exclusivo de la seguridad de sus
fronteras y se base en la cooperación para el desarrollo con el debido
respeto a la soberanía.
Tres son las exigencias que plantean al gobierno de México:
-
Que no asuma la
política estadunidense de sustentar su política migratoria en la Seguridad Nacional
y en cambio la sustente en la seguridad humana y en el respeto a los derechos
de las personas.
- Que se limpie la ruta
migrante del control que ejerce el crimen organizado y sus cómplices
gubernamentales quienes, con armas traídas del extranjero, masacran a propios y
extraños durante su tránsito hacia a la frontera norte,
- Que México suprima las
visas para los centroamericanos, tal como han suprimido las de países como
Colombia, Venezuela, Chile y de esa manera, predicando con el ejemplo, se
puedan negociar un mejor trato y oportunidades de vida para nuestra diáspora en
los Estados Unidos.
Son exigencias, todas
ellas, perfectamente atendibles si los gobiernos de ambos países asumieran su
responsabilidad ante este holocausto migratorio. Son ya muchos los muertos,
mucho ya el sufrimiento. Es hora de que la liberación de las fronteras sea no
solamente para el paso de las mercancías, sino también para el de las personas.
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